Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Épico
(Epic)
Un fic de The Prime Minister
Traducción por Apolonia
Yamcha aterrizó chocando en el patio de la Corporación Cápsula, con la boca llena de barro y pasto mientras se desplomaba sobre el césped. Las luces de los edificios brillaban a través de la fuerte lluvia, guiándole mientras se arrastraba por el suelo, llegando a la puerta. Si sólo él estuviera a tiempo, si tan sólo hubiera podido escapar antes de que ese horrible de Vegeta apareciera. Los músculos en su pecho protestaron y se apretaron juntos mientras empujaba su camino a su casa pulgada a pulgada, su dañado cuerpo apenas pudiendo moverse. Estaba agradecido por el césped resbaladizo mientras introducía su camino hacia la puerta, pero sólo podía esperar que estuviera a tiempo.
El guerrero de la Tierra se había estrellado en el suelo con un ruido sordo, al parecer demasiado herido para seguir volando, y comenzó a arrastrarse hacia la amarilla estructura en forma de domo. Vegeta se relamió los labios mientras el hombre de pelo largo tosió y escupió en sus esfuerzos por llegar a la puerta, gritando una palabra una y otra vez con una voz a punto de estallar: "¡Bulma!"
Vegeta sonrió y comenzó a bajar lentamente hacia la tierra, anticipando acabar con el gritón hombre de las cicatrices, cuando sintió una mano sobre su charretera. "No," Zarbon advirtió, sus dorados ojos destellando. "No tienes idea lo que hay en el edificio y todavía estás herido por la pelea."
Vegeta apenas podía oírlo sobre el eco del grito de Radditz en su cabeza, el volumen que se había elevado cuanto más se acercaban a los edificios con cúpula amarilla. Enseñó sus dientes, sintiendo el curso de energía sin liberar a través de él. "No me importa," gruñó, sacudiendo la mano. El terrícola había herido su orgullo, y por eso pagaría con sangre. El hombre se volvió y lo miró, ojos oscuros llenos de increíble miedo, y Vegeta sintió una risa escapársele mientras la electricidad abandonaba sus venas y se convertía en una luz ambiente.
"¡Vegeta!" escuchó gritar a Zarbon, pero su poder estaba ya latiendo en sus sienes, apenas contenidas. Por un fugaz instante sintió su cuerpo estremecerse como si recordara el agotamiento del insomnio, su visión ya nublada y obstruida y sus pensamientos borrosos. Apenas se daba cuenta de ello mientras su aura se expandía y caía a tierra, la figura del hombre caído en su visión. Apenas notó a otra persona salir por la puerta de la cúpula amarilla, sin realmente prestar atención hasta que la nueva figura se plantó con firmeza frente al hombre de la Tierra con los brazos desplegados. Comenzó a pasarla por alto, dispuesto a pasarla por encima con el fin de alcanzar su objetivo de destruir al otro guerrero, cuando su mirada fue a parpadear sobre el rostro de la nueva persona. Se detuvo en seco, sordo a los gritos de Zarbon mientras sus ojos se dilataron y todo su cuerpo se estremeció con tensión. Situados en el nuevo rostro de la terrícola habían dos ojos azules, brillantes.
"No vas a lastimarlo," la nueva terrícola, una mujer, dijo en tono nivelado.
Eran los mismos ojos. Los ojos que lo habían perseguido durante meses, esa mirada azul que lo seguía a través del espacio así como en sus sueños. Sin pensarlo realmente incrementó su poder de nuevo, rompiendo el techo de sus límites, y se lanzó hacia ella, extendiendo un brazo. Su mano enguantada agarró la parte posterior de su cuello y tiró de ella hacia delante para que ella no pudiera dejar de mirar fijamente a sus ojos. Podía sentir los frágiles huesos en su delgado, suave cuello y supo que podía matarla con un movimiento de su muñeca. Su poder estalló más mientras la locura de la privación de sueño lo envolvía, y su agotada, febril mente se encontró con una simple solución a la conmoción no deseada en su cráneo.
