Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Epico
(Epic)
Un fic de The Prime Minister
Traducción por Apolonia
"Mamá, ¿cómo me veo?" Bulma preguntó mientras entraba en la habitación.
La Sra. Briefs sacó sus ojos de la televisión para mirar a su hija, que estaba usando algún tipo de disfraz. Parecía ser un kimono, teñido como un atardecer con pequeñas bandadas de pájaros bordados en él en negro y envuelto con un obi de color de cielo de medianoche. Su cabello estaba atado sobre su cabeza en una moda elaborada, ornamentado con peinetas laqueadas. "Te ves absolutamente impresionante, querida," comentó la Sra. Briefs sin aliento, realmente sorprendida por lo recatada y elegante su generalmente vulgar hija se veía. Robó un vistazo a Radditz, y realmente pudo ver el reflejo del feroz marco de Bulma en sus negros ojos mientras la miraba, sus labios separándose muy ligeramente. Bulma no parecía notar cuán intensamente él la estaba mirando, lo que hizo a la Sra. Briefs suspirar. Ninguno de ellos necesitaba tales dificultades en sus jóvenes vidas. Bulma se volteó para modelar su traje, que estaba abotonado completamente hasta los pies con pequeños adornos, su sonrisa radiante.
"¡Tenemos una fiesta a la que ir esta noche!" Bulma dijo brillantemente, girando sus ojos hacia la puerta.
"¿Nosotros?" Radditz dijo desde la cama, pero fue ignorado por Bulma.
"Sí, es una clase de fiesta de disfraces," una voz masculina dijo desde el pasillo, y la Sra. Briefs sonrió mientras Yamcha entraba en la habitación, vestido como un samurai valiente. Su cabello estaba incluso atadao en una coleta, y ciertamente se veía en su parte mientras paseaba, con la espada a su lado. Caminó al lado de Bulma y puso sus manos en sus caderas, presionándola contra él fuertemente mientras se inclinaba y mordía su lóbulo. Bulma rió y se volteó en su agarre, y él deslizó sus manos hacia sus glúteos, apretando mientras él presionaba su pelvis contra la de ella. La Sra. Briefs bajó sus ojos en vergüenza, mirando a Radditz y luego mirándolo mientras veía sus mejillas enrojecer y sus ojos destellar en rabia.
"Creo que ustedes dos mejor deberían apresurarse a su fiesta. Ambos se ven muy bien," dijo ella, poniéndose de pie y guiándolos por la puerta. Esperó hasta que sus voces se desvanecieran por el pasillo antes de voltearse a mirar a Radditz. "¿Qué to pasa?" demandó, poniendo sus manos en sus caderas.
Radditz la miró de manera asesina. "Nada," dijo entre dientes apretados.
"No me vengas esa basura, Radditz," espetó, apuntando un dedo hacia él. "Dime lo que tienes en la mente en este instante."
Radditz la miró con un ceño fruncido de soslayo, pero finalmente habló. "¿Cuánto tiempo han sido compañeros?" preguntó con brusquedad.
La Sra Briefs dejó caer sus hombros. "Wow, han pasado, no sé... ¿diez años? ¿Quince? Algo así," respondió.
"¿Y cuántos hijos?" dijo él, aclarando su garganta y alejando su mirada como avergonzado.
La Sra. Briefs suspiró. "Ninguno, cariño. No están casados, y no porque Yamcha no lo intentara."
Radditz frunció el ceño. "¿Cuál es la diferencia?"
Ella se sentó de nuevo en la silla al lado de su cama y puso una mano en su brazo. "Bueno, tal vez no soy clara en lo que tu llamas compañeros. Aquí, cuando la gente se junta, bueno, eso sólo significa sexo. Cuando se juntan para toda la vida, eso es matrimonio, y se finaliza con algunos papeleos y una ceremonia. Significa que se supone que estarán juntos para siempre, y ahí es generalmente cuando se reproducen."
"¿Y ese hombre quiere ser su compañero para toda la vida?" Radditz preguntó, su rostro endureciéndose.
