Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Epico
(Epic)
Un fic de The Prime Minister
Traducción por Apolonia
"Señor Vegeta," dijo la voz desde la puerta.
Vegeta se incorporó, la pesada colcha de terciopelo cayendo por su pecho desnudo mientras se sentaba, mirando al intruso por debajo de su torre de cabello rebelde. "¿Qué sucede?" espetó, molesto por no haberse despertado por el movimiento del asistente. ¿Qué clase de guerrero era si los suaves pasos del exoesqueleto contra el mármol no lo despertaban?
"Señor, han habido informes de objetos extraños en la atmósfera superior. Las lecturas son supuestamente similares a las que usted y el amo Zarbon registraron en su descenso inicial al planeta," el asistente continuó, parpadeando sus ojos rojos con ansiedad.
Vegeta maldijo entre dientes mientras arrojaba las cubiertas fuera de él, explorando la habitación en busca de algo de ropa. Recordando que su traje había sido tirado, recorrió la habitación por algo adecuado para usar, sólo para darse cuenta que los Arlianos no tenían necesidad real de ropas. Tomó la sábana de la cama y la envolvió alrededor de su cuerpo desnudo rápidamente, dando zancadas fuera de la habitación pasando al asistente y a la antesala. "¿Dónde está Zarbon?" gritó, la voz haciendo eco en las altas paredes de mármol. Los Arlianos se voltearon y lo miraron en asombro, unas pocas hembras vestidas con un material de gasa se escurrieron de un lado a otro ante su aparición. "¿Están sordos?" Vegeta gritó. "¡Busquen a Zarbon AHORA!" Se puso de pie en el centro de la habitación y frunció el entrecejo mientras varios Arlianos se apresuraron a cumplir sus órdenes. ¿Todos en el universo eran completos idiotas? Sólo porque él les estaba permitiendo su propio sistema de gobierno no quería decir que iba a ser un gobernante amable.
Había estado de pie durante unos minutos cuando Zarbon se precipitó en la habitación, vestido con su ropa vieja, que parecía estar recién lavada, y se apresuró a trenzar su cabello. "¿Qué sucede, Vegeta?" dijo con ansiedad al entrar. "¿Qué te pasa?"
Vegeta frunció el ceño. "¿Dónde demonios estabas?" escupió, con los brazos cruzados sobre su pecho desnudo.
Zarbon se detuvo frente a la Saiyajin. "Estaba en mi habitación, durmiendo. ¿Qué pasa?"
"Espero que seas accesible para mí en todo momento," Vegeta gruñó, y Zarbon abrió su boca para protestar. El ceño fruncido de Vegeta se profundizó e interrumpió los pensamientos de Zarbon. "Como mi hombre harías bien en recordar que puedo terminar con tu vida cuando se me de la gana," Vegeta continuó, los ojos encendidos de ira. "¡Y eso va para el resto de ustedes, también!" escupió a los Arlianos que todavía estaban corriendo frenéticamente.
Zarbon sintió la sangre elevarse a sus mejillas con indignación, pero no respondió con ira, se limitó a ponerse sobre una rodilla y bajar su cabeza. "Vegeta, dime qué ha sucedido para ponerte en tal estado de ánimo así pueda ayudarte."
"Yo no necesito tu estúpida ayuda," Vegeta espetó sin pensar. Zarbon levantó una ceja en respuesta. Vegeta tragó, tratando de ocultar su turbación. "Sólo quería informarte que tenemos a los exploradores de Freezer aterrizando en quince minutos, si mantienen su ritmo de descenso de la misma forma que el nuestro."
¿Y eso es todo?" Zarbon preguntó, levantando su cabeza para mirar a Vegeta.
Los ojos negros de Vegeta se movieron alrededor de la habitación. "Oh, sí, y encuéntrame algo de ropa para ponerme. No puede disponer de los hombres de Freezer desnudo, ya sabes. Podría mancharme con sangre," dijo con arrogancia.
Zarbon miró a su alrededor a los Arlianos boquiabiertos. "Ropa puede ser difícil de conseguir, señor," murmuró.
"No me importa," Vegeta respondió malhumorado. "Sólo tráemela en quince minutos."
Zarbon puso de pie y se inclinó. "Como desees," dijo entre dientes apretados, y salió de la habitación.
