Las horas pasaban con rapidez como las nubes que tapaban el cielo despejado que les dio en la mañana, aquella chica de dorado cabello se encontraba enmudeciendo su alrededor con aquellas ondas musicales que llegaban a ella gracias a los audífonos y celular que la morena había prestado para callar las risas y susurros de su alrededor. Los ojos claros no se despegaban de la morena quien hacía rechinar sus pies en aquel gimnasio de puerta cerrada, quizás su mirada estaba allí presente en la chica que sostenía su vida en su cuerpo pero su mente estaba en aquellos momentos posteriores, intentaba calmarse para pensar que hacer pero no había manera de ganar esa carrera contrarreloj y contra las personas a su alrededor.

Todo se calló en el instante, los colores se volvieron fríos incluso los más cálidos, podía sentir el sonido del viento entrando por la puerta cuando en realidad no debía ser capaz de oírlo, la miraba en cámara lenta, la veía saltar y correr con toda la fuerza que hacía en sus piernas, así podía sentir el sonido de sus poderosos pasos en el suelo retumbando en su oído. Soltó un jadeo, de aquel jadeo que sintió ralenterizado salía aire caliente que chocaba con el frío ambiente, pudo ser capaz de ver su respiración gracias a ello y también pudo oírla.

"Y heme aquí interviniendo en tu realidad, en tu segundo" Adora al sentir aquella voz a atrás suyo tembló aterrada, era como una brisa que tenía voz y cuerpo propio personalizando a su mayor pesadilla, aquella que acabó con sus sueños y esperanzas de vivir. "De cierto, de cierto os digo que una mayor tormenta caerá sobre ti y todo a quien amas, por tu culpa." De aquella brisa las gotas de agua sin purificar se cristalizaron creando de ella una imagen inestable que como un tornado comenzaba a afligir a la chica de pálida piel.

Tomando su imagen aquella brisa tomaba color cada vez más contaminado, su viento se volvía turbulento, sus palabras cada segundo se deterioraban más incriminándola de todo lo malo que estaba por ocurrir. El sonido ensordecedor de la agresiva tormenta la abrumaba, no podía abrazar su cuerpo, no podía moverlo, soltó un jadeo en desesperación.

«Catra...» Hablaron al unísono, la brisa calmaba su furia pero aun así su voz inexistente se notaba distorsionada mientras que la voz de la rubia en el tormento se mantenía en una voz trémula. En el instante rogaron por alguien para que les sacara de aquella perdición. «Sálvanos»

Al susurrar eso todo volvió a la normalidad, los colores fríos por el clima pero cálidos en tonalidad la traían a la realidad que podía distinguir, intentó ponerse de pie, estaba temblando, tenía frío pero su cuerpo ardía, sus ojos conmovidos buscaban en el momento a alguien a quien seguramente le reconocería. Una guitarra distorsionada se escuchó al final de aquella larga canción, hubo completo silencio, los jugadores no se movían, el árbitro no demandaba a los jugadores para que el partido fuera retomado. ¿Estaba nuevamente en una nueva alucinación?

La morena le miraba también, su mirada profunda estaba dedicando toda atención a la rubia, preocupada estaba sin embargo su expresión sólo mostraba sorpresa la cual se intensificó al oír el sonoro golpe en el suelo que Adora fue incapaz de oír. La canción terminó y era lo que más odiaba de todo ya que era el momento de silencio que abría sus oídos al sonido que provenía de la realidad de la cual quería escapar.

Catra miró a su lado y vio aquel incidente, escuchó aquel quejido de dolor de su compañero a pies de la entrenadora que retrocedía rápidamente de los límites de la cancha. La morena soltó un jadeo pesado al darse cuenta de lo que había pasado. Quien aún en su mundo se encontraba mostró inquietud al ver la expresión de enojo de aquella chica de cabello rebelde que caminaba hacia cierto lugar. Movió ojos y cabeza con fluidez y lentitud hacia el objetivo de los ojos bicolor notando la escena.

Ahí estaba aquel chico rubio de delgado cuerpo en el suelo quejándose del dolor, era incapaz de escuchar el quejido ajeno más sin embargo era obvio por la expresión en su rostro, ella fue la primera en acercarse a paso pesado, cuerpo gacho lista para atacar apenas llegara a su objetivo, la decisión de Adora fue volver a la realidad arrancando sus audífonos, aun así todo ruido era opaco.

