7.

Lola estaba feliz por que consiguió el primer lugar en su concurso. Clyde a su lado la estaba felicitando.

—Sabía que lo lograrías. Eres la mejor.

Le puso la mano sobre el hombro y la niña retrocedió asustada y furiosa.

—¡No me toques!

Clyde hizo una mueca y fingiendo sentirse ofendido agrandó el espacio entre ambos.

—Lo siento, no me di cuenta que eras una de… esas.

Comprendiendo lo que quizás el chico pensó. Lola se sonrojó y le pidió una disculpa.

—¡Lo siento! No soy racista si eso crees. Es sólo que, bueno, después de estos concursos, pues, como que no me siento bien conmigo misma.

No tuvo que decir más, Clyde comprendió que se trataba de la culpa por lo que tenía que hacer para poder ganar, siendo en esta ocasión no a uno, sino supuestamente a dos jueces a los que "convenció" para ganar.

Al llegar a la casa Loud, encontraron a Lana jugando en el lodo con Charles. Lola fue a presumirle la corona nueva que le dieron como premio.

—¡Mira, Lana! ¡Gané de nuevo!

—¡Que bueno, hermana! Felicidades.

Lola iba a entrar a la casa, cuando antes le dijo a Clyde.

—Gracias por acompañarme, Clyde.

—Gracias a ti, Lola. El gusto fue mío.

Vaya que lo fue, pensaba. Cuando Lola entró a la casa miró a Lana. La niña trataba de enseñarle a Clyde a rodar, pero el perro miró a una poddle pasear cerca del jardín y dejó a su dueña para perseguir a la perrita. La poodle corrió detrás de la casa a donde Lana lo siguió.

—Espera, Charles, quiero que me presentes a tu novia.

Clyde la siguió y entonces como Lana, vieron a Charles detrás de un árbol montando vigorosamente a la poodle. Nervioso, el chico vio a la niña esperando cualquier reacción, menos la que tenía de fastidio.

—Siempre que la ve hace lo mismo. No entiendo qué es eso o por qué ella no trata de quitárselo de encima.

Sonrojado, Clyde trató de explicárselo.

—Lana, eso que hace es lo que los novios les hacen a sus novias. A Charles le gusta hacer eso y a la perrita le está gustando y por eso deja que Charles lo haga.

Lana parecía agacharse para ver mejor lo que su perro le hacía a la Poodle.

—No entiendo por qué le gustaría que Charles le ponga la ramita en su cosita.

—Porque para ellos se siente muy rico hacerlo. Más rico que acariciarles la panza o las orejas.

La niña parecía pensativa.

—Me pregunto cómo se sentirá eso.

Aun excitado por lo que le hizo hacer a Lola, Clyde vio su oportunidad al comprender que a diferencia de su gemela, Lana era más normal en el aspecto de no saber nada de esas cosas como corresponde a su edad.

—Bueno, Lana, si quieres, pues, yo podría enseñarte lo que se siente.

—¿En serio? ¿pero si no somos novios?

—No solo los novios hacen eso, a veces los que son muy buenos amigos y se tienen mucha confianza lo hacen. ¿Tu confías en mí?

—Sí, siempre has sido un buen amigo.

—Entonces yo podría enseñarte y. Mmmm. Sólo que, no lo sé, mejor no.

—¿Por qué no?

—Porque si tus papás, Lincoln o cualquiera de tus hermanas se entera, podrían enojarse mucho contigo y castigarte muy feo. Se supone que son cosas de gente grande y no de niñas chiquitas, podrías meterte en muchos problemas si se enteran.

—¡Vamos! Enséñame. Si tú me prometes no decírselo a nadie, te prometo yo tampoco contarlo tampoco.

Clyde sintió que su excitación creció.

—Pues bueno, como soy tu amigo lo haré, además te prometo también no contárselo a nadie. Vamos a mi casa. Mis papás a esta hora están trabajando por lo que no habrá nadie ahí, que en tu casa podrían descubrirnos y luego te regañarían.

Lana con toda la confianza del mundo tomó de la mano a Clyde y lo acompañó, algo que sorprendió al chico.

—¿Qué es lo que haces?

—Te tomo de la mano, se supone que es lo que debes de hacer.

Definitivamente Lana le gustaba más a Clyde que su gemela.

