Notas finales al final del fic. ¡Disfrutad!
Después de Clase
Las clases eran un auténtico muermo. Todo era un maldito aburrimiento. Hablaban y hablaban de cosas que le daban igual. Literalmente no le importaba nadie en ese maldito edificio. Si se morían mañana, se iba a quedar igual. Todos ellos.
Bueno, tal vez alguien de allí no.
Pero suponía que ese alguien ni siquiera se percataría si dejara de existir así que…
Yashiro resopló cansado, entornando los ojos y con la barbilla apoyada en la mesa del pupitre. ¿Cuánto le quedaría para irse a casa? ¿A hacer qué, de todas formas? Podía masturbarse. Torció la boca, sonriendo levemente después.
Sí, se masturbaría hasta quedarse dormido. Justo para la hora de la siesta. Y después...tal vez se diera una vuelta.
En realidad no le gustaba demasiado planearse los días...y casi todos eran iguales, así que…
-Yashiro. -Lo llamaron entonces desde atrás.
Alzó la cabeza, abriendo los ojos atento y girando la cabeza para ver a la única persona que no deseaba que muriera de todo el edificio.
Kanji Kageyama lo miraba entornando los ojos, ladeando la cabeza y a través de sus gafas. Alzó una ceja por su silencio y se cruzó de brazos.
-Pero si es mi amigo el de las tiritas… -Comentó con una sonrisa burlona en la boca. -¿Qué? ¿Me traes más tiritas? -
-No. ¿No has oído a la profesora? -Cuestionó extrañado. Por la cara que puso el rubio, entendió que no. -...Tenemos que hacer un trabajo para la semana que viene. En parejas. -Añadió, alzando la cabeza vacilante.
-Ah...¿y tú con quién te vas a poner? -Preguntó curioso, mirando alrededor.
Los demás alumnos estaban sentados de dos en dos. Parecían estar hablando de dicho trabajo.
-...Pues contigo. -Contestó como si fuera obvio, frunciendo el ceño.
-¿En serio? -Sonrió divertido, para evitar que su sonrojo saliera a flote. No pudo evitar que su corazón diera un salto emocionado.
-Sí, solo quedamos tú y yo. -Resopló sin darle importancia, agarrando una silla y poniéndola al lado del otro, sentándose también. -¿Cuándo te viene bien quedar? -Alzó una ceja, mirándolo fijamente.
-¿Quedar?...Pues, no sé, cuando quieras. Me da bastante igual. -Se encogió de hombros, rodando los ojos.
-...Quiero que te lo tomes en serio, ¿eh? Necesito una buena nota para ir a la universidad. -Asintió serio. -La nota de este curso es fundamental para que haga media con la nota de selectividad. -Le recordó, endureciendo su rostro.
-Que sí, que sí...Haré lo que tú me digas. -Movió la mano en el aire, dejando caer la cabeza hacia atrás.
¿Por qué tenía que ser tan aburrido? Todo tenía que ser perfecto para él.
-Bien. Te espero hoy en mi casa para empezar, entonces. -Asintió, dándolo por sentado.
-...Espera, ¿qué? ¡¿Hoy?! -Preguntó Yashiro de vuelta, atónito y mirándolo sorprendido.
-Sí, hoy. -Afirmó molesto. -¿Por qué? ¿No puedes? -Frunció más el ceño.
-Sí, sí puedo pero...¿Por qué tan rápido? Si es para la semana que viene. -Alzó una ceja, arrugando la cara en desagrado.
Ya se había hecho a la idea de su día de siestas y pajas.
-Porque cuanto antes lo hagamos mejor… -Kageyama guardó silencio, desviando la mirada. -Haremos una cosa. Nos iremos desde aquí a mi casa, será más rápido. Comeremos algo de camino allí. -Lo volvió a mirar.
-Mejor lo dejamos para mañana...No tengo dinero encima. -Contestó mirándolo también.
-No era una pregunta, lo vamos a hacer hoy. Te lo dejaré yo. -Se encogió de hombros, levantándose de la silla y volviéndola a colocar. -Lo importante es que hagamos el trabajo, lo demás me da igual. -
-Ya, ya veo… -Yashiro se le quedó mirando, mordiéndose la mejilla internamente.
Sí que había dado vueltas el día en tan solo diez minutos. Ahora iba a ir a casa de Kageyama…Sonrió levemente, emocionado. Tal vez incluso pasaran a su habitación. Nunca había estado dentro de su casa. Y mucho menos en su cuarto. ¿Cómo lo tendría decorado? ¿Tendría pósteres de tías buenas en las paredes? Seguro que tendría un calendario y poco más...Sonrió más ante esto último. Kage era un soso de mucho cuidado, y su habitación iría acorde con el chico.
Ambos caminaban por las calles de Japón, camino a casa del futuro doctor. Yashiro aún se estaba terminando su vaso de fideos instantáneos, así que estaba en silencio. Y Kageyama, como no era muy hablador, andaba en silencio.
-...Y, ¿estará tu madre en casa? -Preguntó entonces Yashiro, con la boca llena y mirándolo de reojo.
-No comas con la boca abierta. -Le regañó el otro en respuesta, cruzándose de brazos y frunciendo más el ceño. -...No, no estará. Se ha ido a la capital, a un congreso médico. No vendrá hasta mañana por la noche. -
Yashiro alzó las cejas sorprendido por este dato. Así que estarían solos en su casa...Bajó los ojos hasta el vaso de fideos, entornando los ojos. ¿A quién quería engañar? No harían nada. Kageyama era el hombre más parado del universo. Y él...él era demasiado cobarde para siquiera intentar algo. Tenía demasiado miedo al rechazo.
Pero eso no le impedía ser un capullo y un imbécil.
-¿Seguro que quieres hacer el trabajo solo?...Siempre puedo dejar que me veas las quemaduras de nuevo. -Se ofreció sonriente, mirándolo divertido.
-No digas tonterías. -Contestó Kage desviando la mirada, con cierto rubor en sus mejillas. -...Primero tenemos que hacer el trabajo. -
-¿Y si terminamos el trabajo? -Preguntó en el mismo tono sugerente.
