Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Épico

(Epic)

Un fic de The Prime Minister

Traducción por Apolonia


"¿Cuántos más tenemos que conseguir antes de que estés satisfecho?" la voz de Zarbon crepitaba en la radio. Vegeta frunció el ceño, se inclinó hacia delante, y apretó el botón de terminar. La señal se cortó y sonrió, recostándose en el grueso acolchado de su nave. Justo estaba cerrando sus ojos cuando la señal bombardeó a la vida una vez más. "Será mejor que dejes de ignorarme, Vegeta," Zarbon, dijo con voz enojada. Es por tu propia salud, ya sabes. ¿Crees que puedes estar sin dormir para siempre?"

Vegeta frunció los labios al comunicador, deseando que Zarbon solo lo dejara en paz. Estaba de muy mal humor; no había dormido bien desde que fue noqueado en Kijar. La maldita voz y esos extraños ojos no lo dejaban ser. "Muy bien, tú pequeña molesta plaga," finalmente espetó. "Este próximo será el último. Debemos tener suficiente por ahora que se van a mantener mutuamente a raya para que no tengamos en nuestras manos la rebelión. Luego nos dirigiremos de nuevo a Arlia y haremos nuestros planes de viaje definitivos para la Tierra. Esperemos poder ver algo de combate allí. Este viaje ha sido lamentablemente aburrido," gruñó.

Casi podía oír los ojos de Zarbon rodando. "Lo que sea. Sólo trata de descansar un poco, ¿de acuerdo?"

"Lo haría, ¡si dejaras de molestarme!" Vegeta gritó, y apretó el botón terminar una vez más. Cayó de nuevo en su asiento con un gruñido y cerró sus ojos, haciendo todo lo posible para no dejar pasar los ecos en su cabeza.

Zarbon también se inclinó hacia atrás en su haciendo, pero no descansó. Tuvieron suerte de haber ganado tan completamente en Arlia, de lo contrario todo este plan hubiera sido mucho menos estable. Atlia, aunque estaba bastante seguro que al Arliano no le gustaba Vegeta, era del tipo que sería leal hasta el amargo final, y esperaba que Anpane fuera así también, aunque sea sólo porque estaba esperando una oportunidad de meter a uno de ellos en sus habitaciones. Zarbon suspiró- Kijar ciertamente no era un mal lugar. Era extraño, claro, pero supuso que los apetitos sólo crecían cuando eran perpetuamente privados. Tendría que resancionar la estructura de clase y evitar la endogamia, luego el problema se resolvería por sí solo. Un bip interrumpió sus pensamientos, y miró a su pantalla. Estaban a sólo una hora y media de aterrizar. Miró por su ventana y observó a que el planeta apareciera en su vista, y después de veinte minutos fue recompensado. Vio, mientras su nave ralentizaba del hiperespacio a viajar sólo bajo la velocidad de la luz, que el planeta era absolutamente enorme. Podía ver los vastos océanos de agua azul, masas de tierras doradas y verdes, y la atmósfera titilaba de una manera inusual. Suspiró y se estiró, luego miró más de cerca al parpadeo. No estaba parpadeando en lo absoluto- era una serie de explosiones en la atmósfera superior. Miró a su alrededor en alarma. No había manera que tanto sus naves o ellos mismos pudieran resistir un golpe de un arma de atmósfera superior. Se inclinó hacia adelante y golpeó su frecuencia en el comunicador. "¡Vegeta, despierta!" gritó. "¡Tenemos problemas!"

"¡Entonces hazte cargo de ellos!" espetó la voz de Vegeta.

"Echa un vistazo a tu ventana," fue la lacónica respuesta de Zarbon. "¡No me digas que te gusta jugar con atmósferas superiores!"

Escuchó a Vegeta reír. "No estoy preocupado. Continúa en el curso actual," dijo.

"Estás mal de la cabeza, Vegeta," Zarbon gruñó. "¡Al menos la guerra civil en Arlia había terminado cuando nosotros llegamos allí!"

