Capítulo V


En el mismo caos que saturaba a quien cuya vida había sido marcada públicamente quedando a un paso al frente a la vista de los demás quienes ahora le señalaban con el dedo, su respiración era casi nula y sonora, no podía mantener su mirada fija, sus piernas temblaban, aquel daño que la tipa hizo un su zona íntima dolía más que en el momento en el cual fue causada, quizás sería un dolor que como sus manos: sentiría en su cuerpo toda su vida la cual anhelaba fuera corta.

—Adora, Adora mírame —Pedía la chica morena insistentemente tratando de no tocarla para llamar su atención, la rubia parecía estar a punto de caer desmayada.

Ante el llamado tan suave la rubia trajo a su consciencia de vuelta mirando tan temblorosa que parecía desmoronarse, sus ojos se fijaron en la morena más baja que ella pero inevitablemente se desviaron hacia lo que había detrás de esta.

—No, no, Adora, mírame a mí —Pidió Catra sabiendo lo que tenía justo detrás, pudo ver en los ojos claros de la rubia lo que esta iba a hacer sin poder ser capaz de detenerle.

—¡¿Qué hacen?! —Exclamó destruida sin poder moverse del lugar en el que estaba sin sentir que caería al suelo, al hacerlo no causó nada más que algunas risas— ¡¿De qué se ríen?! ¡¿Qué es lo gracioso de esto?! —Gritó desgarradoramente, Catra tembló llena de tristeza sintiendo como sonaban las fotos que sacaban pero no dijo nada, solo se quedó allí— ¿Por qué...? ¿Por qué son tan crueles?

—¡Ya basta! ¡¿Qué creen que hacen?! —Exclamó Glimmer entrando en escena poniéndose frente a Catra quién tomó aquella oportunidad para llamar la atención de la rubia de hermosos ojos claros.

—Vámonos —Pidió Catra mirándola llena de decisión, la chica de ojos llenos de lágrimas buscaba empatía en los que la miraban pero no encontraba nada más que burlas y murmullos que su mente era incapaz de entender en tanta desesperación.

—No puedo... No puedo —Comenzó a decir repetitiva, Catra notó que su cuerpo ya no podía moverse, faltaba poco para que su ataque se intensificara y podía verse, sabiendo que debía arriesgarse tomó su mano.

—Por aquí.

La rubia temiendo caer se aferró al agarre mientras la seguía a débiles pasos que dolían como si en las planta de sus pies se clavaran cuchillos, podía ver su espalda, la espalda de la morena la cual parecía ser lo suficientemente para sostener la responsabilidad de tenerla a ella en sus manos en el momento, dos desconocidas que no pasaban más que desafortunados momentos juntas.

—Que zorra.

—Está loca.

—Ahí la está abrazando y ahora que la captaron se hace la víctima.

—Que exagerada.

Catra tensó su mano esperando que la rubia no estuviera escuchando, supo que lo hizo cuando su agarre fue correspondido por la alta. En silencio se fueron dejando todo rastro de caos atrás, sus pasos entorpecidos causaban un sonido de ritmo irregular que seguían pasos precisados de quien miraba a su alrededor haciéndose camino a los dormitorios por una ruta donde no hubiesen tantas personas sin embargo le era imposible, pasaban y unos cuantos se quedaban mirando su caminar, a veces y solo a veces Adora abría su boca, la comisura de su labios bajaba en un puchero comenzando a recitar lo que ella quería que funcionara como un mantra, aunque causaba lo contrario, haciendo saber que ya no soportaba, ya no podía.

Entraron a aquella estructura donde se fueron de inmediato al ascensor rodeados de espejos que la rubia miró viendo su propio reflejo, la morena no era capaz de descifrar que era lo que la alta veía ahí en el espejo hasta que esta soltó un grito desgarrador impulsándose al delicado material listo para destruirlo y así no verse. En una rápida reacción la morena jaló a la que desesperadamente trataba de salir del agarre que la delgada y baja chica mantenía desde su espalda, lentamente esta con cuidado puso su mano sobre los mojados párpados de la capitana del equipo rival soltando cierto sonido de silencio de forma repetitiva para calmarla de arremeter contra su propia imagen, quien era sostenida dejó de ir en contra del agarre soltando leves quejidos que rápidamente escalaron a un fino llanto de quien ahora caía al piso sentada ya sin fuerzas, la morena también a su lado se agachó cegando aún su mirar.

