RECUERDOS EN BLANCO Y NEGRO
Por Cris Snape
Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.
Esta historia participa en el Reto #48: "Celebrando los 400.000 post" del foro Hogwarts a través de los años.
Debo escribir un fic basado en el Título Inspirador "Recuerdos en blanco y negro"
1
—Harry.
Teddy pronuncia su nombre con la voz muy aguda. Su cara aparece al otro lado del escritorio y parpadea mientras le mira.
—Dime.
—Me aburro muchísimo.
Harry echa un vistazo a su alrededor. Sobre la mesita auxiliar, al lado de la chimenea, hay un montón de hojas de papel y lápices de colores. Debajo de la ventana, una casa de muñecas con todo un ejército de soldaditos de plomo a su alrededor. Al lado del escritorio, un cojín y un puñado de libros infantiles. Y dormitando en el sofá, su puffskein Simba. Harry sonríe y agita la cabeza. Su ahijado se ha portado bien durante, aproximadamente, cuarenta y cinco minutos. El problema es que tiene cinco años y la misma capacidad de concentración que un gusarajo.
—No me digas.
—¿Por qué no jugamos a pillar?
—Porque tengo que estudiar.
Teddy se enfurruña y le observa con muchísimo interés. A continuación, se cruza de brazos y alza el mentón. Su pelo se vuelve rojo, signo inequívoco de que no aceptará una negativa por respuesta.
—Pero me aburro. Un montonazo.
Harry suspira y decide poner a buen recaudo sus apuntes. Es verdad que tiene mucho trabajo por delante, pero el examen final no es hasta la próxima semana y puede dedicarle un rato a Teddy. Lo normal hubiera sido que en esas fechas no estuviera en Grimmauld Place, pero Andrómeda está enferma y el niño no tiene a nadie más con quien quedarse.
—Sabes que en casa no podemos jugar a pillar y fuera está lloviendo. ¿Quieres que exploremos el desván?
—¡Sí!
En opinión de Teddy, el desván de la casa de su padrino es el lugar más maravilloso de todo el universo. Es oscuro, húmedo y está sucísimo y lleno de polvo, pero es súper interesante. Hay tesoros escondidos por todos los rincones y muchas veces Harry ha tenido que deshacerse de criaturas mágicas bastante molestas, incluido un boggart. Teddy comienza a dar saltitos y espera con impaciencia a que su padrino se levante y le coja de la mano. Harry guarda el material de estudio bajo llave y se prepara para pasar un buen rato con el niño.
El número 12 de Grimmauld Place ha cambiado sustancialmente durante los últimos años. Cuando Harry heredó la propiedad, comprendió que no podría vivir como lo habían hecho los Black durante generaciones, así que sometió la casa a una gran reforma. Derrumbó paredes, arrancó papeles pintados y tiró a la basura muebles medio podridos. Las plantas baja y primera presentan un aspecto acogedor, combinando el blanco con la madera clara, pero aún quedan sitios inhóspitos en la vivienda. Por ejemplo, ni siquiera Harry se atreve a bajar al sótano y la tercera planta está repleta de antiguas habitaciones para invitados con decoraciones anticuadas y cortinas apolilladas. En cuanto al desván, es un desastre que gusta mucho a Teddy y, sólo por eso, no piensa tocarlo nunca. Bueno, tal vez cuando el niño crezca y deje de interesarse por él.
Sube por la escalera sujetando al niño. Es la única pieza de la casa que ha sido reformada de arriba a abajo. Tiene los escalones de madera y la barandilla blanca. Teddy toca todos y cada uno de sus barrotes rectangulares y da un saltito impaciente de vez en cuando. En la tercera planta todo es más oscuro y siniestro y Teddy se acerca un poco más a Harry. Le observa conjurar una escalerilla que sale desde el techo y da unas cuantas palmadas de alegría cuando llegan a su destino.
Cuando reparó el tejado, Harry también cambió los tragaluces del techo. En días soleados, dejan pasar una considerable cantidad de luz, pero en esa ocasión la lluvia golpea con fuerza el cristal y todo está en penumbras. Teddy entorna los ojos para acostumbrarse a la oscuridad y celebra que Harry decida conjurar unas cuantas bolas de luz que flotan calmadamente a su alrededor.
