Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Épico

(Epic)

Un fic de The Prime Minister

Traducción por Apolonia


Vegeta salió por el balcón en su traje negro, después de dejar sus armas, guantes, y la pesada capa en el interior sobre la cama, con las botas escondidas cuidadosamente lejos al costado. Vio las nubes de polvo alzarse por encima de la escasa vegetación que rodeaba la ciudad, arremolinando con las corrientes de aire y creando un sudario que bloqueaba parte de la luz. No es que realmente importaba, ya que la cubierta de nubes de Arlia era tan pesada que el sol se veía pocas veces de todos modos. La parte del planeta en la que él y Zarbon se habían escondido en el comienzo de su expedición era la única porción con vegetación significativa, el resto del planeta estaba cubierto de ruinas polvorientas. Los vientos eran casi siempre fríos y los días grises, aunque la ciudad capital estaba situada en el globo de manera que recibía más luz solar que la mayoría. Sus facciones se relajaron un poco mientras inspeccionaba su ciudad, que parecía vieja y decrépita en la superficie, pero sabía que los túneles interminables debajo de la tierra estaban llenos de vida. Vida que él controlaba. Tomando una profunda bocanada de aire frío se permitió una pequeña sonrisa. Arlia le sentaba bien, y era su favorito entre todos los planetas que había conquistado. Era frío, duro y de poderoso, sin paisaje volantes para distraer de sus ángulos ásperos y su duro ambiente. Era como él, pensó, tamborileando sus manos endurecidas con la batalla contra el mármol de la barandilla del balcón mientras unos cuantos rayos de la puesta del sol lograban perforar la capa de nubes gruesas y llenar la ciudad con un resplandor rojo espeluznante.

"Puedo ver por qué Anpane no quería dejarte ir," dijo una voz profunda detrás de él.

Vegeta no se dio vuelta, sólo profundizó su ceño y apretó sus puños. "La ciudad parece como si estuviera cubierta de sangre, Zarbon, como a mí me gusta," dijo, la voz baja mientras seguía mirando a la luz.

Zarbon sacudió su cabeza y miró al Príncipe. La forma en que la luz roja le pegaba parecía que estaba empapado en sangre. El ajustado traje negro aferrado a su cuerpo como una segunda piel, dejando la piel desnuda de sus pies y manos sorprendentemente pálida en contraste. El tinte de la luz emanaba la impresión de que toda la sangre en su cuerpo se escapaba de sus apéndices, cubriendo la pálida piedra sobre la que él estaba de pie. "Diría que parece que estás cubierto de sangre también, pero sólo te haría muy feliz," Zarbon señaló, ganándose un molesto giro de cabeza y una mirada malvada del Saiyajin.

"Cierra la boca," Vegeta gruñó, volviendo su mirada hacia la ciudad abajo. "¿Cuándo nos vamos para la Tierra?"

"Tan pronto como todos los otros aspectos logísticos de tu imperio hayan funcionado," Zarbon respondió, acercándose y quedándose de pie a pocos centímetros detrás de Vegeta, también volviendo su vista sobre la ciudad.

"Hazte cargo de ello, Zarbon. No me preocupan los detalles," respondió Vegeta, con tono de aburrimiento.

"¿Cuando se darán cuenta los emperadores intergalácticos que los imperios no se gobiernan solos?" Zarbon se preguntó en voz alta. "Eres igual que Freezer."

Los ojos de Zarbon volaron abiertos mientras la roja luz del sol era reemplazado por el parpadeo de pequeños puntos en su visión. Golpeó la piedra con un ruido sordo y se quedó con la boca abierta mientras Vegeta estaba encima de él, juntando ki en su palma. "Nunca me compares con ese monstruo," Vegeta siseó, sus ojos entornados y furiosos.