Bulma había oído gritar a Yamcha afuera y corrió hacia él de inmediato, su estómago hundiéndose al ver su cuerpo destrozado tratando patéticamente de arrastrarse por el césped. Un destello de luz en el cielo oscurecido por las nubes le había llamado la atención, y cuando levantó la vista y vio a las dos figuras flotando que supo que los Saiyajin habían llegado por fin. No podía ser nadie más que Vegeta. Un repentino relámpago de luz cortó a través de la gris lluvia que caía como un sable y la eso cegó, y antes de que lo supiera estaba de pie frente a su ex amante, con los brazos extendidos. Todos sus nervios le gritaron que huyera, que el hombre acelerando hacia ella podía matarla sin romper a sudar. Cansadas advertencias dispararon a través de ella, mientras se quedaba de pie mirándolo fijamente mientras la lluvia pasaba por encima de sus nudillos y en su cuello donde él la sujetaba con tanta fuerza que apenas se atrevía respirar. "Por favor no lo mates," susurró, manteniendo su cabeza completamente inmóvil.
Sus ojos todavía estaban entrecerrados con los de la mujer cuando escuchó su súplica silenciosa, y sintió su ira contra el hombre terrícola multiplicarse. Azul amenazaba con tragárselo todo, y sintió algo dentro de él chasquear. Fue consciente del tiempo fluyendo por sus venas, como si su corazón estuviera succionándolo fuera de su entorno y circulando eternidad a través de su cuerpo en vez de sangre.
Los ojos de ella estaban pegados a los de él, un estremecimiento azotando su cuerpo mientras se marchitaba en el calor de su mirada. Por un momento pareció que el tiempo mismo se desaceleraba mientras miraba en esas profundidades negras, infernales, su aliento dejándola mientras se sentía tirada. En esos profundos ojos oscuros suyos su vio odio e ira, fuerte y sin adulterar, terrible agotamiento desgarrador hasta los huesos, el borde de la locura, y mientras daba un respingo en su agarre podía haber jurado otra cosa parpadeó en el fondo de esas piscinas de ónice, otra cosa...
Quería matarla. Quiso mover sus dedos y aplastar esos huesos frágiles, ver su cabeza hundiéndose en el cuello deshuesado mientras se moría, pero algo lo detuvo. Algo en el fondo de aquellos ojos increíblemente azules lo retuvieron y le hicieron señas en cambio. ¿Qué era? ¿Por qué no podía hacerlo? Ella lo merecía, por acecharlo durante la mayor parte del año, y sin embargo sabía que no la mataría. Ella era un enigma, un reto, y él nunca se negaba a un desafío. En vez de torcer su cuello en sus manos y enviarla al olvido que la atrajo hacia sí, sintiendo su aliento revolviendo la carne en sus mejillas, oliéndola mientras otros perfumes además del de miedo salían de su tibio cuerpo. Ella contuvo el aliento en su agarre e hizo una mueca, y algo rasgó a través de su interior con tanta fuerza que casi la dejó en libertad de forma involuntaria. Él la miró de nuevo y se dio cuenta que no había bajado su poder; lo más probable era que su aura estuviera sobrecalentando su frágil estructura humana. Estaba a punto de bajar su poder sin pensar en ello cuando oyó que alguien aterrizaba en el pasto detrás de él y sintió los márgenes de un nuevo poder con sus sentidos. "Déjala ir y no habrá problemas," dijo una voz.
"Habrá problemas sin tener en cuenta," Vegeta dijo con una sonrisa, sin quitar sus ojos de su cara manchada por la lluvia. Ella cerró sus ojos y tragó, y él suavemente retiró sus dedos y se alejó de ella. La oyó caer al suelo mientras se movía para hacer frente a la nueva voz, su respiración entrecortada pero aliviada.
"No quiero problemas," el nuevo hombre dijo. "Sólo me gustaría qué quieres de nosotros."
Vegeta estudió al nuevo hombre, que era alto de complexión fuerte y espesa, su cabeza gobernada por puntas azarosas de pelo negro. Un par de ojos no muy diferentes a los suyos lo miraron, llenos de perdón y desafío al mismo tiempo. El hombre era sin duda Saiyajin. El hombre no podía ser otro que Kakarotto. "Te ves exactamente igual que tu padre," dijo en voz baja.