Regresó quince minutos más tarde con un conjunto de ropa suelta, paseando en la habitación de Vegeta sin previo aviso y poniéndola en la cama junto al príncipe hirviente. Vegeta se volvió y tocó la tela liviana con disgusto. "¿Qué demonios es esto?" dijo, mirando a la expresión irritada de Zarbon.
"Los Arlianos realmente no usan ropa, si no te diste cuenta," Zarbon dijo con irritación. "Tuve que pedir prestado uno de los trajes de la sirvienta. Al parecer ella está en una especie de grupo de teatro rudimentario."
Vegeta tomó la ropa, examinándola. Había un par de pantalones holgados y anchos y una túnica muy ceñida al cuerpo, todos de la misma tela negra elástica. "¿Esperas que use la ropa de alguna insecto hembra?" dijo, obviamente ofendido.
Zarbon se encogió de hombros, sonriendo sardónicamente. "Si no lo quieres estar desnudo, entonces sí, lo espero," contestó con frialdad. Vegeta le gruñó a la cara y se puso de pie, dejando caer la sábana y poniéndose la ropa. Zarbon ladeó la cabeza hacia un lado, examinando la figura del príncipe en la ropa nueva. Vegeta realmente se veía bastante bien en ella, la camisa negra y ceñido alargando su cuerpo fornido y los pantalones holgados adelgazando su musculatura voluminosa. "Verdaderamente pareces casi real," Zarbon comentó en voz alta, ganándose una mirada hostil mientras le tendía la capa roja. "Ahora ponte ésto para que podamos partir. No queremos que los exploradores encuentren nada que informar a Freezer."
Vegeta ajustó la capa sobre sus hombros y sonrió. "No te preocupes. Tú te quedas aquí," dijo.
"¿Qué?" Zarbon exclamó, sus ojos muy abiertos y una mano levantándose sobre su clavícula. "¿Estás loco?"
Vegeta se volteó a Zarbon, su capa rompiéndose con el movimiento repentino. "Si vas hay una posibilidad de que Freezer se entere, y eso sería contrario a todo lo que he trabajado. Si no vas no hay manera de que Freezer crea que todavía estás vivo, y no va a venir en pos de tu piel. ¿Ahora estás satisfecho, idiota?" Vegeta dijo con impaciencia.
Zarbon frunció el ceño ante el insulto pero asintió de todos modos. "Supongo que tienes razón, ¿pero qué piensas hacer?"
Vegeta sonrió, pero la expresión no tenía nada de humor. "Voy a destruir sus scouters, matarlos, robarles sus naves espaciales, y llevar su ropa. Entonces voy a volver, y mañana podemos salir de esta bola de polvo maldito."
Zarbon tragó sus recelos. Vegeta era un guerrero entrenado y más que capaz de manejarse. "Muy bien, Vegeta, te veré cuando regreses," dijo, y observó al Príncipe irse descalzo por la puerta.
Vegeta seguía descalzo cuando estuvo de pie en las rocas, esperando a que las naves aterrizaran. Los Arlianos no tenían mucho de tecnología, pero lo que tenían estaba muy desarrollado, tal como el armamento perforador de ki y sus sistemas de comunicación. Poseían vigilancia terrestre que podía penetrar en la atmósfera y vigilar el espacio exterior inmediato mientras que también estaba conectado a un sistema de rango amplio de comunicación de radio para la superficie del planeta. Fue de esta manera que las naves se habían detectado y la información se transmitió a Vegeta casi instantáneamente, y él sonrió para sí al oír la ruptura del aire mientras las naves se estrellaban contra la tierra. Tenía la sensación de que los exploradores que estaban adentro tenían una sorpresa más desagradable que Vegeta, Zarbon, y los dos otros Saiyajin otros que encontraron algún tiempo antes. "Apunten a los dispositivos en sus cabezas," Vegeta le susurró al comandante a su lado, y el mensaje fue retransmitido a todo el equipo oculto en las rocas. El sonido de las naves era cada vez más cercano, y Vegeta se encontró anticipando el enfrentamiento con placer.
