Capítulo II
Con aquella melodía que venía de la mano del comienzo de un nuevo día se infiltraba por las cortinas de aquella gran ventana los rayos crepusculares rodeando aquella oscura y fría habitación de un aura tan cálida, casi nostálgica. En aquella gran cama se hallaban dos chicas quienes abrazadas entre ellas dormían aún con aquella luz que penetraba los párpados de ambas los cuales estaban pesados, tanto que eran imposibles de abrir, sus cuerpos dolían como si exigirse de más en el deporte se tratase, músculos sentidos por aquel golpe en el agua, mente agotada de tantos sentimientos causados en un día. Fue entonces que aquel cántico melódico salido de las madrugadoras aves fue ahogado en aquella bulliciosa sirena salida de un dispositivo móvil posado en el mueble a un lado de la cama.
Un quejido salió de la más alta acomodándose un poco más aferrando a esa calidez en su cuerpo, en el movimiento la cama rechinó, aquel ya insoportable ruido no se detenía envolviendo todo perímetro del lugar.
—... Apaga eso —Pidió la morena entre sus brazos en un adormilado balbuceo de voz ronca.
—... No quiero —Se quejó escondiendo su rostro.
Una vez más consciente del entorno pudieron percatarse de lo horrible que era la música de alarma, aún con sueño se miraron ambas con expresión de disgusto, el sentimiento iba dirigido al sonido.
—¿Qué es eso? —Preguntó la morena alejándose de la rubia quien estirando su brazo libre lo dirigió al mueble tomando aquel dispositivo.
Al llevar a su brazo rodeando a la morena detuvo la alarma causando una reacción de alivio en ambas demostrada en un suspiro.
—¡Adora, ya es tiempo de que te levantes! —Una voz fuera de la habitación, exclamó sin ánimos de regañar más bien de avisar, con aquel acento diferente pronunciaba golpeando la puerta tan delicada.
—Angella, estoy despierta —Tartamudeo nerviosa al sentir la perilla de la puerta de su habitación girar, sin saber que hacer quitó las mantas de su cama cubriendo con estas a la morena quien soltó una risilla silenciosa—, no necesitas entrar-
—¿Qué sospechoso estás haciendo, Adora? Nunca te comportas así —Reclamaba abriendo la puerta con rapidez, la rubia en reflejo golpeó a la chica de su lado con dos almohadas tapando su cara y cabello tapado aún por la toalla.
—¡Nada! —Exclamó, su lengua se trabó, su cuerpo brincó ante la sorpresa, dándose cuenta de su error sonrió amplia, aquella sonrisa mostraba su notorio nerviosismo.
—¿Qué está pasando? —Preguntó mirando por toda la habitación llegando al baño, se detuvo a mirar a la rubia quien palideció al recordar como sus prendas estaban allí, sabiendo la mayor que lo que le ponía nerviosa estaba ahí abrió la puerta con rapidez.
—¡Angella no entre ahí! —Pidió tapando su cara al notar como tomaba las ropas sucias y mojadas de ambas.
—¿Qué es este desastre? ¿De quién son estás ropas? Adora ¿De nuevo metiste a un vagabundo a la casa? —Tantas preguntas de la muy alta mujer que se acercaba a ella con su ceño fruncido.
—No es eso —Chillaba al sentir el paso cerca de ella.
—Tienes un minuto para explicarme quién es el que duerme a tu lado antes de que llame a la policía y lo acuse de entrar a propiedad privada —Amenazaba con cabeza en alto, lo decía con autoridad que intimidaba a la ya muy nerviosa chica.
—No sé su nombre-
—¡Adora! —Regañó al instante tirando de su brazo quitándola de su lugar de reposo— El que está ahí, sal de este lugar antes de que llame a la policía.
—Conozco tu voz —Susurró la morena sentándose con cuidado, la toalla cayó mostrando aquel opaco cabello por dormir con él mojado.
Adora, la deportista, miró a su tutora responsable de ella viendo su sorpresa, se conocían mutuamente.
—... ¿Qué haces por aquí? —Preguntó sentándose en la cama mirando fijamente a la chica quien corrió sus ojos, evitando verla.
—Tuve un accidente en el agua, la capitana me rescató, me iré-
—No, quédate —Angella tomó su mano, esto sorprendió a la rubia quien miraba confundida—, lavaré tus prendas.
Esta se levantó de inmediato yendo al baño, Adora se sentó al lado de la morena quien de reojo veía aquella acción.
