Capítulo I
En las más oscuras noches de aquella madrugada de septiembre resonaban los pasos en el frío asfalto, pasos pesados, vacilantes correspondientes a una chica delgada, hombros caídos, de cabeza gacha y ojos sin vida mirando sus pies, de paso los pocos autos que pasaban le iluminaban el cuerpo con sus focos encendidos.
Se sentía el agua correr y el viento gélido abrazaba toda su existencia meciendo también su cabello rubio, podía, de reojo, ver aquellos luminosos carteles pegados al puente cuyos mensajes no afectaba a su corazón ya herido.
Pasando por aquel artefacto de irritante color amarillo subió al barandal del puente quejándose ante el esfuerzo, en silencio se quedó allí sintiendo el viento golpear su cara casi empujándola hacia el piso pero estaba sujetada a ese frío metal con su vida en juego, no importaba nada más, no podía calmar ese dolor en su corazón y tampoco podía apaciguar la voz en su mente que le repetía hasta la más mínima cosa que le dolía.
Soltó un suspiro lleno de decisión dirigiendo su mirada al oscuro agua en la cual apenas se reflejaba la luz de los faroles que estaban por el puente, su movimiento era tormentoso, su corriente peligrosa y era exactamente por eso que debía ser ese lugar.
—Hey rubia.
En aquella voz se sintió un suave tacto a su consciencia sacándola del trance en el que estaba, sus ojos de abrieron con sorpresa y los dirigió a su lado derecho viendo a una chica de cabello alborotado y largo como una larga melena que el viento trataba de mover en su totalidad.
—... ¿Quién eres?
—Te faltó un paso —Ignoraba acomodándose en aquel lugar señalando con su dedo al teléfono de ayuda.
Su cara comenzó a palidecer al ver la serenidad de su rostro al decir aquello, era una expresión tan tranquila que era envidiable pero la odiaba.
—No lo necesito —Pronunció hostil girando su mirada de nuevo al indomable río.
—Pfft —Salió de la chica imitando a la rubia—, es impresionante tu decisión ¿Primera vez? —Preguntó sonriendo de manera ladeada, su voz era juguetona.
La de piel pálida decidió no responder a aquello apretando más y más aquel metal.
—¿Qué eres? ¿Una psicóloga en práctica?
—Era de esperarse que la capitana no se diera cuenta —Reía suave, la brisa se encargaba de llevarla consigo hasta el oído de la emocionalmente dañada rubia la cual se sorprendía al oír esas palabras.
Sus hermosos ojos puros que sin negarlo mostraban como habían sido testigos de cosas que dejaron una cicatriz en ella de forma permanente fueron desviados hacia el rostro de la morena chica quien la miraba aún con la misma expresión, tan seductora, tan juguetona o quizás burlesca, no podía saberlo, a diferencia de ella, sus ojos no mostraban nada de su realidad.
—¿Por qué no te conozco y tú sí a mí? —Preguntó con desconfianza escabullendo su cabeza en sus hombros los cuales eran alzados.
—Tenemos algo en común —Confesaba con naturalidad, su mirada se volvió de nostalgia—, me pregunto qué dirán cuando sepan esto.
De su boca salían risas burlescas que cada vez despertaban más de un sentimiento en la de piel blanca y nariz rosa quien como reflejo tomó la mano de la chica casi con desesperación.
—No le digas a nadie, te lo imploro —Estaba temblando, las risas de ella habían parado al momento del roce pero ahora su sonrisa mostraba burlesca lo que pensaba.
—Estabas decidida a suicidarte, si no digo nada yo van a encontrar tu cuerpo igual —Reía— ¿Ahora no quieres hacerlo?
Ella era hipnotizaste, sus palabras a pesar de ser tan frías mostraban simpleza y calma.
—Entonces... Déjame hacerlo primero.
Aquella morena con cuidado se puso de pie del otro lado del barandal agarrándose a este, los ojos de la rubia se expandieron casi sintiendo su corazón detenerse, ella tampoco mostraba miedo.
—Hagámoslo juntas —Susurró soltándose, el viento la jalaba hacia el final del puente.
Era agresivo, frío, impaciente, aquella chica tenía una sonrisa tranquila mirando el cielo desde ahí.
—¿Qué estás haciendo? —Preguntó la pálida tratando de tomarla, su voz trémula mostraba lo impactante que era el momento para ella.
—Solo no te tires de cabeza —Seductora pronunciaba aquello con normalidad dejándose caer.