Las naves aterrizaron meros momentos más tarde, las puertas se abrieron lentamente a medida que los exploradores bajaban. Vegeta levantó una mano para señalar a sus tropas que detengan el fuego mientras observaba a los exploradores moverse con cautela. Había cinco de ellos, y Vegeta sonrió ante el cuidado de Freezer, aunque en realidad no podía culparlo. Después de todo, Rihon 8 se había tragado ya a varios equipos, incluyendo, supuestamente, a tres Saiyajin y el mejor agente de Freezer. Freezer tenía muy buenas razones para ser cauteloso, aunque Vegeta estaba dispuesto a apostar que estos exploradores no eran más que sacrificios para cualquier información que pudiera obtener. Observó a los exploradores mirar por unos momentos más, y cuando el primero llegó hasta su scouter para ver si había algo registrado Vegeta dejó caer su mano. Cinco haces se materializaron desde las rocas y vaporizaron los scouters, Vegeta aplaudiendo en silencio la impecable puntería de los Arlianos. Vio las expresiones de horror y shock aparecer sobre las caras de los exploradores y se echó a reír en voz alta. Los hombres de Freezer inmediatamente perfeccionaron su posición, y él decidió que era hora de dejarse ver.
Flotó lentamente desde la hendidura que se encontraba, su capa roja ondeando en el viento, y se deslizó más para estar delante de los exploradores. Sus pies descalzos hicieron contacto con cuidado con el suelo y se puso de pie delante de ellos, sus brazos cruzados desafiantemente sobre su pecho. "¿Qué pasa, muchachos?" se burló. "Se ven como si hubieran visto un fantasma."
"¡V-Vegeta!" uno de los soldados graznó. "¡Habíamos oído que moriste!"
Vegeta rió, el sonido tan frío y sin humor como un viento del ártico. "¡Todavía creyendo en rumores a su edad!" se rió, girando su mano como si para examinarse las uñas. "No importa," continuó. "¿Qué están haciendo aquí?"
El líder tragó, el sonido hueco en su garganta. "Freezer quería que ver exactamente por qué todos murieron. Se suponía que íbamos a traer cualquier restos que encontráramos," contestó.
El perpetuo ceño fruncido de Vegeta se profundizó. "¿Eso es todo lo que dijo?" preguntó, la voz calmándose.
"Sí," el líder tartamudeó, sus manos comenzando a temblar.
"Entonces acabas de sobrevivir a tu utilidad para todos," Vegeta respondió, y se lanzó hacia adelante, tomando la cara del soldado en su mano. El hombre gritó y trató de girarse, pero Vegeta le enseñó sus dientes y apretó tan fuerte como pudo. El hueso comenzó a ceder bajo su control, y soltó un rayo de energía, vaporizando completamente la cabeza del soldado. El cuerpo cayó al suelo, la piel del cuello cauterizada y los otros exploradores retrocedieron con horror. "Disparen a la cabeza," Vegeta dijo en voz alta, y los exploradores jadearon cuando más de treinta Arlianos salieron de las rocas. "No quiero que arruinen nada de sus equipos, ¿entienden?" Los exploradores restantes gritaron en terror y se dispersaron, tratando de huir, pero cada uno fue baleado por la experta puntería Arliana.
Vegeta resopló con disgusto mientras le daba un golpe a uno de los cuerpos con su pie. Las cosas estaban empezando a caer en su lugar. Ahora tenía equipo, y pronto podría conquistar otros planetas también. Era poco probable que Freezer desperdiciara más exploradores en Arlía después de este incidente desgraciado. Sí, todo estaba funcionando muy bien. "Lleven las naves y la carcaza de vuelta al palacio," ordenó, y comenzó su vuelo de regreso a la capital.
"¿Cómo te fue?" Zarbon preguntó a Vegeta mientras entraba por la puerta principal del palacio, su capa azotando detrás de él. Vegeta miró a un lado mientras caminaba junto a él, su boca tocada con la más leve de las sonrisas. Zarbon suspiró y se volvió para seguir al Saiyajin. "¿Qué hiciste, Vegeta?" preguntó con voz cansada.
Vegeta resopló mientras avanzaba por el pasillo principal de su nuevo palacio. Se detuvo en el centro del piso de mármol, mirando a su alrededor con orgullo a su nuevo entorno. Los techos eran altos y abovedados, hechos de una extraña piedra de color amarillo dorado. Se volvió en un círculo mientras observaba la sala, sus pies descalzos sin hacer ruido en el piso frío. "Los destruí, Zarbon, tan fácilmente como respirar. Fue mi primer contacto con la destrucción del imperio de Freezer," dijo maliciosamente, mostrando una mirada negra y hambrienta a Zarbon.
