-Vamos niño, deja de lloriquear. Todos se mueren en algún momento.

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90° latitud Norte.

Los casquetes polares son enormes masas de hielo que se han formado en los extremos del eje terrestre debido a las bajas temperaturas que ahí se logran, en esos momentos, sobre ellos se deslizaban silenciosamente un par de sombras a gran velocidad, buscando un glaciar en específico.

La ventisca permanente en esa zona del planeta y el frío paralizador no importunaba el avance de dos de los guardianes. Al menos, uno de ellos no sufría mucho.

-Haru… creo que se me congelaron las alas…

-Estamos por llegar.

-No te importa ¿cierto?

-Sí lo hace, si se te rompen, no vas a poder volar y entonces tendría que llevarte cargando.

-¡A las hadas de verdad no se les rompen las alas, además…!

-"…si ese fuera el caso, pueden crecer de nuevo", lo sé, pero aun así tendría que cargarte.

"Una ráfaga especialmente fuerte los empujó fuera de su camino, ocasionando que el ser alado fuera lanzado contra su compañero.

-¿No puedes hacer que se calme un poco el viento? – le pidió alejándose de él y frotándose los brazos con las manos.

-¿Crees que no lo he estado intentando? Este viento está bajo el control de él y lo sabes.

-¿Y si bajamos a tierra? Tal vez entremos en sus censores o algo así.

Haru miró a su acompañante quien, aunque mantuviera una mirada segura y calmada, no podía evitar que sus orejas y nariz pasaran del rojo brillante al tono morado del punto de congelación y sus peculiares dientes castañearan con fuerza, asintió y se dejó caer. Agradecido, el hada le siguió.

Al tocar el suelo, el viento pareció adquirir calidez y los copos los golpeaban con menos fuerza en las mejillas.

-Hasta que nos ve… -murmuró difícilmente el hada.

-No, espera, vuela…

Antes de que Rin pudiera siquiera procesar las palabras, el suelo se abrió bajo ellos y se sumergieron en un laberinto de túneles resbaladizos que los llevaron a una cálida estancia, donde otro par de guardianes los esperaban./p

En lo que se recuperaban – del frío, del susto y del enojo – dos voces se encontraban "discutiendo".

-No debiste tardar tanto, mira cómo está Rin…

-Es que no bajaban…

-Bien pudiste tirarlos con una ráfaga.

-Pero así no es divertido…

-Divertido hubiera sido si se congelaban allá afuera ¿no?

-No…

El par de recién llegados se pusieron en pie y vieron con cara de pocos amigos a los "anfitriones".

-N-no hay t-tiempo para peleas - Dijo como pudo el hada – Makoto está recuperando recuerdos.

El silencio en el salón resultó inquietante.

-¿Qué? - Haru fue el primero en reaccionar - ¿sabías qué le pasaba y no me dijiste?

-¿Qué te iba a decir? No lo conoces tanto como nosotros, acabas de iniciar tu trabajo como guardián y no hubieras entendido la magnitud del problema.

-Si, pero...

Una ráfaga de viento y sonido de cristal calló a los dos seres, una rubia y revuelta melena se paseaba por debajo de la nariz de todos.

-No hagan un escándalo, hay que analizar esto. ¿Cuándo sucedió?

Ojos rosáceos e inquisitivos miraban al par, el pantalón caqui que vestía se encontraba arrugado y el chaleco rojo tenía migajas de galleta. Las mangas bancas de la camisa se encontraban manchadas con chocolate y lo que parecía ponche de huevo.

-Al parecer hace unos días, puede que incluso semanas, pero hoy reaccionó.

-¿Cómo reaccionó?

El resonar de unos zapatos de vestir llamaron la atención de los presentes, el traje morado que vestía hacía resaltar su cabello azulado y las largas orejas grises que salían de los costados de su cara.

-Bueno... yo no lo vi, Haru era el que estaba con él…

-Así que le creíste a este insensato y convocaste una reunión urgente – Interrumpió el Conejo de Pascua, acomodando sus lentes – Tiene qué, un lustro que comenzaste con nosotros, no hagas una tormenta en un vaso de agua.

