Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Epico
(Epic)
Un fic de The Prime Minister
Traducción por Apolonia
Bulma deslizó la aguja fuera del tubo con el ceño fruncido mientras Radditz suspiraba en dolor. Estaba dormido, gracias a Dios, porque el dolor del agujero en su abdomen hubiera sido insoportable de otra manera. Ella lo miró aturdido, las semanas de atenderlo pasaron su factura. La novedad de estudiar a un alienígena había desaparecido desde que había medido todos los aspectos posibles de su estructura ósea y muscular e incluso tomado muestras de tejido. Sentía como si no hubiera más sorpresas por venir; Goku estaba muerto, y lo había estado durante semanas, Chi-Chi había entrado en un estado de estupor cuando recibió la noticia de que su marido se había ido y secuestraron a su hijo. Krillin se había a entrenar en preparación para la posibilidad de que el otro Saiyajin, Vegeta, apareciera. Todos se habían ido a hacer sus cosas importantes y ahí estaba ella, sola, atendiendo a un alienígena que podría muy bien levantarse y matarla una vez que hubiera sido sanado.
"Bulma," una suave voz dijo detrás de ella. Sus ojos se abrieron un poco en sorpresa, al reconocer la voz y casi no creerlo. Sus labios se separaron, se volvió un poco para ver a la persona que estaba parada en la puerta, manteniendo su mano sobre el frío metal de la barandilla de la cama de Radditz. La persona en la puerta dio unos pasos hacia ella, cerrando la distancia entre ellos, y puso un dedo bajo su barbilla, inclinándola hacia arriba. Ojos oscuros brillaron hacia ella, las cicatrices que corrían a través del ojo y la mejilla distorsionándose con una sonrisa. "Krillin me contó lo sucedido. No quería que estuvieras sola."
Bulma miró de nuevo en el rostro lleno de cicatrices. "Yamcha," susurró, relajándose mientras los brazos de él se curvaban a su alrededor y la atraían hacia él. "Casi se me olvida que yo no te estaba hablando," murmuró en su camisa.
"¿No podemos dejar todo lo desagradable atrás para que podamos salir adelante con esto?" preguntó suavemente, levantando una mano para acariciarle su cabello sedoso.
Ella envolvió sus brazos alrededor de su cintura y apretó. "¿Quieres que olvide lo invitaste a salir a otras chicas cuando se suponía que debíamos estar juntos?" preguntó sin ganas, no queriendo darse por vencida tan fácilmente.
"Tú no hubieras ido conmigo, Bulma," le recordó. "Sabes que yo realmente quería ir contigo. ¿Importa ahora acaso?" dijo, hundiendo su nariz en su cabello. "Estás a salvo, y ahora que estoy aquí te quedarás así, incluso si ese monstruo está en la misma casa."
"No es un monstruo," protestó Bulma, cerrando sus ojos fuertes y metiéndose en su calor.
"Él mató a Goku, cariño," respondió.
Ella sacudió su la cabeza contra su pecho. "No, Piccolo mató a Goku. Radditz fue sólo un... incidente."
"No importa. Simplemente no te encariñes con el alienígena, ¿está bien? No quieres verme celoso," dijo, obviamente tratando de aligerar el ambiente. Dejó caer los brazos para tomar su mano, llevándola lentamente lejos de la cabecera de la cama del Saiyajin.
Ella sonrió en respuesta. "Me preocupa, sin embargo," dijo en voz baja. "Tal vez deberías estar entrenando en caso de que el otro venga."
Yamcha se detuvo y la miró, sus cejas juntándose ligeramente. "Voy a entrenar aquí por un tiempo. Goku se ha ido a entrenar con alguien en la otra vida, y después de un año de eso será deseado de nuevo. Va a ser mucho más fuerte que hará que el resto de nosotros seamos insignificantes," dijo, apretándole la mano.
Bulma sacudió su cabeza. "Goku es Saiyajin también. Quién sabe lo que sucederá una vez que se enfrente con su príncipe."
Yamcha sonrió y tiró de su brazo. "Estás demasiado llena de oscuridad y perdición. Hemos conocido a Goku más que nadie, y como sé que él nunca nos traicionó deberías darte cuenta de ello también. Así que vamos."
