Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Epico

(Epic)

Un fic de The Prime Minister

Traducción por Apolonia


"Dios mío, mira su tamaño," el Dr. Briefs jadeó mientras miraba al hombre acostado en la cama del hospital. "¡Debe pesar al menos 400 libras!"

Bulma negó con la cabeza. "No. Sólo 378. Aún bastante bueno, diría yo," murmuró mientras miraba una de las máquinas de monitoreo.

"¿Crees que le queden cicatrices?" La Sra. Briefs preguntó con preocupación, envolviendo sus manos y apretando con fuerza. "Sería una pena arruinar ese hermoso rostro."

Bulma disparó a su madre una mirada de desaprobación. "¿No deberías estar viendo a Goku?" recordó a su madre con rudeza.

La Sra. Briefs rió y puso una mano en su boca. "Oh, cielos, Bulma, ¡Goku es un hombre!"

"Un hombre adulto con antecedentes de lesiones en la cabeza," murmuró Bulma para sí misma, y siguió la sonda de la máquina con su destornillador.

"Querida, por favor asegúrate de que nuestro joven amigo se sienta cómodo," el Dr. Briefs ofreció. "Estoy seguro de que a Goku le gustaría algo de beber. Ha estado sentado allí por unas cuantas horas."

La cabeza de Bulma se disparó. "Papá, ¿qué hora es?" preguntó con frenesí.

El Dr. Briefs retiró la mano del cableado que sostenía y miró su reloj. "Son casi las once," contestó.

"¡Mamá!" Bulma le gritó a su madre, que estaba saliendo de la habitación. Su madre se volvió y esperó, las manos cruzadas plácidamente en su vientre. "¡Recuerda a Goku para que llame a ChiChi! ¡Si él se fue esta mañana al amanecer probablemente esté desesperada por saber dónde está."

"Bueno, querida," su madre dijo, y se marchó de la habitación.

El Dr. Briefs limpió un poco de el sudor de su frente. "Uh, Bulma," dijo con incertidumbre. "Realmente pienso que deberías tratar de hablar bajo. Tenemos un hombre muy joven gravemente herido, ya sabes."

Bulma abrió los ojos al recordar la situación. "Oh, sí, lo siento," murmuró, mirando a la cara del herido. "Mamá tiene razón. No se vería nada mal parecido si no estuviera cubierto de quemaduras. Puede que incluso sea guapo. Dios sabe que tiene un gran cuerpo," murmuró para sus adentros.

"Creo que si ponemos un poco de ese nuevo gel de él su piel debería sanar bien," comentó el Dr. Briefs, hundiendo las manos en el cableado de una máquina diferente.

Bulma asintió y atornilló en la placa trasera del equipo en el que estaba trabajando, cuidadosamente moviendo el dispositivo hacia el lado de la cama. Puso los tapones en su lugar con respecto a las otras máquinas de monitoreo de signos vitales del hombre y se quedó, con las manos en la parte baja de su espalda. "Vamos a pasar por un montón de gel," dijo, impresionada por el gran número de vendas que los técnicos médicos habían envuelto en él

El Dr. Briefs sonrió a través de su bigote. "Sólo espero que no reciba una dosis excesiva de mejor aspecto cuando esté curado, de lo contrario podría perder a tu madre," bromeó.

"Papá, no podrías perder a mamá aunque lo intentaras," Bulma respondió con una carcajada.


Iba a ser una noche muy larga, Vegeta decidió mientras era empujado y golpeado por los movimientos de Arlianos que lo manejaban. Sus heridas aún estaban sangrando, aunque no con la corriente de antes. Podía oír los suave gemidos de Zarbon mientras los Arlianos lo llevaban también, sus captores moviéndose abajo en la tierra. Después de lo que pareció una eternidad se detuvieron, lanzando a Vegeta y a Zarbon en una celda pequeña y húmeda. Zarbon gritó de dolor al golpear el suelo, y Vegeta sólo cayó y gruñó mientras los Arlianos los dejaban. Los pasos se desvanecieron después de un tiempo, y Vegeta finalmente dejó escapar un suspiro. "Dame una semana y voy a estar listo para arrancarles sus cabezas," gruñó al otro hombre.