Una vez en casa, Clyde llevó al baño a Lana, lo que no pareció gustarle mucho.

—¿Por qué en el baño?

—Porque podríamos ensuciar algo en la casa y como te dije: Si mis papás descubren algo, podrán saber lo que hice contigo, luego le dirían a los tuyos y te regañarían.

Lana no quería que la regañaran, así que aceptó los términos. Miró a Clyde y le preguntó.

—¿Entonces ahora que hacemos?

—Bueno, no somos perros como Charles y su novia, usamos ropa, por lo que para hacer algo parecido tendríamos que quitárnosla.

La niña se sonrojó. Queriendo aparentar valentía, trató de revertírsela al chico.

—No lo sé, Clyde. ¿No te da vergüenza que te vea desnudo?

—Pues no. No sería una desconocida sino tu quien me vería y yo sé que eres una buena amiga y confío mucho en ti tanto como en Lincoln, de hecho creo que te quiero y confío más en ti de lo que lo hago con él.

—¿De verdad?

—De verdad. Si tienes pena, podemos irnos quitando uno a uno una prenda a la vez para estar parejos.

Haciéndolo ver como un juego, Clyde se quitó los zapatos y la niña hizo lo mismo con los suyos, Clyde se quitó los calcetines y Lana hizo lo mismo, Clyde se quitó la camisa y tras desatarse los botones de su overol Lana se quitó la suya. En ese punto Clyde haciéndose el desentendido miró los imperceptibles senos rosas de la niña que le recordaron a los de Leni, pero en un pecho completamente plano. La niña realmente era muy bonita y seguramente cuando fuera tan grande como su hermana mayor, se pondría hermosa. Pensó entonces: Y lo mejor es que antes que cualquiera seré yo el que ponga mis manos en ella. Tras quitarse el cinturón y los pantalones, Clyde como con Lana se quedaron sólo en calzones.

—¿Tenemos que quitárnoslo todo? —Dijo Lana.

—Pues sí, podemos hacerlo si quieres así, pero puede que no sientas tan rico como Charles o su novia lo estaban sintiendo.

La niña estaba muy nerviosa, parecía querer arrepentirse. No sabía que la estaba incomodando más, si que Clyde la viera desnuda o que ella lo viera desnudo a él. Entendiendo su dilema, Clyde le dijo.

—Te propongo algo para que nos dé menos pena a los dos. Nos damos la vuelta y de espaldas nos quitamos lo demás. Además que se supone y si recuerdas a Charles, él estaba a espaldas de la perrita, así es como tendríamos que hacerlo.

—Es verdad.

Lana se dio la vuelta y sin ver a Clyde se quitó los calzones. Clyde apreció el bonito trasero respingón de la niña que en efecto resultaba idéntico al que imaginó Lola tendría debajo del traje de baño. Tras desnudarse él también, se acercó y puso sus manos sobre los hombros de Lana.

—¿Estás lista?

—Ajá.

—Entonces y porque estás un poco chiquita, voy a ponerme de rodillas detrás de ti, y tú vas a apoyarte sobre el borde de la tina, ¿está bien?

—Bueno. ¿Seguro que sabes lo que haces?

—Confía en mí, recuerda que soy tu amigo.

Lana obedeció y al quedar inclinada, Clyde se agachó y acercó la punta de su pene por debajo de ella entre sus piernas, rosando la pequeña y gordita vagina de la niña, la cual se sobresaltó por lo que casi se resbala, si no fuera por Clyde que alcanzó con sus manos a tomarla por debajo poniendo las palmas de sus manos sobre sus senos.

—Gracias, Clyde. Es sólo que me sorprendió tu ramita. Oye, pero es muy grande, no me la vayas a meter. Creo que ya entiendo por qué esto lo hacen los grandes. ¿No puedes sólo hacer como que lo haces?

El chico estaba pensando lo mismo. Recordó lo que pasó con Leni quien era virgen con todo y que su cuerpo era más grande que el suyo. Podría lastimar mucho a Lana de intentar metérselo no importando que se lo hiciera por la vagina o por el culo. Se le ocurrió una idea.

—Está bien, sólo haremos como que lo hacemos. Junta tus dos piernas pegándolas.

—¿Pero no te lo apretaría?

—Esa es la idea, así en lugar de metértelo en tu cosita, sólo te la rozaré y será como si estuviéramos haciendo lo mismo, e igual sentirás rico.