-No creo que nos dé tiempo a terminarlo. -Expresó cortando de raíz toda posibilidad de juego.
Yashiro desvió la mirada, ahogando un suspiro.
Era imposible.
Al llegar a casa del chico, ambos se descalzaron. Yashiro siguió al otro por el pasillo hasta que llegaron a la sala de estar, donde había un kotatsu con una manta de colores rojos y pardos en el medio, una tele mediana en una esquina y un pequeño aparador con cajones y fotos encima.
-Siéntate, traeré algo para beber. -Le indicó Kageyama, avanzando hasta la cocina.
Yashiro asintió levemente, dejando la bandolera en el suelo y sentándose entrecruzando las piernas. Alzó la cabeza para ver la lámpara de techo coronando la sala. Lo que pensaba...todo era como el propio joven: soso.
El silencio gobernó la habitación y Yashiro torció la boca. Giró la cabeza para ver los cuadros de fotos del aparador. Algunas fotos eran bonitas...Salía Kage con su familia, de pequeño cuando entró a preescolar, cuando entró a la escuela, cuando fue al instituto. El padre de Kageyama, ese que nunca llegó a conocer, se parecía muchísimo a este. Hasta tenían las mismas gafas.
El joven pasó a la sala con una jarra de agua y dos vasos apilados en la otra mano. Andó hasta la mesa y los colocó en ella, sentándose al lado del otro. Abrió su mochila y sacó unos libros y unos cuadernos.
-Creo que lo primero será el ciclo vital, luego podremos pasar al tema de la reproducción. -Asintió, pasando las páginas del libro de ciencias naturales.
-¿Cómo dices? -Preguntó Yashiro, alzando una ceja y sonriendo divertido. -Si es así, vamos a sacar un diez… -Celebró en voz baja y agrandando la sonrisa. -Yo me sé esa segunda parte de cabo a rabo. -
-¿De verdad? -Los ojos de Kageyama se clavaron en él, escudriñándolo.
-Sí...Bueno, lo ejerzo casi todos los días. -Asintió con una risa entre dientes.
-No sabía que te gustara la botánica y las plantas. -Espetó Kage en un tono plano, el que tenía siempre, bajando los ojos al libro.
Yashiro alzó las cejas petrificado en el sitio. Movió los ojos al libro, donde pudo leer "Tema 4 – Las plantas". Parpadeó varias veces, sin salir de su asombro. ¿Plantas?...Ciclo vital, reproducción y...todo eso, ¿de las plantas? Abrió la boca y resopló mediante un gruñido, dejando caer sus hombros y cerrando los ojos. ¿Por qué les había tocado esta mierda de tema? En general, todos eran una mierda. ¿Pero las plantas?
-...¿Por qué nos ha tocado este tema? Yo quería el del cuerpo humano. -Se quejó Yashiro, berreando después y dejándose caer sobre el tatami.
-Los han asignado aleatoriamente, es lo que nos han dado. -Explicó Kageyama, poniendo los ojos en blanco. -¿Qué más da? -
-Hombre, si nos hubiera tocado el del cuerpo humano...Hubiéramos sacado un diez. Me lo sé a la perfección. -Hizo una pausa, moviendo los ojos hasta la espalda del otro. -Y tú también… -Sonrió pícaro.
-Da igual. -Dijo secamente, empezando a escribir e ignorándolo.
-...Podríamos haber dibujado la silueta de un cuerpo de verdad, yo me habría ofrecido para ello. Y después podríamos haber colocado los apartados en él. -
-No es mala idea. -Opinó Kage, alzando los ojos curioso y desviándolos hasta Yashiro.
-¿Ah no? -
-No...Podemos dibujar la silueta de una planta y añadir la información a esta. -Achicó los ojos, pensativo. Yashiro puso los ojos en blanco. Otra vez las malditas plantas. Acababan de empezar y ya odiaba el trabajo. -Ponte a recopilar información, voy a ver si tengo cartulinas y material en mi cuarto. -Le dijo mientras se levantaba, andando deprisa hacia el pasillo.
-...Vale… -Aceptó a regañadientes, suspirando profundamente. Desvió la mirada, sentándose de nuevo y echando mano al libro. Cuanto antes se pusieran, antes terminarían esto.
Unas tres horas después de estar trabajando y montando la silueta de la planta, Yashiro estaba realmente cansado. Casi no habían hablado de otra cosa, y le costaba mucho estar pendiente de un solo tema, porque se cansaba enseguida. Kageyama achicaba los ojos, mirando atento el trabajo sobre la mesa y retocando cosas.
El rubio desvió la mirada hacia la puerta corredera que daba al jardín. Llevaba lloviendo una hora, y no tenía pinta de parar. Se iba a poner chorreando de vuelta a casa. Y lo más seguro es que se resfriara.
-Creo que por hoy lo podemos dejar. -Anunció el otro, haciendo que posara los ojos sobre él. -...Buen trabajo, Yashiro. -Lo felicitó, asintiendo levemente.
Yashiro se sonrojó levemente, arrugando la cara y sonriendo débilmente.
-Bueno, no ha sido nada. -Se levantó despacio, rascándose la nuca, pues sabía lo que significaban esas palabras.
Se tenía que ir a casa.
-Creo que empezaré a hacer la cena… -El futuro doctor se acercó a la puerta corredera, ladeando la cabeza y mirando el exterior.
-Sí...Se hace tarde. Yo...me iré ya. -Suspiró Yashiro, agarrando su maletín y bajando los ojos al suelo.
Kageyama frunció el ceño, girando la cabeza hacia atrás mientras cerraba la puerta. Miró a Yashiro y alzó una ceja.
-¿Y eso por qué? Está lloviendo...te vas a mojar. -Andó hasta él, moviendo la mano para que soltara el maletín. -Quédate, no quiero que te resfríes. -Se encogió de hombros, avanzando hasta la cocina como si nada.
Yashiro alzó las cejas, sin creerse lo que había oído. Miró a Kage como si fuera un fantasma, o una especie de sueño. Sonrió ampliamente y su estómago se revolvió de pura alegría. Siguió al otro de buena gana, intentando mitigar su emoción por el camino. Se mordió la mejilla y puso las manos detrás de la espalda, colocándose detrás de él.