"¿Dijiste algo?" Zarbon preguntó, con los nervios discordantes al recordar cuán eruptivo podía ser Vegeta cuando estaba enfurecido.
Vegeta levantó una ceja. "Por supuesto," respondió con frialdad, "pero no hasta después que su scouters fueron destruidos."
Zarbon soltó un profundo suspiro de alivio. "Gracias a Dios. Todo lo que necesitas ahora es que Freezer sepa qué estás planeando," dijo.
Vegeta se volteó a él, la fría sonrisa arrastrándose a través de su rostro de nuevo. "Y los maté limpiamente. Eso quiere decir que tendremos frescas armaduras y naves. Podemos comenzar nuestras conquistas," dijo con una alegría maligna. "Freezer envió cinco. Hablaba en serio," añadió, y se alejó de Zarbon.
Zarbon observó al príncipe caminar fuera de la habitación, sabiendo que Vegeta finalmente esperaría irse a conquistar el siguiente planeta mañana. Zarbon frunció el ceño mientras pensaba que era demasiado temprano para irse de un planeta recientemente conquistado, especialmente uno que nunca había conocido antes la dominación extraterrestre. Sabía que Atlia sería una gran ayuda, ya que la gran mayoría parecía quererlo de líder de todos modos, pero también entendía que el control de Vegeta era tenue en el mejor de los casos. Frunció el ceño para sí mismo, sus finas cejas verdes hundiéndose en su preocupación, y miró a su alrededor para ver qué clase de personal contaba el salón. Vio varios Arlianos vestidos con fajas que los marcaban como pajes, así que alzó una mano recién hecha y le indicó a uno que fuera a su lado. El paje se precipitó con impaciencia, y Zarbon esbozó una cálida sonrisa, incluso a pesar de que cada vez que miraba a un Arliano le disgustaba. Odiaba totalmente a los insectos. "Mi buen amigo, ¿serías tan amable de informar a Atlia que deseo verlo en mi oficina a su más pronta conveniencia?" le preguntó al insecto. El Arliano asintió y comenzó a escabullirse, pero Zarbon extendió la mano y agarró su brazo, conteniendo una mueca mientras lo hacía. "Y hazme saber cuando los suministros de los exploradores derrotados lleguen también," añadió, presionando una moneda dentro de la mano del paje. El paje hizo un ruido que Zarbon asumió que era una frase de agradecimiento y se apresuró. Zarbon suspiró, acariciando su pecho, y se alejó a su oficina, preguntándose si alguno de los exploradores muertos llevaba una armadura de su talle.
Zarbon estaba sentado en el escritorio con sus talones descansando en la superficie cuando Atlia entró, vestido majestuosamente en un manto negro y plateado con una faja roja y plateada cubierta alrededor de su pecho. "¿Querías verme?" dijo Atlia, la voz mostrando seriedad.
Zarbon le indicó que se sentara y se acomodara de una forma más digna "Te ves muy diferente que cuando te vi en el calabozo la primera vez," reflexionó Zarbon, pasando un dedo con uña verde sobre su mejilla.
"Tú también te ves mejor, señor," respondió Atlia. "Viendo lo ansioso que estoy por retornar a mis deberes con el pueblo Arliano, solicito su señoría que haga esto breve."
Zarbon se movió en su silla, con agrado por lo directo del Arliano. Parecía que Atlia sería un líder honesto y justo, lo que le ayudaría a Vegeta en gran medida si Atlia permanecía leal. "Muy bien, Atlia," respondió Zarbon. "Te debemos mucho, así que haré lo que esté en mi poder para conceder tu pedido. Como bien sabes, el Lord Vegeta acaba de derrotar a cinco exploradores que Freezer envió para revisar el estado de este planeta. Esto es bueno por varias razones. Primero, ahorra a tu planeta del ataque de Freezer. Le ha enviado a Freezer el mensaje de que Vegeta y yo estamos muertos, y que Arlia es demasiado peligroso para interferir por el momento. Así que parece que Vegeta ha hecho bien contigo," dijo, levantando su ceja mientras sus ojos ámbares estudiaban a Atlia.
"Sí, señor, entiendo lo que quieres decir," dijo el Arliano, y asintió para que Zarbon continuara.
