Los días nevados habían comenzado a llegar, Izuku no estaba de ánimos para celebrar debido a que su quirk no se había manifestado, la consulta con el doctor solo reforzaba lo que se negaba a creer, su gran sueño de convertirse en un héroe se volvió algo lejano para su pequeña mente, aun así, no perdía la esperanza de volverse alguien que pudiese salvaguardar la vida de otros, sacrificar la suya de ser necesario.

Su amistad con Katsuki se había visto arruinada por eso, el crear pequeñas explosiones en sus diminutas manos, fue la evidencia concreta de que su quirk llego para convertirse en uno formidable, el concepto de Deku se intensifico para el niño explosivo, creándose la idea de que aquel termino despectivo le quedaba como anillo al dedo a su amigo de la infancia; para que no lo comenzaran a relacionar con él, tomó la decisión de alejarse por completo, sin importarle los sentimientos del niño de cabello y ojos tono esmeralda.

Izuku al verse sin amigos para jugar o platicar, optó por retomar aquel proyecto que con el que solía llamar Kacchan había consagrado la idea, pero quedo inconcluso al ser abandonado por el rubio, su jardín se encontraba dentro del barrio donde ambos viven, un lugar alejado y desierto que guardaba en su interior aquel secreto, en temporada de verano se encargaron de sembrar las semillas, con la ilusión de que florecieran en primavera y ambos pudieran festejar y observar las plantas que escogieron entre ellos.

Al llegar al jardín solo vio reflejado lo que el abandono de Kacchan produjo en su corazón, un lugar marchito y vacío, no todo estaba perdido algunos retoños crecían y mantenían su verdor, Izuku decidió enfocarse en salvar lo más que pudiera, comenzó por quitar toda la maleza y plantas muertas, regreso a su casa para llevar todos sus instrumentos de jardinería que tuviese disponible, le cuestiono a su madre;

- Mama, ¿Por casualidad no recuerdas donde están los artículos de jardín?; Los necesito para continuar con el proyecto que tenia junto a Kacchan- comentó Izuku con calma, Inko le sorprendió la mención del jardín, pero no quería interrogar a su hijo.

- Se encuentra en la habitación de lavandería, en el mueble donde se guardan los detergentes, ten cuidado mi pequeño- respondió su madre.

- Gracias mami - contesto el pequeño saliendo de la cocina en dirección a la lavandería, recogiendo una pequeña cubeta, una pala, un par de guantes a medida y una regadera de plástico, contento con todo lo que necesitaba en sus manos retomo su camino al jardín y no tardo demasiado en llegar.

De regreso en el sitio, se coloco el par de guantes, con pala y cubeta en mano se inclino para hacer pequeños agujeros en líneas rectas y con cuidado trasplanto los brotes que crecieron fuera de lugar procurando no dañar las raíces, apoyándose de la pala fue colocándolos hasta cubrir cada una de las plantas con suficiente tierra, terminado aquello fue a un pequeño riachuelo cercano para llenar la regadera con agua y rego cada plantita.

Viendo como culmino todo, sonrió para sí, creía que no podría terminar con todo aquello, por primera vez en una semana volvió a sentir alegría y felicidad en su corazón, revisando de que no se le olvidara nada, regreso a su casa y decidió contarle la nueva buena a su mama.

Katsuki se había percato de lo que Izuku hacia, le espió y para su fortuna el peli verde jamás tomo en cuenta la presencia que lo observaba detrás de unos arbustos, vacío de nuevo el lugar salió de su escondite y observo todo lo él había hecho, estaba decidido a destruir todo lo que lo vinculara con Izuku, pero un agudo dolor proveniente de su pecho lo detuvo, creía a ver ahogado ese sentimiento, se mantenía vigente a pesar de haberse alejado de el -maldito Deku- maldecía el rubio cenizo al viento, no tenía caso estar ahí y sin mas salió, dio un ultimo vistazo y se marchó.

Un día antes de noche buena, Mitsuki le aviso a Bakugou de celebrarían Navidad en casa de los Midoriya, enfureciendo de sobre manera al pequeño.

- ¡KATSUKI¡, de todas formas, tendrás que ir, aunque eso implique llevarte atado y amordazado- sentencio la joven madre -¡QUIERO VER QUE LO INTESTES, BRUJA¡- respondió con ira el cenizo, Masaru no se encontraba en su casa, era el quien apaciguaba los ánimos en el lugar.

- Como sea, me preocupa que ya no entables comunicación con Izuku, a Inko le angustia ver lo decaído que él se encuentra, ¿Qué paso entre ustedes? - menciono con preocupación la ceniza.

- Eso no te concierne- respondió Katsuki, como ya no quería que le continuaran cuestionando decidió irse de la cocina a su habitación dejando a su madre con palabras en la boca.

Mitsuki también era consciente del cambio de actitud de su hijo y le preocupaba, por eso junto a su amiga decidieron juntar a las familias para ver si eso ayudaba a la amistad de sus pequeños, pero analizando todo desde otra perspectiva, comenzó a creer que eso seria una mala idea, pero no estaba dispuesta a echar todo atrás, el plan de ambas seguiría su curso, sin importar nada.