-Creo que haré tamagoyaki y unos nigiri de salmón… -Opinó Kageyama, asomado al frigorífico y mirando los ingredientes de los que disponía. Extendió la mano, sacando los ingredientes y colocándolos en la encimera.
-¿Sabes hacer todo eso? -Alzó una ceja sorprendido, ladeando la cabeza y mirándolo.
-No es tan difícil, Yashiro...Solo es tortilla y...bueno, los nigiri basta con tener maña para hacerlos, en realidad. No es muy difícil. -Suspiró, cerrando el frigorífico y moviéndose hasta la cocina de gas, encendiendo el fuego y colocando una sartén encima. -Tú, haz algo. Bate tres huevos en un plato, ¿quieres? -Le pidió frunciendo el ceño, mirándolo de reojo.
-Oh, sí, claro claro…A la orden, capitán. -Aceptó haciendo un saludo militar, sonriendo burlón. Agarró un plato del armario sobre sus cabezas y lo colocó sobre la encimera. Kageyama le pasó unos palillos, y después de romper los huevos en el plato, los empezó a remover. -¿Desde cuándo cocinas entonces? -
-Pues...después de que mi padre falleció; mi madre y yo nos volvimos más cercanos. El año que viene me independizaré, así que tengo que aprender a valerme por mí mismo. -Explicó mientras cortaba hábilmente el salmón.
-Ya veo… -Yashiro desvío la mirada, viendo cómo las manos de Kage movían el cuchillo sobre el trozo rosado de pescado, cortándolo en finas lonchas de salmón. -¿Ya tienes claro que te vas a ir? -
-Sí. Tengo que estudiar medicina como mis padres. -Asintió firmemente.
-¿Tienes que hacerlo o quieres hacerlo?… -Preguntó sonriendo Yashiro, ladeando la cabeza.
-Tengo que hacerlo y quiero hacerlo. -Respondió convencido Kanji, desviando la mirada a la sartén unos momentos, vigilando que el aceite no se calentara demasiado. -...¿Y tú qué? ¿Qué vas a hacer? -
Yashiro desvió la mirada, sonriendo cansado y encogiéndose de hombros. Resopló, alzando los brazos para estirarse y cerrando momentáneamente los ojos.
-No lo sé. Tampoco me preocupa mucho, la verdad. -
Kageyama se le quedó mirando unos segundos en silencio. Segundos que a Yashiro se le hicieron eternos. Kageyama parpadeó callado, desviando la mirada pensativo. Agarró el plato con el huevo batido y lo echó sobre la sartén. Cogió los palillos de las manos de Yashiro y este se los dio sin rechistar, arrugando la cara cuando sus dedos se rozaron.
-Deberías pensarlo. Solo nos queda un año. ¿No hay nada que te guste? Eres muy bueno en matemáticas. -Elogió suavemente, entornando los ojos y mirando la sartén.
Yashiro alzó una ceja, rodando los ojos. ¿Por qué siempre tenía que hacer de madre pesada?
A él no le gustaba nada. Nada de lo que enseñaban en el instituto. Sí, las matemáticas se le daban bien. Siempre sabía sacar beneficio de todo y todos. Pero una cosa es que se le dieran bien y otra que le gustaran.
A él solo le gustaba una cosa.
-Me gusta follar. -Espetó con una sonrisa divertida en los labios.
El silencio que le fue devuelto como respuesta lo dejó helado. Un pequeño escalofrío lo recorrió, haciendo que bajara los hombros y la cabeza.
-Esa no puede ser tu meta en la vida, Yashiro. -Contestó segundos después Kage.
-¿Por qué no? -Preguntó ligeramente molesto el rubio, mirándolo.
-Porque, a no ser que cobres por follar, te vas a morir de hambre. Además...eres hábil. Y listo, aunque no lo creas. Puedes aspirar a algo más importante que follar. -Asintió, frunciendo el ceño levemente y empezando a doblar la tortilla, haciendo un rectángulo perfectamente formado con ella.
Yashiro arrugó la cara, con sus mejillas ardiendo levemente. Su estómago se dobló por la emoción y se esforzó por no sonreír y reírse como una colegiala tímida allí mismo. En su lugar, soltó una de sus tonterías, esas que siempre lo sacaban de un apuro.
-No creo que haya algo más importante que follar en este mundo. -Opinó sonriendo pícaro, rodando los ojos hasta el otro.
-Pues crees mal. -Asintió levemente Kageyama, sin seguirle el rollo. Terminó de doblar la tortilla con los palillos, y después de darle la vuelta unas cuantas veces para que se terminara de hacer por los otros tres lados, la sirvió perfectamente en un plato llano. -Lleva esto a la mesa, haré los nigiris mientras. Ah, y llévate los cubiertos y dos platos. -Asintió, señalando el cajón donde estaba la cubertería.
-Oído cocina… -Exclamó alargando las palabras, poniendo los ojos en blanco y obedeciéndolo.
Ambos se sentaron a cenar, con la televisión encendida de fondo. Yashiro masticaba en silencio, mirando de reojo al otro de vez en cuando. Estaba viendo las noticias. ¿Qué tenía? ¿Cincuenta años? Alzó una ceja, desviando la mirada.
-¿Está rico? -Pregunto Kage, sin apartar los ojos de la televisión.
-...Sí, supongo. -Contestó sin mucho ánimo. -...Hacía mucho que no comía...bueno, comida de verdad. Solo me alimento de fideos y comida basura. -Se rió levemente para rebajar la aparente gravedad de sus palabras.
-¿No sabes cocinar? -Preguntó alzando una ceja, mirándolo de reojo.
-...Bueno, me da mucha pereza, ya sabes. -Rodó los ojos sonriéndole divertido.
No tenía dinero para comprar comida decente. Ni tiempo para prepararla. Ni siquiera podía permitirse el gas para calentar, cocinar y preparar la comida, así que...Era mejor decir que "le daba pereza". No tenía dinero para nada. Lo justo y necesario para no morirse de hambre.
