Capítulo VI
Un fuerte estruendo retumbaba en toda aquella habitación individual, aquel lugar que había sido testigo de una historia tan desgarradora que fue silenciada durante demasiado tiempo, la que causó el estruendo fue una de las testigos, en la pared tenía acorralada a una mujer cualquiera, sin más importancia que para la que Catra le trajo a su lugar de descanso que ahora parecía zona de guerra. Acorralada aquella mujer sin nada más requerido que sus servicios era controlada por aquella jugadora de perfil bajo dentro del conocimiento de todos.
—¿Entiendes lo que quiero? Apenas Adora despierte le pedirás autorización para revisar su cuerpo y dejarás constancia de cada herida en él —Su voz era golpeada mientras le retenía ahí.
—Ella sigue dormida y me trajiste, estaba atendiendo a un estudiante —Respondió algo intimidada ante la acción de aquella chica morena que no conocía.
—Era sólo una torcedura de pie, atiende a Adora —Exigía de forma agresiva golpeando la pared con su palma, fue tan inesperado que la médica saltó en el lugar por miedo.
—Catra, déjala ir —Aquella voz tan profunda como demandante llegó al oído de ambas quienes miraron hacia dónde provenía la voz, la que intimidaba fue la primera en reaccionar alejándose por completo de la médica y yendo hacia la persona parada en la puerta casi intentando detener el mirar de la alta mujer, algo imposible.
—Shadow Weaver —Tartamudeo nerviosa intentando llevar la atención hacia ella pero los ojos de esta mujer estaban pegados en la chica acostada en la cama— ¿Qué haces por aquí?
—Estabas demorando, pregunté por ti, me dijeron que protagonizaste una escena de dudosa procedencia en el descanso y que te vieron después correr con la médica, vine a buscarte para ver qué es lo que está pasando —Contaba mientras la apartaba del camino con único interés en la bella durmiente, Catra le siguió preocupada— ¿Qué pasó con Adora?
—No le diré —Respondió de forma inmediata—, lo único que quiero es que ella despierte solo esté yo y la médica a parte de ella.
—Oh Adora —Susurró con cariño aquella mujer de cara tapada solo mostrando sus verdes ojos, al estar frente a la rubia tocó su frente con delicadeza—, estás enferma mi querida niña.
—Heh —Salió de la boca de Catra quién miraba aquella escena con dolor, esto llamó la atención de Shadow Weaver quién le miró—, ojalá fueras capaz de tratarme así.
—No seas inepta, Catra —Respondió girando su mirar hacia Adora a quien ahora acariciaba su suave y claro cabello, le miraba con cariño.
—No soy inepta, Shadow Weaver, soy tu hija —Respondió a aquello, sus ojos no le miraban, solo miraban aquella muestra genuina de afecto, mordió su labio cerrando sus ojos por unos segundos para luego observar a través de la gran ventana—, tienes que irte, Adora despertará pronto —Al decir eso con una apagada tomó su brazo con la mano, un gesto que solía hacer cuando aquellas emociones salían a flote.
—Cuando termine la revisión vuelve al entrenamiento —Demandó aquella adulta alejando su mano de Adora a la cual le dedicó una última mirada, girando todo su cuerpo hacia Catra también de acercó a ella, con su otra mano acarició su cabello el cual también era suave pero más frondoso—, eres mi hija Catra, me recuerdas a mí y no quiero que el ser tu madre te vuelva vulnerable, ahora soy tu entrenadora, no me pidas más muestras de afecto.
—... Si, Shadow Weaver —Susurraba Catra mirando sus ojos sintiendo la caricia tan leve en su cabello de oscuro color, ella se alejó por completo caminando hacia la entrada.
—Nos vemos en la cancha.
Catra al notar que ya había salido dejó salir una cálida sonrisa tocando el sector acariciado por su madre, eran pocas las veces donde esta mostraba afición hacia la morena y aunque la niña intentara no darle importancia cada vez que una de estas acciones se efectuaba una calidez invadía su corazón causando suaves cosquillas, sus ojos se llenaban de color al igual que sus mejillas las cuales se alzaban suavemente con su sonrisa inevitable.
