Capítulo III


Presente estaba el húmedo viento de octubre golpeando la piel de los nerviosos estudiantes y compañeros de equipo quienes intimidados por la gran estructura frente a ellos, se formaron siguiendo las órdenes de aquella tipa que Adora aborrecía tanto, quedándose frente a todos sus compañeros dio la cara por su universidad aún con ese nerviosismo por hacer algo mal en la entrada y explicación frente a todos los equipos ya sean universitarios o independientes que habían logrado pasar por todo lo acordado, en silencio se quedó viendo cómo se acomodaban en orden hasta sentir el marchar que tanto conocía, todo su cuerpo se puso alerta subiendo su mentón, un nudo en su garganta se formó al sentir cada vez más el ruido cerca de ella, una pesadilla que duraría tres días, la marcha llegó hasta su lado, sabía que todos miraban a los que se posicionaban a su lado por la presencia que solían tener, tan rectos, intimidantes, superiores. Adora podía sentir su corazón latir y nada más que eso, paralizada en su lugar pudo ver por el rabillo de su ojo a aquella responsable del invulnerable equipo con irrompible aura tenebrosa.

—Es un gusto volver a verte, Adora —Saludó esta, un sudor frío se formó en la pálida piel de la rubia quien tragó saliva, todo se redujo a ese momento, los ojos de todos estaban siendo como cuchillas atravesando su piel y carne.

—Es un gusto volver a verla a usted, Shadow Weaver —Respondió con trémula voz, sus párpados también temblaron al abrir su boca dejando salir sus palabras y responder con cabeza en alto, nunca le miró ni dirigió su mirada hacia ella ni a aquellos quienes le miraban con tan poca piedad.

Un fuerte sonido de micrófono distorsionado se escuchó molestando los oídos de todos, disipando la tensión que había en Adora quien al dejar ir ese sentimiento dejó el paso a otros que entorpecieron su actitud, sus piernas comenzaron a perder la fuerza que les caracterizaba, un hombre de estatura alta y espalda encorvada tenía este en su mano el micrófono que ya había parado de hacer este sonido tan irritante que causaba una reacción de completo disgusto en el rostro de todos los presentes. Él era un reconocido director técnico de un club deportivo, organizador de este evento cuyo fin era llevar lo mejor al extranjero en todo ámbito posible para llegar a las olimpiadas que se harían en un año más.

—Buenos días a todos, maestros, entrenadores, estudiantes y deportistas, este evento deportivo fue organizado por mí y con ayuda de la asociación de clubes pudimos traerles a todos por tres días, en estos tres días se quedarán en las instalaciones, hay habitaciones donde serán ordenados por grupos de género: Hombres y Mujeres. Para las personas no binarias se les recomienda irse al grupo con el que más se identifiquen, solo infórmenlo a quien se encargue de la organización de esto. El programa de deporte se llevará a cabo de esta forma: Volleyball desde las 9am hasta las 13pm, se tomará un descanso para el almuerzo, luego de una hora comenzará el siguiente deporte que sería basquetball de dos a cinco, de seis a ocho se realizarán dos actividades al mismo tiempo que sería arquería y football, ahora, como ven y saben aquí hay más deportes que no han sido nombrados, los nombrados serán los que este establecimiento tiene la capacidad de hacer.

Adora escuchaba atenta a todo lo que el hombre decía, le admiraba como el jugador y entrenador que fue, sin embargo como persona tuvo momentos bajos en su vida que ella no toleraba y sabía que los que conocían aquello tampoco lo hacían. Su cabello húmedo se mecía sin control de la brisa mañanera que escapaba del sol quien dejaba de esconderse detrás de las inmensas montañas llenas de nieve. La voz de aquel hombre fue opacada en su mente por el suave sonido de las hojas revoloteando, algunas ya caían amarillas siendo que el otoño apenas iba empezando, la melodía de aquella danza le sumergía en los pensamientos, sería bueno si estos no le asustaran al revelar su verdadero instinto; era un animal. ¿Qué era lo mejor? Seguir concentrada en aquella voz añejada con los años sintiendo la mirada de odio sobre ella de quienes alguna vez conoció y compartió lado de la cancha o seguir pensando en la escena del baño, en sus pensamientos impuros y como perdió su cordura por pensar en alguien a quien solo sostuvo en sus brazos una noche. No era un animal sin control, era un ser humano, un maldito ser humano que dejó salir un lado de ella que comenzaba odiar más y cada segundo más al repetir las escenas en su cabeza.