Zarbon sontió un poco y aclaró su garganta. "Bien. La segunda razón por la que la llegada y derrota de los exploradores fue beneficiosa es que ahora Vegeta y yo tenemos los medios para irnos de este planeta y comenzar la expansión del imperio. Nos gustaría dejar el resto de los suministros en tu cuidado personal y supervisión. No te preocupes por la fabricación de las naves espaciales por el momento. Lo que necesito que pienses es cómo asegurar el control de Vegeta de este planeta mientras no estamos. Personalmente siento que es demasiado pronto para dejar Arlia, porque Vegeta realmente no ha hecho sentir su presencia todavía, y no sé cuánta de tu gente entienda que él es la razón por su liberación de la tiranía, pasada y futura. Ahora, ¿cómo me puedes asegurar que cuando regresemos todavía vamos a encontrar a los Arlianos leales, y por lo tanto no estar obligados a destruirte?" Zarbon dijo, lamiendo la comisura de su boca.
Atlia se quedó quieto por un momento, pareciendo considerar la pregunta de Zarbon. "Quiero que sepas que por siempre estaré en deuda con Vegeta," dijo francamente. "Él me ha dado libertad, un lugar, y me devolvió a mi esposa. No hay razón alguna para dudar de mi lealtad a Vegeta. Él ha mostrado también gran entendimiento en dejarnos gobernarnos a nosotros mismos, en esencia. Soy perfectamente consciente que él siempre tendrá la última palabra, pero nos ha hecho un gran honor con sus acciones. Cualquier cosa que sugieras para reforzar este sentimiento entre mi gente tomaré en consideración y haré lo mejor para actuar en consecuencia," respondió Atlia.
Zarbon asintió, poniendo sus codos en el escritorio y haciendo una torre con sus largos dedos. Odiaba los discursos tan formales. Se sentía tan anormal estar hablando tan tieso, pero así era la naturaleza de la negociación. Estaba seguro que Atlia sabía que realmente no estaba en situación de negociar, pero si podía decirle al resto de su gente que lo estaba eso ayudaría a la imagen de Vegeta de compasión, sin importar cuán errónea pueda ser. "Bueno, honestamente, Atlia, estaba esperando que tú tuvieras una idea de cómo hacer que la presencia y soberanía de Vegeta sea constantemente sentida," dijo Zarbon, parpadeando. Vegeta podría estar por encima pidiendo ayuda, pero no lo estaba.
Los rojos ojos de Atlia parpadearon mientras se centraban en la superficie de la mesa. Se quedaron en silencio allí por algunos minutos mientras el Arliano parecía considerar la situación. "Hay una cosa que el emperador anterior tenía en todas las ciudades para hacer sentir su presencia," ofreció el Arliano, "pero no estoy seguro si ustedes apreciarán ser asociados con el antiguo emperador.
Zarbon sacudió su cabeza, pequeños zarcillos de cabello verde haciendo su camino flojo de su trenza. "No, por favor, continua. Sólo estamos tirando ideas, después de todo," respondió, alisando de nuevo su cabello.
Atlia miró a su alrededor. "Bueno, pensé que podríamos quitar las estatuas del antiguo emperador y reemplazarlas con esculturas de Vegeta," dijo.
Zarbon parpadeó. "¿Estatuas?" dijo sin comprender.
Atlia asintió. "Sí. Están en cada ciudad, desde la más grande metrópolis, de las cuales Arlia tiene pocas, al pueblo más pequeño. Si reemplazamos las viejas estatuas con nuevas de Vegeta, sería un recordatorio constante de quién está a cargo," dijo, cruzando sus manos segmentadas en su regazo.
Zarbon se inclinó atrás en su silla y cruzó su pierna derecha sobre su izquierda, sus nudillos presionados en sus labios mientras lo consideraba. "Muy bien," respondió después de un tiempo. "Creo que debemos hacer lo que dices. Podría ser extraño, pero no hay razón para que no funcione, especialmente si la gente que erija las estatuas divulguen la propaganda al mismo tiempo. Entonces, ¿qué necesitas de mí¿ ¿Hay algo que pueda hacer para hacer esto más fácil?"
