Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Épico
(Epic)
Un fic de The Prime Minister
Traducción por Apolonia
Freezer estudió a su hermano desde el otro lado de la mesa, la copa sostenida a meras pulgadas de sus labios mientras sonreía amablemente. Frío odio llenó su corazón mientras miraba la propia sonrisa amable de Cooler, sus idénticos labios oscuros curvados como los mismos de Freezer. Meses de trabajo habían hervido este momento. Él tenía que hacer los arreglos, los sobornos, matar a la gente, y todo tan sigilosamente como era posible como para no alertar a su hermano mayor de su inminente desaparición. A su padre, King Cold, nunca le había gustado que sus muchachos pelearan, por lo que habían aprendido, a través de los años, a disimularlo todo en cortesía y frías sonrisas. Freezer sintió su estómago mientras sentía su rivalidad arder a través de sus venas. ¿El imperio de quién era más grande, más fuerte, mejor, el de Freezer o el de Cooler? ¿Quién heredaría el poderoso imperio que su padre controlaba en sus galaxias lejanas? Freezer sabía que había más que suficiente espacio libre para cualquiera, pero no importaba. Siempre había querido a Cooler fuera del camino, y no porque quería su imperio. Después de que Cooler estuviera muerto él disiparía los juramentos y alianzas y las liberaría todas, sólo para tener sus legiones unidas y destruir todo, borrando el recuerdo de Cooler de la faz del universo. Sí, todo eso había sido siempre parte de su motivación, pero los acontecimientos de antes- ¿casi un año?- habían redoblado el odio ardiendo en su pecho. Su hermano lo había convencido en dar por muertos a sus dos mejores soldados. Zarbon, tan bonito y tan afectivo, y luego el pequeño Príncipe, quien tenía la capacidad de convertirse en uno de los guerreros más fuertes en el universo, el pequeño Saiyajin quien él mismo había criado. Ambos sus juguetes, sus juguetes favoritos. Qué maravilloso hubiera sido, jugar con el estricto sentido del decoro de Zarbon, y obligar ese mismo sentido en el salvaje pequeño Saiyajin, rompiendo al muchacho con crueldad y pesadillas. Y Cooler le había puesto fin a todo eso. ¿Qué era el poder sin gente para controlar? Amplió su sonrisa a su hermano y angostó sus ojos un poco, esperando que su hermano bebiera el vino. "¿Fue adecuada para ti la comida?" preguntó con amabilidad.
"Bastante," Cooler respondió con cortesía. "Por favor da mi saludos a tu chef."
Freezer asintió, apoyando su vaso. Toda la jarra de vino estaba envenenada, la cosecha de fruta con la que estaba hecho había crecido para contener un veneno que era insípido, inodoro, y sumamente eficaz. Freezer sabía que si todo se reducía a una pelea él nunca ganaría contra su hermano, y aunque envenenar no tenía honor, valía cualquier cosa para vengarse. Tampoco podía correr el riesgo de sólo envenenar el vaso de Cooler- eso hubiera necesitado algún tipo de polvo u otra sustancia, que hubiera sido demasiado fácil de detectar. Freezer era más inteligente que eso, aunque él corría el riesgo de envenenarse a sí mismo si él bebía el vino. Desafortunadamente Cooler también era inteligente, y no había tocado el vino, siempre esperando que Freezer tomara el primer sorbo. Sudor amenazó con formarse en la frente de Freezer y bajo sus brazos mientras Cooler miraba a su copa de vino. Incapaz de seguir esperando, Freezer tomó su vaso y vertió algo del líquido en su boca, cuidadoso de bloquear su paso a su estómago con su lengua mientras simulaba tragar. Cooler rió en incredulidad, exhalando, y tomó un fuerte trago del suyo. Freezer le sonrió, con los labios apretados, todavía sosteniendo el líquido en su boca. Un poco de él sería absorbido por el interior de sus mejillas, pero con suerte no sería suficiente para matarlo. Cooler sonrió en respuesta, pero su expresión pronto vaciló y sus ojos se metieron en su cabeza. Empezó a toser con violencia, todo su cuerpo convulsionando. Freezer se puso de pie y le sonrió a su hermano mientras Cooler sostenía su garganta y se deslizaba al suelo. Se había asegurado que fuera el vino el que estuviera envenenado y no el agua, porque sabía que el alcohol era la única sustancia que era absorbida directamente en el torrente sanguíneo desde el estómago, y así mataba rápidamente. Casi podía escuchar el hígado de Cooler derretirse mientras miraba a su hermano retorciéndose en silencio.
