¡Último capítulo!
Ess V: ¡Me alegra que te interese! Espero que este último capítulo también te resulte lo mismo :). ¡Saludos!
YokoGH: Me pone muy contenta que te guste :) Gracias a vos por el comentario y el apoyo. ¡Saludos!
Guest: ¡Gracias a vos! Espero que este último capítulo también te guste. ¡Saludos!
MJ Keehl: Gracias por el comentario, espero que este también sea de tu agrado. ¡Saludos!
Al día siguiente, Kaoru despertó aturdida. Soñó que había cenado con sus hermanos, los Makimachi y Kenshin. Y que la estaba pasando bien. Unos minutos en la ducha le dijeron que no había sido un sueño y que, de hecho, sucedió. Gruñendo frustrada, rápidamente terminó de bañarse y se puso una camisa rosada y pantalones cortos blancos antes de agarrar otros de color negro con tirantes y una camiseta azul para meterlos en su bolso de gimnasio. Fue hasta su armario, lo abrió, tomó otra camisa y ropa interior naranja, lo cerró, y también las metió en el bolso. Luego abrió un estante cerca de la puerta y sacó su bokken favorito. Realizó unos pocos movimientos experimentales antes de cerrar el estante, tomar su bolso, y salir de su habitación.
Fue recibida por el olor a café recién hecho y tocino crepitante mientras se dirigía a la cocina, donde con cuidado apoyó su bokken contra la pared y se sentó en una de las sillas, dejando su bolso en el suelo. Una taza de café caliente apareció ante ella y sonrió a su hermano Yutaro. Las insolentes muestras de afecto de parte de Yahiko hacia ella rivalizando con la consideración de Yutaro hacían que amara su posición de hermana mayor. Ambos le demostraban su aprecio de maneras muy opuestas, pero ella lo veía tan claro como un cristal, como si estuvieran expresando verbalmente cuán contentos estaban de tenerse el uno al otro.
Mientras bebía su café, Kaoru echó un vistazo al reloj de la pared y vio que faltaban quince minutos para las siete en punto. Lo que significaba que aún tenía tiempo para comer algo antes de ir al club.
Tomando otro sorbo, miró la espalda de su hermano cocinero. "Yu-kun, ¿me puedes dar un poco de tocino y pan?" Le pidió.
Yutaro no respondió, sólo tomó un plato, colocó dos tiras de tocino encima, una rebanada de pan de trigo, y lo dejó cerca de su taza con una sonrisa.
"Gracias," dijo ella, pero antes de que pudiera siquiera tocar su tocino, su otro hermano Yahiko apareció y le arrebató una de las tiras. "¡Oye!" Protestó la chica, al mismo tiempo que golpeaba a su hermano en la cabeza antes de volver a agarrar el tocino que Yahiko soltó al ser golpeado, y rápidamente metiendo el pedazo de carne en su boca.
"¡BUSU!"
Kaoru lo fulminó con la mirada. "ESO era mío, así que no tienes derecho a protestar," le dijo antes de sacarle la lengua.
Yahiko bufó. "Eres tan infantil," murmuró, mientras se dirigía hacia donde estaba su mellizo y sacaba un trozo de tocino del plato para luego metérselo en la boca.
"Lo dice la persona que roba comida," comentó Yutaro. Luego sacó las tiras restantes de la sartén, las colocó en el plato y se encaminó al mostrador.
"Lo que sea," dijo su mellizo. Se sirvió una taza de café y se sentó frente a su hermana mientras continuaba comiendo el tocino tan rápido como podía.
Yutaro, al ver aquello, de inmediato le arrebató el plato a su hermano antes de que ya no quedara nada para él.
"¡¿Qué crees que estás haciendo?!" Protestó Yahiko mientras estiraba su brazo para alcanzar la comida.
"Guardando algo para mí. ¿Qué más?"
"¿Por qué tú...?"
Y así, era otra mañana emocionante en casa de los Kamiya.
Kaoru llegó al dojo del Club Yamada treinta minutos antes de la hora señalada. Aprovecharía el tiempo para cambiarse de ropa y calentar con algunas katas. Cuando hubo terminado, una fina capa de sudor cubría su frente y la transpiración perlaba su cuerpo. Estuvo tan enfocada en su ejercicio que no notó la llegada de Kenshin ni sus ejercicios de estiramiento a un lado ni la forma en que sus ojos absorbían su figura ágil y danzante.