Ni un solo sonido salió de la rubia, su temblor cesó sintiendo el viento golpear contra ella e hizo lo mismo al instante y sin cuestionarlo, se tiró a su lado, el sonido del viento era ensordecedor sin embargo sus orejas estaban tapadas quizás por la altura sintiendo solo el palpitar de su corazón ¿Era el miedo? ¿Adrenalina? No lo sabía y no quería saberlo, ya cada vez más sentía el agua cerca de ella, sin saber que pasaría se entregó al destino.
Como un fuerte golpe de mil agujas recibió el agua congelada en su cara y cuerpo, era profundo, supo que no moriría ahí al sentir la mano de aquella chica sacándola a la superficie.
—¿Ahora tienes los pensamientos más claro después del baño? —Preguntó limpiando su mojado rostro, su respiración era dificultosa al frío presionar su tórax.
—¿Por qué? —Preguntó Adora mirando a su alrededor.
—Solo no pises nada, está lleno de vidrio —Reía mientras era mecida por la corriente.
La escuchaba chapotear en el agua aun tomándola del brazo, casi no avanzaba cosa que sacó una risa de la rubia quien nadó jalando a ella ahora del brazo hacia la orilla.
Al salir comenzaron los cansados jadeos de ambas quienes se ponían de pie con el peso que el río puso en su ropa y cuerpo.
—Un gusto conocerla capitana pero tengo que irme —Escapaba con rapidez de la situación, al segundo después sintió el fuerte agarré de la mano áspera perteneciente a la empapada rubia.
—¿Por qué no morí? —Preguntó con voz apagada en un insistente agarre del cual la morena no podía librarse, sólo un quejido salió de ella al voltear a mirarla.
—Mientras más carteles haya, más peligroso es ¿No? —Hablaba con obviedad— Estos carteles en realidad te están dirigiendo a ese lugar.
La rubia siguió su mirar hacia donde ella estaba mirando, había una oscilación distinta en esa parte del río que por arriba no podía notarse.
—Hay una máquina que está cambiando el movimiento del agua que pase por allí así al momento de caer el agua la capa que se tensa al recibir el repentino golpe no sea tan fuerte —Explicaba soltándose mientras la rubia estaba distraída.
—... Heh —Salió de ella, estaba avergonzada.
Al sentir el vacío en su mano miró inmediatamente hacia la morena quien ya estaba bastante lejos, pudo haberla dejado ir, pero no quiso, como un perro moviendo su cola llena de felicidad fue a su lado con rapidez.
—Eres un monstruo —Se quejaba la morena quien abrazaba sus brazos por el frío que el viento aumentaba al agua en su cuerpo.
—¿Cómo te llamas?
—Qué te importa —Respondió apresurando su paso siendo alcanzada al instante—, con razón eres la capitana.
—¿Por qué me conoces? —Preguntó mirando su cara con insistencia— Pfft ¿Acaso eres mi fan? —La rubia con una sonrisa torpe ladeada alzó su ceja mirándola coqueta.
—¡¿Qué?! —Exclamó avergonzada volteando a verla poniendo una de sus manos sobre su cara— ¡No!
—Si lo eres —Reía.
—¡Agh!
Ambas se fueron peleando hasta subir a la parte de la ciudad, siguieron caminando, la morena en silencio y la rubia haciendo preguntas que quizás nunca tendrían respuestas.
—Ve a casa —Mandaba la morena que sacudía su cabello quitándole el agua.
—¿Vamos? —Preguntó tomando su mano, la de frondoso cabello le miró extrañada.
—¿Acaso eres una lesbiana suicida? —Preguntó.
—Pensé que tú también- —Tartamudeaba avergonzada, la morena sólo se quejó.
—Quiero que quede claro que no soy lesbiana —Susurró hostil— ¿Dónde queda tu casa?
—Creo que te estás contradiciendo —Reía apenada la rubia.
—Solo iré por un baño —Respondió a aquella acusación.
—¿Un trago quizás? —La presencia de aquella mujer más alta que ella le intimidaba en otra manera, la morena sólo corrió su mirar.
—... Solo uno.
—Yey —Celebró con amplia sonrisa.
A paso lento la rubia guiaba a la temblorosa chica que solo miraba el alrededor con tranquilidad.
—¿Eres rica? —Preguntó asumiendo al ver la arquitectura de las casas.
—Para nada, soy mantenida así que-
—Mantenida y metiendo a alguien ajeno a casa eh, ¿Quién esperaría eso de la capitana? —Pronunciaba burlesca.
—Creo que todos, es el cliché —Reía con tranquilidad.
—Touché.
Ambas se miraron riendo con discreción al estar ahí en tardes horas de la madrugada, comenzaron a correr así, la morena miró desde atrás a la rubia, a pesar de lo que había pasado con anterioridad ella se veía radiante.