"Supongo que tienes razón," suspiró, dejándose finalmente tirar por él. "¿Hacia dónde vamos?"
"Afuera," Yamcha respondió con una sonrisa. "Has estado muy envuelta con la gente del espacio exterior que estás comenzando a olvidar cómo es la gente de este planeta. Espero que tengas hambre."
"¡Por supuesto!" Bulma dijo con una risa, tomándole la mano entre las suyas y siguiéndolo por la puerta.
"¿Cuántos has matado hoy?" Vegeta preguntó mientras Zarbon paseó a través de la puerta de la celda.
El hombre de pelo verde sonrió y metió algunos mechones de cabello detrás de sus orejas. "Tres. Y eran todas personas con las que tenía que luchar, nada de guardias," respondió.
Vegeta gruñó y cruzó sus brazos sobre su pecho, con cuidado de no molestar a los vendajes. "Ellos todavía no están molestándote con muchos combatientes como lo hicieron conmigo," gruñó.
Zarbon suspiró y se ajustó su manga. "Supongo que es porque no me veo tan fuertes como tú. Después de todo, sólo tengo tez clara y no tengo tu baja estatura... oh, me refiero a la compacidad. Me imagino que no soy tan llamativo, ni tengo tú tendencia a regodearme. Debo ser mucho menos entretenido..."
"Cállate," Vegeta interrumpió. "Te advertiré una vez para que cuides tu lengua."
Zarbon presionó sus labios juntos por un momento antes de responder. "Como desees, señor." Sus ojos ámbares se angostaron mientras estudiaba al Saiyajin, notando las ojeras en el fondo color púrpura. El Príncipe no parecía como si hubiera dormido mucho, y se estaba haciendo más evidente en su semblante.
"¿Qué diablos estás mirando?" Vegeta espetó, sus negros ojos destellando fuego.
Zarbon levantó una fina ceja. "¿Has estado descansando? Zarbon respondió, golpeando una uña azul en la piel del bícep opuesto.
El labio de Vegeta se curvó en un gruñido. "Eso es todo lo que he estado haciendo con estas malditas costillas. Las instalaciones aquí son abominables. Ni siquiera tienen un tanque."
Zarbon sacudió su cabeza de manera imperceptible antes de responder. "Todavía tienes suerte. Yo me rompí menos costillas, ¿y me tomó cuánto para recuperarme? Tú sólo has estado inconsciente unos pocos días, creo."
"¿Pocos días? Podrían ser semanas. No tenemos manera de saberlo aquí abajo," Vegeta gruñó.
"Además, Vegeta, muy pocos planetas fuera del imperio de Freezer tienen la tecnología que tenemos nosotros. Realmente no puedes esperar que un planeta como este tenga el mismo nivel de parafernalia."
La boca de Vegeta se torció hacia abajo mientras miraba a Zarbon. "¿Y por qué no? Tienen la tecnología para crear ciudades bajo la tierra, armamento perforador de ki, estas malditas celdas, ¿y has visto algunos de los comunicadores que la gente usa en la multitud?"
"Bueno, no, estaba algo ocupado," Zarbon admitió a regañadientes, sin gustarle ser superado por el advenedizo Saiyajin.
Vegeta alzó su nariz en el aire un poco y bufó. "Eso es lo que nos hace a nosotros los Saiyajin los mercenarios perfectos. Nuestra visión, audición y olfato son incomparables. Tampoco necesitamos la clase de suministros que otras razas necesitan- podemos comer casi cualquier cosa, y no tenemos reparos en matar cosas para nuestro sustento. ¿Crees que tu delicado estómago podría soportar consumir uno de estos Arlianos?"
La nariz de Zarbon se arrugó con disgusto. "No puedo imaginarme rebajarme a tal cosa," admitió en disgusto.
Vegeta asintió. "Inferior, en todas partes. Pero yo no lo seré. Cuando construya mi imperio, me aseguraré que su tecnología supere con creces a la de Freezer."
"¿Imperio?" Zarbon rió entre dientes. "Vegeta, tú sabes que no puedo dejarte hacer eso."
