Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Épico

(Epic)

Un fic de The Prime Minister

Traducción por Apolonia


Se puso de pie en el borde de su nave, parpadeando ante la luz brillante no natural mientras trataba de mirar por la ventana a los planetas que pasaban rápidamente.

"Ese era el planeta conocido como Urano para los locales," la voz de Zarbon dijo a su oído. "Deberíamos estar a la Tierra en unos pocos minutos, disminuye la velocidad una vez que lleguemos a poca distancia de la órbita."

Vegeta lanzó una mirada a su ayudante, todavía tratando de hacer que sus ojos se enfocaran después de su paso por un tanque de rejuvenecimiento. Había pasado la última semana y algo más en uno de los dispositivos, cada una de sus grietas llenas de líquido que curaban su cuerpo mientras que su mente torturada era conducida felizmente a la inconsciencia. La oscuridad de aquel sueño y el peso del líquido parecían llenarlo aún, y parpadeó de nuevo en su lucha contra los efectos secundarios. "Hay una transmisión entrando, mi lord," una voz más pequeña dijo, y se dio cuenta de que uno de los técnicos estaba hablándole. "Lleva la firma del Comandante de Nappa."

Vegeta frunció el ceño y le dio una mirada a Zarbon. "Pásala," suspiró. Todo lo que necesitaba ahora eran las bestiales divagaciones de Nappa. Las toscas facciones de Nappa miraban a Vegeta desde la pantalla y Vegeta sintió su labio curvarse con desdén. Cómo despreciaba tratar con el comandante cabeza de carne.

"¿Qué pasa?" dijo bruscamente, cruzando sus brazos sobre su pecho e inclinando su cabeza para que los círculos bajo sus ojos fuera menos evidente.

Nappa tragó, duro. "Señor, sólo pensé que deberías saber que han habido levantamientos en algunos de los mundos," informó con un pequeño saludo. "Los responsables han sido tomados como prisioneros y nos gustaría saber que quieres que hagamos con ellos."

Los oscuros ojos de Vegeta se estrecharon, viéndose más siniestros a causa de la coloración como golpeada debajo de ellos. "Espero que nada de esto haya sucedido debido a un error de tu parte," dijo en voz baja. "Eso merecería un castigo grave."

Nappa palideció un poco y sacudió su cabeza vigorosamente. "Por supuesto que no, Vegeta," dijo bruscamente. "No hemos hecho nada para provocarlos."

Vegeta apoyó su barbilla en su pecho por un momento mientras pensaba. "Si alguna vez me entero que no me estás diciendo la verdad desearás nunca haber nacido," dijo con frialdad, sin apartar la mirada de los ojos de Nappa. "Mantén a los detenidos como prisioneros," respondió tras otro breve silencio. "Asegúrate de que sean bien tratados. Me ocuparé personalmente a mi regreso."

"Pero, Vegeta," Nappa comenzó.

"La Tierra está a la vista, señor," uno de los empleados de navegación interrumpió. La mirada de Vegeta se alejó de la pantalla y terminó la señal, el rostro frustrado de Nappa desvaneciéndose en la nada mientras lo hacía. Se acercó a la ventana y contempló el planeta, un poco sorprendido por el volumen de agua azul que podía ver en movimiento sobre la superficie. El planeta entero, de hecho, estaba cubierto de masas de tierra exuberantes y sistemas extensivos de agua, dándole un aspecto delicado y valioso.

"Es hermoso," Zarbon comentó a un lado.

Vegeta asintió una vez, sin quitar sus ojos del planeta. "Casi parece una pena que vamos a terminar limpiándolo fuera de la existencia," contestó con una sonrisa.

Zarbon levantó una ceja y lo miró. "¿No vas a tratar de apoderarte de él?" preguntó con sorpresa.

Vegeta sacudió su cabeza. "Ha reclamado dos Saiyajin, independientemente de si fueron o no capturados con vida. No quiero ese tipo de poder simplemente vagando por el universo a menos que pueda encontrar una razón que lo justifique," dijo bruscamente.

Zarbon exhaló y se encogió de hombros, mirando de nuevo por la ventana hacia el planeta azul flotando en silencio en el espacio. "Bueno, espero que algo suceda entonces," dijo en voz baja. "Parece una pena sólo destruirlo."

