Buenas! como habrán notado me tomé la semana anterior ya que andaba algo atareada pero ya estamos de vuelta. Éste capítulo es un poco relleno pero es uno de esos necesarios para que la historia siga su curso, gracias de corazón a las que están leyendo esta historia y espero que disfruten este cap.


Finalmente Ginny se salió con la suya y Hermione terminó siendo arrastrada a Hogsmeade una mañana de sábado por un emocionado torbellino pelirrojo.

La castaña se frotaba los ojos y bostezaba constantemente debido al cansancio producto de estos últimos días agotadores gracias a las clases y a los duros castigos de Filch, daba gracias a Morgana que al menos los castigos habían terminado. Estos últimos tres días había llegado a la sala común tan agotada que no había podido hacer ningún tipo de lectura extra, algo inusual en ella. "Inaceptable" se reprendió.

Hermione odiaba no estarle prestando demasiada atención a su amiga, pero honestamente solo pensaba en regresar a su cuarto para dormir una siesta. Sin embargo, rescatando palabras aquí y allá creyó oir frases del estilo de "Mi vestido será matador" "Harry se volverá verde de envidia cuando..." "Ya verás Hermione..." "A lo mejor deberías incarle el diente a Malfoy..."

Esa última frase la despertó completamente de un sacudón.

—¿Que dijiste?—La observó horrorizada. Imágenes de ese primer día de castigo donde lo había tocado muy inapropiadamente a través de su ropa mojada regresando a su mente. Las apartó tan rápido como llegaron.

Ginny soltó una carcajada.

—¿Ahora si me escuchas?

Hermione suspiró aliviada, aunque no sabía bien por qué.

—Tranquila Hermione—dijo enlazando su brazo con el de ella—Estaba bromeando, eso es tan improbable como ver a Ron con una Slytherin—Bufó una risa.

—De todas formas—Continuó luego de que Hermione permaneciera en silencio. Arqueó las cejas hacia ella—No vamos a negar que Malfoy está buenísimo.

—¡Ginny!

Hermione le dió un golpe en el brazo y ambas estallaron en carcajadas. Aunque Hermione jamás admitiría que a una pequeña parte de ella le era imposible negar esa afirmación.

Entre risas ambas se detuvieron frente a la tienda de ropa de Madame Malkin. Al abrirse, la puerta realizó un pequeño tintineo, alertando a la señora de la presencia de las Gryffindors.

—Buenos días jovencitas, adelante—Una sonrisa calmada tiró de los labios de Madame Malkin, estirando la piel de alrededor de la boca y formando un par de arrugas producto de la edad.

—Buenos días Madame Malkin—dijeron ambas casi a coro.

—Cuéntenme niñas ¿Que necesitan?—preguntó amablemente mientras las chicas se adentraban en la tienda.—¿Hay un problema con sus uniformes?

Hermione negó con la cabeza, no sabiendo como empezar.

—Buscamos vestidos, señora Malkin—anunció Ginny en su lugar.

—Oh, ¿Hay algún baile en la escuela del que no haya sido informada?

Las amigas se lanzaron una rápida mirada.

—No no, nada de eso—comenzó Hermione—Solo que nos apetecía ir de compras, es todo.—Esperó que su sonrisa fuera lo suficientemente convincente. Si a la señora le pareció sospechosa la actitud de las muchachas no lo demostró.

—Muy bien ¿Que tipo de vestidos andan buscando?

—Nos gustaría algo corto, mas de fiesta que formal—dijo Ginny observando por encima las perchas que tenían a su alrededor.

—Se perfectamente lo que están buscando, síganme.

La mujer las guió hacia la parte trasera de la tienda donde una enorme cortina abierta separaba la sala principal reservada para las túnicas del aérea de vestimenta de gala. Hermione solo había estado en esa sección de la tienda una vez, cuando en cuarto año Madame Malkin le fabricó un precioso vestido para el baile de los tres magos.

La señora se dirigió a unos percheros y luego de lanzarle una mirada a Hermione paseó una mano llena de anillos sobre los vestidos colgados, como si estuviera esperando que uno de ellos le hablara cual carta de tarot muggle. Cuando su mano se detuvo, prosiguió a extraer la percha seleccionada y con ella emergió un bello vestido rojo oscuro, casi del mismo tono que usaba en su túnica de Gryffindor.