"Sí," dijo la Sra. Briefs con un suspiro. "Pero Bulma hasta ahora no ha aceptado, y desearía que lo hiciera." Pausó por un momento, mirando a Radditz de soslayo. "Ella nunca ha estado con alguien más, así que tal vez sólo está esperando para que aparezca el siguiente hombre."
"¿Qué está buscando?" Radditz preguntó tranquilamente, bajando la vista hacia el acolchado.
La Sra. Briefs acarició su brazo tiernamente. "No estoy segura, cariño. Yamcha la ama tanto como nadie podría. Sólo espero que ella sepa lo que es cuando lo encuentre."
Vegeta se tambaleó mientras caminaba a través de los pasillos del palacio, sus ojos comenzando a girar hacia atrás en su cabeza mientras estiraba una mano para romper su caída. Grandes manos se movieron y lo tomaron por la parte de atrás de sus ropas, levantándolo mientras un brazo serpenteaba debajo de sus hombros. "Te ves horrible," Zarbon dijo tranquilamente mientras ajustaba el peso del Príncipe en sus hombros. Los ojos de Vegeta se movieron lentamente a la mirada ámbar, parpadeando en sorpresa mientras se daba cuenta quién lo estaba ayudando.
Zarbon frunció el ceño mientras notaba los círculos púrpura oscuros debajo de los ojos de Vegeta. "¿Cuánto tiempo ha pasado desde que realmente has dormido?" preguntó con inquietud.
Vegeta curvó su labio. "¿Es asunto tuyo?" bufó, soltando su brazo fuera del agarre de Zarbon y levantándose solo, aunque se quedó tambaleante. "¡Cómo te atreves a hacerme quedar como un débil frente de mis nuevos súbditos!"
Zarbon sacudió su cabeza y mantuvo sus manos en alto, listo para atrapar a Vegeta en caso que cayera de nuevo. "Sólo estoy preocupado por mi nuevo señor, eso es todo, y creo que todo el resto de tus nuevos súbditos lo estarían también," respondió, girándose y echando una mirada significativa a Atlia, quien estaba al frente de la comitiva.
"Todos ustedes, por favor vayan a sus nuevas estaciones. Se los llamará si es necesario," Atlia ordenó, y el grupo de soldados Arlianos se fue por el pasillo. Se volteó y asintió a Zarbon y continuaron siguiendo a Vegeta mientras caminaba por el pasillo.
"Vegeta, no puedes seguir así. Necesitas una buena ducha y una afeitada, luego tal vez una buena comida y una siesta. No creo que todo este asunto del imperio vaya a ser tan fácil como tú imaginas que es," Zarbon dijo amablemente.
"No me importa lo que piensas," Vegeta espetó. "Sólo aléjate de mí. Estaré bien."
Zarbon asintió a Atlia. "Esta es tu habitación, señor," Atlia dijo, abriendo la pesada puerta con un empujón. Vegeta pasó junto a él a la habitación, sin siquiera echar un vistazo en su dirección. "Si necesitas algo, sólo llama."
Vegeta suspiró. "Muy bien, pueden irse," dijo, con vos pesada.
Atlia hizo una reverencia. "Si me permites, señor, me gustaría agradecerle por liberar a nuestro pueblo. ¿Estoy seguro que tu merced tiene la intención de seguir hasta el final del trato?"
Vegeta agitó una mano desinteresadamente. "Sí, sí. No tento tiempo para tus sentimientos. Espero que seas un gobernador efectivo, sin embargo. Haz lo que tu pueblo considera necesario y justo. Todo lo que pido es que hagas ciertas cosas de acuerdo a mis planes."
¿Tenías algo en particular en mente en este momento?" Atlia preguntó con suavidad.
Vegeta ladeó su cabeza en pensamiento. "En realidad, ahora que lo mencionas, me gustaría que produjeras en masa esas armas tuyas. Haz escudo de manos, como el que tienes ahora, y ve si puedes hacerlos más grandes, tal vez incluso un tipo de cañón, fabricado también. Y ve lo que puedes hacer con respecto a viajes espaciales. De hecho, puestos exploradores inmediatamente en incluso puntos por todo el planeta. Asegúrate que tengan excelente comunicación. No espero que Freezer pase inadvertido por demasiado tiempo más, y quiero asegurarme que su aparición no llegue de sorpresa," ordenó, y echó a Atlia con un gesto de su mano. El Arliano se reverenció profundamente y se retiró, cerrando la puerta detrás de él. Vegeta suspiró y caminó hacia la cama, sentándose pesadamente en la rica colcha de terciopelo.