"Tú... bastardo..." Cooler se ahogó, la saliva corriendo espontáneamente por su blanca mejilla.
Freezer escupió el vino que había estado sosteniendo en su boca sobre Cooler, el líquido púrpura derramándose sobre el cuerpo de su hermano y tiñendo la pálida piel.
"Eso es por quitarme mis juguetes," dijo con frialdad. "Estoy seguro que nuestro padre estará decepcionado de saber de tu fallecimiento." Su rostro se contorsionó en una horrible máscara de ira, y pateó a su hermano en la cabeza con toda su fuerza. Cooler hizo un sonido de gorgoteo, la saliva corriendo de su boca siendo reemplazada por una espuma rojiza. Freezer comenzó a reír y lo pateó de nuevo. "Arde en el infierno, Cooler," dijo, los ojos brillando de alegría mientras su hermano se retorcía y contorsionaba en su agonía. Finalmente el cuerpo quedó inmóvil, los ojos amplios y vidriosos en el horror de la muerte, y Freezer se agachó, levantando al quieto cuerpo de Cooler desde la muñeca. "Saca esto con la basura," dijo con una sonrisa, y entregó el cadáver a uno de los sirvientes. Limpiando sus manos sobre el mantel, maulló un pequeño eructo in apreciación de la fina comida y se dirigió a sus habitaciones. Unos pocos meses más, eso era todo. Lanzaría sus ejércitos contra las fuerzas de Cooler mañana, y una vez se hiciera cargo de eso podría comenzar su búsqueda para encontrar los restos de Zarbon y el pequeño Vegeta una vez más.
Vegeta se arremetió en la habitación como una nube de tormenta, oscura y crepitando de ira. Observó a Zarbon moverse y despertarse con el ruido y sentarse, mirando al Príncipe en incredulidad con amplios ojos dorados. "¡Vegeta!" jadeó el hombre de pálida piel verde. "¿Qué hora es?"
Vegeta gruñó, curvando su labio en repugnancia. Zarbon tenía varias de las doncellas de piel morada en su cama, todas completamente desprovistas de ropa y durmiendo profundamente. "El amanecer fue hace cuatro horas," escupió, la ira llenándolo. "¿Qué es esta tontería?" demandó, señalando a las mujeres.
Zarbon sonrió tímidamente. "Estuvimos atrapados en Arlia durante mucho tiempo, Vegeta, y supongo que si lo entendieras podrías alardear de ello también..." dijo, moviéndose para levantarse.
"¿En qué diablos estabas pensando?" Vegeta gritó, inconscientemente incrementando su poder. "¿Tengo un universo por conquistar y tú decides que es una buena mañana para dormir porque te quedaste despierto toda la noche jugando con algunas inútiles mujeres alienígenas?" gritó.
"Vegeta," Zarbon dijo suavemente, tratando de calmarlo, y salió de la cama, envolviendo una sábana alrededor de su cintura.
Vegeta miró al otro alienígena, repentinamente sorprendido por lo imponente que era Zarbon físicamente. Generalmente estaba cubierto con armadura y adornado con todos sus tontos atavíos femeninos, pero así desnudo Vegeta podía ver todos sus músculos maduros. Zarbon se acercó hacia él con una mano levantada para aplacar, y la furia llenó a Vegeta, celos alzándose a través de él por la altura del otro hombre, los amplios hombros y maduros músculos. Vegeta había alcanzado la madurez física en los calabozos Arlianos, y aunque se había convertido en un adulto físico en su adolescencia, los Saiyajin no ganaban su pesada musculatura hasta bien entrado en sus veinte años. Vegeta no se vería tan pesado como Zarbon por unos meses más, si vivía tanto tiempo. "¡Maldita seas, no tengo este tipo de tiempo!" gritó, la energía crepitando a su alrededor. "¡Tenemos que encontrar a Radditz!"
