Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Épico
(Epic)
Un fic de The Prime Minister
Traducción por Apolonia
Ella sabía que iba a romperse, podía sentir la tensión correr a través de sus venas como metal líquido, cubriendo su interior e hinchándose. Estiró su brazo y tomó su bebida más fuertemente, suspirando mientras miraba el calor de su piel nublar la superficie del frío vaso. Estaba sola en la cocina mientras la medianoche se enrollaba lentamente, sus manos ociosas tocando la etiqueta de la botella de la que estaba sirviendo mientras ladraba una corta risa. Si alguien la veía en este estado ciertamente la arrastrarían a la cama. Beber sola nunca era una buena señal de nada excepto de problemas. Hizo una mueca a su copa y tragó el líquido con un gesto de dolor, frunciendo el ceño por el sabor mientras el alcohol se disparaba por su garganta y hervía en su estómago. Ni siquiera le gustaba beber, recordó con un bufido mientras sus nudillos se volvían blancos mientras agarraba su vaso, pero sí le gustaba la forma en que la hacía sentir toda borrosa, la manera que tomaba la ventaja frente a las cosas que de otro modo la cortarían. Esos cortes emocionales fueron los que la llevaron a la cocina en esta noche. Había perdido su estructura de apoyo emocional cuando se había deshecho de Yamcha. Ahora estaba sola en la casa con dos padres delirantes, un insano, asesino alienígena, y un ex novio acechando en los arbustos como alguna clase de acosador criminal. Uno de sus amigos había sido asesinado y estaba en su camino de volver, pero podría ni siquiera importar, porque un alienígena que sonaba tal vez más asesino estaba en su camino para ponerles fin a todos ellos, a menos que algo pudiera detenerlo. Que, por el momento, no parecía que nada pudiera, porque este personaje Vegeta sonaba como el mismo demonio, si lo que su madre le había dicho era cierto. Hipó y miró a la botella de nuevo, midiendo la cantidad de líquido que todavía quedaba dentro. Suspirando, llenó su vaso y tomó otro trago, mirando los granos en la mesa de madera hasta que vibraron felizmente. Bulma sonrió para sí misma y puso su frente en la fría madera, cerrando sus ojos. ¿Por qué simplemente no le había dicho que sí a Yamcha? Él la trataba como oro. Claro, habían habido momentos cuando él había estado con otras mujeres, pero sólo cuando ella había roto con él. Pero ella, ella nunca había estado con otro hombre. ¿Otro hombre? ¿Es eso lo que necesitaba? Alzó su cabeza, parpadeando sus ojos rápidamente hasta que la habitación se estabilizó. Su resolución casi alcanzó niveles lo críticos suficientes para levantarla de su silla, pero falló y miró de nuevo al vaso. ¿Qué si todo hubiera sido condenado de antemano? se preguntó mientras giraba el frío vaso en sus manos, escuchando los cubitos de huelo tintinear contra los costados. Toda su maldita vida había estado centrada alrededor de las esferas del dragón. ¿Qué si las esferas sólo eran una herramienta para que dios consiguiera lo que él quisiera de los humanos? Sus ojos se abrieron mientras lo consideraba. Sí, tentar a los humanos con un deseo, el deseo de su corazón, pero en cambio hacerlos hacer lo que quisiera. Las esferas del dragón habían sido las que le habían traído a Yamcha hacia ella, las que estaban trayendo de vuelta a Goku. Toda su vida había estado gobernada por otras fuerzas. Bueno, ella debería hacer lo que quisiera, se dio cuenta con un eructo. Parpadeó y miró alrededor de la habitación rápidamente, estudiando todo rápidamente y sacudiendo su cabeza. Las afiladas esquinas todavía no se habían ido. Necesitaba algo más para beber.
Se dirigió hacia la enfermería treinta minutos más tarde, su esbelta forma obstruyendo la puerta con oscuridad mientras bloqueaba la luz del pasillo. El hombre todavía estaba en la cama, conectado a todas esas máquinas. Bulma se tambaleó hacia la cama y plantó sus manos con furia en la barandilla. "Todo esto es tu culpa," arrastró las palabras con fiereza.
Radditz se agitó con un gemido, volviendo su cabeza y abriendo sus ojos. El dolor seguía rugiendo en su costado y protestaba con cada respiro que daba. Se concentró en la forma oscilante de Bulma y arrugó su nariz. La mujer tenía un fuerte olor de bebida, y el olor estaba asaltando violentamente a su sensible nariz. "¿De qué estás hablando?" gruñó, con voz débil y cansada.