—Puede que si sea tu fan —Comentó, la de cabello claro le miró sonreír y también lo hizo.
Al llegar afuera de la casa la rubia entró como si nada, una casa sin rejas, como si no necesitara protección, esto sacó una suave y silenciosa risa de la morena quien recordaba su lugar para vivir, completamente cerrado por rejas con picos de fierro en el final de estas.
Pasaron en silencio, al dar un paso en el piso interior sus zapatos comenzaron a rechinar por el agua, ambas ocultaron sus risitas y fueron hacia donde la más alta guiaba en esa gran casa.
Al llegar se encerraron en esa habitación amplia llena de trofeos y equipo deportivo, ambas soltaron suaves risitas.
—Pasa a bañarte —Señalaba una puerta.
—¿Toallas?
—Adentro en el cajón de abajo —Indicó con normalidad.
La morena fue con normalidad al baño dentro de su habitación mirándolo, no era tan amplio pero algo era algo, tomó una toalla y salió arrojándola contra la chica alta quien solo agradeció con tranquilidad, una calma antes de la tormenta que la morena conocía bien.
—Hey capitana —Llamó ella, la rubia volteó a mirarla de nuevo— ¿Te quieres bañar conmigo?
La de cabello frondoso la llamó con su dedo mientras escondía por completo su cuerpo en el baño, la alta a paso torpe fue corriendo hacia este lugar viendo a la morena quitarse su ropa mojada.
—¿Lo dices en serio? —Preguntó con un sonrojo al ver el cuerpo de la chica frente a ella.
—No quiero salir y verte colgada, sobretodo porque estoy en casa ajena así que hay que hacerlo —Hablaba con voz melódica pero aun así era fría.
—Nunca se le dice que no a una oportunidad como esta —Sonreía con torpeza.
—Pero —Detuvo poniendo su labio sobre los delgados labios de la rubia— no me toques ¿Lo prometes?
—Lo prometo —Asintió levemente.
—Entraré primero.
Con movimientos fluidos de su mano comenzó a quitar su ropa de su cuerpo, estaba pesada por haber absorbido disolvente universal, colgando en sus manos dejaba las prendas en el lavamanos al quitarlas, nunca había sido tan incómodo esa acción ya que sentía los ojos de la extraña suicida y lesbiana chica sobre ella, no confiaba en la promesa que hizo con la desconocida.
Una vez con su piel al descubierto entró a la ducha levantando el grifo para dar el agua.
—Ah, saldrá helada —Advertía demasiado tarde puesto que la morena había sido bañada en agua bastante fría.
—... Eres lenta —Susurró arisca.
—Ah, lo siento —Apenada soltó una risita nerviosa.
—¿De qué te ríes? Entra y mójate con agua helada también.
—De acuerdo —Obedecía la de cabello tomado quien aún no sacaba sus prendas al haber estado embobada mirando a la de cabello frondoso desvestirse.
Al sacar toda la ropa que impedía ver su piel sintió la mirada de la de hermosos ojos hetero cromáticos, al mirarla algo cohibida tomando su propio brazo con la mano vio su sonrisa ladeada, seductiva, coqueta y desafiante.
—Era de esperarse de la capitana, cuerpo tan formado ¿Usas esteroides?
—¿Es que acaso tengo apariencia de hombre? —Preguntó acomplejada.
—Heh, si lo fueras ya me hubiera acostado contigo —Susurró coqueta—, ah, el agua ya calentó.
—Iré —La rubia dio pasos descalzos hacia la ducha donde se metió con cuidado.
—Se veía más grande desde afuera —Confesaba pegándose a la pared para darle espacio a la rubia quien le miró perdida— ¿Qué es lo que miras?
—No es nada-
—Quítate, me bañaré primero —Con cuidado pasó a su lado escabulléndose, sus pieles se rozaron causando una reacción en ambas distintas.
La blanca se sonrojó mientras la morena sólo hizo una expresión de vergüenza para luego darle la espalda a la rubia quien sentía las gotas tibias que caían sobre el cuerpo de la chica rebotar sobre ella.
Sus hombros eran delgados y finos, su cintura era pequeña, sentía que faltarían pocos centímetros para que sus grandes manos pudieran rozarse al tomarla en ese lugar. Quería comprobarlo. Al ver sus manos moviéndose en un impulso a cumplir con el deseo de su pensamiento se detuvo, incluso su respiración.
La morena quien lavaba su cabello pudo sentirlo, quitando el shampoo de su cara miró de reojo como la blanca retiraba sus manos conteniendo toda acción deseada dentro de ella, su respiración volvió pero era pesada como un perro hambriento siendo detenido por su dueño para demostrar su control sobre este aun teniendo su nuevo plato favorito rozando su boca.