"¿Qué fue lo que causó adrenalina en mí?" Se preguntó en pensamientos, sus movimientos y todos los demás se veían lentos, no podía controlarlo, quería detenerlo, su corazón latía casi en una taquicardia, le causaba fuerte aflicción.

Miraba el caminar de su salvadora viendo como a pesar de todo estar lento alguien pasaba con rapidez a su lado, era tanta la velocidad de ese ser que se veía con normalidad a la vista condicionada de la rubia. Más fue su sorpresa cuando vio a la chica reaccionar con rapidez tomando su fornido brazo, esto la trajo a la realidad.

—Ah... —Suspiró viendo todo como debía ser, a su velocidad normal, su corazón calmaba sus latidos, podía sentir todo en su radio de vista y audición.

—Rogelio —Dijo Catra tomando su brazo con fuerza, su expresión, la de ambos, era peligrosa, todos a su alrededor lo sabían, podían ver con claridad las ganas de violencia que alimentaban en cada quejido de aquel compañero de equipo, lamentos entre lágrimas—, no caigas en esto, es una provocación.

De él salió una voz ahogada, ronca, tan distinta a la de los demás, peculiar, más que una voz era eso un sonido tosco y casi doloroso de oír y probablemente de recitar, con una de sus manos hacia señas, era mudo. A pesar de que el eco del gran gimnasio causaba una difracción del sonido que emitía este también quitaba claridad de lo hablado.

—Es por eso que debo ir yo —Respondió Catra frunciendo más el ceño viendo como levantaban a aquel chico rubio del suelo incapaz de ponerse de pie ni apoyarse en este.

—Es por eso que no debes ir —Pudo Adora entenderle al hacer este más esfuerzo en su voz tratando de demostrar lo serio que era en ese momento.

Fue entonces que corrió hacia ella, hacia la que había causado todo el dolor, todas las próximas pesadillas y en la mente de Adora... Su próximo suicidio. Cerró su puño aquel chico corpulento, para la sorpresa de los espectadores en el cerrado lugar llegó otra morena de ojos claros, verdes, al lugar corriendo también como si se tratara del mismo juego en donde ahora, el balón, era aquella muerta por dentro mujer.

Catra soltó un jadeo al sentir los golpes en aquella mujer, no puso expresión alguna en su rostro para que esto no fuera malentendido, miró a la rubia notando que en realidad esta no asimilaba absolutamente nada de la situación, al verla destruida mirando la escena con ojos impactados pudo ver su dolor, el dolor del cual fue testigo hasta de la consecuencia que pudo haber causado aquella noche si la rubia hubiese elegido el otro lado del puente. La ira comenzó a invadirla, los pasos que antes fueron detenidos por aquel chico, que estaba siendo ahora parado por los demás jugadores, comenzaron a darse nuevamente, paso por paso cada uno más pesado llenos de sentimientos encontrados.

Como una sombra llegó a su espalda tomando el brazo de la morena chica, lo giró y causó en ella una llave poniendo su brazo doblado en la espalda de ella para inmovilizar su cuerpo ayudándose también con la mano que tomaba su delgado cuello desde atrás. Catra erguida hacia adelante por el fijo y duro sostener de su madre soltó un quejido.

—Controla tus emociones, Catra, por eso es que eres tan inepta —Hablaba con aquella característica voz profunda mirando a su hija quien mantenía su mirar sin ser dirigido a ella a pesar de ser la que, a propósito, causaba dolor sobre su cuerpo doblando más de lo debido su brazo y apretando más el cuello enterrando sus uñas en este, tanto así era el enojo de su hija, inmensa ira dirigida a solo una, un objetivo del cual no quería apartar su mirar— ¿Qué es lo que no me estás contando, Catra?

Pero nada salió de la que fue llamada quien solo miró a Adora al reaccionar, abrumada la rubia comenzó a ponerse de pie caminando a paso corto para no arruinar el trabajo de aquella mujer quien vio cada herida y fue anotándola en papel para después dejar constancia de ellas en el sistema. Caminaba hacia ella, hacia Catra quién abatida le miraba, era mucho sentir y como ella quería, como Adora quería, deseó escapar de aquel lugar.

No podían salir de aquel lugar y sólo correr de todo, frente a frente de encontraban dos vidas completamente distintas pero la mayor diferencias entre ambas era que una podía tener su futuro intacto aún.