Pero Kageyama no se iba a molestar en seguir preguntando tampoco.
Y lo sabía.
-Entiendo… -
Yashiro entornó los ojos, bajando la mirada al plato lleno de comida caliente y recién preparada. En realidad le estaba gustando mucho. Lo estaba llenando internamente de una forma que nadie había hecho en mucho tiempo...o nunca en realidad. Su padrastro solo lo llenaba de una manera, y no era con comida. Y su madre...bueno, para su madre no existía. Para su madre nunca llegó a existir.
-Pues si quieres, te puedes llevar lo que sobre. Te lo meteré en un tupper, para que puedas calentarlo en el microondas. ¿Te dará pereza eso también? -Cuestionó mirando de nuevo la televisión.
Yashiro rompió en carcajadas divertidas, ganándose una mirada del otro, que lo decía en serio.
-No, eso no creo que me dé pereza… -Bajó los ojos, arrugando la boca. -Gracias. -Sus mejillas coloreándose levemente de rojo. No estaba acostumbrado a que la gente lo tratara bien, como el ser humano que era básicamente; así que cuando ocurría, no sabía cómo reaccionar o qué decir.
-No hay de qué. -Respondió deprisa y en tono plano. -Te vas a quedar a dormir, ¿no? -
La frase salió en tono de pregunta de los labios del futuro doctor, pero era una afirmación. Yashiro alzó los ojos en shock, arqueando las cejas y abriendo más los párpados. Kage alzó una ceja hacia él, desviando la mirada hacia la ventana.
-Sigue lloviendo mucho. Quédate. -Asintió una vez. -A mi no me importa. Mientras que no hagas nada raro, puedes quedarte… -Añadió al final, moviendo los globos oculares hasta la televisión de nuevo.
-Ah, entiendo...Raro, ¿eh? -Sonrió divertido, ladeando la cabeza y mirándolo fijamente. -¿Cómo qué? -
-No lo sé, cosas tuyas. -Se encogió de hombros, torciendo la boca y sonrojándose casi imperceptiblemente.
Oyó como Yashiro se reía en voz baja y divertida, con los ojos fijos sobre él.
-Puedo dejarte tocar mis quemaduras otra vez… -Repitió, asintiendo despacio.
-No hace falta. -Negó con la cabeza, endureciendo el rostro.
-¿Seguro? -Alzó una ceja, sonriéndole. Dejó el cuenco sobre la mesa, tumbándose lentamente sobre el tatami. Agarró su camisa y la subió levemente, clavando los ojos en el otro.
No pareció prestarle atención. O al menos, se estaba resistiendo a hacerlo. Vio la espalda subir y bajar más deprisa, como también vio cómo se encogía levemente, intentando no mirarle.
-...Tengo nuevas marcas… -Le avisó en voz baja, entornando los ojos.
Kageyama dejó de masticar, tragando duramente la comida que tenía en la boca. El ruido de la comida siendo digerida por la garganta del otro llegó hasta los oídos de Yashiro, y su miembro dio un pequeño salto en respuesta.
Lo siguiente que vio es cómo dejaba el cuenco sobre la mesa y se giraba para mirarlo, sentado de rodillas a su lado. Una ola de excitación recorrió el cuerpo del rubio, con las manos sobre los pliegues inferiores de su camisa, subiéndosela hasta el ombligo. Los ojos clavados en el rostro del otro.
Kageyama bajó una mano, e instintivamente, Yashiro las apartó, dejándole banda ancha. Apoyó la mano sobre la fina y blanca tela de la camisa corporativa del instituto donde iban los dos. Movió los ojos hasta la cara de Yashiro, como pidiéndole permiso. Este asintió despacio, entre abriendo la boca y esforzándose por no ponerse erecto allí mismo. Concentrándose con todas sus fuerzas en mantener la calma, mentalizándose para que el corazón se mantuviera en su sitio, y no se le saliera por la boca...aunque esto fuera lo que sentía en ese momento.
Kanji posó los dedos sobre el último botón de la camisa, desabrochándolo quizá con demasiada prisa, y fue subiendo por ella, haciendo lo propio con los demás. Apartó la camisa de su torso, paseando los ojos por él y viendo las preciadas quemaduras del cuerpo del joven.
No mentía. Tenía nuevas. Tal vez...dos semanas. O tres. Eran recientes, pero habían pasado los suficientes días como para que estuvieran casi curadas. Casi hechas cicatrices. Bajó la mano despacio, empezando a rozar con los dedos la suave piel del estómago del otro. Yashiro cerró los ojos, torciendo la boca y tragando saliva. Las yemas del futuro doctor, dieron paso a las falanges, y estas a la palma de la mano. Apoyó esta sobre la piel, notando el calor que emitía Yashiro. Después la alzó, posando solamente el dedo corazón sobre esta.
Procedió a mover el dedo sobre una de las heridas, delineándola con el dedo y entornando los ojos. Yashiro entre abrió la mirada, desviándola hasta el otro. Era increíble lo concentrado que estaba. Aunque era aún más increíble lo caliente que estaba él mismo. Y solo le había desabrochado la camisa y había posado una mano sobre él. Ni siquiera lo había insultado, ni gritado, ni apaleado, ni quemado.
Bajó los ojos hasta su entrepierna, mordiéndose el labio. Estaba medianamente listo. Pero gracias a la tela del pantalón escolar, no se notaba tanto. O si lo hacía, Kageyama no parecía prestar atención o percatarse de ello. Estaba demasiado absorto en las quemaduras como para siquiera molestarse observar lo demás.
-¿Te dolieron? -Preguntó en tono bajo, ejerciendo una presión leve hacia abajo.
Yashiro emitió un gemido camuflado con un bufido, desviando la mirada.
-Sí. -
-¿Mucho? -Cuestionó alzando una ceja.
-Sí. -Repitió Yashiro.
-Ya veo. -Kageyama movió los dedos hacia otra, más curada, una que ya era cicatriz. -Están bien curadas...¿pediste tú que te quemaran? -Preguntó entonces, sorpresivamente para el otro.