"No pensarías que seres con exoesqueletos se preocuparan por texturas finas," Zarbon murmuró, tocando la colcha mientras caminaba para estar de pie junto a Vegeta. Vegeta sólo gruñó, pero una fina sonrisa tocó sus labios por un instante. Zarbon suspiró y se sentó al lado del Saiyajin, poniendo sus manos en sus rodillas. Las heridas de Vegeta habían dejado de sangrar, pero todo su cuerpo tenía costras de sangre, sin mencionar el daño que había sufrido durante su lucha. "¿Qué demonios estabas haciendo allí afuera?" Zarbon siseó de repente, girando su cabeza para mirar a Vegeta.
Vegeta miró en respuesta, los oscuros círculos sobresaliendo debajo de sus parpadeantes ojos. "Estaba conquistando un planeta, y no gracias a ti," espetó.
"¿Por qué no me dijiste tu plan?" Zarbon dijo enojado. "¡Podría habernos salvado toneladas de problemas!"
"No podías saber sobre eso. Lo último dependía en tu verdadera decisión de actuar. No podía darme el lujo de que tramases una artimaña sobre mí. Tanto como odio admitirlo, vas a ser extremadamente valioso en construir mi imperio."
"¿Imperio? Vegeta, ¿de qué diablos estás hablando?" Zarbon demandó, la voz elevándose de tono. "¿No estás planeando hacer esto de nuevo?"
Vegeta asintió. "Sí. Planeo hacerlo de nuevo y de nuevo hasta que tenga un imperio grande suficiente como para derrotar al de Freezer y ser digno del nombre Saiyajin."
Zarbon se encogió de hombros. "Sé que no puedo detenerte. Demonios, tus acciones hoy, aunque técnicamente insanas, fueron muy efectivas. No puedo evitar sino admitir estar curioso de qué clase de gobernante llegarás a ser."
"Entonces entréname, Zarbon. Juraste que eras mi hombre. Debes entrenarme hasta que pueda derrotarte incluso en lo mejor de ti," Vegeta dijo suavemente, apretando sus ojos como si al hacerlo no tuviera que atestiguar el daño a su orgullo.
Zarbon asintió, entendiendo el sacrificio de orgullo de Vegeta y sintiéndose un poco tocado por ello. "Por supuesto. Pero no hasta que no estés mejor. Ahora dime por qué estás en tal mal estado."
Vegeta miró al otro alienígena, resintiéndose por su clarividencia. Pero esa percepción era parcialmente lo que lo hacía tan invaluable para Freezer y lo haría tan invaluable para el nuevo imperio Saiyajin. "No puedo dormir. Radditz todavía está gritándome dentro de mi cabeza. Tenemos que llegar a él tan pronto como sea posible, pero hay otras cosas que considerar. Por ejemplo, necesitamos tener unos planetas más bajo nuestro haber antes que podamos estar lo seguro suficiente para partir. Para ello necesitamos viajes al espacio, un tipo de tecnología que los Arlianos no tienen. No sé cómo lo haremos, pero si no sucede no sobreviviré," Vegeta dijo bruscamente, y la imagen de la mujer de pelo azul cruzó su visión una vez más.
Zarbon se puso de pie. "Bueno, como tu asesor principal es mi trabajo asegurarme que seas atendido. Veré lo que puedo hacer en la manera de fomentar la investigación de viajes espaciales, y prepararé un baño también. Podrás ser un príncipe, pero ciertamente no hueles como uno," dijo con una leve sonrisa.
"Cállate," Vegeta espetó. "Recuerda, podría acabar con tu vida en cualquier momento."
Zarbon suspiró. "Sí, señor, lo sé," murmuró. Fue a la puerta y apoyó su mano en ella por un momento antes de voltearse una vez más. "Sabes, te veías exactamente como tu padre hoy en la plataforma, comlpeto con la capa roja y la barba," dijo, y luego se fue de la habitación.