Un suspiro doloroso salió de ambas, tembloroso, al momento de inhalar el aire para soltar esto su cuerpo entero reaccionó sintiendo el escalofrío recorriendo su cuerpo sintiendo también el cosquilleo doloroso que indicaban lo mucho que quería salir de sus bocas pero todo se quedaba ahí ahogado como un nudo en sus gargantas imposible de desatar. Catra quería correr a ella, a Adora, la veía tan destruida, su mirada gritaba que necesitaba un abrazo de nadie más que ella pero ahora era imposible, soltó una tos al estar siendo ahorcada por su madre.

—Detente, la lastimas Shadow Weaver. —Habló Adora empujándola, a ella, su antigua entrenadora. Una vez esta sin resistencia soltó a Catra esta inhaló anhelado aire. La rubia llegó a su lado abrazándola— Tú me cuidas, yo cuidaré de ti... Nada malo pasará mientras estemos juntas.

Catra le miró con sorpresa sintiendo el temblor de sus fuertes brazos, titilaron los brillos de sus ojos heterocromáticos, se sintió protegida por alguien a quien sintió la necesidad de cuidar de todo mal incluso del mal interior, la piel de su cuerpo de erizó a una nueva sensación de calidez brindada por alguien sumergida en las más oscuras y frías tinieblas.

Las horas pasaban con tanta lentitud, tantos minutos que llegaban a parecer horas, en los últimos períodos de la rutina prevista, la morena caminaba con la rubia al lado sin decir ni una sola palabra ya que la veía sumergida en la música y, si debía ser sincera, eso era mucho mejor que usar su propia voz como anulador de sonido ambiente en el que ella estaba. Los susurros al final del día habían sido ligeros, ya nada se filtraba a través de aquellos desgastados audífonos de la morena que parecía parchar una y otra vez.

En los caminos siempre y sin advertencia alguna Adora comenzaba a llorar, hermosas lágrimas llenas de pureza y tanto dolor, un leve llanto escapando de sus labios presionados, se encontraba incapaz de mantener sus ojos abiertos, el recuerdo volvía pero no siempre se quedaba, momentos de tranquilidad le acunaban para luego tirarla al abismo.

«¿Cuánto más has de sufrir, Adora?» La brisa que apagaba su sentir cuando el mundo de tinieblas envolvía a su cuerpo como el abrazo cálido de una madre que nunca tuvo. «Te aferras a la felicidad de un futuro venidero a sabiendas que en un ademán esto será arrebatado de ti, Adora»

La brisa fría pronunciaba su nombre con familiaridad, una amalgama de voces de personas que le dañaron toda su vida, ignorando todo sonido miraba hacia adelante en la tiniebla, solo podía ver metros al frente pero todo lo demás se derrumbaba a su alrededor. Su mundo estaba cayendo a pedazos al frente suyo pero no se detuvo, en su pecho podía sentir la ansiedad de la caída que tendría si seguía dando más pasos sin embargo podía sentir la calidez brindada por aquella mano que le sostenía con fuerza, sus dedos entrelazados, su piel, incluso aunque no podía verla a su lado podía sentirla.

«Te abandonará, no se quedará contigo, tiene una vida, por dios, Adora, se conocieron ayer» Hablaba con razón, la brisa aprisionaba su cuerpo, fría, certera. «Toma su mano Adora, tómala y no la dejes ir, aprisiónala ¿Es lo que quieres? Estás enferma ¡Enferma! ¡Has destruido todo lo que has tocado! ¡El lugar que pisas lo destruyes! ¡MIRA!»

La brisa era violenta, azotaba su cuerpo, más que una brisa era una tormenta que aumentaba cada vez más, la voz le gritaba, Adora se paralizó respirando como si no hubiera demasiado oxígeno en el lugar donde estaba parada.

—Creo que caerá una tormenta, sería gracioso —Comentó Catra olvidando el hecho de que en las orejas de la rubia se encontraban sus desgastados audífonos, al sentir como su paso se detuvo le miró notando sus ojos aterrados mirando a la nada— ¿Adora?

«¡¿POR QUÉ TE DEJASTE TOCAR?! ¡MIRA A TU ALREDEDOR! ¡¿VALÍA LA MALDITA PENA?! ¡Si tan solo hubieras hablado la primera vez! ¡SI TAN SOLO PENSARAS! ¡ANGELLA! ¡CASTASPELLA! ¡GLIMMER! ¡TODOS! Adora, arruinaste la vida de todos.» Su voz al final se quebró, la brisa interrumpida por la tristeza, no de su emoción propia, sino por la de a quien atormentaba, lloraba, lloraba en silencio tragando cada palabra que venían de ella.