—Ah —Suspiró con tristeza sintiendo el temblor de los párpados de la chica quien con cabeza en blanco estaba a punto de dejar salir todo de ella—, la vida es una mierda.

—Lo es —Respondió con una voz tan inestable e inaudible, tan fina y temblorosa como ella, Catra dejó de tapar sus ojos levantándose sin aviso, sin anuncio de sus acciones, aterrando a Adora quien sostuvo su pierna en una rápida acción, en su rostro mostraba el anhelo de una chica que no quería estar sola.

—... Tengo que hacer andar el elevador —Susurró con neutra expresión, no mostraba pena ni lástima hacia ella, tampoco mostraba en ella poco interés, Catra, al fin y al cabo, solo estaba ahí para acompañarla cuando supo que nadie más podría.

—No me dejes —Le rogó soltando lágrimas que hacían su camino por sus mejillas, la morena asintió tragando saliva, esa confirmación tan leve no hizo que Adora soltara su mano de su pierna, de hecho hizo su toque aún más fuerte.

—... No lo haré, no te dejaré —Habló, el agarre al hacerse más débil mostraba lo temblorosa que la rubia se encontraba, en ese instante cuando dejó de sentir el tacto de aquella mano fue cuando se acercó a los botones del ascensor llevándolas al último piso donde ambas tenían su habitación individual que les correspondía al ser capitanas.

Este cerró sus puertas comenzando la acción requerida, la morena con cuidado tomó la mano de la rubia llamando la atención de esta, suavemente le pidió que se pusiera de pie sin embargo parecía ser una tarea imposible de completar para alguien que estaba siendo lo contrario a lo que era normalmente: fuerte.

—Falta poco y estarás segura, solo levántate —Pidió Catra viendo como la puerta se abría al llegar ya al cuarto piso, con insistencia tiraba la mano de Adora, sentía que si tocaba más de ella causaría una reacción peor así que solo la ayudó a levantarse de esa manera.

Con piernas temblorosas se levantó caminando con ella hacia la habitación de la morena la cual era la última, con rapidez ambas ingresaron a este más angosto lugar que donde dormiría la rubia en tres largos días los cuales serían una tortura pero no era algo que pudiese evitar, de todas formas la que estaba pensando en todo ello era Catra, era la única que estaba en sus sentidos como para analizar la información de forma correcta pensando también en las consecuencias.

—Ven, siéntate en la cama —Susurró Catra quitando todo lo que tenía sobre esta, Adora le dedicó una intensa mirada— ¿Adora?

—... Tú... ¿Tú crees que lo hice con ella? —Preguntó con debilidad, completamente abrumada comenzó a sentir que debía huir incluso de la morena que le causaba una sensación de tranquilidad al estar solas en ese lugar.

—¿Estás mejor? Bien, iré por algo —Dijo pasando con rapidez por su lado para salir, quería tener un momento a solas, sentía la presión de la responsabilidad que tomó sin siquiera planearlo o quererlo, al abrir la puerta la tenía a sus espaldas.

—¡¿Crees que fue consensuado?! ¡Yo nunca quise eso! —Exclamó, su voz era tan desgarradora que logró detener el caminar de la de cabello, que ahora, parecía decaído— ¡Ella me tocaba! ¡La primera vez estaba tan aterrada, me hablaba, me decía lo que haría conmigo, que nadie me creería!

Hubo un silencio que destrozaba cada vez más a la marcada, quizás, de por vida. En un hilo de voz salió de su temblorosa boca:

—Respóndeme.

Pero el estado de inquieto silencio se mantenía amenazando a la rubia con no cambiar aunque la realidad era otra, la morena apretaba sus puños con fuerza sin saber que hacer o responder, tragó saliva estando nerviosa, un viento llegó chocando contra los múltiples vidrios que conformaban las ventanas de la habitación causando un sonido bastante envolvente. Adora en ese momento intentó escapar de Catra también quien tomó su mano con firmeza.

—Adora, no estoy... No sé y no estoy preparada para apoyarte en esta situación —Advertía quién ahora entrelazaba su mano con la de ella haciendo una prisión, no quería que se fuera—, no importa que... Yo te creo Adora.