Zarbon frunció el ceño. Era hora de que Vegeta recordara con quién estaba lidiando. Se borró de la vista y azotó a la derecha, mirando a Vegeta botar la esfera de ki en la dirección que él parecía estar moviéndose. En el último minuto la esquivó a la izquierda y hacia atrás alrededor de Vegeta, agarrando la cola con una mano y clavando sus uñas la carótida de Vegeta, listo para arrancarla si era necesario. Vegeta gruñó y jadeó contra él, el calor aumentando de su piel como ira física. "No te olvides que yo soy más fuerte que tú," Zarbon susurró al oído de Vegeta, sintiendo un espasmo de furia viajando a lo largo del cuerpo del Saiyajin.

"Entonces entréname, bastardo," Vegeta jadeó, mostrando sus dientes y apretando sus puños.

"Sólo si aprendes cómo organizar tu maldito imperio también," Zarbon respondió, sin aflojar su agarre.

"Bien. Pero no creas que olvidaré este pequeño incidente," Vegeta advirtió.

"No me importa si lo haces o no," Zarbon gruñó, liberando al hombre más joven con rudeza. "Pero yo no estoy aquí sólo para hacer tu trabajo sucio. Realmente no tengo nada que ganar al trabajar para ti de todos modos."

"Me debes tu vida," Vegeta dijo, alzando su nariz en el aire mientras aspiraba violentamente.

Zarbon se encogió de hombros. "¿Y qué? Tú me debes la tuya, pero tienes un demonio mucho más por qué vivir. Está llegando el punto donde ni siquiera me importa si vivo o no."

Vegeta levantó una ceja. "¿Qué quieres?" preguntó con la voz sospechosa.

Los labios de Zarbon se apretaron en una línea mientras miraba al bajo hombre con la torre de cabello locamente erizado en el aire. Él se preocupaba por Vegeta, realmente lo hacía, y eso le molestaba. El pequeño bastardo no se merecía a alguien que jugara a ser su hermano mayor. Sabía que no podía decirle a Vegeta; esa mentalidad estúpida Saiyajin no lo permitiría. "No tengo otro lugar adonde ir, pero no estoy seguro si estoy listo para morir todavía," respondió simplemente.

"¿Qué quieres decir?" Vegeta dijo, tratando de seguir sonando imperioso y sin traicionar curiosidad alguna. Sería impropio de un príncipe que pareciera estar interesado en un subordinado.

La boca de Zarbon se curvó en un medio gruñido. "¿Crees que eres el único que tuvo a su pueblo destruido por Freezer?" dijo, haciendo todo lo posible por no gritar. "Tu pueblo por lo menos fueron obliterado en lugar de..."

Vegeta se inclinó un poco hacia adelante a pesar de sí mismo. "¿En lugar de qué?" preguntó con impaciencia.

Los dorados ojos de Zarbon brillaron por un momento antes de que su rostro se endureciera. "No es asunto tuyo," dijo con frialdad. Vegeta nunca se había abierto a él, ¿así que por qué debería revelar todo?

Vegeta soltó un bufido. "No me interesa de todos modos," murmuró, y volvió a mirar a la ciudad. La luz se había desvanecido y la noche estaba cayendo. En toda la ciudad lucecitas parpadeaban en el interior de los edificios.

Zarbon se estremeció y miró la espalda de Vegeta. "Bueno, espero que te interese el resto que tengo que decir, de lo contrario nunca llegaras a la Tierra y en su lugar morirás con la muerte horrible de la falta de sueño. ¿Puedo continuar?" dijo, acabando su paciencia.

Vegeta se dio la vuelta y se apoyó en la barandilla, su cola enrollado alrededor de su cintura después de azotar en el aire un par de veces. "Continúa," Vegeta dijo, la voz dura.

"El anuncio de tu reclutamiento militar fue emitido, y tenemos un número impresionante de tropas listos para servirte. Tienes que decidir qué hacer con ellos. En segundo lugar, tienes un montón de planetas con los que necesitas lidiar. No puedes dejarlos sin atención mientras vas persiguiendo a todo el universo. En tercer lugar, es necesario realizar los preparativos para partir hacia la Tierra, como por ejemplo que nave tomarás, qué clase de técnicos y cuántos soldados. ¿Entonces qué quiere que haga?"