Fue cuando se acercó a su bolso para sacar su botella de agua que ella se dio cuenta de que había otro bolso junto al suyo y otra persona presente en el lugar.
"Mierda," maldijo por lo bajo, mientras tomaba agua con rapidez, luego cerró la tapa de la botella y se dio la vuelta...
Para encontrarse con un pecho desnudo reluciente de sudor.
Un estrangulado, "¡Eh!" salió de ella al dar un cauteloso paso hacia atrás y levantar la cabeza para ver unos divertidos ojos color lavanda teñidos de un toque de oro. Oh, no... fue su pensamiento espontáneo antes de ser llevada por el hombre que se había dado la vuelta y se dirigía al centro del recinto. Él se detuvo de repente y soltó su mano, causando que ella chocara contra su espalda aún desnuda.
"¡Kenshin! ¿Tengo que estar pegada a tu cuerpo sudoroso toda la mañana? Ya tengo bastante conmigo misma," dijo Kaoru apretando los dientes. No estaba realmente enojada, ya que él todavía olía bien. Al contrario, de hecho, pensamientos de índole sexual revoloteaban por su mente antes de darse cuenta y hacerlos a un lado rápidamente, al menos hacia los rincones más profundos de su mente.
Sin que ella lo supiera, Kenshin estaba teniendo los mismos pensamientos. Corrían interminablemente por su mente desde que la vio por primera vez. Y lo más importante, quería tenerla pegada a él, aunque de una manera muy diferente.
Sonriendo como un cazador a punto de acechar a su presa, Kenshin la dejó parada en medio del salón y fue por sus bokken, arrojándole el suyo a Kaoru, quien lo atrapó. Luego se colocó frente a ella, en una posición ofensiva y esperando a que estuviera lista. En el momento en que la sintió concentrarse y cambiar su postura, atacó.
Pararon, bloquearon, esquivaron, arremetieron y se enfocaron en la danza que había estado tanto tiempo arraigada en los dos. Al poco tiempo, Kaoru supo que no sería capaz de seguir el ritmo que Kenshin había impuesto. Él era más hábil y más rápido que ella. Pero no se rendiría. No obstante, estaba perdiendo fuerza. Su reserva de energía se había agotado en medio de su entrenamiento. Como último recurso para terminar el juego, giró hacia su derecha y trató de apuntar el arma en la abertura que había visto.
Lo intentó, pero de repente se encontró a sí misma tirada en el piso, con el bokken de Kenshin tocando ligeramente su cuello, y con el rostro muy cerca del suyo al arrodillarse a su lado.
Ella tragó en seco, sin saber cómo interpretar la expresión de su rostro. Su corazón latía fuertemente mientras él seguía mirándola. Volvió a pasar saliva, respiró hondo y abrió la boca para hablar, cuando fue interrumpida por unos suaves labios presionando los suyos. Jadeó al caer en la cuenta de que él la estaba besando y gimió cuando su lengua invadió su boca para rozar delicadamente la suya.
El bokken cayó al piso con un ruido sordo mientras sus manos serpenteaban debajo de su cabeza y hombros, atrayéndola hacia él y haciendo que se sentara. Las manos de ella encontraron el camino hacia su cuello, y sus dedos se enredaron en el cabello del hombre. Estuvieron así durante lo que parecieron horas hasta que Kaoru se apartó para recuperar el aliento.
Aturdida, miró a Kenshin con ojos confundidos. "Eh..."
Él simplemente sonrió mientras se ponía de pie y le extendía la mano. Ella la tomó y fue levantada así sin más, sólo para verse envuelta en él.
"¡Maldición, Kenshin! ¡Es la segunda vez que me empapas de sudor!" Refunfuñó Kaoru mientras se apartaba de él.
Kenshin, sin embargo, tenía otras ideas. Apretó su agarre contra ella y la miró fijamente, tanto como su diferencia de alturas se lo permitió. "Te refrescarás y luego iremos a almorzar," fue lo que dijo, con los ojos brillando con algo parecido a la diversión y el deseo. Luego aflojó su agarre y la llevó hacia donde estaban sus bolsos.