Vegeta miró al hombre de pie, sus ojos llameantes. "Y sabes que no puedo dejarte detenerme. No puedes ganar, Zarbon. Si tú me matas, pierdes tu vida por mano de Freezer. Si tú no puedes matarme, pierdes tu vida por mi mano. Si yo me mato, o me matan, pierdes tu vida de nuevo. Hay sólo un escenario en el que se te permite vivir, e incluso esto depende de tu habilidad para responder una simple pregunta: ¿cuánto del imperio de Freezer realmente estabas manejando?"
Zarbon parpadeó en sorpresa, sus manos lentamente bajando a sus costados. "¿Qué?"
Vegeta mostró sus dientes. "Me escuchaste."
"Supongo que manejé un poco de él, realmente. Supervisé mucho del comercio interplanetario, listas, formaciones de batalla, reparaciones, e hice la mayor parte de las misiones diplomáticas yo mismo," respondió, poniendo un dedo en su mentón mientras pensaba.
"¿Y qué hay sobre el inútil de Dodoria?" Vegeta instó, sus ojos calmándose un poco.
Zarbon rió en voz alta, poniendo sus brazos a su alrededor. "Tienes razón, Vegeta. Dodoria es absolutamente inútil. Freezer lo mantiene cerca sólo porque le gusta el rosa. Dodoria también es físicamente intimidatorio, con todos esos cuernos y sudor y todo eso, y es un maestro muy exigente para arrancar. Mantiene las topas en línea efectivamente, supongo. Realmente habían más tropas que las que un oficial podría manejar."
"Eso es lo que quería escuchar. ¿Crees que podrías dirigir un imperio por tu cuenta?"
Zarbon sonrió de nuevo, sacudiendo su cabeza mientras cerraba sus ojos. "Ya lo hice. ¿Crees que Freezer se preocupa por los detalles?"
Fue el turno de Vegeta para sonreir, aunque la suya estaba completamente desprovista de alegría. "No lo creo. Y ha de ser su perdición."
Zarbon se serenó de inmediato, poniendo sus manos en sus estrechas caderas. "¿Qué estás pensando?" preguntó, la voz con advertencia.
"Tú y yo tendremos que luchar pronto para el campeonato," dijo Vegeta. Sólo entonces verás mi plan."
"¡Esto es ridículo!" Zarbon dijo, arrojando una de sus manos al aire. Dando su espalda a Vegeta, caminó hacia las barras y se quedó de pie mirando afuera, sus hombros bajos y su ceño fruncido.
Vegeta rió suavemente, el sonido amenazante mientras azotaba por el húmedo aire. "Depende de quien muera," respondió.
Zarbon frunció el ceño y sacudió su cabeza. "Estás loco," gruñó, sin voltearse para ver la engreída sonrisa que sabía que estaría descansando levemente en la boca finamente cincelada de Vegeta.
Vegeta gruñó en respuesta y giró en su litera para recostarse. Vio la andrajosa capa de Zarbon aletear en un aleatorio movimiento húmedo, la vacía sonrisa todavía en su rostro. No estaba completamente seguro de lo que haría el otro alienígena; todo dependía de su reacción. Vegeta sólo tenía una vaga idea de lo que iba a hacer, y odiaba la vaguedad. Desafortunadamente todo se centraba alrededor de la conducta de Zarbon en la batalla final. Vegeta estaba bastante seguro que había cubierto todas las posibilidades, pero tuvo que recordarse que nunca subestimara a un experimentado, inteligente guerrero como Zarbon. Sus párpados se volvieron pesados y se deslizaron sobre sus secos ojos, envolviéndolo en las cálidas, aterciopeladas sábanas del sueño. Se sintió hundirse más profundo en el sueño, sintiéndose listo para absorberlo completamente cuando la voz rasgó a través de su cerebro una vez más, sacudiéndolo despierto con tal fuerza que fue acompañado por un espasmo físico. Gruñó mientras aterrizaba pesadamente en la litera de piedra, y antes de lo supiera Zarbon estaba a su lado, sosteniéndolo y mirándolo con preocupación.
"Vegeta, ¿estás bien?" preguntó con urgencia.
"Ahórrate tu compasión," Vegeta siseó mientras sus músculos tenían un espasmo una vez más, casi tirándolos a ambos al aire con su fuerza.
