Capítulo IV
El tiempo se detuvo en esa escena, podía sentir su cálido tacto sobre su piel devolviendo a su cuerpo la calidez que perdió en momentos anteriores, un camino que se hizo desde su nuca, en su frente sentía la calidez de la piel de cuello ajeno, su corazón estaba acelerado pero aun teniéndola cerca no podía calmar la agonía de su alma, quería romper en llanto, quería ser acunada un poco más por quien se sentía comprendida, "Solo un poco más" salió de su boca rogándole a la morena quien paciente se quedaba allí incluso acomodando y tapando a la rubia para que esta no se viera tan vulnerable, una escena silenciosa, incómoda para quien estaba con sus pies en la tierra, con su otra mano la de ojos bicolor limpió las lágrimas de la capitana del equipo. La morena por su parte al vivir aquella escena no supo que hacer más que corresponder al desesperado abrazo de la rubia quien solo fue capaz de reconocer su mano, dirigió su mirada hacia su entrenadora, Shadow Weaver, quien aclaró su garganta, lo único que mostraba de su rostro: sus ojos, se notaban enojados.
Solo aquel sonido trajo a la realidad a la blanca chica quien sentía el roce de la suave mano limpiando sus lágrimas, alejándose levemente se quedaron mirando, la tristeza se había ocultado al notar la presencia de su antigua entrenadora en el gimnasio, tal como había sido educada no había forma en la que ella mostrara debilidad frente a los enemigos.
Con cuidado ambas se alejaron, Adora bajó su mirada sin ver al equipo, la vergüenza en el instante era su sentimiento predominante, la morena sin embargo tuvo su cabeza en alto, el silencio mostraba curiosidad de parte de los equipos pero no había tiempo alguno para ello, debían jugar.
—Adora, Catra, capitanas de cada equipo, junten sus manos para iniciar el partido —Pidió el árbitro, Adora subió su cabeza para mirarla, sus ojos aún llenos de lágrimas que no podían caer le mostraron sorpresa a la chica frente a ella.
—¿Tu eres Catra? —Movió su boca pero de ella ni un sonido salió, la morena solo le miró con una sonrisa dedicada hacia ella de una manera completamente profesional, con cuidado estiró su mano derecha hacia el frente esperando a que la despistada rubia le correspondiera el saludo.
—Capitana —Trajo a la realidad a quien iba camino a la luna de nuevo, Adora notó su alrededor avergonzándose al instante pero trayendo al latente dolor en su zona íntima, disculpándose con todos volteó al ver a los implicados en el atraso del partido para dar una leve disculpa y reverencia.
—Hay que hacer esto, un placer jugar contra ti, Catra —Dijo con una sonrisa ladeada, la morena sintió el fuerte agarre de la blanca chica y sonrió de vuelta.
—El placer será mío cuando te derrote —Susurró apegándose a Adora, está soltó una risa apegándose más, ambas se quedaron mirando nuevamente creando un ambiente extraño para quienes eran testigo de aquello, la conexión entre ellas no era clara para todos pero ahí, en sus miradas, se notaba el deseo, al menos en una de ellas.
—No sé qué creas de mí pero así no me vas a intimidar, mucho menos en un partido, juguemos limpio Catra —Juntando sus manos en aquel aplazado saludo el partido comenzó, la rubia junto con su equipo trotaron al sector de la cancha que les correspondía, un horrible dolor le impidió seguir el paso de los demás, aun así se mantuvo con su cabeza en alto viendo a la irritada entrenadora siendo parte del paisaje.
—¡Adora! —Exclamó una voz que entraba al gimnasio, esto rebotó causando un eco que llamó la atención de cada persona oyente, la rubia le miró al instante en que reconoció a quien le pertenecía. Allí estaba él quien con anterioridad le dijo que iría a verle jugar contra aquel equipo— ¡Ustedes pueden hacerlo!
—¿Acaban de darnos un power up? —Preguntó el compañero de equipo acomodándose en su posición, abrió sus piernas bajando levemente, juntó sus manos mientras lo decía, Adora le miró con una sonrisa y asintió, fue en ese movimiento donde notó su cabello suelto, estaba completamente seco y brillante, sin saber bien que hacer notó como una del equipo se acercaba con rapidez a entregarle una liga con la cual podría sujetar su cabello.