—Oh, por las barbas de Merlín ¡es bellísimo!—exclamó Ginny emocionada para luego tomar el vestido de las manos de una sonriente Madame Malkin y posicionarlo frente a Hermione, como si quisiera visualizar como se le vería puesto.

Hermione creyó que era mas que bello, le pareció alucinante. Pero todavía faltaba la prueba de fuego.

—Iré a probarmelo—Tomó el vestido y se adentró en un probador. Ginny se veía mas emocionada que ella.

Cuando finalmente lo tuvo puesto Hermione no podía creer su reflejo cuando se vió al espejo. El vestido le llegaba cuatro dedos por encima de la rodilla y era de un hermoso encaje con diseños florales y un escote pronunciado que nunca creyó llegar a usar. Guío su mano por el área donde el corpiño del vestido se convertiría en una fina tira que le pasaba la parte de atrás del cuello y se entrecruzaba en lo alto de su espalda, dejando gran parte de ésta y sus hombros totalmente descubiertos.

Hermione nunca se sintió tan hermosa.

—¡No puede ser!—gritó Ginny abriendo la cortina del probador de golpe.

—¡Ginny!—La reprendió Hermione—Podría haber estado desnuda.

La pelirroja bufó.

—No lo estabas así que ¿que importa? ¡Mírate! Estás espectacular.

Tomó a Hermione de la mano y la guió fuera del probador.

—¿O no que está espectacular Madame Malkin?

La señora le dirigió una sonrisa radiante. Hermione comenzaba a sentirse incómoda con tantas atenciones.

—Lo estás querida, y si ese charlatán de Olivander puede decir que la varita escoje al mago, yo puedo decir con seguridad que mis vestidos escojen a la bruja. Y este te escogió a ti.

Hermione dió un grito ahogado y volvió a mirarse en el espejo. Si, puede que tenga razón.

—Y ahora tú, Ginevra querida ¿Te agrada el azul?

Un par de horas mas tarde después de comprar el vestido de Ginny y de pasar por Las Tres Escobas a beber un par de cervezas de mantequilla, ambas acababan de pasar por el retrato de la sala común cuando Ron las abordó.

—¿De donde vienen ustedes? No las he visto en toda la mañana.

—Fuimos de compras Ron, no es para tanto—Ginny le dió una palmada en el hombro a su hermano antes de dirigirse escaleras arriba, no sin antes ignorar olímpicamente a Harry sentado en una de las mesas de estudio, el cual había levantado la mirada cuando las muchachas entraron.

Ron arqueó las cejas a la espalda de su hermana y luego dirigió la visita a Hermione.

—¿Que hay en la bolsa?—Señaló Ron con curiosidad a la bolsa que Hermione tenía colgada del brazo.

—Oh, nada un...un vestido—dijo con algo de dificultad. Sus mejores amigos sabían bien que ella no era de usar vestidos regularmente.

—¿Tú? ¿Un vestido?—frunció las cejas con suspicacia.

Hermione bufó irritada.

—Si, Ron. Yo me compré un vestido ¿Es eso un crimen?

Y sin esperar respuesta se dirigió escalera arriba detrás de su amiga.

Ron observó a Harry consternado, señalando con el pulgar al lugar por el que su mejor amiga y su hermana habían desaparecido.

—¿Tú sabes que demonios les pasa?

El castaño se encojió de hombros y volvió la vista al pergamino que tenía en frente, las pruebas de quidditch habían finalizado y frente así se encontraba la lista con los nombres de todos los que se habían presentado (incluyendo a Ron) y como capitán ahora debía tomar la difícil decisión sobre quién se quedaría en el equipo y quien no. A Harry no le gustaba precisamente ser portador de malas noticias.

Ron iba a encaminarse a uno de los sillones cuando sintió que alguien le daba unos toques en la espalda, al darse vuelta se encontró con un niño rubio de primero que de milagro le llegaba al pecho. Ron lo miró expectante y el niño le extendió una nota doblada.

—Me dijeron que te diera esto.

Ron tomó la nota con cuidado entre dos dedos y regresó la vista al niño.