El nuevo hombre ladeó su cabeza hacia un lado, la esquina de su boca inclinándose en una semi-sonrisa. "Sí, me lo han dicho," contestó, estudiando al otro Saiyajin. Este tipo era mucho más pequeño que tanto él mismo o Radditz, y sin embargo tenía una presencia imponente. Los ojos de Goku parpadearon hasta donde vio al otro alienígena flotando, una expresión de temor en su rostro manchado. El otro Saiyajin no pareció darse cuenta de la vigilancia del alienígena, y Goku se preguntó vagamente qué estaba pasando. Sacudió su cabeza y volvió a estudiar al pequeño Saiyajin. ¡Apenas era más alto que Bulma! Sin embargo sus sentidos no mentían; el hombrecillo era compacto y musculoso, y su poder era asombroso, eclipsando por completo a todo menos al alienígena mirando desde el cielo tormentoso. Goku se limpió algo de agua de lluvia de la cara y se volvió al hombre que flotaba. "¿Quién eres?" espetó. "Radditz no mencionó la existencia de un alienígena de cabello verde."
El hombre que flotaba parpadeó hacia él, sorprendido. "¿Por qué quieres saber?" respondió con frialdad, manteniendo sus brazos cruzados sobre su pecho mientras su trenza se batía de aquí para allá en el viento impulsado por la tormenta.
Goku se encogió de hombros. "Bueno, me estaba preguntando por qué no estás luchando. Eres mucho más fuerte que éste," dijo, señalando al Saiyajin más bajo con un movimiento de cabeza. Oyó un gruñido ahogado y se dio vuelta para ver que el otro Saiyajin había mostrado sus dientes, agitando sus puños apretados.
"Yo soy... empleado... de Lord Vegeta," el pálido alienígena respondió, enviando una dorada mirada preocupada hacia el que él llamaba Vegeta. Goku levantó sus cejas. "El Príncipe no está bien, verás," el alienígena continuó con un gesto de su mano.
"¡Cállate, Zarbon!" Vegeta gritó, levantando un puño. "¡Te ordené que te quedaras fuera de esto!"
Zarbon se encogió de hombros. "Como quieras, señor. Sólo estaba informando a Kakarotto de la situación, eso es todo."
Goku alzó la vista, molesto por el sonido de su nombre Saiyajin. "Por favor, llámame Goku," le anunció a Zarbon, que parecía tener mucho más sentido que el sujeto Vegeta. "No recuerdo a Vejiitasei en absoluto, y me considero un terrícola." Por el momento, deseaba nunca haber oído hablar de Vejiitasei. Primero su extraño hermano y ahora este tipo Vegeta, que parecía como si muriera de ganas de volar cosas. Goku sintió el sudor formarse en perlas en su frente antes de que la lluvia lo limpiara. Tanto los recién llegados fueron más que suficientemente fuertes como para hacerlo volar fuera de la existencia, incluso con el entrenamiento de Kaio-sama. Habían subestimado gravemente la fuerza de su enemigo, no que él aún no pudiera darles un plazo por su apuesta. Apretó sus dientes ante la idea de morir de nuevo tan rápido. Quería ver a ChiChi, extrañaba su piel suave y maravillosa cocina, la manera en que sonreía y cómo sus ojos brillaban cuando la hacía feliz, incluso la forma en que su voz se quebraba cuando ella le gritaba por ser malo. Luego estaba su querido hijo, que había crecido probablemente demasiado en el último año, el dulce rostro de su bebé sonriendo y convirtiéndose en ágil con sabiduría... simplemente no podía soportar volver a morir tan pronto. Se había perdido de tanto, pero no había mucho que pudiera hacer. Si no encontraba una forma de vencer a estos dos existía la posibilidad de que nadie viviera un año más. Su resolución se endureció dentro de él como una barra de acero y se puso de pie con la espalda recta, flexionando sus puños.
"Eres un traidor," Vegeta siseó, comenzando a hundirse en una posición de batalla.
Goku se encogió de hombros. "Eso es lo que Radditz dijo," respondió con indiferencia. Miró al hombre, dándose cuenta de que Zarbon tenía razón, Vegeta realmente se veía muy enfermo. "Oye, ¿estás bien?" preguntó de pronto preocupado. Tenía miedo, pero también emocionado con la oportunidad de probar su fuerza contra alguien más fuerte, y no quería que su oponente estuviera enfermo o debilitado en lo más mínimo. Simplemente no era justo.