"Cállate, Zarbon. Te dije que no estoy preocupado," respondió Vegeta, y Zarbon escuchó el eco de la señal de terminación.


"No, el hombre estaba durmiendo con la hija del otro hombre, pero en realidad son primos, aunque no lo saben," la Sra. Briefs estaba explicado a Radditz mientras él consumía su desayuno. Hubo un ruido fuerte y ambos se voltearon para ver a Bulma entrar en la habitación, jadeando.

"Acabo de terminar de hablar con Dios," jadeó.

La Sra. Briefs le lanzó a Radditz una mirada preocupada. "Cariño, creo que necesitas descansar más," dijo amablemente, levantándose de su silla y caminando hacia su hija, apoyando una mano en su frente. "Tu temperatura parece normail. ¿Comiste algo extraño ayer?"

Bulma golpeó lejos la mano de su madre con desagrado. "No, quiero decir que terminé de hablar con Kami," dijo con irritación.

La Sra. Briefs se alejó un paso y cruzó sus manos sobre su estómago. "¿Tuviste una buena charla?" dijo, sin entender.

Bulma frunció el ceño y plantó sus manos en sus caderas. "No tengo tiempo para estas tonterías. Sólo quería que supieras que tenemos que desear a Goku de nuevo. Le tomará a Goku un par de meses volver de donde sea que está en la otra vida, y si no vuelve antes de que pase el año, simplemente se quedará atrapado allí."

"¿Entonces tenemos que desearlo de nuevo ahora?" su madre, preguntó, sorprendida.

"¡Sí!" Bulma dijo, exasperada. "¡Ahora ven a ayudarme!"

"Ya voy, cariño. ¿Dónde estarás?"

"En el jardín trasero. Krillin está afuera juntando la última esfera del dragón ahora."

"Bueno, nos vemos allí," la Sra. Briefs respondió y miró a su hija escabullirse. Suspirando, se volteó hacia Radditz y comenzó a limpiar sus platos.

"¿Cuántos deseos tienen?" preguntó él.

"Sólo uno, creo," dijo ella distraída.

"¿Se puede desear sólo a una persona a la vez?"

Sus cejjas se fruncieron un poco mientras trataba de recordar. "No, creo que puedes desear tanta gente de nuevo como quieras, pero tienen que ser todos en grupos. No puedes sólo recitar de un tirón una lista de personas que murieron y esperar que vuelvan. Tienen que tener algo en común, y no pueden haber muerto hace más de un año atrás. Ahora sólo descansa y volveré en unas horas para el almuerzo," dijo ella, juntando sus platos y yéndose de la habitación.

Radditz se sentó en su cama, los músculos tensos. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que él se fue de Rihon 8? No hacía ni un año, tal como él lo imaginaba. Todavía había una oportunidad. Goku era un Saiyajin y Vegeta lo era también. Ambos habían muerto dentro del último año. Definitivamente había una oportunidad. Se movió para ponerse de pie, gruñendo por lo atrofiados que estaban sus músculos. Su herida se estiró con el movimiento y sintió a la tierna piel rasgarse, las cosas dentro de él rompiéndose mientras se ponía de pie. Arrancó los tubos y las agujas fuera de su brazo, luego destrozó a las máquinas cuando comenzaron a hacer ruidos. Hilos de humedad comenzaron a trabajar su camino por su costado debajo de su bata mientras se tambaleaba hacia la puerta. Mirando en cada dirección para asegurarse que nadie estuviera allí él levitó unas pulgadas sobre el suelo y despegó hacia donde pensaba que Bulma y las esferas del dragón estarían.