—... Cállate —Susurró Adora temblando con miedo a abrir sus ojos. ¿Los tenía realmente cerrados? Dudaba de todo, incluso con estos abiertos era incapaz de ver algo más en el instante. Las tinieblas le cegaban. El palpitar de sus corazones era el mismo.

Cuando creyó que por oír la voz estaba loca pudo notarlo, la brisa lloraba sus lágrimas, la brisa gritaba sus pensamientos contaminados por las palabras y susurros de quienes no sabían nada, la brisa era ella, la brisa era su consciencia gritando la culpa que sentía por no hacer las cosas bien.

Cuando lo notó sintió su realidad en la cual estaba, podía sentir el sonido de las hojas chocarse entre ellas por un frío viento que envolvía su cuerpo llevando consigo gotas que caían del nublado cielo, sus ojos ardían al tenerlo tiempo sin pestañear, las lágrimas eran las que lubricaban aquella vista que cada vez aclaraba más, volviendo a la normalidad cada segundo se hacía la imagen de la morena más clara, estaba frente a ella, parecía un pequeño animal bajo la lluvia, en su salvaje cabello las gotas caían sobre ella sin perder su forma, la intensidad de su mirada, el cómo estaba cerca de ella, su existencia le abrumaba.

Adora caminó hacia Catra quien solo le miraba con alivio en su corazón al ver cómo recuperaba la consciencia, no dijo nada en el camino corto hacia ella, la morena solo subía su mentón para seguir su rostro, ella abrió la boca para decir algo sin embargo fue sostenida con fuerza por la rubia poniendo sus fuertes manos en los hombros.

—¿Adora?

—¿Qué quieres de mí? —Preguntó la rubia temblando aumentando fuerza en aquel agarre inesperado, su cabeza gacha parecía ahora sólo ser dejada caer— ¿Por qué me ayudas? ¿Qué es lo que quieres lograr? ¿Acaso-

—¡¿Huh?! —Exclamó Catra con su labio alzado hacia un lado, su ceño fruncido mostraba que en realidad ella estaba sintiendo cosas, cosas negativas. Pero no eran hacia la rubia quien solo buscaba respuesta, era hacia las declaraciones dadas— ¿Querer algo de ti? ¿Qué podrías darme tú?

—No lo sé, quizás tú debas responder eso —Contestó al instante a la pregunta dada por la chica morena quién volteaba su cabeza suavemente hacia el lado izquierdo intentando mostrar su confusión, lo hizo con éxito, Adora abrió su boca apunto de decir algo, dio un paso hacia atrás llevando su mano a su cuello por su nudo en la garganta, tembló con miedo a preguntar, cada duda deseosa de ser resueltas se acumulaban en aquel nudo de miedo, la rubia tragó saliva, no era mucho lo que quería saber ni le importaba la respuesta pero ahí, en el instante su mentón temblaba como su respiración.

Catra con sorpresa trató de acercarse al presenciar su miedo pero cada paso adelante que nada Adora se alejaba protegiéndose a sí misma de ella, algo pálida la morena sentía como sus hombros y rostro eran mojados por la fría lluvia, tan fina que se sentían aún como caricias, fue cuando el clima comenzó a cambiar, el viento agitado, frío y desolador chocaba contra ellas sin piedad llevando esas mismas gotas sobre ellas en la piel fría, se sentían como pequeñas agujas clavando sus pieles desnudas. En la mente de ambas habían pensamientos predominantes, cosas que no salían de su boca, Catra dejaba en el instante de intentar acercarse a quien había prometido proteger sin comprenderla aún ni a ella ni a su miedo, suspiró para luego decir:

—No puedo leer tus pensamientos, nunca he podido ni podré algún día, tienes que hablarme, Adora —Aquellas palabras duras llegaban a quien era dirigida, esta le dedicaba una mirada desconfiada y temerosa—, ¿Qué? ¿Por qué me miras así?

—¿Por qué? ¿Por qué, cómo? —Preguntaba tan erróneamente que no había podido darle sentido la morena como para apoyarle en el proceso de formular la pregunta, poco sabía Adora de Catra y ella pensaba que el sentimiento era mutuo, dos desconocidas uniendo fuerza ante el enemigo de una, no lo entendía.— ¿Por qué? No me conoces, no debo confiar en ti, no puedo confiar en ti ¡Explícate!