"No me importa. Simplemente haz que funcione," Vegeta murmuró, mirando las piedras.

La frente de Zarbon se arrugó en una mueca tormentosa. "Maldita sea, Vegeta, ¡este no es mi apestoso imperio! Me importa un bledo tener un quintillón de planetas en mi poder. ¿Si yo quisiera conducir el programa, ¿honestamente crees que todavía estarías vivo?" dijo furioso. "¡Ahora dime qué quieres!"

Vegeta entrecerró sus ojos pero no arremeter contra nadie. Su boca permaneció cerrada, pero su mirada se lanzó aquí y allá, y después de un tiempo se hizo evidente para Zarbon que Vegeta no tenía la menor idea de lo que quería, salvo hacerse fuerte y derrotar a Freezer.

"Vegeta," dijo en voz baja.

Los ojos negros de Vegeta se encontraron con los suyos. "Zarbon," respondió. Mírame, dijo mentalmente.

Las cejas de Zarbon se elevaron, sorprendido por el el ruedo de misericordia mental. Con un suspiro, dejó caer sus brazos flojos a sus costados. "¿Puedo hacer sugerencias?" Zarbon dijo, sabiendo que si disimulaba su consejo dolería menos al orgullo de Vegeta.

Vegeta asintió. "Dime."

"Creo que podemos hacernos cargos de los pasos uno y dos en un solo golpe. Si yo fuera un emperador, creo que si tomamos las tropas que se han alistado y las distribuimos alrededor de tus planetas pueden actuar como una especie de fuerza policial y garantizar que la lealtad se mantenga. En cuanto al tercero, sin embargo, depende totalmente de ti. No sé qué tipo de entrada estás esperando hacer en ese planeta, pero la Tierra ya se ha cobrado dos Saiyajin sin ningún tipo de tecnología creíble o seres de niveles altos de poder. Se debe tener precaución," Zarbon dijo, marcando los puntos en sus dedos.

Vegeta apoyó su barbilla en su pecho y se quedó mirando con los brazos cruzados. "Nappa se quedará aquí y entrenará a las tropas y verá que sean dispersas de manera uniforme. No quiero a ningún varón enviado a Kijar, sin embargo. Sólo hembras y sin géneros se les permitirá ser estacionados allí."

"Prudente," Zarbon, dijo con un asentimiento. "¿Espero que eso no me prohíba visitar allí otra otra vez?"

Los labios de Vegeta se rizaron un poco ante la observación pero se negó a validarla con una respuesta. "Las fuerzas no se deben permitir para el abuso de los nativos. Eso sería la antítesis de todo el plan. Si encuentran nativos con los que puedan cruzarse y casarse, sin embargo, creo que sería permisible."

La ceja derecha de Zarbon se elevó un poco. No había pensado en eso. "Sí, si los soldados fueran leales lo más probable es que sus familias también lo sean. Eso podría funcionar, siempre y cuando las cosas se mantuvieran pacíficas."

Vegeta asintió. Odiaba la paz, pero necesitaba que todo funcionara sin problemas si iba a tener la fuerza para conquistar el imperio de Freezer. "En cuanto a la Tierra, lleva tropas si lo crees necesario. Vamos a tomar una de las naves grandes que Anpane envió y dos naves chicas. Lleva a los técnicos de apoyo necesarios, pero asegúrate de que tengamos la mejor tecnología médica y técnicos a bordo."

Zarbon asintió solemnemente y se reverenció. "Yo me ocuparé de los detalles, señor," dijo en voz baja, sin levantar los ojos para mirar al Príncipe.

"Mira que lo hagas," Vegeta respondió, y se volvió hacia el cielo oscuro.


"¿Qué?" Nappa bramó.

Vegeta le devolvió la mirada con su ceño consuetudinario. "Ya me oíste. Tienes que quedarte aquí."