"¡Vegeta!" Zarbon gritó mientras el arma atmosférica golpeaba el costado de la nave de Vegeta. El lateral de la nave fue volado y vio a Vegeta salir y flotar por un momento antes de caer hacia el suelo como una piedra. Aminoró su propia nave y la programó para aterrizar automáticamente, luego abrió la puerta y fue tras el Príncipe en caída. El sudor salió de su frente, rezado que Vegeta estuviera bien. Si algo le sucedía ahora todo el plan se arruinaría, y su vida estaría en peligro una vez más. Puso otra ráfaga de velocidad y se puso debajo de Vegeta antes que ambos tocaran el suelo. Recostó a Vegeta suavemente y lo examinó rápidamente. Su armadura había tomado el impacto de la metralla de la nave en desintegración, rompiendo una hombrera y agrietando el pecho, pero el resto suyo parecía ileso. El Saiyajin estaba insconsciente, y Zarbon supuso que debió haberse agotado generando semejante poderoso e instantáneo escudo de ki. Zarbon miró alrededor y se puso de pie, enganchando sus dedos en la armadura y levantándolo con un gruñido. "Wow, te volviste más pesado desde que aterrizamos primero en Arlia," murmuró, y despegó en el aire.

La batalla era de hecho una guerra civil. Por lo que Zarbon podía ver, se veía como si un lado estuviera luchando por la unificación mundial y los otros lados fueran estados más chicos que querían mantener su independencia. Tenían naves de ataque aéreo y las atmosféricas para combatirlas, pero aparte de eso no había armamento por el que Zarbon se preocupara. Mientras permaneciera en el suelo hasta que Vegeta se despertara estarían bien. Arrojó al Príncipe en un montón de arbustos y se agachó allí, su capa cubriendo a Vegeta, y esperó.


Observó al hombre calvo aterrizar y despegar en una carrera hacia la casa. Tan pronto como la pequeña figura comenzó a pasar junto a él, él salió de su cubierta de arbustos y tacleó al muchacho, estrellando contra el suelo. "¡Radditz!" jadeó el hombre calvo, y Radditz lo agarró con sus rodillas. Agarrada en una de las manos del pequeño hombre estaba lo que el Saiyajin suponía era una esfera del dragón.

"Dame eso," siseó, tratando de ignorar el dolor en su abdomen y el flujo de sangre en su costado.

Krillin sacudió su cabeza. "De ninguna manera, ¡tenemos que desear de nuevo a Goku!" protestó, apretando sus dientes y retorciéndose.

"¡Lo quiero de vuelta tanto como cualquiera!" Radditz gruñó, y le arrebató la esfera del dragón. Krillin tomó una bocanada de aire para gritar, pero Radditz alzó una mano sobre su cabeza y noqueó al pequeño hombre en frío. Poniéndose de pie lentamente, se apartó a un lado su cabello para poder ver donde los demás se habían reunido con las otras esferas.

Descendió sobre ellos como una tormenta, noqueando a Tien, Chaoz, y a Yamcha fácilmente mientras se aceleraba alrededor de ellos. Escuchó gritos aterrorizados, y cuando había terminado sus ataques se agachó en el suelo, jadeando y apretando una mano sobre su costado ensangrentado.

"¡Radditz!" La Sra. Briefs gritó, y comenzó a correr hacia él.

"¡Aléjate!" Radditz espetó, mirándola y enviándola de nuevo al lado de su hija.

"¡Pero estás herido!" protestó ella, sosteniendo los hombros de Bulma. "¡Estás deshaciendo todos esos meses de curación!"

"¡No importa!" gritó él, arrojando su esfera del dragón junto a las demás. "¡Ahora convoca al dragón!"

"¡No!" Bulma gritó con los puños apretados. "¡Nunca!"

Radditz se levantó tembloroso y se tambaleó hasta donde estaba ella. Colocó una enorme mano en su mejilla y pasó su pulgar sobre su piel. "Bulma, convoca al dragón," dijo con severidad, mirando a sus furiosos ojos azules.

"¿No me escuchaste, imbécil?" escupió. "¡Dije que nunca!"