Un quejido proveniente de la chica recostada en su cama temporal trajo a su mente de vuelta a donde debía estar, con ella, a pasos rápidos pero sigiloso se acercó a su lado mirándola descansar, tan blanca que podría igualar aquella sábana que ahora cubría su inmóvil cuerpo.
—Quédate ahí, si te ve se asustará —Pidió Catra pero esta vez estaba calmada, su mirada dedicada a la chica mostraba auténticos sentimientos que la enfermera malinterpretaba fácilmente.
—¿La proteges tanto porque es tu novia? —Preguntó acercándose con rapidez alejando a Catra, estaba tranquila pero parecía tener algo en su mente.
—Eres irrelevante, no intentes tener una conversación conmigo —Decía alejándose viendo como la mujer giraba el cuerpo de Adora abriendo su boca de la cual salió el vómito que se estuvo a punto de acumularse, Catra miró aquello con asco alejándose lo más que podía mientras tapaba su boca dándole la espalda a la situación—, eso fue peligroso.
—Está despertando —Avisaba alejándose, de la morena salía un quejido sabiendo que tendría que estar ahí cuando lo hiciera, cerca de ese transparente vómito, rodeando lo más que pudo la situación llegó al lado de la rubia quien comenzaba a balbucear cosas sin sentidos, su cuerpo comenzó a temblar una vez pestañaba aquel movimiento se hacía más intenso, la médica retrocedió para no estar a la vista de la muy alterada paciente la cual aún se encontraba entre sueños— ¿Qué fue lo que le pasó? —Preguntó curiosa de la situación.
—Te dije que no me hablaras, solo cumple con tu trabajo y atiéndela —Susurró de forma golpeada, su ceño se encontraba fruncido por la manera en que la mujer se entrometía más de lo debido en la situación, le recordaba mucho a personas que siempre le rodeaban, personas tóxicas que fingían amistad para luego irse a hablar a sus espaldas.
Quizás aquella mujer cuya tarea y profesión es ayudar a las personas también era una de ellas, también hablaba a las espaldas de alguien, quizás también molestó al punto de herir físicamente a alguien, sin quererlo entre pensamientos la quedó mirando, una mirada en blanco, con nulo sentimiento, estaba perdida en las voces de la duda. Aquellos inútiles pensamientos fueron eliminados por el anhelado jadeo de una deportista aterrada quien mirando para todas las direcciones se encontró con la mirada de la morena, su calma fue alcanzada sólo al verla.
Agitada la de clara tez sonrió abatida mostrando alivio en que ella no se fue de su lado, lentamente y casi con resistencia esto fue correspondido por la de piel morena, soltando un suspiro tan profundo y tembloroso dejó entrar a aquellas bulliciosas voces, su voz, la cual ponía los pensamientos y podía escuchar, su cuerpo dolía a un punto en el que sentía haber llegado sobre el concreto luego de una caída corta de un segundo piso. No era como si lo hubiese intentado, trató de convencerse, su solo pensamiento causó gracia en ella, cosa que no pudo mostrar por la situación que vivía en el instante o por el simple hecho de que nada más que agradecimiento fue capaz de demostrar su rostro, luego todo se volvió insensibilizado.
—Adora, traje a alguien para que atienda tus heridas —Informó la morena, los ojos claros con el brillo del día reflejado en sus ojos buscó la mirada que Catra parecía evitar, quería ver sus intenciones sin embargo ahí estaba ella sin mostrar nada, tan enigmática, en ese momento le desesperaba aquello.
—... ¿Por qué? —Preguntó cómo si de una traición se tratase, no quiso dirigir su mirada hacia la presencia que sentía en un rincón de la habitación— Confié en ti-
—Puedes decirle que se vaya si no quieres atención —Respondió de inmediato dejando a aquella rubia completamente estupefacta, le parecía contradictorio, aún más a aquella mujer que escuchaba lo que salía de aquellos labios de la de pecas en sus mejillas, ambas le dedicaron una mirada de sospecha—, es tu decisión.