Catra sintió como las manos de Adora lentamente comenzaron a temblar, los ojos de ambas nuevamente se juntaron, el seguir llorando para Adora era doloroso, sus párpados no paraban de temblar incluso en los leves pestañeos, no se sentía segura aún.

—... Necesito descansar —Susurró Adora temblorosa—, pero las manos de esa mujer están por todo mi cuerpo, las siento en mí, no sé cómo quitar esta sensación, me siento asquerosa, deja de tocarme ¡Deja de tocarme!

Adora empujó a Catra quién tomó aún más fuerte a la mano de la rubia la cual le miró sorprendida trató de soltarla de su extremidad con urgencia.

—Basta ¡Detente! ¡Suéltame te lo ruego! ¡No quiero sentirte! ¡No quiero que te ensucies! —Exclamó aterrada, Catra con sorpresa vio como comenzó a hacer arcadas que al parecer la rubia no controlaba— No me siento bien...

—Baño, hay que ir, no vomites aquí —Pedía Catra llevándose a Adora a este, al entrar era más pequeño que el que tenía la rubia quien se sentó frente al inodoro al cual levantó su tapa quedándose ahí sentada entre arcadas.

—Ah, no, que asco, odio ver a la gente vomitar, estaré afuera —Dijo con desagrado escuchando el sonido que salía de Adora.

—... Quédate —Susurró Adora quien comenzó a vomitar, Catra hizo expresión de asco tomando con rapidez la cola de cabello para que no interrumpiera, no la miró.

Pero la rubia no estaba vomitando mucho, cuando terminó de calmar sus náuseas miró a la morena quien había girado todo su cuerpo para no verla pero seguía allí como lo pidió, en su corazón sintió suave calidez que fue completamente eliminada por la necesidad de limpiar su cuerpo de sus manos.

—Iré a mi habitación, tengo que bañarme-

—Adora, no podemos —Dijo apoyándose en el lavamanos el cual tenía un mueble con lo necesario abajo de este.

—¿Por qué?

—Lamento recordarte que no podemos saltarnos los entrenamientos o quedaremos descartadas para cualquier otro que haya —Susurró incómoda ante la situación—, lava tu boca, aprovecha el tiempo que tenemos para descansar.

—... ¿Me mandarás de vuelta a ese lugar?

—¿Por qué soy la mala aquí? —Preguntó mirándola ponerse de pie, Adora no quería dirigir su mirada hacia ella pero pasó a su lado abriendo el grifo del lavamanos para lavar su boca.

Hubo un silencio y a pesar de Catra querer salir del baño no lo hizo porque Adora le pidió que se quedara con ella, la escuchaba lavarse pero no la miraba, luego sintió algo extraño, había durado mucho tiempo luego de lavarse la boca con el agua cayendo lavando sus manos. Le miró notando rápidamente como esta se limpiaba tan insistente que rompía su piel, en el instante cerró el grifo.

—¿Qué es lo que haces? —Preguntó tomando sus manos, no era mucho, simples rasguños que probablemente dejarían marcas, Adora dejó caer múltiples lágrimas sin poder detenerlas mientras veía sus manos en las delgadas manos de la chica quien le miraba con auténtica preocupación.

—No siento el agua tocando mis manos —Confesaba temblorosa, su voz dolía escucharla, tan expresiva que si tan solo se dieran el tiempo de escucharla notarían que su dolor es tan real—, mis manos están sucias, todo mi cuerpo lo está, cada que toco mi piel se siente más asquerosa.

—... Ven aquí —Susurró Catra abriendo el grifo nuevamente, en sus manos tomó el jabón líquido sacando un poco dejándolo caer en sus palmas.

Con extrema suavidad, como si Adora fuera una muñeca de porcelana, comenzó a lavar sus manos, la rubia miraba esto llena de sorpresa, sus lágrimas parecían de cristal, había belleza en tanta tragedia y Catra odiaba aceptarlo, subiendo su mirada miró su decaído rostro, odiaba lo hermoso de su cara aun estando en lágrimas, odiaba la forma en que su cabello, ahora alborotado, caía sobre su hombro derecho, podía sentir como sus dedos se entrelazaban resbalosos por el jabón el cual entraba a las recientes heridas de su mano causando un dolor del cual la rubia no estaba atenta.