Lana hizo caso y juntó sus piernas atrapando el pene del chico quien seguía contra su vaginita. Entonces Clyde sin dejar de abrazarla por detrás tocando sus senos, comenzó a moverse de atrás hacia adelante saliendo y entrando de entre las piernas de la niña rozando su rajita sin contenerse nada y llevando un ritmo rápido.

Aunque Lana al principio se sentía incómoda por la posición en que el chico la dejó, de pronto unas cosquillas que comenzó a sentir en su cosita a causa de los roces que le hacía su amigo con su ramita comenzaron a invadirla en el resto de su cuerpo. Eras una sensación en efecto rica, como si una electricidad la recorriera, misma que crecía conforme Clyde seguía rozándola ahí. Las manos que apretaban sus senos también parecían estar influyendo en algo.

Clyde por su parte también se la estaba pasando bien al simular la penetración sin llegar a hacerlo con la niña, sintiendo a su pene envolviéndose contra esas suaves piernas como terciopelo, así como su pequeña y virginal vagina, con su cadera golpeando los cachetes traseros de la pequeña. No pudo contenerse y se acercó más a ella para darle un beso en el cuello.

—¿Qué estás haciendo?

—Sólo es un cariñito. Relájate.

La intensa sensación iba creciendo tanto en Lana que poco caso hizo a eso, concentrada más en lo que estaba experimentando entre sus piernas, que en la lengua del chico lamiéndole el cuello y los hombros, o sus manos bajando para acariciarle las pompis y sobre su cosita. Tenía la sensación que era una bomba a punto de estallar y de pronto sintió muchas ganas de ir al baño.

—¡Creo que me voy a hacer pipi!

—¡No importa! Luego lo limpio.

Clyde sentía que estaba por terminar, pero primero lo hizo Lana entre gemidos pegando un corto grito liberando algo extraño que no parecía ser pipi sobre el miembro de Clyde, pero que igual estaba escurriendo sobre su pene, ocasionándole una sensación tan grande que provocó el chico terminara y se viniera con su pene apuntando hacia arriba manchando de semen la panza y parte del pecho de la niña.

Clyde la soltó y Lana se dio la vuelta para como con él, sentarse en el suelo exhausta por la extraña, pero placentera experiencia.

—Esto… fue… muy… genial—. Dijo Lana.

Vio las manchas blancas sobre su cuerpo y con sus dedos tocó un poco de la desconocida sustancia.

—¿Qué es esto?

Clyde gimiendo y tratando de recuperarse también, le contestó.

—Es jugo de hombres.

Y dado que el jugo era para beberse, con todo y que le extrañaba lo espeso que era, Lana se lo chupó de los dedos.

—Sabe extraño. Es amargo y caliente.

Verla hacer eso sorprendió bastante a Clyde, de pronto sintió que se le paraba de nuevo.

—Bueno, pero es muy nutritivo, Lana. Sirve para crecer grande y fuerte.

Lana entonces vio el pene del chico por primera vez asombrada. Quizá de no haberlo sentido, le hubiera asustado, pero ahora sólo le intrigaba. Seguía manchado de semen y sus fluidos.

—¿No vas a tomarte tu jugo? —Le dijo Lana.

—Ya había comido y estoy lleno, pero si tú quieres el resto, adelante. Sólo tienes que lamerlo de mi ramita.

Lana se acercó y agachada tomó el pene del chico con miedo. Clyde no perdió detalle de cómo la lengua de la niña comenzó a limpiárselo. La sensación resultó muy placentera. De nuevo se tuvo que contener de tomar la cabeza de la niña para obligarla a chupárselo como hizo con Lucy. No quería asustarla buscando que mantuviera su confianza en él.

Cuando lana terminó, ella estaba por ponerse su ropa.

—¿Qué haces Lana?

—Vestirme. Ya terminamos.

—Pero quedaste toda sucia. Tu ropa se manchará toda.

—Ya está sucia de todas formas.

—Vamos a bañarnos juntos. Así tampoco te regañarán en tu casa.

Resignada, Lana aceptó. A Clyde le hizo gracia que la idea de bañarse a la niña le incomodara más que lo que acababan de hacer.

—Para que veas que soy un buen amigo, yo te bañaré para hacerlo rápido y que no dure mucho.