—Gracias —Agradeció breve para luego asentir a aquel amigo, tenía una expresión radiante a pesar de todo lo que había pasado no podía pensar en algo mejor para olvidarlo que jugando—, así es, querido amigo, acabamos de recibir un power up.
Este le sonrió como un reflejo, todo nervio que ocultó de su equipo desapareció con esto, asintió con sus ojos brillantes mostrando felicidad, la adrenalina era la que ahora se adueñaba de sus sentidos, su corazón acelerado, todo comenzaba a verse tan lento al dirigir su mirada hacia el frente, desviando a quien le dio el golpe motivacional vio como tomaba su cabello soltando un suspiro, tenía sus ojos cerrados, su cabello pasaba por el lazo como si nada, se veía sedoso y casi con brillo propio.
—Aquí viene —Dijo el que admiraba la escena viendo como la acción de la rubia estaba lista.
Esta soltó un suspiro para luego inhalar, subió sus hombros cambiando toda la posición de su cuerpo, abrió sus ojos de repente mirando fijamente a Catra con seriedad, la morena intimidada retrocedió sin dejar de mirarla, su cuerpo tomó una forma distinta, se formó, sus músculos aparecían a la luz pese a tener aún su contextura delgada.
—¡Apareció She-ra! —Exclamó una compañera de equipo saltando en su lugar, la rubia, a la que ahora llamaban She-ra, le miró logrando estremecer a su amiga, estaba completamente concentrada.
—Hay que hacer esto.
Aquel silbato dio inicio al juego, ambas partes de la cancha daban una impresión de poder, se intimidaban de un modo agresivo y sin descansos, una vez el balón fue lanzado ya no importaba nada más que ganar, no había más dolor, no había tensión entre capitanas, la única unión ahora era la pelota que caía de forma agresiva al suelo dentro del área enemiga, un sonido explosivo al cual la morena reaccionó mirando a la rubia con sorpresa, parecía caer de aquel salto con extrema ligereza, a través de la red se miraron, una estupefacta y la otra sin desviarse del objetivo como si fuera un animal al cual le robaron la presa, ahí estaba ella soltando un suspiro corto y silencioso el cual la morena veía expresado en su cuerpo.
—Hey Catra —Susurró seductiva cambiando su posición, la suela de sus zapatilla deportivas rechinaba al caer al suelo y volver al orden, la reacción de la morena fue clara para todos los que le miraban, esta solo se sujetó a sus brazos mostrando lo reacia que estaba a sentir algo que ya estaba sintiendo, no era amor, no era enamoramiento, ni siquiera podía tomar a aquella chica que conoció en el puente como un interés romántico, quizás aquello era simplemente deseo.
Ahí iba la pelota saltando de toque en toque pero ninguno era de ella, la rubia era paciente y frente a ella estaba la otra capitana de melena incontrolable siendo la que se dio a sí misma la orden de bloquear sus pases. Ambas estaban atentas de su alrededor, del enemigo y de aquel balón que venía junto con el grito de su nombre: She-ra.
La morena saltó dando pasos hacia atrás tomando distancia de la red notando que los tiros preferidos de la rubia eran a la distancia, el balón fue alzado por el colocador, Adora, o She-ra como le llamaban en la cancha, fue capaz de mantenerse fija en el centro algo a lo que los demás parecían haberse acostumbrado, flexionó sus piernas tan leve para tomar el impulso y correr a la red una vez la pelota comenzaba a caer, corrió hacia esta, sus pasos retumbaron parando el juego de sus amigos quienes solo le miraban emocionados, saltando alzó su brazo.
—Catra no recibas ese balón —Dijo Shadow Weaver con completa calma pero estricta.
—¡Déjamelo a mí! —Exclamó calculando la trayectoria del balón que tanto añoraba tocar para detenerle, dando unos pasos hacia atrás puso su mano sobre la suya en aquella posición que tanto repasaba, al instante esta cayó sobre sus antebrazos, el choque contra su piel desnuda sonó como una bofetada tan fuerte que provocó dolor en todo quien le escuchó.
—¡Catra! —Exclamó uno de sus compañeros: el más delgado de blanca piel, preocupado se acercó a quien caía al suelo por la intensidad del golpe recibido pero a la morena solo dirigía sus hetero-cromáticos ojos a donde caía el balón y esto fue saliendo de los límites de la cancha.