—¿De quién es?

El chico se encojió de hombros antes de comenzar a alejarse en dirección al retrato por el que acababa de entrar.

—Dijeron que no debía decirlo, pero que tu lo sabrías.

Y sin más se marchó dejando a Ron perplejo y confundido.

—¿Que acaba de pasar?—preguntó a su mejor amigo.

Harry, dejando el pergamino olvidado y levantándose de la silla, se acercó al pelirrojo con aire curioso.

—¿Y qué esperas? Léelo—Le urgió.

Ron tomó el pedazo de pergamino con ambas manos y lo desdobló, en éste se leía:

"Fiesta ésta noche en la sala común de Slytherin, considerate mi invitado ;)

—DG"

—¿DG? ¿Quién puede ser?—Preguntó Harry.

Pero Ron sabía perfectamente bien quien era. Hizo del papel una bola y lo tiró a un cesto de basura.

—¿Que haces?—interrogó un sorprendido Harry.

—Es de la *princesa* Greengrass. Seguro quiere tenderme una trampa la muy... bruja.

Harry le frunció el ceño.

—Ron ¿De que demonios hablas?

—¿No lo ves?—dijo extendiendo ambos brazos.—Se comporta amable conmigo para que caiga en sus garras de serpiente-

—Estoy seguro de que las serpientes no tienen garras.

—¡Ese no es el punto Harry! El punto es que por alguna razón quiere que confíe en ella para luego... tenderme una trampa cómo esta en la que seguro terminaré humillado en el medio del nido de las serpientes—Se cruzó de brazos y bufó—Si claro, como si fuera a ir en primer lugar.

—¿No estarás un poco paranoico, Ron?

Harry levantó las manos en señal de paz ante la mirada envenenada que le lanzó su amigo.

—Esta bien, lo siento. Como tu digas.

Bufando, Ron se dirigió escaleras arriba al cuarto de los chicos. Harry sacudió la cabeza y se dejó caer en el sillón.

"Menudo humor manejan hoy todos" dijo para si mismo.

Hermione no recordaba la última vez que se había arreglado de ésta forma, bueno, en realidad si lo hacía pero era muy deprimente pensar que la última vez que se había esforzado es su apariencia había sido hace casi dos años.

La muchacha en el espejo le ofrecía una mirada sexy producto del delineador y sombra negra (obra de Ginny) que jamás creyó ver en si misma, lo mismo con sus labios carmín que de haber visto en otra muchacha habría admirado su seguridad en si misma. Hermione no tenía mucha seguridad, pero definitivamente tenía ganas de esforzarse esta noche.

—¡Al fin! Por Merlín, Hermione hazme acordar que jamás vuelva a tener la idea de alisarte el cabello—exclamó bajando su varita con la que previamente había estado secando el cabello de Hermione.

Alisar el cabello en el mundo mágico no era un proceso difícil, pero si muy largo, sobre todo dependiendo del volúmen del cabello, y si había algo en lo que Hermione se destacaba físicamente era en tener el cabello (muy) voluminoso.

Un par de pociones que se aplicaban directamente sobre el cabello para luego dejar todo en reposo durante un par de horas era todo lo que se necesitaba. Una lástima que no se pudieran traer aparatos eléctricos a Hogwarts porque en este momento hubiera matado por la plancha de pelo muggle de su madre.

—Yo te lo advertí—Sonrió Hermione con sorna para luego quedarse muda al observar su nuevo reflejo. Su cabello castaño caía completamente liso alrededor de su rostro, resaltando sus rasgos y dándole la bienvenida a una nueva y mejor arreglada Hermione. Y le gustaba, mucho.

—Estas preciosa Mione—Ginny observó a Hermione en el espejo y le dió un apretón amistoso en los hombros.

—Ahora ponte los zapatos o llegaremos tarde.

Una hora mas tarde, unas ya vestidas y arregladas amigas bajaban las escaleras con cuidado de que nadie las viera salir a esas horas tan indecorosas. Los tacones de las leonas sonaban contra el suelo en un constantemente "tack-tack" mientras cruzaban una aparentemente desierta sala común, el retrato a no muchos pasos de distancia. Hermione sentía que se le saldría el corazón por la presión de estar rompiendo las reglas. Otra vez.