—... Es desagradable —Confesaba la que quitaba toda espuma de su cabello.
—¿Qué cosa? —Tartamudeo pegándose a la pared dándole espacio.
—Te oigo respirar.
—Si, es que suelo hacerlo —Bromeaba, la morena de inmediato le miró enojada, castigándole a lo que la rubia entre risas nerviosas bajó su cabeza para disculparse.
Fijándose la morena en el cuerpo de la blanca chica vio como temblaba levemente captando su temblar.
—... Lo siento, tienes frío ¿No es así?
—Solo un poco.
La de cabello empapado tomó el brazo de la rubia arrimándola contra su cuerpo quedando bajo el agua tibia que calmaba su frío.
—¿Mejor?
Los ojos claros se dirigieron a la más baja entre ellas sintiendo piel contra piel, su cara comenzó a arder alejándose un poco de ella quien insistiendo la apegó a su cuerpo.
—No quiero que te resfríes por mi culpa, por tu casa puedo ver que pagas hasta por respirar y ten por hecho que no quiero pagar tu cuenta de hospital —Informaba con una voz cantarina que salía de aquella boca cuya comisura de sus labios estaba extendida formando una leve sonrisa, subió su mirada a los ojos claros de la rubia consiguiendo encontrarse.
Al salir de la incómoda ducha se rodearon con una toalla, la morena rodeó todo su torso con esto mientras que la rubia sólo su cadera hacia abajo, ambas, sin embargo, tomaron su cabello con una de esas.
Caminando hacia la amplia y oscura habitación se quedaron en silencio aún con la tensión sobre ellas por la escena pasada en el baño, la dueña de casa encendió la luz notando el desorden en su piso y cama apenándose al segundo.
—Vaya ¿Has notado cuando llega una visita a casa y tú dices: "Lamento el desorden" sabiendo que en realidad no lo está? Bueno, realmente estoy esperando tu "Lamento el desorden" para responder: Deberías.
—Lamento el desorden —Se disculpaba avergonzada.
—... Mi cuarto está peor, no te preocupes —Reía estirando las sábanas para luego sentarse allí— ¿Tienes ropa limpia para mí?
La rubia se acercó a ella recostándola sobre la cama la cual soltó un sonido ante la acción, con cuidado apoyó su mano al lado de la cara de quien había salvado su vida.
—Pfft, inténtalo —Reía repentinamente al notar la acción—, eres tan virgen que da vergüenza verte.
La blanca chica se sonrojó al instante con pudor dejándose caer a su lado escuchando la peculiar y burlesca risa a su lado.
—¿Tanto se me nota? —Preguntó tapando sus ojos con el antebrazo.
—Quiero ropa ¿O me tendrás desnuda hasta que mi ropa se seque? —Preguntó acomodándose de lado a ella.
—Heh, parece buena idea —Levantó su antebrazo para verla de reojo, ambas al notar que eran el paisaje mutuo de la otra soltaron leves risitas.
—Bien, te daré una playera —Avisaba sentándose.
—¿Solo eso?
—¿No quieres dormir aquí? —Preguntó al ponerse de pie lista para caminar a su closet.
—Cómo sea, solo dame algo para ponerme —Se resignaba alzando su brazo y moviendo su mano de manera floja indicando a la alta que comenzara su caminar hacia el ropero.
—Está bien —Sonreía la de torso desnudo al llegar donde en un largo y vacilante "Eh" buscaba entre su ropas y harapos.
—¿Qué tanto buscas? Dame lo que encuentres y ya —Se quejó al decir eso.
—Cálmate, estoy buscando ropa para mí también —Al instante recibió un golpe de una almohada la cual fue tirada desde lejos.
—No me digas que me calme —Dijo tirándole otra al sentarse, la rubia giró su cuerpo hacia ella arrojándole una prenda la cual llegó a su cara.
—Cálmate —Jugueteaba con ella.
Ambas comenzaron a reír, la alta ya con su ropa en manos fue hacia la cama.
—Esa es la playera, busqué la más grande —Señalaba quitándose la toalla que le rodeaba la cadera palpando con esta todo su cuerpo secándolo.
Catra se puso la playera sin problemas por sobre la toalla la cual retiró al acomodar la prenda, miró a la rubia quien ya con su ropa interior puesta subía su buzo deportivo, y en sus pechos sólo puso un sujetador.
—Hoy fue un día loco ¿No? —Reía la alta sentándose en el suelo y tirando su cabeza hacia atrás apoyándola en su cama.