—¿Así está bien? —Preguntó en un susurro tan delicado como lo era Adora en el momento, ambas se quedaron mirando en silencio, este silencio ya no dolía, era algo cálido.

—... Solo un poco más —Respondió con una inaudible voz, cada que hablaba su voz se quebraba, sus comisuras bajaban y más lágrimas caían, una tras otra sin poder controlarlas.

—De acuerdo —Respondió de la misma manera, una voz tan suave y cálida que esperaba calmara la agonía de Adora, sus manos entrelazadas comenzaron a separarse antes de que el jabón líquido comenzara a secarse más.

Con suavidad pasó sus delgadas manos acariciando cada rincón de la mano de Adora limpiando también sus muñecas hasta que dio la orden de detenerse, con cuidado puso sus palmas hacia arriba, la rubia como señal dejó sus manos sobre esta, seguían temblando si sus manos no estaban juntas, Catra lentamente dirigió estas al agua que caía fría, con suavidad comenzó a enjuagarlas, sus manos a comparación de las suyas eran más ásperas, más fuertes y grandes pero seguían siendo delicadas, de reojo le miró sintiendo sus manos ponerse cada vez más frías junto con las de ella quien parecía hipnotizada por la escena de las manos pero en la verdad era que su mente estaba en otro lugar, en otra situación.

—Deja de atormentarte tanto —Pidió Catra, sabía que no era fácil y sólo lo dijo para que Adora volviera a ella antes de que pasara a otro ataque tan rápido, sus pieles seguían tocándose en aquella fría agua—, estás lista ¿Mejor?

La de ojos claros miró aquello alejando sus manos de Catra mientras la alzaba, gotas de agua subían por su brazo, hubiese sido incómodo si hubiese traído un suéter pero no lo tenía, solo eran ambas con su uniforme sudado.

—... Gracias Catra —Susurraba con tranquilidad bajando sus manos para luego mirarla— ¿Lavarías mi cuerpo?

—No, siguiente pregunta —Respondió al instante, Adora con sorpresa le dedico una sonrisa suave, al parecer aquello le había causado gracia, como respuesta inmediata e incontrolable Catra también sonrió.

Aun tomando su mano como si no pudiera apartarla de ella salieron del baño no sin antes bajar la tapa del inodoro y tirar la cadena, Adora arrastraba sus pasos hacia donde la morena le guiaba lo cual era la suave y amplia cama de dos plazas donde al momento de llegar se sentó sin soltarla, la rubia se quedó frente a ella en silencio causando intriga en la morena.

—No debería... Decirlo —Susurró estando de pie, lentamente se acercó a la cara de Catra quién cerrando sus ojos ante la sorpresa y quizás esperando otra cosa sintió el toque de sus frentes.

—¿Qué es lo que pasa?

—... ¿Qué debería hacer? Catra ¿Qué tengo que hacer? —Preguntó tratando de encontrar las respuestas sobre lo que depararía su futuro, la de cabello largo y suelto no pudo responder a ello— Estoy asustada.

—Ven, acuéstate unos minutos —Susurraba con tranquilidad esperando que esta fuera transmitida a la desesperada mujer que solo quería sentirse cerca de ella para sentirse acunada, suavemente subió su mano hacia el cabello de la rubia soltándolo al quitar la liga.

Lentamente y con cuidado entrelazaba el suave fino cabello de la rubia entre sus manos tocando su nuca, Adora sintiendo eso puso su mano temblorosa en la mejilla de Catra bajando su cabeza lentamente a su hombro, sus labios en este movimiento rozaron la suave mejilla de la morena en un momento, con aquello el tacto que tanto había rechazado la capitana comenzó a anhelarlo, Catra comenzó a dejarse caer en la cama llevándose con ella a esa chica temblorosa.

Al caer en la cama por completo Adora se acomodó en ella soltando un leve quejido de dolor al cumplir con la acción, la calidez que transmitía su cuerpo le recordaba a aquella mañana que se sentía tan lejana pero a la cual quería volver, podía sentir su palpitar tan calmado a comparación del suyo y sólo quería estar como ella, en la abrazadora y cálida calma los pensamientos comenzaron a invadir su mente, tan agresivos que de ella salía una leve voz, como un quejido que intentaba ocultar pero le fue imposible.