Vegeta ignoró a Zarbon y se volvió hacia uno de los miembros de la tripulación. "¿Cuáles son sus especificaciones?" preguntó.

El alienígena tocó algunos comandos en la computadora y esperó a que los datos cruzaran por la pantalla. "La Tierra tiene una concentración de oxígeno que es aproximadamente una quinta parte del total. Su ambiente parece ser estable, y está basada en el carbono. Hay una variedad de tipos de tierra y el planeta entero está lleno de vida, siendo la especie dominante la de los humanos, una raza carnosa y bípeda. La gravedad es igual a 1G, señor," informó, sin mirar lejos de la pantalla.

"Un G, ¿eh?" Vegeta murmuró para sí mismo. "Esto debería ser fácil."

Zarbon quitó sus ojos del Príncipe que sonreía y los dejó descansar sobre la imagen de la Tierra. No estaba seguro por qué, pero toda la situación lo ponía muy incómodo. Sin embargo, tomó su puesto al lado de su lord, juntó sus manos detrás de su espalda, y esperó a que Vegeta eligiera un lugar para aterrizar.


"¡Están aquí!" Kami jadeó, sorprendiendo a los guerreros a su alrededor. Todos detuvieron su entrenamiento y lo miraron fijamente, las bocas quedándose en silencio por el shock. "Acaban de pasar la luna y aterrizarán en breve," susurró, apoyándose en su bastón mientras el sudor caía en cuentas y era atrapado por las profundas arrugas en su curtida piel verde.

Yamcha parpadeó a Krillin, Tien, Chaoz. "¿Pueden sentir eso?" susurró, la garganta apretada por el miedo.

Todos asintieron, Krillin comenzando a temblar mientraz Chaoz se agarraba a la pantorrilla de Tien. "Es horrible," Krillin gimió, retorciendo sus temblorosas manos. "¡Sus auras son horriblemente oscuras!"

Tien miró a Kami, los tres ojos entrecerrados y duros. "Hay dos seres increíblemente fuertes," dijo en voz baja. "Creí que habías dicho que sólo había un Saiyajin en camino."

Kami asintió, tragando saliva. "Lo hay. El otro ki, el más fuerte, pertenece a algún otro tipo de alienígena. No sé cuál es la historia, y en realidad no importa ahora," dijo con nerviosismo.

Las cejas de Yamcha se dispararon hacia arriba. "Sabes que tu comportamiento no es exactamente alentador, ¿verdad?" preguntó, extendiendo sus manos. "Quiero decir, si de todas las personas tú actúas como no tuviéramos ninguna posibilidad no va a ayudarnos."

Kami lo miró desde debajo de los arrugados arcos de su entrecejo. "Ustedes no tienen posibilidad alguna si cada uno de ustedes lucha solo," dijo en voz baja. "Y tal vez ninguna posibilidad si todos ustedes luchan juntos, si no tienen a Goku. Él debería estar aquí en el día, pero tendrán que detenerlos hasta entonces."

"Eso no suena divertido en absoluto," Krillin tartamudeó, el sudor corriendo por su brillante calva cabeza.

Yamcha lanzó un ceño fruncido al hombrecillo en señal de desaprobación y luego redirigió su mirada hacia el resto de sus compañeros guerreros. "Yo no sé ustedes, pero tengo cosas en este planeta que amo y quiero proteger," dijo con vehemencia, cerrando una mano en un puño. Los chispeantes ojos de Bulma y su sonrisa pasaron por su mente, y se encontró a sí mismo sonriendo un poco al recordarlo. "¡No hay manera que vaya a dejar que les suceda algo!"

Tien le respondió con una sonrisa. "Entonces estamos de acuerdo," dijo. "Tan pronto como sepamos donde han aterrizado iremos a detenerlos."

El resto de los guerreros asintió. "La Tierra cuenta con nosotros," Yamcha dijo, y miró hacia el cielo azul.


Dos naves aterrizaron con fuerza en el suelo, creando dos cráteres enormes y lanzando una gran nube de polvo, simulando el crepúsculo en el centro del día para cualquier criatura viajando en la superficie del planeta. Zumbidos y clics emanaron de las naves mientras los dos habitantes salieron y se elevaron en el aire sin hacer ruido. Vegeta miró a su alrededor a las montañas detrás de ellos, viendo como nubarrones oscuros laminaban desde arriba, brillando con un rayo no derramado. Zarbon miraba todo con ansiedad, en busca de alguien que pudiera estar acercándose. "Qué no daría por un scouter," murmuró en voz baja.