—¡La detuvo! —Exclamó otro de sus compañeros, el silencio era revelador, todos estaban en shock, la rubia fue la segunda en reaccionar.
—¡Catra!
—Te dije que evitaras el balón —Pronunciaba aquella mujer con lúgubre voz llena de autoridad sobre la morena quien miraba sus, ahora, morados antebrazos, la entrenadora de esta no se movió de su lugar.
—... Pero la detuve —Susurró la morena con voz átona, todo quien la escuchó le miró con confusión.
—¿Qué?
—Detuve la pelota de Adora —Habló esta vez más alto subiendo su mirada a la chica pegada a la red quien se estremeció por completo al oír su nombre salir por su boca, toda sensación mala que entintaba su cuerpo era limpiado por la voz de a quien apenas conoció hace un día.
—¿De qué te jactas? Levántate tienes que ponerte hielo —Mandó una de sus compañeras, era de tez morena y ojos claros quien la envolvió con el brazo levantándola con cuidado.
—... Ella tiene un punto —Pronunció la entrenadora del equipo de Adora, todos le miraron menos ella quien solo mantenía su mirada en Catra apretando la red con su mano—, ella no recibió el pase, lo desvió... Es la primera vez ¿No?
Catra soltó un quejido alejando con sus manos a su compañera mientras se acercaba a la red quedando frente a frente a la de blanca piel, se veía incluso más alta que antes.
—Cada vez que tires un balón estaré allí para recibirlo —La morena puso también las manos en la red casi encarcelándola, una mano la ubicó sobre la de Adora que solo le miraba en completo silencio y plena concentración, ahora era la rivalidad la que gobernaba sus rostros—, no tienes escapatoria capitana, ya no más, seré tu sombra, siempre iré tras de ti hasta que ya no puedas más —Catra sonrió ladeada mientras con su mano sacada de la red pasaba los dedos para ordenar su cabello hacia atrás—, heh, esto será divertido —Pronunció seductora manteniendo su mano allí.
—... Bien, lo estaré esperando con ansias —Al decir esto ambas retrocedieron a sus lugares sin quitar la mirada sobre ellas, había un silencio casi nunca antes visto, partido de práctica o no, todos jugaban en serio.
Y así fue todo el juego el cual se podía resumir en las jugadas de ambas en cuales se podía ver la agilidad y poder de sus cuerpos, sin embargo había una de ellas que si estaba siendo herida físicamente hasta sonar el silbato que terminaba el juego por anotar los puntos que le hicieron ganar todos los set.
—Saliste lastimada y no pudiste hacer un punto —Reclamaba Shadow Weaver con desprecio a Catra quién estaba con sus manos apoyadas en sus piernas, sudaba con su rostro ardiendo, el viento que entraba por la puerta del gimnasio, la cual yacía abierta, enfriaba su cuerpo logrando que su piel se erizara por la sensación.
—Pero es la primera vez que este equipo pudo hacerle frente a la rebelión, cada vez que veía sus juegos anteriores, Lonnie estaba jugando en una posición que no le favorecía, Rogelio casi ni jugaba y Kyle... Kyle no hacía nada —Le llevaba la contraria a aquella estricta maestra y entrenadora con facilidad, Adora miró aquello con preocupación hasta caer al suelo soltando un fuerte quejido, su expresión mostraba lo doloroso que era aquello que sentía y que tocaba.
Todos comenzaron a rodearla con rapidez incluso Catra fue a verla de inmediato abriéndose paso con curiosidad, la capitana rubia había sufrido de horribles tirones en sus gemelos al no entrar en calor, se podía ver en su pierna y todos tenían una expresión de dolor a excepción de ella, nuevamente era distinta a los ojos de la blanca chica, con todo el dolor se quedó siendo testigo de aquella risa burlesca que salía de la morena, tan peculiar, tan única. Sin notarlo la calidez que comenzaba a sentir como leves cosquillas en su corazón empezó a mostrarse en el rostro con una gran sonrisa, los testigos de la escena quedaron maravillados, no entendían por qué pero sentían en ellos aquel sentimiento que transmitía el cuadro que veían.
—Bien, La Horda y la Rebelión tomarán un descanso en lo que dura el siguiente partido, no olviden de calentar para que no les pase lo que la señorita Adora está pasando en el momento —Hablaba el árbitro quien en realidad era el encargado de esa sección de deporte, escuchó las risas de todos quienes a pesar de haber pasado por la hora más estresante dentro de un partido de Voleibol ellos estaban aliviados al final de este.