Vegeta se quedó mirándolo, perplejo. "¿Barba?" Se puso de pie, cuidadoso de estar seguro que su equilibrio estuviera bien antes de moverse, y fue hacia una mesa de tocador con un espejo. Inclinándose para ver su reflejo, se dio cuenta con shock que su rostro estaba cubierto con oscuro, espeso cabello, justo como había estado el de su padre en un momento. Era espeluznante ver su rostro parecerse tanto al de su padre, y se puso de pie bruscamente, pasando sus dedos a través de su barba. El cabello facial Saiyajin creía muy lentamente, si lo hacía, recordó mientras buscaba a través de la mesa por algo para afeitarse. Si sólo servía como un recordatorio que demasiado de su vida había sido desperdiciado en un calabozo.
Bulma se tambaleó en la casa, riendo mientras trataba de escapar del agarre de Yamcha. Su cabello estaba un poco revuelto y el cuello de su kimono había sido empujado un poco a un lado, exponiendo un poco de su escote. Yamcha apareció agarrándola por detrás, arremetiendo contra ella sólo para salir del camino con un grito ahogado. Sus manos se movieron y tomaron su orbi mientras ella corría, y su movimiento deshizo el elaborado nudo y lo envió ondeando al suelo. Ella lanzó un pequeño grito mientras las mitades del kimono se separaban, y Yamcha tomó ventaja de su sorpresa para acercarse detrás de ella y envolverla en sus brazos. Bulma rió y giró en su agarre, ojos brillantes mientras miraba sobre su hermoso rostro. Arrojando sus brazos alrededor de sus hombros, se puso en puntas de pie y lo besó en la boca. Él hizo un pequeño sonido de placer y se inclinó un poco para poder besarse más fácilmente. Sus manos agarraron su esbelta cintura y la empujaron suavemente para que pudiera sostenerla con los brazos extendidos. "Bulma, te ves tan hermosa," le susurró.
Bulma rió de nuevo. "Sólo estás diciendo eso porque eres un borracho apestoso," dijo con una sonrisa.
Yamcha ruborizó un asentimiento. "Sí, estoy bastante borracho, ¡pero no tanto como tú!" rió, dándole un leve sacudón a sus caderas. "Pero sabes que lo diría incluso si no estuviera borracho."
Bulma se encogió de hombros y se inclinó hacia adelante, poniendo sus manos en sus hombros. "Tal vez. Sólo sé que eres la cosa más hermosa que he visto en toda mi vida," respondió ella, bajando sus párpados.
Yamcha rió. "¡Ahora sé que estás completamente borracha!" dijo. "Pero ese no es mi punto. Quiero que sepas que te amo más que a nada. ¿Sabes eso?"
Bulma se escurrió de su agarre y se presionó más cerca. "Por supuesto que lo sé," murmuró mientras besaba su cuello.
Él le sonrió tiernamente un momento antes de dejar que su expresión se volviera malvada. "Bien," dijo, y la levantó, poniéndola sobre sus hombros, y caminó con ella por las escaleras hacia su habitación.
A la mañana siguiente ella despertó en sus brazos, estirándose contra su largo y suspirando contenta mientras escuchaba el familiar sonido de sus ronquidos. Su movimiento lo despertó también, y parpadeó un poco en la luz de la mañana mientras gemía. "¿Qué estás haciendo?" gimió. "¡Es temprano!"
Ella se volteó para presionar su pecho desnudo contra el de él. "No lo sé. Hay luz afuera y estoy despierta. Y ni siquiera tengo resaca."
Yamcha la apretó con un brazo mientras ponía su otra mano sobre sus ojos y se los frotaba, el codo levantado en el aire. "Wow, yo tampoco. Bastante sorprendente, considerando que fue una fiesta increíble," dijo con un bostezo.
Bulma rió y se alejó de él, preparándose para levantarse de la cama. "Sí, lo fue, ¿no?" estuvo de acuerdo con un suspiro.
Yamcha extendió la mano y tomó una de sus muñecas. "¿Dónde crees que vas?" preguntó con una sonrisa. "¡Quédate aquí!"