Vegeta soltó un bufido. "Ese dispositivo no es más que una debilidad. Las máquinas funcionan mal. Si tus sentidos funcionan mal, sin embargo, tienes un problema mucho más grave en tus manos que leer los niveles de poder."

Zarbon miró a Vegeta, alzando una ceja y ladeando la cabeza hacia un lado, su capa azotándose en el viento. "¿Quieres decirme que puedes localizar poder sin un scouter?" preguntó, su voz goteando con escepticismo.

Vegeta asintió, una amarga sonrisa en sus labios. "Sí, puedo, y si mis sentidos me están sirviendo correctamente vamos a tener compañía en breve."


Yamcha, Krillin, Tien, y Chaoz se detuvieron brevemente cuando vieron las manchas flotando a lo lejos. Krillin silbó suavemente y juntó sus manos. "¿Son ellos?" preguntó con la voz temblorosa. "De seguro tienen grandes niveles de poder."

"Y malvados," Chaoz ofreció, el sudor empezando a juntarse en su sien.

Tien sacudió su cabeza. "Realmente no importa," dijo con aspereza. "Sólo necesitamos detenerlos hasta que Goku llegue."

"Tendríamos que ser muy afortunados en ganarles incluso con Goku," dijo una voz profunda, y los cuatro se giraron para encontrarse con una sonrisa de dientes afilados. "Pero si luchamos juntos podemos tener una oportunidad."

"¡Piccolo!" Yamcha jadeó. Sus ojos se precipitaron hacia abajo al lado de Piccolo, donde un Gohan más alto y de aspecto desaliñado se cernía en el aire. "¡Y Gohan! De seguro que creciste," dijo, agachándose y revolviendo el cabello del muchacho.

"Gracias," Gohan dijo con dulzura, pero sus ojos se volvieron vidriosos mientras miraba a lo lejos. "¿Son ellos?" preguntó él, tirando de la pernera del pantalón de Piccolo y señalando. "¿Esos son los hombres que han venido a llevarse lejos al tío Radditz?"

"Sí, muchacho," respondió Piccolo, angostando sus ojos. "Y parecen estar esperando por nosotros."

Krillin tragó duro. "No crees que se irán si sólo llevamos a Radditz, ¿verdad?" preguntó con nerviosismo.

Yamcha suspiró. "Si no puedes tomar el riesgo lo entiendo, Krillin. Ya has muerto una vez, después de todo. Si se pone demasiado duro sal y asegúrate de que el que muera sea deseado de vuelta, ¿de acuerdo?" dijo suavemente.

Krillin frunció el ceño y se enderezó. "No tengo miedo, Yamcha. Voy a luchar no importa lo que tome," proclamó, su voz todavía un poco inestable.

Gohan entrecerró sus ojos, sin soltar los pantalones de Piccolo. "Creo que se están aburriendo," susurró mientras miraba a lo lejos.

"Entonces no hay sentido en esperar," Tien respondió, y se disparó en dirección hacia el par flotando en la distancia.

Los otros asintieron entre sí y despegaron tras él.


Zarbon se sorprendió vagamente por el variopinto grupo que se juntó ante él. Había un hombre grande con tres ojos, una cosa pequeña de aspecto de muñeca, un bajo hombre calvo, un amenazante Namekiano, un hombre que parecía que podía ser un Saiyajin con esa mata de pelo rebelde, y un niño pequeño. ¿Qué tipo de planeta era la Tierra que enviaría un extraño equipo de guerreros para defenderse de ellos dos? Estaba a punto de hacer un comentario cuando la breve carcajada de Vegeta le cortó la palabra.

"Tienes que estar bromeando," dijo con una risita. "Todos ustedes juntos no se acercan a estar a mi nivel. Zarbon, simplemente podemos destruirlos y terminar."

"No hace falta que te derrotemos," el Namekiano dijo.

Zarbon levantó una ceja. "¿Por qué no?" preguntó con una pequeña sonrisa.