—Todos los que jueguen Hockey y esquí alpino serán llevado a otra parte, así que les recomiendo ahora a sus entrenadoras que al terminar esta reunión arreglen a los estudiantes.

La capitana dio un brinco al sentir la voz de aquel adulto ya más fuerte y no tan opaca, abrió sus ojos con sorpresa sujetándose de su compañero de atrás, quienes estaban pendientes de ella, una gran cantidad, rieron ante aquella reacción, la morena que no dejaba de tener sus ojos clavados en la blanca chica primera en la fila la cual estaba a su lado también reía pero tapó su boca con su puño inflando sus mejillas con aire, ella estaba al final de la fila.

—Cómo ya sabrán estarán con nosotros practicando ellas —Avisó, el ambiente nuevamente había cambiado, todos parecían convertirse en depredadores sedientes de victoria, Adora se puso correctamente tragando saliva sabiendo de quienes hablaba aquel hombre, sabía también cómo era la reacción de cada competidor al verlos, una acción que causaba una actitud esperada, siempre era así y la verdad estaban agotados de ello—, pasen adelante.

Adora dudando miró a su alrededor viendo alguna señal de estos pero aún no estaban allí, podía sentir las ojeada que le exasperaba sobre ella, titubeó su movimiento hasta sentir aquella voz que tanto conocía.

—Adora —Llamó con autoridad la tutora de aquel equipo enemigo—, pon tu postura de forma correcta y alza tu cabeza, debes ir al frente.

Su cuerpo reaccionaba a sus demandas obedeciendo por completo, tembló con el sonido de su palabra deteniendo incluso su respiración, su aura tan perturbadora ahogaba su existencia causando presión en su pecho, a pesar de todo ese tiempo ella seguía manteniendo control, poseía su mente, tenía su cuerpo, aún no se libraba de sus sombras.

—Ve.

Adora soltando un suspiro trémulo caminó hacia ese escenario improvisado para la ocasión, sería temporal ya que interrumpía con la estructura principal, subiendo escuchaba la madera crujir, era una presa para todos aquellos quienes eran competitivos, sabía lo que pasaría, personas tratando de ser los mejores le rodearían pidiendo de ella un partido mostrando así ser mejores de una de ellas.

—¡Te lo dije! ¡Llegamos tarde! —Se oía en la lejanía de aquellas filas, fueron volteando a ver hacia el ruido notando como tres chicos llegaban en acelerado paso, solo una de ellas jadeaba agitada por esto, era la misma quien dijo eso.

La rubia sonreía aliviada a aquello notando la proximidad de ellos a donde ella estaba, le miraron una vez en la escaleras, dando leves manotazos a su ropa para ordenarlas subieron los peldaños acercándose en completa tranquilidad para dar el ejemplo que no dieron al llegar.

—Buenos días —Susurró la chica de baja estatura quien miraba de reojo a la rubia de cabello suelto, este ya casi se secaba, el saludo fue respondido por un asentir suave.

Hubo un silencio acusador en todos los estudiantes, el de tez oscura y cabello rapado a los lados dejando arriba su cabello crecer aclaró su garganta completamente nervioso de la situación.

—Llegaron aquí sus principales enemigas o compañeras, dependiendo de lo que tengas en mente, este año tenemos a las "princesas" presentes, también a Bow —Presentó, el único hombre entre las chicas alzó su brazo— y debo mencionar a la novata Catra ¿Está por allí?

Hubo un silencio, entre ellos se miraban buscando una señal de esta quien no aparecía, la blanca chica miró a la de baja estatura flexionando sus piernas para estar a su altura, así movió su cabeza a su lado, algo enojada la de cabello corto acercó su oreja a la boca de la rubia quién intrigada también buscaba con la mirada a quien se nombraba aunque no le conociera.

—¿Quién es Catra? —Preguntó curiosa notando un movimiento extraño en aquella fila de las personas que le odiaban, al final alguien había desaparecido ante el inquieto mirar de las de ojos claros— Ah. ¿Quién?