Catra se quedó estupefacta, odiaba la sensación de las gotas golpeando su rostro, le hacía incapaz de lograr mantener sus ojos abiertos. Aquel paisaje de colores opacados por las nubes era, aún, maravilloso de ver. Era una pena que no pudiera ser capaz de pedirle a la rubia que mirara su alrededor porque sabía que no estaba ahí, actuaba errática, soñaba. Quería ser empática, ponerse en los zapatos de Adora pero había algo por lo que aquella morena que cada vez más fruncía el ceño era conocida y era su impulsividad.

—¡¿Huh?! —Salió de ella mostrando incluso enojo, Adora retrocedió otro paso más pero está vez por la sorpresa de aquella reacción— ¡¿Qué tan alejada de tu realidad siempre estás?! ¡Te miraba, Adora! ¡Todo el tiempo! ¡En cada partido siempre estaba aunque fuera al final de las gradas! ¡Quizás tú no me conoces pero yo sí! ¡Te veo cuando hablas con tus amigos! ¡Veo tu expresión vacía luego de las risas! ¡Veo como en el momento en que te ríes a carcajadas te salen lágrimas que se convierten en llanto luego!

—¡Eso no es conocerme! —Exclamó la anonadada muchacha quien deshacía de su postura a la defensiva para volver a la normalidad— No confiaré en ti hasta que te conozca por completo.

Catra gruñó por la situación que pasaba en el presente y sólo soltó un bufido.

"No me importa ya." Aunque insistía en el pensamiento anterior seguía con ganas de jalar el cabello de Adora. Se encontraba sensible a las emociones como nunca antes.

—Haces bien en no confiar en mí, —Aceptaba entre dientes, odiaba dar la razón, era terca. El frío ahora afectaba su cuerpo el cual con su energía trataba de recobrar el calor con temblores, le miró con dificultad y allí estaba la temblorosa chica alta con hombros alzados y cabeza gacha, lloraba con una fea expresión en su rostro que sin saberlo causó en ella una tierna reacción mostrada en su rostro.— Adora.

—¿Qué? —Preguntó la que fue llamada, al no recibir respuesta miró hacia el frente viendo cómo la de menor estatura estiraba su mano derecha hacia ella ofreciéndosela, la rubia de cabello ya bastante mojado.

—Ven conmigo, hay que refugiarnos —Su voz tan risueña y calmada en aquella tensa situación calmó su sed de respuestas que probablemente obtendría después, como una suave caricia se sintió, todo su cuerpo respondió a esto soltando un jadeo silencioso.

En el momento en que sus manos se tocarían, como una de las partes comenzaba a desear, se escucharon las risas y voces en la distancia que golpearon todos los sentidos de alerta que la rubia podría poseer, tomó la mano morena con fuerza y huyó entre la arboleda que estaba a largos pasos de donde estaban, aún dañada era capaz de moverse con rapidez con tal de huir de la voz, de aquella peculiar risa que la morena demoró en procesar para comprender la situación. Los ojos claros y de distinto color miraron entre los separados árboles como cada vez se acercaban a ellas, a donde estaban. Adora encontrando un árbol ancho se tiró con facilidad al suelo ya que el agua lo hacía inestable, se quejó de dolor y en eso jaló a Catra con fuerza hacia ella acomodándola entre sus piernas. El susto de aquella improvisada acción sacó un quejido que siendo tapado por una grande mano paró.

Sus corazones latían agitados por la tensión, no sabían bien por qué se escondían pero ahí estaban en el mojado césped en medio de la lluvia que pronto se convertiría en tormenta, las frondosas hojas evitaban que cayera sobre ellas el agua aunque algunas gotas caían haciéndose paso entre las coloridas vestimentas del gran sedentario ser vivo.

Podían escuchar como ellas también se metían a la arboleda hablando bulliciosas, ambas chicas se quedaron en silencio apenas respirando ya que se veía rastro de este en el aire. Hacía frío, Catra soltó un temblor corto con su erizada piel notándose, aún tenía la mano de Adora sobre sus labios, no creía que ella se había dado cuenta y efectivamente era así, en la rubia había otro pensamiento latente, más allá de que la culpable de revelar el video estaba a pasos de ella. Aquel momento con las gotas filtradas de la lluvia le recordó a aquella escena donde el sol recién comenzaba a salir y a esparcir su calor. Soltó un jadeo cuando vio a Catra acomodándose en su torso apegando su espalda a este, las gotas y vientos hacían viajar el olor de su cabello a ella, su simple roce estaba calmando el vacío que sentía en su corazón. Ella era la cura a su dolor. Ella era la que causaba toda calma en su alma.

