Reemplazar mis antiguas historias por unas nuevas (y mejores) es parte de mi objetivo. Aquí una de Kenta y Yu. Siento que para ser unos niños esto es incluso demasiado. Pero digamos que esto solo se trata de besos... al menos de momento.

Disclaimer: Metal Fight Beyblade no me pertenece.


Batalla de resistencia.

Por Blue-Salamon.


Yu lo llama Kenchi. Con una sonrisa cálida y un aspecto único por demás infantil, como de travesura.

Lo llama Kenchi con una sutil burla y gracia que Kenta no sabe bien cómo interpretar. Y si bien, en un principio no le incomoda tanto, lo toma por sorpresa y deja extrañado.

« Kenchi... »

Se toma la deliberada libertad de ponerle un apodo y no preguntarle a él respecto a su opinión, pero. Yu es así con todo el mundo, con todo el que conoce, con todo aquel con quien le gustaría jugar. Tener una batalla Beyblade.

Entonces a Kenta no le importa mucho ser « Kenchi », bajo la burla inocente y el juego infantil con el que lo nombra.

Sí, bajo la inocencia y el espíritu infantil de Yu.

Pero pasa.

—Kenchi, Kenchi, ¿te gustaría un helado? ¡Vamos por un helado!

A Yu le encantan los dulces. A cualquier momento, a cualquier hora, y lo más importante, bajo ningún tipo de supervisión. Porque Yu no es un niño pequeño que necesite de aburridas reglas. A Yu no le gusta que nadie le dé órdenes ni lo trate de niño pequeño. Por más niño o más pequeño que sea en la realidad.

Kenta lo considera y piensa, porque de hecho resulta que Yu es mayor que él por algo así como un año. Quizá, pues, su desdén por las reglas sea parte de eso que los padres y madres del mundo llaman con horror la rebelión de la adolescencia. Y Yu, más cercano a Kenta que los demás, va en ello un poco por delante de él. Algo con las hormonas alborotadas que Kenchi todavía no entiende, tal vez.

« Es muy extraño. Parece ser un niño agradable y se divierte mucho compitiendo, pero es un miembro de Dark Nebula... »

Uno de los primeros pensamientos profundos que tiene al respecto de Yu es este.

Más tarde, Kenta se entera que no es culpa exclusiva de la rebeldía y el espíritu travieso de Yu el que este acabase envuelto en una organización con fines tan malvados y oscuros como los de Dark Nebula. En parte sí es aquello (en ocasiones a Yu se le ensombrece la mirada con una chispa de malicia juguetona); pero mucho también tiene que ver su ingenuidad innata, las circunstancias especiales que rodearon a su gran genio sin poder encontrarse nunca con ningún obstáculo verdadero en su camino a volverse el gran blader que era y la suerte que tuvieron en Dark Nebula de conocerlo antes que ellos y enfrentar a Ryuga con él. Todo conjugado para hacerlo caer en aquel engaño, y verse perturbado luego al entender cómo se había equivocado en todo lo que pensaba de Ryuga.

Kenchi, pues, sabe mucho sobre el dolor y el carisma genuino de Yu. Y lo entiende, y lo capta (y llora por y con él en su momento, y lo abraza y se queda a su lado cuando ocurre).

Es después de ello y de la pelea en que luchan juntos que ocurre.

Desde ahí existe un cambio de rutina en su actitud con él porque.

—Eres la persona más dulce que conozco, Kenchi —le dice una vez, que alcanza a acariciarle una mejilla y sonreírle mientras comparten un momento tras un entrenamiento comiendo helados.

Porque quizá a todos les dé por malinterpretar a Yu. Y con malinterpretar Kenchi quiere decir subestimar.

—¿Te parecería bien una batalla conmigo y mi Libra, Kenchi? Oh, y hagámoslo más interesante y apostemos: ¡el perdedor tendrá que invitarle el próximo helado al otro!

Quizá porque Yu es un niño. Y su comportamiento, en ocasiones, hace pensar a los demás que es incluso más niño que Kenta siendo la realidad justo lo opuesto.

—Está bien, Kenchi. Podemos compartir mi helado si es que ya no tienes para comprar otro para ti también. ¡Y deberías sentirte afortunado! No comparto mis dulces con cualquiera...

Y como a Yu le encantan los dulces. Y es tan hiperactivo, tan travieso y tan poco sumiso y obediente como lo era Kenta. Cuando los dejaban solos era a Kenta al que le encargaban que vigilara a Yu.

Kenchi... ¿te has dado cuenta alguna vez de que tus labios parecen como un dulce de fresa? Tal vez sea por el helado pero ahora se te ven más... rosados... dulces...

Como a Yu le encantan los dulces. Y es mayor por un año que Kenta. Y es travieso y caprichoso. Y un niño recién entrado en la adolescencia, iniciando la pubertad. Con las hormonas alborotadas...

—Me pregunto si sabrán...

Muchas veces, cuando los dejan solos, Kenta tiene la sensación de que a Yu lo encargan con él. « Vigílalo, cuídalo, no lo dejes comer tantos dulces para que no se vaya a enfermar... ». Están implícitos en las miradas dirigidas a él.

Pero cuando tiene a Yu, prácticamente, encima de él. Y Kenchi nota, se da cuenta, de que Yu es el mayor de los dos (que incluso, es verdad que Yu es hasta un par de centímetros más alto). No puede hacer mucho al respecto.

Sobre no dejarlo comer tanto sus dulces labios de sabor a fresa...

Se congela.

Se aguanta. Kenchi tiene que resistir e intentar no acalorarse demasiado. Con la lengua de Yu lamiéndole la boca, la lengua, los labios, chupándoselos de pronto y saboreándolo tanto como quiera.

—Mmm, no sabes a fresa, Kenchi...

—Por supuesto que no. El helado es de chocolate...

Sus cejas se fruncen, sus mejillas arden. Y el helado se derrite, sostenido entre las manos de ambos al mismo tiempo. Yu parpadea y primero sonríe, luego se ríe por su propia cuenta. Una risa suave que a Kenta atrae y seduce, su atención robada por completo.

—No diría tampoco que es a chocolate a lo que sabes —vuelve a acariciarle la mejilla, tiernamente, con cariño—, pero sí que sabes dulce, Kenchi...

Gotas de helado deshecho caen en caminos que les llenan los dedos de las manos de dulce...

—Yu...

Y Yu se entretiene en lamérselos, limpiándolos, del chocolate, antes de ir a responder.

—¿Sí?

A Kenta le resbala sudor cerca de las sienes, y traga saliva, aparta la mirada. El sol está en lo alto, en su punto. Es un día caluroso perfecto para comer helado.

—No me llames Kenchi frente a los demás con ese tono, por favor...

No. Mucho menos bajo la inocencia y espíritu infantil de Yu, que lo acalora y pone en peligro su resistencia...