Bulma levantó su mano y le dio una palmada en el bíceps. "Si tú nunca hubieras venido Goku no hubiera muerto. Yamcha podría no haberme que me casara con él y estaríamos juntos. ChiChi no estaría preocupada porque su hijo fue secuestrado por un hombre verde que solía ser el diablo. Mis amigos no estarían recuperándose de contusiones, ¡y mi madre no te amaría más que a mí!" sollozó, y lo abofeteó de nuevo. "Ahora un monstruo Vegeta está en camino y todos vamos a morir," graznó, lágrimas comenzando a fluir de sus ojos nublados.
Sus golpes no le habían hecho daño directamente, pero el dolor en su costado todavía era tan intenso que cada pequeño tacto le dolía. "Bulma," susurró, encontrando la fuerza para extender un brazo. Nunca había visto llorar a una mujer antes, excepto en los programas que la Sra. Briefs veía con él, y estaba encontrando que no le gustaba.
"Cállate," murmuró ella, secándose sus ojos con sus puños, y se tambaleó un poco para mantener su equilibrio. "Vegeta nos va a matar a todos por tu culpa." Sabía que en algún nivel apestaba a borracha, pero su resentimiento hacia él era tan fuerte que seguía hablando. "Así que mantén tu estupidez," gruñó, bateando inútilmente a su extremidad ofrecida.
Sus ojos negros, centrándose en ella a través de una niebla de dolor, comenzaron a arder. "Bulma, nunca dejaría que alguien te matara," dijo, la voz llena de fuego. "Vegeta nunca te hará daño, te lo prometo," dio su palabra.
Bulma hipó y se tambaleó, agarrándose a la barandilla de la cama para no caerse. "Yo podría perder todo por tu culpa," dijo, la voz en un grito silencioso.
"Lucharé para que mantengas todo lo demás," dijo él, sus dedos tomándola por la tela de su camisa. Ella estaba demasiado borracha para resistirse mientras él la atraía hacia sí, y la acción tomó casi la totalidad de sus fuerzas. Se las arregló para meterla en las sábanas junto a él, acariciando la parte posterior de su cabeza mientras ella lloraba sobre su pecho. "Haré mi mejor esfuerzo para asegurarme de que cuando Vegeta venga aquí sólo se vaya en paz."
Ella estaba llorando demasiado duro para responder, toda su frustración y dolor derramándose sobre la piel de la persona que se había convertido en foco de su agonía. Ella golpeó una palma abierta contra su hombro en frustración, sin darse cuenta cuando él hizo una mueca de dolor.
"Si quieres que me quede aquí cuando él se vaya me quedaré," dijo en voz baja, deleitándose con la sensación de sus dedos corriendo a través de su fino y sedoso cabello. Podía olerla incluso a través del olor a alcohol, y todo su cuerpo deseaba que estuviera sanado lo suficiente como para tomarla. Como estaba, todo lo que tenía la fuerza para hacer era mover la mano torpemente sobre ella una y otra vez. Escuchó su sollozar disminuir, y trató frenéticamente de imaginar su vida fuera del servicio de Vegeta. La lucha era tan importante... pero Kakarotto sería un buen compañero de entrenamiento. El Namek también lo sería. El pequeño Gohan podría ser entrenado adecuadamente en la forma Saiyajin, así como cualquier otro niño que Bulma tuviera con él. Tal vez la compañera de Kakarotto tendría más hijos. Él podría ser el entrenador profesional de los medio Saiyajin, se dio cuenta de repente, y el alivio se apoderó de él. Todavía podía servir a su príncipe y beneficiar a la causa, satisfacer su deseo de batalla, y tener a Bulma al mismo tiempo. Volvió su cabeza un poco para ofrecer su plan a Bulma, pero ella se había quedado dormida en su pecho y estaba roncando en silencio. Él la atrajo un poco más a su lado y acarició la corona de su cabeza con su nariz, sintiendo a sus párpados hacerse pesados también. Su conciencia se redujo hasta que sólo estaba consciente de la presión de su cuerpo junto al suyo, y después el sueño lo condujo a soñar con su futuro.
Vegeta se despertó y rápidamente alejó a Zarbon de él. "Sal de encima mío," gruñó.
Zarbon se dio la vuelta, parpadeando sus ojos mientras el sueño lo liberaba también. "¿Salir de encima tuyo?" preguntó, confundido. "¿Por qué no sales tú de encima mío?"