Su rostro se torció en ira y repentinamente la tomó por detrás de su cuello y apretó. "Escucha, humana, no tengo tiempo para jugar tus juegos. Tengo que pedir un deseo antes de morir," siseó, levantándola y llevando su rostro cerca del suyo.

"¡Sólo hazlo, Bulma!" su padre gritó, saliendo de la casa y corriendo hacia su esposa. "¡No importa!"

Lágrimas comenzaron a rodar por las mejillas de Bulma. "Pero Goku..." sollozó.

Radditz apretó sus dientes. "No te preocupes, lo desearé de vuelta también," gruñó él. "¡Ahora hazlo!"

Bulma sollozó y lo golpeó débilmente con sus puños. "¡No!" gimió ella.

La Sra. Briefs se desprendió del agarre de su marido y se lanzó hacia las esferas del dragón. "¡Sal, Dragón!" gritó, arrojando sus manos en el aire. Radditz se dio media vuelta, mirando las espesas, negras nubes cubrir el cielo. El viento arreció y su boca cayó abierta, soltando a Bulma descuidadamente al suelo mientras los relámpagos golpeaban la tierra. De repente las nubes comenzaron a girar y una brillante luz ardió alto en los cielos, crepitando con electricidad mientras se abría paso hacia la tierra. Se desenrolló por encima de las esferas del dragón, brillando con fuego y verdes escamas mientras sus ojos rojos miraban al pequeño grupo debajo de él.

"¿Cuál es tu deseo?" explotó, blancos dientes destellando en el resplandor emitido por el rayo.

La Sra. Briefs miró a Radditz sin comprender. "Trae de vuelta a la vida a todos los Saiyajin asesinados en el último año," Radditz gritó, y miró mientras el dragón cerró su boca.

Pasaron unos pocos momentos, el silencio tan oscuro como las negras nubes arremolinadas arriba. "Tu deseo ha sido concedido," el dragón tronó, y se fue con las esferas del dragón en un cegador destello de luz. Radditz miró a su alrededor, ubicando a la Sra. Briefs, y le sonrió agradecido antes de agarrarse su costado y derrumbarse al suelo.

"¡Llévalo de nuevo a la cama!" gritó la Sra. Briefs, corriendo a su lado.

"¡Pero él mató a Yamcha y a los demás!" Bulma gritó, levantándose del suelo.

"Mira, niña," dijo la Sra. Briefs. "No están muertos- están inconscientes. Ahora lleva a este hombre a una cama."

Bulma miró a su madre fríamente mientras su padre caminaba a su lado. Sacó un dispositivo de su bolsillo e hizo algunas llamadas. "Los técnicos médicos están en camino," dijo amablemente, y se arrodilló junto a su esposa.

"¡Papá!" Bulma protestó, doblando sus rodillas en énfasis.

El Dr. Briefs miró sobre su hombro a su hija. "Goku ha sido deseado de vuelta y nadie fue realmente lastimado," dijo él. "Yo confío en el juicio de tu madre."

Bulma suspiró. "Ustedes son imposibles. ¿Cuántos asesinos alienígenas más crees que ustedes dos tendrán que adoptar antes que alguien muera?"

La Sra. Briefs lanzó una mirada preocupada a su hija. "Cariño, muestra algo de compasión. Nos encargaremos de cualquiera que necesite cuidados."

Nappa jadeó mientras el aire llenaba sus pulmones, sus ojos parpadeando rápidamente en la luz mientras miraba al cielo. Se sentó lentamente, frotando una mano sobre la corona de su calva cabeza, mirando a su alrededor con asombro. ¿Dónde estaba? Miró a sus manos y palmeó su torso, viendo si algo estaba mal. Lo último que recordaba fue el insoportable dolor de ser volado en pedazos. Él había estado muerto, lo sabía, y sin embargo parecía estar vivo ahora. Comenzó a murmurar preguntas para sí mismo y se puso de pie. Sin ver a nadie cerca, despegó en el aire.

