Aclaración.

Hola a todo mundo. Antes que nada lamento la larga ausencia que he tenido y con ello el paro de muchas de mis historias. Lamentablemente perdí cierta inspiración y sobre todo motivación, pero primeramente espero en algún punto del próximo año volver a retomar mis anteriores proyectos hasta que concluya esta "nueva" historia que ha estado rondando en mi mente desde hace algún tiempo.

Lo que leerán a continuación es un remake de Clyde el mañoso, fic publicado originalmente por el usuario Unfulanomas desde el 28 de septiembre hasta el 6 de diciembre de este año. Una historia que advierto tiene una temática muy fuerte y que pese originalmente a estar deficientemente escrita, realmente es atrapante a pesar de lo mórbido de su trama. Incluso y por petición del autor, la conclusión de su fic la escribí de hecho yo a pesar de pedirle no revelase mi participación (y aunque técnicamente no lo hizo, no es que fuese tampoco un gran secreto debido su escasa sutileza). Bastante motivado por haber podido contribuir con dicho proyecto, me decidí a reescribir con una mayor seriedad su fic desde el inicio, no sin antes hacerle unos pocos cambios para mejorar la congruencia y narración en comparación al original.

Lamento que los fics que realmente esperaban leer tengan que demorar un poco más, pero será hasta que concluya este que los retomaré. Los invito a darle una oportunidad a esta historia, así como a la original ya mencionada si es que desean conocer cómo avanzará más adelante la trama, mientras tanto espero tengan el estómago suficiente para soportarla.

Sin más que decir, comencemos. Atentamente: Jonás Nagera.


El concepto de "Loud House" y todo lo relacionado con el mismo pertenecen a su autor y casa productora: Chris Savino & NICKELODEON © 2016. La historia se realiza sin fines de lucro.


CLYDE EL MAÑOSO

Los guardias de la prisión abrieron la puerta para el entrevistador hacia la habitación donde la reunión se llevaría a cabo. El hombre ingresó nervioso, pues aunque la emoción de tener una buena historia era latente, estaba el temor que aquél recluso le inspiraba.

—¿Realmente quiere hacer esto? —Uno de los guardias que le acompañaban le advirtió—. Tal vez no vaya a gustarle lo que escuchará.

El hombre asintió sin pensar en sus palabras. Ya estaba mentalizado a lo que imaginaba escucharía.

Aguardó unos instantes sentado frente a la mesa que les prepararon, antes que la puerta enrejada del otro extremo se abriera y escoltado por dos guardias de seguridad ingresara un hombre vestido en un traje naranja de una sola pieza, de casi un metro ochenta, corpulento, aunque con unos kilos de más, con un tupido cabello afro. Su porte era intimidante y parecía estudiarlo detrás de esos anteojos que poco hacían para aminorar la fría mirada que le dirigía.

El entrevistador se puso de pie y casi por inercia estuvo a punto de darle la mano para estrechar la suya, antes de comprender que no sería prudente establecer ninguna clase de contacto físico con aquél sujeto que estaba a poco de cumplir los treinta y siete años.

Uno de los guardias se retiró, el otro oficial se quedó de pie a una prudente distancia de la mesa recargado contra la pared, listo para intervenir en el caso que algo malo ocurriese.

Tratando de romper el hielo, el visitante buscó ser cortés.

—Antes que nada, quiero agradecerle que me concediese esta entrevista, señor. Quiero que se sienta cómodo al hablar. Mi trabajo no es juzgarlo, sólo escucharlo con fines de estudio.

El hombretón no dijo nada al respecto, tras rascarse la cabeza se ajustó los lentes para observarlo de forma intimidante. El visitante tragó saliva temiendo que quizá durante la entrevista todo lo que conseguiría sería su silencio.

—Entonces comencemos, ¿le parece bien?

Esperó a que le diese una respuesta, pero al no obtener nada, con miedo sacó igualmente la grabadora que encendió colocándola en medio de la mesa en el espacio entre ambos.

—Señor … ¿puede comenzar desde el principio?

Tal y como previó, el hombre mantuvo su silencio durante más tiempo, el entrevistador ya estaba considerando en retirarse derrotado, cuando de pronto escuchó hablar al individuo.