—No entiendo —Susurró girando su cabeza, su cabello suave se mecía en el movimiento acomodándose en la suave almohada que acuna a su cabeza, sus ojos le miraron fijamente, era una mujer parada ahí viendo la escena, tuvo miedo de preguntar si ya la había tocado sin su permiso, quizás la presencia de la morena le calmaba pero ¿Cuánto podría confiar en ella? Bajó su cabeza en un shock, su boca titubeó sacando un sonido vacilante e incomprensible— ¿Me tocaste?
Ante la pregunta ella negó con tranquilidad señalando hacia Catra quién se sentaba a su lado, con cuidado Adora le siguió, lentamente se iba acomodando, sus brazos temblaban titubeantes llenos de miedo, sentía el dolor de su acción arrepintiéndose de haberse sentado, en su cuerpo no sentía roce alguno pero una vez se le confirmara el toque ajeno sus manos comenzarían a marcarse de nuevo en su piel.
—... No te ha tocado. Adora —Rápidamente le llamó, esta en reflejo dirigió su mirada hacia ella, su rostro era como siempre serio, su mirada sin poderse descifrar, muchas cosas podrían salir de su boca y aun así sorprendería a la rubia quien tragaba su saliva en acto de nerviosismo—, tengo un plan que requiere que ella revise y deje constancia de las heridas en tu cuerpo, si no quieres no lo aceptes, es tu cuerpo, toma tú la decisión.
Abrumada sus iris temblaban inestables como toda emoción que brotaba desde lo profundo de su corazón, subió su mirada hacia la gran ventana viendo la luz del gran astro subir por ella brindando la calidez que añoraba tener en ese frío silencio a la espera de palabras decisivas, la doctora ahí se quedó callada casi perpleja por la belleza de aquella chica que parecía tener la vida cayéndose en pedazos, quizás la forma de temblar le delataba o quizás era el dolor en su mirada, puede también que sea la forma en la que acunaba su propio cuerpo en busca de consuelo. Para ella, la protagonista de la historia, el tiempo se detuvo viendo las nubes ser arrastradas por el viento, parecía hipnotizada en su camino, su mente en blanco impedía pensar en algo de forma correcta. Normalmente la doctora esperaría ya que aparentemente el paciente no está en condiciones para tomar aquella decisión sin embargo la mirada bicolor de la morena mostraba impaciencia.
—... La quieres demandar ¿No es así? —Salió de su boca delatándose ante la desconocida, poco ya le importaba puesto que dentro de poco sería su paciente y sería su obligación mantener la privacidad de esta, no recibió respuesta y la rubia no buscó su mirar, ahora veía aquellos pájaros volar deseando ser ellos, ser libre sin tener a aquellas manos que le rodeasen y atrapasen— Hazlo, atiéndeme.
Catra suspiró aliviada, parecía haber estado preocupada todo el tiempo de la respuesta pero no mostró nada sobre ello, ambas se miraron, la mirada cristalizada por las lágrimas mostraban lo temerosa que estaba de la acción de la médica quien a paso lento se acercaba llena de precaución, suavemente la morena bajó su mirada a su blanca mano, la rubia le siguió.
—Te prometo que no me iré hasta que ella termine.
Al salir eso de su boca la rubia vio como envolvía su meñique con el dedo índice, tan ligero toque traía a ella calidez y calma. Asintiendo dejó caer lágrimas, quería encontrar consuelo, le impresionaba como ella podía dárselo sin siquiera pedirlo ¿Estaba romantizando su imagen? No lo entendía, pero el sentimiento de calidez incrementaba ante el roce de su piel.
La temperatura subía en aquella habitación donde aquella rubia se encontraba con sus piernas abiertas, el día alcanzaba su máxima temperatura, el canto de los pájaros aumentaba y se mezclaban con los dolorosos jadeos de quien se aferraba a la tez cálida. Sus labios se pegaban a los dedos de esta mientras sujetaba con fuerza a su mano, la morena no miraba más que su rostro pálido y su expresión de dolor, sus lágrimas caían sin detenimiento al ser palpada por aquella mujer en la herida entre sus piernas.
—Hazlo más suave —Reclamó Catra sin quitar un ojo de Adora quien cada vez más apretaba su mano aferrándose a causa del miedo— le estás dañando.
—No puedo ser más precisa, prácticamente me raptaste, todo mi equipo está en la enfermería donde deberíamos estar —Se quejaba la médica, Catra miró a Adora cuyas lágrimas rodaban por su piel, sus labios apretados. ¿Qué era lo que más dolía? ¿Su toque o los recuerdos?