—Fue uno normal para mí —Contestó acostándose en la cama de espalda apoyando su cabeza justo al lado de la chica.
—¿Por qué estabas allí?
—Me gusta ver la desesperación de las personas cuando desean morir —Confesaba con naturalidad— para luego ver su cara al darse cuenta que no murieron, es en realidad como un bautizo.
—¿Por qué me detuviste? —Preguntó mirándola, ella le imitó la acción.
—Porque estabas tan decidida que daba miedo, no era entretenido y la verdad no quería ser cómplice del suicidio de la capitana.
—Entonces fue porque me conocías —Alzaba su ceja— así que eres mi fan, dime donde pongo mi autógrafo.
—Ya te dije que no era así —Gruñó avergonzada, esto sacó una delicada sonrisa de la dueña de casa—, ¿Qué fue?
La de la pregunta repentina giró su cuerpo quedando boca abajo, con cuidado se sentó frente la cabeza de la rubia quien le miró avergonzada desde abajo al ver cómo sus caras se acercaban cada segundo más.
—¿A qué te refieres? —Su lengua se trababa.
Sus respiraciones chocaban, la de ojos claros no dejaba de mirar esos labios, nuevamente la morena sintió aquella respiración.
—¿Por qué estabas ahí? Capitana —Susurró hipnótica— ¿Te violaron? ¿Te acosaron?
—Heh —Salió de su boca— ¿Realmente importa?
—Creo que si —Respondió viendo como la mano de la chica a quien tenía abajo se acercaba a su cara.
—Solo estoy cansada —Confesó—, de todo.
—Hmm, pues —Reía suave con sus ojos cerrados— estamos igual.
La de ojos claros y de igual color subió su mentón al llegar a la nuca de la morena quien sintió el roce de aquella áspera mano sobre su cuello, dejándose llevar se acomodó juntando sus labios en la algo inusual pose.
Ambas abrieron sus bocas aumentando la intensidad del beso, la de abajo se alejó cambiando su pose sentándose sobre sus rodillas quedando justo frente a ella quien sonrojada tapó su boca.
—No más, no soy lesbiana —Susurró, una voz tapada por su antebrazo.
—¿Entonces que fue eso?
—Me dejé llevar por la situación —Bajó su brazo en el segundo poniéndose a la defensiva viendo como la rubia se levantaba poniendo sus manos a los lados de ella.
—¿Quieres seguir así? —Con duda la morena bajó su mirar.
—… Claro.
La delgada morena rodeó el cuello de la deportista quien le tomó su cintura tirándole hacia la cama donde comenzaron a darse besos tras otro sin llegar a ningún otro tipo de roce, el sonido de estos era bullicioso, pronto cambiaron la posición situándose la morena sobre ella sin detener el toque de sus labios.
—Creo que tengo que colgar mi ropa —Susurró.
—Cuando se vayan todos de casa usas la lavadora —Respondió entre besos mientras la apegaba más a ella.
—Hmm... —Dudó dejando las manos sobre sus hombros— ¿Está bien?
—Claro —Sonreía tranquilizando a la chica entre sus manos.
La morena bajó sus brazos al torso desnudo de la deportista quien al sentir el roce de sus brazos al envolverla la alejó.
—¿Qué? —Preguntó extrañada ante la reacción de la chica que apenas se daba un descanso entre besos.
Sintiendo como el calor de su roce se alejaba de su cintura vio atenta al movimiento de aquella mano la cual con rapidez alzó brazo ajeno.
—Ah —Se dio cuenta que era lo que había sucedido soltando aquella burlesca risilla— ¿Qué? ¿No habías conocido a alguien con cortes antes?
—¿Te duelen? —Preguntó sin ser capaz de verlos entre las tinieblas pero los tocaba suave con su pulgar.
—Por supuesto que sí, tontita —Susurró con melódico tono.
—¿Y tú? ¿Por qué? —Preguntó.
—¿Si tú crees que esos cortes horizontales eran para suicidarme? —Hizo un gesto de burla.
—¿Para qué es si no es para eso?
—Endorfinas —Respondió con simpleza—, alivian el dolor.
—¿Un dolor quita otro dolor? —Preguntó sintiendo cómo la chica se escabullía en su pecho.
—... Si, algo así —Susurró adormilada.
—Entonces... ¿No eres como yo?
—Depende ¿Quieres ser única y diferente o quieres estar acompañada? ¿Sabes que quiero yo? Dormir, así que cierra esos ojos y calla tu boca —Decía cada vez más apagada.
—Bésame hasta que te duermas —Pidió, la morena soltó una suave risa subiendo su cabeza.
—Ven aquí capitana.
