¡Buenas! les traigo la última actualización del año y un regalo de navidad atrasado. Quería agradecerles a todos por acompañarme este año, por leer esta historia y en especial a los que dejan comentarios porque son los que mas me motivan a seguir. Nos vemos el año que viene con mas Entre Vainilla y Menta.

Advertencia: este capítulo comienza a introducirnos a temas un poco mas explícitos, recuerden que la historia es M por una razón.

¡Felices fiestas!


Hermione no estaba evitando a Draco Malfoy, o al menos eso es lo que se decía a si misma.

Varios días habían transcurrido con relativa normalidad desde su última conversación, no había coincidido con él mas que para colocar algunos ingredientes a la poción e incluso entonces se había asegurado a toda costa que fuera en los lugares más públicos posibles.

"Cobarde" le susurró su subconsciente.

No quería pensar en las artimañas que Malfoy intentaría para hacerla ceder si se encontraban a solas, y no estaba segura de si le gustaba a donde estaba yendo el asunto de su repentina atracción física. Si bien sus palabras de la otra noche sonaron honestas, seguía siendo Malfoy. Y ella no dejaría lugar a salir herida de la situación.

Por otra parte se sentía cada vez mas alejada de sus amigos, incluso Ron y Harry parecían haberse vuelto un poco mas distantes entre ellos de forma inconsciente. Cuándo estaban los tres juntos podía sentirse en el ambiente como el subconsciente de cada uno se hallaba en lugares completamente diferentes.

Hermione, sin embargo, sentía que no tenía derecho a interrogarlos cuando su mente se desviaba a recuerdos que harían a sus amigos enloquecer, lo que la guiaba una vez mas a un sentimiento de culpa, sólo que comenzaba a notar como ese sentimientos amenazaba con mezclarse con algo aún mas aterrador, curiosidad. Hacia Malfoy y sus manos inquietas, Malfoy y su boca, Malfoy y...

Hermione sacudió la cabeza para deshacerse de ese peligroso pensamiento tan pronto como había surgido. Ya había decidido no darle el gusto a Malfoy de ceder en el asunto de los besos, aunque su corazón aún palpitaba de forma inexplicable al recordar sus últimas palabras debía mantenerse firme y no olvidar lo mal que la situación estaba en muchos niveles.

—¿Tienes ronda hoy?—preguntó Ginny luego de tragar una cereza que venía con su postre. Se habían sentado una junto a la otra durante la cena para que la pelirroja pudiera contarle como iban las cosas con su novio.

Ginny le había relatado sin pelos en la lengua su acuerdo con Zabini y como la razón detrás del plan por parte del Slytherin era nada menos que Pansy Parkinson. Aún no habían hecho ningún movimiento para darse a conocer públicamente como una pareja pero según su amiga la bomba estallaría en cualquier momento, y la sonrisa maliciosa con la que observó a un distraído Harry le dijo a Hermione que disfrutaría encantada de las repercusiones, obviamente en el caso de que todo resultara como ella quería. Hermione no le mencionó ese detalle.

— Si.—respondió Hermione, regresando a su conversación inicial.—Será una larga noche.

—¿Te toca con Ron?—preguntó con su atención ahora puesta en quitarle el envoltorio a un pastelito.

Hermione comenzó a negar hasta que se dio cuenta de que había olvidado chequear el calendario de probabilidades que se había hecho para predecir las rotaciones, específicamente para estar preparada de antemano en caso de que le tocara con...

Pálida de repente, Hermione levantó la vista del punto en la mesa donde la tenía fijada, su mirada yendo a parar a la otra punta del gran comedor donde se hallaba la mesa de Slytherin, y dónde Draco Malfoy le devolvía la mirada con una sonrisa de medio lado que insinuaba que él no había sido tan despistada como ella.

*

Draco debía darle crédito a Hermione Granger, había intentado evitarlo todo lo que había podido estos días y había tenido éxito. Sin embargo, por la mirada estupefacta que recibió desde el otro lados del gran comedor hace un rato, pudo percibir que la sabelotodo no había caído en cuenta de algo a lo que a él le había estado dando vueltas todo el día: esa noche les tocaba ronda de vigilancia juntos. Al fin esas noches desperdiciadas en vigilar pasillos vacíos comenzarían a resultar más interesantes.

—¿Quieres fijarte por donde vas?

La voz enojada de Daphne lo sacó de sus pensamientos, en su camino a los dormitorios había chocado con un alumno que aparentaba ser de segundo año, aunque la verdad es que le daba igual. El chico salió pitando con solo ver la mirada envenenada que le lanzó su amiga.

Draco de pronto observó a la mayor de las Greengrass con renovado interés. Esa actitud altanera y malhumorada era mas propia de Pansy o de él mismo que de ella, de todo su grupo ella era la que menos crueldad demostraba para con los demás, incluso cuando estaba teniendo un mal día. Draco decidió entonces que algo de veras debía estarle molestando.

—¿Y a ésta que le pasa?—preguntó a Pansy, que se hallaba sentada en el sofá en perpendicular al suyo ojeando lo que parecía ser una revista de moda mágica.

Sin levantar la vista, respondió con aparente desinterés:

—¿Lo notaste? Ha estado de un humor de perros desde la fiesta del otro día. Tampoco creas que me cuenta algo.

Pansy siguió su parloteo sobre Daphne, pero Draco había dejado de escuchar el momento en el que vió a Marcus Flint ingresar a la sala común seguido de sus amigotes y Astoria Greengrass colgada del brazo.

Con la mirada penetrante clavada en sus espaldas los vió dirigirse a la sección de mesas, completamente ignorantes de su aparente calmada observación.