—¿A donde van ustedes a esta hora?

Ambas dieron un pequeño grito seguido de la horrible sensación de que sus espíritus abandonaban sus cuerpos para después caer de nuevo pesadamente.

La sala común no estaba tan desierta después de todo.

—Harry—dijo Hermione tontamente al mismo tiempo que Ginny decía "Ron".

Los chicos se levantaron de su lugar en uno de los apartados sofás y se acercaron a ellas con las cejas alzadas y los brazos cruzados. Espectantes de una respuesta que ninguna de las dos podía darles, al menos no sin mentirles. Hermione de verdad no quería mentirle a sus amigos, pero sabía que se negarían en redondo a asistir a una fiesta en la sala común de nada menos que su casa rival, y también sabía que de contárselos harían lo imposible para que ella tampoco fuera.

Mientras Hermione se debatía internamente, un plan comenzaba a surgir de la pelirroja cabeza de Ginevra Weasley, y que esos dos las hayan descubierto le venía de perlas.

Antes de sus siguientes palabras ya se le había plasmado una sonrisita en el rostro.

—Vamos de fiesta chicos ¿Quieren venir?

Hermione la observó sin dar crédito ¿Que demonios estaba haciendo?

—¿Una fiesta? ¿En el castillo? No estoy de humor para juegos Ginevra—espetó su hermano.

—No es ningún juego Ron, si no me crees allá tú. No nos esperen despiertos.

Hermione notó como Ginny observó fijamente a Harry al decir esa última oración y vió a su amigo tensarse bajo la intensa mirada de la pelirroja.

Lo siguiente que supo es que Ginny la tomaba del brazo y la sacaba por el retrato. El oscuro pasillo les dió la bienvenida.

—¿A que demonios v—comenzó la castaña pero su amiga la cortó con un suave pero fuerte "Shh" y la arrastró escaleras abajo alejándolas de la entrada.

Comenzaron a caminar por los pasillos, varita en manos con un hechizo de iluminación, cuando Hermione intentó hablar nuevamente.

—¿A que demonios vino eso Ginny?—preguntó echando miradas hacia atrás referenciado lo que había ocurrido hace instantes.

—Tengo seis hermanos Hermione, dame algo de crédito cuando te digo que se como funciona la mente masculina. Les dí a esos dos una pequeña información, y su curiosidad los llevará a querer averiguar el resto. No me sorprendería que nos estén siguiendo ahora—dijo levantando las cejas con diversión.

Hermione la observó anonadada. Su amiga la sorprendía mas veces de las que podía contar.

—¿Esto es una especie de plan para poner celoso a Harry?—inquirió dudosa.

—Hermione—comenzó con rostro serio para luego romper en una sonrisa—La duda ofende.

Ambas rompieron a reir y continuaron su camino hacia las mazmorras.

Cuando pasaron la puerta del aula de pociones Hermione notó el descenso de grados en comparación con los pisos de arriba, observó sus brazos descubiertos con una mueca.

—Yo también tengo algo de frio pero no te preocupes, en la fiesta entraremos en calor, y quizás no precisamente bailando.

Hermione la observó horrorizada pero Ginny sólo se rió a su costa y le dió un ligero empujón.

—Relajate Mione, estoy bromeando.

Pero a Hermione tuvo la impresión de que solo bromeaba a medias, y tampoco le hizo mucha gracia que su cerebro decidiera recordar cierto cabello platinado en el momento en que Ginny realizó tal insinuación.

Hermione estaba perdida en sus pensamientos cuando una gran puerta de madera negra con diseños de serpientes tallados en ella se materializó frente a las muchachas. Nunca había visto la entrada de la sala común de Slytherin tan de cerca antes.

—¿Como entramos? ¿Hará falta una contraseña, verdad?—preguntó Ginny.

Hermione se mordió el labio.

—Habrá que simplemente llamar a la puerta supongo.

Hermione dió un paso al frente y dio tres toques a la madera.

Ginny se veía escéptica —Es una fiesta Hermione, dudo que alguien-

Pero Ginny se atragantó con sus palabras porque no había pasado ni medio minuto cuando la puerta se abrió de golpe.