—¿Qué te apetece investigar hoy?
Teddy echa un vistazo. Hay un rincón repleto de antiguos juguetes de madera. Suele llevarse uno cada vez que visita a Harry y la abuela empieza a estar tan harta que ha amenazado con prohibirle las visitas si insiste en llevar más trastos. Pobrecita. Ignora que son tesoros.
Al fondo, hay un montón de libros de páginas marrones que huelen muy raro. A veces encuentran cosas interesantes enredando por allí, pero ese día no le apetece leer nada. Entonces, mira hacia su derecha y ve un viejo baúl que está cubierto de polvo y telarañas. Parece interesante y lo señala con un dedo.
—Quiero que abramos eso, Harry.
Seguramente esté repleto de ropa vieja y ajada, pero su padrino le hace caso de todas formas. Limpia el baúl con un hechizo y se asegura de que no haya nada peligroso a su alrededor o dentro de él. Después, le hace un gesto a Teddy para que se acerque y abre la tapa. Tal y como se temía, lo primero que el niño ve es un viejo uniforme escolar con los colores de Gryffindor. Harry sabe que tiene que ser de Sirius incluso antes de encontrar las revistas pornográficas y los vinilos partidos por la mitad.
—¿Qué es esto?
Teddy ha cogido medio disco y lo observa con curiosidad.
—Servía para escuchar música, pero está roto.
—¿Por qué?
—No lo sé. Supongo que alguien lo rompió.
Walburga Black, probablemente, después de que su hijo mayor se fugara de casa. Aunque, ¿por qué conservaría ella todos esos recuerdos? Tal vez fuera Sirius quien guardara el baúl en el desván, oculto a la vista de todos y con sus tesoros conservados en su interior.
—¿No lo puedes arreglar?
—Me temo que no, aunque podemos buscar otros vinilos para escucharlos si tú quieres.
—¿En serio?
—Pues claro.
Harry acaricia la cabeza del niño y Teddy prosigue con su labor de investigación. Su padrino aparta las revistas antes de que pueda cogerlas. Está bastante seguro de que no llamarán demasiado la atención de un niño tan pequeño, pero no le parece apropiado dejar que las examine. Teddy se centra en la ropa y agarra la corbata del uniforme. Está sucia y rasgada, como si fuera a romperse de un momento a otro.
—¡Es de Gryffindor!
—Eso es.
—Mi papá estuvo en Gryffindor. Y tú también. ¿Es tuyo?
—No, Teddy, aunque creo que sé quién es el dueño de este baúl.
—¿Quién?
—Sirius Black.
Teddy arruga las cejitas y se esfuerza muchísimo por pensar. Finalmente, se encoge de hombros.
—No le conozco.
—Porque Sirius Black está con tu papá y tu mamá al otro lado del velo.
Teddy sabe que sus padres fallecieron cuando él era un bebé recién nacido. La abuela le habla mucho sobre ellos y sobre el abuelo Ted y toda su casa está llena de fotografías y recuerdos familiares. Teddy también sabe que cuando una persona se muere cruza un velo y ya no puede regresar más a este lado. A veces le parece muy injusto, pero la abuela siempre le dice que sus papás están bien allí y que siempre le miran y cuidan de él.
—Entonces no pasa nada si miramos sus cosas, ¿verdad?
Harry le pasa la mano por el pelo, que se ha vuelto azul. Es el color que tiene casi siempre, cuando su estado de ánimo es más calmado y estable. Su color para la felicidad.
—Estoy bastante seguro de que a él no le importaría.
Teddy sonríe y, con ayuda de Harry, saca varias prendas de ropa del interior del baúl. Debajo, se encuentran con unos cuantos pergaminos aplastados y viejos libros de la escuela. Teddy se siente decepcionado porque realmente no tiene ganas de leer. Está a punto de irse a otra parte del desván cuando ve una caja de metal al fondo de todo, prácticamente enterrada por plumas rotas y manchada con tinta ya seca. Teddy sonríe y agarra la caja con decisión. Un tesoro dentro de un tesoro.
Harry le observa con atención mientras examina su hallazgo. La caja está cerrada, así que utiliza un Alohomora para abrirla. En su interior hay un montón de fotografías mágicas que hacen soltar a Teddy un gritito de alegría.