Ambas dándose calidez en la oscuridad estaban atentas a su alrededor, a los sonidos y aromas, aquella chica de eterno cabello rebelde estaba comenzando a odiar la humedad en la que estaba sabiendo que al final de aquel eterno día caería resfriada como rara vez lo hacía. Los chapoteos que indicaban su caminar se acercaban, Catra miraba de reojo a la lejanía cuando sintió ese brazo rodeando su cintura. Sorprendida dirigió su mirada hacia atrás para ver a la rubia quien ahora apoyaba su frente en el hombro de la morena.

—Catra, Catra —Llamó la de blanca piel a quien sentía aquel estremecimiento recorriendo todo su cuerpo con tanta lentitud como sentía la fría punta de la nariz de quien la abrazaba por la espalda subiendo por su cuello despejado luego de que la misma rubia cambiara de posición su cabello.

—¿Adora? —Tartamudeó con corazón acelerado, era la situación y las sensaciones que le tenían a mil por hora. Podía ahora sentir el roce de sus labios, soltó un jadeo alejándose levemente de la rubia.

—¿Puedo besarte? —Se escapaba de su boca, sus impulsos salían a flote intentando no pasarla a llevar, el agarre sobre ella era tembloroso, se contenía. Catra respiró agitada pero no salía sonido de ella.

Miraba la morena hacia los lados con cuidado, la situación le hacía sentir distinto, quería huir pero no podía, la que estaba a sus espaldas le sería incapaz de seguir, sentir la respiración ajena sobre ella mientras el frío viento causaba un escalofrío que le hacía sentir bien. Quiso sentirla un poco más. Su piel erizada acusaba lo que sentía sin embargo podría ser malentendido por el frío que las envolvía. Sus pensamientos titubearon.

—Si... —Susurró, un hilo de voz que intentaba ser inaudible para la lejanía, la vergüenza le consumió, sus ojos se cerraron esperando que Adora volteara su rostro para besarla pero no lo hizo.

Adora soltó un jadeo tembloroso mientras su cuerpo se estremecía, la morena la sintió presionando sus labios, el color en sus mejillas era cálido al subir la sangre a su cabeza. Quería mirar su rostro, ver sus ojos para tratar de entender en qué pensaba en el momento.

—No puedo creerlo —Pronunciaba una voz acercándose al lugar donde ellas estaban, Catra tensa miraba de reojo hasta que sintiendo aquellos labios sobre su cuello, en ese instante todo su cuerpo reaccionó saliendo de ella un jadeo al terminar su estremecimiento.

La morena avergonzada tapó su boca en silencio sintiendo la reacción que causaba en ella los besos de la rubia, no sólo eso, la situación, todo agregaba algo más que le hacía sentir tan eufórica, tan viva. Sentía las manos de Adora abrazarla cada vez más, la rubia quería sentirla cada vez más, llenar el vacío, la pena cambiarla por emoción, por lujuria.

—Voy a tocarte —Susurró Adora sin aviso previo, se sentía tan apagada, su voz tan lejana siendo que estaba tan cerca. Catra sorprendida miró aquellas contenidas manos que parecían necesitarla tanto.

—¿Qué? —Su voz, que expresaba su inquietud, de volumen mayor a lo que ambas querían llamó la atención de las personas a la lejanía, lo supieron ya que al instante de aquel desliz la charla cesó. La boca de Catra fue tapada mientras la apoyaban por completo en el torso de la rubia quien se apoyaba en aquel mojado árbol.

Cada movimiento se detuvo, podían sentir el paso al estos chocar con el agua, el chapoteo y el silencio entre toda la naturaleza. Las gotas de lluvia podían ambas verlas caer en la lejanía sin piedad contra la tierra y césped, su sonido envolvente mezclado con el viento que, al alterar la posición de las hojas causaba que el estar bajo estas ya no fuera un refugio, creaba suficiente melodía para tapar sus susurrantes voces y sus movimientos relatados por el roce de su ropa.

—¿Qué pasa? —Preguntó una en queja, cada vez podían escuchar el sonido de sus voces acercándose a ambas.