"¡Sólo tenemos que esperar a mi papá!" exclamó el niño. "¡Nunca dejará a hombres malos como ustedes llevarse al tío Radditz!"

Eso llamó la atención de Vegeta. "¿Tío Radditz? Niño, ¿quién es tu padre?" preguntó, angostando sus ojos.

El niño sonrió y sacó un poco su pecho. "Mi papá es Son Goku, el guerrero más fuerte en la Tierra," dijo con orgullo. El Namekiano dejó escapar un gruñido bajo.

Zarbon miró a Vegeta. "¿Podría ser Kakarotto?" dijo en voz baja, mirando al niño con cuidado.

Vegeta frunció el ceño. "¡Por supuesto que es Kakarotto!" gruñó. "¿Quién más podría ser?"

La piel en la parte de atrás del cuello de Zarbon comenzó a cosquillear en frustración, pero respiró hondo y logró calmarse. "Si Kakarotto es el padre de este niño entonces los Saiyajin deben ser capaz de cruzarse con los humanos," afirmó. "Incluso medio-Saiyajin serían buenas adiciones a tu imperio."

Vegeta miró fijo al pequeño niño y gruñó. "Entonces es bueno que no trajimos a Nappa. Estaría haciendo hasta lo imposible por tener tantos hijos como fuera posible."

El terrícola de cabello largo se acercó un poco más y frunció el entrecejo. "Hey, ¿ustedes dos van a estar balbuceando todo el día o podemos ir al grano?" gritó.

Zarbon sonrió mientras las facciones de Vegeta se ensombrecían aún más. "¿Estás tan dispuesto a morir, hombre de la Tierra?" gruñó el Saiyajin.

El hombre de tres ojos se acercó. "¿Hay algo que podamos resolver sin luchar?" preguntó, desplegando sus manos. "Si quieren ver a Radditz ese no es un problema. De hecho, les damos la bienvenida con brazos abiertos y ofrecemos la ayuda que podamos, siempre y cuando podamos mantener la paz."

Vegeta levantó un dedo enguantado a su barbilla y le dio unos golpes por algunos momentos, oscuros ojos estudiando al hombre. "No, he tenido suficiente de paz," dijo finalmente, juntando sus manos y crujiendo sus nudillos. "Voy a ver a cuántos de ustedes puedo matar antes de que Kakarotto llegue aquí. Luego si él no se une a mí lo mataré, me llevaré a Radditz, y destruiré a este planeta sin valor," dijo con voz calma.

"¡No!" gritó el pequeño niño, y Zarbon vio las cejas de Vegeta alzarse en sorpresa. Apretó sus dientes y deseó una vez más por el scouter. El poder emanando del muchacho era tan fuerte que incluso él podía sentir su calor, aunque no tenía idea de cuán alto estaba llegando en medición. Por la mirada en el rostro de Vegeta podía decir que realmente no quería saber.

Vegeta apenas tuvo tiempo para bloquear una viciosa patada a su vientre, gruñendo bajo el impacto que la pierna del pequeño niño hizo en su antebrazo. Arrojó al niño a un lado y se precipitó con un golpe fulminante suyo, tomando al niño en el mentón y noqueándolo en el aire. El niño giró y se inclinó hacia abajo, los puños extendidos y el rostro contraído con concentración. "Muy bien, pequeño," Vegeta rió, "Pero tendrás que hacerlo mejor que eso para derrotarme." Los ojos del niño se ampliaron en shock mientras Vegeta aparentemente parecía desaparecer de la existencia, sólo para materializarse una vez más detrás de él y patearlo en la parte de atrás de la cabeza. El niño se movió una vez, luego empezó un furioso descenso a la tierra, inconsciente. Vegeta sonrió mientras el alto alienígena verde se lanzaba hacia adelante para atrapar al niño, aferrándolo a su pecho y mirando a Vegeta con odio. La sonrisa en el rostro de Vegeta se amplió peligrosamente. "¿Rompí tu juguete?" se burló, poniendo una mano enguantada en su cadera debajo de donde su cola estaba enroscada alrededor de su cintura y ladeó su cabeza un poco hacia un lado.

"Bastardo," siseó el Namekiano, y estuvo a punto de bajar al niño cuando el guerrero de tres ojos puso una mano en su hombro y dio un paso hacia adelante.

"¿Estamos luchando uno contra uno, entonces?" preguntó.

