Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Epico

(Epic)

Un fic de The Prime Minister

Traducción por Apolonia


Los ojos de Zarbon se agitaron abiertos, apenas necesitando tiempo para adaptarse a la penumbra de la celda mientras su visión se aclaraba. Trató de incorporarse, pero descubrió que sus costillas rotas todavía se oponían. "Eres un sanador lento," oyó una voz ronca decir desde algún lugar de la celda.

"En realidad, se me considera un sanador muy rápido," replicó, toda la situación de la celda subterránea y el temperamental príncipe Saiyajin volviendo a él rápidamente. "Simplemente no soy tan rápido como tú, al parecer."

"No esperaría que fueras tan bueno como un Saiyajin," Vegeta dijo con frialdad, sin moverse para ayudar a Zarbon en absoluto. Había cuidado al maldito alienígena durante un tiempo, unas dos semanas, aunque no tenía forma precisa de marcar el paso del tiempo en las mazmorras subterráneas, y estaba al final de su paciencia.

Zarbon frunció el ceño y se dejó seguir yaciendo en el piso. "Entonces, ¿cómo estás?" Zarbon preguntó ácidamente, frustrado por no poder levantarse y examinar a Vegeta por sí mismo. Los Saiyajin siempre habían sido brutales y él realmente no se fiaba de los métodos de curación de Vegeta.

"Estoy casi bien," Vegeta espetó desde su lugar en la plataforma de piedra, mirando el pecho de Zarbon alzarse y caer rítmicamente. Se agachó y tocó la herida en su pierna con cautela. A pesar de que había escapado de la infección estaba seguro que iba a dejar una cicatriz desagradable.

"Debo haber sido mucho más dañado de lo que pensaba," Zarbon se preguntó, cerrando los ojos para quitar la sensación granulada. Suponía que sólo se había roto una costilla o dos, pero al parecer tenía que haber habido una buena cantidad de daño interno. El disparo de Vegeta había sido sin duda algo más. Pero tuvo que preguntarse por qué el Saiyajin estaba tomándose tanto trabajo para mantenerlo con vida. Se aclaró la garganta, volvió su cabeza para poder ver al menos parte de Vegeta mientras hablaba. "¿Entonces por qué te tomaste la molestia de cuidarme para que recupere la salud?" preguntó, observando con cuidado cualquier pista parpadeante en el rostro del príncipe.

Los labios de Vegeta se curvaron en una sonrisa. "Por qué, Zarbon, sólo podrías ser el mejor señuelo en el universo," dijo, el humor frío enroscándose alrededor de su voz.

Los ojos de Zarbon se abrieron como platos. "¿De qué estás hablando?" dijo en voz baja, su ritmo cardíaco empezando a aumentar.

Vegeta parpadeó, la sonrisa no desaparecía de su rostro. "No pienso quedarme aquí indefinidamente," respondió. "Cuando llegue el momento en que realmente estés lo suficientemente fuerte como para sobrevivir contra ellos por un rato mientras yo promulgo el resto de mi plan."

"¿Plan?" Zarbon dijo con voz débil, gustándole el patrón de pensamiento de Vegeta cada vez menos.

Una pequeña risa escapó la garganta de Vegeta. "¡Por supuesto! Todo el trabajo y nada de juego aburren a Vegeta, y hastían, muchacho. A este planeta se le dio una calificación de A, y nos mandaron para limpiarlo. No hay razón por la que no podamos tener un poco de diversión con ellos, ¿eh?"

Zarbon pensó que sus ojos iban a salir de su cabeza por la incredulidad. ¿El Saiyajin tenía un deseo de muerte? "¿Cómo diablos vas a conseguir pasar todas estas armas?" dijo bruscamente. "¿Has olvidado con la facilidad con la que mataron a Nappa? ¿Con qué facilidad nos capturaron? ¡Un infierno entero por el gran bien que nos hizo que seas el más fuerte de los Saiyajin entonces!"