Vegeta se incorporó y se frotó la cabeza. "No me respondas," dijo peligrosamente.
Zarbon se elevó a una posición en cuclillas, examinando minuciosamente a Vegeta. "No estás en condiciones de hacer nada sobre eso ahora," comentó con cuidado. "Tu condición no está mejor, ya sabes. Estar inconsciente no es precisamente buen descanso."
Vegeta amasó sus ojos con sus dedos y gruñó. "¿Tomo que sobrevivimos la atmósfera superior?" dijo, ansioso de cambiar el tema.
Zarbon asintió, sus ojos mirando hacia su odre improvisado. "Eso sería correcto. Qué pequeño mono inteligente que eres," dijo distraído mientras se movía y tomaba la bolsa.
"Cállate, tú horrible monstruo verde," Vegeta escupió, extendiéndose y arrebatándole el odre a Zarbon. "¿Cuánto tiempo he estado fuera?"
El hombre más alto sonrió fríamente. "El tiempo suficiente que casi me preocupé por ti. Contigo inconsciente durante días y días es más fácil olvidar lo idiota que eres y sentir pena por ti," respondió. "El tiempo suficiente para que Nappa esté llegando mañana."
Vegeta estaba a punto de responder a los insultos y disparar a su ayudante al olvido cuando el nombre llamó su atención. "¿Nappa?" dijo en shock.
Zarbon asintió, bajándose para sentarse en el suelo con las piernas cruzadas. "Correcto. Nuestro viejo amigo, el hombre con una cabeza tan desnuda como la roca que sirve para su cerebro, el Comandante, Nappa. ¿La atmósfera te hizo sordo?" dijo con enfado.
"Nappa está muerto. Ha estado muerto por casi un año. ¿Tu estúpida trenza está demasiado apretada, o eres realmente tan estúpido que te olvidaste de eso?" Vegeta respondió, su temperamento alzándose en rápido crecimiento.
Los dorados ojos de Zarbon se angostaron. "Principito, no tienes ningún derecho de insultarme hasta que puedas derrotarme en batalla," dijo peligrosamente. "Y para tu información, Nappa aparentemente no está muerto. Podría haberlo estado en un momento, pero ciertamente no lo está ahora."
"¿Cómo sabes esto?" Vegeta demandó airadamente.
Zarbon miró en dirección a su nave. "Hablé por radio con Atlia para respaldo. Nappa estaba allí, sentado en la oficina tan bonito como te plazca. Estaba furioso cuando supo que tú estabas solo conmigo, pero creo que Atlia probablemente manejó bien la situación. Considérate afortunado que Nappa no sólo se despertó e hizo volar a todo el planeta, y por lo tanto a todo tu esquema, a la no existencia."
El ceño fruncido de Vegeta se profundizó y sacudió su cabeza, tratando de escuchar a Zarbon por sobre la voz que gritaba en su cabeza. "Sólo mi suerte en tener a Nappa de vuelta y casi destruir todo," murmuró.
Zarbon se estiró perezosamente. "Nos guste o no, él estará aquí mañana, como dije antes. Podrías también hacer uso de él. Puede ser un imbécil temperamental, pero tiene experiencia con mover masas de tropas y coordinar ataques. No me gusta el tipo en lo más mínimo, y estoy seguro que él siente lo mismo, pero al menos de esta manera de ahorrará el problema de tener que encontrar a alguien con no sólo el conocimiento sino también la lealtad hacia ti. Admítelo- eso es un plus," dijo suavemente.
"No tengo que admitirte nada," Vegeta dijo fríamente y le dio su espalda a Zarbon.
El hombre más grande suspiró. Debería haber esperado tal comportamiento de Vegeta, pero seguía siendo desagradable. Hubiera imaginado que con todo el tiempo que pasaron juntos el Saiyajin no se hubiera acostumbrado a tolerarlo sino incluso tal vez a estimarlo. Estúpidos Saiyajin y su rechazo a cualquier forma de vínculos emocionales. "Bien, lo que sea," murmuró," y suavemente rescató la odre del agarre de Vegeta.
Bulma se sentó una vez más en la cocina, acunando su cabeza entre sus manos mientras su cerebro trataba de saltar fuera de su cráneo, arrastrarse a través del mostrador, y ahogarse en el fregadero. Estaba increíblemente resacosa. "¿Entonces por qué no estabas en tu habitación anoche?" escuchó a alguien decir, y alzó sus ojos lentamente, obligándolos a concentrarse.
