¡Hey! Estoy viva.

A penas, la verdad es que sé que tengo otros fics que merecen atención, pero esta idea no dejó de darme vueltas todo el día.

La idea está completa en mi cabeza y supongo que este fic tendría unos 4 capítulos o menos. Es la primera vez que escribo en el fandom y me estreno con nada mas y nada menos que con un AU.


ACLARACIONES

Esta historia es un Universo Alternativo. Aquí Steven fue criado la mayoría de su vida con las Diamantes y por lo tanto cumple más funciones de Diamante.

Esta basado en alguna clase de MONARQUÍA en la que las Diamantes son el equivalente a Reynas, Steven es un príncipe heredero de alguna nueva colonia (Tierra).

Todas las gemas mantienen sus características físicas en lo máximo posible pero las humanizaré (y les añadiré rasgos más humanos, conservaran la ubicación de su gema)

Steven y Connie son ADULTOS. Están en medio de los 20. El contenido será obviamente más adulto y en un FUTURO tendrá contenido sexual explicito.


LOS PERSONAJES NO ME PERTENECEN Y ALGUNAS COSAS DEL UNIVERSO TAMPOCO, SON CREACIÓN DE REBECCA SUGAR


LUXZ

Cap. 1: La voz que llama

CONNIE

Connie suspiró, con la barbilla sobre las manos y la sensación creciente de estar a solo unos segundos de la desesperanza.

El planeta Madre no era nada de lo que había imaginado, a pesar de que las Gemas de Cristal le habían hablado infinitas veces del palacio, del esplendor… de los peligros que se encontraría tras esas paredes.

Ella era una de las primeras humanas en pisar el palacio y no había sido sencillo realizar aquella hazaña, fue un esfuerzo de años de trabajo duro.

Con 25 años, era una de las jóvenes promesas de su propio planeta: La Tierra.

Connie Maheswaran era la embajadora entre las gemas y los humanos, esta era su primer incursión en el planeta de Los Diamantes, y no estaba siendo nada sencillo.

-Entiendo que su planeta todavía tiene un sistema retrógrado. ¿No es así, Srita?

Connie compuso una sonrisa política.

-Nuestro sistema es perfectamente adecuado para los tiempos de la tierra. La democracia ha demostrado ser un sistema que nos mantiene en orden, fomentando la individualidad y el derecho de todos nuestros ciudadanos.

A la punta de la mesa, la hermosa Diamante Blanco se miraba las uñas, Connie sabía que si llegaba a desesperarla estaría bajo su influencia, incapaz de hacer absolutamente nada que no fuera su voluntad, pero esperaba que las cámaras en la sala y el acuerdo mutuo intergaláctico funcionara. Ningún Diamante podría tocarla a menos que ese fuera su deseo y ella sabía que no deseaba nada de ellas, más que firmaran su acuerdo.

-Como debe saber, Srita. Maheswaran las gemas rebeldes en su planeta han perdido el propósito por el que han sido enviadas, está protegiendo a fugitivas del planeta Madre. – pronunció solemne la perla blanca, fracturada en uno de sus ojos.

-Esas gemas han apoyado a mi gente por siglos, algunas de ellas han emergido en las colonias establecidas para ello y gracias a nuestra evolución continua hemos podido hacer funcionar su presencia en La Tierra, ahora son nuestras ciudadanas.

El cabello perlado de la única Diamante se movió un centímetro, sus ojos fijaron su vista en ella. Connie parpadeó, negándose a mirarla.

-Entiendo – la voz de Diamante Blanco era elegante, ceremoniosa, alargaba algunas sílabas, como si quisiera llamar aún más la atención de todo el mundo y embelesar con una o sostenida. –Unos siglos para nosotras son una cantidad absurda de tiempo, mientras que para la simpleza humana se trata de toda su historia.

Connie miró la frente blanca del Diamante, había leído en algún lado que era mejor ver aquella parte que enfrentar una mirada que claramente era más poderosa que ella.