—¡Mira, Harry!
Su ahijado se sienta en el suelo y hace que las esferas luminosas se acerquen un poco más a ellos. Teddy se acomoda en su regazo y extrae la primera foto de la caja. Es en blanco y negro y a Harry se le hace un nudo en la garganta cuando descubre los rostros de los antiguos Merodeadores. Los cuatro sonríen y saludan a la cámara con alegría.
—¡Es mi papá!
—Sí que lo es. Y este de aquí es el mío.
Teddy observa el rostro que le señala y luego a él. Sonríe porque Harry y su papá se parecen muchísimo.
—Este es Sirius Black, el dueño del baúl. Y este es Peter Pettigrew.
—¡Guay!
—Se hacían llamar Los Merodeadores.
—¡Oh!
2
—¿Ya has terminado, Jones?
—Venga, tío. Sólo tienes que hacer una fotografía. No puede ser tan difícil.
Jones les mira con un desprecio digno de un Slytherin y una vez finalizado el trabajo, deja la cámara sobre la mesa y hace un gesto exasperado.
—La próxima vez os va a ayudar vuestra puta madre.
Se marcha. Sirius es el primero en reírse, pensando en que ese idiota ha hecho una definición perfecta de su progenitora, aunque haya sido sin querer.
—Pues mi vieja me hubiera tirado la cámara a la cabeza.
—Jones ha estado a punto de hacerlo —asegura James.
—Y con razón —Remus siente un poco de lástima por su compañero—. El pobre ha hecho lo que ha podido.
—¿Le compadeces?
—No os habéis estado quietos ni un momento.
—Se supone que en las fotos te mueves.
—Pero no te revuelcas por el suelo como si estuvieras en un combate de lucha muggle.
James y Sirius se ríen a carcajadas. Son incorregibles. Todo es alegría y alboroto hasta que Peter les corta el rollo. Es algo que se le da bastante bien.
—Hablando de madres, ¿qué pasa con la tuya?
Sirius entorna los ojos y se pone un poco tenso.
—Dejamos de hablar sobre las madres hace mucho.
—Pues alguien tenía que preguntarte, ¿no? —Peter pone los brazos en jarra y mira a sus amigos con algo que se parece mucho a la severidad de la profesora McGonagall—. Hace semanas que te escapaste de casa. Por muy odiosa que sea, tu madre ha debido buscarte. No ha podido quedarse tan tranquila.
Peter tiene razón. La elegantísima y chifladísima señora Black le ha enviado un mensaje a través de Regulus, mensaje que fue debidamente arrojado a la chimenea después de darle una leída rápida. Un mensaje cuya existencia es absolutamente secreta, incluso para James.
—Mi madre es una bruja de cuento muggle, Peter. Le importa un carajo que me haya fugado.
—¿Seguro?
—Segurísimo.
Sirius se pone frente a sus amigos y les encara con mucha seriedad.
—Y este tema se acaba aquí y ahora. Ninguno de nosotros mencionará a mis padres nunca más. Ya no soy parte de esa familia. ¿Entendido?
Los tres chicos se miran y asienten.
—Pues bien, aclarado ese detalle, vamos a ver qué ha hecho Jones con nuestra foto. Esperemos que no la haya estropeado demasiado.
Los Merodeadores se acercan a la cámara fotográfica y vuelven a reírse y a bromear como si nada hubiera pasado. Están juntos y es lo único que importa.
3
Teddy sigue hurgando entre las fotografías mientras Harry le habla sobre un maravilloso mapa que inventaron los Merodeadores y que, tal vez, él herede algún día.
—Cuando vayas a Hogwarts y demuestres ser un chico responsable.
—¿De verdad?
—Hay que saber utilizar correctamente el Mapa del Merodeador.
—¿Y no me lo puedes enseñar antes?
—No funciona fuera del castillo, pero puede que se me ocurra algo.
—¡Guay!
Teddy está contento, aunque no sabe que Harry está pensando en escribirle una breve carta a Minerva McGonagall solicitándole permiso para llevar al niño al castillo. Sabe que es algo del todo irregular y que posiblemente su propuesta sea rechazada, pero debe intentarlo. Está convencido de que Teddy estará encantado cuando descubra el funcionamiento del Mapa y, aunque entregárselo suene a locura, Harry considera que es lo justo. El niño es hijo de un Merodeador.