Las posibilidades de aquello que Theo no había logrado decirle no dejaban de darle vueltas en la cabeza de forma incesante. Y por otro lado su amigo perdiendo misteriosamente la memoria no le parecía un misterio en lo absoluto. Apostaría su fortuna a que esos dos tuvieron algo que ver, aunque aún no tuviera forma de probarlo.

De lo que si estaba seguro es de que no descuidaría su espalda, y ellos deberían hacer lo mismo.

*

Eran pasadas las diez de la noche cuando Draco distinguió la maraña de pelo de Hermione Granger aparecer por el pasillo del cuarto piso, sonrió socarronamente ante la idea de meterse con ella un poco.

—Llegas tarde, Granger.

Para su deleite, le regaló una mirada fulminante.

—Son literalmente las diez y dos minutos, Malfoy.

—Me has hecho desperdiciar dos minutos de mi valioso tiempo, no se si en el mundo muggle estén acostumbrados a la impuntualidad pero...

Silencio.

Estaba disfrutando tanto ver sus mejillas coloradas de rabia que cuando la vió apuntarle con la varita fue demasiado tarde y sintió como su voz se desvanecía de repente.

¡La maldita lo había hechizado!

Ahora la que sonreía era ella mientras él la observaba con ojos indignados y una mano sobre la garganta.

"¡Para con ésto ahora mismo bruja psicópata!" dijeron sus labios, mas su boca no emitió ningún sonido.

—¿Que dices, Malfoy? No puedo oírte.

"Maldita perra sádica"

—ah,ah. Entendí eso. Parece que te quedarás silenciado mas tiempo del que pretendía, lo que es un alivio porque no estoy teniendo buena noche y me duele la cabeza. Además, escuchar tu pedante voz no ayuda.

Ahora camina, acabemos con ésto.

Cuando Granger le dió la espalda buscó con desesperación entre su túnica el conocido tacto de su varita con la idea de des-silenciarse y devolversela con creces. Sin embargo, mientras mas buscaba el terror de la realidad comenzaba a asentarse. Se la había olvidado en la sala común.

Se había pasado todo el camino pensando en la situación de Flint que se le había pasado totalmente.

Maldijo su estúpida suerte.

Ahora estaba totalmente a merced de Granger y no le gustaba un pelo, meterse con ella en una situación de clara desventaja no había sido su mejor movimiento. Debería mover mejor sus cartas si quería que la leona baje la guardia lo suficiente para convencerla de deshacer el hechizo, porque dado el humor que se cargaba no parecía dispuesta a hacerlo voluntariamente.

"Maldita Granger, espera a que estemos en igualdad de condiciones"

Acumulando su furia para mas tarde, Draco se colocó unos pasos detrás de la castaña y en completo silencio procedieron a patrullar durante los siguientes diez minutos.

De vez en cuando la Gryffindor soltaba algún que otro comentario del estilo de "Que lindo este silencio ¿Verdad, Malfoy?" que solo hacían a Draco rodar los ojos de manera recurrente.

"Que mujer tan malditamente molesta, sabelotodo, gruñona y mandona. No puedo creer que la encuentre atractiva" pensó.

Casi se hecha a reir allí mismo ante aquél bizarro pensamiento. Él encontrando atractiva al ratón de biblioteca, quién lo hubiera pensado. Debía estar perdiendo la maldita cordura.

—¿Oyes eso?—le preguntó ella de repente.

Draco comenzó a encogerse de hombros con molestia hasta que de pronto lo escuchó también.

Era un sonido amortiguado e indistinguible que provenía de uno de los salones de mas adelante.

Ambos se fueros acercando con precaución, Granger con la varita en alto en todo momento.

Cuando estuvieron lo suficientemente cerca como para reconocer el sonido tuvo unas ganas enormes de carcajearse, sobre todo al ver la reacción horrorizada de Granger.

—¡Mhmm! ¡Si, si, no pares!

Alguien se lo estaba montando en grande en uno de los salones vacíos.

La puerta en cuestión estaba ligeramente entreabierta y de ella salía un ligero destello de luz producto de algún tipo de lámpara.

Draco reaccionó recién cuando vió a Granger acercarse con la cara roja por el bochorno directa a la puerta con intención de detener la situación. Acercándose rápidamente la tomó de la cintura antes de que irrumpiera en la habitación y colocó una mano sobre su boca para que no emitiera ningún sonido que alertara a los dos que se hallaban allí.

Draco no pudo creer su suerte, la situación perfecta para avergonzarla un poco a modo de venganza se había presentado ante sus ojos y no la dejaría pasar.

La Gryffindor llevó su propia mano a la que se hallaba sobre su boca con toda la intención de quitarla y seguramente volver a maldecirlo cuando la situación que se desarrollaba frente a ellos los detuvo en seco.

Eran un chico y una chica, ella sobre el escritorio con los ojos cerrados en éxtasis, el cabello desordenado, la corbata colgando del cuello y la camisa con los botones desabrochados hasta la mitad, exponiendo a medias sus redondos pechos desnudos a través de la tela. Él por otra parte, arrodillado frente al escritorio y con la cabeza desapareciendo debajo de la falda de la chica. Lo que estaban haciendo era mas que obvio.

El rubio sintió su propia temperatura elevarse ante tal exhibición. De pronto se sintiendose un voyeur.

Draco entonces regresó la vista a Granger y vió con sorpresa como sus ojos se centraban completamente en lo que estaba viendo, y su sorpresa fue aún mayor cuando sintió su respiración acelerarse bajo su mano.

Hermione Granger estaba excitada.

Era una imagen sorprendente que nunca imaginó presenciar.

Justo cuando volvía a maldecir el no poder hablar, sintió un cosquilleo en sus cuerdas vocales y supo que el hechizo había expirado.

Sonriendo, acercó su boca al oído de la chica y susurró:

—¿Disfrutando la vista, Granger?