Una vez el dolor de Adora pasó salieron del gimnasio siendo recibidos por el frío viento, el cielo de veía tan puro, con nubes parciales que no le tapaban por completo, en silencio la morena se fue, solitaria, callada y con serena expresión aun sintiendo la intensa mirada de ella a quien conocía por unas cuantas y lejanas horas, le incomodaba. Tomando la primera oportunidad de alejarse y ocultarse de cada gente en ese mismo sector… lo hizo desapareciendo de la intrigada mirada de la rubia que sentía las secuelas de no calentar sus músculos antes de ejercitarse. Un fuerte viento fresco azotó su delgado cuerpo sudado, no sacó su toalla para secar la consecuencia del trabajo duro, se escondió entre los múltiples árboles de arce con un hermoso e intenso color rojo en sus preciosas hojas que comenzaban a cortar el viento con su caída al bullicioso largo césped, precioso jardín que los hijos de padres adinerados pudieron pagar en aquel establecimiento educacional privado. Tomó una inhalación. Aquel sano aire de campo entró en ella le devolvió a su cuerpo la sensación de frescura que su piel, más su cara, pedían, sin embargo el frío le invadía cada vez más, estar entre los árboles no era una buena opción así que por más que disfrutase el regalo que la naturaleza le daba tuvo que irse a un lugar en donde las hojas de los árboles no detuvieran el paso de los rayos del sol.
Sus pasos eran ligeros especialmente para ser silenciosos pero aquella vestimenta de vibrantes colores de los árboles que le rodeaban los cuales ahora estaban por desnudarse por la estación de otoño; le delataban al pisar ya que crujían, intentó también arrastrar sus pies sobre el césped así solo mover las hojas, ambas opciones causaron ruido, así que no pudo evitarlo a pesar de anhelarlo. Con su inquieto mirar buscó su añorado calor hasta encontrarlo en una esquina del edificio, no sabía qué sector era pero no le importaba, sólo quería sentarse allí y relajarse hasta que le llamaran de nuevo.
Pero una irritante sensación le recorrió cuando escuchó la pronunciada voz de alguien llegando por el otro lado, les llamaba jactándose de tener algo que los demás no tenían. Sus palabras eran bastante fuertes y de ella, de su voz, se notaba la confianza que tenía en lo que quería mostrar a su público de aproximadamente tres personas, no les veía pero podía sentir sus pisadas.
—Hoy estaba pasando por los camerinos de la rebelión cuando encontré algo —Chillaba con emoción—, yo sabía que había algo con Adora y la entrenadora.
Todo el cuerpo de Catra reaccionó a lo escuchado agachándose en silencio, estaba completamente seria, una emoción brotó de ella, quería intervenir pero la curiosidad le ganaba así que solo se quedó en silencio esperando a que esa chica comenzara a hablar después de tantas risas, una víbora que se alimentaba del drama ajeno sin importarle siquiera que esto afectaría a las involucradas.
—¡Mentira! —Exclamó otra con picardía para luego reír burlesca, la morena sintió horrible en el momento al oír las risitas— ¡¿Las viste besándose?!
—¡Shh! —Calló la otra también riendo, todos parecían inmersos en la información que tenía que decir— Algo más, miren.
Cada parte de ella, de Catra, desobedeció al pensamiento de quedarse escondida en aquel lugar guiándose por un impulso que no comprendía del todo pero debía alcanzar aquel celular, esta vez no era la curiosidad de ver aquel material sino algo más fuerte que no tenía nombre por ahora, antes de que pudiera arrepentirse salió de aquella esquina siendo vista por todas las personas ahí presentes.
—Catra, me asustaste —Dijo la que tenía aquel dispositivo en mano que al ver la insistente mirada de la recién llegada escondió aquello en su espalda.
—Estaba escuchándolos, también quiero ver —Vaciló sus palabras con notorio arrepentimiento de aquella acción, pudo haber seguido de largo pero nada de ella funcionaba como debía, estaba ignorando todo instinto tenido de escapar y se quedó allí viendo como la niña cambiaba su guardia a una más relajada.
—Pensé que venías a buscar pelea, ven, aquí está —Aquella chica de la cual Catra solo veía en su cara la cara de una víbora llena de veneno que lanzaría solo por diversión se acercó, odiaba a las personas así y lo único que les deseaba siempre era que el mundo alguna vez les cayera encima para que sintieran las consecuencias de lo que siempre hacían—, ah, espera, tengo que enviarlo.
