CAPITULO TRECE

Bella

—¡Ya era hora de que me llamaras!— respondió con el primer timbre —me estaba preocupando por tener que volar hasta allí para obtener todos los detalles. Bueno, quiero decir, después de asaltar tu cocina por comida. Como un aviso, se te acabó la pizza congelada y el vino de caja— me reí por primera vez en todo el día.

—Anotado.—

—¿Cómo estás? ¿Está Edward contigo?—

—Estoy bien, pero no. Hay muchas cosas con las que tenemos que ponernos al día, pero prefiero discutirlas en persona. Estaré en casa alrededor de la medianoche, con un vuelo de madrugada. ¿Puedes asegurarte de que mis dos cafeteras estén listas para funcionar por la mañana, antes de que te vayas?—

—Por supuesto— hizo una pausa —¿Estás segura de que estás bien? De repente suenas muy seca y desesperada.—

—Estoy destrozada— dije, y mi voz se quebró —te lo contaré todo en cuanto te vea, lo prometo.—

—Más te vale. Envíame un mensaje cuando llegues al aeropuerto.—

—Lo haré— terminé la llamada y discutí si quería devolverle las llamadas de mi padre ahora o esperar hasta estar en el sofá de Rosalie para ahorrarme el tiempo de repasar esta semana. Presioné videollamada antes de poder pensar en ello un segundo más.

Isabela— respondió inmediatamente, y su rostro apareció en mi pantalla mira. Necesito cinco minutos para terminar de decirte lo que quería decir— no dije nada. Sólo esperé —siento haber asumido lo peor cuando se trataba de ti y de Edward, pero te guste o no tus mejores intereses siempre irán antes que los de cualquiera de mis malditos amigos. ¿Me entiendes?— Asentí.

—Sí.—

—Bien— Hizo una pausa —no puedo impedir que salgas con él y no me interpondré en tu camino, pero si eligen estar juntos definitivamente me llevará algún tiempo aceptarlo— volvió a hablar antes de que pudiera interrumpir —nunca ha sido un mal tipo con las mujeres con las que ha elegido salir en serio— dijo —pero quiero que pienses dónde ves tu vida dentro de cinco o diez años. Si él está en ella, bien. Si no, termínalo ahora— tragué.

Sí veía a Edward en mi vida; lo había visto allí mucho antes de que nos conociéramos en persona. Sólo de una manera que significaba "seguiré enviándole cartas", por supuesto, pero siempre estaba allí como mi amigo.

—Nunca tuviste novios serios cuando vivías conmigo, pero el consejo que te habría dado entonces sigue vigente ahora— su voz se apagó durante unos segundos —no lo persigas, nunca, y asegúrate de que siempre se esfuerce por ti. Si alguna vez te hace daño, de la más mínima manera, házmelo saber, para poder contratar a un sicario para que lo mate— esperé a que se riera, pero no lo hizo —te quiero, Isabela— dijo —a pesar de la distancia y el hecho de que no hablamos tanto como deberíamos, eso nunca cambiará.—

—Yo también te quiero.—

—¿Me enviarás un mensaje cuando llegues a casa?—

—Te lo prometo.—

—Bien— el silencio se extendió sobre la línea durante varios segundos. Lo rompió con un último "Te quiero mucho, Isabela" antes de terminar la llamada.

Conteniendo las lágrimas, me lavé la cara en el baño y agarré el asa de mi equipaje. Prefería pasar la siguiente hora esperando a Edward en el vestíbulo en lugar de mirar las paredes de mi habitación. Cuando llegué a la fila de la recepción, mi teléfono sonó en mi bolsillo.

Mensaje de texto de Edward:Ha surgido algo en el trabajo y no podré recogerte/llevarte al aeropuerto. He hecho que una limusina te recoja. Está esperando afuera para cuando estés lista.

Mensaje de texto mío:¿Todavía planeas encontrarte conmigo en la terminal para tomar un café antes del despegue? Esperaré a pasar por seguridad si es así.

Mensaje de texto de Edward:No. Que tengas un vuelo seguro.

¿Qué demonios?

Esperé a ver si me enviaba una respuesta más larga con una explicación, pero pasaron diez minutos y no lo hizo. Saqué mi maleta y vi a un tipo vestido con traje fuera de un elegante y negro todoterreno. Mi nombre estaba garabateado en su mini pizarra, bajo las palabras: "Siento no haber podido llevarte personalmente. Edward."

El conductor abrió la puerta y esperó a que me acomodara en el asiento antes de guardar mi equipaje. Mientras el auto avanzaba por las calles, mi mente se apresuró a pensar en qué podría hacer que Edward cancelara de repente. No queriendo pasar mucho tiempo pensando en ello, bajé hasta su nombre y le llamé. Sonó una vez. Sonó dos veces.

—Hola, Isabela— dijo, su voz profunda.

—Hola.—

—¿Ya estás en el aeropuerto?—

—Todavía estoy en camino— dije —¿Qué fue exactamente lo que te ocurrió en el trabajo? Pensé que eras el dueño de todos esos complejos, es decir, el jefe.—

—Lo soy— dijo. No se explicó.