"¿Y dejarte solo con esa cosa para ir a algún planeta que derrotó a dos Saiyajin ya?" Nappa chilló.

Zarbon sonrió. Realmente era impresionante observar a Vegeta jugar con Nappa. Lo disfrutaba inmensamente. "¿Y qué te hace pensar que podrías hacer cualquier cosa?" Zarbon preguntó ácidamente. "No podrías esperar proteger a Vegeta de mí, y Vegeta es más capaz de manejar cualquier cosa que nos encontremos en la Tierra de lo tú que eres."

"Cállate, remilgado pedazo de..." Nappa comenzó, sus dientes apretados.

"¡Basta, Nappa!" Vegeta gritó, la cara una máscara de impaciencia. "¿Estás contestando mis órdenes directas?"

La sangre fluyó rápidamente fuera de la cara de Nappa, su bigote tenía espasmos nerviosos. "Por... por supuesto que no, Vegeta," balbuceó.

"Entonces haz lo que te digo," Vegeta gruñó. "Tú te quedarás aquí y supervisarás mis tropas y los planetas. Atlia se encargará de la logística política y económica, pero tú vas a ser mi jefe militar," dijo.

"Entiendo eso, Vegeta, pero todavía no..."

"Y no quiero que mis fuerzas maltraten a los nativos, ¿me entiendes?" Vegeta dijo peligrosamente, entrecerrando sus ojos.

"Sí," respondió Nappa, derrotado.

Zarbon no pudo evitar sonreír. "¿Entonces supongo que una vez que los equipos de tecnología estén preparados estaremos despegando?" preguntó cortésmente.

Vegeta le lanzó una mirada, pero en realidad estaba viendo un par de brillantes ojos azules. "De inmediato," dijo en voz baja.


"¿Qué le pasa, señor Piccolo?" el muchacho preguntó, alejando el cabello fuera de sus ojos mientras miraba al alto hombre verde.

Las cejas sin pelo de Piccolo se juntaron al mirar hacia el cielo. "Mensajes entrantes de Kami," gruñó. "Agárrate fuerte por un minuto, muchacho."

Gohan asintió y se sentó en el suelo, mirando a sus manos. De vez en cuando alzaba la vista para echar un vistazo a la capa blanca de Piccolo que aleteaba en el viento como una clase de pájaro frenético. Estaba tentado en extender la mano y tomarla, dominarla y hacerla suya, cuando alzó la vista al enojado rostro de Piccolo. Cruzó sus manos en su regazo con decisión y forzó su atención lejos de la capa. Al Señor Piccolo no le gustaría y lo llamaría bebé de nuevo. Él quería ser fuerte como su padre y el Señor Piccolo. Finalmente, cuando su joven mente ya no podía manejar más el tedio de la espera, se movió con cautela y le dio a la pierna del pantalón azul un tirón. "¿Qué está pasando?" susurró, inseguro de si en realidad el alto hombre pudo escucharlo.

"Calla, niño," Piccolo dijo tranquilamente, su cabeza inclinada a un lado y sus dientes apretados. Después de unos pocos momentos de tenso silencio él cerró sus ojos y suspiró, sudor goteando del borde de su turbante.

"¿Señor Piccolo?" Gohan preguntó vacilante, juntando sus manos mientras sus cejas se cruzaban hacia su nariz.

Piccolo se sobresaltó y bajó la vista al pequeño niño como si se hubiera olvidado que el joven todavía estaba allí de pie. "¿Qué?" espetó, alzando la vista al cielo nerviosamente.

"¿Qué dijo Kami?" Gohan preguntó con cautela, sin gustarle la furtiva manera en la que los ojos de Piccolo se movían.

"Nada, niño," Piccolo gruñó, moviendo su mano y limpiando el sudor de su sien. "Ahora cállate y déjame concentrarme."