—Deténgase, solo... Capitana, préstame un pantalón —Pidió mirándola—, los lavaré en mi casa.
—... De acuerdo, estaré en la sala si me necesitan —Aceptó saliendo de la habitación al instante cerrando la puerta.
Hubo un incómodo silencio adornado por el cántico de los pájaros, la morena se bajó de la cama acomodando aquella gran playera.
—Capitana.
Dándose cuenta de la petición la alta se puso de pie también caminando hacia el guardarropa, allí, buscó entre su ropa algo cómodo para ella, sus pies descalzos se escuchaban detrás de ella hasta detenerse, en el mismo instante pudo sentir el toque de su mano en su descubierta espalda.
—Solo dame algún harapo que tengas —Susurró, Adora en silencio siguió buscando, muchas preguntas resonaban en su cabeza pero nunca salía de su boca, encontrando un pantalón como el que ella tenía puesto pero ajustable a la cintura se lo entregó—, gracias.
Frente a ella puso aquella prenda con delicadeza pero rapidez, huía de su lado y lo sabía, un sentimiento brotó en su pecho, se sentía insatisfecha, al ver que se alejaba de su lado tomó su mano.
—¿Qué?
—... Sé que ya te irás y, quizás no nos veamos más, no de esta forma supongo así que me preguntaba si tú...
Mientras más hablaba veía como cambiaba la dirección de su cuerpo hacia ella acercándose cada vez más a su cuerpo, al terminar de hablar fue besada.
—¿Era esto lo que querías?
En un impulso la rubia la tomó agarrando sus muslos y subiéndola a su torso con sus piernas abiertas rodeándole, la morena abrazó el cuello de la blanca chica continuando el beso a uno cada vez más apasionado, al alejarse mutuamente se miraron llenas de vergüenza, sus ojos brillaban, suavemente fue bajada, tocando el piso escapó al baño aferrándose a su ropa mojada y zapatos, pasó a su lado sintiendo el deseo de aquel intenso mirar sobre ella.
Saliendo de aquella habitación corrió hacia la puerta, sintió en la distancia a aquella mujer de cabello largo y alta llamar a su nombre pero no acudió a este, sólo salió de la casa soltando un suspiro.
La rubia mientras tanto veía su huida sin decir nada, se metió al baño ya que su cabello estaba opaco y daba una sensación incómoda al tocarlo, quitando la ropa de aquella noche notó como su cuerpo había reaccionado a los besos de la morena a la cual sus sostuvo en sus manos, dejando lo que tapaba su piel en el suelo entró cerrando aquella puerta movediza de vidrio, dio el agua la cual cayó sobre ella fría golpeando su rostro.
—... Ha sido una mañana muy acalorada —Pronunció avergonzada mojando su cabeza.
Miró sus manos sin saber dónde ponerlas, nunca había tenido esa duda antes, no en el baño, no pensando en alguien a quien no vería, no quería profanar aquel recuerdo de alguien pero podía sentir como su sensibilidad había aumentado, incluso el apretar sus piernas causaba una reacción, muy leve, pero ahí estaba. El vidrio comenzó a empañarse cada vez y el vapor salía de chorros de agua que caían sobre ella cada vez más caliente, la indecisión de la rubia seguía latente, aquel poco tiempo de agua fría no calmó sus pensamientos.
—... Esta sería probablemente la última vez que la vea... Aún si... Pervierto lo que ella es en mi mente no importaría ¿Verdad? Porque no la veré nunca más ¿Verdad? —Se convencía a sí misma de hacer lo que anhelaba— Tiene sentido para mí, hay que hacerlo.
Una vez tomada la decisión se quedó en silencio luego de sus pensamientos en voz alta miró hacia el vidrio empañado insegura de sí este taparía su imagen por completo, incluso con la duda metió su mano derecha por sus piernas abriendo sus labios mayores para tocar su clítoris de manera directa, al tenerlo ahí lo presionó, todo su cuerpo reaccionó a este toqué erizando su piel, la rubia se encorvó disfrutando de aquella sorpresiva reacción.
Comenzó con un movimiento circular lento, sus piernas se flexionaron abriéndolas levemente, sus sentidos si disfrutaban de este insistente toque pero rápidamente comenzó a pedir más, su mano intentó seguir lo que su deseo exigía pero era incómodo, quitó los dedos del lugar quejándose con dolor.
—No funcionó, me rindo —Susurró pero el anhelo de sentirse bien realmente seguía palpitando en ella—, me voy a bañar, esto se me olvidará e iré a clases.