Lana aceptó y tras poner el agua a una buena temperatura, entró a la tina cargando a la niña y tras enjabonarse bien las manos, consiguió un buen pretexto para acariciar todo el cuerpo de Lana, concentrándose más en su pecho, trasero y vagina, deteniéndose varias veces ahí sobresaltando un poco a Lana por las sensaciones tan ricas que sentía.

—¿No quieres que te ayude? —Lana le dijo queriendo compensar que la estuviera bañando tallándole la espalda.

—Por supuesto. Mira, ponte mucho jabón en las manos y límpiame la ramita. Solo pasa tus dos manos así, de arriba abajo suavemente a todo lo largo.

De esa manera, mientras inocentemente Lana creía que sólo lavaba la cosa de Clyde, este disfrutó de una masturbación a medias.

Más tarde y ya tras secarse, volvieron a vestirse con las mismas ropas que estaban usando. Entonces Clyde acompañó de vuelta a la casa Loud a la niña.

—Esta bien Lana. Recuerda que este es nuestro secreto. Nadie debe de saberlo, ni tus papás ni tus hermanas.

—¿Tampoco Lincoln? Pero si es tu mejor amigo.

—Tampoco Lincoln. Seremos mejores amigos y todo, pero podría enojarse contigo si sabe que te quiero más que a él.

—¿De verdad me quieres más?

—Pues sí. Por eso mejor no le digamos nada, ¿está bien?

—Está bien.

Y así la niña regresó a su casa, mientras Clyde nervioso se regresó a la suya esperando que la niña cumpliera su palabra y no le dijese nada a nadie. La culpa lo molestaba, pero se minimizaba con la emoción de lo que consideraba una hazaña.

—¡Piensa rápido!

El balonazo que recibió en la cara y lo derribó estuvo a punto de romperle los lentes. Al levantarse del suelo miró con odio a Lynn. La adolescente que bien podría aparentar la edad de él y la de Lincoln a pesar de ser un poco mayor, fue a recoger su balón burlándose.

—Vaya que tienes malos reflejos Clyde. Deberías de ejercitarte más por tu propio bien dejando de hacer tantas cosas de nerd.

Y riéndose de él se fue. Clyde sólo pensaba en darle su merecido, pero con resignación pensó que sería imposible, a no ser que consiguiera robarle más pastillas a su padre, algo complicado porque ya no las había visto y no sabía donde las guardaba, además de que sería riesgoso volver a intentar algo en casa su amigo por lo sospechoso que podría ser pedirle que hicieran de nuevo otra pijamada en su casa tan pronto.

Pero algo se le ocurriría, sin darse cuenta se había puesto como meta poner en su lugar a la deportista de la familia Loud como ya lo había hecho con más la mitad de las chicas.

—Además de las que me faltan.

El pensamiento puso una sonrisa en su rostro.

Gracias por leer. Ahora a una de mis partes favoritas: Revisar y contestar los reviews.

ALSADuo: Pues ya firmaste, espero lo disfrutes. :)

viruzpiratanoobxd: Más que planear, Clyde improvisa sobre la marcha, que hasta ahora le ha resultado, pero sería bueno que fuera planeando las cosas. Lola solo hizo lo que hizo por ganar, que pensaba era ella la que estaba manipulando a un juez como ya acostumbra. Gracias por tus palabras, que están sin duda llenas de verdad, por lo que le seguiré. Gracias.

Jonas Nagera: Esos dos sería muy buenos compañeros de celda, al menos lo que durara Clyde que no me lo imagino terminando vivo una sentencia como la que se está ganando. No entendí lo de la charca de loco, ¿querías decir de lodo? Cercas, que sólo fraltó la tierra, Clyde es un cochino limpio. Espero pienses en lo que te propuse y aceptes por favor.

364wii: Excelent! I hope like this now.

Darkness Rissing: Cierto, hay mucha gente cochinota que se aprovechan de los demás buscando favores como lo hizo el juez de Lola. Espero puedas decirme qué te pareció este capítulo.

Jairo De la Croix: Una vez que los perros prueban la sangre (o los pervertidos las lolis) ya no hay vuelta atrás para ellos. Desde el segundo capítulo Clyde se ganó la prisión, lo que ahora está haciendo es sólo sumar años de sentencia, ya veremos si la cumple.