"Yamcha," dijo, casi sollozando. Era la última persona que quería ver. "¿Cómo te sientes?" le preguntó, tratando de distraerlo. Ciertamente no quería que él supiera que había pasado toda la noche oliendo a borracha en la cama de Radditz, despertándose en la mañana con su gran, fornido brazo envuelto a su alrededor fuertemente. Como había pensado, nada bueno salía de la bebida.
Yamcha frotó su cabeza y sonrió. "Bien, creo. Ese bastardo realmente me dio una paliza ayer," dijo con una risa incómoda.
Bulma sonrió dolorosamente en respuesta, su cabeza todavía palpitando. "Tuvimos suerte que no nos mató, y que logró desear de nuevo a Goku en el proceso," dijo ella.
Yamcha rodó sus ojos. "Sí, suerte por nosotros. Dios, de seguro que es un tipo decente," dijo él, la voz goteando con sarcasmo.
"Sí, suerte por nosotros," Bulma murmuró, mirando de nuevo al mostrador.
"Ahora tenemos que lidiar con este Vegeta, parece," Yamcha dijo. "Mientras te fuiste toda la noche y esta mañana yo estuve en el mirador de Kami. Por supuesto que él sabía lo que sucedió y todo, e hizo un poco de exploración. Resulta que este tipo Vegeta es unas veinte veces más fuerte que Radditz, y aparentemente no está solo. Estuvimos entrenando muy duro antes, pero ahora parece como que tendremos que subir aún más el calor. Podríamos incluso necesitar usar la habitación del Espíritu y el Tiempo," arrastró las palabras, sentándose en una silla y apoyando una rodilla contra la mesa.
"¿Cuánto tiempo?" Bulma preguntó de repente. Sabía que tomaría un tiempo para que Goku volviera.
Yamcha frunció el ceño y dio unos golpecitos a la mesa mientras pensaba. "Hmm... él dijo que el Saiyajin estaba ocupado en este momento, pero Kami estima que dos meses."
"Goku debería estar de vuelta para entonces, con suerte," respondió ella, apretando con fuerza el frío miedo que sentía juntarse en su estómago.
Yamcha asintió lentamente, ajustando las solapas de su chaqueta deportiva. "¿Entonces tienes alguna pregunta más en un intento de distraerme o podemos volver a la carne de tu paradero anoche?" dijo él casualmente, moviendo rápidamente una bola de pelusa.
Bulma frunció el ceño. "No eres mi novio," le recordó cruelmente. "No es asunto tuyo a dónde voy."
Yamcha se puso rígido por su tono venenoso pero hizo lo posible para no prestarle atención. "Bien. Tu madre me dirá de todos modos," dijo, poniéndose de pie. "Ella me cuenta historias mejores que tú de todos modos."
"Bien, Yamcha," espetó ella. "Estaba apestando a borracha, le dije a Radditz que era todo su culpa y comencé a lloriquear, luego me desmayé en la cama junto a él. ¿Satisfecho?"
Los ojos de Yamcha se ampliaron y parpadeó por unos momentos en shock. "¿Fuiste al alienígena? Dios mío, Bulma, ¿se aprovechó de ti?" dijo en alarma, yendo hacia ella.
Ella se volteó para enfrentarlo. "Tiene un agujero del tamaño de una pelota de voleibol a través de él. ¿Crees que está en estado para aprovecharse de alguien?" gruñó ella.
Las cejas de Yamcha se alzaron. Estaba lo sano suficiente para levantarse de la cama, patear todos nuestros traseros, y luego pedir su deseo," le recordó severamente. "Creo que eso es adecuadamente saludable para hacer lo que quiera con tu pequeño ser borracho."
"Bueno, no lo hizo," Bulma dijo malhumorada. "Tiene algún tipo de honor extraño cuando se refiere a mujeres, creo. No estoy segura que realmente sepa lidiar con ellas."
La sonrisa de Yamcha destelló a la existencia a través de su hermoso rostro. "¿Quién lo hace?" respondió con malicia.
Bulma frunció el ceño y extendió la mano para golpearlo, Yamcha evadiendo su golpe fácilmente. "Son ustedes los hombres que son imposibles," dijo ella, volviendo su mano a su frente.
"Es por eso que nos aman, o la mayoría de ustedes," dijo él, todavía bombardeándola con encanto.
"Sí, sí, lo que sea," respondió ella. "Sólo nos gustan porque nos gustan los hijos. Ahora vuelve a entrenar o lo que sea. No quiero morir en un par de meses," dijo ella, poniéndose de pie y señalándole la puerta.