La sonrisa de Vegeta vaciló por un momento, y sus cejas perpetuamente hundidas se fruncieron aún más. Zarbon contuvo la respiración y esperó tensamente por un golpe de muerte, pero después de unos segundos llenos de filo el rostro de Vegeta se relajó y una pequeña sonrisa agració sus labios una vez más. "¿No sabes la razón por la que Freezer nos teme, Zarbon?" susurró, inclinándose hacia el otro alienígena. "Los Saiyajin sanan rápidamente de las heridas mortales, y cuando lo hacen son automáticamente más fuertes. Te garantizo que les tomará el doble para derrotarme la próxima vez."

Fue el turno de Zarbon para endurecerse. "Eres un tonto, Vegeta," murmuró, mirando al rostro del Saiyajim convertirse en una máscara de rabia. "Aunque tu poder se duplicó todavía no está cerca del mío. Sin embargo, mira lo fácil que fui derrotado."

La boca de Vegeta se torció en rabia antes de acomodarse de nuevo. "Ríndete ahora, si quieres, pero yo tengo venganza qué lidiar y un universo por gobernar. Sólo di la palabra y yo te dejaré morir aquí como el pedazo de basura que eres."

Zarbon suspiró mientras se maravillaba que aún estuviera con vida. Generalmente el temperamento del Príncipe era mucho peor. "A diferencia de ti, Vegeta, yo valoro la vida. Además, tengo mis misiones por cumplir también."

"Entonces tenemos un entendimiento," Vegeta murmuró, cruzando sus brazos sobre su pecho y agitando su cola con impaciencia.

"No te precipites por recuperar tu salud," una voz dijo a través del pasillo. Zarbon vio los ojos de Vegeta levantarse bajo sus espesas cejas para mirar al interlocutor.

"¿Qué diablos estás diciendo?" Vegeta espetó, descruzando uno de sus brazos y flexionando su puño.

"Una vez que estén saludables los harán luchar en la arena, ¿recuerdas?" dijo de nuevo la voz, y Zarbon finalmente reconoció al orador como Atlia.

"¿Y qué te hace pensar que debería estar preocupado por eso?" Vegeta respondió fríamente, volviendo su brazo lentamente a su posición anterior.

"Vegeta, si nunca hubiéramos tenido algo de qué preocuparnos en este planeta no hubiéramos terminado en este calabozo," reprendió Zarbon. Las cejas de Vegeta se torcieron en molestia e ignoró ex profeso al alienígena.

"El de piel verde tiene razón," Atlia continuó. "La nueva guardia del rey no necesita las armas que los otros sí. Prácticamente pueden hacer lo mismo por ellos mismos."

Zarbon se movió en sorpresa y trató de sentarse. "¿Qué? jadeó mientras hacía un gesto de dolor, finalmente logrando levantarse sobre un codo y mirar al alienígena a través del pasillo. "¿Estás diciéndome que la guardia del rey puede usar ataques perforadores de ki?"

Atlia parpadeó, o mejor dicho, hizo lo equivalente a parpadear, y dio un paso atrás de las barras de su celda hasta que se desvaneció en la oscuridad. Vegeta resopló y deslizó sus piernas sobre el lado de su losa, envolviendo su cola cuidadosamente sobre su vientre. "Como si eso me molestaría," Vegeta murmuró.

"¿Has perdido la cabeza?" Zarbon exclamó, volviendo su cabeza para mirar al Saiyajin. "Déjame recordarte nuestra situación actual."

"Tú has estado inconsciente un largo tiempo, Zarbon," Vegeta dijo tranquilamente y examinó sus manos. "Te lo has perdido. A nuestro amigo frente a nosotros le gusta durante horas sobre el nuevo malvado rey y la manera que maneja las cosas."

"¿Por ejemplo?" Zarbon espetó, colapsando de nuevo en el suelo cuando la fuerza en el brazo que lo estaba sosteniendo dejaba de funcionar.

¡Como si fuera a decirte ahora que todos los demás están escuchando! La voz de Vegeta golpeó la cabeza de Zarbon. La mandíbula de Zarbon cayó lentamente.

"Eres telepático," Zarbon susurró demasiado bajo para que nadie más oyera.