Los rojos ojos de Atlia se cerraron por un momento, aparentemente en pensamiento. "Supongo que serías el mejor para convencer a Vegeta en dejarse tomar un holograma de él, para que nuestros escultores tengan algo con qué trabajar. Aparte de eso, todo debería estar bien," dijo suavemente.
Zarbon sonrió y asintió. "Excelente. Espero, como dije, partir mañana. Necesito que arregles un encuentro para mí con quien sea que tenga el conocimiento de otros sistemas con la clase de vida requerida para construir un imperio, y tú, yo, y Vegeta necesitaremos reunirnos más tarde esta noche para discutir nuestro plan de acción definitivo. ¿Es aceptable esto?" Zarbon preguntó, pareciendo preocupado. "Después de todo, no quiero robarte tu tiempo con tu esposa," añadió tranquilamente.
Atlia parpadeó rápidamente. "Oh, no, esta noche estará bien. Lemlia entenderá, y no es como que estaremos fuera toda la noche," respondió, poniéndose de pie.
"Gracias, Zarbon," dijo, y extendió su mano.
Zarbon tomó la mano ofrecida, cambiando sus facciones en una falsa sonrisa como para no revelar su disgusto. "De nada, Atlia," dijo. "Nos vemos esta noche."
Entró en la habitación de Vegeta y se reverenció profundamente, sin levantarse hasta que Vegeta se volteó y reconoció su presencia. El Saiyajin se volteó y lo saludó con un bufido y un asentimiento de su cabeza, girando de nuevo para reajustar la pesada capa roja que fluía desde sus hombros. Cuando terminó suspiró de nuevo y se movió para enfrentar a Zarbon. Los círculos púrpuras debajo de sus ojos se habían vuelto más profundos, como si siempre hubieran estado incrustados debajo de su ardiente mirada negra. Vegeta miró más allá de él para ver hacia la puerta, y Zarbon escuchó el leve roce de un exoesqueleto sobre el mármol, evidencia del acercamiento de Atlia. Notó que los huesos en el angular rostro de Vegeta sobresalían filosamente bajo su piel ligeramente oscurecida por el sol, aunque el resto de él no parecía tan demacrado. Frunció el ceño mientras sus ojos recorrían críticamente el resto del cuerpo de Vegeta, buscando problemas potenciales, pero un diseño en el pectoral izquierdo de Vegeta atrapó su mirada. Entrecerró un poco los ojos para deshacerse de la distracción de la ondeante capa de Vegeta, y se dio cuenta que el símbolo estampado en rojo en el pectoral no era otro más que la cresta real de Vejiitasei. "¿De dónde sacaste eso?" Zarbon espetó, olvidando por un momento lo alarmante que era la salud de Vegeta.
La negra mirada de Vegeta se deslizó hacia él desde la puerta, recubriendo a Zarbon con apenas contenida ansiedad. "Siempre he mantenido un chip de mi armadura vieja. Simplemente hice que los Arlianos lo reprodujeran en la armadura que saqueé," respondió con frialdad, volviendo sus ojos a Atlia, que para este momento ya había entrado por completo a la habitación. "Bienvenido, Atlia," dijo, y le señaló algunas sillas delante de él. "Siéntense, los dos," ordenó.
"Agradable como siempre," Zarbon gruñó, dando a Vegeta una mirada resentida mientras se sentaba.
Vegeta le lanzó una mirada furiosa. "Silencio, Zarbon," espetó. "No tengo tiempo para tus quejas ahora mismo." Zarbon suspiró y giró sus ojos, lo que sólo enfureció más a Vegeta. Atlia pareció tragar y miraba fijamente hacia adelante. "De todos modos, necesito discutir contigo mis planes para mañana. Primero, supongo, debería informarte que Zarbon y yo nos iremos poco después del amanecer. Volveremos en varios meses. Durante ese tiempo espero que tú mantengas mi control de este planeta, Atlia. ¿Qué propones hacer?" Vegeta dijo, inclinándose contra su escritorio y cruzando sus brazos sobre su pecho.
Atlia parpadeó, los rojos ojos brillando. "Estatuas tuyas serán erigidas en todo el planeta, señor, y un evento incluyendo un discurso será añadido, proclamándote amo de Arlia, mientras yo soy sólo su gobernador en tu ausencia. ¿Es eso satisfactorio, mi señor?" respondió.