—... ¿Me necesitas? —Preguntó Adora, Catra alzando su cabeza le miró sintiendo su mano bajar a su pecho donde se aferró al uniforme de deporte que traía.

Dudó en responder, no tenía ni idea de a qué se refería con aquella pregunta tan repentina, abrió su boca al dejar caer su cabeza tratando de decir algo, no sabía que era lo correcto ¿Le gustaba sentirse necesitada? ¿Ser necesitada era una presión para ella? Sin saber la respuesta a sus dudas internas decidió decir la verdad.

—... No te necesito —Susurró mirando al techo el cual era mitad vidrio, la luz era abrumadora en momentos así debía admitir, notó el movimiento de la rubia, quería alejarse de ella o eso pensó, quizás fue la respuesta equivocada.

Adora se acomodó subiendo con sus brazos temblorosos con los cuales aprisionó a la morena, se miraron fijamente hasta el segundo en que la blanca chica abría su boca, se quebró antes de que pudiese decir lo que tuviera en su cabeza, la luz resaltaba aún más su palidez y la belleza de su apariencia, en otro de sus impulsos la morena tocó la piel de tez distinta, tan suave y fría, la rubia apoyó su rostro en la mano ansiando su calor, en la mano de la chica fue cuando finalmente agarró el valor para preguntar:

—¿Puedo necesitarte?

Un jadeo salió de la estupefacta morena quien no sabía que podía significar aquello, nunca fue necesaria para nadie ni nunca quiso serlo pero ahí estaba ahora con aquella decisión entre sus dedos, la intensa mirada de la chica de ojos claros y lagrimosos con el sufrimiento a ras de piel le acosaba, algo de ella se sentía tan bien ante la idea de ser necesitada que fue cegada por ello.

—... Tú ya me necesitas ¿No es así? —Susurró tapando sus ojos con su antebrazo, algo de la situación le avergonzaba más de lo que debía— Puedes hacerlo un poco más.

Sin querer ver su expresión se quedó allí sintiendo el silencio, quizás esperó otra reacción pero no había sentido nada más hasta escuchar sus respiraciones pesadas, al parecer había sido contraproducente el decirle que la necesitara, sacó su antebrazo de su cara apoyando sus codos en la cama comenzó a sentarse al instante sólo para verla, estaba temblando nuevamente ¿Era esto a lo que le llamaban calma antes de la tormenta? ¿O era el ojo del huracán?

—La primera vez que esto pasó, la primera vez le culpó al alcohol —Susurró, la alta también tuvo que cambiar su posición para quedar frente a frente con la morena esperando que esta escuchara todo lo que una vez ocultó pero siempre quiso gritar.

Soltó un quejido, se sentía tan vulnerable que le desesperaba cada segundo más, ahora frente a ella había alguien que desconocía pero fácilmente pudo ser capaz de entregarle su vida en bandeja de platino, si fuera como ella, como la que envió aquel vídeo que había manchado su imagen y el recuerdo que quedaría en las personas Adora no sabría qué hacer. Su silencio, el silencio de Catra se volvía en las tinieblas que cegaban su mirar y le desesperaba pero debía seguir, si no lo hacía, si no podía nunca podría salir de ella.

—Fue en uno de los viajes a otra ciudad para jugar un partido de soccer, nos dieron cuatro habitaciones de cuatro personas cada una, celebramos nuestro último día allí, tomamos un poco, nunca la vi tomar de más pero cuando... —Al narrar su recuerdo su voz se quebró solo al pensar lo que debía decir: lo que pasaba a continuación en aquel corto racconto puesto en palabras para que otra persona pudiese oírlo, sufrió un escalofrío que recorrió su cuerpo emanando de ella un grave sentimiento de soledad el cual comenzaba a presionar su pecho— Cuando se metió a mi cama aquella madrugada todos dormían, roncaban y puedo asegurar que también lo hacía pero sentí su mano sobre mi piel, sobre mi cadera, podía sentir su fría piel sobre la mía, no pude notar cuando entró a mi cama, no pude notar cuando se introdujo entre las mantas.