Él se volvió hacia la puerta y le sonrió de nuevo, esta vez más seriamente. "Todo estará bien, Bulma," dijo tranquilamente, y antes de que ella pudiera responder él la besó suavemente en la frente y se fue hacia el brillante cielo azul.
Vegeta se puso de pie, los brazos cruzados sobre su pecho y los labios curvados levemente mientras Nappa se arrodillaba ante él, con la cabeza gacha. "¿Qué tienes que decir en tu defensa?" Vegeta dijo con aspereza. Zarbon suspiró; déjalo al Príncipe hacer que sus súbditos se sientan inferiores por haber sido traídos de vuelta a la vida. Sólo Vegeta era capaz de convertir muertos durante una emboscada en un pecado.
"Nada, señor. Yo mismo no lo entiendo. Un momento estaba muerto, al siguiente vivo y preguntándome qué estaba ocurriendo. Eso es todo, Vegeta, lo juro," Nappa respondió sin levantar su cabeza.
"Hmph. Debería haber esperado semejante ignorancia de ti," Vegeta dijo fríamente, dando su espalda al hombre calvo. Zarbon tuvo que contenerse de suspirar de nuevo. Vegeta también era singularmente dotado para alienar a sus propios hombres. Era un milagro que los Saiyajin lo hubieran soportado durante tanto tiempo.
"Mis disculpas," Nappa retumbó, y Zarbon pudo detectar una nota de molestia en la voz del gran hombre.
"Odio interrumpir esta llorosa reunión," Zarbon interrumpió, "Pero me estaba preguntando dónde estaban las tropas de refuerzo, Comandante."
Nappa se puso de pie, afirmando su peso en ventaja del hombre de pálida piel azul verdosa. "No cruces tus límites," Nappa gruñó, inclinándose lo cerca suficiente para que Zarbon pudiera ver los bigotes individuales del bigote del Saiyajin. "Sólo recibo órdenes del Príncipe."
Zarbon movió una mano frente a su rostro. "Wow, puedo decir que estuviste muerto por casi un año," dijo con un sonido de burla ahogada.
La boca de Vegeta se curvó en una media sonrisa. "Zarbon podría vaporizarte con una mirada, Nappa," advirtió. "Te aconsejo que le muestres el respeto debido."
Nappa se reverenció secamente hacia Vegeta. "Como desees, señor," murmuró, fijando sus negros ojos en Zarbon con odio.
"Bien. Ahora responde la pregunta. ¿Dónde están las tropas?" Vegeta dijo tranquilamente.
Nappa apuntó un dedo al cielo. "Están en órbita alrededor del planeta con los suministros, señor," respondió Nappa. "Todos están esperando con ansiedad tus órdenes."
La media sonrisa agració la boca de Vegeta una vez más. "No vamos a necesitarlos. Me siento con ganas de divertirme un poco," dijo con un bufido. Con un giro de su capa se volteó para mirar a Zarbon. "¿Así que a cuál lado deberíamos unirnos?"
Zarbon frunció el ceño. "No deberías unirte a ningún lado en tu condición," regañó. "No quiero tener que arrastrar tu penoso trasero Saiyajin devuelta a la creación una vez más."
"Tú..." Nappa siseó amenazante.
"¡Nappa, basta!" Vegeta espetó, levantando una mano. "Si van a picarse el uno al otro tendré que enviarlos a ambos a la nave," dijo, esperando que alguno de los dos protestara. El silencio llenó sus oídos. "Bien. Ahora creo que debería unirme al lado que ya está luchando por la unificación planetaria. ¿Por qué hacer las cosas de la manera difícil?" dijo con una corta risa sin alegría. Sus negros ojos se cerraron con los de Nappa. "¿Ahora fuiste capaz de ver donde están las líneas del frente?"
Nappa asintió. "Sí. Si nos dirigimos unas doscientas treinta millas al este deberíamos estar sobre ella," reportó.
Vegeta sonrió de nuevo y se alzó unos pocos pies del suelo. "Entonces nos veremos allí," dijo y salió disparado. Zarbon y Nappa se miraron el uno al otro por un momento, cada uno resintiendo la presencia del otro, antes de seguir a su señor.
Vegeta había llegado a las líneas del frente y esperó que sus dos súbditos aparecieran, los brazos cruzados impacientemente y la boca curvada en las esquinas.