—Iré por ellas —Habló Catra, Adora sintió como su pecho se presionaba al oír eso y sentir la mano de la morena queriendo apartarse de ella. La miró con desesperación que la de mirada heterocromática no pudo ver al estar viendo a otro lugar.
"No, no" Repetía su mente al sentir su mano cada vez más notar el espacio vacío en ella. "Detente" rogó la voz en su cabeza, su vista oscureció, siendo incapaz de ver la espalda de aquella de cabello revoltoso.
—... Catra —Pronunció en una inhalación temblorosa, a quien llamaba volteó solo para encontrarse con la desesperación de su rostro—, no te vayas —Rogó estirando su mano temblorosa por el miedo a ser abandonada por la única chica que en realidad trataba de entender lo que pasaba—, te necesito.
Catra tragó saliva, el color de su rostro se desvanecía, miró a la mujer quien era testigo de esa escena poniendo un rostro lleno de preocupación mientras Adora sólo se sumergía cada vez más en su propio miedo que desgarraba cada parte de su alma, todo había terminado para ella, todo. Ya no le quedaba más que migajas de la vida que pudo haber tenido. Ese espacio en su mano, la falta de calidez, la falta de roce ajeno le hacía sentir vacía. ¿Cuándo se volvió tan dependiente del toque ajeno? Quizás no era así, quizás ella sólo necesitaba a alguien en ese momento y probablemente en muchos más. No quería pasar por ello sola así que se aferraba a quien le dio amabilidad y comprensión, y la verdad era que en realidad... se aferraba a la vida.
Pasó una hora revisando todo el cuerpo de la rubia anotando cada lesión y marca infringida por la entrenadora, pero llegó el momento que Adora esperaba que no sucediera, por los parlantes se llamó al nombre de Catra pidiéndole regresar a su entrenamiento como era debido u obtendría una sanción. La morena viendo a la rubia soltó un suspiro tomando una decisión, comenzó a apartar su mano de Adora.
—No, Catra —Llamó la alta aferrándose a la mano de la morena, no podía mantener su compostura si aquella mano se alejaba de ella—, iré contigo, espérame, te lo ruego.
—Adora- —Pronunció su nombre con nerviosismo al ver su reacción pero fue interrumpida.
—¡Catra! —Exclamó con una voz desgarradora— No me dejes atrás. Iré.
La morena tembló al ver nuevamente aquella mirada tan profunda y sin vida que era adornada por las cristalinas lágrimas que caían sobre su mejilla creando un camino helado a su paso, Catra bajó su mirada tensa, no sabía en qué era lo que se había metido sin embargo ahí estaba siendo encarcelada por los ojos claros como el cielo en un día sin nubes, tanta belleza encerrada en una tormenta, tanta claridad en la tiniebla. Tanta decisión cuando ahoga la duda. La morena soltó un jadeo tembloroso asintiendo.
—Te espero.
Comenzaron a bajar de nuevo por aquel ascensor lleno de vidrios, Adora mantenía sus ojos cerrados, temblaba sin embargo ahora no tomaba la mano de Catra, sintiendo el ruido del elevador abrió sus ojos, mirando hacia el frente dio unos dolorosos pasos.
—Adora no deberías estar aquí —Susurró Catra tomando su mano al pasar a su lado, la rubia se estremeció ante la calidez ajena, su corazón comenzó a palpitar calmado cuando su pecho estaba oprimido y su corazón latiendo intranquilo.
Los rayos de sol cálidos cuyas temperaturas alcanzaban su máximo ápice del día entraban por aquella puerta entreabierta llenando el frío lugar de un color claro y acogedor, la morena una vez llegó a aquel lugar a paso lento para ayudar a quien ahora tenía la intención de cuidar abrió la puerta mostrando aquel paisaje amplio lleno de vegetación la cual estaba en el lugar que los arquitectos y jardineros creían que era mejor para algo estético y funcional.