—Catra, apareció de la nada hace un año, está tras de ti en cada una de las competencias, segundo lugar cuando eres el primero ¿En serio no la conoces? —Respondió dando paso a otra pregunta que salió de ella llena de incredulidad viendo la reacción de la que le hablaba, solo eso funcionó como respuesta al ver la torpeza en su rostro mostrando su desconcierto al no tener idea alguna del tema que su acompañante en el momento hablaba— Geez Adora, ¿Acaso cuando ves tus resultados sólo lees tu nombre?

—Oh —Dijo para luego reír moviendo su mano dando leves palmadas a la chica a su lado—, yo nunca leo los resultados, siempre alguien me dice antes de que supiera que estaban los resultados.

—Heh, la suerte de algunos —Susurró soltando risitas suave mirándola casi agotada de esto—, bueno, al parecer no vino así que en un próximo encuentro te digo quien es.

La ceremonia continuó sin la chica que era buscada, la rubia se posicionó de correcta manera escuchando como explicaban los procesos a hacerse de manera correcta, el viento ya había cesado y el sol comenzaba a mostrar su calor, la luz de esta quizás molestaba pero se agradecía su presencia en el frío lugar, las últimas palabras de aquel hombre estaban siendo dichas en el momento en que la mente de la rubia se distraía en su ambiente.

—La ceremonia concluye aquí, hagan el favor de apurarse al instalarse en sus habitaciones, solo tenemos tres días.

Los grupos fueron liderados por sus maestros o entrenadores, los que estaban encima del crujiente y bullicioso escenario bajaron en orden yendo cada uno donde correspondía. Adora al llegar a su grupo se formó caminando hacia el lugar indicado de la infraestructura anunciada en el acto. Pasando por al lado de la principal se fueron a la edificación donde fuera de la puerta esperaron a que los primeros en llegar se organizaran de la manera señalada, juntando a todos los alumnos categorizados por las dos opciones que dieron las chicas se quedaron allí y los hombres fueron a otra infraestructura al otro lado del establecimiento.

—Esto es peligroso —Pronunció la morena en un hilo de voz casi inaudible al ver que por la situación en la que estaba sería descubierta por la despistada chica blanca a la cual disfrutaba mirar desde lejos, fue movida para ser ordenada en aquella fila, nuevamente fue hacia el final de esta quedándose en silencio.

La rubia fue la primera en entrar, otra entrenadora de otra universidad fue que le indicó el número de su habitación la cual quedaba en el último piso al cual podría llegar por el ascensor, era una habitación para una persona, siguiendo la orden de ir a instalarse subió al ascensor con su bolso en mano. Al pedirlo presionando el botón este abrió de inmediato mostrando lo amplio que era, estaba rodeado de espejos, viendo su apariencia en el espejo mientras entraba a este vio cómo su imagen se transformaba en un ser repulsivo, en su rostro se hizo una clara expresión de dolor que no ocultó al no estar nadie cerca, con su labio superior en el lado derecho alzado por disgusto indicó el número del piso el cual era el cuarto.

Cuando las puertas estaban a poco de cerrar retrocedió acomodándose, ahí vio a alguien a quien reconoció al instante, la morena de inmediato salió de la vista de la rubia lo cual no fue difícil al la puerta del elevador cerrarse por completo, el equipaje de la rubia cayó al estar esta estupefacta por la situación vivida. Miró lentamente al espejo girando también su cabeza siendo testigo de cómo era su expresión. Había sido un momento tan rápido que no pudo procesar bien su imagen, menos de un segundo fue lo que duró su figura frente a ella ¿Comenzaba a alucinar la imagen de la morena? Sentía que cada vez caía más rápido, no supo distinguir la realidad de la imaginación en su mente. Sumergida en su propio pensamiento intentando concretar su juicio en si aquello pasó o fue sólo una mala jugada de su mente; sintió el pitido suave que anunciaba la llegada del ascensor al piso pedido, no había ni siquiera sentido el movimiento de este, en confusión tomó su equipaje en el bolsón y salió, debido a la forma de la edificación habían pocas habitaciones habitables, lo demás parecía ser de almacenamiento.

Revisó la llave en su mano la cual fue pasada por aquella desconocida viendo el número de su cuarto, este era el número cuarenta, penúltimo en el pasillo, caminando hacia allá notó que al parecer los cuartos eran amplios. Al llegar a la puerta introdujo la llave y abrió sin problemas ni resistencia. Su boca se abrió por la sorpresa, dejó caer su equipaje de nuevo y caminó hacia la habitación viendo cada detalle, era común y corriente pero aquellas ventanas en curvatura hasta el techo llamaban tanto su atención.