Tuvo que volar durante un buen tiempo antes de encontrar una solución. Aterrizó fuera de la pequeña, polvorienta aldea y se acercó al interior, envolviendo su cola alrededor de su cintura y alerta de cualquier clase de ataque, sus oídos agudizándose por el sonido de los clics de las armas. Deambuló a través de las vueltas y giros de los caminos hasta que se encontró en una clase de plaza. En el medio había una estatua, grande y hecha de bronce, descansando sobre un enorme pedestal de mármol. Parpadeó rápidamente, sin poder creer lo que estaba viendo. Si no sabía mejor, hubiera jurado que sabía exactamente de quién era la estatua. Sacudiendo su cabeza en incredulidad y mirando alrededor por señales de vida se acercó frente a ella y fijó sus ojos sobre la placa incrustada en el mármol. "Nuestro Lord Vegeta del Nuevo Imperio Saiyajin, Liberador y Protector de nuestra gente," leyó en voz alta, parpadeando en sorpresa. Alzó la vista a la estatua y se dio cuenta que su primera impresión no había estado equivocada; la estatua era de hecho de Vegeta, luciendo muy real en su armadura y su capa ondeante. Estaba contemplando lo que todo eso significaba cuando sintió un golpecito en su hombro. Girando, listo para el combate, fue confrontado con un par de ojos de tipo insecto.

"¿Puedo ayudarlo, señor?" preguntó el Arliano, su exoesqueleto crujiendo mientras encontraba una posición de pie cómoda.

Nappa tragó su impulso de atacar cuando notó que la cosa insecto estaba armada con lo que fuera que había sido disparado y asesinado. "¿Qué es este asunto de Lord Vegeta?" preguntó, señalando hacia la estatua.

"Se trata de una representación de nuestro gobernante, Vegeta, que mató al tirano rey y su élite y liberó a nuestro pueblo de la esclavitud," respondió el insecto. "El amo Atlia es el que gobierna nuestro planeta bajo él como parte de la Gracia de Su imperio, y entre ellos dos nuestro planeta se mantiene pacífico y a salvo de la amenaza de Freezer."

Nappa frunció el ceño. ¿Realmente Vegeta había logrado conquistar un planeta por sí mismo? "¿Entonces dónde está este sujeto Atlia?" gruñó Nappa, preguntándose si debía hacer volar al insecto superdesarrollado al olvido o no.

"En la capital, por supuesto," respondió el soldad.

"¿Qué tan lejos dirías que queda si pudieras volar?" Nappa preguntó, masticando uno de los extremos de su bigote.

El soldado hizo un ruido sordo mientras pensaba. "Bueno, probablemente esté a trescientas millas de aquí, en línea recta dirigiéndose hacia el noreste. ¿Eso lo ayuda, señor?" dijo amablemente, apuntando la dirección.

Nappa asintió, examinando a la cosa. Estaba bastante bien, y si era cierto que Vegeta estaba gobernando el planeta probablemente no sería prudente empezar a hacer volar a sus súbditos al olvido. Tal vez tendría la oportunidad más tarde, si podía hacer algo sobre esas horribles armas. Saludó al insecto en gracias y despegó en el aire, dirigiéndose hacia el noreste.

Considerando la velocidad a la que estaba volando no le tomaría mucho llegar a la capital. Inmediatamente encontró el palacio y se apresuró a entrar, empujando a través de insectos que protestaban y haciendo una línea recta hacia lo que parecía ser la sala del trono. Si Vegeta estaba aquí, allí es donde debería estar, decidió mientras empujaba para abrir las pesadas puertas, empujando insectos a un lado mientras ellos le gritaban. Entró en la habitación y cruzó sus brazos. "Exijo ver al Amo Atlia," gritó, estudiando la habitación por alguien a quien forzar a ayudarlo.

Un insecto envuelto en una faja azul caminó hacia él e hizo una pequeña reverencia. "El Amo Atlia está ocupado ahora mismo, pero si deseas hacer una cita..." dijo cortesmente.