Ella se detuvo a mitad de su caminata para dedicarle una mirada filosa para luego tomar su bolso y salir rápidamente del dojo antes de que a él se le ocurriera otra idea para torturarla.
El tiempo que pasó en la ducha fue desastroso para Kaoru mientras esta pensaba y pensaba sobre lo sucedido.
Kenshin la había besado. Apasionadamente, cabía agregar.
Y aquello la confundió a lo grande. ¿Qué demonios estaba pasando? Se cuestionó a sí misma mientras se fregaba. No se habían visto por años y ahora que sí, ella trabajaba para él. Había pasado sólo un día y él ya había puesto su mundo de cabeza. ¡Y la besó por protestar!
Tal vez Misao estaba en lo cierto, pensó, y la esperanza comenzó a florecer de manera involuntaria en su interior. Pero ella la hizo a un lado. Él... había sido el impulso del momento, decidió ella, resuelta. Ya no le gustaba, ¿verdad? No de esa manera, ¿no? Y si fuera así, ¿entonces por qué su corazón se le aceleró por la forma en que él la había mirado?
Sacudió la cabeza para aclarar sus pensamientos mientras se secaba y se vestía con su camisa naranja y sus shorts blancos. Se colocó las zapatillas, metió la ropa sucia en su bolso, sacó su bokken del casillero y salió. Vio que Kenshin la estaba esperando en la sala de espera.
"Traje mi auto," le informó ella con voz firme, llaves en mano. Ahora no sabía cómo actuar con él debido a lo que había pasado, pero estaba determinada a no demostrarlo.
Él asintió. "Por eso no traje el mío. ¿Las llaves?" le dijo mientras extendía la mano, con la palma para arriba.
Kaoru frunció el ceño. "Puedo conducir, muchas gracias," resopló indignada mientras pasaba a su lado y salía hacia el estacionamiento. Sin embargo, no pudo llegar hasta su auto, ya que su mano fue agarrada firmemente, lo que hizo que ella se diera la vuelta. Fulminó con la mirada al perpetrador.
Kenshin sólo arqueó una ceja en respuesta a su mirada antes de llevarla a su auto y quitarle las llaves hábilmente. "Me dejarás conducir y llevarte adonde vamos a almorzar porque no sabes dónde es. Y si no quieres ser... azotada en tu propio auto antes de que lleguemos allí, será mejor que obedezcas."
Ella farfullaba en protesta mientras era arrastrada hacia su coche, para luego sentarse y colocarse el cinturón de seguridad mientras Kenshin ponía en marcha el motor. De vez en cuando le lanzaba miradas irritadas al conductor, de brazos cruzados, mientras pensaba en maneras de estrangular al pelirrojo con su propio cabello. No le estaba prestando atención al camino, por lo que se sorprendió cuando él la miró expectante. Miró a su alrededor y se asombró de ver que el auto se había detenido frente a un parque. Los árboles de sakura se alineaban en el perímetro y varios arbustos y plantas florales salpicaban el suelo.
"¿Dónde estamos?" preguntó ella mientras se desabrochaba el cinturón y se giraba un poco para mirarlo.
Él simplemente le sonrió y salió del vehículo. Ella se quedó furiosa por la manera en que él había ignorado su pregunta cuando la puerta se abrió. Miró al exasperante hombre y le dio un manotazo a la mano que él le ofrecía mientras se bajaba del coche. Lo escuchó reírse suavemente antes de que su mano cálida se aferrara a su brazo, acercándola a él para luego liberarla y pasar su brazo sobre su hombro.
Ella trató de zafarse, pero después del tercer intento, se volvió y lo miró. "¿Qué piensas que estás haciendo?" siseó, con su mano encontrando la de él sobre su hombro, para luego apretarla tan fuerte como podía y apartarla lejos de ella.
Él sonrió. "¿Y tú qué crees?" le respondió antes de tomar su mano y atraerla hacia él. Otra vez.
"¡Kenshin!"
Él no dejó de tirar de ella mientras preguntaba, "¿Sí?"
"¡Argh! Sabes que puedo caminar por mi cuenta, Himura."
"Ah. Pero no sabes adónde vamos."
"¡Maldición!"
"Tsk, tsk. Maldecir no te sienta bien, mascota."