Los ojos de Zarbon se ampliaron más aún, y las mujeres en la cama comenzaron a despertar, el miedo extendiéndose sobre todas sus pequeñas facciones. "Vegeta, tienes que bajar tu poder," Zarbon dijo tranquilo, acercándose a Vegeta. "Si no lo haces tu cuerpo se doblará y nunca tendré la oportunidad de ayudarte o entrenarte, y todo nuestro trabajo será en vano."
"¡Gaaah!" Vegeta gritó, su visión nublada con rabia. Estaba completamente fuera de control.
Zarbon se volteó hacia las mujeres en la cama. "Salgan de aquí," ordenó. "¡Ahora!" No necesitaron más aliento, y se apresuraron fuera de la habitación de inmediato. Zarbon se lanzó y cerró la puerta detrás de ellas, luego corrió y abofeteó a Vegeta tan duro como pudo. El Saiyajin giró bajo el golpe y colapsó en el suelo de piedra, los párpados aleteando y su cuerpo contrayéndose un poco. Zarbon suspiró y se sentó, tirando del joven hombre sobre su regazo. Los círculos bajo los ojos de Vegeta estaban más oscuros, y podía sentir los músculos tener espasmos bajo la piel. Vegeta estaba en mal estado. Se reprendió por perder el tiempo en el planeta sólo por diversión, y se puso de pie, acunando suavemente a Vegeta. Si un golpe como ese podía noquear a Vegeta en frío el Saiyajin debía estar casi muerto. El tiempo era esencial. Recostando a Vegeta en la cama, se apresuró a vestirse, y envió un mensaje a Anpane informándole de su partida, que también contenía varias veladas amenazas y advertencia contra la rebelión. Con eso hecho, tomó a Vegeta una vez más y saltó por la ventana, en dirección a las naves. Con suerte Vegeta podría descansar en su camino al siguiente planeta.
"Bulma, cariño, no entiendo por qué no me ayudas," la Sra. Briefs dijo mientras se movía por la mesa de la cocina para ponerse de pie junto a su hija.
Bulma se levantó y caminó hacia el extremo opuesto de la mesa. "¡Porque él me da escalofríos, mamá!" dijo ella.
La madre de Bulma frunció el ceño. "¿Crees que tu padre nunca me dio escalofríos cuando nos conocimos?" dijo ella, su voz todavía brillante.
Bulma se detuvo y parpadeó. "¿Eh? ¿Qué tiene que ver esto con Radditz?" preguntó, perpleja.
La Sra. Briefs suspiró y apoyó sus manos sobre la mesa. Cuando miró a su hija de nuevo llevaba su habitual alegre expresión. "Cuando tu padre y yo salimos por primera vez pensé que era bastante extraño. No es demasiado alto, por un lado, con esos enormes anteojos, y nunca tuvo sentido alguno de la moda. Se veía como si nunca hubiera visto la luz del día antes, y sin embargo había conseguido el valor para invitarme a salir. No era muy popular, pero algo me hizo salir con él incluso a pesar que me ponía nerviosa. Bueno, cariño, tú y yo deberíamos estar contentas que lo hice, porque pasé un maravilloso momento con él. Lo encontré inteligente y divertido. Luego una noche mientras salimos se volteó hacia mí y dijo que tenía un proceso que revolucionaría el mundo tal como lo conocemos. 'Me gustaría empezar un negocio, y estoy bastante seguro que será enormemente rentable. bastante seguro de que será enormemente rentable. ¿Quisieras ser mi pareja?' ¿Y sabes lo que le dije?" dijo ella, mirando significativamente a su hija.
Bulma suspiró. "No, mamá," dijo. No veía la utilidad de esto.
"Le dije que no lo sería. Él estaba shockeado. Deberías haber visto la expresión de su rostro. Creo que había estado contando con ello, ya que yo era un gran inversor. De todos modos, sus manos comenzaron a temblar, él murmuró una disculpa, y comenzó a alejarse, pero yo tomé esas temblorosas manos suyas y lo hice girar, y le dije que sólo lo sería si él me pedía que me case con él primero. Pensé que iba a derramar lágrimas de alegría, y unas pocas semanas después apareció con el diamante más grande que vi en mi vida. Había vendido su primer lote de cápsulas, y nos casamos poco después de eso. Unos pocos años después te tuvimos y el resto es historia," dijo con calma, y se sentó en una silla junto al mostrador.