Adora besó nuevamente el cuello mojado de Catra mientras leves gotas caían sobre ambas, la morena solo atinó a poner su mano sobre la de la rubia la cual se metía por la ropa interior de la morena quien al sentir roce ajeno tuvo un espasmo al cual no pudo reaccionar del todo al estar retenida su boca por la mano. No negó el roce, la mano de Adora había entrado en su ropa sin resistencia, Catra soltó un jadeo que chocaba directo con la deportista mano.

—Escuché un ruido, como una voz —Decía aquella repugnante voz que Catra y Adora podían reconocer por completo, la morena podía escuchar el latir de la blanca que ahora tocaba su cuerpo, su roce se sentía bien, su cuerpo reaccionaba de forma maravillosa a este, cada vez un poco más la mente de ambas se iba en blanco, la intensidad del momento hacía que ambas sintieran todo el doble de lo que en realidad era.

Adora soltó la boca de Catra quién veía como por encima de su ropa acariciaba sobre sus pezones con la mano que dejó libre, poco era el roce que se sentía pero, aun así, estos se pudieron notar sobre la ropa mojada. La misma morena alzó su ropa, desnudando esa parte de ella para facilitar el roce que ofrecía la rubia quien soltó una leve sonrisa ladeada, con su mano se ayudó para girar el rostro de Catra hacia ella besando sus labios, la misma sensación que aquella mañana, eso le llevó a ese lugar no importa cuánto frío hiciera en su presente, Adora se encontraba aferrándose a la realidad del pasado donde ambas disfrutaban de sus besos. Cuerpos compatibles tocándose con el miedo de ser descubiertas. Debía ser pecado estar haciendo aquello luego de la tragedia pero era la misma rubia quien se refugiaba en ello para calmar cada dolor y estaba funcionando a la perfección.

—Tuvo que ser el viento, solo vámonos hace tanto frío —Se quejaba otra, estaban justo detrás de ellas, el árbol las camuflaba, ambas temblaron al notar como entre sus roces habían perdido contacto con la realidad. Dejaron de respirar, nada de ellas salió.

—Hay que investigar, así mismo descubrí lo de Adora y la entrenadora, uno nunca sabe lo que puedes encontrar por aquí.

Casi parecía ser una indirecta que viajaba por el viento como ondas que penetraban su oído pasando por cada rincón de su mente sin embargo, en lugar de haberle detenido encendió un interruptor. Estaba siendo perseguida. Una vez más su vida corría un riesgo más vital, pudo haber ese video acabado con su vida sin embargo algo más podría reducirla a polvo. Ya no tenía miedo de ser encontrada, el miedo ya no le frenaba. La emoción insana que emanaba de ella le impedía pensar bien, sus impulsos le estaban llevando por un camino peligroso. Lamentablemente, no sólo a ella.

Catra sintió el movimiento sobre ella, las frías gotas de agua caían sobre su desnuda piel, a estas alturas no le importaba nada de aquello, su mente intentaba quedarse en el lugar, en el presente y ambiente pero con cada toque su cabeza se iba a blanco sintiendo o siendo consciente sólo del sentimiento. Aquella zona erógena que empezaba a ser acariciada por la rubia se mezclaba con la sensación que sacaba jadeos silenciados por la propia mano de la morena, las gotas caían sobre su morena piel y eran dirigidas por el viento. Al principio su roce causó espasmos y de estos aún no se acostumbraba Catra pero cada movimiento de aquellos dos dedos sobre su clítoris creaba una sensación única que traía a ella más que placer, estaba avergonzada, en ella se sentían las mariposas revoloteando, su temblor tan corto y leve que iba en crescendo tal cual el movimiento de la rubia quien podía sentirlo todo, tan cerca la tenía, más cerca la quería.

Los pasos retumbaban en su oído, tan cercano pero lejanos, lo único que sentía vívido era el cuerpo de la morena contra el suyo, sus respiraciones entrecortadas, las manos ahora desocupadas buscaban donde aferrarse.

"Ah... Con que esta es la paz y deseo que traes a mi cuerpo" Pensaba Adora besando el cuello de la morena quien dejó escapar un hilo de voz, sus piernas se apretaron encerrando a la mano ajena, la dueña de esta mano sonrió levemente siguiendo con su movimiento. "Déjame probar un poco más"

Sus muslos eran blandos, no podía sentirlos del todo bien pero quería. Quería poseer su cuerpo, todo de ella. El pensarlo le daba calma, si hubiera una forma de hacer que se quedara la eternidad con ella lo haría.