—¿Realmente quieres escuchar cómo todo ocurrió para entenderlo desde el inicio? Tal vez no estés preparado como crees estarlo para saber los detalles.

Su interlocutor pareció procesar aquello, la advertencia sonaba más real que cuando la escuchó de aquél guardia, o de las autoridades a quienes les pidió el permiso para reunirse con aquél hombre.

—Mis oídos son suyos, señor.

Tras evaluarlo con una mirada inquisidora, el hombre del mono naranja comenzó la historia.


Entonces Clyde McBride acababa de cumplir doce años un par de semanas atrás. Aquella mañana no fue muy diferente a la de cualquier otro domingo, despertándose gracias al sol entrando por su ventana, feliz porque pasaría el día en casa de su mejor amigo Lincoln Loud tan pronto terminara de desayunar.

Tras vestirse, tender su cama y ordenar sus peluches sobre esta, bajó al comedor donde su delgado padre pelirrojo Howard McBride estaba terminando de servir el desayuno.

—Clyde, tesoro. Siéntate ya. No olvides lo importante que es el desayuno para rendir en el día.

Sin discutir y como el buen hijo que era, el chico hizo caso sentándose frente a la mesa. Un hombre afroamericano con cierto sobrepeso bajaba ojeroso con dificultad las escaleras en ese momento. Su aspecto parecía ser el de alguien que en cualquier instante podría desmayarse a causa de la fatiga. Anticipando el probable suceso, Howard corrió hacia su encuentro.

—Harold, cariño, ¿qué ocurre?

—De nuevo no pude dormir bien.

—Ya van cuatro noches, Hare-Bear. Por favor, insisto que te tomes el medicamento que la doctora López te recetó.

Harold hizo una mueca. Con ayuda de su marido consiguió tomar asiento, todo bajo la atenta y preocupada mirada de Clyde.

—¿Es que algo te preocupa, papá?

—No, tesoro. La doctora dice que es algo anímico.

Howard se había retirado, pero no tardó en regresar colocando sobre la mesa un frasco con pastillas prescritas, lo que irritó a su esposo.

—Howie, ya te dije que no.

—La doctora te las recetó por un buen motivo. Por favor, Hare-Bear. Hazlo por nosotros.

Gruñendo por lo bajo, Harold abrió el frasco y se tomó una pastilla, la cual bajó al instante con un poco de jugo.

—Bien, pero no creo que resulte.

Sin embargo, a los pocos minutos de estar desayunando, el hombre comenzó a cabecear teniendo serias dificultades para mantenerse despierto, lo que terminó por alarmar bastante a Howard.

—Cielo, creo que debiste esperar hasta terminar el desayuno para tomártela. La doctora ya nos había advertido que la fórmula es muy fuerte. Mejor deja que te ayude a ir a la cama para que descanses.

Con mucho esfuerzo Harold se puso de pie. Acercándose, su esposo le pasó el brazo bajo el suyo para que se apoyara en él.

—Cielos, siento que estoy por perder el conocimiento. Espero con esto ya dormir bien a pesar de ser de día.

—Verás que lo harás, pero tómatelo con calma. La doctora dijo que la fórmula de ese medicamento podría dormir hasta un elefante en medio de un concierto.

—¿Qué me quisiste decir, Howie?

Ambos se marcharon de regreso a su habitación. Clyde se quedó solo y terminó su desayuno. Con intriga miró sobre la mesa el frasco de pastillas, el cuál tomó pensativo.

Sabía que estaba mal, pero los efectos de aquella cosa le produjeron mucha curiosidad. El frasco se supone tenía cincuenta piezas y recién había sido abierto, por lo que imaginó sus padres no echarían en falta algunas cuantas.

Tras pensárselo un poco, lo abrió y tomó unas pocas y se las guardó en el bolsillo. No sabía que haría con ellas o siquiera si las utilizaría; probablemente se las mostraría a Lincoln quien de seguro pensaría en un plan para aprovecharlas.


Al medio día, alegremente Clyde tocó la puerta de la casa Loud, siendo Lola quien le abrió la entrada. La niña con la altanería propia de ella lo barrió de arriba abajo con la mirada.

—Hola, Clyde. ¿Necesitas algo?