Bulma se sentó también y rascó su cabeza. "Bueno, esa es una historia adorable, mamá, y tú sabes que siempre he estado agradecida que ustedes dos se lleven tan bien, pero realmente no entiendo tu punto," admitió con tristeza, cansada de ser leída.
La Sra. Briefs suspiró. "El punto es, cariño, que la persona que menos esperas para ser feliz podría ser la perfecta para ti. Tú y Yamcha parecían perfectos para el otro, y él era como mi hijo. Es triste para todos que no funcionara. Pero creo que tal vez no funcionó porque tú estabas demasiado cómoda con él. Él no se mantenía a tus talones. Es por eso que pienso que deberías darle a Radditz una oportunidad."
Bulma se estremeció. "Creo que él me llegaría a los talones en la forma equivocada. Es tan brutal y aterrador. No te olvides que estaba dispuesto a matar a su propio hermano, mamá."
"¡Él nunca quiso matar a Goku!" su madre protestó suavemente. "Radditz es muy orientado a la familia, cariño. No amaría nada más que establecerse y tener hijos."
Bulma miró a su madre, preguntándose si la mujer mayor había perdido sus sentidos. "Mamá, él es un guerrero alienígena homicida. Me cuesta creer que quiera jugar a la casa con alguna terrícola."
La Sra. Briefs sacudió su cabeza. "Vamos, vamos, no seas tan rápida para juzgar. Sólo pasa algún tiempo con él y averigua lo que es realmente. Te lo prometo, es muy encantador, y fuerte para arrancar."
"Todo en él parece fuerte." Bulma suspiró y se puso de pie, plantando sus manos en el mostrador y encorvando sus hombros mientras miraba a su madre. "Pero intentaré darle una oportunidad. No para novio, fíjate, pero tal vez como amigo."
"Gracias, cariño. Significa mucho para mí," respondió la Sra. Briefs, y miró a su hija salir de la habitación.
Vegeta abrió sus ojos lentamente, incluso la leve luz de las estrellas le molestaba mientras sus párpados se levantaban. Parpadeó con cautela y se movió en su asiento, dándose cuenta que acababa de ser puesto dentro de su nave. Sus brazos lucharon su camino fuera de la maraña roja de su capa, y frotó sus ojos. La nave todavía olía a gas de éxtasis, y por eso todavía estaba aturdido mientras retorcía su camino a una posición erguida. Inclinó su frente contra el frío vidrio de la ventana y gruñó, sintiendo como si hubiera sido atropellado por un crucero espacial. ¿Qué había sucedido? ¿A dónde estaba yendo? Sintió a ciegas alrededor del panel de control, sus ojos sin centrarse claramente por alguna razón, hasta que encontró el teclado de comunicación y presionó el código para llamar a la nave de Zarbon. Hubieron unos pocos minutos de silencio y oscuridad, pero finalmente el rostro de Zarbon apareció en la vídeo pantalla, parpadeando rápidamente como si recién se hubiera despertado. "Bueno, bueno, mira quién se levantó," Zarbon dijo rudamente, la voz rasposa por el sueño.
"¿Qué diablos está pasando?" Vegeta gruñó. Todavía se sentía increíblemente pesado y lento, y estaba teniendo dificultades en formular palabras en su cabeza, sin mencionar la lucha para hacer que sus labios hablen.
Zarbon sonrió. "Casi nos mataste al incrementar demasiado tu poder allá en Kijar. Te noqueé para salvarte, y luego me di cuenta lo molesto que estarías cuando te despertaras con un dolor de cabeza, así que gané alguna especie de droga de la Reina y te la administré. Pensé que entre el golpe, el limo, y el éxtasis realmente descansarías algo, y por el aspecto parece que tenía razón. Tú no morirás en mi cuidado, pequeño Vegeta."
Vegeta sintió suavemente bajo sus ojos, notando que aunque las bolsas todavía estaban allí, estaban considerablemente más pequeñas. "No me llames pequeño," gruñó, su cabeza comenzando a aclararse. "¿Cuánto tiempo estuve fuera?"