-...Las primeras no. Estas últimas sí. -Respondió sin mucho pudor en la voz, soltándolo como quien cuenta cuál es su postre favorito.
-...¿Y te gustó? -Terminó preguntando mientras lo miraba a través de las gafas, con una voz más grave y ronca que de costumbre.
Yashiro le devolvió la mirada, empezando a respirar por la boca y sintiendo como si tuviera fiebre. Se quedó unos segundos en silencio, concentrándose para controlar su erección y las ganas de masturbarse que tenía ahora mismo.
-...Sí. -Confesó entre dientes, cerrando la boca para tragarse el exceso de saliva que había generado.
-Hm… -Fue lo único que obtuvo como respuesta.
Yashiro desvió los ojos hasta la entrepierna del otro, sin ver ninguna erección aparente. Tal vez se controlaba bien. Mejor que él, claramente. Le faltaba poco para salir corriendo al baño para terminar...eso sino optaba por la primera y más urgente opción: bajarse los pantalones y terminar allí mismo, mientras que el otro lo seguía tocando.
Aunque no podía seguir asegurando su...¿amistad?, después de eso. En realidad no era una amistad. ¿O sí? Nunca había tenido un amigo...pero estaba seguro de que esto no lo hacían los amigos.
-¿Te está gustando esto a ti? -Preguntó Yashiro presa de la osadía y la excitación que lo recorría, disfrutando de tener las manos de Kage sobre él.
-...Sí. -Afirmó el chico en voz baja, hundiendo levemente el dedo en una herida y haciendo jadear al otro. -¿Te duele mucho? -
-No, no mucho. -Mintió con la naturalidad sobresaliendo como siempre, implícita en su voz. -...Si vas a ser médico, vas a tocar a mucha gente. -Atinó a decir, entrecerrando los ojos.
-No en este sentido. -Negó raudo, frunciendo el ceño y delineando los bordes asimétricos de una quemadura.
-¿Y qué sentido es este? -Cuestionó Yashiro, alzando las cejas intrigado y bajando la voz.
Kageyama paró de mover la mano sobre él.
Y fue entonces cuando Yashiro supo que había hablado más de la cuenta.
El joven con gafas encogió los dedos y desvió la mirada, apartando la mano de él.
Yashiro arrugó levemente la cara, mirándolo con cierta urgencia. Quería gritarle que no se moviera. Quería gritarle que volviera a tocarlo, que bajara la cabeza y le lamiera las quemaduras. Que le lamiera lo que el otro quisiera.
Pero no le gritó nada. Su garganta se cerró a cal y canto y su corazón dejó de latir. Solo sus ojos siguieron funcionando, para ver cómo el futuro doctor se ponía de pie y pasaba un pie por encima de él, y después el otro.
-Voy a preparar el baño y me daré una ducha, luego prepararé tu cama. -Anunció saliendo de la habitación y dejándolo atrás.
Yashiro pestañeó confuso, moviendo los ojos erráticamente hasta el techo y después hasta él mismo. Su erección viniéndose abajo en seco. Todo su ser enfriándose como si lo acabaran de empujar a un montón de nieve. El sonido de la televisión se mitigó poco a poco, cuando empezó a oír un pitido sordo, señal de la ansiedad que estaba sufriendo en ese momento. Solo oía eso, el pitido que poco a poco se disipaba, y su corazón, fuerte y constante.
Ni siquiera su mente procesaba ningún pensamiento remotamente coherente.
Yashiro acompañó a Kageyama por el pasillo cuando este salió del baño. Observó su pelo húmedo, el cual formaba pequeños picos, como púas. Tenía puesto un pijama negro, era simple y cómodo. Ahogó una risa, pues el joven parecía un señor mayor...de nuevo. Kageyama echó la cabeza hacia atrás, mirándolo de reojo.
-¿De qué te ríes? -
-De nada, de nada...es que pareces un viejo con ese pijama. -Espetó sonriendo, señalándolo de arriba a abajo.
Kageyama se miró así mismo. Luego puso los ojos en blanco y entró en su habitación.
-Uh, ¿dormiremos juntos? -Preguntó sonriendo divertido, mirándolo con los ojos entrecerrados.
-No. Debajo de esta cama hay otra. -Espetó entre dientes, agachándose y tirando del frontal de madera. Efectivamente, otra cama salió de debajo, deslizándose por el suelo gracias a las ruedas de la estructura de madera. -Además, no cabríamos en una sola cama. -Señaló, abriendo un cajón del armario para sacar sábanas para hacer la cama.
-...Bueno, si uno se pone encima del otro sí. -Objetó, achicando los ojos y ladeando la cabeza.
-Eso no va a pasar. -Resopló, mirándolo de reojo. -Ve a ducharte si quieres, mientras haré tu cama. -Asintió, dándole la espalda.
-...De acuerdo. -Aceptó con cierta parsimonia, dándose la vuelta.
-Oh, espera. -Lo paró, haciendo que el otro girara la cabeza. Le tiró un pijama de los suyos, el cual Yashiro cogió al vuelo por los pelos. -Ten, para cambiarte. No es bueno dormir con la ropa de diario. Además, el uniforme se te arrugaría. -
-Ah… -Yashiro parpadeó confuso, mirando el pijama. -Vale. Gracias. -Agradeció, saliendo de allí para ir al baño, intentando mitigar sus emociones. Sentía como si fuera a explotar por dentro.
¿Este día podía ser más genial? Primero, Kage lo había invitado a su casa. Habían estado haciendo el trabajo. Habían cenado juntos. Kage le había hecho la cena por el amor de dios...Luego habían vuelto a la rutina de tocamientos, esa que Yashiro añoraba con todo su ser. Después había podido ver a Kageyama salir de la ducha. Y ahora él se iba a duchar en su baño. En la misma ducha donde el otro había estado. Había estado desnudo.
Y se iba a poner uno de sus pijamas.
Razonó todo esto en silencio, cerrando la puerta del baño detrás de él y apoyándose en ella. Miró detenidamente el pijama y lo alzó, llevándoselo a la nariz. Hundió la nariz entre la tela, cogiendo aire para olisquear la ropa. Olía a él...olía tanto a él. Iba a dormir con esto puesto.