Bulma sacudió su cabeza. "Tengo trabajo que hacer," dijo. "Sólo porque es fin de semana no quiere decir que no tenga cosas que hay que hacer."
Él frunció un poco el entrecejo y jaló más fuerte a su muñeca. "Muchas parejas se quedan abrazados en la cama después de que se despiertan, independientemente de lo que exija el día," protestó él. "Así que vamos, quédate conmigo."
Bulma suspiró. "No puedo, Yamcha. Tengo demasiado que hacer."
Yamcha se incorporó. "¿Me amas, Bulma?" espetó. "Porque siempre tienes algo que hacer cuando cuando sólo quiero estar contigo. Hemos estado juntos por más de una década, y todavía no me dejas estar más cerca."
Bulma arrancó su muñeca de su mano. "Estoy ocupada, Yamcha. Ayudo a manejar una de las compañías más ocupadas y ricas en el mundo, y esa clase de estilo de vida no es propicio para jugar a amantes todos los días. Tengo cosas que hacer, y simplemente tienes que entender eso."
Yamcha pasó sus manos a través de su largo cabello. "No, Bulma, no puedo. Quiero ser una parte permanente de tu vida. No quiero que te olvides de mi todo el tiempo," dijo mientras ella sacudía su cabeza y se levantaba de la cama. Él giró en el colchón y se puso su ropa interior mientras ella se ponía la suya. Mientras ella seguía vistiéndose él revolvió en los pantalones de su disfraz hasta que encontró lo que estaba buscando, luego se acercó y suavemente la sentó en el borde del colchón a pesar de sus protestas.
"Yamcha, ¿qué estás haciendo? ¡Voy a llegar tarde!" dijo malhumorada.
Él sacudió su cabeza, poniendo una mano en su rodilla. "No, creo que he encontrado una manera para que resolvamos esto. Siempre tengo miedo de perderte, y sin embargo no quiero realmente sacarte de tu trabajo. Entonces por favor, ¿me escucharás?" suplicó.
"Está bien," suspiró ella, y puso sus manos detrás de ella en la cama.
Yamcha sonrió mientras se hundía en una rodilla ante ella. "Bulma, me gustaría que te cases conmigo," dijo, y sacó una pequeña caja, abriéndola y mostrando el contenido.
Los ojos de Bulma se ampliaron mientras se enfrentaba con el sustancial diamante frente a ella. "Oh dios mío," susurró, poniendo una mano sobre su pecho. "Es hermoso."
La sonrisa de Yamcha creció. "Me alegra que te guste. Ahora sabes por qué siempre estoy en banca rota. Me tomó años comprar esta cosa con el dinero que gano en los torneos. Pero Bulma, te amo más que a nada, y siempre lo haré. Si eres mi esposa será mucho más fácil dejarte ir en las mañanas, porque sé que volverás a mí en la noche. Por favor, Bulma, ¿quieres casarte conmigo?"
Bulma se limitó a mirarlo. "Wow," respondió. "La mayoría de las muchachas se preocupan porque los hombres que invitan simplemente las llamen al día siguiente, pero yo recibo una propuesta."
"Deja de estancarte, cariño. Necesito tu respuesta," Yamcha dijo con urgencia, el miedo comenzando a deslizarse en sus ojos.
Bulma lo miró por largos momentos, sin estar segura qué decir. "Yamcha, no puedo," dijo tristemente cuando habló por fin.
Yamcha se veía como si lo hubiera abofeteado. "¿Qué?" respondió, la voz comenzando a temblar. "Pero somos perfectos para el otro, siempre lo hemos sido."
Bulma se acercó para tocar su hombro. "Lo sé, pero no queremos las mismas cosas de la vida. Tal vez es por eso que nos divertimos tanto juntos. Necesito estar con alguien con una filosofía un poco diferente de vida, eso es todo. No es nada contra ti. Sólo quiero seguir divirtiéndome, como lo hemos estado haciendo. ¿Por qué no podemos mantenerlo así?"
Yamcha suspiró y colgó su cabeza. Porque no es suficiente para mí. Te extraño cuando no puedo estar contigo, y me preocupa que cuando este hombre horrible Vegeta aparezca, algo sucederá y no estaremos juntos nunca más. Si eres mi esposa te prometo que te haré feliz. Haré lo que tu quieras, y todo lo que necesito de ti es que digas que estarás conmigo juntos."