—Voy a poder ver las estrellas en la noche —Chilló con emoción apegándose a la ventana, desde ahí veía aquellos hermosos árboles que distinguían a aquel hermoso país, el césped tenía un hermoso color verde vibrante y el cielo a pesar de tener un hermoso color claro se veía más oscuro, las nubes estaban densas y sabía que significaba aquello—, bueno, no hay tiempo para esto.

Dándose una media vuelta fue hacia la puerta a recoger lo que había dejado atrás, al llegar fue capaz de percibir un movimiento al sacar su cabeza por la puerta al agacharse para tomar su bolso, miró hacia el elevador pero no había nadie a la vista pese a que este se encontraba abierto cuando debería encontrarse con sus puertas completamente cerradas, sólo podía ver una pequeña cosa, probablemente una mochila cualquiera, sin tardar mucho más de lo que debía volvió a su habitación cerrando la puerta con bolso en mano.

Dejando este en aquella amplia cama lo abrió para sacar su equipo deportivo, al ver sus prendas y zapatos dejó salir un jadeo quedándose en silencio al tener aquella epifanía, su mente había unido todo en un golpe de suerte.

—Ella me dijo capitana o sea me conoce por el deporte, o sea o es mi fan como lo dijo o ella es deportista también y venga a este lugar —Susurró rápidamente sin pestañear un segundo—, ella está aquí...

Tomó sus cosas con rapidez metiéndolas en el bolso en el que siempre cargaba con su equipo deportivo, tomó las llaves y salió corriendo no sin antes cerrar la puerta después de salir, bajando por las escaleras llegó a la salida de su lugar de hospedaje viendo a quien estaba a su lado en aquella ceremonia.

—¡Glimmer! —Exclamó la rubia llamando la atención de todos a su alrededor al verla acercarse a la de baja estatura con pasos pesados y rápidos, muchos quedaron viendo si era o no una pelea, la alta tomó sus brazos con fuerza— Ella está aquí.

—¿Quién? —Preguntó sin entender nada ante tal repentina acción de la rubia.

—¿Conoces a una chica es más baja que yo, morena y cabello alborotado? —Las palabras que salían de la de ojos claros en forma pregunta eran inentendibles para la trigueña clara.

—Adora, literalmente me acabas de describir a un cuarto de las chicas aquí —Traía a la realidad a la alta quien soltó un quejido.

—¡Capitana! ¡Estamos llegando tarde! —Exclamó una de sus compañeras, la que fue llamada miró hacia esta asintiendo, se despidió de la baja y corrió al lado de la chica.

Al llegar todos fueron a los camerinos, Adora nunca había estado allí y odiaba cambiarse frente a todos, vio a los tres que habían abiertos pero aun así siguió caminando por el oscuro pasillo, distraída por el nuevo lugar no sintió aquella mirada fija sobre su espalda. Vio otro abierto y fue su esperanza de no cambiarse frente a todas sus compañeras, no tenía inseguridades sobre su cuerpo pero sí odiaba que los demás lo vieran, los ojos sobre ella era algo que siempre causaba una horrible reacción en todo su interior y también repudiaba la reacción de quienes lo veían, se comparaban con sus propios cuerpos a un punto insano e incómodo de ser testigo.

Entró al camerino vacío, no veía a nadie más, alegre fue a dejar su bolso en la banca de fierro, la luz no servía pero no importó mucho, poniéndose de pie sacó su camisa y sujetador, abrió lo que guardaba su ropa adecuada para la actividad cuando notó su error al escuchar sus pasos sin vacilación. Al instante sintió sus frías manos rodeando su vientre y una fue directamente a uno de sus senos.

—Suélteme por favor, estoy llegando tarde al entrenamiento —Susurró Adora, su voz era tan inestable como su parpadear, su pecho se contrajo levemente impidiendo una libre respiración de su parte, cada sector tocado por aquella mano fría ardía en su piel, como una reacción alérgica comenzaba a picar, era nauseabundo.

—Hoy me dolió tu rechazo —Pronunció con falsa tristeza, con su cuerpo empujó a Adora más cerca de la silla, esta levantó una de sus piernas dejando su pantorrilla apoyada allí, sus manos se apoyaron en los casilleros frente a ella y su bolso cayó, ambas cosas causaron un estruendo moderado que fue amplificado por el eco—, creo que olvidas quien soy.