"Bien por ti," escupió Zarbon enojado. "No todos tienen tu constitución Saiyajin extraña."

Vegeta hizo una mueca de dolor y ladró una risa. "¿Por qué crees que la familia de Freezer tiene tanto miedo de nosotros?" dijo con una risita.

Zarbon trató de volver la cabeza y no pudo, encontrándose mirando al techo. "Yo no la entiendo," murmuró. "Hace tan sólo tres años este planeta se le dio una calificación A por el informe de reconocimiento. Ahora es más que nada una bola de polvo con poca vegetación y cientos de insectos enojados con armas de fuego gigantes. ¿Qué pasó?"

"Puedo ser de ayuda," una voz del otro lado del pasillo dijo. Vegeta pudo volver su cabeza lo suficiente para ver los ojos rojos de uno de los Arlianos a través de los barrotes de la celda de enfrente.

"¿Cómo es eso?" Vegeta gruñó, tratando de deslizarse en una posición para ver mejor al otro prisionero.

"Hace un año hubo una revuelta en contra de nuestro rey tiránico. Trató de poner fin a esa situación, pero nosotros los rebeldes sabíamos que los soldados reales habían dominado técnicas de energía. Luego hicimos que nuestros mejores ingenieros y científicos crearan un arma que funcionara contra esas técnicas de energía, pero desgraciadamente teníamos un espía que tomó nuestra tecnología y la vendió al Estado, que es como terminamos como prisioneros. La guerra terminó dos meses más tarde, pero con pérdidas gigantescas de nuestro lado. Ahora somos los únicos que quedamos," el alienígena tipo insecto entonó.

"Dime, guerrero," Zarbon jadeó. "¿Cuál es tu nombre?"

"Atlia," el Arliano declaró, con las manos apretando en los barrotes de su jaula. "¿Quiénes son ustedes y qué hacen aquí?"

"Soy Zarbon y este es el Príncipe Vegeta de los Saiyajin. Fui enviado aquí por Lord Freezer para destruir a Vegeta y sus soldados, pero tu gente nos atacó antes de que pudiera disponer de Vegeta," Zarbon, dijo lentamente.

"Ya veo. La desgracia ha caído sobre todos nosotros," Atlia respondió. "No temas, huiremos pronto."

"¿Qué pasa ahora?" Zarbon preguntó, tratando de llamar la atención de Vegeta para asegurarse de que estuviera prestando atención.

Oyeron un gran suspiro proveniente de Atlia. "Todos vamos a ser mantenido con vida hasta que el rey vea a quien poner en el campo de batalla. Allí tendremos luchar hasta la muerte, y cuánto duremos sólo se determina por el tiempo que podamos mantenerlo entretenido," dijo con gravedad.

Vegeta se encontró riéndose por las palabras del hombre insecto. "Si no pudiste adoptar una posición hace un año y pasaron más de dos meses, ¿cómo esperas sobrevivir en la arena? ¡Me sorprende que nuestros informes de reconocimiento dieran a este planeta una calificación A!" se rió desde su lugar en el suelo.

Hubo un bufido restringido y el Arliano continuó. "Hubieron muchos, muchos rebeldes capturados, Saiyajin," dijo en voz baja. "Varios cientos de nosotros han sido ejecutados en la arena. Es por eso que no podemos esperar mucho más para hacer otro movimiento -nuestras pérdidas han sido demasiado grandes ya."

Vegeta se ensombreció y levantó la cabeza un poco para tener una mejor visión del Arliano. "¿Entonces los guardias atenderán nuestras heridas?" preguntó mientras miraba el brillo apagado de luz de las antorchas brillar sobre el exoesqueleto de color púrpura de Atlia. Oyó gruñir a Zarbon mientras el otro hombre lo miraba con sorpresa.