"Lo siento, Yamcha, simplemente no puedo," respondió en voz baja. "Si no puedes manejar eso, entonces es probablemente mejor que no nos veamos más."
Yamcha se puso de pie y puso el anillo de diamante en la mesa de luz. "Entonces supongo que es un adiós, Bulma. Mantén este anillo en caso de que cambies de opinión algún día. Tú eres la única mujer con la que consideraría casarme alguna vez. Pero no seas una extraña, ¿de acuerdo? Siempre estaré allí para cuando lo necesites. Te amo." Se apresuró en ponerse sus pantalones y se fue de la habitación cargando sus calcetines y camisa. Sus pasos sonaron por el pasillo, y después de un rato el sonido de la puerta de enfrente flotó a sus orejas.
Bulma bajó su cabeza. "Lo siento mucho," susurró, y lágrimas rodaron por sus mejillas.
"Pero Sr. Piccolo, yo no quiero aprender a luchar," dijo el pequeño niño, apretando un puño y frotando su ojo con él vigorosamente mientras miraba al suelo.
Piccolo frunció el ceño, la esquina de su boca separándose en un gruñido para revelar sus puntiagudos dientes blancos. "¿Crees que a este planeta le importa lo que quieras?" espetó, cruzando sus brazos sobre su pecho. "Recuerda tu entrenamiento hasta ahora. ¿Cuando tenías que defenderte por ti mismo en el bosque la naturaleza se preocupó por lo que querías?"
Gohan lo miró, grandes ojos negros temblando con lágrimas. "No, supongo que no, ¿pero por qué eso quiere decir que tengo que luchar contigo?" rogó en una pequeña voz.
El gruñido de Piccolo aumentó. "Porque tienes más poder crudo de lo que he visto alguna vez, si yo no puedo enseñarte a usarlo ambos podríamos morir. ¿Quieres morir, muchacho? ¿Quieres que tu madre muera?" escupió, mirando al niño. Odiaba a los niños. Especialmente a este quejoso enano, este niño de mamá.
"No, no quiero que nadie muera," Gohan respondió tristemente, frotando su codo con una mano sucia. "Pero no sé si puedo protegerlos."
Piccolo suspiró. Tal vez lo que estaba haciendo estaba mal. Tal vez el niño debería estar afuera en un campo en algún lugar cazado mariposas o simplemente jugando, haciendo cualquier cosa que hicieran los niños inocentes. "Si yo digo que puedes entonces puedes," Piccolo dijo con aspereza. "¿Me estás diciendo que no piensas que mi entrenamiento será lo bueno suficiente?"
Los ojos de Gohan se ampliaron en shock. "¡Oh, no, Sr. Piccolo! ¡Tú eres el mejor! Sólo que no creo que yo sea lo fuerte suficiente, eso es todo," dijo, la voz apagándose al final mientras comenzaba a dibujar círculos en la tierra con la punta de su bota.
"Lo eres. Sé que lo eres, y tu padre sabe que lo eres. Incluso si tú no crees que lo eres, tienes que volverte fuerte para que puedas proteger a la gente cuando llegue el momento. Ahora escucha, si no te convence," Piccolo dijo con impaciencia. El niño era brillante, pero obstinadamente pacifista. "Tu tío Radditz vino a la Tierra para ver por qué tu padre no la destruyó. ¡Él mismo la iba a destruir!" Y tu tío piensa que otro Saiyajin vendrá aquí para buscarlo, un Saiyajin que es muchas, muchas veces más fuerte que incluso Radditz. Si tú no aprendes cómo protegerlo, ¿quién lo hará?"
Gohan miró a Piccolo en incredulidad. "¿Incluso más fuerte?" gimoteó, luego sacudió su cabeza. "El tío Radditz no quería lastimarme, sin embargo. Sólo quería escapar," le recordó a Piccolo astutamente.