"Hay muchas cosas que no conoces sobre los Saiyajin," Vegeta dijo con brusquedad, dándole la espalda y dejando que la punta de su cola azote de un lado a otro en el aire. "Descansa mientras puedas, Zarbon," advirtió, y en poco tiempo él también se tiró a dormir.


"Dios mío, Bulma, ¡esta cosa es magnífica!" El Dr. Briefs silbaba mientras corría una mano sobre la suave superficie de la nave.

"¿No es genial?" Bulma sonrió, de pie con sus manos plantadas en sus caderas.

"¿Es peligroso?" ChiChi preguntó desde donde ella estaba, Gohan apoyado en su cadera.

"No a menos que Papá la haga explotar accidentalmente," Bulma respondió con calma, y sonrió mientras la otra mujer daba unos pasos hacia atrás. ChiChi le caía bien, pero a veces la mujer era demasiado paranoica. Gohan era un niño adorable, pero ChiChi subestimaba su valor en la mayor parte de las cosas. Después de todo, no era como si la nave hubiera sido enviada desde el espacio con el único propósito de destruir a su hijo. Bulma suspiró; tal vez sólo estaba celosa. A ella no le molestaría tener hijos algún día, pero la idea de casamiento simplemente no le gustaba. Haría falta un imponente hombre para que ella siquiera lo considere, y no hubo conocido a ese hombre todavía.

"¿Bulma?" una voz vaciló, sacándola de su ensueño. "¿Se supone que las máquinas en la habitación del hombre herido hagan todos esos ruidos?"

Bulma se centró en la figura viniendo hacia ella y se dio cuenta con leve sorpresa que era Goku. "¿De qué estás hablando?" preguntó ella con urgencia.

Goku se encogió de hombros y miró a su mujer moverse con su hijo en su cadera. "Es sólo que las máquinas en la habitación del alienígena están haciendo toda clase de ruidos extraños, eso es todo."

"¿Por qué diablos no me dijiste?" Bulma espetó, mirando a su padre, quien asintió, y salió corriendo de la habitación.

"¡Acabo de hacerlo!" Goku dijo, bajando las cejas en confusión. Bulma gruñó y siguió corriendo, entrando en la sala de enfermería a pocas puertas de distancia. El escáner cerebral se estaba volviendo loco, las ondas se alzaban de forma errática en patrones que nunca había visto antes. ¿Se estaba despertando? Bulma miró alrededor y tomó una jeringa. Una botella estaba cerca, y llenó rápidamente la jeringa y la metió en el brazo del hombre. Unos momentos más tarde las ondas se calmaron y una vez más asumieron el patrón del sueño. Ella suspiró y pasó una muñeca a través de su frente, cerrando sus ojos en alivio. La botella llamó su atención y la examinó, asegurándose que lo hubiera inyectado con lo correcto. Efectivamente, la botella contenía un fuerte sedante, y dio un respingo mientras se daba cuenta lo que podría haber habido en la botella. Debería haber sabido mejor que inyectar sin mirar. Una tos sonó detrás de ella, y se volteó para encontrarse a su padre en la puerta.

"¿Qué fue eso?" preguntó mientras entraba en la habitación. "Nunca había visto ondas cerebrales actuar de esa manera antes."

"Se estaba despertando," Goku dijo mientras entró en la habitación. "Estaba llamando a alguien llamado Kakarotto."

"¿Cómo lo sabes?" Bulma espetó, frunciendo el ceño al hombre inconsciente.

Goku le parpadeó. "Estaba prácticamente gritándolo," respondió, obviamente sorprendido por su pregunta.

"Goku, mi muchacho, él nunca dijo una palabra," el Dr. Briefs respondió, y la boca de Goku se abrió.

Los ojos de Bulma se ampliaron como platos mientras miraba a su padre. "¿Crees qué?" susurró, mirando de nuevo al hombre en la cama.

"No sé si eso es posible," dijo su padre, caminando al lado de la cama del hombre.

"Él es un alienígena, después de todo," Bulma comentó en voz baja. "Podría hacer todo tipo de cosas que nosotros no podemos."