El ceño fruncido de Gohan se completó. "No creo que eso sea muy justo," dijo con severidad. "Dijiste que ibas a entrenarme, y que no podía ver a mi mami porque eso se pondría en el camino de mi fuerza. ¿Pero cómo puedo estar listo si no sé contra qué tengo que ser fuerte?"

Piccolo dejó de estudiar el cielo y miró al pequeño niño, una pequeña sonrisa separando sus labios y mostrando sus blancos, puntiagudos dientes. "¿Crees que estás listo?" dijo secamente.

Gohan se frotó la parte inferior de su mentón con una mano y asintió. Trotó hacia el lado de Piccolo y se aferró a su pierna. "Si tu me entrenas puedo estar listo para cualquier cosa," Gohan respondió con confianza. "Tú eres mi amigo, y sé que puedo confiar en ti."

La ceja de Piccolo se levantó un poco. "Confías en mí, ¿eh? Bueno, prepárate, niño. Vas a tener que entrenar más duro ahora, y confiar aún más en mí."

"Estoy preparado, Piccolo," Gohan afirmó, alejándose unos pasos y mirándolo desafiante. "Ahora por favor dime qué está pasando."

Piccolo gruñó una corta risa, sorprendido por el espíritu del niño. Tal vez tenían una oportunidad, si el niño podía aprovechar su poder. "Bueno, Kami escuchó de King Kai," comenzó.

"¿King Kai? ¿Quién es?" Gohan interrumpió.

Piccolo frunció el ceño. "Nunca vas a saber nada si sigues interrumpiendo," gruñó. "¿Ahora estás listo para dejarme continuar?"

Gohan bajó sus ojos y asintió, un ligero rubor tocando sus mejillas. "Sí, señor," murmuró, dibujando círculos en el polvo con su bota.

Piccolo asintió bruscamente. "Bien. King Kai es el tipo que ha estado entrenando a tu papá en la otra vida. Él le dijo a Kami que el Saiyajin va a estar aquí en tres semanas. Así que en lugar de tener un mes y medio sólo tenemos un par de semanas. Tu papá no ha terminado con su entrenamiento todavía, así que probablemente llegará tarde aquí. Eso quiere decir que depende te ti y de mí, y supongo que de los inútiles amigos de tu padre, en mantener al Saiyajin fuera por un rato."

"¿El nuevo Saiyajin es realmente fuerte?" Gohan preguntó, los ojos muy abiertos de asombro.

Los labios de Piccolo se presionaron por un momento en una línea apretada. "Muy. Más fuerte que cualquiera que hayamos visto, supongo," respondió secamente.

"¿Más fuerte que el tío Radditz?" Gohan jadeó.

"Acerca de veinte veces," Piccolo gruñó, su labio rizado en frustración.

"¿Por qué no hacemos que el tío Radditz nos ayude?" Gohan espetó, su pequeño cuerpo rígido en una actitud de alarma.

Piccolo se rascó debajo de la banda de su turbante. "Porque Radditz vino en el nombre de este otro sujeto," espetó. "Estamos solos, Gohan, enfréntalo."

Lágrimas se formaron en los ojos de Gohan y su labio inferior empezó a temblar. "¡Pero si no ganamos mamá será lastimada!" se lamentó. "¡Quiero a mi papá!"

El rostro de Piccolo se torció en asco. "Todos queremos a tu papi ahora, pero tú podrías ser incluso más fuerte que él. Si te rindes ahora tu mamá morirá con seguridad. ¡Ahora deja de lloriquear y vamos a trabajar!" gritó, agitando un puño cerrado.

Gohan se estremeció y miró al hombre verde en shock. "Está bien, señor Piccolo," dijo con nerviosismo. "¿Crees que estaremos bien?"

Piccolo suspiró, su facciones ablandándose. "Lo lograrás, muchacho," respondió suavemente, descendiendo para alborotar el cabello rebelde del niño. Calidez se propagó a través de su pecho y sus entrañas se sentían en paz, el aparente efecto adverso de estar cerca del niño. "Te lo prometo."