Piccolo gruñó. "Sé eso, ¿pero quién dice que este próximo Saiyajin sólo tomará a Radditz y se irá? Podría tratar de matarnos a todos, y tenemos que desear a tu padre de nuevo con antelación, de otro modo él no podrá llegar aquí a tiempo si el Saiyajin realmente aparece. Después de todo, el planeta que Radditz dejó está a sólo unas pocas semanas de aquí. Si tu papá no puede pasar el año entero entrenando, entonces tú tendrás que hacerlo, ¿no?" dijo, incapaz de creer que estaba teniendo que razonar con un niño de cinco años. Se recordó a sí mismo una vez más lo intolerables que eran los niños.
"Supongo," Gohan dijo, una ceja bajándose en decepción. "Pero tú eres la mejor persona para entrenarme, si tengo que ser entrenado, ¡verdad, Sr. Piccolo!" gritó en emoción. "¡Muchas gracias!" dijo, y se escurrió para darle a la pierna de Piccolo un agrazo gigante. "Eres el mejor," Gohan suspiró, y acarició su mejilla contra la suave tela de la pierna del pantalón de Piccolo.
Piccolo sintió la sangre ir a sus mejillas y miró alrededor en vergüenza. Tal vez el niño no era tan malo, después de todo. "Gracias, niño," Piccolo gruñó, y se inclinó para alborotar el cabello de Gohan.
Vegeta se recostó en la cama y cerró sus ojos, la piel en su cuerpo apretada y cruda después de su baño. Ese maldito Zarbon se estaba volviendo práctico, Vegeta reflexionó mientras trataba de obligar a sus músculos relajarse. Su nuevo ayudante se había asegurado que el baño estuviera listo para él, la hoja de afeitar, los jabones y las toallas todas yacían para él mientras entraba en la gran sala de baño. Zarbon había estado ahí con una bata mientras Vegeta salía de su roto traje, cubriendo la desnudez del Príncipe de inmediato durante la pequeña distancia de la antesala a la bañera. Había renunciado a su propia preparación para quedarse y hablar de negocios con su nuevo señor, un gesto que Vegeta fue capaz de designar de suficiente significado, conociendo mientras lo hacía cuán estricto era Zarbon con su limpieza personal. Vegeta sonrió para sí mismo mientras reflexionaba sobre el hecho que para él, y sólo para él, Zarbon ignoraría el polvo y la sangre que colgaba en su piel y atendería el deber en cambio. Sí, pensó, el alienígena sería más útil en la implementación de su imperio.
Durante el baño Zarbon había discutido con él varias precauciones que deberían tomarse contra Freezer. Después de todo, ¿quién conocía mejor que ellos dos qué esperar de su antiguo empleador? Entre ellos habían ideado un cierto sistema de comunicación entre los centinelas. Vegeta sonrió para sí mismo en la oscuridad mientras recordaba sus planes para frustrar a Freezer. Freezer era más probable que enviara exploradores para averiguar qué había sucedido. Francamente, Zarbon había expresado sorpresa que los exploradores no hubieran arribado ya, pero Vegeta apenas había notado una oscura sensación en la boca de su estómago y desestimado cualquier duda. Se había arrojado de brazos cruzados en el agua tibia, sintiendo el líquido empapar lejos algunos de sus dolores, mientras decidían que algo inusual debería ser comunicado al mismo Vegeta, o al menos a Zarbon, antes que se tome cualquier acción. Vegeta notó que los Arlianos eran increíblemente sigilosos, y Zarbon había estado de acuerdo que toda la vigilancia debería ser secreta después de salpicar un rápido movimiento de la cola de Vegeta.
Vegeta suspiró. Esperaba que los exploradores llegaran pronto, trayendo con ellos sus naves, scouters, y armaduras. Luego finalmente serían capaces de escapar de este maldito planeta y poner en marcha los planes que había hecho en toda su vida. Le mostraría al tonto de Freezer qué error había sido jugar con los Saiyajin como lo había hecho. Hizo una mueca mientras su piel se estiraba incómodamente sobre su gruñido. Haría pagar a Freezer por todo el horror que lo había hecho cuando era niño. Mataría al tirano lentamente, un simple golpe por cada golpe que había sufrido, por cada sentimiento de impotencia, por cada alma Saiyajin que había sido desperdiciada.