"Él tiene una cola," Goku ofreció desde la puerta.

"Sí, Goku, muy bien," Bulma dijo ausentemente.

Goku frunció el ceño y dio otro paso en la habitación. "Quiero decir que tal vez él y yo somos de la misma gente. Si eso es cierto, entonces debería ser capaz de hacer cualquier cosa que este sujeto puede."

Bulma arrancó su mirada lejos del hombre masivamente lastimado y miró a su amigo de la infancia. "Supongo que es posible. Si eres de la misma raza explicaría por qué está aquí, más o menos."

"Tal vez te está buscando a ti, Goku," ofreció el Dr. Briefs, alejándose de la cama.

Bulma sacudió su cabeza. "Está bien, digamos que Goku y este sujeto son de la misma raza. Realmente no es difícil creer que Goku sea un alienígena. Eso explicaría la cola. Pero tú nunca mostraste signos de telepatía, ¿o sí?"

Goku se encogió de hombros sobre la cama. "No lo sé. ChiChi generalmente tiene los mismos sueños que yo," respondió, pero la atención de todos los demás volvió a las máquinas mientras el monitor cardíaco parpadeaba.

"Oh, espero que no haya arruinado la dosis," dijo Bulma, y acercó su mano para revisar el pulso en el cuello del hombre.

"Pero tú nunca has sido capaz de decirle algo a tu esposa directamente desde tu mente, ¿o sí?" dijo el Dr. Briefs, continuando su tópico anterior.

Goku sacudió su cabeza. "Bueno, no, pero nunca lo he intentado."

Bulma suspiró, algo que notó que estaba haciendo mucho. "Pero papá," comenzó, luego gritó mientras un agarre de acero repentinamente envolvió su muñeca. Bajó la vista en horror, dándose cuenta que el alienígena tenía un buen agarre en ella y la estaba mirando con duros ojos negros.

"Kakarotto," gruñó el alienígena, apretando más fuerte su muñeca.

"¡Goku!" Bulma gritó mientras desesperadamente trató de hacer fuerza para sacar los dedos del hombre de su muñeca. Goku entró en acción una vez más, acelerando hacia el lado de Bulma y agarrando la mano del hombre con la suya.

"Suéltala," advirtió mientras miraba al rostro del hombre.

"¿Padre?" dijo el hombre, la expresión en los ojos vacilando. "¿Por qué estás hablando estándar?"

Bulma sintió el agarre relajarse y se soltó, saltando para acurrucarse junto a su padre como si el pequeño anciano pudiera protegerla del bruto postrado en la cama. Goku la miró en alivio antes de volverse al hombre. "Yo no soy tu padre. Soy Goku," dijo, tratando de descifrar la mirada en los negros ojos del otro hombre.

Los ojos del hombre se ampliaron más y agarró la muñeca de Goku con ambas manos. "Supongo que la dosis que le diste no fue suficiente," susurró el Dr. Briefs a su hija mientras miraban los músculos de Goku tensarse en anticipación para luchar.

"¡Hermano!" soltó el hombre. "¡Kakarotto!"

Goku suspiró y trató suavemente de soltar las manos del otro hombre. "Escucha, no sé de qué estás hablando. No sé quién eres tú ni a quién estás buscando, pero pareces estar bastante delirante y no creo que quién tu quieras esté aquí. Tal vez deberías intentar descansar."

El hombre frunció el ceño y apretó su agarre. "¿Qué juego estás jugando, Kakarotto? Te ves igual que nuestro padre, ¡no hay forma de equivocarse!"

Las facciones de Goku se quedaron sin color mientras cesaba de resistirse del agarre del hombre. "¿Qué?" tragó saliva.

"¿No recuerdas nada?" el hombre gimió. "¡Soy Radditz, tu hermano mayor!"

"Yo no tengo un hermano," Goku protestó. "¡Y mi nombre es Goku, no Kakarotto!"

Radditz se sentó con cuidado y examinó la habitación detrás de Goku, espiando a Bulma y a su padre. "¿Por qué no cumpliste con tu misión?"