Zarbon apretó sus dientes y sostuvo los hombros de Vegeta con toda su fuerza. "¡Dime qué está pasando!" gruñó, sus ojos ámbares fríos e inflexibles.
Vegeta tragó pero no dejó que el gruñido se fuera de su rostro. "Tenemos que encontrar a Radditz. Sigue llamándome y no puedo escapar de eso," respondió con rudeza.
"¿Entonces qué demonios estamos haciendo todavía aquí?" Zarbon preguntó con ansiedad. "¡Tenemos que salir!"
"¡Cállate!" Vegeta gritó, sentándose y empujando a Zarbon. "Si quieres irte, adelante. La reja de la esquina superior izquierda está suelta. Es lo grande suficiente para que te arrastres por ella, y si la sigues lo suficiente te llevará afuera."
Zarbon parpadeó, juntando sus manos y mirando al príncipe. "¿Qué?" ¿Hace cuánto tiempo que sabes eso?"
Vegeta frunció el ceño y miró a Zarbon. "Desde el principio. Tuve mucho tiempo en mis manos mientras me estaba sanando. Supongo que las rejas no son vigiladas porque necesitas levitación para llegar a ellas. Los Arlianos no parecen tener mucho de eso."
"¿Por qué simplemente no nos fuimos de aquí?" Zarbon dijo con furia, alzando la voz.
"Porque eso interferiría con mis planes. Vete si quieres," Vegeta se quejó.
Zarbon se levantó lentamente, bajando su cabeza en derrota. "Bien, Vegeta, lo admito. Eres mucho más retorcido de lo que imaginé jamás y no hay manera absoluta qué pueda entender qué está pasando en esa mente Saiyajin tuya. Eres o el más loco o el mamífero más brillante que he conocido."
"Veremos pronto qué, ¿no?" Vegeta dijo fríamente, y se permitió una pequeña sonrisa.
"Estás despierto," una suave voz dijo mientras abría sus ojos lentamente. Las luces se habían atenuado, probablemente para salvar sus ojos, y mientras él parpadeaba rápidamente apreció el gesto. Suaves pasos encontraron su camino hacia él, y él giró su cabeza un poco para encontrarse con una pequeña mujer con cabello rubio atado alto en su cabeza, los ojos cerrados en una sonrisa y la cabeza inclinada un poco a un lado. Radditz se escabulló torpemente a una posición sentada, sólo para sentir una amable mano en su hombro presionando hacia abajo. "No, no estás lo suficientemente fuerte para eso," dijo ella tranquilamente. "Sólo descansa por ahora."
"¿Quién eres tú? gruñó, cerrando sus ojos con fuerza por un momento en un intento de aclarar su cabeza.
"Soy la madre de Bulma," respondió amablemente mientras secaba su rostro con un paño frío y húmedo. "Pero eso no importa realmente. Lo que es importante es curarte."
Radditz trató de mover un brazo, pero pudo sentir la tierna piel alrededor de su piel apretarse con el movimiento. "¿Por qué haces esto? Tu hija me tiene miedo y tu marido no confía en mí, y ambos están justificados. ¿Estás loca o simplemente eres tonta?" gruñó.
La Sra. Briefs sólo sacudió su cabeza. "Vas a ser difícil, veo," dijo ella. No es como que no he lidiado con jóvenes difíciles antes- sólo mira a Bulma." Puso una mano en el hombro de Radditz y él gruñó, tratando de quitárselo de encima. Ella sacudió su cabeza por lo débiles que eran sus movimientos. "Nunca te vas a mejorar a menos que pongas una comida verdadera dentro de ti," murmuró ella, cruzando sus manos en determinación. "Volveré en un rato con algo de comida," dijo ella, sonriéndole brillantemente.
Sus ojos se ampliaron un poco bajo sus pesadas cejas. ¿Qué clase de personas eran éstas, se preguntó, si querían ofrecer hospitalidad y atención a sus enemigos? La Sra. Briefs le dio una palmadita una vez más y salió de la habitación, su delantal ondeando en el viento creado por su movimiento. Él esperó, respirando lentamente y mirando a la pared hasta que ella volvió a entrar en la habitación con una bandeja colmada con humeante comida.