Al día siguiente, Izuku despertó con la mejor actitud mientras que Bakugou no estaba de buen humor, solo él era consciente de su encuentro con Deku y eso le disgustaba, y como ya se encontraba bajo amenaza, actuar de manera seria y complaciente le sería difícil mas no imposible.

Mientras tanto, Izuku ayudaba con los preparativos para esa noche, colocando las esferas coloridas y deslumbrantes en el árbol de navidad ubicado en su estancia, su madre acomodaba los hilos de focos navideños en el mismo, a ambos les encanto el resultado final, siendo un árbol con esferas de diversos tamaños y alguno con forma de estrella o campana, por supuesto no podía faltar la esfera en forma de All Might que a Izuku le fascinaba, era su segundo año colocándola en la decoración de su hogar, la alegría se sentía en el aire.

De entre los platillos seleccionados para ser la cena navideña se encontraba el katsudon, que al peliverde le encantaba, también estaba preparando Curry para Katsuki y para los adultos comida un poco mas tradicional, pero esa noche se trataba de consentir a los dos pequeños y de que alguna forma entablara una plática.

Con todo preparado y listo para la llegada de los Bakugou, Izuku empezó a alistarse para la noche, sin saber que tendría "invitados inesperados", termino de darse un baño y se vistió con su suéter navideño edición del traje de héroe de su ídolo (All Might) junto con jeans negros y un par de calzado para estar en casa.

Inko se encontraba en la cocina, el timbre de la puerta se hizo escuchar, fue a atender a la entrada, gustosa recibió a su amiga Mitsuki y Masaru, por ultimo al pequeño Katsuki, el cual fue llevado a regañadientes, regreso el saludo solo por cordialidad, les abrió paso a su hogar y los dirigió a la sala donde había una bandeja con bocadillos para ellos, el matrimonio Bakugou se acomodo y las charlas entre los adultos comenzaron, dejando al infante enojado y enfadado buscaba con la mirada a Deku, quien no se miraba por ningún lugar.

El pequeño se encontraba en su habitación, terminando con los últimos detalles de un regalo que tenía preparado para Katsuki, estaba consciente de que jamás se lo haría llegar, o eso creía; abrió la puerta encontrándose con la última persona que por su mente se cruzaría:

- ¿Kacchan?, ¿Qué haces aquí? - menciono Izuku sorprendido, comenzaba a ponerse nervioso por la mirada intensa que el pequeño cenizo le daba, el silencio se prolongo hasta volverse insoportable, Midoriya estaba dispuesto a irse para escapar de esa situación.

- No me sorprende que no supieras que mi familia vendría a tu casa, por eso eres un Deku- menciono con voz burlona – Por lo que veo, no vas a dejar se soñar de convertirte en un héroe, como te dije, deja de soñar locuras, eres un quirkless, jamás lo lograras- concluyo.

Midoriya no sabia como responderle, su timidez creció hasta el punto de volverse inseguro sobre él, no se atrevía a mirarlo a los ojos, solo quería no estar en el mismo lugar con el cenizo, estaba a punto de irse, una mano impidió que saliera de su habitación, sorprendido por ese gesto, dirigió su vista a la mirada carmesí de Katsuki y quedo impactado con lo que encontró, sus ojos reflejaban las suplicas de que se quedara y no lo dejara solo.

Decidió quedarse y lo invito a pasar a su habitación, en silencio entro, Katsuki entro en silencio, dio un vistazo por todo el lugar y una caja color dorado llamo su atención, se encontraba sobre el escritorio de su amigo, la tomo en sus manos, se giro para quedar frente a Izuku, se mantenía nervioso, pero cerca.

- ¿Para quién es este regalo, Deku? - cuestiono – Es un regalo que estaba preparando para ti- respondió con timidez – puedes abrirlo si lo deseas, no sabía si podría entregártelo, como me evitabas en todas partes, me resultaba difícil hacértelo llegar- termino Izuku.

Katsuki con el regalo en mano, rasgo el papel que lo cubría y lo abrió, encontrándose con un llavero en forma de bomba a punto de estallar, sus ojos se iluminaron y lo tomo con cuidado; comenzó a tener sentimientos encontrados, comenzó con arrepentimiento por las malas situaciones que le hizo pasar, por la actitud tan idiota que había tenido con el fin de romper todo vinculo con Izuku, y la emoción que intentaba enterrar pero que salía a flor de piel en presencia del peliverde, el amor que sentía por su amigo de la infancia se volvía punzante en su pecho cuando lo lastimaba con sus palabras y sus acciones, sabia que Izuku derramaba lagrimas por su actitud, ya no estaba dispuesto a hacerlo sufrir.