La Sra. Briefs se quedó en la puerta, mirando a su esposo manipular los dispositivos conectados al arruinado cuerpo del Saiyajin. Se había vuelto cada vez más débil después del incidente de las esferas del dragón, pero gracias al duro trabajo de su marido Radditz finalmente se había estabilizado y parecía estar mejorando lentamente. Entró en la habitación y se quedó junto a la cama del joven hombre, examinando las partes del duro cuerpo que no estaba cubierto por las mantas, y sacudió su cabeza.

"No vayas a tener ninguna idea," escuchó a su marido murmurar desde donde estaba jugando con un monitor. "Sé que es de tu tipo."

La Sra. Briefs rió. "A todas las mujeres de mi línea les gustan los hombres morenos," rió "Tú sólo tienes suerte."

El Dr. Briefs se puso de pie con una sonrisa, cerrando sus ojos mientras ponía sus manos en su espalda baja y se estiraba. "Claro que sí," dijo con un gruñido, y miró en el panel superior de otra máquina.

"Nuestra hija no es diferente, sabes," dijo ella tranquilamente, su expresión por lo general eufórica cayendo momentáneamente.

El Dr. Briefs sopló aire a través de su bigote. "Sí, todo ese asunto de Yamcha fue de seguro lamentable," murmuró.

La Sra. Briefs le lanzó una mirada. "Cariño, no es de mí de quien tienes que preocuparte en juntar con Radditz," dijo amablemente.

Eso llamó la atención del Dr. Briefs. "¿Eh? ¿Cómo es eso?" preguntó, ajustando sus anteojos.

Ella suspiró. "¿No crees que él es un buen muchacho?" dijo ella, acariciando al Saiyajin en el brazo con suavidad.

El Dr. Briefs se paró a su lado, envolviendo un brazo alrededor de su cintura y apoyando su mejilla contra su cabeza. "Supongo. Siento pena por él," dijo en voz baja.

La Sra. Briefs se inclinó hacia su marido. "Está loco por Bulma, pero ella sólo le rehuye. Me gustaría que le diera una oportunidad."

"Estoy seguro que sacaría su mente de Yamcha," concordó él. "Pero no creo que eso sea todo lo que te molesta."

Ella le sonrió, besándolo en la mejilla. "Es verdad. No quería decirte esto, pero ya que Bulma está tomando una siesta supongo que es seguro. Krillin llamó antes, verás."

Las pálidas cejas del Dr. Briefs se alzaron y le parpadeó. "Querida, ¿qué dijo?"

"Dijo que Kami sintió a otro Saiyajin. Está a sólo un par de semanas de distancia, y Goku no llegará aquí a tiempo," respondió, cerrando sus ojos y acariciando perezosamente el frío riel de la cama.

Sus dedos se agarraron a ella más fuertemente. "¿Ese tipo Vegeta?"

"Supongo que sí."

"¿Y estás preocupada por eso?"

Ella giró su cabeza y miró al suelo. "¿Tonto, no? Me temo que venga y se lleve a Radditz lejos de nosotros o nos mate a todos."

El Dr. Briefs la tomó por los hombros y la volteó para que lo mirara. "Cariño, eso no es tonto en lo absoluto. Después de todo el alboroto de este último año tienes bastantes razones por las que preocuparte. Con este Vegeta llegando aquí tendremos las manos llenas, estoy seguro."

Su esposa lo miró y sonrió, limpiando sus ojos con el canto de su mano. "Tienes razón, querido. Tienes una habilidad especial para eso," murmuró.

Él sonrió, sus dientes apenas mostrándose debajo de su espeso bigote. "Por supuesto. Ahora ve a la cama. Estaré en un minuto. No puedo enojar a este Vegeta por no mantener a su soldado vivo."

Ella rió y asintió. "Está bien. Sólo no le digas a Bulma, ¿está bien?"