"¿En qué piensas, Vegeta?" Zarbon preguntó, sin saber si le gustaba la dirección que el príncipe estaba tomando.

"En nada, Zarbon. Sin embargo," Vegeta respondió con una sonrisa cruzando su rostro cuando volvió su mirada a la oscuridad por encima de su cabeza, los pensamientos juntándose mientras escuchaba el goteo constante del agua fétida en la esquina.

"Sí, los guardias harán lo suficiente para asegurarse de que no se mueran de infecciones," Atlia respondió.

"Toda una hazaña en este hoyo del infierno, imagino," Zarbon se quejó.

"Quieren competidores sanos," Vegeta interrumpió. "¡Si sigues lloriqueando voy a encontrar una manera de asegurarme de que mueras!"

Zarbon trató de mover su cabeza para mirar a Vegeta y falló, siseando en dolor. "Pareces estar sintiéndote mejor," gruñó. "Pero tengo la sensación de que si yo no estuviera tan herido estarías viendo tus palabras con más cuidado."

"Nunca tendré miedo de ti," Vegeta dijo con altivez, incluso añadiendo su resoplido imperioso.

"¿Entonces qué te ha impedido liberarte?" Zarbon le preguntó a Atlia, ignorando por completo a Vegeta, lo que causó que Vegeta apretara sus dientes en rabia. "Tú pareces más grande que la mayor parte de los guardias que he visto."

Atlia suspiró de nuevo. "Uno de nosotros trató de forzar las rejas de entrada y fue asesinado de inmediato por sus esfuerzos. Tienen toda la estructura reforzada con el mismo tipo de haz que disparan sus armas."

"Maldita sea," Zarbon susurró, y Vegeta se echó a reír.

"No será un problema más adelante," Vegeta rió.

Zarbon sintió rabia alzarse en su estómago y deseó estar en la posición de hacer algo al respecto. "¿De qué demonios hablas tanto, Vegeta?" dijo bruscamente. El Saiyajin se calló de inmediato y pronto todo lo que Zarbon oía era su propia respiración entrecortada.

Vegeta despertó algún tiempo después y se preguntó ociosamente si era de día. Parpadeó en la oscuridad llena de humo de la celda, arrugando su nariz ante el olor de las antorchas en el pasillo. Se quejó mientras el dolor inundaba de nuevo sus extremidades, pero apretó sus dientes y reunió fuerzas para incorporarse. Maldito sea ese Freezer, maldito Zarbon y Radditz, y malditos esos Arlianos por hacer esto con él. Se escabulló en contra de una plataforma de piedra que sobresalía de la pared, que asumió debía servir como una cama y se apoyó en ella con un suspiro. Volviendo su cabeza, entrecerró sus ojos en la penumbra para inspeccionar mejor sus heridas. Debió haber habido algún problema con la calibración del arma que disparó contra él, porque sus heridas no habían sido cauterizadas con la explosión. Las dos heridas en los hombros curarían lo suficientemente bien, siempre que no usara sus brazos demasiado y comenzara a sangrar de nuevo. Una mirada a su muslo le mostró lo que realmente sería problemático: la herida seguía sangrando lentamente, la sangre parecía más oscura de lo normal, y podía sentir una leve picazón comenzando alrededor de los bordes de la carne desgarrada. Frunció sus labios en frustración y examinó sus alrededores, revisando las cosas que pudieran ser de utilidad. Habían dos de las paletas de piedra, pero aparte de eso la celda estaba vacía, salvo una cubeta en la esquina que serviría como un orinal. Las piedras eran negras y viscosas por la humedad, y las barras estaban recubiertas de sustancias extrañas, posiblemente limo. Las barras parecían tan frágiles; sería fácil cometer un error y ser vaporizado cuando parecía que todo lo que tenían que hacer era acercarse y doblarlas como ramitas bajo sus fuertes manos. Su mirada parpadeaba sobre las barras y se dio cuenta de que Zarbon todavía estaba en el suelo, inconsciente, cerca de la puerta de su celda. Sus mejillas pálidas azul verdosas estaban sonrojadas de manera poco natural, y Vegeta maldijo entre dientes al darse cuenta de que Zarbon probablemente ya tenía las heridas infectadas. Apretó sus dientes y corrió al hacia el otro hombre, con su única pierna buena para moverse. Al acercarse a Zarbon, levantó una mano con cuidado y llevó el guante a sus dientes, mordiendo la tela y usando el movimiento de su cabeza para sacarlo. Cuidadosamente colocó sus dedos sobre la frente del otro alienígena y frunció el ceño por el calor irradiado de Zarbon. Vegeta luchó de nuevo con el guante en frustración y gruñó una vez más. Si él iba a salir de aquí iba a necesitar Zarbon vivo y sano. El alienígena aparentemente quería que Vegeta siguiera con vida, ¿o sino por qué se hubiera arriesgado tanto para cuidar y salvar a Vegeta? El ceño fruncido de Vegeta se profundizó, pero se dio cuenta de que podía utilizar ese hecho a su favor. Zarbon era todavía más fuerte que él, aunque odiaba tener que admitirlo, y él necesitaría la fuerza del alienígena para escapar. Un chirrido llamó su atención y su cabeza se disparó, su cuerpo instintivamente reuniendo energía para defenderse. Un tazón fue empujado a través de una ranura debajo de las barras por un guardia que se trasladó apresuradamente por el pasillo, y Vegeta levantó la cabeza un poco para oler lo que era. Era difícil distinguir entre los olores en el lugar húmedo, pero sus agudos sentidos Saiyajin lograron detectar un olor que jamás pensó que añorase por tiempo: agua limpia.