La intensidad de sus palabras aumentaba al momento de recordar vívidamente todo, una memoria que se tatuó en lo más profundo de su alma, contuvo su respiración mientras caía de su sien una gota de sudor frío, tenía miedo de que al momento de pestañear ella seguiría en aquel lugar con ella en su espalda respirando su nuca bajo la manta, tocando su cadera y escabulléndose entre su cómodo y abrigado pijama, se recuerda a sí misma despertando ante aquel indeseado roce sin saber qué hacer, dándose cuenta de quién era le dijo:

—Se equivocó de cama, entrenadora.

Pero el roce seguía insistente en ella quien era brusca y sabía que su presencia fue notada, Adora sabía que estaba sobria al sólo sentir el leve olor de cerveza en su propio cuerpo, recordaba su corazón el cual en lugar de palpitar con fuerza hizo todo lo contrario, parecía querer detenerse en el instante en que el toque de su mano no lo hizo, inhaló inestable poniendo su mano sobre la de aquella mujer quitando sus manos de su cuerpo para luego repetir con voz trémula:

—Entrenadora, por favor, se equivocó de cama.

Pronunció así casi rogando de que eso parara pero sus manos a pesar de ser quitadas por su alumna fueron puestas sobre ella otra vez respirando más brusco mojando su hombro el cual ahora besaba por sobre esa tela de polar. Temblando asustada comenzó a apartarla de su cuerpo cada vez más fuerte, sus manos temblaban al igual que su respiración, aquella mujer de cortas uñas y ariscas manos se hizo camino por ese pantalón hacia su zona íntima, en ese instante fue cuando comenzó a temblar aterrada tanto como recordaba.

Contando aquello a un público único al cual ya no le veía rostro y para ella sólo era una silueta obscura entre las tinieblas que ahora no estaban solas, en ellas se encontraban los roces de aquella mujer, sus manos las cuales comenzaron a sujetar cada sector tocado, el dolor y la sensación de como esto ardía comenzó a exacerbarse.

Entonces ella pronunció:

—No quiero estar sola.

Pero incluso sabiendo que no lo estaba el silencio de aquella a la que tenía al frente le empujaba hasta caer en el frío mar del Pacífico donde comenzó a ahogarse sin poner resistencia alguna a la corriente que la tragaba, no podía ver la superficie, la oscuridad era absoluta, las manos cada vez traían hacia un lugar donde la presión no le dejaría volver a salir, cada sector dolía, su respiración no salía, con anhelo estiró su mano hacia lo que creía era la superficie pero no creyó merecerlo, un respiro, un poco de felicidad, solo quería eso antes de poder acunar a su cruel destino.

En aquel trance sintió una suave sensación que empezó como una tan leve cosquilla quizás sólo para anunciar que aquello se volvería una sensación cálida de la cual ella no estaba al tanto, sintió como se elevaba, ya no había presión en su pecho que le impidiera respirar, a pesar de que su toque siguiera en su piel estás manos no oponían a la salida de Adora quien despejando cada tiniebla de su mirar vio aquella resplandeciente mano tocando la suya. Algo agitada subió su mirada en respiraciones sonoras y profundas viéndola, su mirada parecía nunca haberse apartado de ella e incluso siendo indescifrable los sentimientos expresados en sus ojos podía ver su preocupación.

—No te preocupes, estoy aquí.

Tranquilizaba tomando su mano con suavidad sin tratar de aprisionarla, Adora en aquel momento pensaba tantas cosas a la vez que le era imposible expresarlo con palabras, debía seguir, no podía detenerse allí, la presión en su corazón y el peso sobre sus hombros se aligeró una vez dejó salir su realidad.

—Ella te dijo que estaba borracha ¿Cuando? —Preguntó Catra demostrando que estaba atenta a lo dicho por la rubia la cual ahora se aferraba a la cálida mano de la morena entrelazando sus dedos entre sí.

—Fue al día siguiente —Respondió a la pregunta, al instante prosiguió con la respuesta especificando la situación—, empecé a escuchar las risas de mis compañeros, yo no pude dormir, mi hombro dolía porque durante el forcejeo me mordió para que no me moviera, tan fuerte que en algún momento pensé que me arrancaría la piel, cuando no me podía mover por el dolor ella se detuvo escupiendo sobre la herida y me decía que si yo despertaba a los demás no podrían estar al cien para los siguientes partidos, que necesitaban dormir, que la necesitaban de entrenadora y que si yo la reportaba todo iba a ser peor para todos, que nadie me creería nada de lo que yo fuera capaz de decir —Soltó un suspiro subiendo su mano libre a su mitad de su cara tapándola con esta casi con decepción—, soy una estúpida.