El pensamiento encendió su mente incendiaria, a la que poco le hacía falta para encenderse.
Soltó el pijama sobre el mueble del lavabo y empezó a desvestirse a toda prisa. Tiró la ropa al suelo, pateando los pantalones y quitándose los calcetines todo lo rápido que podía.
Entró en la ducha, con su pecho subiendo y bajando deprisa, su corazón desbocado. Abrió la ducha a plena potencia, cerrando la mampara después. Ahogó un grito cuando el agua salió helada y giró el grifo hacia la caliente. Se abrazó el cuerpo y tiritó levemente, desorbitando los ojos.
¿Por qué el masoquista de Kage se duchaba con el agua congelada? A él le gustaba el agua ardiendo, que le quemara la piel. Sonrió complacido, alzando la cabeza hacia la lluvia artificial y pasándose los dedos por el pelo, acariciándose el cuero cabelludo con las uñas. Cerró los ojos, pensando en el protagonista constante y primordial de sus fantasías, de todas ellas.
Kageyama cocinando la cena, Kageyama escribiendo sobre el papel, Kageyama frunciendo el ceño y leyendo atentamente el libro de ciencias naturales, Kageyama observando la televisión sin demasiado interés, Kageyama comiendo a su lado. Podía ver nítidamente su mandíbula, flexionándose y moviéndose, digiriendo la comida.
Bajó la mano, enroscándola en torno a su eje y empezó a trabajarse así mismo.
Vio después los ojos del joven sobre él, su mirada intensa y afilada. Sus ojos oscuros y brillantes, entornados e inexpresivos. Esos ojos que le decían a todos y a todo aquel al que miraban "te odio", o "no existes para mí". Emitió un gemido entre dientes, apoyando la otra mano sobre los azulejos para buscar estabilidad. La mano de Kageyama sobre su cuerpo, acariciándolo y estudiándolo atentamente, esos ojos brindándole la atención que nunca le brindaban a nadie. Esos ojos mirándolo inquisitivamente, estudiando cada reacción y facción del otro. Casi pudo volver a sentir los dedos fríos de Kage presionando sus heridas, tentándolo a reproducir algún sonido. Presionándolo para que emitiera algún gemido. Intentando arrancarle un jadeo de su garganta.
Apoyó la frente en su brazo, soltando un gemido y deseando que el repiquetear del agua mitigara lo que de verdad estaba haciendo en el baño de Kageyama. Visualizó al joven haciéndole la cama, agachado mientras estiraba las sábanas y las metía por los lados de la cama. Su espalda curvándose en un ángulo perfecto de noventa grados, la camiseta del pijama bajando levemente, dejando ver su espalda baja, su columna sobresaliendo. Su culo perfecto y duro, redondo, delineándose bajo la fina tela del pijama y su ropa interior. La mano sobre su miembro moviéndose de arriba a abajo a una velocidad abismal.
Emitió un gruñido entre dientes, mezclado con un jadeo para después abrir los ojos y mirar hacia arriba, con las gotas de agua chocando contra sus pestañas. Varios disparos de su propia semilla chocaron contra los azulejos, culminando su mal acto; mientras que el orgasmo lo recorría de arriba a abajo. Expulsó todo el aire que tenía en los pulmones, articulando una sonrisa leve y casi visualizando en su mente a un sonriente Kageyama. Cerró los ojos, apoyando la frente en los azulejos fríos y notando lo caliente que estaba. Soltó su eje, dejándolo caer suavemente y resopló para volver a coger aire, sintiendo cómo el corazón intentaba volver a su ritmo normal.
Ladeó la cabeza, mirando su propia semilla desdibujarse con el pasar del agua por ella. Volvió a sonreír levemente, profundamente satisfecho. No sabía si iba a volver a estar en este baño, en esta ducha otra vez.
Pero por si acaso, se llevaría un buen recuerdo. Y menudo recuerdo.
Después de serenarse y salir de la ducha, se secó y se vistió con el pijama de Kage. Se puso delante del espejo y se sonrió como rara vez hacía. Alzó las muñecas y se olió profundamente. Era perfecto...Todo olía a él. Su gel, su champú, su pijama, su suavizante incluso. Ahogó una risa emocionada, mordiéndose la lengua y con ganas de volver a entrar en la ducha para una segunda ronda.
-¡Yashiro! -Oyó de pronto fuera del baño, junto a unos nudillos chocando contra la puerta.
-Oh… -Espetó sorprendido, dando un pequeño respingo y mirando hacia la puerta. -Pasa, pasa. -Le sonrió.
-...¿Has terminado ya? -Preguntó Kageyama, reticente a entrar.
-Sí. -Aseguró Yashiro, alzando los ojos divertido. Había terminado...¿pero y si no lo hubiera hecho?
-Pues ven a dormir. -Le dijo entre dientes, alejándose de allí.
Yashiro achicó los ojos, resoplando y dejando caer la cabeza hacia delante. No hubiera pasado nada porque el moñas de Kage no entraría al baño. Derrotado, alzó la cabeza y echó mano al picaporte, abriendo la puerta y apagando la luz. Andó despacio hacia la habitación del otro, viendo cómo su cama ya estaba perfectamente hecha.
-Te viene bien el pijama...creía que te iba a venir grande. -Comentó Kanji, mirándolo de reojo, sentado en su cama.
-¿Qué significa eso? Tenemos casi el mismo cuerpo. -Se quejó Yashiro, arrugando la cara en desagrado y sentándose en la cama. Era más baja que la del otro, mucho más, así que en comparación quedaba por debajo de Kage. Se sentó cruzando las piernas, pasándose los dedos por el pelo hacia atrás para quitárselo de la cara y peinarse levemente.
-No lo sé, simplemente creía que no te vendría bien. -Se encogió de hombros, sin darle importancia. Apagó la luz del techo y encendió la luz de la mesita, agarrando el libro que había en esta.
Yashiro lo siguió atento con la mirada, leyendo el título del libro en la portada.