"Tu amigo se ve como si fuera a morir," una voz dijo desde la celda de enfrente. Vegeta intencionadamente no vio en la dirección del orador o se encontró con los ojos rojos brillando débilmente en la oscuridad.

"Tú subestimas la voluntad de un Saiyajin," Vegeta gruñó en voz baja, en voz demasiado baja como para que alguien más oyera. Utilizó su pierna sana para empujar más a la taza, inhalando profundamente el aroma fresco de buena agua. Sus dientes blancos brillaron en la penumbra oscura y lentamente dirigió una mano para recoger la taza. Sus guantes encontraron el frío del hierro, y su frente se frunció el ceño cuando se dio cuenta de que la taza pesaba demasiado para que él la levantara sin volver a lesionarse a sí mismo. Zarbon tosió un poco en su sueño, y Vegeta miró a su cara enrojecida. Vegeta suspiró y se estiró con una mano en el hombro opuesto, enganchando un dedo a través de la tela que había arrancado cuando sufrió las heridas y desgarrando la tela del largo de su brazo. La manga se desprendió en la mano, y se estremeció mientras un frío, húmedo viento le tocó el brazo desnudo con manos húmedas. Mojando la tela en el agua, la apretó sobre los labios de Zarbon. El otro alienígena tosió y abrió la boca un poco, Vegeta bajó la tela para asegurarse de que la humedad hiciera contacto con el medio de la lengua de Zarbon. Los ojos ámbar de Zarbon se abrieron en parpadeos y miró a Vegeta, sin comprender.

"¿Qué...?" comenzó débilmente, pero Vegeta lo hizo callar con otro apretón de la tela.

"Cállate," Vegeta dijo. "Yo nunca, NUNCA, quiero oír ni una sola palabra sobre esto." Zarbon esbozó una sonrisa y abrió la boca una vez más para recibir la humedad.

Cuando Zarbon se llenó y Vegeta había bebido un poco de agua él también, mojó el paño de nuevo en el líquido y se secó suavemente en la herida en su pierna, manteniendo la tela con su cola para no tener que esforzarse con sus brazos. Habían momentos en que un apéndice adicional venía muy bien. Siseó mientras el agua entraba por el agujero abierto en su pierna, pero se mantuvo inundando la herida con el agua, repitiendo el procedimiento en las heridas de Zarbon también, y finalmente terminó dejando la tela ensangrentada en la frente de Zarbon, cambiándola cada tanto por agua más fresca. Zarbon murmuró algo en su sueño y Vegeta suspiró, dejando caer sus hombros, y esperando a que les entregaran agua de nuevo.