Organizaba en voz alta tratando de silenciar su lujuria, retrocedió cerrando el grifo del agua, se apoyó en la fría pared alejándose de todo calor para sentirse cuerda porque en el momento exacto su corazón vibraba del deseo de su cuerpo de ser tocado como nunca antes mientras estuviera latente la sensación de sus labios y lengua en ella.
Aquella respiración que le reclamó la morena en aquel mismo lugar apareció al tocar ella sus labios, lentamente se deslizó en aquella pared dejándose caer al piso de cerámica liso, soltó un suspiro cortado por la imagen de su cabeza, aquel cuerpo de la chica se repetía aquellos segundos que le dedicó ahora parecían eternos, la respiración que golpeaba su piel entre los besos podía sentirla de nuevo.
No tenía conocimiento del nombre de aquella chica que durmió en sus brazos pero aun así su boca pedía llamarla, sus manos se pusieron en su formado vientre, una de ellas dirigida a uno de sus pezones mientras la otra iba al lugar que pedía ser consentido. Abrió sus piernas dándole libertad de estimular como quisiera, soltó un jadeo ante su rápido e inmediato roce, impaciente, sedienta de placer aumentó la intensidad de su invasiva presión en su clítoris.
—Quizás no tuve que empezar tan rápido —Susurraba entre jadeos, tensado sus glúteos para sentirse aún mejor de manera apresurada—, oh-
Adora se estremeció creando una erección involuntaria de ambos pezones, con su mano en uno de estos siguió jugando con esta zona erógena. Sus pies apoyaron sus plantas por completo en el húmedo y resbaloso cerámico, con cuidado subió sus caderas entre intensos jadeos.
—Ven, ven —Llamaba en un susurro a la chica que moraba en sus más profundos pensamientos de ambición de su mente—, ah, quiero devorarte —Soltó en un gemido que se convirtió en pesadas respiraciones—, un poco más, sólo un poco- —Su voz tembló y de su boca salió un resuello al sus piernas comenzar a temblar— Mhnmf.
Mordió su labio al estar alcanzando su orgasmo, presionó sus dedos sobre su clítoris ya sin mover mucho su mano de lado a lado pero haciéndola temblar con leves movimientos, de ella salía una voz ahogada cerrando sus párpados con fuerza en el ínterin su tempo se entorpeció ante el orgasmo que ya estaba pasando.
—Mnfgh —Salía de ella quien soltaba su labio ahora gimoteando, su clítoris estaba sensible pidiendo un descanso aun así no se detuvo, se sentía insaciable.
En espasmos su vagina era la que ahora pedía atención, la rubia bajó su mano hacia esta sintiendo sus fluidos los cuales lubricaron la entrada de sus dedos los cuales presionaron hacia arriba en aquella parte blanda y tibia, la rubia cayó por completo al piso soltando un gemido, sus pies arqueados mostraron lo que de su boca no salía, se sentía bien.
—Más, más —Se pedía a sí misma, se acomodó y con la mano en su pecho tocó su clítoris—, no, no, esto no.
Mirando a su alrededor vio aquel hilo de agua que caía de aquella mal cerrada ducha, con una idea en mente de la cual solo oyó pocas veces en su grupo de amigas, apoyando su antebrazo en el piso giró su cuerpo de costado, con este mismo brazo pero ahora estirado se sentó pasando su postura poniéndose en cuatro, subiendo de pie fue hacia la cabeza de la ducha, tomándola giró algo cambiando la presión de esta calculando lo que alcanzaría para ella y el lugar donde se posicionará, una vez hecho esto abrió el grifo.
El agua comenzó a caer, podía sentir su choque contra el piso rebotando algunas de las gotas, con cuidado tocó para regular la presión que quería que saliera de esta, bajándola un poco se decidió pronunciando:
—Así está bien.
Rodeando aquel chorro de agua el cual caía con temperatura tibia se agachó sentándose, abrió sus piernas apoyándose en sus manos las cuales estaban apoyadas atrás, con cuidado se fue acercando a esto acomodando su cuerpo en el exacto lugar, cambiando de posición apoyó su antebrazo en el piso, comenzó a mover su cadera para ayudar con aquella presión sobre ella, su clítoris ya estaba sensible, esto ayudó a que se sintiera mejor mucho más rápido, se estremeció, toda su piel se erizó, la mano libre pasó por su mojado torso hasta llegar a su sector íntimo donde estiró sus labios mayores para que el agua estimulará aún mejor su clítoris ella ayudaba a su cuerpo a sentir aún más acariciando su pezón con la mano libre sin despegar su codo del suelo.