"¡Tien!" jadeó la cosa de aspecto a muñeca. Vegeta alzó una ceja.

"¿Puedo considerar que ustedes dos no van a conspirar contra nosotros?" el hombre de tres ojos continuó.

Vegeta miró sobre su hombro a Zarbon, su expresión indescifrable. "No hay necesidad de confabularse en su contra," dijo fríamente. Puedo tomar a cada uno de ustedes por mí mismo."

"¡Arrogante!" siseó el Namekiano, los músculos tensándose como si comenzara a avanzar de nuevo.

El hombre de tres ojos asintió su cabeza. "Muy bien. Entonces seré tu próximo oponente," dijo con calma. Giró su mirada al Namekiano por un momento. "Gohan no estaba listo. Atacó por ira," murmuró.

Las antenas del Namekiano se torcieron levemente. "Yo le enseñé mejor que eso," gruñó. "Muéstrale a ese Saiyajin una o dos cosas, Tien."

El hombre llamado Tien sonrió y levantó dos dedos en reconocimiento, sus pantalones verdes ondeando en los altos vientos pre tormenta mientras daba un paso hacia adelante, todos sus ojos fijos en Vegeta. Se levantó en el aire y se detuvo de repente a varios metros de Vegeta, haciendo extraños movimientos con sus manos.

"¿Vas a hacer mímicas hasta que me muera?" Vegeta interrumpió, cada vez más impaciente. El grito en su cabeza se estaba volviendo cada vez más fuerte y podía sentirlo minando sus fuerzas. Normalmente no hubiera tenido problema es enviarlos de a uno a la vez, o incluso a todos juntos, pero su poder estaba disminuyendo en ese mismo momento y no estaba seguro cuánto tiempo más tenía.

Tien le sonrió y de repente desapareció, su imagen sobreponiéndose en otra imagen suya, hasta que Vegeta se encontró enfrentado con varios hombres de tres ojos. Un gruñido se curvó en sus labios y se agazapó un poco mientras los varios Tiens se acercaban con una ráfaga de golpes. Vegeta se giró para bloquear un poderoso golpe a los riñones, apenas moviéndose fuera del camino mientras una patada silbó junto a su cabello. Sudo estalló en su ceja mientras su concentración se hacía delgada, tratando constantemente de romper a través del ruido mental y mantener su atención en las muchas extremidades atacándolo. Atacó a ciegas con un puño, confiando en la probabilidad que era más probable golpear a un oponente si había más de de ellos, y gruñó mientras una rodilla llegaba a sus costillas, disipando la fuerza de su golpe. Vegeta giró un poco en el aire, tratando de orientarse, cuando otra mano se disparó y conectó con su estómago. Escaldada ira hirvió en sus adentros, despejando las telarañas inducidas por la privación de sueño en su cerebro, y de repente se llenó con energía al rojo vivo, su voz le parecía débil mientras gritaba su frustración. Estaba consciente de los tres ojos ampliándose en horror, de la boca de Zarbon curvándose en un aterrorizado no, pero de repente cesó de importar mientras el poder surgía desde su interior con la fuerza del golpe del océano. Rió locamente mientras comenzaba a liberarla, la brillante luz que emanaba de su cuerpo lavando la expresión de dolor del hombre de tres ojos mientras la energía lo golpeaba, el poder quemando las venas de Vegeta mientras comenzaba a fluir de él. El dolor incrementó, y se dio cuenta con shock que ya no podía controlar la energía; era como el Arlia, pero mucho, mucho peor... y luego sintió un suave ruido sordo contra la parte de atrás de su armadura. Vegeta giró su cabeza tanto como pudo, y vio el gorro negro de la pequeña cosa muñeca en la periferia de su visión. Se había agarrado a su espalda, y la expresión de agonía arrasó a través de sus suaves facciones. "No matarás a Tien," jadeó, y comenzó a brillar con su propia luz. Vegeta rugió de ira y trató de agarrarlo, pero era demasiado tarde. Energía ajena invadió el cuerpo de Vegeta, rasgándolo desde adentro, y se sintió caer varios pies en altitud mientras su cuerpo se estremecía de dolor. Aulló y el mundo explotó a su alrededor, chispas blancas y azules acelerándose a través del vacío aire mientras la luz se volvía una fuente en su camino al espacio. El grito de Zarbon se desintegró en la sónica explosión, y cuando el humo se aclaró dos nuevos cuerpos yacían en el suelo.