Zarbon se detuvo a unos pocos metros del Príncipe y lo miró con preocupación. Era una pena que Vegeta fuera siempre tan hosco y enfadado, pensó, porque el Príncipe podría ser sorprendentemente hermoso cuando estaba de buen humor. Las finas cejas de Zarbon se alzaron un poco. Nada podía distraerlo de los oscuros círculos bajo los negros ojos. Vegeta no estaba lo fuerte suficiente para utilizar una gran cantidad de energía sin consecuencia, y aunque Zarbon podía ver la alegría de la batalla descender sobre ambos Saiyajin, se prometió a sí mismo que él mantendría su cabeza y miraría al joven hombre como un halcón. "Comencemos con nuestra diversión," Vegeta dijo amenazante. "Este asunto de toma pacífica ha sido increíblemente tedioso."
"¡Sí, señor!" Nappa retumbó, tirando de su armadura prestada.
Zarbon no dijo nada, sólo cruzó sus brazos y se hizo a un lado para mirar.
Vegeta comenzó a incrementar su poder, el aire a su alrededor comenzando a brillar mientras su aura parpadeaba a una existencia visual, los zarcillos de azul plateado azotando alrededor de sus miembros mientras soltaba su grito de batalla. Habiendo juntado la energía necesaria, se precipitó cerca de los soldados en el mismo medio de la batalla, sonriéndoles mientras lo miraban en shock. Ladró una risa y desplegó sus brazos, liberando la energía en todas las direcciones. Hubo una increíble explosión y trozos de césped, vegetación, y soldados de ambos lados salieron volando por el aire. Gritos y sonidos de armas siendo cargadas pasaron a través del estruendo y el polvo, y Zarbon frenéticamente estudió a los grupos para ver si alguna de las armas sería una amenaza. Nappa se abalanzó él mismo, escupiendo un haz de luz de ki y segando a una línea entera de tropas, cacareando locamente mientras los mataba. Vegeta estaba evitando las armas fácilmente mientras tanto, realmente tomando las balas apuntadas hacia él, comprimiéndolas, y arrojándolas de vuelta. Los soldados a ambos lados fueron arrojados en un frenesí, tratando de arrastrarse sobre uno a otro para escapar. Vegeta se dirigió hacia Nappa, que estaba volando agujeros en el suelo y mirando a la gente junto a ellos volar, y sonrió. "Parece que los tenemos corriendo," dijo Vegeta. "¿Qué te parece si hacemos un pequeño baile Saiyajin pasado de moda, mi viejo compañero?"
La sonrisa de Nappa se destelló bajo su bigote. "Suena como una gran idea," rió, estirando sus miembros mientras Vegeta formaba la esfera de luna y la enviaba al cielo. Zarbon se estremeció mientras los dos comenzaron a expandirse, el cabello brotando por todo su cuerpo.
"Bailemos," Vegeta gritó, y los dos monos gigantes comenzaron a recoger soldados y aplastarlos en sus agarres de mamut, la sangre corriendo por el inferior de sus puños como jugo. Sus gigantes pies, mientras tanto, pisoteaban las masas para matar mientras los soldados corrían gritando.
Los labios de Zarbon se curvaron en disgusto; no había absolutamente fineza alguna en semejante estilo de lucha. Los soldados en el lado que no había sido destruido miraron en sorpresa, las bocas colgando abiertas y armas cayendo inofensivamente al suelo. Una pequeña sonrisa reemplazó el gruñido de Zarbon. El estilo Saiyajin podría ser barbárico, pero ciertamente era aterrador y eficaz. Ver dos monos gigantes destruir a sus enemigos tan fácilmente definitivamente iba a reducir la resistencia de la gente que Vegeta estaba tratando de conquistar.
Unos pocos momentos después que la batalla hubiera terminado, el suelo estaba empapado con la sangre de los soldados aplastados, los Saiyajin perezosos tomando una hilera entre sus pulgares e índices y frotándolos fuera de la existencia como un insecto. Vegeta se alzó de una posición agachada que había tomado y bostezó, estirando sus brazos hacia el cielo y examinando sus guantes manchados de sangre. "Zarbon," dijo casualmente, y el hombre de cabello verde asintió, enviando un fino haz de ki hacia la esfera brillando en el cielo. La esfera explotó en una lluvia de luz plateada, y los Saiyajin inmediatamente comenzaron a achicarse de vuelta a su estado normal. Vegeta levantó el borde de su capa para que no arrastrara cadáveres y flotó hacia Zarbon, asintiendo en satisfacción. Zarbon aclaró su garganta e hizo un gesto a las masas de soldados apiñados, una línea de fuego habiendo bloqueado su retirada.