Goku estaba empezando a sentir pánico por los márgenes de su consciencia. "¿De qué estás hablando?" preguntó, la voz alzándose en tono. "¿Qué misión?"

Radditz suspiró y cayó en su almohada. "Fuiste enviado aquí cuando eras un bebé desde nuestros cuarteles para limpiar este planeta de vida para que pudiéramos vendérselo a nuestro empleador," dijo. "¿Entonces qué pasó?"

Goku lo miró en shock. "No tengo idea de lo que estás diciendo," respondió.

"¡Eres un Saiyajin, Kakarotto!" Radditz protestó. "¡no hay forma que pudieras haberte olvidado!"

Goku se armó con una sonrisa tonta. "Bueno, sí sufrí una seria lesión en la cabeza cuando era niño. ¡Deberías ver la cicatriz!" rió.

"¿No te acuerdas de nada?" Radditz dijo en maravilla, mirando a su hermano. No hay manera de que pudiera estar equivocado: la voz, el cabello, todo era exactamente igual a su padre. Esta persona Goku tenía que ser el perdido Kakarotto.

"No," Goku sonrió. "Nada."

"¿Entonces cómo explicas la cola?" Radditz siseó, sintiendo frustración crecer en su abdomen.

Goku se giró y le mostró a Radditz su trasero. "Sin cola," dijo calmadamente, sin notar lo que palideció Radditz. "La perdí cuando era un niño."

"Hermano," Radditz susurró. "¿Cómo te puedes permitir vivir así?"

"Escucha aquí, amigo," una alga, aguda voz interrumpió en la habitación, y Radditz giró su cabeza hacia el orador. Era una mujer, con fino cabello y ojos azules, una piel de color cremosa y bastante voluptuosa. "Goku ha vivido aquí toda su vida. No sé lo que eres tú o de donde vienes, pero él es, por todos los efectos, un terrícola."

"Él es un Saiyajin," Radditz replicó. "Tiene que serlo. ¿Cómo explicas la cola que tuvo?"

La hermosa mujer se encogió de hombros. "Hay cosas tales como mutaciones genéticas, sabes," dijo. "¿Son completamente ignorantes en el planeta de donde vienes?"

"Bulma," Goku advirtió. "No conocemos la historia de este sujeto todavía."

Radditz estuvo a punto de responder cuando un pequeño niño entró en la habitación y se envolvió alrededor de la pierna de Kakarotto. "¡Papi!" gritó el niño, aferrándose a las ropas de su padre. "¡Te fuiste tan rápido que mamá pensó que algo malo sucedió!"

"Está bien, Gohan," Goku respondió, agachándose para acariciar la cabeza del niño. Radditz miró mientras la pequeña cola se asomaba por debajo de la ropa del niño y se azotaba de un lado a otro en felicidad.

"Ahí está tu prueba, Kakarotto," Radditz gruñó, apuntando la cola del niño. "Tú eres un Saiyajin y los Saiyajin tienen colas, por lo tanto si no fueras un Saiyajin tu hijo no tendría una cola."

"No importa qué nací. Soy un terrícola ahora," Goku respondió amablemente mientras se agachaba para levantar al inquieto Gohan.

"Y se va a quedar de esa manera," otra voz alta ordenó, y Radditz notó que otra mujer había entrado en la habitación. Tuvo que parpadear, pues ella hubiera sido la viva imagen de una Saiyajin si su cabello no hubiera sido tan lacio, sus ojos tan redondos, y no le faltara una cola. Sus oscuros ojos parecían brillar peligrosamente, y Kakarotto trotó a su lado, dándole al niño.

"¿Es humana?" Radditz preguntó, todavía no creyéndolo del todo. "¿Los Saiyajin pueden cruzarse con los humanos?"

"Supongo," Goku rió, acariciando un poco a Gohan y haciendo al niño reír.