Zarbon se encogió de hombros. "Revisa el administrador de tiempo en tu nave. Yo también estuve en éxtasis, así que no tengo idea a cuánto estamos del siguiente planeta."
Vegeta se inclinó y presionó algunos comandos en la computadora central de la nave. "Mierda," gimió, y vio la imagen de Zarbon moverse por el rabillo de su ojo.
"¿Qué?" escuchó a la voz de Zarbon decir, y pronto el sonido de alguien tocando botones llegó a sus oídos. Hubieron unos momentos de silencio y luego una brusca respiración, y supo que Zarbon lo había visto también. "Las lunas se fueron- ¿qué está pasando?" Zarbon dijo con incredulidad.
La boca de Vegeta se instaló en una línea sombría. "Probablemente algún tipo de lucha interna. Arlia estaba en un estado de guerra no mucho tiempo antes de que llegáramos allí, ¿o eres demasiado estúpido para recordar?"
Zarbon restó importancia al insulto hacia él, mirando de vez en cuando por la ventana a una estrella fugaz. "¿Crees que eso es lo que es?" preguntó, luego frunció el ceño mientras Vegeta asentía. "No quiero que intentes derrocarlos a todos ellos en tu estado," añadió.
Vegeta gruñó. "Mi estado es más que adecuado," espetó, cruzando sus brazos sobre su pecho.
Zarbon inclinó su cabeza. "Sé mejor que discutir contigo sobre eso, aunque ambos sabemos la verdad. Simplemente podríamos olvidar este sistema y pasar al resto," sugirió, el rostro solemne.
Vegeta sacudió su cabeza. "No, tenemos que hacerlo metódicamente. No necesariamente tenemos que hacer todo el trabajo."
"¿De qué estás hablando?"
Vegeta sonrió. "Ya tenemos dos planetas en nuestro haber- uno tiene armas y el otro tiene transporte. ¿Por qué no darles un uso?"
Zarbon alzó una fina ceja. "Claro, pero los Arlianos son demasiado escasos para ser enviados directamente a la batalla, y los Kijaranos parecen demasiado pequeños para hacer algún bien."
La sonrisa de Vegeta desvaneció. "Los Kijaranos tendrán la ayuda de las armas. ¿Tienen buena puntería, Zarbon? Tendrás que decirme, ya que los conoces tan íntimamente," dijo con acritud.
Zarbon sacudió su cabeza en incredulidad. "¿Amargo? Bueno, al menos no puedes reprenderme más por mi apariencia femenina," gruñó. "Además, no sabría sobre su puntería. Sólo sé que la mía es impecable," dijo con una sonrisa.
"Feh," Vegeta bufó. "Envía a Atlia y Anpane un mensaje por radio a la vez. Quiero que Atlia tenga más control sobre la operación. Ha tenido experiencia haciendo coreografías de batallas. Haz que Anpane envíe naves a Atlia con gente deseosa a ser soldados, y él los armará en Atlia y los enviará desde allí. Mejor envía exploradores Arlianos y Kijaranos primero, sin embargo. No queremos al lado gente equivocada," dijo, luego se detuvo. "Maldita sea. Si sólo tuviéramos más soldados. ¿Cómo hizo Freezer para tener su ejército tan grande?" murmuró para sí mismo.
"Envió ofertas por mercenarios," Zarbon ofreció.
"No te pedí consejo," Vegeta espetó.
Zarbon se encogió de hombros. Se estaba acostumbrando al pequeño Príncipe. "Sólo estoy diciendo que Freezer incrementó su ejército publicando ofertas por mercenarios. La gente empezó a aparecer a lo largo y a lo ancho. Consiguió muchos seguidores de esa manera- el dinero puede comprar la lealtad cuando otros métodos fallan. Y no estoy diciendo que tengas que hacer tal cosa, sólo estoy diciendo que eso es lo que Freezer hizo, así que saca tu cola de tus oídos y cálmate," dijo con enfado.
"Cuida tu tono," Vegeta dijo fríamente, luego se sentó por un momento en silencio. "Muy bien. Haz que Atlia envíe el mensaje a sectores del espacio no controlados por Freezer. No quiero alertarlo todavía. Ofrece pagar a los soldados lo que creas prudente. Demonios, si enviamos a los hombres a Kijar estoy seguro que la población femenina será más que hospitalaria.