"Trataron de escaparse, así que los detuve," Zarbon dijo con indiferencia mientras sus ojos dorados miraban los pilares de humo negro alzarse hacia el cielo.
Vegeta asintió en aprobación por un momento, luego frunció el ceño más duro. "Será mejor que este planeta tenga algunos malditos buenos recursos. Los nativos son débiles y alfeñiques y sus armas son patéticas."
Zarbon se encogió de hombros. "Estoy segura que los haremos hacerlos. Creo que tenemos tiempo de sobra," dijo, mirando a los soldados agazapados. "No parecen del tipo rebelde."
Vegeta sonrió un poco. Estaba en un raro buen humor. "¿Señor, la otra batalla?" Nappa le recordó, sacándolo de sus pensamientos.
"Sí, nos ocuparemos de ellos en un momento. Estudia los uniformes de estos soldados cuidadosamente, Nappa. No quiero que mates a todas las personas que quiero gobernar," respondió Vegeta, y los dos despegaron en el aire, acelerando hacia la siguiente batalla.
Zarbon suspiró y miró a las tropas. "No vayan a ningún lugar," les advirtió, y aceleró hacia los Saiyajin.
Los siguientes tres días habían restaurado el ánimo de Vegeta, siendo llenado con constante batalla, que realmente era más una masacre de nativos por los Saiyajin. Zarbon se había mantenido al margen durante todo el tiempo, mirando y garantizando que nada saliera mal. Para el momento que había terminado, las fuerzas opositoras casi habían sido totalmente eliminadas. "Nada huele como la sangre en la mañana," Nappa dijo con una risa mientras respiraba el húmedo aire con rocío.
Vegeta gruñó en respuesta. "Sí, nos hemos divertido, ¿no?" dijo.
"Ahora a terminar las cosas," Zarbon recordó. "Me dijeron que la capital no está demasiado lejos de donde estamos ahora."
Vegeta se puso de pie, limpiándose. "Oh sí, está ese pequeño asunto que atender," murmuró, revisando para asegurarse que no hubiera roturas o agujeros en su ondeante capa roja. "Muy bien, dijo, alzando la vista. "Vamos."
"Entonces sígueme, si quieres," dijo Zarbon, quien se alzó en el aire y guió a los otros directo a las bases de operaciones de las tropas.
Vegeta irrumpió en el edificio de ladrillos, noqueando gente de izquierda a derecha mientras se dirigía hacia alguna clase de cámara al final del pasillo. Unas pocas armas fueron apuntadas a su espalda, pero Nappa y Zarbon siempre se ponían en medio, arrebataban las armas, y cualqueira de ellos la quebraba por la mitad o la doblaba, que siempre dejaba la boca del posible atacante cayendo abierta en shock. Cuando llegaron al final del pasillo, Nappa bateó los guardias y Vegeta alzó una mano a las puertas, volándolas desde sus goznes con un pequeño disparo.
La criatura detrás del escritorio se puso de pie, quejándose, pero Nappa se acercó y lo empujó de nuevo en su silla. "Podrías querer permanecer sentado," gruñó, sacando su carnosa mano.
Zarbon estudió la habitación rápidamente, notando el número de nativos de pie alrededor de la oficina. Todos ellos parecían ser hombres, con piel verde oscura llena de baches, pero con un penacho de cabello púrpura en la coronilla de sus cabezas. Lo miraron con los ojos entrecerrados que eran o marrones o amarillos, sus bocas tipo pico colgando abiertas. Ninguno de ellos parecía ser una amenaza, o siquiera una molestia.
Vegeta aclaró su garganta y se acercó al hombre en el escritorio. "¿Tú eres el líder?" preguntó malhumorado. Su parte favorita del juego había terminado.
La cosa en el escritorio asintió. "Sí," siseó, sudor comenzando a formarse en su frente.
Vegeta asintió también y ajustó la placa en su pecho. "Yo soy Vegeta, gobernante del Nuevo Imperio Saiyajin, y te exijo tu entrega incondicional a mis términos," sentenció simplemente, mirando al hombre verde con sus negros ojos.
El nativo se estremeció un poco. "¿Qué términos serían esos?" preguntó con timidez.
Otro nativo dio un paso hacia adelante, frunciendo el ceño y sacudiendo un dedo. "Ahora espera un minuto, estamos a punto de crear un solo gobierno por la paz," comenzó.