De pronto, Teddy da un saltito y se pone en pie, mostrándole una fotografía de sus abuelos. Andromeda parece extraordinariamente joven y apenas sonríe mientras Ted la abraza por la cintura y le da un beso en la mejilla. Ambos llevan puesto el uniforme de Hogwarts y tienen el cabello revuelto y la ropa hecha un desastre. Da la impresión de que el fotógrafo les pilló desprevenidos.
—¡Mira, Harry! ¡Es mi abuela!
—Ya lo veo.
—Y mi abuelo.
Harry asiente. Andromeda luce el escudo de Slytherin y Ted Tonks el de Hufflepuff. Está convencido de que Teddy seguirá los pasos de su abuelo algún día. Es aún demasiado pequeño, pero todo en él grita "Hufflepuff" de forma descarada.
—Están en el colegio. ¿Reconoces los uniformes?
Teddy asiente y sonríe muy ampliamente.
—La abuela me contó un cuento. Ella era una princesa y se escapó de las fauces de un dragón para irse con el abuelo, que era un granjero.
Harry se carcajea y besa la frente del niño.
—Parece una historia muy emocionante.
—¡Lo es! Me gusta esta foto.
—¿Quieres quedártela?
De forma inmediata, el niño suelta el retrato como si quemara y empieza a negar con la cabeza.
—Pero no es mía.
—Como te dije antes, este baúl perteneció a Sirius Black y estoy seguro de que a él no le hubiera importado que tuvieras esta fotografía de tus abuelos.
—¿Seguro que no?
—Segurísimo.
Teddy recupera la imagen y observa a sus familiares con atención. A Harry siempre le ha dado la impresión de que se parece bastante a su madre, quien a su vez tenía mucho de su padre. Mientras observa la sonrisa traviesa de Ted Tonks, comprende que no ha estado nada equivocado. Aunque los ojos son de Remus Lupin. No cabe duda.
4
—¡Para de una vez!
Andromeda se lanza sobre el fotógrafo y le arrebata la cámara. El chaval, que un instante antes se encontraba de un excelente buen humor, se pone muy serio y retrocede. Sabe que no es nada conveniente meterse con las hermanas Black y esa en concreto tiene cara de basilisco asesino.
—Andy.
Ella apenas escucha la voz de Ted mientras intenta apaciguarla.
—¿Cómo te atreves a sacar fotos sin permiso?
—Es para recordar a los compañeros de curso. ¿Sabes lo que es un anuario muggle?
—¡Me da igual! En cuanto reveles la fotografía, quiero que me la des.
—Andy.
Ted la sujeta del brazo y logra despistarla un instante, tiempo más que suficiente para que el pobre chaval ponga pies en polvorosa.
—¡Me darás la foto, idiota!
—Andy, cálmate.
El rostro de Ted siempre ha conseguido hacerla sentir bien. Andromeda se fija en sus facciones suaves, en su pelo castaño y en sus ojos oscuros y respira hondo. Es verdad que se ha puesto un poco nerviosa, pero la presencia de ese idiota la ha pillado por sorpresa y no quiere ni pensar en las consecuencias que tendría la publicación de esa maldita fotografía.
—No tenía ningún derecho.
—Ya lo sé, pero enfadarte tanto no servirá de nada.
—¿No? Pues yo creo que recuperaré la foto.
Ted se ríe, apartándose el flequillo de los ojos.
—¡Seguro que sí! Menudo susto le has dado.
—No tiene gracia.
—¿Es que no le has visto la cara? Creo que se pensaba que ibas a morderle.
—Edward Tonks.
Ted da un respingo y se lleva una mano al corazón.
—¡Oh, vaya! Estás realmente cabreada.
—¿Es que no entiendes lo que pasa?
Ted resopla y le agarra una mano con suavidad, instándola a tomar asiento. Andromeda está tensa y sabe perfectamente por qué. Su trabajo no consiste en acrecentar sus temores, sino en hacerla sentir mejor.
—Lo sé, Andy. Sé que tu familia no puede enterarse de los nuestro y que ese estúpido anuario podría echarlo todo a perder. Sé que lo ideal es que no nos descubran por el momento, pero si lo hacen estoy preparado.