"Estoy bien," Vegeta espetó, sus ojos moviéndose como dardos alrededor en la lluvia, en busca de un posible peligro.
"No veo cómo este hombre es un traidor cuando obviamente no puede recordar lo que está traicionando," Zarbon interrumpió. "Y Vegeta sin duda no está bien, Kaka... er, Goku. Tu hermano lo ha estado torturando durante la mayor parte del año."
Goku se enderezó. "¿Radditz? Es malvado, no hay duda de eso, pero no pensé que era del tipo de torturar," contestó, sorprendido.
Vegeta se puso de pie también, su frustración creciente. "¿Van a hablarme hasta que me muera o vamos a luchar, Kakarotto?" gritó.
"¡Y pensé que te dije que permanecieras fuera de esto!" se dirigió a Zarbon.
Los ojos de Zarbon se ampliaron mientras ponía dos dedos sobre sus labios. "Oh, sí, lo siento muchísimo," dijo, encongiéndose de hombros y girando sus ojos a Goku.
"¡Ya basta!" Vegeta gritó, juntando energía.
Zarbon flotó hacia atrás un poco en el cielo gris. "Recuerda, señor, no es conmigo con quien se supone que debes estar luchando," reprendió a Vegeta.
Vegeta gruñó en exasperación. "¡Vamos, Kakarotto!" gritó, y se lanzó hacia el otro Saiyajin.
Goku se distrajo por el extraño intercambio entre los dos alienígenas y por lo tanto no estuvo preparado para el ataque, apenas bloqueándolo antes de que sus costillas se destrozaran. Pidió disculpas mentalmente porque deseara que Vegeta estuviera con toda su fuerza; iba a tener un duro momento de esta manera. Se torció bajo los golpes de Vegeta y trató de dar una patada, pero Vegeta la saltó fácilmente y pateó a Goku en el brazo. Goku gruñó y flexionó sus músculos para proteger los huesos, apenas escapando una fractura. Se tambaleó hacia atrás y Vegeta lo siguió, abalanzándose con un puño mientras Goku caía. Goku vio el puño venir y giró a un lado, jadeando mientras la mano de Vegeta llevó un pie al suelo junto a él. "¡El césped de mi madre!" una voz femenina se lamentó, y Goku vio la cabeza de Vegeta girarse para mirar a Bulma con los labios apenas entreabiertos, como si estuviera a punto de responder. Aprovechó la oportunidad para golpear a Vegeta en la cara, viendo con satisfacción mientras el otro Saiyajin volaba a través del aire y aterrizaba rápidamente. Goku siguió con otro golpe, sus cejas bajando mientras Vegeta reía y tomaba su puño. Goku gruñó y arrojó su otro puño, que Vegeta también atrapó, gritando mientras saltaba a través de los brazos de Goku y se sentaba en ellos, alzando sus puños sobre su cabeza para golpear al otro hombre. Goku cerró sus ojos y se lanzó para dar un cabezazo, sorprendiendo a Vegeta y noqueándolo. Frotó su frente, un ojo cerrado, mientras miraba a Vegeta levantarse del suelo, su frente chorreando sangre, los ojos encima de los círculos morados viéndose absolutamente asesinos. Luz azul comenzó a crepitar alrededor del cuerpo de Vegeta, sus ojos encendidos con destrucción mientras extendía un brazo en dirección a Goku. Goku cruzó sus brazos frente a su rostro y se agachó mientras la bola de ki golpeaba su escudo y explotaba, pedazos de césped y tela batiendo a través del aire de tormenta. Goku estuvo contento por la lluvia mientras el calor lo envolvía, chamuscando su ropa y cabello. Escuchó un pequeño jadeo de sorpresa y miró hacia el edificio, donde vio a Bulma y a su madre tratando de arrastrar al medio consciente Yamcha a la casa.
"¡Van a arruinar mis petunias," suspiró la Sra. Briefs, mirando directamente a Goku.
"¡Madre! ¡Vegeta está tratando de matarnos a todos!" Bulma siseó, palideciendo cuando vio que habían atraído la atención del malvado Saiyajin. Sus negros ojos se enterraron en los de ella y se dio cuenta de qué era lo que había visto en el fondo de sus ojos cuando él la había sostenido en sus manos: muerte. Sus ojos se alejaron y se orientaron de nuevo en Goku, dejándola temblando de miedo en su revelación. Él quería morir, en alguna oscura, secreta parte de él, y quería llevarse a algunas personas con él. Se estremeció, preguntándose cuán solo uno debe sentirse para querer morir, y cuán terrible querer llevarse a la gente con uno.