"¡MASCOTA!"
"Sí. ¿Hay algún problema, mascota?"
Para entonces, ya habían dejado de caminar (andar a trompicones, en caso de Kaoru) y se quedaron frente a una estructura parecida a una cabaña, una tienda. Kenshin miró por la ventana antes de presionar el timbre.
"¡Tu... mascota!" Gruñó Kaoru mientras miraba con incredulidad al hombre que la había traído a ese sitio y trataba de liberar su mano de la de él. "¿Desde cuándo soy tu mascota? ¿Eh, Ken-shin?" demandó, enfatizando cada sílaba de su nombre, con la voz peligrosamente baja y calma.
Él giró su cabeza para mirarla, con una ceja levantada. "Desde que te besé," respondió de plano antes de volverse a la ventanilla, donde una mujer apareció.
"¿En qué puedo-? ¡Oh, Kenshin! Espera un momento y te traeré lo que me pediste," dijo al mujer antes de desaparecer de la vista.
Kaoru aprovechó para tirar su mano hacia atrás con fuerza, liberándola del agarre de Kenshin y entrecerró los ojos. "¿Quién se cree que es, señor? ¡Me besa y ahora soy SU MASCOTA!" Lo pronunció bajo, duro, y filoso como el acero mientras le daba un golpe en el brazo.
Kenshin sólo sonrió y retomó su atención a la ventana mientras la mujer reaparecía y le alcanzaba una canasta de picnic. "Gracias, Tae." Acto seguido, se aferró a ella (¡de nuevo!) con su mano libre y la condujo hacia un lugar casi aislado del parque.
Sin querer provocar un escándalo que la involucrara a ella y al molesto pelirrojo, Kaoru permaneció de pie y se apoyó contra un árbol mientras Kenshin preparaba el almuerzo. Pasaron unos pocos minutos y no pudo soportarlo más.
"¿Qué estás haciendo, Kenshin? Y no me contestes con tu basura de '¿Y tú que crees?'," le espetó y cruzó sus manos cuando él la miró sonriendo.
Kenshin terminó de colocar la comida sobre la manta que había extendido en el suelo, se sacudió los pantalones y luego se paró frente a ella. Apoyó las manos a ambos lados de su rostro, con el suyo propio muy cerca del de ella, pudiendo sentir la rápida respiración sobre su cara.
"¿Qué estoy haciendo?" Repitió la pregunta con suavidad, con voz baja y profunda, casi como un ronroneo. Se inclinó a un lado, inhalando profundamente para poder sentir el aroma de su champú. Jazmín, pensó distraídamente. Pudo sentir el leve temblor de su cuerpo mientras su pecho tomaba contacto con las manos cruzadas de la mujer. "Seduciéndote," le murmuró al oído antes de ceder a la tentación y darle una rápida lamida en la oreja. Ella jadeó y él sonrió, luego giró la cabeza y trazó un camino de besos hasta su boca aún abierta.
Su lengua se deslizó y exploró la húmeda cueva, rozando suavemente el paladar y luego la propia lengua de la chica. Ella se había sorprendido tanto por su respuesta y sus consecuentes atenciones que siguió aturdida lo que sus instintos le dijeron que hiciera, que fue abandonar todo pensamiento y corresponderle el beso. Así que lo hizo.
Más tarde, Kaoru pensó que no debió haber cedido. Que debió haber controlado sus hormonas y su deseo por él para no estar en esta situación. No era en sí una mala situación, pero había sucedido demasiado rápido. Un minuto ella estaba exigiendo respuestas y al siguiente, estuvieron casi piel a piel sobre la manta de picnic. Cuando se dieron cuenta de lo que estaba pasando, se arreglaron y procedieron a comer. Sin embargo, para consternación de Kaoru, Kenshin no la dejó comer por sí misma. La sentó en su regazo y se dispuso a alimentarla usando sus manos y boca. Pero no fue así cómo se metió en eso.
Mientras terminaban el postre que Tae eligió para ellos, ella se separó de él a través de soborno y promesas, y se sentó de frente.
"¿Por qué?" Había dicho ella, con la cabeza ligeramente inclinada para que él no pudiera ver su mirada oculta tras su flequillo.
"Porque te quiero," respondió él con simpleza, extendiendo sus manos para tomar las suyas.