Nappa gruñó y lo agarró por su faja, alzándolo en el aire. "¡Si no me llevas a Atlia ahora voy a hacer volar mi camino hacia él!" dijo, luego hizo un gesto de dolor mientras escuchaba el clic de las armas. Mierda- se había olvidado de eso.

"¡No le disparen!" escuchó a alguien gritar. "¡Tiene una cola como Lord Vegeta!"

"¡Será mejor que me disparen o los mataré a todos!" Nappa gruñó, arrojando al insecto y caminando hacia donde estaba el trono vacío.

"¿Qué es todo este alboroto?" una áspera voz gritó, y Nappa se volteó para ver quién se acercaba. Era otro hombre insecto, pero este estaba envuelto en una faja roja, completa con ornamentos, y tenía una banda dorada envuelta alrededor de su antebrazo.

"Estoy buscando a Atlia," Nappa respondió con una sonrisa burlona.

El insecto lo miró con frialdad. "Yo soy," dijo. "¿Qué puedo hacer por ti?"

Nappa miró a su alrededor, notando que las armas todavía estaban apuntadas a él. "Echa a tus soldados," respondió. "Necesito hablar contigo."

Atlia asintió y las armas fueron bajadas. "Habla," ordenó. "Y haré mi mejor esfuerzo para responder."

Nappa suspiró. "¿Dónde demonios estoy?" espetó, frotando la parte de atrás de su cabeza con una gran mano.

Atlia se veía tan divertido como un insecto podría estar posiblemente. "Estás en Arlia, un planeta al que Lord Vegeta inicialmente se refería como Rihon 8."

"¿Rihon 8, eh? Supongo que no lo quería limpio," Nappa murmuró, tocando su mentón herido.

"Aparentemente no, porque ahora funciona como su asiento principal de poder para el Nuevo Imperio Saiyajin," respondió Atlia.

"Entonces Vegeta se consiguió solo un imperio. Creo que tienes que darme algunas explicaciones," Nappa dijo con irritación.

Atlia estudió la cola de Nappa. "Primero me gustaría preguntarte sobre ti," dijo amablemente.

Nappa parpadeó. Por supuesto que esta gente no tenía idea de quién era él. "Soy Nappa, el comandante de los ejércitos Saiyajin antes de que Vejiitasei fuera destruido. Vine aquí con Vegeta pero fui, er, destruido en nuestros primeros pocos minutos por esas armas que tienen. No sé por qué estoy de vuelta, pero lo estoy, y necesito encontrar a Vegeta," respondió con un ceño fruncido.

Atlia asintió. "Ven por aquí," dijo, y le indicó a Nappa que lo siguiera a una habitación fuera de la cámara del trono.

Nappa dio un silbido de apreciación. "Esa es toda una historia," dijo. "¿Entonces Vegeta sólo a estado viajando en estos últimos meses, juntando planetas?"

Atlia asintió. "Tiene unos 23 planetas, sin incluir a Arlia, bajo su control en la actualidad."

"No está mal," Nappa reconoció.

Atlia lanzó a Nappa una mirada. "En realidad, es extraordinario, considerando que sólo se ha ido varios meses. Él es el más carismático, y nosotros los Arlianos ya estamos experimentando los beneficios de su talento," dijo.

Nappa alzó una ceja. "¿Por ejemplo?"

Atlia tomó un áspero respiro. "Bueno, el segundo planeta que conquistó, Kijar, nos envió una flota de naves a cambio de nuestra tecnología de comunicación bajo el mando de Vegeta. Ahora ambos planetas tenemos viaje espacial y comunicación extensa. También hemos comenzando un sistema de comercio, y nuestra economía está comenzando a mejorar. Menos familias viven en la pobreza que antes de que Vegeta apareciera."

"¿Entonces tu gente es leal a él? Quiero decir, no puedo creer que esto esté funcionando," Nappa dijo. Le gustaba este hombre Atlia, excepto por la apariencia.