El pálido rostro del guardián del hielo se tornó rojo y sus irises se oscurecieron con ira.

-Makoto me reconoció antes que todos ustedes – logró decir entre dientes – puede que como guardián no lo conozca mucho, pero como amigo sé cuándo le pasa algo. No quieras hacerme menos solo por tu antigüedad en esto; - sus manos temblaban y sus ojos buscaban no encarar directamente al cuatro ojos, una sombra captó su atención – Si crees que estoy haciendo una tormenta en un vaso de agua, dime, entonces ¿Qué es eso?

Al decir esto último, señaló al suelo, donde se encontraban los amuletos de cada uno de ellos, el circulo de piedra que representaba a Sandman parecía una esfera de nieve con arena dorada y negra. Un pequeño cuerpo rojo y amarillo llegó de primero al lugar y, con un gesto logró encapsular esas arenas en un globo iridiscente.

-No tiene caso pelear entre nosotros, estas sombras son productos de un mal que acecha al mundo y mientras uno de nosotros no esté aquí ante un llamado urgente, haremos las tormentas que necesiten hacerse – dijo en tono serio – Observen, las arenas de Mako pierden poder.

Todos se acercaron al pequeño globo y observaron que, más que dejarse consumir por la oscuridad, la arena dorada perdía brillo, se volvía… normal.

Rei comenzó a caminar en círculos.

-Esto está mal, ¿Por qué sucede esto? Rin, ¿Has notado algo en el cilindro de Makoto últimamente?

El pelirrojo lo miró de frente, pero no pudo sostenerle la mirada mucho tiempo, frunció el ceño y con duda asintió con la cabeza.

-Saben cómo lucen nuestros cilindros, son diferentes a los de los humanos solo por la magia que se nota en ellos; el de Makoto ha estado teniendo picos de magia desde hace unas semanas – al encontrar sus ojos con los del conejo pudo notar el enojo creciendo en ellos – debido a esto he estado patrullando yo mismo y tenía en observación a Sandman…

-No busques excusas… – comenzó a decir Rei.

-Basta – exclamó Nagisa, el primer Guardián – nuestra prioridad debe ser encontrar a Sandman, si su arena está volviendo a la normalidad, no quiero pensar lo que él podría estar pasando.

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En la ciudad, dentro de un oscuro callejón se levanta una oscura sombra, los ojos turquesa se ven empequeñecidos por un rictus de ira y el cuerpo se mueve antes de que pueda reaccionar. Su puño se estampa contra el muro a su lado y arena negra envuelve la herida, al retirarse, la piel queda sin marca alguna.

-Esto no era parte del plan, pero puede servir como incentivo para los demás guardianes. – cierra su puño nuevamente – Recuperaré ese cilindro aunque deje un rastro oscuro detrás de mí – levanta su mirada hacia el cielo donde, a pesar de aun verse el sol, la luna llena puede verse claramente – ¿Qué tal vez a tu querido mundo? Tus amados niños vivirán un cambio irreversible y la oscuridad invadirá sus corazones – una siniestra sonrisa cambia su semblante – y esta vez no podrás hacer nada…

Una memoria de luz lo golpea de súbito, haciendo que su figura se doble por la mitad, sosteniendo su cabeza entre las manos.

Un par de niños a las orillas de un río, disfrutando de la luz del sol en sus rostros. Un grupo mucho mayor sentados en mesas enormes listos para comer. Unos ojos verdes como el sol atravesando hojas de árbol lo miran y le sonríen tiernamente; "¿Cuál es tu sueño?" pregunta la tierna voz "Estar siempre contigo" se escucha contestar.

Tan súbitamente como llegaron, estas memorias se desvanecen, dejándolo sin aire y con el corazón desbocado.

-Ya no tengo el cilindro – dice entre jadeos tratando de recobrarse – ¿por qué me afectan sus recuerdos?

-No son recuerdos de él – escucha en su cabeza, como una niebla pasando por sus oídos; sorprendido, levanta su mirada hacia la luna – Esos recuerdos son los tuyos.