El sonido de sus hojas revoloteando más la vegetación siendo acariciada por la suave brisa que llegaba a sus rostros también secando el resto de agua que podía quedar en la cara de la de tez clara quien había limpiado cada rastro de sus lágrimas quedando en ella solo evidencia en su roja esclerótica, su sonrojada nariz e hinchados labios. El tenue quejido de su voz al caminar adornaba el sonido de la naturaleza rodeándolas, mientras la rubia miraba su meta deseando llegar a esta lo más rápido posible tenía la mirada de la morena quien mostraba en su mirar la preocupación que sentía por Adora. Ya no sabía qué hacía o quien le daba comprensión a quien. ¿Catra al quedarse con ella en una situación tan complicada o Adora quien comprendía la situación de Catra y se quedó con ella sin importar su decisión? Catra perdería la oportunidad de participar si faltaba a las prácticas, era completamente necesaria su asistencia, la morena probablemente no hubiera querido renunciar a ello por Adora, debía ser realista, nadie sacrificaría esa oportunidad por alguien a quien acababa de conocer. Catra lo sabía. Adora lo sabía.
Aquel hermoso paisaje que la morena apreciaba con Adora siendo parte de este fue contaminado por caras desconocidas, el caminar de la alta se detuvo, en un ademán intentó seguir dando pasos pero le fue imposible, se encontraba impactada solo con ver su imagen allí. Soltó un jadeo. Su cuerpo comenzó a temblar.
¿Era posible escuchar ya el sonido de las hojas danzando y el césped dejándose llevar por el viento? No, ahora lo único que la brisa llevaba con desgana eran los múltiples susurros que comenzaban a llenar el sector, ambas podían ver como cada vez más se llenaba, sentían las risas.
"¿Qué es lo gracioso de toda la situación?" Se preguntaba Catra quién en la distracción descuidó a la rubia la que en un impulso se acercó a aquella mujer que había acabado con todo lo que había construido desde los cimientos, aunque trataba de acelerar su paso era torpe.
—¡Adora! —Exclamó Catra corriendo hacia ella, era rápida, esto alertó a la entrenadora quien retrocedió cuando la rubia iba a llegar a ella.
La morena sostuvo su torso y brazos cayendo con ella al piso de rodillas, las piernas de ambas se lastimaron una vez rasparon el cemento, en sus brazos Adora soltó un fuerte quejido de dolor. Aquellos brazos que quería convertir en cadenas se volvieron en consuelo de la chica abusada quién en el suelo agachó su cabeza.
—Sólo... Por favor, dime que mantendrás lo que me prometiste —Susurró destruida, Catra en el instante que oyó eso se sorprendió, su corazón aceleró lentamente mientras la ira comenzaba a invadirla.
—¡Ya te dije que no quiero volver contigo! —Exclamó, esto fue tan inesperado para ambas que el miedo causó una fuerte reacción en sus cuerpos al instante como reflejo— ¡Con esto pudiste o acabaste con toda mi carrera, me tomó años construir y llegar hasta este lugar! ¡¿Por qué querías hacerme esto?!
De la entrenadora brotaban las lágrimas llenas de mentira y falsedad, tan impuras y sucias que repugnaba verlas al igual que ver su rostro, lágrimas negras era lo que ahora ni siquiera podían caer por sus mejillas y si caía alguna dejaba un rastro seco sobre su piel. Pero por alguna razón... Todos le creyeron. Aquella expresión que derramaba el engaño era visto para todo el espectador como la expresión de una santa. La mujer parada con posición dominante con mirada satisfactoria mirando hacia abajo con ojos contaminados de fingimiento exclamaba cosas que en algún punto ambas dejaron de escuchar. Las orejas de Adora fueron tapadas amablemente por las, ahora, frías manos de Catra alertando a la rubia quien fue capaz de soportar su roce.
Adora cerró sus ojos sintiendo el golpe contra la fría agua de la Antártica, el chapoteo que trataba de llevarla a la superficie era nulo, toda existencia de aire en sus pulmones se fue en el golpe. ¿Para qué luchar ahora? La gravedad cada vez la empujaba más hondo. Incapaz de abrir los ojos en aquel congelado mar dejó de intentar, ya no había superficie para ella, ya no más.
En el frío lugar sintió calidez envolvente, mirando hacia atrás sus ojos fueron tapados pero por segundos pudo ver el infierno, las tinieblas y el frío que quemaría su piel si caía un poco más.