La morena se quedó allí sin saber qué hacer ante aquella declaración, lo enviaría, hubo silencio en ella, en su mente, mientras la veía reírse señalando su pantalla. En ese estado fuera de su realidad llegó un recuerdo a ella pero para ser más específica fue una memoria de la ventana del alma de la chica rubia que no sólo expresaba la tristeza que sentía en estos, no era un sentimiento tan simple como eso, sus ojos carecían de vida, tembló como lo hizo al presenciar por primera vez aquel tenebroso acto. En un arrebato le quitó el celular de las manos, fue rápida para tratar de detener el envío pero no pudo, solo bastó para ella hacer una nueva difusión y todos sus contactos tenían el video.
—¿Qué te pasa? ¿Tanto quieres verlo? —Preguntó mirándola despectiva con completa extrañeza, se acercó y abrió el video para ella ansiosa de ver la reacción de la de hermosos ojos— Te juro que te va a impactar.
Y aquí estaba una grabación corta pero lo suficientemente acusadora, Adora la tenía abrazada, no había forma en que se viese como algo forzado, estaba oscuro, a solas, con la luz de la linterna del dispositivo delatando el pecado de ambas. Pensamientos vinieron a su mente, el primero fue uno estúpido: la culpó por hacer algo así en un lugar como ese. Pero algo no se sentía bien en la postura, algo no andaba nada bien ahí y segura de sí misma quitó el video seleccionando el mensaje sin embargo al tratar de borrarlo no le dejaba, normalmente aquella aplicación daba la posibilidad para borrar el archivo para todos, habían pasado segundos y la difusión no podía ser borrada.
—¿Qué estás haciendo? —Preguntó la dueña del celular al ver lo que la chica de cabello indomable intentó hacer, se acercó tomándolo sin embargo fue empujada con la pierna de Catra, un fuerte sonido sonó provocado por el cuerpo de la chica cayendo al césped— ¡Devuélvelo ya!
La morena con rapidez fue a la galería de aquella chica borrando el video desde allí, sabía que era imposible de descargar el archivo si este dejaba de existir, borró absolutamente todo archivo multimedia de la galería. Sentía las miradas sobre ella y cada vez más se comenzaba a desesperar, una vez todo archivo fue eliminado incluso de la papelera azotó el celular contra el muro rompiéndolo, los gritos de la chica maldiciéndole se volvió parte del ambiente sin embargo nada de eso le importó, tomó el quebrado celular metiéndolo a su bolsillo.
—¡¿Qué mierda es lo que te pasa?! —Exclamó con peculiar acento una de las personas presentes levantando a su amiga de su lugar, Catra las miró retrocediendo al ver cómo se acercaban a quitarles lo que quedaba del celular.
En un impulso corrió huyendo de ahí, su corazón comenzó a latir acelerado, no era el cansancio, no era la adrenalina de ser perseguida por personas más lentas que ella, estaba asustada de ver la mirada de nuevo en la rubia, no le importaba nada más que eso, era aterrador, no quería pasar por eso de nuevo, no creía merecerlo y sabía que, incluso si le evitaba, tendría que ser testigo de aquello.
Durante toda la experiencia de Catra Adora salía con una toalla rodeando su cuello y con esta secaba su sudor del rostro, fue recibida por dos de sus amigos quienes le esperaron afuera, el dolor perduraba en su pierna pero ahora era leve, cojeaba sin embargo se mantuvo caminando con sus amigos, sus ojos miraban el lugar con inquietud sabiendo que alguna vez en estos días en los cuales estuviera sola se perdería así que hizo lo que debía lo cual fue preguntar para asegurarse de saber a dónde ir. Sus pasos ligeros e imperfectos pasaron del césped a un camino de piedras perfectas cortadas y puestas en el piso, mirando aquel lugar notó de inmediato lo feérico que era, tan sereno incluso con todos allí sentados mirando la transparencia del material que tenía aquella fuente rebalsada de clara agua con un toque turquesa.
—Esto es hermoso —Susurró Adora sintiendo su mano siendo tomada por la princesa que le acompañaba la cual le llevó al sector donde todos disfrutaban esos rayos de sol.