Zarbon asintió. "Muy bien," respondió. "¿Pero quién va a estar a cargo de coordinar ese esfuerzo? Atlia está demasiado ocupado actualmente."
Vegeta frunció el ceño, tocando su mentón por unos momentos con un dedo enguantado. "Haz que esa esposa suya haga algo. Él parece del tipo que saltaría a la oportunidad de envolver a su esposa en su trabajo," dijo con disgusto.
"Algo que tú probablemente nunca entenderás," Zarbon comentó secamente.
"Cállate," Vegeta gruñó. "Evitaremos el sistema por ahora y deja que nuestras tropas se hagan cargo de eso. Terminaremos las cosas en el viaje de regreso. Marca las siguientes coordenadas," ordenó, y se inclinó para esperar que los controles de éxtasis se hicieran cardo de su consciencia de nuevo.
"Te estás perdiendo de un buen espectáculo," murmuró él mientras ella entraba en la habitación, cargada con bandejas de comida.
"¿Sí, ahora?" respondió brillante, apoyando las bandejas en la mesa de noche.
Radditz la miró con desaprobación. "Hay robots para que te ayuden con esa clase de cosas," dijo. No tiene sentido que tú misma te esfuerces."
"No es esfuerzo, cariño," la Sra. Briefs dijo amablemente, inclinándose y dándole palmaditas en su brazo. "¿De qué se trata el espectáculo?"
"De gente que creen haber visto alienígenas. Toda la audiencia los están ridiculizando," respondió con una pequeña sonrisa.
"Bueno, mucha gente no cree que los alienígenas considerarían alguna vez a este planeta lo importante suficiente para visitar," dijo amablemente, poniendo un par de platos de comida frente a él y pasando una mano sobre su espesa melena negra.
Él inconscientemente estiró su cuello bajo su tacto, presionando su cabeza contra su palma como un gato mientras su mano pasaba sobre él, cerrando sus ojos un poco en satisfacción. "Lo interesante es que las naves que están describiendo suenan justo como las naves Lebrokkianas," dijo él, la voz difusa con regocijo no expresado. "Ustedes los terrícolas no se dan cuenta de lo rico que es su planeta. Una persona podría sólo caminar y comer de la tierra con poca dificultad, incluso a pesar de que están haciendo su mayor maldito esfuerzo para matar todo."
La Sra. Briefs se sentó junto a él, fijando sus ojos en la televisión. "No todos lo intentan, Radditz," dijo en voz baja.
Radditz sacudió su cabeza en incredulidad. "No me malentiendas, parece lo naturalmente perfecto de hacer. En todos mis años como mercenario me parece que es una tendencia común intentar destruir el planeta de origen de uno. Ustedes los humanos están haciendo un trabajo bastante penoso, pero supongo que es de esperar."
La Sra. Briefs suspiró, sin gustarle los insultos a su raza sino estar poco dispuesta a detener su charla, ya que con rara vez lo hacía. Habían discutido pocas cosas en detalle, pero era generalmente más como un juego de veinte preguntas que un flujo libre de ideas y sentimientos. Además, ella quería que él continuara sintiéndose cómodo a su alrededor, y no estaba segura si reprenderlo ayudaría a esa causa. "Sí, supongo que podría ser peor," respondió suavemente, tirando de bolitas de algodón imaginarias en sus vaqueros.
Radditz volteó su cabeza para mirarla, sus ojos oscuros estudiándola intensamente. "¿He dicho algo inadecuado?" preguntó.
La Sra. Briefs movió una mano en el aire, sonriendo distraídamente. "No, no, en lo absoluto..." insistió, tartamudeando.
Radditz frunció el ceño. "No te creo," dijo sombríamente.
"Bueno, es sólo que algunas personas, como la Corporación Cápsula, intentan y se aseguran que ayuden a nuestro medio ambiente," dijo en voz baja.
Radditz asintió su cabeza. "Entonces tienes suerte. La mayoría de los planetas ni siquiera notan la destrucción hasta que es demasiado tarde. Luego nosotros tenemos que sufrir porque el valor de reventa de su planeta recibe un disparo."