—¿Para qué?
—Para enfrentarme a tus padres y a tus hermanas. Para gritarle al mundo que estoy enamorado de ti y que no me importa el estatus de sangre. A la mierda con todo.
Andromeda lo mira fijamente y parpadea antes de sonreír.
—Eres ridículo y melodramático.
—Gracias. Me esfuerzo un montón.
—¡Tonto!
—Bruja.
Andromeda siente que el disgusto se le ha pasado, aunque aún sigue querido hacerse con esa fotografía. Pero ya pensará en eso después. De momento, lo único que le apetece es besar a Ted Tonks, su estúpido novio sangresucia.
5
Mientras Teddy le muestra las fotografías de los Merodeadores y de diversos miembros de la familia Black, Harry se pregunta por qué Sirius decidió conservarlas. No hay solo retratos de sus amigos y familiares más cercanos. Algunas personas le son del todo desconocidas y necesita darles la vuelta para leer lo que hay escrito por detrás. Marius Black. Cedrella Black. Isla Black. Son fotos antiguas y Harry tarda un poco en darse cuenta de un detalle: todas esas personas son ovejas negras de la familia, todos sus nombres fueron borrados del ancestral tapiz. Harry sonríe y entiende a Sirius. Se lo imagina en un arrebato de rebeldía adolescente rescatando todas aquellas fotografías de las garras maternas, pasándose la pureza de sangre por el arco del triunfo.
Pasan bastante tiempo en el desván, hasta que la barriga de Teddy comienza a emitir ruidos bastante sospechosos.
—Tengo hambre, Harry.
—Yo también. Deberíamos bajar a cenar.
—¿Podemos comernos una pizza muggle?
Harry sonríe con indulgencia. A Andromeda no le gusta esa clase de comida. Dice que no aporta ningún nutriente y sí cantidades industriales de azúcar. Y posiblemente tenga razón, pero es innegable que la pizza muggle está deliciosa y que no pasa nada por consumirla de vez en cuando. De todas formas, considera que es mejor que no se entere la abuela de la criatura, así que le guiña un ojo a Teddy.
—Vale, pero será nuestro secreto.
—Sólo si lleva piña.
Harry bufa y se pone en pie. Las bolas de luz flotan alrededor de su cabeza como si estuvieran ansiosas por guiarles hasta la salida. Teddy comienza a meter algunas cosas en el baúl mientras charlan.
—Pero Teddy.
—Por favor, Harry. ¡Me encanta la piña!
Harry bufa de nuevo, pero no le queda más remedio que transigir. El niño es bastante bueno recogiendo, así que apenas tardan en tenerlo todo guardado. Excepto las fotografías. Harry las ha metido de nuevo en su caja, que está debajo de su brazo.
—¿Nos llevamos las fotos?
—He pensado que a la abuela les gustará verlas.
—¡Seguro!
Ahijado y padrino abandonan el desván. En el exterior ya se ha hecho de noche y la oscuridad vuelve a reinar en la antigua estancia cuando la escalerilla de entrada vuelve a su lugar. Mientras regresan a la planta principal, Teddy no para de hablar sobre sus recientes descubrimientos, feliz y entusiasmado.
—Me lo he pasado súper bien, Harry.
—Yo también.
—¿Otro día buscaremos más fotos?
—Por supuesto.
Harry no tendrá que revolver medio Grimmauld Place para encontrar más recuerdos familiares. Cuando reformó la casa se deshizo de muchas de las cosas de la familia Black, entre ellas el molesto retrato de la vieja Walburga, pero decidió conservar todas las fotografías que la terrible mujer guardaba en el despacho principal. Imágenes vivas de personas muertas que dejaron su impronta en la sociedad mágica y que terminaron convertidos en recuerdos en blanco y negro.
Hola, holita.
Me chiflan las fotografías antiguas. Estoy convencida de que en Grimmauld Place existe una colección inmensa, puesto que ellos eran gente rica y podían permitirse los retratos. También estoy segura de que Walburga hubiera destruido todas las fotos de los Black repudiados, así que Sirius se convirtió en el salvador de parte del legado familiar. Espero que os haya gustado.
Besetes y hasta la próxima.