En silencio completaron la acción mirando como la luz del gran astro caía reflejándose en la cristalina agua, era temprano aún y la temperatura no subía, doce grados les envolvían así que disfrutar de la calidez de este no era una mala opción, comenzaron a hablar, parloteaban sobre lo que se sabía de la situación dada en aquel gimnasio donde ambas capitanas se habían abrazado con fuerzas, algo erróneo para la versión de Adora por supuesto, sólo fue sostenida.
En una vibración unísona los celulares de la mayoría de los presentes se movieron, la rubia extrañada se miró con sus amigos quienes sacaban sus dispositivos, les imitó especulando que quizás organizarían de esa forma a cada estudiante, entre risas comenzaron a bromear con ello, terminaron jugando a imitar a los distintos profesores en una situación en la que debían enfrentar a la tecnología de punta. Entre risas algo comenzó a cambiar, si bien el ambiente ya era sereno ahora lo era más, algo feérico que se transformaba en algo obscuro aunque el sol estuviera allí con ellos en cada momento.
Las risas se convirtieron en silencio, del silencio pasaron a los murmullos y de la ignorancia se pasó al conocimiento.
Le rondaron las miradas llenas de incertidumbre, ni siquiera trataron de ocultarlo, con celular en mano le miraban fijamente, los dos amigos: la princesa y el arquero, estaban confundidos ante la actitud de la audiencia, la realidad golpeó a la alta del grupo quien desbloqueó el celular con manos temblorosas, estuvo distraída, tan inmersa en otros pensamientos que olvidó el más importante. Una agonía con pizca de esperanza era lo que sentía en el momento, esperaba que fuera cualquier otra cosa que lo único que se le venía a su mente, por su vista periférica vio a sus amigos imitando su acción llenos de real preocupación.
Su mundo cayó al ver entre los muchos mensajes sin leer uno que sólo decía "Vídeo", lo abrió con real desesperación, sus ojos no parpadeaban, en aquel momento incluso había olvidado lo que era respirar ya que al abrir el chat podía ver el símbolo que indicaba que aquel vídeo fue enviado por difusión. "Soy yo ¿No es así?" pensó, pero aunque quisiera responder a aquello no era capaz de ver el archivo recibido. Sus ojos ardían resecándose al punto en que se tuvieron que formar lágrimas en estos cuando la desesperación del momento no le dejaba sentir algo más, sus manos no paraban de temblar. Una inhalación bastó: la inhalación profunda de la princesa, para confirmar el hecho que era ella.
Su dedo pulgar tocó la pantalla abriendo el material, tan corto como es y aun así era tan revelador, se reprodujo en un bucle, cada vez más todo se oscurecía para ella quedando solo aquella pantalla reproduciendo el video una y otra vez atormentándola y cada segundo aumentaba, mas le era imposible hacer algo sobre ello, se encontraba paralizada.
—Adora... Adora —Le llamaban pero las voces sonaban tan ajenas a ella, era incapaz de responder al llamado, no podía reconocer su propio nombre— ¿Qué está pasando? Adora ¿Qué significa esto?
La boca de a quién exigían respuestas se abrió pero de ella no salió nada, tenía su mente en blanco, no estaba apta para dejar salir todo lo que pasaba ya que sabía que no había verdad que les satisficiera a todos.
—¡Adora! —Exclamó la princesa Glimmer— ¡¿Qué es lo que está pasando?! ¡No entiendo nada y no estás diciendo nada, me desespera!
—Hah —Salió de la rubia mirándola con desprecio, su esclerótica estaba de un color rojizo y sus ojos lloraban—, te desespera.
—Glimmer, dale su tiempo —Pidió Bow a su lado, intentó tocar a Adora pero esta le evitó su mano con asco.
Aquellos sentimientos no eran dirigidos a las personas a su lado, en su ira, su desprecio y asco sólo iban dirigidos a la causante de esto... A ella misma.
—... No puedo —Susurró en un hilo de voz trémula tratando de hablar pero su garganta estaba tan tensa que hasta el tragar dolía más de lo que debía.
—... Adora... ¿Fue consensuado? —Preguntó Bow viendo con notable sospecha por la reacción de su mejor amiga, Adora hizo una expresión de dolor, en el momento fue que salieron verdaderas lágrimas, bajó su cabeza tapando su cara con ambas manos soltando un llanto ahogado.
—... No lo fue.