—No lo eres —Negaba rápidamente la morena quien recibió una fuerte mirada de quien esperaba una explicación para negar así aquello dicho, sus miradas le causaban un temblor en todo el cuerpo que esperaba no se notara—, eres una víctima, Adora, no puedes culparte de esto, hiciste lo que te metieron en la cabeza hacer.

—... Eso es cierto pero mira a donde me llevó esto, a un cuerpo herido por ella y ahora no solo eso —Recordando consecuencias de aquel video comenzó a hiperventilarse, sus manos comenzaron a temblar—, todo por lo que trabajó mi equipo, todo lo que trabajé y no podré... Catra no podré hacer nada, no tengo futuro, yo-

Estaba tan aterrada que sin saber que hacer la morena la abrazó con fuerza intentando calmar sus penas, pensó que dudaría ante la repentina acción pero no, Adora correspondió al abrazo rápidamente aferrándose a su vestimenta comenzando a llorar con fuerza.

—Incluso ahora... Incluso si tengo que volver ahora no podré, las heridas de mi- —Se detuvo de golpe su voz y su temblor también al notar como la chica se había alejado de ella repentinamente al oír eso.

—¿Qué heridas?

—No es nada —Dijo de manera inmediata.

La morena tomó su rostro mojado por las lágrimas que nunca dejaron de caer hasta en ese momento, la rubia prefirió evitar su mirada sintiendo como la morena ponía su mano sobre su cuello.

—¿Puedo tocarte? —Preguntó, la de blanca piel tragó saliva sin responder, la rubia puso su mano sobre la de la de ella negando— Entonces dime.

Catra sentía sus latidos acelerados, sentía su respiración agitada, Adora se sujetó en ella reposando su cabeza apoyando su mejilla sobre su frente, lentamente alzó sus manos poniéndolas sobre los hombros de la de cabello suelto y frondoso.

—Ella me lastimó mi zona íntima —Confesaba titubeante mientras la rodeaba débil con sus brazos—, ella me dijo que me necesitaba así que la rodeé con mis brazos justo así...

La voz trémula de Adora ahora era de inestable volumen, toda la fuerza se fue de ella mientras sus ojos subían, era borroso su mirar y ya no sabía si se trataba de las lágrimas que volvían a brotar de sus ojos celestes que reflejaban aquella amplia ventana a la cual ahora miraba, estas mostraban el cielo y las nubes que pasaban movidas por la fuerte corriente del viento. Perdió toda la fuerza que podría tener su cuerpo en el instante soltando sus brazos del cuello de Catra, ella notó al instante que algo había pasado, con rapidez envolvió a la rubia tomándola de su cintura quedando con la mitad de su torso hacia atrás sin lugar donde apoyarse, solo colgando dependiendo de la fuerza de los brazos de la más baja chica.

—¿Adora? —Preguntó apegándola a su cuerpo, no había respuesta alguna de la chica la cual dejaba caer su cabello rubio libremente en aquella incómoda posición la cual era imposible de controlar en su estado de inconsciencia— ¡Adora!

Soltó un jadeo al no ver respuesta de ella, la miraba buscando un signo de consciencia pero nada en ella lo mostraba, la movía pero opto por jalarla hacia su cuerpo para distribuir mejor su peso, una vez esto estaba hecho subió uno de sus brazos para tomar su nuca y la apegó al costado de su cabeza sin parar de llamar a su nombre, dejó salir una respiración temblorosa, no entendía que era lo que pasaba y le frustraba no hacerlo, quería tener todo bajo su control sin embargo en esta situación no le era imposible ese deseo, aferrándose a su cuerpo la acostó sobre su cama tapándola con una manta con la cual tuvo que luchar para quitarla debajo de ella, la miró por última vez viendo sus hinchados y rojizos parpados temblorosos, su nariz también con un leve color rojo, sus labios tan delicados, dañados por ella misma al morderlos estaban resecos, tocó su frente, ardía, todo en ella estaba mal así que rápidamente y deseando que ella no despertara en su ausencia fue hacia la puerta no sin antes dedicarle unas simples palabras, una promesa:

—Adora, te buscaré ayuda, lo prometo.