Ella evadió su toque y él frunció el ceño. "¿Te quiero?" repitió.
"Te quiero. Te amo. Como quieras llamarlo," le había expuesto. "Siempre me has fascinado, Kaoru. Pero antes de que pudiera hacerte ver mis intenciones, fui a la universidad y luego recibiste las atenciones de Enishi antes de que comenzara el verano."
Y eso fue lo que la llevó a donde estaba ahora.
No podía ser del todo malo, ¿verdad? ¿Despertar desnuda junto al hombre con el que había soñado durante años? Uno diría que estaba todo mal. Que aunque se hubieran conocido en el pasado, el presente era diferente. No habían tenido ningún tipo de comunicación. Cierto era que sabían el uno del otro a través de sus amigos, pero no por ellos mismos. Y habían pasado años. Más de cinco años, de hecho, desde la última vez que se vieron, que fue en la fiesta de despedida de él antes de volar a Francia. Y ella estaba con Kamatari en ese entonces.
Pero ella lo conocía. Y sabía que él era sincero. Ella era de discutir de vez en cuando consigo misma sobre la moralidad, lógica, tal vez hasta de la realidad de todo. Pero hasta que no se sintiera segura de sus intenciones, se dejaría caer y ser atrapada.
"Buenos días, mascota," dijo Kenshin con voz ronca, y ella se sobresaltó mientras levantaba la vista para mirarlo. Lucía una sonrisa perezosa y sus ojos brillaban de satisfacción y otra cosa más que ella no tuvo que indagar demasiado al sentir su mano trazando círculos sobre su espalda.
"Buenos días," saludó ella, acurrucándose junto a él. Lo escuchó gruñir de satisfacción mientras la acercaba a él, con su mano sin dejar de trazar círculos, y sonrió contra su pecho. "Mañana quedaré sorda," anunció.
Su mano detuvo su movimiento, pero luego continuó. "¿Y eso por qué?" Preguntó él, sus palabras retumbaban en el oído de la mujer.
"Misao me gritará hasta la muerte," fue la explicación que le ofreció.
Su mano se volvió a detener antes de echarse a reír, enviándole vibraciones agradables a ella. Sonrió y le dio un tierno beso en la piel.
"Por cierto... ¿Cómo estuviste tan seguro de que me tendrías tan rápido?" Preguntó ella de repente, levantando la cabeza para ver su rostro.
Él le devolvió la mirada y sonrió. "Tengo mis maneras..." respondió vagamente.
Ella frunció el ceño. Había una persona que sabía de sus sentimientos por Kenshin y la comadreja a veces podía tener una gran boca. Gimió y escondió el rostro en el pecho del hombre. "Voy a matarla antes de que ella acabe con mis oídos," refunfuñó.
Kenshin volvió a reír y la acercó aún más a él. Besó su frente, tranquilizándola y concordando con ella en silencio. "Puedo amenazarla con dejarla sin trabajo..."
"¿Y que Aoshi te amenace con congelarte hasta la muerte?" Replicó Kaoru y luego rio al darse cuenta de lo que había dicho.
Él rio con ella y pasaron unos minutos antes de volver a permanecer en silencio, escuchando la respiración del otro.
"¿Por qué no me dijiste nada antes, Kaoru?" Quiso saber, con tono serio y curioso.
Ella suspiró. "Tomoe." Se movió para dejar sus manos sobre el pecho del hombre, con la barbilla descansando sobre ellas. "¿Y tú? ¿Por qué después de todos estos años?"
Él se encogió de hombros. "Estaba fuera y no sabía cuándo regresaría o si lo hacía, cuánto tiempo me quedaría. Quería asegurarme de que cuando dejara ver mis intenciones, estaría el tiempo suficiente para disfrutarte por mucho, mucho tiempo."
Y ese fue el fin de la discusión, cuando Kenshin se giró para que Kaoru quedara debajo de él y no pudiera refutar sus declaraciones por un buen rato.
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FIN
Se acabó la historia, espero que les haya gustado :)
Muchas gracias por el apoyo y también mis agradecimientos a mutsumi por su permiso.
Les deseo un muy feliz año, que sea diferente a este que está para el olvido. Y que nos sea más leve.
¡Feliz 2021 y hasta la próxima!