Y la que estaba atrás de ella sosteniendo su cuerpo y luchando contra la gravedad que la amarraba como cadenas del más resistente hierro dijo:
"Te daré un empujón, tienes que seguir adelante"
Adora pudo abrir sus ojos sintiendo como se acercaba a la superficie, volteando tiró la hermosa mano de la jugadora del equipo rival dejándola a su altura, mirándose en la opaca luz de la superficie se sonrieron viendo como las burbujas de aire escapaban de ellas. Un suave jugueteo comenzó en medio del océano sin fin. Comenzaron a girar tomando sus manos, sus cabellos en libertad flotaban.
"Adora, ya no estás sola" Pronunció "Estoy aquí, contigo"
—¿Qué está pasando? —Preguntó aquella demandante voz, por alguna razón, ambas sentían habían sido salvadas por la mujer quien siempre traía una mascarilla.
—No es nada, compañera —Aclaró falsamente aquella mujer quien trató de huir de la escena.
—Para ti soy la entrenadora Shadow Weaver, no soy tu amiga, no soy tu compañera —Pronunció llena de autoridad y poder logrando que la abusadora agachara su cabeza mostrando el respeto que probablemente no le tenía a la veterana—, vete de aquí, no estás más que causando problemas y retrasando a mis jugadores.
Y se fue como si nada, sin quejas, sin nada más que las ganas de destruirla frente a la opinión pública, en ese momento notó como todos se inclinaron a ella en la balanza, el poder se subía sobre sus hombros sintiéndose aún más que las dos chicas. Las personas comenzaron a dispersarse, había acabado el espectáculo que querían presenciar, videos, fotos, todo estaba allí en sus celulares y probablemente internet.
Finalmente ya no había susurros, no había risas descaradas y pasos acercándose, ahora el cántico del aire danzando con lúgubre melodía se hacía presente. La morena en sus brazos tenía a quien sin saberlo la había salvado en su subconsciente tan aterrador. Adora soltó un suspiro tembloroso acomodándose en los brazos de ella.
—¡Adora! —Exclamó Shadow Weaver una vez vio sus piernas lastimadas, agachándose se postró frente a ella en la misma posición que tenían ambas— ¿Estás bien? ¿Ella te lastimó? Oh Adora, mí querida hija.
Cada palabra que salía de ella afectaba a ambas de manera exponencial, Catra podía sentir como Adora intentaba esconderse en sus brazos buscando también que sus oídos fueran tapados con tal de no escuchar a aquella mujer que a ambas les ha causado tanto daño. La mirada salvaje de la morena se dirigió a la adulta quien con honesta preocupación miraba a quien denominaba era su pequeña hija. Quiso tocarla pero la mano delgada se lo impidió.
—No te atrevas a tocar a Adora, nadie la tocará —Su voz era temblorosa, ya no sabía cómo lidiar con todas las emociones sentidas en aquel día, miró hacia abajo viendo la cabeza de Adora, su cabello rubio brillante, soltó un jadeo.
Adora llevaba tanto tiempo acumulando eso para tener una vida, ahora todo aquello había sido desgarrado de raíz.
La acunó en sus brazos, el fuerte latir de su corazón representaba la ira que sentía en ese momento, tan fuerte como oponente pero tan vulnerable como persona, de cierta forma dentro de sí se prometió a sí misma proteger a la chica entre sus brazos.
Agachó su cabeza con sus ojos cerrados y besó el cabello de la chica, una vez allí, susurró:
—... Te prometo que... Te protegeré, cuando nadie vele por ti yo lo haré, si me permites quedarme a tu lado... Estaré para ti, no tienes que pasar por esto sola.
A medida que iba hablando las palabras de aquella promesa comenzaron a tatuarse en ambas, era una responsabilidad que la morena había tomado quizás en el impulso de un largo día. La rubia soltó un jadeo corto, poco a poco comenzó a contraerse soltando un suave grito en el llanto ahogado, asintió pero no pudo contener más las lágrimas, unas lágrimas tan reales, tan puras que relucían el dolor de su alma. Ya no soportaba más. Adora ya no podía más.