-Esas gemas que proteges son una deshonra para mi pueblo, sé que no las extraño en mis dominios, sé muy bien que no las necesito, pero no puedo tolerar su desobediencia. Ellas nacieron en mi planeta, plantaron una semilla de rebelión que me tomo dos siglos silenciar y secuestraron a nuestro más joven Diamante, su madre gema fue destruida y el cuarto gobernante prometido es mitad humano.

A pesar de que sonaba claramente a un reclamo, ella lo contaba como una historia de cuna.

Connie mantuvo la frente en alto.

-Evidentemente no es algo que le agrade, mi Diamante – pronunció ella con la voz serena.

-Tienes razón. A pesar de que vivió sus primeros 10 años de vida en tu planeta, Diamante Rosa ha estado ya 18 en el palacio, gentilmente tu planeta nos ha enviado los recursos para cubrir su parte humana pero me temo que no es suficiente. Sé que has venido para sellar el Tratado, sé que quieren una alianza y que otorgue el permiso a La Tierra de nombrar "Ciudadanas" a las gemas rebeldes, pero me temo, mi querida Srita. Maheswaran que eso no depende de mí.

Connie se levantó de la mesa, sus lentes deslizándose poco a poco por el puente de su nariz. Debía controlar su temperamento, ese tratado se había aplazado ya dos décadas, pero el planeta Madre se negaba constantemente a firmarlo.

Lo único que habían recibido de esas Diamantes regentes eran gemas corrompidas que solían aterrizar en pasajes desérticos o acuáticos ocasionando algunos problemas que el gobierno terrestre se esforzaba en ocultar como desastres naturales, pedían comida y otros insumos humanos que cuando no los conseguían generalmente eran hurtados.

-Usted le ha dicho a mis lideres que estaba lista para firmar el Tratado, hemos estado en una guerra fría por centenares de años, Mi Diamante. Esperaba que esta reunión fuera el final de las rencillas.

La mujer… No. La Diamante, con los cabellos blancos, finos, duros y relucientes como la misma gema se movieron en un látigo furioso cuando los tiró sobre su cabeza, haciendo que la corona negra resaltara aún más en el firmamento estrellado.

-La guerra continuará hasta que traigan ante mí a las principales 4 traidoras, sobre los derechos de los demás fenómenos que dicen llamarse gemas en tu preciado planeta, es responsabilidad de mi querido sobrino: Diamante Rosa. Espero que puedas conocerlo pronto.

Diamante Blanco se levantó con la gracia digna de una reina y con el porte regio de un Faraón. Connie se arregló el saco y le dirigió una reverencia.

El famoso Diamante Rosa. Una gema que no había sido retratada hasta el momento y del que nadie parecía saber nada. El gran Diamante por el que los otros tres habían invadido la Tierra.

El Diamante terrestre que sus amigas habían tratado de proteger.

-Agradezco su tiempo, Mi Diamante. Espero continuar las negociaciones con su sobrino. ¿Podía decirme su ubicación? – pero antes de que terminara la frase la gema regente había alzado un dedo, su perla se había dirigido a ella, con un sobre en manos.

-Creo que deberá pedir una audiencia con el Diamante Rosa usted misma, Srita, Maheswaran. Asegúrese de vestir apropiadamente, por favor no caiga en los estereotipos de su planeta y mantenga sus modales. – la voz era de Diamante Blanco. – No queremos que las gemas de mi planeta piensen que usted ha venido a ofender nuestra cultura o forma de pensamiento ¿cierto? Justo llegó en el momento en que Diamante Rosa se presentará en sociedad después de su secuestro.

Una vez que se quedó sola enterró por completo su cabeza entre sus brazos.

Esperaba que todo mejorara, preferiblemente pronto y que ese Diamante Rosa no fuera igual que sus tías, si algo había en él de humano ella se encargaría de recordárselo, le recordaría que también formaba parte de la tierra y que debía apoyarla.

Incluso albergaba la esperanza de que una vez que tuviera el Tratado firmado podría visitar constantemente el Planeta Madre y encontrar al chico que había conocido hace ya tanto tiempo, su primer amigo.

Steven, una gema con nombre que había regresado a su planeta a la fuerza en medio de la invasión.

Si lo encontraba, esperaba que la recordara.

Con algo de suerte también él sentiría lo que ella no había sentido por nadie de nuevo.