"¿Dónde dijiste que lo encontraste?" Bulma preguntó mientras miraba fijamente a los rasgos afilados del alienígena. Su condición se había estabilizado durante la noche, pero estaba todavía inconsciente por sus heridas, y Bulma en realidad lo prefería así.

Goku la miró sin comprender. "En un cráter," respondió, sus ojos negro estudiando al alienígena también.

Bulma suspiró. "Sabes lo que quise decir. ¿Cómo llegó al cráter?"

Goku le lanzó una mirada. "Oh. Estaba en una pequeña cosa tipo nave. Tuve que abrirla para sacarlo," contestó, volviendo su mirada hacia el gran hombre en la cama.

"¿Una nave?" los ojos de Bulma parpadearon varias veces con asombro. "¿Como una cápsula espacial o algo así?"

Goku la miró, su cara llena de exasperación. "Por supuesto, una cápsula espacial," dijo, con voz cansada, y ella sintió como si se tratara de otra persona mirándola desde sus ojos. "Tiene que ser un alienígena."

La boca de Bulma se quedó boquiabierta. "Pero tiene una cola, Goku. Tú solías tener una cola, también. Así que si él es un alienígena, entonces tendrías que ser uno también."

Goku le dio otra mirada extraña de mucho sufrir. "¿Eso te sorprende? Tú siempre me has dicho cuando éramos niños que no podía ser humano."

Bulma se puso seria y miró al suelo. "Siempre estaba bromeando," murmuró. "Sinceramente, imaginé que eras una especie de mutante, sobre todo cuando nada malo te pasó cuando perdiste tu cola para siempre. Supuse que eras sólo genéticamente desviado en este sentido. Se dice que los seres humanos evolucionan a partir de los simios, después de todo."

Goku suspiró. "Tienes razón, Bulma," dijo, sonando más bien como su viejo yo. "Pero siempre me he sentido diferente."

Bulma sonrió y se acercó a él, hasta a poner una mano en su hombro. "La única forma en que eres diferente al resto de nosotros, Goku, es que no has sido corrompido por la forma en que nuestra sociedad funciona," dijo en voz baja. "Eso siempre será así, no importa de dónde termines siendo."

Goku le sonrió, satisfecha. "Entonces, ¿quieres verla?" balbuceó, volteándose y tomando sus dos manos entre las suyas.

Fue el turno de Bulma para mirarlo fijamente. "¿Ver qué?"

"¡La nave!" Goku cantó y la sacó de la habitación.

En el momento en que se fueron los párpados del hombre postrado en la cama se abrieron. Esa voz... sonaba tan parecida a la de su padre. Abrió sus ojos un poco más, la piel quemada alrededor de ellos tirando dolorosamente tensa. Las brillantes luces de la sala perforaron sus dañados ojos, y se apresuró a cerrarlos de nuevo, teniendo cuidado de no apretar. ¿Dónde estaba? ¿Lo logró? Sintió la pelusa gris acumularse en el borde de sus pensamientos mientras su control de conciencia se escabullía, disolviendo su entorno actual y formándose en otra cosa.


"¿Qué?" Radditz dijo, mirando a la oscuridad mientras su mano apretaba el altavoz del scouter en su cabeza. "¿Cómo puede ser eso?"

"Estás reaccionando bien, soldado," dijo la voz Nappa. "Freezer nos ha asegurado que ahora que nuestro planeta natal ha sido destruido, podemos considerar su imperio nuestro nuevo hogar."

