Disclaimer: Solo la idea es mía, el universo de Harry Potter pertenece a J. K. Rowling.
Este fic participa en el Reto #48: "Celebrando los 400,000 post" del foro Hogwarts a través de los años.
Pareja: Sirius Black/Remus Lupin
Palabras: 704
Después de la Luna llena
Sirius se apresura a entrar a la enfermería, olvidándose por un segundo de no hacer ruido, y cuando la pesada puerta de madera chirría horriblemente detrás suyo, no puede evitar estremecerse. Se congela en su sitio, mirando fijamente a la pequeña puerta en el fondo, la que sabe que conduce a la habitación de Madame Pomfrey, pero cuando esta se mantiene cerrada, y no se enciende ninguna luz al otro lado, se permite soltar el aire que estaba conteniendo. Retoma su camino y se dirige con mucho más cuidado a la única cama ocupada en la habitación, la que está oculta detrás del pilar de piedra que le da un poco de privacidad extra.
Se acerca con cuidado, y se escabulle entre las cortinas corridas. Cuando al fin puede mirarlo, siente un nudo en la garganta.
Está dormido, y por un segundo, Sirius se pregunta si es demasiado egoísta despertarlo, es apenas la segunda noche después de la luna llena, y sabe que Remus necesita descansar, pero la urgencia que le invade el pecho por mirarlo a los ojos y escucharle decir que se encuentra bien es más fuerte que él.
—Ey… —le dice en un susurro, y no puede evitar acariciarle el rostro con la punta de los dedos. Le aparta el cabello de los ojos con una caricia, y Remus le sonríe poquito, aún sin abrir los ojos. Hay algo en ese gesto que a Sirius le derrite el corazón.
—Hola… —murmura él, despacio, con esa voz áspera que siempre tiene los primeros días después de una luna llena.
Sirius lo contempla por un segundo, expectante, y cuando Remus comienza a abrir los ojos, siente como si al fin tomara una bocanada de aire fresco después de estar a punto de ahogarse. Casi sin darse cuenta Sirius deja escapar un largo suspiro.
—¿Qué estas haciendo aquí? —le pregunta Remus, que ha vuelto a cerrar los ojos, pero aún está sonriendo.
Está agotado, Sirius lo sabe, pero no quiere dejarlo volver a dormir todavía. Es un maldito egoísta, pero eso ambos ya lo saben.
—No seas ridículo, tenía que venir a verte, Lunático. —intenta sonar despreocupado, pero no puede ocultar el temblor en su voz.
La sonrisa de Remus se ensancha, y justo cuando Sirius comienza a preguntarse si debería detenerse, Remus presiona su mejilla contra su mano y suspira.
Sirius lo contempla, sintiendo que el nudo vuelve a formársele en la garganta. Le acaricia la mejilla con el pulgar, evitando cuidadosamente los cortes, aún frescos, que le atraviesan de lado a lado, producto de su última transformación.
—Por favor dime que estas bien —se escucha decir, en un suspiro que suena a una súplica más que a una pregunta.
Remus se mueve un poco, y presiona un beso contra la palma de su mano.
—¡Oh! Estoy de maravilla —le dice.
Y evidentemente está mintiendo, pero Sirius necesita escucharle decirlo, o si no, siente que la angustia lo va a comer vivió.
De nuevo, Remus lo está mirando con esos ojos miel tan bonitos, y esa pequeña sonrisa que le estremece el corazón.
—Ven aquí —murmura mientras se aparta un poco, dejando suficiente espacio en la cama para él.
Debería decir que no, dar media vuelta y dejarlo descansar ahora que ha saciado su desesperación por verle, pero en un segundo, Sirius sube a la cama y se recuesta a su lado. Le envuelve los brazos alrededor del cuerpo y presiona sus labios contra su frente, y Remus se acurruca contra su pecho.
Después de tantos años, no es la primera vez que Sirius sostiene entre sus brazos a un Remus herido después de una transformación, pero cada vez es igual de aterradora, y cada vez le queda el mismo hueco en el estómago y, cada vez que deben llevarlo a la enfermería, Sirius siente esa misma desesperación por correr a verlo y acurrucarse en la cama a su lado, escuchar el latido de su corazón, sentir el calor de su piel y pretender que el mundo entero no existe.
A la mañana siguiente, durante las primeras horas del día y con una sonrisa diminuta, Madame Pomfrey pretende que no ha visto a los dos chicos durmiendo al otro lado de las cortinas.
¿Review?
¡Holi, holi!
Hace mucho que quería un pretexto para escribir sobre estos dos.
Debo decir que siempre he imaginado a Remus con ojos color miel (la verdad que no recuerdo que digan los libros), y vengo a descubrir en Wikipedia que son verdes. Ups xD
En fin, mucha suerte a todos en el reto, y gracias por pasarse por aqui.
Un beso, Fer :)