Goku había decidido que era hora de subir el calor. Era superado, pero eso no quería decir que había terminado. Puso sus manos atrás en su cintura y soltó su rayo más poderoso. "¡Kamehameha!" gritó, extendiendo sus brazos hacia Vegeta.
El aura de Vegeta se volvió púrpura mientras gritaba, el haz crepitando inútilmente en su barrera. Soltó una andanada de esferas de ki en respuesta, enviando a Goku a rodar mientras pedazo de césped y edificio se desintegraban en la nada. "¡Kaio-ken dos veces!" Goku gritó, su aura volviéndose roja mientras se lanzaba directamente hacia Vegeta, casi aterrizando un puño en su vientre. Vegeta levantó una rodilla en la costilla de Goku y titubeó, dando a Vegeta suficiente tiempo para enterrar una mano enguantada en su cabello y darle un fuerte golpe en la cabeza. Goku sintió sangre llenar su boca mientras su cuerpo se retorcía a los lados antes de que la mano lo liberara y cayera al suelo. Vegeta sonrió y se alzó en el aire, cruzado de brazos. Goku bufó a través de sus dientes y alzó la vista también, silenciosamente contento de estar lejos del césped de la Sra. Briefs. "¡Kaio-ken tres veces!" gritó, disparando hacia arriba con puño extendido y tomando a Vegeta en la parte inferior de su mandíbula. La espalda de Vegeta se arqueó mientras salía navegando por el aire, la sangre rociando de su boca en finas gotitas y mezclándose con la lluvia. Vegeta giró en el aire, usando su cabeza como eje, y llevó su pie al rostro de Goku justo mientras se acercaba. Goku jadeó y cayó un poco antes de acelerar hacia la espalda de Vegeta, apuntando sus dedos del pie y conduciendo sus pies en la espalda de la armadura de Vegeta. Vegeta aceleró hacia el suelo, un pequeño cráter formándose donde su cuerpo golpeó.
Estrellas explotaron en la visión de Vegeta mientras yacía boca abajo en la tierra mojada, la voz gritando en su cabeza ahogando todos los demás sonidos, incluso los locos golpes de sangre en sus oídos. Su cuerpo no había descansado lo suficiente para derrotar al insignificante guerrero, quien era sorprendentemente fuerte a pesar de ser hijo de un soldado de tercera clase. Luego entonces, Bardock siempre había mostrado increíbles saltos de fuerza... sacudió su cabeza y luchó contra la oscuridad mientras se daba cuenta que había estado allí tendido por unos varios minutos. Levantándose temblorosamente sobre sus rodillas, juntó toda su energía en un desgarrador esfuerzo y la liberó hacia Kakarotto al segundo que el hijo más joven de Bardock gritó "¡Genki Dama!"
Zarbon palideció mientras veía la gran orbe azul dirigirse directamente a Vegeta. Era lenta, pero él no estaba en condiciones para salir del camino. Se tambaleó un poco a un lado, levantándose de nuevo, cuando su rayo golpeó a Kakarotto y lo fritó. Kakarotto gritó y cayó al suelo al mismo instante que la cosa azul golpeó a Vegeta y lo lanzó al cielo en un resplandor de luz. Zarbon frunció el cielo y se disparó tras ellos, deteniendo el ascenso de Vegeta y sosteniéndolo desde abajo de las axilas mientras aclaraba su cabeza.
"Te dije que permanecieras fuera de esto," le gruñó a Zarbon.
"Lo hubiera hecho si hubieras tenido el sentido de evitar la explosión," Zarbon siseó en respuesta. "Ahora termina con esto para que podamos meterte en un tanque."
"No necesito un tanque," escupió Vegeta, y se bajó con cuidado al suelo, plantando sus pies y cruzando sus brazos sobre su pecho mientras fulminaba con la mirada a Kakarotto, quien estaba tratando de ponerse de pie.