-No sabía que leías… -
-...Es la lectura obligatoria que nos tenemos que leer este semestre, burro. -Contestó alzando una ceja, pasando una hoja del libro para seguir leyendo.
-Ah, claro, eso explica muchas cosas. -Se rió divertido, rascándose la nuca y haciéndose el despistado.
No se pensaba leer nada.
Primero, porque le daba igual. Iba al instituto porque necesitaba algo que hacer con su tiempo libre mientras adivinaba qué hacer con su futuro...además, así veía a Kage todos los días.
Segundo, porque el profesor de esa asignatura le caía mal. Bueno, todos le caían mal, pero ese más porque era un amargado y le tenía manía.
Y tercero...no le gustaba leer. Y menos los bodrios que mandaban en el instituto.
-¿De qué va? -Preguntó curioso, más porque el chico le siguiera hablando que por otra cosa.
-...Si te lo cuento no te lo vas a leer. -
-Bueno, no me lo voy a leer igualmente. -Se encogió de hombros, apoyando las palmas de las manos en el colchón e inclinándose hacia atrás.
Kage alzó los ojos del libro, posándolos en Yashiro después.
-Pues tenemos examen la semana que viene. -Le hizo saber, alzando una ceja.
-...Pues me aseguraré de no ir a clase ese día. -Dijo en respuesta, mirándolo fijamente y entornando los ojos.
Kageyama se quedó callado unos segundos, como procesando la respuesta. Yashiro alzó las cejas expectante, sonriendo levemente.
-Deberías leértelo. -Terminó diciendo, volviendo su atención al libro.
Yashiro arrugó la cara, con una gota de sudor cayendo por su sien. Ladeó la cabeza y sonrió confuso.
-¿Y eso por qué? -
-Por ahora es el libro más interesante que nos han mandado. -Aseguró asintiendo despacio.
-...¿De qué trata? -Volvió a preguntar, achicando los ojos, ligeramente intrigado.
Kage emitió una pequeña carcajada mitigada, acallada por sus labios, que se mantuvieron cerrados. Sonrió levemente y pasó la página. Yashiro frunció el ceño por su silencio.
Al final se iba a tener que leer el puto libro.
-No me lo vas a contar, ¿no? -Acotó el rubio pasados unos veinte minutos, cruzándose de brazos.
-...No. -Dijo triunfal el otro, mirándolo de reojo y cerrando el libro después.
-Te odio. -Le hizo saber entre dientes.
Kageyama dejó el libro sobre la mesita y se quitó las gafas, dejándolas sobre el libro, para después apagar la luz de esta. La habitación pasó a estar iluminada por la luz de la luna. Se tumbó sobre la cama y se arropó.
-Buenas noches, Yashiro. -Deseó en voz baja y plana.
-...Buenas noches. -Contestó enfurruñado, girándose y dándole la espalda.
Suspiró, metido entre el edredón. En realidad no tenía sueño. Se iba a dormir mucho más tarde, casi siempre de madrugada.
Se giró pasados unos minutos y vio a Kageyama con los ojos cerrados. Era raro verlo sin gafas. Sonrió, divertido sin saber por qué y torció la boca.
Solo le quedaba un año con él. Así que...tendría que darle las gracias al estúpido profesor que les hubiera mandado ese trabajo. Hoy se lo había pasado muy bien junto a él. Siempre se lo pasaba bien con él. Kageyama sería lo más cercano a un amigo que tendría nunca.
Solo tenía diecisiete años, pero ya lo sabía. Suponía que su vida iba a ser una mierda.
Se veía solo, tirado en algún callejón y muriéndose de frío. Se prostituiría para ganar algo y poder llevarse algo nutritivo a la boca. Viviría en la calle claro. Y...moriría a los pocos años. Por alguna enfermedad sexual o...del asco. ¿Se podía morir uno del asco? Seguramente él se moriría del asco.
¿Y lo peor? No le importaba demasiado.
No estaba preocupado por su futuro. Él era más de vivir el presente, y algunos días ni siquiera eso.
Y en cambio, Kageyama...Desvió los ojos de nuevo hasta su rostro, totalmente relajado pero todavía serio.
Kage tenía pinta de ser el típico hombre ejemplar. Un doctor de primera, con una clínica privada y codiciada. Aunque seguramente aceptaría clientes de todo tipo. Lo imaginaba alto, fuerte, resplandeciente incluso. Sonriendo a sus pacientes amablemente.
Y, aunque doliera...lo imaginaba con alguien a su lado. Alguien que no era él.
Lo imaginaba con una mujer. Alta, guapa, buena y grácil. Una mujer que fuera todo lo que Yashiro no era. Una mujer dispuesta a tener hijos con el otro. Dos, seguramente, o tal vez hasta tres. Serían una gran familia feliz. Kageyama sería un padre excepcional. Jugaría con sus hijos, los llevaría a clase, los curaría él mismo.
Nunca estaría con él.
El pensamiento lo atravesó, como una estaca. Lo dejó en el sitio, petrificado e hizo que palideciera levemente. Desvió la mirada, casi en shock con los procesos de su imaginación y se obligó a pestañear para hidratar sus ojos de nuevo.
Le gustaba el dolor. Era un fanático del dolor.
Pero el dolor emocional lo aborrecía. No le gustaba. No le provocaba nada bueno. Lo hacía vulnerable, en el sentido de la palabra que menos le gustaba.
Se hizo un ovillo, encogiéndose ligeramente y aguantándose con todas sus fuerzas las ganas de llorar. Arrugó la cara, tragando saliva e intentó por todos sus medios dormirse.
Casi veinte años después de ese día lluvioso, los dos protagonistas estaban sentados en la sala de estar donde hicieron el trabajo, bebiendo sake en silencio y desviando la mirada hacia los dos jóvenes que los traían por el camino de la amargura.
-A ver, déjame, ¡déjame ponerte esto! -Exclamó divertido Kuga, colocándole unas orejas de reno a Doumeki. Este no se movió, parpadeando varias veces y mirándolo de vuelta en silencio.