Radditz parpadeó, sin ver a las decenas de cuerpos apilados delante de él, todavía humeante de recibir ráfagas de ki. Visiones de su padre danzaron en su mente, como cuando había visto al hombre por primera vez, cuando luchaban juntos para eliminar un planeta, o una de las pocas, tranquilas veces donde se sentaban para conversar en los barrios que compartían en el cuartel. Aunque sólo era el hijo de un guerrero de tercera clase, Radditz había demostrado un gran potencial desde su nacimiento hasta llevarlo en los primeros lugares de su casta, y su padre había estado orgulloso de eso, tomando al niño bajo su protección y entrenándolo él mismo, un rareza entre los Saiyajin. Luego Radditz cumplió seis años, edad suficiente para salir y limpiar planetas por su cuenta. Ahora, mientras limpiaba un planeta especialmente difícil con éxito, Nappa lo llamó por radio, diciéndole de la muerte de su padre y la destrucción de su planeta. "¿Cuántos sobrevivieron?" preguntó el niño a su comandante, rápidamente haciendo cálculos en su cerebro.

"Tres," fue la respuesta lacónica de Nappa.

Radditz quedó sin aliento. "¿Sólo tres?" gritó. "¿Qué pasa con mi hermano? ¡Se programó su despegue hoy!"

"No sé. Los registros de lanzamiento se perdieron con el planeta."

"¿Mi padre?"

"Presumiblemente destruido," Nappa, dijo con frialdad.

"¿Pero el príncipe está bien?" Radditz preguntó con urgencia, después de haber sido informado por su padre su principal preocupación siempre era para el rey, que se haría cargo de su pueblo en su momento.

"Sí, Vegeta está bien. Él estaba limpiando su propio planeta cuando sucedió," Nappa respondió, la voz sonando cansada y aburrida. "¿Ya está?"

Radditz bajó la cabeza, sintiendo sus mejillas arder con sangre. "Sí, señor. Informo el planeta limpio, por cierto, señor," murmuró.

"Muy bien. Lord Freezer estará encantado de escucharlo," Nappa retumbó, y cortó la comunicación.

Radditz desconectó su scouter de su cabeza y lo puso en el suelo junto a él mientras se doblaba de dolor. La humedad amenazó con caer de sus ojos, pero se negó a permitir tal cosa, apretándolos una vez más. Su padre, su pueblo había desaparecido. Él era un niño, solo en el universo.

Luego un pensamiento vino a él: tenía un hermano. Kakarotto, a quien justo había visto el día anterior. Su padre estaba demasiado ocupado con misiones para realmente molestarse con el nuevo infante, pero Radditz había visitado al niño por sí solo, preguntándose cómo se veían los recién nacidos. Radditz también se preguntó cómo se vería su madre, pero había escuchado rumores de que ella era de rango más alto que Bardock, y por eso no se los veía seguido a los dos juntos, aunque sabía que hombres habían sido asesinados por su padre por hacer comentarios por la decisión de su madre. A veces se había preguntado si sus padres se habían unido, pero no le había importando entonces. Radditz puso una mano en el vidrio que envolvía al bebé, mirando en desaprobación mientras el bebé gritaba con todas sus fuerzas. Las palabras llegaron a sus oídos desde la sala de rejuvenecimiento, que estaba al lado de la guardería. "¿Quién quiere molestarse con el hijo de un soldado de clase baja?" escuchó a la voz de su padre decir amargamente, y entendió entonces la verdadera razón detrás del rechazo de sus hijos. Bardock sabía que sus hijos no tenían un futuro real en el ejército Saiyajin, sin importar cuán fuertes se volvieran, y eso lo corroía. Bardock había sido un hombre inteligente, pero la simple distinción de clases le había impedido ascender en los rangos a él mismo. Después de escuchar las palabras de su padre se había ido de la guardería y fue a prepararse para su propia misión fuera del planeta.