"¿Así que la Tierra es muy valiosa?" preguntó amablemente, contenta de que él estuviera hablando. Tendría que aprovechar la oportunidad.
"Por supuesto. ¿Por qué piensas que Kakarotto fue enviado para destruir toda vida aquí? Este planeta nos hubiera hecho ricos a todos."
La Sra. Briefs guardó la información en su cerebro. "¿A quién todos ricos?"
Radditz parpadeó, olvidando que la mujer no tenía manera de saber cómo funcionaba el imperio de Freezer. "Vegeta, Nappa, y yo. Freezer daba un porcentaje de la venta de un planeta a los mercenarios que lo limpiaban. Es por eso que Vegeta era uno de los hombres más ricos en el imperio de Freezer. Nosotros los Saiyajin limpiamos más planetas que cualquier otro grupo. Vegeta recibía la parte más grande, por supuesto, ya que él es el Príncipe, pero Nappa y yo nos quedábamos con una suma bastante generosa. No es que importara, porque realmente no lo hacíamos por el dinero de todos modos," dijo con un suspiro y llenó su boca de patatas.
La Sra. Briefs estaba intrigada. Era la primera vez que él mencionaba a este hombre Nappa, y aunque Vegeta había salido antes Radditz nunca había discutido sobre él en detalle. Entonces estaba este personaje Freezer, para quien todos parecían haber trabajado en algún mismo tiempo. "¿Entonces por qué lo hacían?" preguntó.
Radditz tragó su bocado y sonrió malvadamente. "Porque los Saiyajin aman nada más que luchar," respondió. "La alegría de la conquista es nuestra forma más pura de éxtasis."
"¿Eso es todo lo que les gusta hacer?" preguntó, sorprendida. Sonaba como una vida increíblemente aburrida para ella, pero luego de nuevo, la mayoría de la gente pensaba que su trabajo de contabilidad sería infinitamente aburrido también.
"Por supuesto. Está en nuestra sangre," dijo con un bufido. "Mira a Kakarotto. Él ni siquiera fue criado como Saiyajin, y ama la lucha más que a nada."
"¿Qué hay sobre el amor?" preguntó ella, un poco perturbada.
"Oh, también amamos la comida," dijo él, señalando su plato. "Y supongo que aparear está allá arriba, pero ninguno tiene el fulgor de la batalla."
"A ti parece importarte bastante aparearte con mi hija," la Sra. Briefs le recordó.
Las mejillas de Radditz se enrojecieron. "Bueno, creo que es más importante para mí que para la mayoría. Sé que Nappa se divertía, pero aún así no está en su lista de prioridades, y Vegeta, quien es el más fuerte de nosotros, no le importa en lo absoluto. Mi padre tenía una inclinación por la reproducción, y supongo que yo cargo ese rasgo desafortunado."
"Por suerte para ti," dijo ella. "Sin ese impulso estarían extintos." Ella observó mientras él se ponía rígido, su mandíbula apretándose y sus ojos angostándose.
"¿Qué? ¿Qué dije?" le preguntó ella en alarma, con miedo de que él se callara y dejara de hablar o se levantara y la destruyera por su impertinencia.
"Sra. Briefs, nosotros ya estamos condenados a la extinción. Freezer destruyó nuestro planeta natal. Sólo quedamos Kakarotto y yo, dijo, su voz fría.
"Oh, Radditz, lo siento, no me di cuenta. "¿Pero qué hay sobre Vegeta?" dijo ella, poniendo una mano en su garganta. Se sentía absolutamente horrible.
"Como te he dicho antes, probablemente esté muerto," Radditz respondió titubeando.
La Sra. Briefs pudo decir que estaba al borde de colapsar. "Tú lo dejaste en ese planeta, ¿cuál era, Rihon 8?" insistió, tratando de alentarlo. "¿Por qué no me cuentas lo que realmente pasó allí y cómo llegaron allí?"
"¿Después de que termine me dejarás comer?" dijo él con un suspiro de impaciencia.
Ella asintió vigorosamente. "Por supuesto, cariño. Lo siento."
Él gruñó y miró a su comida con nostalgia. "Bueno, pasó así..."