Estaban sentados en el porche que daba al jardín de la casa. Habían ido para curarle una herida a Doumeki, y ya de paso, el doctor los invitó a cenar
Se acercaba navidad, y Kuga ya estaba poniendo los adornos festivos de estas fechas.
-¡Pareces un reno de verdad! ¡Te cambiaré el nombre, de Hachiko a Rudolf, ¿quieres?! -Después se rió orgulloso entre dientes, cruzándose de brazos.
-Oh...Kuga, ¡deja de jugar con Doumeki! -Le regañó Kageyama desde la sala de estar, negando con la cabeza y resoplando. -Perdónalo, se emociona mucho con esto de la navidad, no sé por qué, teniendo ya veintidós años. -Comentó alzando una ceja.
Yashiro se rió levemente, mirándolo de reojo.
-Déjalo...No es un viejo amargado como tú, ¿sabes? Además, tiene razón, a Doumeki le quedan bien esas orejas… -Sonrió mirando a su guardaespaldas. -Y es buena idea eso de llamarlo Rudolf. -Terminó diciendo entre dientes.
Kageyama puso los ojos en blanco, desviando la mirada.
-No es tanto que yo sea un viejo amargado...sino que tú sigues siendo un niñato impertinente. Parece que sigues yendo al instituto. -Le hizo saber entre dientes, negando con la cabeza.
Yashiro alzó una ceja, mirándolo con un leve sonrojo en las mejillas por el alcohol ingerido, con los ojos entornados suavemente. Observó que Kuga y Doumeki estaban entretenidos en el jardín, formando una especie de muñeco de nieve con la nieve que se empezaba a acumular fuera. Miró al doctor y suspiró lentamente.
-¿Te acuerdas del día que me invitaste a tu casa para hacer un trabajo de…? No me acuerdo qué era. Pero recuerdo que fue un coñazo. -Asintió Yashiro.
-...Era de las plantas. Yo sí que me acuerdo, porque nos pusieron un diez. -Afirmó Kage, mirándolo también y frunciendo el ceño. -Fuimos el único grupo que obtuvo esa nota. Por tu idea de la silueta de la planta. -Siguió diciendo.
-Sí, sí, como sea… -Rodó los ojos, encogiéndose de hombros. -...Ese día, en la ducha...Me masturbé. Bueno, me corrí más bien. -Una sonrisa leve se instauró en sus labios, recordando ese día, y ese momento en la ducha. -Fue...fue culpa tuya, en realidad. Me dejaste frío. Te fuiste y me dejaste después de manosear mis quemaduras. Fuiste un poco egoísta. -Opinó tranquilo, dando otro sorbo al vaso de sake.
Kanji guardó silencio, bajando los ojos después al suelo para recordar a Yashiro tumbado, debajo de su mano. Y su propia mano recorriendo el cuerpo del otro joven.
-Te oí masturbarte. El sigilo nunca ha sido lo tuyo, ¿sabes? -Confesó bajando la voz, mirando de reojo a sus actuales compañeros vitales.
-¿En serio? -Yashiro lo miró impresionado, desorbitando los ojos y con los párpados aún caídos, la mirada vidriosa por el alcohol. -Y...¿y por qué no me dijiste nada? -
-¿Y qué demonios querías que te dijera? -Preguntó de vuelta el doctor, frunciendo el ceño y arrugando la nariz molesto. -...Paré de tocarte porque...me estaba afectando. Y no lo veía bien. -Se encogió de hombros.
-Oh. -Yashiro entendió a Kage a la perfección. "Me estaba afectando", se estaba calentando. Kage se estaba poniendo cachondo tocándolo. Alzó las cejas y desvió la mirada hasta el exterior también. -Y yo que creía que paraste porque...te habías enfadado. -
-Me enfadé, sí. Pero conmigo mismo. Creí que...no estaría bien. Así que me fui. -Su mano acarició el vaso de sake entre sus dedos.
Yashiro emitió una pequeña carcajada incrédula, observando a Doumeki amasar una bola de nieve entre sus manos. Habían cambiado tanto desde aquel día. Aunque seguían manteniendo la misma extraña y difícil amistad.
Pero ya no estaban solos. Tenían a alguien a su lado. Y eran felices.
Tal vez ese era el mejor regalo de navidad que nunca tendrían.
Doumeki lo significaba todo para Yashiro.
Kuga lo significaba todo para Kageyama.
Un cierto silencio se extendió por la sala, rodeándolos y circulando entre ellos.
-...Feliz navidad, Yashiro. -Le deseó suavemente Kageyama después de suspirar, agarrando la botella de sake y sirviéndole un poco más.
-Feliz navidad, Kage. -Deseó de vuelta el rubio, sonriéndole divertido con la totalidad de la anécdota que acababa de saber.
¡Buenas a todos! En esta ocasión, os traigo un regalo de navidad. ¿Y qué mejor regalo que un Yashiro y un Kageyama jóvenes?
Con este fic quería tratar la relación primigenia entre estos dos. Ver el primer chispazo de contacto entre ellos...ese chispazo que, lastimadamente para los dos y como se ve en un futuro, no llegó a ser más que eso: un chispazo. Quería indagar en la adolescencia de Yashiro y Kage en un ámbito más doméstico y familiar, quería ver cómo podían ser en una intimidad relativamente impuesta. También me pareció interesante ambientar la última parte en navidad; pues podemos ver lo mucho que han evolucionado gracias a Doumeki y Kuga; y cómo ellos llenan ese vacío que nadie había llenado antes.
Si bien en el fic es Yashiro el que más carece visiblemente de cualquier relación importante o sana con algún otro ser humano; también podemos apreciar que la vida de Kageyama no está muy consolidad o llena tampoco. En los primeros números del manga oficial podemos ver a Kageyama ser independiente y en ningún momento vemos a sus progenitores o familiar alguno. Así que me imaginé que, no solo para Yashiro sería importante este día, sino para Kage también. Y, pasado un tiempo, así lo expresa él mismo.
Espero que las vacaciones estén siendo un remanso de paz para todos y estéis seguros y felices. Desearos feliz año y felices fiestas, gracias por seguir por aquí. ¡Nos leemos!
PZ.