Las cejas de Radditz se torcieron. Esa era una interesante información, y la estaba procesando cuando un espasmo sacudió su cuerpo, enviándolo a caer de nuevo en su almohada. "Suficiente," dijo la primer voz femenina, y la mujer de pelo azul se inclinó sobre él una vez más. "Todavía no está curado y lo hemos molestado lo suficiente. Ahora todos ustedes váyanse. Después de todo, no es como que no puedan venir y verlo de nuevo mañana." Raddtiz miró todos sus muy exquisitos movimientos mientras ella echaba a los demás, finalmente yendo a él y reinsertando los tubos en sus brazos. "Ahora duerme," ordenó. "Tendrás mucho qué decirnos después."

Radditz apenas recordó asentirle mientras la oscuridad parpadeaba en los bordes de su consciencia y se quedaba dormido.


"Levántate," gruñó una voz áspera, despertando a Zarbon de repente. Él levantó su cabeza y se frotó los ojos, dándose cuenta de que debió haber estado muy profundamente dormido si alguien pudo entrar en la habitación sin que él se diera cuenta. Suspiró y se volcó sobre la losa de piedra dura, preguntándose qué estaba transpirando.

"Saca tus sucias manos de mí," oyó sisear a Vegeta, y apresuró sus movimientos hasta el borde de la piedra. Mientras miraba hacia abajo y se daba cuenta con sorpresa que estaba en la litera de arriba, fuera de la suciedad del suelo de la celda por fin, y se sentía notablemente mejor. ¿Seguramente Vegeta no pudo haber hecho algo tan bueno?

"¿Qué está pasando?" por fin se atrevió, mechones de pelo verde cayendo en su rostro mientras miraba por encima del borde.

"Cállate, prisionero," la voz ronca dijo, y Zarbon vio que tres guardias como insectos estaban en la sala, uno de los cuales estaba tratando de poner a Vegeta de pie. El príncipe Saiyajin estaba medianamente desobediente, pero por la expresión en su rostro Zarbon podía notar que estaba divertido más que enojado. Vegeta finalmente pareció cansarse de la lucha y se puso de pie, aunque arrancó su brazo del agarre del guardia.

"Sí, cállate, Zarbon," Vegeta dijo irónico, una leve sonrisa propagándose en sus labios. "Yo no soy por el que debes preocuparte." Dicho esto, salió de la habitación, los guardias corriendo detrás de él con un chirrido mientras sus exoesqueletos entraron en contacto con el duro suelo de piedra. Zarbon vio sus sombras desaparecer por el pasillo largo, y se dio cuenta con un sobresalto que habían dejado la puerta de la celda abierta. Extendió su brazo y trató de tirar de él hasta el final de la losa, pero descubrió que todavía estaba demasiado débil. Gimió y rodó sobre su espalda una vez más, mirando el techo negro en desesperación.

"Se lo han llevado a la arena," la voz de Atlia proclamó desde el otro lado del pasillo. "Él ha sanado por completo, por lo que se lo llevaron a pelear."

La boca de Zarbon se presionó en una tensa línea. Si algo le sucedía a Vegeta Zarbon bien podría considerarse igual de muerto. Necesitaba la ayuda de Vegeta para escapar, sin mencionar las consecuencias de decepcionar a Freezer. Apretó sus dientes juntos mientras se daba cuenta que no había absolutamente nada que pudiera hacer. "¿Y qué pasa si pierde?" le preguntó a Atlia, quien siempre parecía amar soltar información.

"Muere," respondió Atlia. "Los enfrentamientos son siempre a muerte."

"¿Entonces qué hay sobre los ganadores?" Zarbon preguntó sin entusiasmo, realmente no creyendo que Vegeta tuviera alguna clase de oportunidad.

Atlia hizo un extraño gorgoteo, y Zarbon se preguntó si era una risa. "Entonces vive como un rey. Todavía será un prisionero, por supuesto, y no se le permitirá mezclarse con las clases más altas, pero un prisionero que gana para siempre, y por lo tanto vive, es recompensado hermosamente por su valor de entretenimiento. Mientras más viva más recibirá, especialmente ya que es un alienígena y por lo tanto exótico. La gente pagará extra para ver a algo como él."

"¿Tendrá que luchar contra el actual campeón?"