Vegeta se movió tan rápidamente que Zarbon podía apenas seguirlo. El guante del Saiyajin se cerró alrededor del cuello del nativo y comenzó a apretar. "¿Y quién piensas que te puso en ese punto? Yo derroté a todos tus enemigos en este planeta entero en tres días sin ninguna tropa. ¿Seriamente crees que pueden hacerme frente?" siseó.
"¡Pero no luchamos sólo para convertirnos en parte de algún loco imperio de piratas espaciales!" la cosa chirrió.
Las cejas de Vegeta se movieron mientras liberaba al nativo, quien de inmediato se agarró la garganta y dejó escapar respiros de alivio. De repente la mano de Vegeta se alzó, desgarrando la boca verde tipo pico y agarrando la puntiaguda lengua roja en su interior. Con un poderoso agarre giró su muñeca y sacó la lengua en su mano, el nativo aullando un grito sin palabras de agonía y cayendo al suelo en horrorizadas lágrimas. Vegeta bufó y arrojó la lengua a su propietario, y el músculo suelto hizo un húmedo sonido mientras golpeaba la temblorosa espalda del nativo. "¿Alguien más quiere objetar?" Vegeta dijo fríamente, girándose a otro nativo y limpiándose su ensangrentado guante en sus ropas. Sus oscuros ojos estudiaron la habitación mientras todos los otros nativos lo estudiaban en silencioso shock. "Bien," dijo, volviendo al escritorio y mirando desapasionadamente al líder. "Estas son mis condiciones. Se les permitirá gobernarse, siempre y cuando sigan sometiéndose a mi última voluntad. Les haré demandas económicas y militares en servicio al imperio. A cambio ustedes tendrán mi protección de Freezer tanto como los beneficios de la estructura económica del Imperio. ¿Suena satisfactorio?" dijo con calma, mirando al líder.
El líder asintió, sus manos temblando en la mesa. "Sí," dijo, la voz temblorosa. "¿Entonces podemos construir nuestro gobierno global?"
"Sí," Vegeta respondió. "Y aún puedes ser su gobernante, aunque yo seré su presidente supremo, rey, gobernante, o como quieras llamarlo. Cada planeta es más parecido a un estado en mi imperio, conmigo supervisándolos a todos. Sólo estén conscientes que esa rebelión no será tolerada," advirtió fríamente.
"Entiendo, señor," el líder dijo tranquilamente.
"Bien," Vegeta dijo, la voz desprovista de emoción. "Ahora junta a todos los que no desean ser destruidos para verte y tu gabinete jure lealtad a mí. ¿Entendido?"
"Como desee, señor," el líder dijo, la voz alta por el miedo.
Una sonrisa finalmente tocó los labios de Vegeta. "Excelente. Nos vemos en dos horas."
"¿Dos horas? ¡Es imposible reunir a todos en la ciudad en dos horas!" otro colaborador comenzó a protestar.
La boca de Vegeta se torció en una línea furiosa y voló al ayudante fuera de la existencia. "Dos horas," escupió, y salió de la habitación con un torbellino de su capa.
Una vez que estuvieron afuera de la oficina Nappa silbó. "Justo como su padre," susurró.
Zarbon sonrió. "No en lo absoluto," Zarbon respondió. "Nuestro pequeño Vegeta es inteligente.
Nappa frunció el ceño por un momento. "Y vaya eficaz," finalmente aceptó.
Los juramentos de lealtad habían ido bien, justo como habían sido en cada otro planeta. El líder y su gabinete de miembros firmaron el documento, que Vegeta entregó a Zarbon para esconder en custodia. "Y así es como conquista un planeta," Zarbon susurró a Nappa mientras volvía al lado del Saiyajin mientras Vegeta hacía su discurso de cierre sobre proteger a la población del malvado Freezer.
"No es la manera que yo lo hubiera hecho, pero no soy el Príncipe," Nappa murmuró en respuesta.
Zarbon sonrió. Tal vez Nappa no sería tan malo. "Cierto," respondió.
"Si lo fuera, hubiera destruido tu inútil trasero verte hace mucho tiempo," Nappa susurró.
Zarbon se puso tenso. Estaba equivocado, Nappa iba a ser tan difícil como Vegeta. No, más difícil, porque Vegeta tenía inteligencia suficiente para ver razones. Él estaba distraído con sus propios pensamientos cuando Vegeta se acercó a él. "Haz que las tropas bajen para ocupar el planeta," Vegeta le dijo a Nappa. Sus negros ojos se centraron en Zarbon, los oscuros círculos casi extendiéndose sobre sus pómulos. "Tú y yo vamos a la Tierra."