"¡Vegeta!" Zarbon gritó, bajando para ver mejor al Príncipe.

Negros ojos lo contemplaron en tono de reproche. "Sé mejor, Zarbon," Vegeta siseó, su ropa desgarrada. Bajó la vista y empujó el cuerpo de la cosa muñeca con la punta de su bota, su rostro apretándose mientras se daba cuenta que el pequeño sujeto había templado sin darse cuenta el la fuerza del poder de Vegeta, salvándolos a todos de la autodestrucción. El hombre llamado Tien también yacía en el suelo boca abajo, aunque todavía estaba respirando.

"Nadie va a morir," Vegeta dijo enfadado mientras apretaba sus puños.

"Tú lo harás cuando Goku llegue aquí," gruñó el Namekiano, y se lanzó hacia Vegeta. Vegeta todavía estaba aturdido por su roce con la destrucción, y como tal apenas fue capaz de esquivar el torbellino de golpes que el Namekiano le estaba dando. Verdes manos con uñas blancas parecían volar hacia él desde todas direcciones, y se movió de lado a lado, sus ojos negro carbón siguiendo cada golpe y patada. El Namekiano aulló con ira, mostrando sus blancos colmillos, y le dio a Vegeta un golpe en el pómulo. Vegeta gruñó y se tambaleó hacia atrás, la fuerza haciendo borrosa su visión mientras sus manos aparecían frente a su vientre a la defensiva. Levantó sus talones y golpeó al Namekiano en el costado de la cabeza con una fuerte patada, luego hundió sus puños en su espalda. Incrementó el poder en su mano, dándole forma al ki en una hoja y hundiéndola hacia la base del cráneo del Namekiano. Otra voz gritó desde otro lugar, y de repente Vegeta estaba yaciendo en el suelo, su armadura apestando a humo por un disparo de ki.

"Pensé que no iban a haber confabulaciones," Zarbon lanzó desde el cielo, la voz áspera con mal humor.

El terrícola hombre de cabello largo se encogió de hombros y sonrió, las cicatrices en su rostro alteradas levemente por el movimiento. "Yo pensé que ustedes iban a ser duros," dijo él. "Pero el pequeño allí cayó por uno de los trucos de ki más viejos en el libreto."

"La atención del Príncipe estaba en otro lugar," Zarbon siseó.

La sonrisa del terrícola se hizo más grande. "Entonces no debe ser muy bueno," respondió.

"¡Suficiente!" Vegeta gritó, arrojando uno de sus brazos al aire mientras miraba al Namekiano arrastrarse sobre el quieto cuerpo del niño. "Pongo mis propias reglas," escupió con una decidida mirada a Zarbon.

La expresión de Zarbon se enfrió y flotó un poco, sus ojos finalmente fijándose sobre el Namekiano. "Bien," gruñó. "Sólo no bajes tu guardia de nuevo o me veré obligado a intervenir."

"Si intervienes acabaré contigo, Zarbon," gruñó Vegeta.

"Qué jefe amable," se burló el terrícola. "Creo que tienes suerte que todavía estás con vida con este pequeño sapo alrededor, muchacho bonito."

Zarbon se enderezó, sus labios presionándose en una línea. "Termina con este, señor," dijo con frialdad.

Vegeta flexionó sus manos. "Por supuesto. Será mi infinito placer," respondió, ya saboreando la idea de desmantelar al molesto terrícola pedazo a pedazo.

"No estarías actuando tan rudo si Goku estuviera aquí," dijo fríamente el hombre de la Tierra, examinando sus uñas. "Pero entonces él probablemente ni siquiera notaría a un débil enano como tú," terminó, angostando sus oscuros ojos.

"Goku todavía está a varias horas de distancia," susurró el Namekiano al terrícola.

Las cejas de Vegeta se alzaron. ¿Era esa la fuerte de la jactancia del hombre con cicatrices? ¿La esperanza que Kakarotto llegara y los rescatara a todos? La idea lo hizo reír en voz alta, algo que evidentemente sobresaltó al Terrícola. "¿Estabas pensando que él podría salvarte?" Vegeta rió entre dientes. "Odio arruinar la sorpresa, pero soy un Saiyajin super élite. Kakarotto es sólo un soldado de tercera clase. ¡No hay manera concebible que él pudiera alguna vez derrotarme!"