—Eres mi maestra, la cual no debería estar haciendo esto- —Con palidez la sintió meter su mano en su pantalón, todo su cuerpo tembló al sentir aquel inmundo toque de su mano en ella— Te puedo denunciar —Una risa burlesca fue lo que de su boca salió como si de la estupidez más grande dicha salía de la alumna a la que tenía sometida, Adora tembló asustada al sentir aquel movimiento que le dañaba al ser tan brusco, bajó su cabeza apretando sus puños aún apoyada en las taquillas.

—Si puedes denunciarme ¿Por qué no lo has hecho? ¿Acaso tienes pena de mi futuro? —De Adora salió una voz, un quejido de dolor por el roce de la mujer quien parecía hacer aquello con el propósito de lastimar su sector más delicado— ¿O quizás es el hecho de que estás tan involucrada con la familia dueña de la universidad que sabes lo que un escándalo como el de nosotras haría a su reputación?

El temblor, incluso la respiración de Adora se detuvo, aquellas palabras evocaban en ella unos recuerdos que deseaba no tener, le hacían vulnerable, invocaban la empatía que siempre tenía y marcaba cada nervio de su piel con dolor en ese instante al recordar la emoción de aquella mujer de la cual no tenía parentesco de sangre al por fin tener control total de su universidad la cual fue sacando adelante desde abajo, aún estaba empezando, era por eso que un escándalo así no haría más que provocar una caída de la cual probablemente no podría recuperarse y sería su culpa, ella sería la culpable de que todo su esfuerzo se fuera a la mierda, se odiaba, era un maldito y asqueroso ser hijo de puta, todo de ella estaba maldito, el ambiente cambió, ya no quería seguir respirando, una profunda vibración de una máquina trabajando sobre ellas en el gimnasio hacía de aquel silencio algo macabro que se acompañaban con las respiraciones de la mujer a su espalda.

—Estás mojada, te gusta esto eh —Decía burlesca.

—No, me rompiste con tus putas uñas, estoy sangrando —Salía de ella con dolor, dando un codazo en su nariz, esta aferrándose a la vulva de la rubia enterró sus uñas logrando que otro golpe recibiera hasta caer al suelo sonando por ello un golpe seco.

—¿Qué crees que estás haciendo?

—Lo único que quiero al salir de aquí es morir, quiero suicidarme entrenadora —Revelaba con voz severa sintiendo el punzante dolor en su sector íntimo, volteó a verla tirada en el suelo, dando un paso con dolor puso su pierna—, quiero suicidarme por su culpa, quiero abandonar todo lo que el futuro me depara por ti y por todo lo que mi vida ha acumulado, quiero que lo sepas porque no tengas duda alguna en que lo haré y quiero que te carcoma tu vida como tu corroíste la mía hasta que todo caiga en pedazo, hasta que ya no tengas vida, hasta que ya no tengas nada.

—Adora-

—Estoy podrida por dentro, entrenadora, hago esto porque ya no tengo nada más, ya no tengo vida que pueda preocuparme —Sonreía con nostalgia.

—¡Adora! —Llamó la entrenadora en el suelo al ver cómo esta estaba a punto de hacerle lo que le acababa de hacer a ella: dañar su aparato reproductor— ¿Acaso no entiendes lo que eres para mí? Eres como una droga, desde que te vi te convertiste en lo que quise tener a toda cosa, estar sin ti, sin tocarte es una maldita tortura para mí ¿No entiendes? —Narraba con su trémula voz alejándose del alcance de la pierna de la rubia— Te necesito, Adora, sin ti no puedo vivir, te convertiste en mi todo, te necesito.

Adora estupefacta se quedó paralizada bajando su pierna, soltando sus manos de la empuñadura que tenía, aquella repugnante mujer era alguien que necesitaba de ella como los demás, perdida en sus pensamientos sintió su torso juntarse con el de ella, subiendo su mirada del suelo aún con pesadez en su respirar le miró, en el instante en que dijo eso su rostro cambió, ya no se veía como aquella despiadada mujer que anhelaba sexo con ella sino alguien que buscó su ayuda.

—Te necesito Adora, déjame tocarte —Repetía la palabra que supo que la hizo indefensa, sus ojos temblaban siendo incapaces de enfocar su borrosa vista en la expresión de aquella mujer.