—No es suficiente, no es- —Todo su ser tembló soltando gemidos cortos e inaudibles por el sonido de su alrededor— Quiero sentirme bien.
Soltando su mano de su vulva bajó por esta hasta llegar a su vagina, su corazón estaba agitado, todo su cuerpo vibraba, pronto comenzó a perder la cordura con su cuerpo ya pidiendo más del toque, pedía más de ella... De la morena de labios tan suaves que quiso haber probado más y más hasta ya no poder sentirla, quería bajar por su delgado cuello dejando marcas por todo su cuerpo, marcas tan fuertes, dejar en su piel que ella le pertenecía, ser la única capaz de tocar cada parte de ella, quería domarla y tatuar su nombre en piel y alma.
—Tienes que ser mía —Salió de ella mientras introducía sus dedos, soltó una inhalación fina mientras abría su boca alzando sus piernas aún flexionadas—, todo lo que eres, todo lo que deseas-nhgn —Gimoteaba ante su movimiento en ella, su codo resbaló, al quedar con su espalda recostada comenzó a dar un movimiento más rápido aún.
Lágrimas comenzaron a formarse en sus ojos por la excitación, todo su cuerpo temblaba, quería saber si ella también temblaría así entre sus brazos, la anhelaba tanto y en el instante tenía miedo de sí misma por aquella parte que había activado su encanto a quien la había salvado, se odiaba tanto y cada vez más, sus pensamientos eran nublados por su ferviente situación.
Alzó sus caderas bajando sus pies con rapidez, estos chapotearon y la piel desnuda de este sonó contra el piso, estaba en un punto de no retorno, no podía detenerse, no quería detenerse, quería cada vez más hasta no tener aliento, el agua la estimulaba y aun así tocó su clítoris ya tan sensible que sus piernas no podían sostenerla por el temblor, el sonido, el agua cayendo sobre ella y siendo interrumpida, sus gemidos, sus respiraciones, sus pensamientos, todo era estruendoso para ella.
Las lágrimas corrían saliendo de sus ojos al sacar sus dedos de ella, un líquido salió disparado, sus piernas cayeron estiradas, su cuerpo temblando comenzó a moverse de forma errática, espasmos involuntarios desplazaban su cuerpo. Soltó una suave risa mientras tapaba su cara, estaba avergonzada.
Una vez esto se detuvo por completo comenzó su baño normal, al salir respiraba por su boca ya estando completamente agotada, sus piernas dolían, le dolía respirar de esta forma por el vapor que ahogaba todo el baño.
—La cuenta del agua este mes será inmensa —Susurraba, soltó una risa abriendo la puerta a su habitación.
Se vistió con rapidez tomando todo lo necesario para las siguientes horas de estudio, era su primer año en esa universidad, también lo era de estudios, todo era nuevo en aquel país en el que ahora estaba.
Salió dedicándole a Angella una mirada llena de curiosidad por la chica, pero luego de aquel horrible episodio que vivió en plena masturbación realmente deseaba no saber nada más de ella ni nunca verla otra vez.
Corría con rapidez para llegar lo más pronto posible, era un día importante y debía viajar, pensándolo bien se arrepentía de querer acabar con su vida en ese momento, le necesitaban, su equipo la necesitaba ¿Era bueno? Ya no lo sabía. El ser necesaria era lo que la mantenía viva, lo que la ataba a los demás y al mundo que le rodeaba.
Al poner un pie en aquel lugar recordó la razón por la cual intentó arrebatarse la vida al ver una figura que destacaba de las demás frente a ella, pero sonrió aunque trajera todo el dolor del mundo sobre esta. Corriendo se acercó a su equipo envolviendo a dos en sus brazos mientras reía alegre con una horrible presión sobre su pecho, más larga era la risa, más se formaba el nudo en su garganta y sentía el picor en su nariz invadiéndole las ganas de llorar.
—¿Qué tal su noche capitana? —Preguntó uno de ellos.
—La mejor —Sonreía cerrando sus párpados los cuales comenzaban a temblar—, bien chicos hoy será una semana larga, espero que hayan traído lo necesario, vamos a ganar todos y cada uno de los partidos —Animaba con una mirada llena de decisión—, queridos compañeros hoy patearemos traseros.