El hombre con cicatrices palideció pero no cambió su expresión. "Lo veremos, ¿no?" dijo, hundiéndose en un agache de batalla, sus manos levantadas frente a él, los dedos enganchados.

"Oh sí," Vegeta le aseguró y se precipitó, apuntando un puñetazo a su estómago.

El terrícola se movió fuera del camino sorprendentemente rápido, su cabello volando en el aire mientras esquivaba y trataba de aterrizar su propio golpe. Vegeta lo evadió fácilmente y se movió a la izquierda, ejecutando una patada. El hombre de la tierra usó su levitación para mantenerse de chocar completamente contra el suelo, pero Vegeta pudo decir por la manera que se estaba moviendo ahora que había dañado el tobillo de alguna manera. Vegeta lamió sus labios y liberó una pequeña lanza de ki, lanzándosela al terrícola. Los músculos en el cuello del otro hombre se tensaron mientras se arrojaba hacia un lado en un intento de evitar la lanza, gritando mientras el ki perforaba su pierna y lo inmovilizaba en el suelo. Su respiración se volvió forzada mientras miraba a Vegeta acercarse, sus dedos arañando la ardiente energía en su muslo. Vegeta sonrió y se agachó, dando al haz de luz un movimiento con su dedo. El terrícola apretó sus dientes, sus ojos desesperados, y presionó la pierna con ambas manos, su rostro se contrajo. "Creo que es hora de que te despidas," Vegeta susurró tiernamente.

El hombre tomó un profundo respiro y agarró la lanza con ambas manos, tirando de ella poderosamente de su muslo y girando mientras jadeaba por aire, la lanza disipándose en el aire. "Nunca me daré por vencido," jadeó el terrícola.

Vegeta frunció el ceño. Este hombre era por lejos el más débil de los guerreros de la Tierra, si no contaba a la ridícula cosa muñeca, y sin embargo todavía estaba consciente. "Entonces te destruiré," Vegeta respondió fríamente, sin dejar de caminar hacia el caído hombre. El terrícola giró sobre su espalda y gritó, una bola de ki disparándose desde sus manos y acelerando hacia Vegeta. Vegeta sonrió y se movió a un lado, el ki fallando por meros centímetros. "¿Eso es todo?" se burló. "¿Terminaste?"

El terrícola sólo sonrió en respuesta y movió sus dedos índices en un patrón complejo. Vegeta frunció el ceño y se movió hacia adelante para patearlo cuando sintió el calor de ki en su espalda. Giró su cabeza justo a tiempo para ver la esfera de ki blanca azulada explotar a meros centímetros de su rostro, enviándolo a volar. Golpeó el suelo con estrépito y tosió mientras sangre llenaba su boca. "¡Vegeta!" escuchó a Zarbon gritar, y un haz sacacorchos explotó en la esquina de su visión, el destello cegándolo momentáneamente. Cuando la blancura comenzó a desvanecerse vio la pálida piel verde de Zarbon contrastando con el rico verde de la del Namekiano, los amarillos ojos de Zarbon brillando de manera asesina. El Namekiano gruñó y escupió al rostro de Zarbon, lo que le valió una bofetada. "He tenido suficiente de tu intromisión," Zarbon soltó, y golpeó al Namekiano en el hombro tan duro que él inmediatamente cayó al suelo. Zarbon sacudió el polvo de sus manos y tomó delicadamente una punta de su capa y comenzó a limpiar su rostro. Vegeta se lanzó de rodillas y estuvo a punto de ponerse de pie cuanto otra luz llamó su atención. El bajo hombre calvo, hasta ahora inactivo y por lo tanto desapercibido, estaba de pie en una roca, un disco giratorio de luz asomándose por encima de su mano.

"¡Zarbon, presta atención!" Vegeta gritó, y Zarbon se dio media vuelta, su verde trenza volando a través del aire mientras el disco de ki era liberado.