"No de inmediato," Atlia respondió desde la oscuridad de su celda. "Tendrá que luchar con otros prisioneros primero, unos que han ganado unas pocas batallas ellos mismos pero no tienen el potencial de campeón. Son algo así como una prueba para nuevos guerreros.

Zarbon suspiró. "¿Qué clase de oportunidad tiene Vegeta?" preguntó en voz alta.

"Si llega al campeón, ninguna," respondió él, y se retiró en la oscuridad.

"Eso es lo que temía," Zarbon murmuró, y comenzó a hacer un balance de sus heridas una vez más.


Los guardias le dieron a Vegeta un largo trozo de acero y un escudo antes de empujarlo afuera en la arena. Parpadeó ante el repentino resplandor, la luz casi dolorosa después de la oscuridad de las mazmorras. Cuando sus ojos finalmente se ajustaron se dio cuenta que estaba de pie bajo la estructura de un tipo coliseo, la arena hecha de arena con gradas de piedra estirándose lejos de él en todas direcciones. Los asientos estaban llenos de miles de personas como insectos, todos con sus pequeños y brillantes ojos centrados en él mientras él se volvía para mirar a sus alrededores. Gruñó y envolvió su cola alrededor de él más fuertemente, haciendo lo mejor para mantener su realeza a pesar de sus rotas y sucias ropas y agrietada armadura. Un zumbido entró en la audiencia y se dio cuenta que el otro competidor había entrado en la arena. Era, por supuesto, uno de los Arlianos como insectos. Vegeta se preguntó vagamente por qué el otro individuo estaba prisionero. Uno de los guardias que lo había escoltado a la arena salió en el centro y comenzó a gritar las reglas: ninguna otra arma, nada de morder, ningún ataque de ki, y sólo un sobreviviente. Una sonrisa se deslizó por el rostro de Vegeta, pero la fuerte risa de los Arlianos en las gradas llenaron la arena mientras miraban el pequeño tamaño de Vegeta. No podía decir si su oponente estaba sonriendo o no, ya que no podía localizar las bocas de los Arlianos, pero estaba seguro de que estaba siendo muy subestimado en ese mismo momento. "Nunca subestimes a un Saiyajin," susurró mientras el guardia gritaba la orden para comenzar.