—Buenos días, Lola. Vine a ver a Lincoln. Quedé con él para jugar videojuegos.

Ella respondió con un gesto de indiferencia al mismo tiempo que se hacía a un lado para permitirle la entrada.

—Supongo que está en su habitación esperando a desperdiciar el tiempo contigo en sus tontos videojuegos. Adelante.

—Ah… gracias, Lola. Con permiso.

El chico entró pensando que una de las gemelas había amanecido del lado contrario de la cama y no se trataba de Lana.

—Lola, ¿te encuentras bien?

—Por supuesto que no estoy bien. Tengo un importante certamen la próxima semana y no tengo nada preparado. No quisiera tener que sobornar de nuevo a ese asqueroso juez con… —ella se calló de pronto dándose cuenta que estaba hablando sin pensar—. Tú no escuchaste nada.

Clyde alzó una ceja. Estaba dispuesto a darle un sermón acerca de lo malo que son los sobornos, cuando Luna interrumpió apareciendo al salir de la cocina dando un grito de alegría llevando su celular.

—¡Sí! ¡Sam consiguió las entradas para el concierto de la próxima semana! Lo mejor de todo es que sus padres le van a prestar el coche por lo que seremos solo ella y yo las que nos elevaremos con… —se mordió la lengua a tiempo— con el rock, por supuesto.

—Felicidades, Luna. Espero que te diviertas.

—Gracias, Clyde.

Lola sonrió insidiosa.

—Suerte en convencer a papá y a mamá que te dejen regresar tan tarde.

La sonrisa de Luna flaqueó.

—Ya pensaré en algo para arreglármelas.

Lana preocupada entró por la puerta trasera llamando la atención de la rockera.

—Luna, Charles otra vez está en el patio haciendo esa cosa rara con su novia, la poodle de la otra vez. Es como si se estuvieran peleando y el tratara de aplastarla quedándose encima de ella.

Sonrojada, Luna carraspeó.

—Sí… bueno, yo me encargo. Nada que un mangueraso de agua fría a esos dos no resuelva. Seguro es parte de la fiebre que le dio hace unos días.

Luan bajando las escaleras, agregó:

—Nada como el agua fría para bajarle la "calentura", ¿entienden?

—Yo no. —Respondió Lana.

—¡Luan, hermana! No hagas esas bromas delante de los niños.

Clyde se intentó defender sintiendo cierta indignación.

—Yo ya no soy ningún niño. Soy un adolescente.

—Pues tómate una aspirina para prevenirte, que será común a tu edad que te de mucha "calentura" también, ¿entiendes?

—¡Luan!

—Vamos, Luna. Sólo fue una broma. Bueno, los dejo. Benny pasará por mí en una hora.

Todos los presentes arrugaron el ceño cuando un desagradable hedor inundó la sala. Lisa apareció llevando una mascarilla anti radiación.

—Creo que Lily soltó otra descarga de materia fecal. Si me disculpan, iré a mi búnker a continuar trabajando en mi prototipo de inmovilizador químico.

Leni entró en escena con un pañal limpio.

—Descuiden, chicos. Sigan en lo suyo, yo me encargo de Lily.

Alegremente la hermosa chica fue hacia la habitación de las pequeñas para atender a la más joven de sus hermanitas.

—El prematuro instinto maternal que Leni ha desarrollado conmueve mi frío corazón.

Todos se sobresaltaron asustados por la repentina aparición de la pequeña niña gótica. Luna le llamó la atención.

—¡Lucy, no hagas eso!

—¿Hacer qué? Yo no hice nada más allá de buscarlas para que me den su opinión sobre el nuevo labial que conseguí.

Clyde se inclinó hacia ella al notar el tinte oscuro en sus labios.

—¿No eres muy pequeña todavía para usar maquillaje?

Aunque tenía que admitirlo, sus labios se veían bastante bonitos y llamativos con él. En cualquier caso, Luna teniendo una opinión semejante a la del chico, regañó a Lucy por usarlo.

—Acá me encargo. Gracias, Clyde.

—Por nada. Bueno, iré a buscar a Lincoln.

—Sí, será mejor que aproveches tu tiempo con él ahora que puedes.

Aquél comentario lo desconcertó.

—¿Qué quisiste decir con eso?