"Tienes mi palabra," dijo, besándola en la mejilla y escoltándola fuera de la puerta. Ella se sonrió y saludó antes de hacer su camino de nuevo a la casa principal. Él suspiró, dejando caer sus hombros, y se volvió al Saiyajin inmóvil. Jadeó mientras se daba cuenta la mirada de negro petróleo estaba centrada en él.

¿Vegeta está viniendo? la voz hizo eco en su cabeza.

"¿Eh?" El Dr. jadeó. "¿Eres telepático?"

Responde mi pregunta, la voz gruñó.

"Sorprendente," dijo el Dr. Briefs. "Sí, estará aquí eventualmente. Espero que no haga volar todo antes de encontrarte," murmuró, corriendo hacia la máquina para registrar la longitud de onda de la actividad cerebral de Radditz.

Radditz sonrió para sus adentros. Le gustaba el viejo chocho, y el humano era la única razón por la que él todavía estaba vivo. Por no hablar de que él era el padre de Bulma. Tendría que encontrar una manera de lograr que Vegeta los evitara a todos. Estaba seguro de que Bulma sería más fácil de convencer si sus padres estaban protegidos también. Vegeta, date prisa, pensó tan duro como pudo, tratando de sentir una respuesta pero sin recibir ninguna. Suspirando y tratando de no sentir el dolor rasgando en su costado, cerró sus ojos y soñó con la llegada de Vegeta.


Sus ojos lentamente se centraron en el color dorado registrado en su cerebro. Aunque las imágenes todavía eran difusas podía ver que toda la habitación daba vueltas locamente, su orgullo lo único que le impedía plantar ambas manos en el suelo y aferrarse para salvar su vida.

"Creo que eso es suficiente entrenamiento por hoy," oyó un murmullo de voz suave mientras manos cálidas se sujetaron sobre sus hombros fríos y sudorosos. Puntas de dedos se metieron en sus músculos mientras era levantado, e hizo todo lo posible para golpearlas lejos, pero el agarre era demasiado fuerte y sólo logró cansarse.

"Déjame ir," gruñó, tratando de mirar hacia atrás al propietario del agarre.

"Sólo cuando puedas estar parado por tu cuenta."

"Entonces suéltame en este instante," Vegeta respondió, y sintió las manos suavemente caer hasta que sintió el suelo debajo de sus botas. El agarre se liberó y Vegeta dio un paso triunfal hacia adelante, girando y sonriendo con altivez a su salvador. Entonces la llamada atravesó su mente de nuevo con fuerza electrocutante y sus manos volaron a su cabeza, aferrándose a sus sienes. Él no era consciente de sus gritos cuando volcó, rebotando en el suelo.

"¿Qué? ¿Qué pasa?" la voz preguntó a través de la vaguedad, desvaneciéndose y volviendo.

"Radditz. Debemos estar cada vez más cerca," Vegeta se atragantó. "Está llamándome de nuevo."

"¡Lo llamaremos de nuevo y le diremos que se calme!" la voz instó, y de nuevo cálidas manos estaban en su cuerpo. Oscuridad salpicó con amarillos destellos que estaban amenazando en tragarlo.

"No tengo las reservas," respondió en voz baja. "Tengo que ahorrarlas para entrenar. Ahora levántame."

"Vegeta," la voz susurró. "¿Qué voy a hacer contigo?" Las cálidas manos apresuraron algo a su rostro, algo pesado y plástico que lo hizo sentir que tenía un hocico tan largo como él era alto. ¿Estaba siendo conectado a un rejuvenecedor?

"Déjame en paz," intentó decir, pero fue en vano. Sólo tuvo éxito en succionar una bocanada de aire fuertemente tratado, su débil lucha de repente cesando totalmente mientras sus párpados comenzaban a aletear.

"Duerme ahora, principito," la voz consoló. "Te despertaré antes de que lleguemos allí."

La imagen que conocía tan bien por ahora parpadeaba a través de su cerebro como si para responder a la suave voz. "Malditos ojos azules," murmuró malhumorado antes de que el gas finalmente hiciera efecto y lo deslizara en el sueño.