Había envidiado al príncipe, de niño. El rey era muy cercano a su hijo cuando las circunstancias lo permitían, mirando al niño con un orgullo no disimulado mientras el amargo rostro del príncipe estudiaba sus alrededores. Incluso había visto al rey poner una mano sobre el hombro del príncipe una vez, sonriendo mientras su hijo atacaba a uno de los consejeros de su padre. El rey obviamente quería a su hijo, y Radditz deseaba que su propio padre se hubiera sentido de la misma manera. El príncipe tenía todo; un padre, un futuro, un poder más allá de la creencia. Luego Freezer había destruido todo, averiguó después, y la envidia que Radditz había tenido por Vegeta se había convertido en una leve tristeza, porque no importaba la posición en la vida, Radditz todavía tenía la posibilidad de un hermano.

"Kakarotto," resolló mientras el pasado se disolvía y las brillantes luces de la habitación llenaban sus ojos una vez más.


"Wow," Bulma dijo mientras pasaba sus manos por la superficie de la nave. Goku había hecho volar completamente la parte superior de la cosa, pero más allá de eso estaba en maravillosas condiciones. "¿Qué tipo de material es este? murmuró para sí misma mientras tocaba y revisaba. Goku estaba de pie al lado, suspirando mientras miraba a Bulma revolotear alrededor de la nave. Bulma saltó a través del agujero volado en la parte superior de la nave y se dejó caer en el acolchado asiento, frunciendo el ceño mientras sentía la humedad de sangre manchando sus ropas. Presionó un botón al azar, esperando que no fuera el que lanzara la nave al espacio exterior. Algo zumbó a la vida y la abrazó, pero todo lo que sucedió fue el crepitar de la estática, luego la grabación de una voz comenzó a reproducirse. Las palabras eran completamente alienígenas para ella, habladas en un idioma gutural que parecía más como un gruñido que un discurso de verdad. Sólo entendió una palabra claramente: Vegeta. "¿Qué es Vegeta?" se preguntó en voz alta, mirando al cielo a través del agujero. Plantó sus pies para salir de la nave y su zapato tocó algo suavemente. Bajando la vista, se dio cuenta que un extraño dispositivo estaba en el suelo de la nave, compuesto de un trozo de vidrio verde y una parte que parecía caber perfectamente en una oreja. "¿Qué es esto?" se preguntó, y lo levantó, acomodándolo sobre su oreja. Apretó el botón en el costado y la cosa comenzó a pitar, mostrando caracteres que no podía leer, pero con flechas apuntando a su izquierda. Giró su cabeza y el dispositivo brilló firme cuando estuvo enfrentando en la dirección correcta. Poniéndose de pie, salió de la nave y miró en la dirección que el dispositivo estaba indicando, su boca cayendo abierta mientras se daba cuenta que la cosa estaba apuntando a Goku. "¡Debe leer poder!" jadeó, sacando la cosa y examinándola entre sus dedos.

"¿Y ahora qué?" Goku preguntó con impaciencia. "¿Crees que esté mejor ahora?"

Bulma lo miró sin comprender, sus pensamientos interrumpidos. "No sé sobre él," dijo Bulma, "Pero voy a llamar a casa y hacer que mi papá envíe una tropa para recoger esta cosa. Guardó el dispositivo de lectura y miró a Goku de nuevo. "Esto podría revolucionar los viajes espaciales, Goku," explicó, y él le dio esa sonrisa suya vacante.

"Eso es genial, Bulma. ¿Puedo llevarte de nuevo ahora?" dijo alegremente, extendiendo su mano.

"Dios, estás con muchas ganas de salir de aquí," dijo mientras sacaba su teléfono celular. "Hola, ¿papá?" saludó, y escuchó por unos pocos momentos lo que su padre tenía que decir mientras Goku esperaba con impaciencia. "Sí. ¿Puedo pedirte que envíes un equipo aquí?" preguntó, la mirada moviéndose hacia la nave. "Para levantarla. Sigue las coordenadas de esta llamada. Demonios, ven tú mismo si quieres, podría resultarte digno de tu tiempo," dijo con una sonrisa, sus ojos errando sobre la brillante superficie de la nave una vez más. "Esto podría cambiar todas nuestras vidas para siempre."