—Lori me dijo que en el próximo mes en cuanto comiencen las vacaciones, Bobby y su familia regresarán a Royal Woods durante algunas semanas, por lo que Lincoln estará muy ocupado y creo que puedes entender en qué.

Clyde asintió. Conforme subía las escaleras pensó para sí mismo.

—Esto no le gustará a Stella. Con lo mucho que últimamente ha dejado ver que él le gusta… en fin. Espero Lincoln se divierta con Ronnie Anne.

—¡Clyde, piensa rápido!

De pronto un balón de fútbol estuvo a nada de golpearlo en la cara, de no ser que consiguió a tiempo hacerse hacia atrás esquivándolo. Una jovencita con ropa deportiva roja con blanco lo amonestó por su respuesta.

—Se suponía que debías de atraparlo con las manos, Clyde. Vaya que estás fuera de condición. ¿No quieres practicar conmigo unos pases en el patio? Tengo una nueva técnica que implica correr de espaldas para no perder el ángulo del balón durante un pase.

El sólo pensar en la idea ya le agotaba.

—Hola, Lynn. Gracias, pero no. Además que eso de correr de espaldas suena peligroso, ya quedé con Lincoln para jugar videojuegos.

La chiquilla gimió con fastidio.

—Como quieras. Ve y haz tus cosas de nerd con él.

Al chico le disgustaba el modo en que la adolescente apenas un par de años mayor que él continuaba comportándose todavía como una niña al menospreciarlo. Aceptaría jugar con ella sólo para hacerla sentir mejor, si no fuese porque estaba consciente que ella podría hacerlo pomada.

Lynn se marchó al patio y entonces el pasillo del segundo piso quedó solo. Clyde estaba por tocar la puerta de Lincoln, cuando encontró entre abierta la habitación de su amada Lori, la mayor de la casa y quien se suponía estaba haciéndoles una visita desde la universidad.

Sintiendo que podría tener en control su comportamiento errático lo suficiente para pasar y saludarla, decidió postergar sólo un poco más el encuentro con su amigo.

Lentamente y esperando no molestar a su amada por su intrusión, Clyde entró a la habitación encontrándose con una escena que lo dejó pasmado.

Lori dormía sobre su cama con el celular desbloqueado a un lado de ella, siendo lo llamativo que sus shorts estaban sobre una silla a un lado y ella estaba acostada boca abajo con las piernas abiertas, llevando su blusa azul y debajo de la misma sólo unas pequeñas pantaletas.

Clyde asustado quería salir de ahí, pero sus ojos no se despegaban de la parte expuesta de la chica. De reojo alcanzó a ver en la pantalla del celular la foto de la chica posando de forma provocativa, sobre el mensaje: "Para ti, Boo-boo Bear".

Aunque esto lo molestó, a la vez agradeció la acción para poder disfrutar de la vista que ahora tenía. Lentamente Clyde se acercó a Lori para verla mejor. Por su aspecto, se imaginaba la suavidad que sus piernas tendrían, así como en medio de las mismas… ¿debería? Lori estaba dormida. Tal vez no se daría cuenta si… la tocaba sólo un poquito en el ombligo al no atreverse a ir más allá. Nunca antes tendría una oportunidad como aquella.

Lentamente acercó su mano hacia la cintura de la jovencita, cuando de pronto y a punto de arrepentirse, Lori abrió los ojos observándolo sobresaltada, entonces al ver su mano en ese momento por encima de su zona íntima, la tomó bruscamente ocasionándole también un susto terrible.

—¡Qué pensabas hacer depravado maniático!

El chico parecía a punto de entrar en shock.

—Lo… Lo… Lori. ¡Alerta roja!

De pronto todas las hermanas Loud junto con Lincoln escucharon el alboroto en la planta de arriba, por lo que alarmados corrieron hacia allá quedándose de pie frente a la puerta de la habitación de Lori.

—¿Qué está pasando ahí dentro? —Preguntó Lincoln saliendo en ese momento de su habitación.

—Creo que Lori está haciendo un pretzel humano a alguien—. Le contestó Lana.