Vegeta inclinó su cabeza. "Como quieras. Tú conoces mejor a tu gente que yo. Sólo estate seguro de incluir a Freezer, especialmente mi victoria sobre sus exploradores en aras de proteger a tu gente," respondió.
"Muy bien, señor," Atlia respondió, y cruzó sus segmentadas manos en su regazo, sobre la faja presidencial.
Zarbon aclaró su garganta, sintiendo que su turno para hablar había llegado. "Vegeta," comenzó, pero fue interrumpido por el mortal brillo en los febriles ojos de Vegeta.
"Lord Vegeta para ti, Zarbon," siseó entre dientes apretados.
Zarbon tragó. Vegeta estaba empeorando. Tenía que averiguar cómo curarlo, y pronto. "Lord Vegeta," comenzó de nuevo, "me estaba preguntando cuál sería tu plan de acción para mañana. Soy consciente de que despegaremos, pero no sabía hacia donde, o cuánta gente llevaremos."
Vegeta frunció el ceño. "Dejaremos que Atlia nos diga sobre otros planetas en esta galaxia en un momento. Pero no llevaremos tropa alguna, Zarbon," respondió con frialdad.
"Uh, señor, ¿no crees que esa clase de arrogancia repelerá a los planetas que estamos tratando de conquistar?" Zarbon preguntó, incrédulo.
Vegeta sonrió su pequeña, burlona sonrisa. "Ese es el punto, Zarbon," dijo. "Ellos verán que no necesitamos apoyo alguno. Si nos rechazan, simplemente los destruiremos. Eso debería llevar a otros planetas a unirse a nosotros. ¿Tienes alguna otra pregunta estúpida?"
Zarbon frunció el ceño ante el epitafio. "No," gruñó, pensando que la perspectiva psicológica de Vegeta era de hecho extraña. "Ahora todo lo que necesitamos saber es qué planetas están maduros para la conquista," dijo después de un momento, mirando fijamente a Atlia.
"Creo que nuestros informes han encontrado otro planeta más en nuestro sistema que podría valer la pena el problema, pero también hay otros sistemas en esta galaxia que podrían ser de interés. Acerca de cuarenta en total," Atlia respondió. "Te daré una impresión de inmediato siguiendo esta reunión," añadió. "Yo aconsejaría permanecer alejados del sistema Rigel, sin embargo. Recuerden su armamento, que es similar al nuestro, pero ellos nunca jurarían lealtad a nadie. Eso fue en parte por qué fueron un problema para Freezer."
Vegeta puso una mano enguantada en su boca, vestido como estaba en un equipo lavado de uno de los exploradores. "Podrían tener que ser eliminados como ejemplo," dijo. Tal vez deberíamos hacernos cargo de eso primero. Ofréceles una transmisión de radio de rendición, y si no lo hacen simplemente oblitéralos. Eso les servirá como impulso para los demás a unirse sin mucha lucha," concluyó, todavía mirando al suelo en pensamiento.
Zarbon había estado observando las huecas sombras en el rostro de Vegeta mientras hablaba, finalmente recordando sus preocupaciones anteriores. "Estoy sorprendido, Vegeta," dijo mientras se hundían en él las palabras del Saiyajin. "Pensé que querías luchar contra todos."
Vegeta sacudió su cabeza, la pequeña sonrisa una vez más en sus labios. "Me gustaría luchar con todos," dijo. "No deberías presumir saber exactamente qué quiero, sin embargo. Harías bien en rememorar que tenemos cuarenta planetas para conquistar en un lapso muy corto de tiempo, y luchar no es muy eficaz con respecto a tiempo, sin importar lo agradable que pueda ser. Recuerda a Radditz," advirtió.
La mirada ámbar de Zarbon se centró en los círculos púrpuras debajo de los ojos de Vegeta. "Recuerdo," murmuró. "¿Esto es todo?"
Vegeta asintió. "Sí, creo que sí. Atlia, tráeme esas impresiones a toda prisa," dijo, y agitó la mano despidiéndolo. Ambos hombres se levantaron de sus sillas y se dirigieron hacia la puerta, Zarbon siguiendo a Atlia, pero cuando Atlia salió de la habitación Zarbon cerró la puerta y se volteó hacia Vegeta.
"¿Qué demonios estás pensando?" escupió. "¿Quieres conquistar cuarenta planetas? ¿En tu condición?"