Goku se levantó para arrodillarse, mirando al rostro con ceño fruncido de Vegeta, su estómago hundiéndose en sus botas. No había manera que pudiera ganar. La Genki Dama casi ni lo había amedrentado, y Goku se había quedado sin trucos. Sólo había muerte con honor, decidió, y comenzó a incrementar su poder pasando sus límites, esperando incitar a Vegeta a acabar con él rápidamente. No, una voz dijo dentro de su cabeza. No tires tu vida por la borda, Kakarotto. Todavía te necesitamos.
¿Quién? Goku pensó en respuesta, todavía mirando a Vegeta a la cara.
Dile que estás contento de servir a un príncipe tan poderoso, instó la voz.
¿Por qué? Goku pensó frenéticamente.
¡Sólo hazlo, Hermano! ¿Quieres vivir o no?
Goku reverenció su cabeza ante Vegeta. "Estoy orgulloso de servir a tan poderoso príncipe," murmuró, mirando a Vegeta a través de su flequillo.
El cuerpo de Vegeta se contrajo un poco mientras miraba a Kakarotto. "¿Eh?" dijo, alzando una ceja, las heridas incluso más evidentes.
Radditz tenía razón. "Eres increíblemente fuerte," Goku dijo con verdadera admiración mientras su cuerpo le recordaba que no iba a aguantar mucho más.
"Por supuesto," respondió Vegeta, llegando tentativamente con su mente.
Estoy aquí, dijo la voz de Radditz en su cabeza. Viviré.
Los ojos de Vegeta se abrieron mientras los gritos en su cabeza se detuvieron. El silencio tronó con tal fuerza que cayó de rodillas, una mano apretada a su sien en asombro. Su mirada se encontró con la de Zarbon antes de que su cuerpo cediera, sus ojos girando hacia atrás en su cabeza mientras se derrumbaba sin contemplaciones sobre la hierba. Zarbon flotó y tomó suavemente al príncipe en sus brazos.
Goku miró a sus ojos dorados, cayendo hacia atrás mientras el dolor se disparaba a través de cada nervio. "Wow, exhaló, sorprendido.
"Tienes suerte, terrícola," Zarbon dijo en voz baja, la forma quieta y empapada de lluvia de Vegeta caída por encima de su hombro. "Podría haberte convertido en cenizas."
"Lo sé," respondió Goku seriamente. "Pero tú podrías convertirlo en cenizas también, si alguna vez revelaras todo tu poder."
Zarbon alzó una delgada ceja. "Volveremos a nuestra nave. Una vez que el Príncipe se haya recuperado volveremos por Radditz," dijo, mirando hacia el cielo. Estudió a Goku una vez más, su frío rostro mirando al Saiyajin de la tierra. "Hiciste lo único que pudo haber salvado tu cola. Si juegas bien tus cartas podrías ser capaz de comprar la vida de este planeta al prometer tu lealtad a él," sugirió, viendo los ojos de Goku angostarse. Se encogió de hombros, enviando al cuerpo de Vegeta rebotar ligeramente. "Piensa en ello. Volveremos," dijo, y se fue con una llamarada de ki.
Goku se recostó en la hierba húmeda, sus ojos parpadeando con lluvia y lágrimas. Estaba vivo. Vería a su esposa y a su hijo una vez más. Todo gracias a su hermano. Su pecho se alzó y cayó violentamente mientras buscaba con sus sentidos. Unos pocos momentos después los encontró; los kis de sus amigos parpadeando débilmente en la distancia, el de Gohan entre ellos. Entonces sus amigos e hijo estaban todavía vivos. Las espesas cejas de Goku cayeron un poco mientras se preguntaba por qué. Todos ellos juntos no estaban a la altura de Vegeta, aunque Gohan y Piccolo probablemente podían haberle dado una buena carrera. ¿Por qué sus amigos seguían vivos? Cerró sus ojos en la lluvia que caía e inclinó su cabeza hacia atrás. Ah, sí, ese sujeto Zarbon. Él era diferente a Vegeta. Debió haber convencido a Vegeta de alguna manera que matar no era una buena idea, aunque no tenía idea cómo el hombre de cabello verde hubiera hecho tal cosa, o incluso por qué. Zarbon era diferente de Vegeta, sí, pero Goku todavía veía fría violencia en él. Él todavía era capaz de matar millones a sangre fría. Entonces debían tener una razón distinta, una no basada en pena o compasión o siquiera deporte, por perdonarlos a todos. El cerebro de Goku pareció suspirar mientras se agotaba, su estómago gritando a través de la lluvia. Sacudió su cabeza y se levantó con cuidado, músculos doloridos y hemorragias internas haciéndolo enderezarse. Dando un paso en el resbaladizo césped casi se tropezó, sus rodillas pandeando en su agotamiento. Algo lo agarró de la parte de atrás de su gi y lo levantó hacia arriba hasta que fue capaz de poner sus piernas bajo él. Goku giró su cabeza lentamente, sus ojos medio cerrados sobre una sonrisa torcida. "Oh, hola, ¿cómo estás?" preguntó suavemente mientras se apoyaba en sus rodillas bloqueando sus codos.