Lincoln miró a sus hermanas junto a él consternadas por lo que de seguro estaba pasando. Luna y Luan no estaban seguras si tocar y averiguar lo que ocurría al igual que Lisa, lo mismo Lynn y Lucy. Lola parecía tan asustada como su gemela. Leni cargando a Lily se le notaba preocupada. Entonces se percató de algo que no parecía cuadrar.

—Un momento. ¿Pero a quién está moliendo a golpes si todos estamos aquí?

Se vieron entre sí comprobando lo que Lincoln dijo, cuando de la puerta al abrirse la respuesta literalmente salió disparada e impactándose contra la pared frente a la misma. Clyde todo maltrecho cayó al suelo inconsciente con la nariz sangrándole. Lori salió poniéndose su short sorprendiendo con esto a las chicas.

Haciendo conjeturas, Lola le preguntó a su hermana.

—¿Le está saliendo sangre porque te vio en pantis como en esos animes que ve Lincoln?

—No, le comenzó a salir cuando le rompí la nariz. ¡Ese degenerado planeaba manosearme mientras estaba dormida y en ropa interior!

Las chicas furiosas al igual que su hermano le dirigieron miradas asesinas a Clyde, quien en el suelo gimió tratando de decir algo.

—Yo… yo… quería…

De su bolsillo resbalaron algunas extrañas pastillas. Curiosa, Lisa se acercó y las examinó.

—Un momento, este compuesto creo que lo conozco. Son… ¡Por Einstein! ¡Se trata de una fórmula sedante bastante fuerte!

—¿Sedante? —Luna preguntó—. ¿Cómo para dormir a alguien?

Lincoln horrorizado miró a quien creyó fue su amigo.

—¡Maldito enfermo! ¡Planeabas drogar a mi hermana para aprovecharte de ella mientras dormía!

Clyde se quejó por el golpe dificultándosele hablar.

—Yo… yo no… a Lori no…

—¿A Lori no? —Luna saltó impresionada—. ¡Planeabas drogarnos a las demás para aprovecharte de todas nosotras!

—A… a ti no…

—¿A Luna no? —Luan se horrorizó—. ¡Significa que de Luna planeabas aprovecharte de otra manera! Eso es enfermizo. Seguro querías hacernos lo que Charles le hacía a esa poodle.

En su confusión, Clyde pensó en que algo así le pareció familiar, aunque no podía correctamente pensar en nada aún por la conmoción que le provocaron los golpes. ¿Quién había mencionado algo relacionado con una poodle?

—¿Lana?

Lola chilló tras escucharlo y abrazó a su gemela.

—¡Degenerado! ¡Querías aprovecharte de la inocencia de Lana para convencerla de hacer algo sucio contigo! ¡Eso sí que no!

Lori se dirigió hacia Lincoln.

—¡Saca al degenerado de tu amigo en este momento! No me sorprendería que también buscara aprovecharse de Lisa o incluso de Lily.

—Yo… yo no… —Clyde gimió tratando de hablar— en ustedes no… con ustedes no… nunca haría…

—¿Con ellas no? —Lincoln mientras lo tomaba de los pies conjeturó el peor escenario—. ¿Es que pensabas usar esas pastillas con alguien más? ¿Quizás Stella?

Lynn estaba horrorizada.

—Lori tiene razón. Deshazte de él, Lincoln. Seguramente y por celos hasta quizás planeaba matar a Ronnie Anne para aprovecharse de ti también al final.

—Dame una mano, Lynn. Seguro que hasta a nuestros padres intentara hacerles daño.

Indignado y con ayuda de Lynn, Lincoln sacó a Clyde hacia el jardín de la entrada donde tras pegarle una patada, lo dejaron ahí tirado magullado y rogando por una ambulancia que nunca llegó.


—Y entonces Clyde aprendió que no está bien abusar de las chicas… o de los chicos, usando pastillas para dormir, o con engaños, golpes, chantajes ni nada por el estilo. Aunque en realidad no es como si alguna vez en su vida pensara en hacer una barbaridad así. Bueno, eso es todo. Fin.

El entrevistador boquiabierto miró al sujeto que le había contado la historia, quien preparado para cualquier comentario de su parte, le preguntó.

—¿Le quedó alguna duda?

El tipo de ascendencia latina se extrañó.

—Sí, ¿qué rayos tiene que ver esto con la pausa que ha hecho a todos sus fics, señor Naguéra?