—Bien— me encogí de hombros —bueno, ¿todavía planeas llevarme a Spokane el próximo fin de semana, ya que dijiste que no querías esperar tres semanas?—

—No— su voz era plana —también surgió algo con eso.—

—¿Supongo que has vuelto a hablar con mi padre?—

—Sí.—

—¿Es por eso por lo que de repente estás tan cortante conmigo?— dejó escapar un suspiro.

—Tendré que hablar de esto más tarde, pero estoy haciendo lo mejor. Te enviaré una carta sobre ello en la aplicación.—

—Creí que habías dicho que ya no necesitábamos usar eso tanto. ¿Y qué quieres decir con lo mejor? ¿Estás diciendo que hemos terminado? ¿Así de simple?—

—Tengo que irme ahora, Bella—dijo, sin responder una sola pregunta —que tengas un vuelo seguro— terminó la llamada sin esperar una respuesta y mi corazón se hundió.

Sabía que esto iba a suceder, que a pesar del sexo épico y lo sentimientos conocerlo en persona sería el fin de nuestra amistad. Cuando llegué al aeropuerto, pasé por seguridad y me dirigí directamente a la librería más cercana. Necesitaba sumergirme en los problemas de los demás para dejar de pensar en los míos.

Me decidí por una novela clásica de Nora Roberts y pasé cinco capítulos antes de que empezara el embarque. Por alguna razón, todavía tenía la esperanza de que todo esto fuera una elaborada estratagema de Edward, que apareciera y se sentara a mi lado. Esos sueños se desvanecieron en el momento en que un hombre vestido de gris se dejó caer en el asiento.

Pasé otros cinco capítulos y un turbulento despegue antes de rendirme y abrir mi computadora portátil. Quería una explicación de su parte. No, me merecía una. En cuanto entré en la aplicación, me di cuenta de que me había enviado un correo.

Asunto de la carta: Nosotros.

Querida Bella.

Realmente disfruté conocerte en persona. Creo que ambos podemos estar de acuerdo en que el sexo fue jodidamente fenomenal y el corto tiempo que pasamos juntos siempre será memorable.

Dadas las circunstancias, no creo que nuestra relación funcione de la manera en que lo discutimos.

Que tengas un vuelo seguro.

Edward

Tomé un aliento y comencé a responder con ira, pero no pude terminar mi mensaje. Me senté allí y contuve las lágrimas, pidiéndole a la azafata que siguiera llenando mi vodka. Cuando el avión aterrizó horas más tarde, no hice ningún movimiento para ponerme de pie. Esperé hasta que todos los demás salieron. Luego me tomé mi tiempo para tomar mi bolso y me dirigí hacia el reclamo de equipaje.

Saqué mi teléfono para pedir un Uber y lo dejé caer al suelo cuando vi a Edward parado frente a las puertas de salida. Sostenía un ramo de rosas rojas y una pequeña pizarra.

Para Isabela

Empecemos de nuevo... otra vez.

Como si supiera que no creía en mis propios ojos, que no me acercaría a él, se acercó lentamente a mí. Colocando su brazo libre alrededor de mi cintura, presionó su frente contra la mía.

—Tuviste tiempo más que suficiente para responder el correo que te envié— dijo —me esforcé mucho.—

—Es una de los correos más cortos que has escrito.—

—La mayor parte del tiempo lo dediqué a los detalles— me miró a los ojos mientras metía las rosas y el cartelito en mi bolso —esperaba tu habitual respuesta airosa.—

—¿Por qué lo haría?— sacudí la cabeza —dijiste que no funcionaríamos.—

—No lo haremos— dijo —no en la forma en que discutimos. Creo que tres semanas es demasiado tiempo para vernos. También creo que no deberías tener que volar para verme cada vez— puso su mano contra la parte baja de mi espalda y me acarició suavemente —quería encontrarme contigo aquí para demostrarte que voy en serio con lo de estar contigo a largo plazo. Bueno, eso y no pude conseguir un asiento junto a ti en tu vuelo.—

—¿Cuánto tiempo piensas quedarte en la ciudad?—

—Depende— hizo una pausa, acunando mi rostro entre sus manos —soy el jefe, así que no hay un verdadero horario.—

—Mi casa no es tan grande como la tuya.—

—Soy consciente— sonrió con suficiencia —reservé una habitación de hotel para la próxima semana.—

—Entonces, ¿ya has asumido que mi apartamento no es lo suficientemente bueno para ti?—

—Esa no es la razón en absoluto— presionó sus labios contra los míos y me besó profundamente, haciéndome recordar exactamente por qué no quería que termináramos. Por qué una probada de su boca podría obligarme a hacer cualquier cosa. Cuando se alejó de mí, me miró fijamente a los ojos durante lo que pareció una eternidad —creo que realmente podemos hacer que esto funcione— dijo —¿Lo crees?—

—Sí.—

—Bien— me besó de nuevo, esta vez más tiempo, mucho más posesivo, y todo lo que nos rodeaba se desvaneció mientras me apretaba la cintura.

—¿Realmente reservaste una habitación de hotel?— pregunté, sin aliento.

—No para esta noche— dijo —y no es sólo para mí. Una vez mencionaste que nunca te habías quedado en la propiedad del complejo que tengo aquí, así que en algún momento la visitaremos.—

—Entonces, ¿esta noche te unirás a mí en mi casa?—

—Eso espero— dijo —¿Puedo ir?—


Ya solo falta el Epílogo y la historia termina