Respondieron a aquel discurso con gritos afirmativos, lentamente la rubia sintió una mano en su espalda, delgada y pesada, se tensó apretando más a sus compañeros quienes no notaron su reacción.
—Cómo se esperaba de la capitana, avivando el ánimo desde temprano —Exclamaba aquella mujer poniendo su brazo en el hombro envolviendo a la alta chica quien soltó una respiración dificultosa.
—Es mi trabajo. ¿Estamos listos para irnos? —Preguntó cambiando el tema con rapidez, soltando a sus compañeros escapando por completo del roce de la entrenadora al irse al otro lado del círculo.
—Solo estábamos esperándote, no podíamos irnos sin ti —Respondió otro de su equipo—, necesitamos a nuestra capitana.
—Somos un equipo, incluso si falta uno nos sentiremos vacíos, hay que irnos ahora o no nos dejarán espacio para practicar —Hablaba con una sonrisa mirando a todos y a cada uno de sus compañeros y compañeras.
—El bus que nos llevará está estacionado atrás, hay que irnos, llegaremos después de todas las universidades —Aplaudía para llamar la atención de todos aquella mujer de delgada apariencia quien cada ocho segundos miraba a la incómoda rubia que se mezclaba con su equipo el cual la aceptaba por completo y caminaban hacia el lugar indicado.
Durante su caminar se alejaba cada vez de aquella mujer que debía quedarse por unos momentos más para organizar a sus estudiantes, la capitana sentía el ardor en su espalda donde puso su mano, sentía repulsión e increíble rechazo a la sensación, golpeó suavemente la puerta de aquel largo transporte para que el conductor abriera la puerta y lo hizo saludándole con gran sonrisa llena de entusiasmo.
—Hoy se viene un gran clásico ¿Lista para todo? —Preguntó el chófer juntando manos con Adora quien subió a los segundos después de que la puerta se abriera.
—Esa es la idea —Ambos juntaron sus hombros golpeando suave sus espaldas— ¿Vas a ver?
—Por supuesto que sí, no me perdería la paliza que les darán —Reía animado, ambos se alejaron, Adora se quedó allí conversando con el ya bastante mayor hombre dando paso a sus compañeros quienes subían a sentarse.
Después de terminar de hablar Adora se sentó en la primera fila al lado de la ventana donde se dio cuenta de su error al notar lo que traía en sus manos.
—Ah, bajen, nadie se dio cuenta —Reía Adora alzando su voz poniéndose de pie—, por favor abra, tenemos que ir a dejar el equipaje donde corresponde —Pidió con gran sonrisa.
Aquella noche parecía tan lejana pero quería volver al instante donde estaba con ella en cama y que aquello durara para la eternidad, aún con eso en su cabeza se rehusaba a querer ver a aquella chica que fue parte de su brutal fantasía la cual recordó paralizándose.
—¿Capitán? ¿Estás bien? —Preguntó uno mirándola, esta dándose cuenta tapó su boca con su muñeca con sus mejillas ardiendo, miró al chico y sólo asintió.
—Gracias —Respondió evitando luego todo pensamiento referente a ella.
Se sentó una vez dejó todo donde correspondía, se apoyó soltando un suspiro durante esto cerró sus ojos, su cabello seguía mojado así que no lo había amarrado en su típica coleta que siempre solía hacerse, sintió movimiento a su lado, lentamente los abrió dirigiendo su mirada a este, al ver quien era se tensó por completo.
—¿Te molesta que me siente aquí? —Preguntó ella, Adora abrió su boca lista para decir que si pero fue mirada con intensidad por la mujer— Por supuesto que no, soy tu profesora.
Sin palabras la rubia detuvo toda acción contra la decisión a la que fue obligada a aceptar y se acercó más a la ventana apoyando su cabeza ahí. Todos dormirían, tenía especial conocimiento de que ella no podría hacerlo, no con esa tipa a su lado. El bus prendió su motor comenzando a andar a los minutos después, la capitana podía sentir la repugnante mirada que trataba de poseer la suya.
Pasaban los minutos en silencio, Adora miraba el reflejos de algunos en el vidrio, dormían, sabía lo que significaría para ella una vez la entrenadora se ponía de pie para caminar por el pasillo sujetándose de los asientos. Con rapidez acomodó sus pantalones más arriba y los apretó contra su cintura una vez puso de playera abajo de estos, el conductor vio aquello con tristeza al notar la extrema palidez de la chica.