—Pues… nada en realidad. He estado ocupado haciendo mis cosas… además de estar leyendo fics como un obseso.

—¿Y por eso es que lleva meses sin escribir nada?

—He escrito mucho, lo que no he hecho es corregir lo que escribí y publicarlo. Hasta estoy considerando buscar un Beta para que me ayude. ¿Conoce alguno?

—Pero… pero… ¿por qué lo arrestaron en primer lugar?

—¿Arrestarme? Nadie me arrestó.

—¿Y qué hace aquí?

—Trabajo temporalmente aquí también. ¿No nota que estoy llevando un mono naranja como los conserjes de este sitio? Como está la situación hay que buscar trabajo de lo que haya.

Pasmado, el hombre trató de articular alguna palabra. El mencionado Nagera se rascó la cabeza, luego se quitó los anteojos. Su ceño entrecerrado amenazante desapareció después de tallarse los ojos.

—Creo que es mala idea usar anteojos si no tengo la necesidad de usarlos todavía —se los guardó en el bolsillo y tras volverse a rascar la cabeza se quitó la peluca afro que llevaba—. Y definitivamente no es mi estilo. Mejor permaneceré con el cabello corto aunque me dé frío. Entonces, ¿le gustó la historia de Clyde?

Saliendo de su estupor, el hombre se puso de pie molesto.

—¡No! ¡A nadie le interesa esa tontería! Yo quería saber qué iba a suceder entonces en "Tan sólo sucedió", "El plan de Lina" o "Tres días de caos".

—¡Uy! Pues lo siento, pero tendrá que esperarse un poco más.

—¿Más? ¡Lleva con sus historias en paro desde hace meses! ¿Cuánto tiempo más exactamente?

—La próxima actualización la haré el viernes. Es mi propósito empezar el año nuevo con el pie correcto.

—¿Es una broma?

—No, juro que esa parte es verdad, en serio que sí.

El entrevistador se puso de pie. El sujeto realmente terminó por irritarle.

—Ok, acá lo dejamos. Ya me voy. Por cierto, esa historia que me contó se la plagió a alguien más y así no iba. En esa Clyde violaba a todo lo que se moviera.

—Eso es repugnante, no escribiría algo así de enfermizo, que yo sí tengo clase.

—¿Y con eso está diciendo que yo no la tengo, señor Naguéra?

—Usted solamente es un fulano más.

—¡Oiga! Más respeto.

El hombre frunció el ceño desconcertado.

—Pero si ese es su Nick de usuario. Además, deje de pronunciar mi apellido como Naguéra. Se pronuncia Nájera remarcando la "A".

—Si así fuera la pronunciación, entonces debería escribirlo con una jota y precisamente acentuando esa "A" en lugar de Nagera.

—Uy, que delicado. Suena como mi maestra de español en la primaria. Mejor dígame Jonás y ya.

El entrevistador se talló los ojos consternado.

—¿Realmente desperdició todo este tiempo y palabras para hacer esta broma tan mala pudiendo mejor seguir con uno de sus fics?

—Estoy seguro que le advirtieron que no le gustaría lo que iba a escuchar.

Uno de los guardias que acompañó al hombre asintió con resignación. El entrevistador lo vio a él aún con una duda.

—¿Y para qué la escolta?

—Pues para mi protección, ni modo que para la suya. Cuando hago este tipo de bromas a veces presiento que la gente se me lanzará al cuello.

—Mire Jonas…

—Es Jonás.

—Lo que sea, usted señor con el debido respeto, se m*mó.

Antes que fuese escoltado de regreso a su celda, Jonás llamó por última vez al hombre.

—Por cierto. Hay una cosa más que quiero decirle.

—¿Qué es?

—Feliz día de los inocentes.

—Púdrase.

El aludido sonrió y miró al frente.

—Pero principalmente y aunque sea un poquitín tarde, feliz Navidad y próspero año nuevo a todos mis lectores y colegas. Pese a lo que ha ocurrido en el mundo, espero se la pasen de lo mejor posible en compañía de sus familias y amigos. Que sus propósitos de año nuevo se cumplan, o por lo menos que el próximo año que viene sea mejor que el que acaba. Saludos.