Zarbon alzó una ceja y se mantuvo firme, cruzando sus brazos y mirando al disco con interés. Los ojos de Vegeta se ampliaron mientras se daba cuenta que Zarbon no tenía idea de la potencia del haz. "¡No dejes que te golpee!" Vegeta gritó, el rostro de Zarbon abriéndose en sorprendida comprensión. Se arrojó a un lado en el último segundo, el disco rebanando su capa y parte de su brazo antes de que pudiera continuar cortando la parte superior de una montaña distante. "Tonto," Vegeta escupió, frunciendo duramente el ceño a Zarbon. "Demasiado para tu predicación."

La boca de Zarbon se torció amargamente y se dirigió hacia el hombre calvo con resignación. "¡No te atrevas a lastimar a Krillin!" gritó el caído terrícola, moviéndose mientras sostenía su lesionada pierna a través del suelo. Zarbon le destelló una mirada desdeñosa y puso una ración extra de velocidad, un continuo aplauso de truenos acompañando a la explosión hecha por Zarbon al sobrepasar la velocidad del sonido. El hombre calvo aulló y se dio media vuelta, pero Zarbon azotó una mano y lo agarró por la parte de atrás de su gi. El pequeño hombre se volteó y luchó, golpeando y pateando en vano. Con un rápido movimiento de sus manos Zarbon incapacitó al humano, dejando al pequeño cuerpo deslizarse en el suelo inconsciente.

"¿Por qué no los matas?" Vegeta gritó, poniéndose de pie lentamente y flexionando sus dañados músculos.

"No queremos que Kakarotto se llene con más rabia de la que necesitamos," Zarbon respondió con calma. "Además, no estás en condición para luchar," dijo mientras alzaba su rostro hacia la lluvia que comenzaba a caer.

Vegeta sonrió, el efecto dando escalofríos. "No tengo que luchar. Sólo tengo que matar," respondió, dando unos pasos hacia el hombre con cicatrices.

El terrícola se puso de pie, limpiando su rostro con su antebrazo mientras la lluvia comenzaba a caer en serio, empapando su gi naranja instantáneamente. "No voy a dejarte lastimar lo que es importante para mí," dijo en voz baja.

"Ustedes los terrícolas balbucean demasiado," Vegeta siseó, de repente abalanzándose hacia adelante y agarrando el cuello del terrícola entre sus manos y apretando. El hombre gorgoteó y tiró débilmente de las enguantadas manos de Vegeta, haciendo sonreír al Saiyajin en placer. "Oh sí, iré a buscar a Radditz y luego mataré al resto de tu inservible raza," murmuró suavemente. "Deberían ser unas buenas vacaciones."

"¡No! ¡Bulma!" el hombre gritó, juntando suficiente energía para enceguecer al Saiyajin y arrojar a Vegeta fuera de él. Vegeta se deslizó a través de la tierra, horrorizado de que el frenético grito del terrícola fuera casi idéntico en cadencia y tono al que rondaba en su cráneo.

"¡Muere ahora!" Vegeta gritó, acelerándose hacia adelante, y se encontró con una esfera de ki amarilla sorpresa. Sintió a sus costillas romperse, maldiciendo su debilitado estado, pero siguió adelante. Los oscuros ojos del hombre se apliaron y presionó los talones de sus manos juntas, una mirada de extrema concentración en su rostro, y Vegeta supo que el terrícola también estaba casi fuera de poder.

"¡Kamehameha!" gritó el hombre, y Vegeta sintió el dolor desgarrar a través de su esqueleto mientras la energía saltaba en él y lo enviaba a volar. La voz que gritaba de Zarbon se acercó, y Vegeta se sintió muy cómodo volando a través del aire bajo un poder diferente, los ruidos apareciendo y desapareciendo. Sintió la fresca lluvia sobre su rostro, y fuertes manos agarraron el cuello de su armadura y lo pusieron de pie Sobre el hombro de Zarbon Vegeta pudo ver al terrícola con cicatrices levantarse en el cielo.

"Suéltame," Vegeta siseó, sacudiendo las manos de Zarbon.

Zarbon lo soltó pero no dio marcha atrás. "No quiero que te destruyas," dijo con enfado. "Tu estado de salud es frágil."

"¡Dije que me dejes en paz!" Vegeta gritó, dando a Zarbon un poderoso empujón y despegando tras el terrícola.

"Maldición," Zarbon dijo para sí mismo, y despegó al cielo tras los combatientes.