Al comprobar que todos estuvieran dormidos sonrió sentándose nuevamente, Adora saltó de su lugar tensándose por completo.
—Todos están dormidos ¿Dormirás también? —Preguntó fingiendo inocencia mientras se acercaba a la rubia quien respiraba con dificultad.
—No lo haré —Respondió con voz átona—, quizás debería dormir usted, es un viaje largo.
—Creo que esta es la parte del viaje que es entretenida, todos durmiendo, el chófer está concentrado en el viaje, estamos solas —Susurró acercándose cada vez más a Adora quien ya no podía apegarse más a la ventana, podía sentir la respiración de esa humedeciendo su piel, era vomitivo.
—Hoy tenemos partido, no- —Tembló al sentir la mano de su entrenadora sobre su pierna— no haga esto por favor.
—Ya te dije que pasa si te niegas —Su voz era monótona, la capitana solo bajó su cabeza resignada, sus labios temblaban así que sólo los apretó dirigiendo su cara hacia la ventana donde se quedó mirando el camino deseando que el viaje fuera corto.
Cómo si su deseo fuese escuchado el bus aceleró, ambas con rapidez miraron a aquel hombre con la mirada en la carretera.
—Aún hay tiempo para llegar, baje la velocidad —Casi exigía la entrenadora alejándose de Adora quien miró a aquel hombre con alivio.
—Adora, ven, sé mi copiloto —Pidió el conductor, al segundo la rubia se puso de pie casi corriendo a su lado, sintió como ella chasqueaba su lengua con disgusto.
—Te lo agradezco tanto —Susurró Adora quedándose de pie a su lado.
—Siéntate y descansa, no voy a dejar que te haga nada aquí —Respondió lleno de seriedad, la cálida voz que siempre tenía ahora estaba tan arisca como su actitud dada a la entrenadora.
Adora aliviada se sentó acomodándose en el asiento donde se acurrucó, su cuerpo pesaba, dolía, estaba cansada y su mente la traicionaba yendo cada vez más a ese momento en la noche, quería tener su cabeza en blanco como siempre, ya no pensar tanto en su alrededor y solo jugar. Ahogada en tantos pensamientos se durmió.
Comenzó a sentir un abrazador frío, sentía su cuerpo sumergido, estaba mareada, todo estaba oscuro, miró a toda dirección hasta dirigir su mirada hacia abajo, había allí un gran ojo abierto mirándola, sintió otro movimiento, al subir su mirada completamente aterrada vio luz, la vio a ella en tranquilidad.
—... —Abrió su boca tratando de llamarla pero su voz no salía, comenzó a quedarse sin aire, no podía respirar, trató de alcanzarla pero comenzó a hundirse cada vez más.
No era la única, ella también había comenzado a descender a su lado, la miraba, sabía que existía, sabía que allí estaba y le acompañaba, tomaron sus manos, ella traía consigo la luz que le rodeaba y daba paz pero Adora cada vez más estaba aterrada viendo como el ojo se hacía cada vez más grande. Tan distintas y así ambas caían.
Aquel ojo se abrió convirtiéndose en una espantosa boca que de ella salían tentáculos de extraño material, las iban a tragar, cada vez más cerca y sus cuerpos eran amarrados a ese ser. En la mirada y en la boca de todos se encontraba incluso entre sueños.
Abrió sus ojos completamente aterrada brincando de su asiento, miró a su lado viendo al conductor quien la miró con una sonrisa señalándole afuera, estaban llegando, suspiró aliviada aunque su cuerpo siguiera en un temblor constante y estuviera completamente sudada.
Al estacionarse Adora escapó al instante de aquel lugar siendo golpeada por el viento frío de una mañana, tomó un grandes respiraciones del puro aire estirando su cuerpo también, un quejido salió de ella, volviendo a su posición natural miró a su alrededor notando la cantidad de estudiantes que bajaban de los múltiples buses. Los que siguieron sus pasos se tiraron sobre ella quien cayó riendo.
—Tomen sus cosas, hay que ir a formarnos —Dijo la entrenadora pasando por aquel grupo en el cual la rubia escondía su cara.
Entre risas se puso de pie junto con los demás y obedecieron a las órdenes de la superior quien iba a saludar a sus compañeros de trabajo de las otras escuelas. Los ojos de colores impares de aquella morena le miraban desde uno de los buses, tenía una sonrisa en su rostro, sabía que la rubia no voltearía a mirarla, no quería que le viera tampoco así que hizo lo que siempre hizo: mirarla desde la distancia.