—¿Hace cuánto tiempo estás pasando por esto? —Preguntó Bow en completa seriedad, Glimmer a su lado no sabía que decir, tomó su celular y vio el video otra vez, aunque el parlante estuviera en bajo volumen aún se podía oír la voz de la chica que le grabó haciendo temblar a la rubia un más, la mortificaba.
—¿Cuánto más lo vas a repetir? —Preguntó Adora dejando de tapar su rostro, su mirar aterró a su mejor amiga quien bloqueó de inmediato este artefacto electrónico.
—... En el vídeo... La estás abrazando —Acusó la más baja del grupo, fue interrumpida por el de tez morena.
—Glimmer, cállate —Dijo estricto tratando de mantener todo en sus manos pero no podía, se estaba rebalsando.
—Si no era consensuado ¿Por qué no lo hablaste antes? —Preguntó Glimmer, no se detuvo, había algo en su mente y estaba molesta.
—¡Basta! —Exclamó Bow notando la reacción de la rubia la cual era nula, parecía estar a punto de caer desmayada, no tenía color en su rostro, su iris temblaba.
Pasos rápidos se escucharon junto con gritos detrás, algo llamaba el nombre de la rubia quien subió su mirada al notar como los pasos habían cesado frente a ella.
—Aléjese por favor —Pidió Bow a la morena quien jadeaba agotada cuyo cabello fue jalado por las que le perseguían, no se defendió, le era imposible hacerlo aunque quisiera.
Adora miró a todos en el grupo notando que la que le había mandado aquello estaba ahí gritándole a la morena quien sólo le miraba incluso siendo agredida, pronto la de ojos bicolor estiró su mano hacia ella.
—Tenemos que salir de aquí, capitana —Fue lo único que atinó a decir, la rubia se puso de pie pero pasó de ella con rapidez acercándose a la culpable de enviar el vídeo, esta sintió miedo, trató de huir pero no pudo, sobre sus hombros cayeron las manos fuertes de la capitana.
—Suéltame, déjame ir.
—¿Qué tan podrida tienes que estar para hacer algo así? —Preguntó Adora tensando su agarre, un fuerte quejido salió de quien sostenía— ¿Amas ver este sufrimiento? ¿Te gusta?
—Adora, me duele-
—¡¿Te gusta?! —Gritó desgarradoramente, un fuerte llanto aterrado salió de quien caía de rodillas mirándola llena de miedo.
—¡Adora! —Exclamó Glimmer atrás.
—¡Cállate! ¡Cállate! —Exclamó tapando sus oídos, el dolor en ella iba aumentando cada segundo más expandiéndose por su cuerpo como un virus paralizante, desde su cabeza llegó a su corazón, cada centímetro de ella era gobernado por el sufrimiento, tanto dolía que se sentía incapaz de respirar.
Su tórax estaba tensado, cada respiración era más breve y no podía sentir el aire en sus pulmones, la punta de sus dedos dolían, era tanto su pesar que incluso sentía como la punta de su cabello traía dolor consigo al moverse balanceado por el viento frío que golpeaba todo su inmundo cuerpo. La mano de aquella aberrante mujer comenzó a tatuarse en su piel nuevamente, la sentía en ella, la sentía en su cuerpo, podía sentir su respiración en ella, miró sus manos, necesitaba lavarlas, todo su cuerpo tenía que ser desinfectado, comenzó a temblar como un animal que acaba de ser arrollado en la esquina de la calle viendo a su alrededor asustado a qué lugar huir.
La morena veía todo a su lado, cada expresión, cada quejido de dolor y no era la única, quizás en el estado en el cual la alta estaba no era consciente de su alrededor pero todo era un caos, gritos de sus amigos, las personas grabando la escena, la chica paralizada arrodillada frente a ella, carentes de empatía no sabían que hacer, mucho menos la morena que estaba ahí de pie frente a ella interrumpiendo cada video y foto posible.
—Hey Capitana —Le habló como la primera vez y funcionó, aquellos ojos carentes de vida le miraron penetrando cada parte de ella—, estás sufriendo un ataque, tenemos que irnos, debemos salir de aquí, Adora.
Nuevamente estiró su mano con la esperanza de que esta vez si fuera tomada pero aunque la rubia dudó no la tomó, sin embargo asintió dándole luz verde a la idea de huir con la morena de todo lo que ahora le acosaba.