"Cállate, Zarbon, no tienes idea de lo que estás hablando," Vegeta siseó en respuesta.
Zarbon cruzó sus brazos sobre su pecho furiosamente. "No, Vegeta, tú te callas. Te ves como un desastre. Esos círculos bajo tus ojos no se han vuelto nada más pequeños, ya sabes, ¡y pareces como si no hubieras comido desde la última vez que estuvimos en el calabozo!" gritó, arrojando un brazo hacia el techo.
"Deja de tratarme como una madre," Vegeta gruñó, dando su espalda al otro alienígena.
Zarbon suspiró, sus hombros cayendo. "Escucha, Vegeta, no eres tan fuerte como podrías serlo. Por qué no vamos a la Tierra ahora y buscamos a Radditz, y luego los tres podremos conquistar el resto de los planetas. No lo dejaremos a sólo cuarenta entonces, y es estúpido de ti continuar así," dijo en exasperación.
"Escúchate a ti mismo, Zarbon," Vegeta dijo, la voz sonando cansada mientras frotaba sus ojos. "Un Saiyajin sabe cuando su momento ha llegado. A condición de que no tendremos que hacer mucha batalla duraré unos cuantos meses más. Podría no verme atractivo al final de ello, pero sobreviviré. Es imperativo que empecemos esto antes de irnos. Quien sabe lo que nos encontraremos en la Tierra," dijo, cerrando sus ojos.
"Entonces come algo, Vegeta," Zarbon imploró, tendiéndole las manos. Vegeta gruñó y las golpeó lejos. Zarbon frunció el ceño y dejó caer sus brazos. "¿A quién demonios estás tratando de impresionar?" preguntó.
Vegeta apretó sus dientes y sacudió su cabeza, su mano enguantada sobre sus ojos para bloquear la luz. La voz de Radditz había vuelto, y los claros, azules ojos clavando su camino en su cráneo una vez más.
Zarbon se inclinó contra el frío material de la puerta, dejando escapar un suspiro. Vegeta estaba en un estado horrible, y todavía no le gustaba la idea de él viajando por todo el universo de esa manera, pero al menos por ahora el Príncipe estaba en su cama, durmiendo. Escuchó el ruido de exoesqueleto y alzó la vista para ver a Atlia caminando a través del mármol hacia él. "El Príncipe está impedido," dijo antes que Atlia pudiera acercarse demasiado.
Atlia reverenció su cabeza. "Entendido. Por favor trasmítale mis saludos," respondió, luego se acercó, sosteniendo un disco. "Estos son los registros de los otros planetas que yo y mis asesores sentimos que eran buenos candidatos. La idea de lidiar con Rigel primero es una sonora, creo, Amo Zarbon," dijo mientras Zarbon tomaba el disco de él con cautela.
"Sí, tendría que estar de acuerdo," Zarbon murmuró, girando el disco en sus manos. "Gracias por toda tu ayuda y apoyo, Atlia," dijo con sincera gratitud. Atlia asintió una vez, se reverenció, y se alejó caminando. Zarbon suspiró y tomó el disco, caminando por el pasillo un poco antes de que se encontrara con un sirviente, haciéndole que se encontrara con él en sus aposentos privados antes de dirigirse a la cocina para tomar un aperitivo.
Entró en su habitación para encontrar al sirviente esperando su instrucción. Se puso detrás de una pantalla y sacó su ropa, poniéndose un gran trozo de tela que serviría como bata. "Lava estos, luego reprodúcelo tan precisamente como puedas. Quiero al menos un par para el amanecer," dijo, entregando su chaqueta, botas, polainas, y protector. El sirviente asintió y se fue rápidamente. Zarbon sonrió para sí mismo. Los Arlianos podrían ser grotescos, pero eran ciertamente eficientes. Vegeta había conquistado el planeta correcto primero. Viajó a su cama y se quitó su bata, deslizándose bajo las cubiertas y sintiendo sus músculos relajarse. ¡Qué contento estaba de que el día de reuniones formales hubiera terminado! Despreciaba los largos discursos con flores, vocabulario formal, y la constante educación de la lengua y facciones de uno. Nunca había disfrutado de esos días, y ahora este había terminado también. Se estiró una vez más y se acurrucó bajo las sábanas a su alrededor, sintiendo el estrés del día diluirse mientras se perdía en el reino del sueño.