Se rodearon de inmediato, Vegeta probando tranquilamente el peso y el equilibrio de la extraña arma. Estaba tentado en tirarla, pero luego el otro individuo seguramente tomaría ventaja de su alcance. Agarró su varilla más fuertemente y se aseguró que su cola estuviera fuertemente envuelta alrededor de su cintura. El Arliano apuñaló brutalmente con la barra, Vegeta esquivando a un lado y dejando que la barra de metal chocara contra su escudo. Dándole al arma del Arliano un empujón al costado se arremetió y empujó una rodilla en el vientre del Arliano. El Arliano se dobló pero no cayó, y Vegeta casi destrozó su rótula en el exoesqueleto de su oponente. Saltando lejos, Vegeta miró al Arliano mientras se levantaba lentamente, sacudiéndose la herida. Vegeta frunció el ceño a las limitaciones de velocidad de su arma pasaba por su cabeza. Era demasiado larga para usarla en un rango cercano, ¿entonces qué más podría hacer? Podría arrojar la maldita cosa, pero quedaría abierto para el ataque. Mientras se ponía de pie pensando que veía el lento goteo de líquido procedente del vientre del Arliano. El Arliano no había caído, pero su exoesqueleto se había roto bajo el golpe. Vegeta sonrió mientras algo vino a él. Hizo un ruido para llamar la atención del Arliano mientras se abalanzaba hacia él, cambiando el agarre en su vara. El Arliano apretó su escudo y lo sostuvo frente de sí mismo para bloquear el ataque, pero Vegeta juntó su fuerza y saltó por todo lo que valía la pena, cayendo sobre la cabeza del Arliano y pateando el escudo fuera de sus manos. Giró en medio del aire, la parte de atrás de sus talones conectándose con la cabeza del Arliano. El Arliano se tambaleó hacia adelante, plantando la base de su vara en la arena para mantener el equilibrio. Vegeta tomó esa oportunidad para lanzarse en todo el frente de su oponente, tomando su escudo y levantándolo bajo lo que supuso era el mentón del Arliano. Sonrió fríamente mientras el Arliano caía hacia atrás, aterrizando con un ruido sordo sobre su espalda. Vegeta siguió su movimiento, echando a un lado su escudo y empuñó su vara con ambas manos y alzándola sobre su cabeza antes de embestirla sobre el ya roto vientre del Arliano. La multitud jadeó mientras el Arliano gritaba en dolor, tomando la vara y desesperadamente tratando de alejarla. Una risa escapó de la garganta de Vegeta y levantó la perdida vara del Arliano, arrojándola con indiferencia en el aire mientras se paseaba por donde yacía el Arliano. El Arliano lo miró en terror y comenzó a suplicar por clemencia. Vegeta apenas sonrió y embistió la vara entre los ojos del Arliano. La multitud se quedó en absoluto silencio mientras el Arliano gortoteaba y crispaba sus últimos respiros, Vegeta sacando la vara cuando estuvo seguro que estuviera muerto. Alzó la vara en el aire sobre su cabeza y rió una vez más, mirando a la multitud con desprecio. Se quedaron en silencio por unos pocos momentos más, luego estallaron en gritos y aplausos. Vegeta recuperó su compostura y se dirigió en silencio hacia la puerta por donde había venido, tomando nota en silencio de cuantos guardias habían, cuántos parecían tener armas y donde estaban ubicados. Los guardias que lo habían escoltado a la arena se acercaron a cada lado de él, y antes de que tuvieran tiempo para parpadear él había enterrado su vara en el corazón de uno de ellos, tomado su arma, y apuñalado al otro también. Ambos cayeron muertos a su lado, alzando nubes de arena mientras golpeaban el suelo. Escuchó a la multitud volverse loca detrás de él y entró en la oscuridad de los calabozos por sí mismo.

"Volviste," Zarbon exclamó mientras él entraba a la celda, mirando por encima del borde de la losa.

"¿Pensaste que perdería?" Vegeta preguntó mientras plantaba sus manos en sus caderas y desenvolvía su cola de su cintura, mirando al alienígena de pelo verde. Zarbon estaba mucho más saludable, aunque todavía se veía lamentablemente débil.

Las finas cejas de Zarbon se juntaron en un ceño fruncido. "No estaba seguro. Podrían haber combatido contra ti con esas extrañas armas suyas. Supongo que fue bien, ¿entonces?"

Vegeta se encogió de hombros. "Supongo. Fue asquerosamente fácil. Nos dieron unas estacas de metal de cinco pies de largo y escudos hechos del mismo material. Ninguna otra arma, ni ataques de ki, sólo mano a mano."

Zarbon suspiró y puso su mano bajo su mentón mientras miraba a Vegeta. "¿Te dijeron contra quién lucharás después?" preguntó, girando su cabeza a un lado.

Vegeta negó con la cabeza. "No, los maté antes de que tuvieran una oportunidad," respondió.

Los ojos de Zarbon se ampliaron, los irises dorados brillando en la penumbra. "¿Los mataste y volviste aquí?"

Vegeta alejó la mirada, estudiando la puerta. "Algunos de los otros guardias tenían esas armas," dijo enojado, y Zarbon se dio cuenta que debía haber lastimado el orgullo del Saiyajin no ser capaz de escapar. "Y además," Vegeta continuó, "quiero divertirme algo mientras esté aquí. Tú no estás bien para ir a ningún lugar, por lo que podría muy bien entretenerme en el ínterin. Confía en mí, Zarbon, cuando llegue el momento no tendremos dificultad de escapar."

Zarbon asintió y Vegeta desapareció de la vista mientras se sentaba en su litera. Zarbon suspiró y giró sobre su espalda, lentamente estirando sus músculos para hacerlos volver a trabajar en condiciones. Había visto un plan formarse en los ojos de Vegeta, pero no estaba seguro qué podría ser. Honestamente, no estaba seguro si realmente quería saber.