Afilados, blancos dientes brillaron mientras eran mostrados. "Mal," respondió una voz áspera. "Vegeta hizo poco con nosotros. No estábamos muy... juntos cuando apareció."
Goku se encogió de hombros. "Sí, conozco el sentimiento," dijo con una risa corta. "Por suerte él tampoco estaba muy junto." Sus ojos se suavizaron mientras vio lo que Piccolo tenía doblando bajo un brazo. "Gracias, Piccolo," susurró, queriendo moverse y tocar el suave cabello pero fue incapaz de moverse sin caerse.
Piccolo gruñó y movió el peso del pequeño niño. "No lo salvé por ti. Él tiene sorprendente potencial y necesitábamos la ayuda. Desafortunadamente él parece tener bastante del famoso temperamento impaciente de su madre y se precipitó temprano."
Goku sonrió. "Espero que se le vaya."
Piccolo resopló con desdén. "Tendrá que irse. No tengo dudas en mi mente que Vegeta intentará matarnos a todos de nuevo. Me sorprende que no lo hiciera esta vez," murmuró mientras acariciaba el cabello de Gohan sin darse cuenta.
Goku miró el tierno gesto, su corazón enterneciéndose. Vegeta era malvado, no había duda de ello, pero el amor ciertamente había cambiado al Rey Demonio. Con suerte era un enemigo menos, y faltaba uno. "Creo que tiene que ver algo con ese Zarbon," ofreció, sin quitar los ojos de su hijo.
Piccolo lo miró con curiosidad distante. "¿Qué? No pensé que Zarbon fuera particularmente destacado tampoco."
Goku rascó su rodilla, sintiendo la tela húmeda con sangre. "Sí, lo sé," suspiró, "Pero no estaba loco como Vegeta. No sé si eso lo hace más o menos peligroso. Había habido algo realmente mal con Vegeta, y no había sido capaz de luchar con toda su fuerza." Luchó contra la decepción tiñendo sus adentros por no poder probarse contra ese poder, luego se recordó decir una oración silenciosa de gracias, porque si Vegeta hubiera estado saludable Goku se dio cuenta que probablemente se hubiera tenido que auto destruir para derrotarlo.
La cabeza de Piccolo giró, sus ojos centrándose en la distancia. "Los otros están listos," dijo en voz baja. "Por todo el bien que nos hace."
Goku comenzó a responder, luego recordó el final de su lucha. "Fue Radditz quien detuvo la lucha," espetó, sorprendido mientras recordaba.
"¿Qué?" Piccolo dijo con un ceño fruncido, mirándolo fijamente.
Los ojos de Goku se ampliaron mientras parpadeaban lejos el agua de lluvia. "¡Sí! Me dijo qué hacer dentro de mi cabeza, ¡y eso desarmó totalmente a Vegeta!"
Piccolo movió el peso de Gohan. "Qué inesperado," respondió entre dientes.
Goku asintió. "Debería ir a agradecerle," dijo, y se movió para subir a los edificios, sólo tomando unos pocos pasos antes de que sus ojos rodaran detrás en su cabeza y colapsara en el césped. Piccolo observó a la lluvia salpicar en la espalda de su gi naranja, el agua creando pequeños ríos mientras viajaba hacia abajo.
"Parece que es momento de una o dos senzu," murmuró al paquete aún inconsciente que sostenía, metiendo al niño más bajo su capa mientras se alzaba en el cielo.