—No hay nada aquí, vámonos —Dijo una con voz temblorosa por el frío que comenzaba a hacer, se detuvieron al sentir el sonido de un trueno atrasado, rugía el cielo en la lluvia espantando a las chicas quienes corrieron lejos de la arboleda soltando chillidos.

Catra miró de reojo esto soltando un suspiro aliviado, miró a la rubia dedicándole una calmada sonrisa pero notó su mirada, la lujuria que corría por ella, la morena estremeciéndose por ello soltó un jadeo corto. Su mirada clara como cielo despejado que se haya tras todas esas nubes de tormenta suplicaba por más de la morena, la necesitaba un poco más y no eran requeridas las palabras para saberlo.

Adora le anhelaba en el instante en que su adrenalina se iba, a Catra le gustó ser necesitada. Ambas en el ambiente se dejaron llevar por sus impulsos besándose nuevamente, un beso apasionado que iniciaba el movimiento de la rubia por sobre la morena quien soltaba respiraciones entrecortadas y una dulce voz hasta que todo su cuerpo tembló. La morena se alejó de los labios poniendo su cabeza en el cuello de la de blanca piel soltando suaves gemidos mientras sus manos tomaban sus hombros. Adora se quedó estupefacta escuchando aquello, quería seguir, más y más hasta que de la boca ajena no pudiera pronunciar más que su nombre en gritos entrecortados llenos de placer.

La quería a ella y eso comenzó a poseerla, cada vez más aquella palabra se volvía más bulliciosa en su cabeza, quería que la lujuria detuviera su mal sentir pero ahora estaba tomando cada pensamiento corrompiendo todo. ¿Quién era aquella chica morena que ahora gemía en ella? ¿Por qué todos los impulsos iban con ella? No se había sentido así nunca y de forma sincera ella no creía que fuera bueno, para ninguna de las dos.

La rubia sintió como la morena ahora se escondía en su cuello, sentía su nariz helada, su respiración entrecortada cálida, miró hacia abajo siendo testigo de aquel torso desnudo impecable, se encontraba formado y su cintura hacía que la curva fuera irresistible. Con cuidado acomodó su playera la cual tenía arriba para dejar a la vista su pezón el cual quería seguir tocando al igual que todo su cuerpo pero el frio que sentían probablemente les caería mal por lo que decidió solo dejarlo ir, por ahora. Adora abrió su boca para decir algo, esto llegó a los oídos de la morena quien avergonzada dijo:

—No.

—Aún no he dicho nada —Reía suavemente la de cabello dorado acomodando la ropa que la morena traía, ambas estaban sucias y comenzaba a volverse incómodo.

—Lo que sea que quieras decir, no. —Prohibía la morena alejándose leve de la rubia soltando un estornudo fino, la alta miró con ternura aquello sintiendo una energía que aparecía en su interior, tan tenue, tan versátil, Catra había causado aquello, la misma chica de la cual ahora veía su perfil, una completa desconocida de la cual ahora su mente se había obsesionado.

—Vámonos de este lugar —Pronunció con una suave sonrisa, Catra le miró de reojo imitando aquello mientras se ponía de pie para ayudarla a levantarse con el mínimo dolor posible, Catra estiró su mano la cual fue tomada por la chica blanca que fue alzada con cuidado.

Entre risas lo intentaban, al lograrlo se fueron caminando chapoteando entre los árboles, se sentía distinto, Catra la notó distinta. A pesar de que su sonrisa aún era apagada, tenía una, a pesar de que sus ojos aun parecieran tener el dolor a flor de piel, lo estaba aplazando. Adora estaba viviendo el momento con ella.

—Oh, Dios eso se sintió tan mal —Susurró Catra acomodando su incomodo cabello mojado mientras caminaban en tranquilidad en la lluvia. Adora alzó su ceja con una sonrisa ladeada.

—Tu voz y cuerpo créeme que no decía lo mismo —Adora se acercó a ella abrazándola por la espalda, Catra se detuvo en el instante sintiendo el beso depositado en su cabello—, Además ¿Dónde quedó eso de: No soy lesbiana?

Catra lentamente sintió el ardor en su rostro por la vergüenza que sentía en el instante, con rapidez gruñó alejándose sintiendo la leve risa que escapaba de la boca de Adora, aun dándole la espalda solo dejó salir una sonrisa mientras subía su mano al lugar donde aquella alta chica había besado.