Se acerco lentamente a Izuku, quedando de frente, le tapo los ojos y le menciono cerca de su oído –Espero sea suficiente- uniendo sus pequeños labios en un beso tímido pero firme, sorprendiendo al menor, quien solo reflejaba sorpresa en su rostro, poco a poco fue aceptando el beso y decidió dejarse llevar, un cumulo de emociones explotaban en el estómago de ambos niños, las cuales no sabrían describir, solo sabían que les gustaba estar de esa manera y no querían separarse.

Culmino aquel momento, tanto Izuku como Katsuki se dedicaron una sonrisa -Me gustas, Kacchan - le menciono sin más -Tú también me gustas, Deku- respondió el cenizo, agrandando aún más la sonrisa del menor – Izuku, quiero pedirte disculpas por mi comportamiento tonto e infantil, sabes que para mí es muy difícil el cambiar de opinión, pero el saber que te esforzaste tanto por mantener el jardín, a pesar de que trate de sacarte de mi vida, sin saber que yo me lastimaba el doble por hacer eso, por favor, te suplico puedas perdonarme- menciono entre lágrimas.

El menor ensancho mas su sonrisa y le dio un abrazo a Katsuki, quién correspondió sin dudar, el toque de la puerta los interrumpió, se separaron un poco para no levantar sospechas, Inko asomo su cabeza para saber si ambos niños se encontraban ahí, su búsqueda quedo culminada al escuchar las voces de los pequeños, se alegro al saber que se lograron reconciliar -Niños, la cena ya está lista– comento feliz la joven –Esta bien mama, vamos para allá- respondió Izuku feliz, les dedico una sonrisa y salió de la habitación.

Al verse solos, se tomaron de las manos y con sus corazones unidos, decidieron esperar lo que el destino les tuviera enfrente.

La nieve dejo de caer, llegando la primavera a Japón, el jardín que alguna vez quedo abandonado, florecía gracias al cuidado de ese par de niños que meses atrás se declararon, dejando atrás, malos recuerdos y experiencias.

Un día en el mes de marzo, Izuku invito a Katsuki a pasar una tarde de juegos en su oasis, al llegar al sitio quedaron asombrados por la cantidad de flores que abrieron sus pétalos por primera vez, las flores que más prevalecían eran las fresias y peonias; Kacchan tomo una peonia, ofreciéndosela a Deku, no dudo en tomarla, Izuku haría lo mismo que el cenizo tomo una fresia y se la ofreció, recibiéndola con una enorme sonrisa.

- Sabes algo Kacchan, en el lenguaje de las flores cuando una peonia significa la timidez y en especial el color rosa simboliza el cariño o amor que sientes por alguien pero el ser tímido no te permite comunicarlo- comento el menor – Por eso te la di Izuku, yo te la di por el significado que tu le das a mi vida, eres esa luz y paz que en mi corta edad no sabia que necesitaba, y que ahora no estoy dispuesto a dejarte ir- respondió el cenizo depositando un casto beso en la mejilla del peliverde.

- Por eso también te obsequie la peonia, debido a que también le das ese simbolismo a mi vida- menciono Izuku contento.

Con calma en sus corazones, se dedicaron a crecer juntos y amarse mutuamente, hasta el momento de unir sus vidas para siempre.

20 años después…

Ambas familias estaban de acuerdo, la boda de Izuku y Bakugou se acercaba, generando ansiedad y nervios en más joven Midoriya, ambos chicos estuvieron al pendiente de los preparativos de su boda desde la selección del lugar de ceremonia hasta el numero de invitados, que tipo de banquete darían, etc.

El tan ansiado día llego, Izuku era un manojo de nervios, era cuestión de tiempo para que dejara de llamarse Midoriya para ser un Bakugou a toda honra, con su traje blanco, velo puesto y su hermoso ramo de fresias y peonias, se abrió camino al altar, observo como su novio lo esperaba, todo a su alrededor desapareció y se concentro en llegar junto a su amado.

Leyeron sus votos, era hora de decir el si y unir sus vidas para siempre:

- Joven Bakugou Katsuki, ¿acepta al joven Midoriya Izuku como su esposo, para amarlo y respetarlo, estar juntos en la salud y enfermedad hasta que la muerte los separe? - menciono en voz alta el oficiado de la boda.

- Acepto- respondió Katsuki sin titubear.

- Y usted joven Izuku, ¿acepta a Bakugou Katsuki como su esposo, para amarlo, estar con el en las buenas y en las malas hasta que la muerte los separe? - Cuestiono ahora al menor.

- Acepto- contesto – han quedado unidos para la posteridad, es un placer para mí el declararlos, esposo y esposo, pueden besarse- concluyó el oficiado.

Ambos jóvenes se unieron en un beso, acompañados por los aplausos y vitoreo de sus familiares y amigos, también de las flores que los vieron crecer y enamorarse como nunca, la fresia y peonia simbolizaban el amor eterno que se tenían el uno al otro, confiaban en esas flores los seguirían por el resto de sus vidas, y que se intensificará aun mas a la llegada de un nuevo ser a las suyas.

Se dice que, si un par de estas flores crecen juntas, el amor de las personas que las vean florecer será eterno.