"¿Tienes hambre?" preguntó alegremente, poniendo la bandeja al lado de mesita de luz mientras lo ayudaba a incorporarse. Él no respondió, pero pasó una mano suavemente bajo la comisura de su boca para asegurarse que no estuviera babeándose.
"Un poco," murmuró, mirando a la comida con avidez. La Sra. Briefs sonrió y puso la bandeja delicadamente a través de sus muslos. Él la miró por un momento antes de atacar a la comida y consumirla tan rápido como pudo.
"No te olvides de masticar," ella le advirtió, sus ojos abriéndose lentamente en sorpresa. "No tienes que apresurarte. Hay mucho de donde vino eso."
Radditz gruñó mientras continuaba metiendo alimento en su boca. Las texturas y los sabores eran maravillosos, y sintió su estómago hacer un estruendo en apreciación. "Bien," gruñó entre bocados, sin dejar de hartarse hasta que estuviera saciado. Suspiró en felicidad y se inclinó contra las almohadas felizmente, la mano sobre su abdomen. Con tanta comida en él su herida parecía dolerle menos. Exhaló de nuevo en satisfacción y miró sobre el hombro de la madre de Bulma, preguntándose vagamente qué haría luego la extraña mujer.
"¿Te gusta la televisión?" preguntó mientras caminaba a través de la habitación y encendía la televisión que colgaba suspendida de la pared. "Es casi la hora de mis talk shows."
"¿Talk shows?" dijo Radditz, frunciendo el ceño en confusión mientras la caja parpadeaba a la vida. Se enfrentó con imágenes de gente sentada en sillas frente a una audiencia, aparentemente discutiendo sobre algo.
"Sí, cariño," respondió. "Sólo siéntate y relájate. Confía en mí, no te tomará mucho entender qué está pasando."
"Así que ya sabes que mamá está manipulando a Radditz," Bulma gruñó a su padre desde el otro lado de su nave.
El Dr. Briefs gruñó mientras enviaba una lluvia de chispas volar en cada dirección. "Conoces a tu mamá," murmuró.
Bulma frunció el ceño y se concentró en el circuito que estaba tratando de extraer. El maldito alienígena era caro, con los costos de los equipos médicos y tratamientos necesarios para mantenerlo vivo, y estaba segura que su apetito era incluso la mitad del de Goku en sus facturas más altas. Suspiró y bajó el plato de metal que estaba sosteniendo, mirando vacíamente al lado de la nave.
"¿Qué pasa?" dijo su padre, escondido de su vista por la nave espacial.
"¿No estás preocupado?" preguntó ella, examinando sus manos cubiertas con grasa.
"¿Sobre qué?"
"Sobre este individuo Vegeta," dijo con impaciencia.
"Mmmm," su padre respondió, y ella pudo decir que él había dejado de escuchar. La nave había captado completamente su atención, y no podía realmente culparlo. La nave era un milagro de diseño, y ella estaba comenzando a pensar que había aspectos de la física de los que no era consciente. De alguna manera la nave había logrado viajar a velocidades increíbles, y sin embargo su diseño no parecía ser uno increíblemente libre de fricción. El circuito era absolutamente increíble, y estaba segura que si podía averiguar cómo funcionaba podría copiarlo, y una vez más la Corporación Cápsula estaría a la vanguardia de una revolución tecnológica. Sintió una sonrisa crecer sobre su rostro; ciertamente estaba contenta que nunca tuviera que preocuparse por los costos de jubilación de sus padres o incluso el suyo propio, para el caso. Agarró un destornillador y lo examinó ausente mientras su mente corría a través de cálculos. La Corporación Cápsula era probablemente la corporación más rica en el mundo en la actualidad, lo que realmente la haría más rica que la mayoría de las princesas. Bulma miró su reflejo sonreír mientras se imaginaba a sí misma como una princesa, justo como había querido ser cuando era una niña.
"¿En qué estás pensando, cariño?" dijo su padre, metiendo una cabeza alrededor de la curva de la nave.
"En nada, papá," dijo ella, y comenzó a concentrarse una vez más en la tarea a mano.