Atlia asintió una vez para mostrar su acuerdo. "Es sorprendente, pero nosotros los Arlianos somos leales a él después de lo que él hizo por nosotros, y nuestros militares han comenzado a ocupar los otros mundos hasta que su lealtad sea igual de cierta. El miedo a Freezer y la promesa de crecimiento económico constituyen un aliciente importante, sin embargo," Atlia respondió.

"Ya veo," Nappa dijo, a punto de continuar cuando hubo otro golpe en la puerta y un soldado entró.

"Hay una trasmisión entrante, señor," dijo el soldado.

Atlia hizo un gesto con la mano. "Haz que la envíen," respondió, y dirigió la atención de Nappa a una pantalla ubicada en una pared de la habitación. El soldado cerró la puerta y los dos esperaron que la estática se aclarara. Finalmente la imagen se estabilizó y Nappa se encontró mirando al pálido rostro de finos huesos de Zarbon.

"Atlia," Zarbon dijo. "Gracias a Dios. Necesitamos algo de ayuda."

"¿Qué demonios está haciendo ese remilgado alienígena en tu pantalla?" Nappa rugió, levantándose de su silla.

Los ojos de Zarbon se centraron pasando a Atlia y se posaron sobre el Saiyajin. "¡Nappa!" dijo en sorpresa. "¡Pensé que estabas muerto!"

"Estaba," Nappa gruñó. "No sé por qué no lo sigo estando. ¡Pero eso no es importante! ¿Qué has hecho con el Príncipe?"

Zarbon suspiró. "Veo que estar muerto no te enseñó ningún sentido," dijo austeramente. "Él está aquí, pero está inconsciente, y el planeta en el que estamos está en medio de una guerra civil. La nave de Vegeta fue destruida, y necesitamos tropas y transporte. Demonios, Nappa, ven tú mismo. Podríamos aprovechar tu ayuda," dijo, mirando a Atlia.

"¿Están en peligro inmediato?" Atlia preguntó, ignorando el tartamudeo de Nappa.

Zarbon miró detrás de él. "No," respondió, "Y si la necesidad se presenta todavía tengo mi nave. Es de donde estoy llamando. Entramos ambos, pero no sería cómodo. Creo que hay un agujero de gusano en este sector que podríamos utilizar para volver a ti, pero aún así tardaría un tiempo en la nave. Envía a una de las naves de Anpane también. Kijar está más cerca de dónde estamos de todos modos," dijo, sin dejar de mirar periódicamente sobre su hombro.

"¿Qué pasó con el Príncipe?" Nappa exigió, golpeando un puño sobre el escritorio de Atlia.

Zarbon rodó sus ojos. "El Príncipe tiene una... condición... causada por tu pequeño amigo Radditz en la Tierra. Su nave fue volada por una atmósfera a nuestra llegada, y estuvo apenas fuerte suficiente para defenderse. Usó toda su energía, y ahora está tomando una pequeña siesta," contestó con brusquedad.

"Enviaremos ayuda de inmediato. Tenemos sus coordenadas y estaremos allí tan pronto como nos sea posible," Atlia dijo, saludando a Zarbon.

Zarbon sonrió amablemente y asintió. "Muchas gracias, Atlia. Hasta pronto, Nappa," dijo, y terminó la señal.

Nappa comenzó a gritarle a Atlia al segundo que el hombre insecto se volteó para enfrentarlo. "¡Por qué no me dijiste que ese bastardo estaba con Vegeta!" gritó, sus puños hechos esferas.

Atlia se encogió de hombros. "No parecía necesario. Zarbon juró lealtad a Vegeta en la arena, y ha sido la mano derecha del Príncipe desde ese entonces," respondió. "¿Ahora te gustaría ir? La nave estará lista en una hora. Puedo ofrecerte un baño y comida antes de despegar, si lo deseas."

"Muy bien," Nappa gruñó, y siguió al Arliano fuera de la habitación.