Quería saber su expresión ¿Era pena? ¿Era angustia? ¿O acaso era la escalofriante sonrisa burlesca que siempre hacía cuando ganaba por sobre ella? No lo sabía y le desesperaba al solo poder sentir su roce en la parte baja de la espalda.

—Déjame probar tus labios, siempre se han visto tan apetecibles —Pidió la entrenadora—, ven, siéntate, esto será largo.

Ni el dolor de sentarse con su vulva dañada le despertó de aquella debilidad que sentía, las palabras de ella seguían en su mente repitiéndose en una secuencia infinita que desgastaba su voluntad. Un chirrido de la corriente comenzó a escucharse dándose cuenta también del chapoteo de las gotas de agua que caían por un grifo dañado, cada vez se oía más ruido, su cara comenzó a ponerse por completo roja al aguantar la respiración, tenía esos labios sobre los suyos, obedeciendo a la entrenadora quien tomaba sus brazos dejándolo sobre sus hombros rodeó su cuello con debilidad, cada vez más aquella maestra comenzaba a pedir más de ella.

—Adora, Adora —Llamaba la mujer con insistencia mientras apretaba los pechos de esta, de la rubia salió otro quejido de dolor.

Una luz llegó a sus temblorosos párpados los cuales les era imposible mantener cerrados, al mirar vio una linterna de celular señalándolas junto con el sonido de grabación.

—Oops —Dijo aquella chica la cual ninguna de las dos podía ver por encandilarse al ya haberse acostumbrado a la oscuridad del lugar—, olvidé apagar el flash.

Los pasos se alejaron rápidamente del lugar, la entrenadora empujó a la deportista corriendo tras la chica que les cegó y grabó, no fue por mucho tiempo cuando la entrenadora volvió.

—Tú te vas a encargar de eso, si un segundo de ese video sale a la luz yo voy a dejar caer todo lo que Castaspella construyó, lo haré caer a tu nombre, Adora —La mujer estaba completamente cegada por su ira y solo huyó de ahí dejando a la deportista por fin en soledad.

Sintiendo el sonido de todo, en su rostro rebosante de desesperación dejó salir un grito agónico y sin controlarlo sus labios bajaron en una expresión de extremo dolor, tomó aire por su boca, su tórax estaba tan presionado que al hacer aquella acción emitió un sonido distorsionado, luego de esto otro grito que salía desde lo más profundo de ella fue emitido, comenzó a arañar su piel tocada excepto por su parte íntima, todo se sentía repulsivo, quería limpiarse, se sentía inmunda, entre su llanto y gritos agónicos temblorosos agarró la fuerza para vestirse y salir de ahí.

Le necesitaban en la cancha.

Lavó su cara en la oscuridad y salió, en cada paso que daba salía de ella una lagrima de dolor, ya no podía con la vida que le había tocado llevar, un suicidio mancharía a la universidad también pero no si la carta de despedida mentía, cualquier excusa barata serviría, estaba tan decidida a ello que en aquel inmenso y obscuro pasillo miraba todo imaginando su muerte en ello.

Saliendo del gimnasio notó el silencio y orden que había ahí notando que le esperaban, apenada apresuró su paso conteniendo las lágrimas, se puso donde siempre mirando al suelo, su rostro mostraba la poca luz de vida que quedaba en ella, el árbitro hablaba pero nada podía escuchar más que el sonido de su destrozado corazón latiendo apenas. Fue en ese instante en el cual vio una delgada mano de uñas cortas, su piel era morena, se quedó atónita al reconocerla de inmediato y subió su mirada.

—Tengamos un buen partido, capitana —Pronunció con cabeza en alto, su sonrisa estaba ladeada y estaba tan hermosa como lo recordaba, un jadeo salió de la rubia quien no pudo ir contra sus instintos en ningún momento, ni siquiera quiso controlarlo, la abrazó con fuerza con su vida dependiendo de su calidez la cual le fue brindada sin resistencia.

Solo sintió una mano en su nuca que se quedó allí, la de ojos claros dejaba escapar lágrimas que nadie más veía al ocultarse en el cuello de la morena quien no mostraba incomodidad ante aquel inesperado abrazo, más bien, parecía apenada al sentirla quebrarse frente a todos en el lugar, aun así la sostuvo mientras la rubia luchaba contra su el deseo de soltar un grito desgarrador frente a todos y en los brazos de una completa desconocida.