Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Épico

(Epic)

Un fic de The Prime Minister

Traducción por Apolonia


Algo cálido se retorció contra su costado, agarrándolo desde las profundidades del sueño. Su conciencia se rompió a través de la superficie y abrió los ojos, metiendo su cabeza en su pecho y mirando a su alrededor en confusión. Su cuerpo todavía le dolía, las contusiones profundas hasta los huesos mientras trataba de girarse hacia la figura junto a él, pero fue detenido por una suave mano en su hombro. "ChiChi," alcanzó a murmurar, lágrimas saltando a sus ojos al recordar el miedo que había sentido cuando pensó que nunca la volvería a ver.

"Estoy enojada contigo," dijo con petulancia, dándose vuelta y moviéndose hacia la mesita de noche. "Pero ya que volviste con vida esta vez estoy dispuesta a hablar del asunto." Movió su cuerpo más cerca del suyo y se puso sobre él, separando sus labios y dejar caer algo en su boca.

"¿Qué es esto?" murmuró alrededor del objeto.

ChiChi frunció el ceño. "Sólo cómelo. Piccolo dijo que lo tomes cuando despertaras."

Goku se encogió de hombros y lo masticó, ampliando sus ojos mientras la fuerza fluía a través de cada vena, el dolor desvaneciéndose y su vigor renovado.

"Senzu," exhaló, cerrando sus ojos con asombro.

"¿Mejor?" preguntó ella, poniendo una delicada mano en su bíceps.

"Mmm," contestó con un asentimiento, rodando de costado para poder mirarla.

Ella frunció el ceño, sus finas cejas negras juntas mientras su largo cabello negro suelto se derramaba sobre las almohadas. Su mano apoyaba su cabeza, su codo firmemente plantado en el colchón mientras la otra mano agarraba las mantas contra su pecho, sus ojos mirándolo. "Como dije, estoy enojada contigo. ¿Dónde demonios has estado?" dijo bruscamente.

"Me fui un año entero," Goku confió, mirándola a través de su flequillo.

Su ceño fruncido se profundizó. "¡Ya lo sé!" gruñó ella. "¿Crees que no conté los días?"

"No lo sé," respondió él con honestidad. "Yo estaba ocupado entrenando en la otra vida."

"¿Y ni siquiera te fijaste que estuviera bien?" dijo, la voz volviéndose de enojada a herida y viceversa. "¿Ni una sola vez?"

Goku frunció el ceño ligeramente. "Bueno, no. Sabía que estabas bien. Eres fuerte."

"¡No estaba bien! ¡Mi hijo y su esposo me fueron quitados el mismo día! ¡Me partió el corazón!"

Las cejas de Goku se arrugaron. "Lo siento, ChiChi. No sabía," murmuró.

"¿Cómo te sentirías si un día yo simplemente muero, ¿eh?" espetó. "Ah, me olvidaba, no te importaría porque pensarías que yo estaba bien." Se le llenaron de lágrimas los ojos y se los secó rápidamente.

"Un año entero," Goku murmuró en voz baja.

"¿Sabes cuánto duele?" preguntó ella. "Volvías a morir en mi corazón todos los días. "Moriste sufriendo dolor y yo sentí ese dolor todos los días durante el último año. Añadido a ese dolor de saber que no te preocupabas por mí, que estabas en alguna parte divirtiéndote y entrenando. Estaba bastante menos que bien," reiteró, resoplando.

Goku sintió que se le encogía el corazón a sus pies. "ChiChi, lo siento," intentó. "Tuve que entrenar por todo ese año o nadie hubiera sido capaz de luchar contra Vegeta."

"¿Y ni siquiera podías avisar?" dijo bruscamente.

Se escabulló un poco más cerca de ella. "No. Cada segundo mío era llenado con entrenamiento. Cuando estaba demasiado cansado para continuar, me levantaba y entrenaba un poco más. Tenía una buena razón para entrenar tan duro como podía absolutamente."

Ella frunció el ceño de nuevo. "Tú y tu complejo de tener que salvar al mundo," gruñó ella, secándose más lágrimas. Quisiera que el mundo se vaya y sólo nos dejara en paz de una vez."

Goku extendió la mano y limpió sus lágrimas con el pulgar, suavemente rizando sus dedos en su mandíbula. "A veces todo el mundo no importa, ChChi," murmuró. "A veces lo único que importa eres tú."

"¿Qué?" dijo ella, negros ojos mirándolo con incredulidad.

Su duda lo lastimaba. ¿Había sido siempre tan olvidadizo de ella? "Tú fuiste mi razón para entrenar. Sabía que si no podía protegerte nada significaba algo de todos modos. Siento que te hayas tenido que sentir tan mal."

Ella resopló y se volvió hacia un lado. "Fue tanto tiempo. Tanto que no escuchaba tu voz, que me abrazabas..."

Se acercó a ella y envolvió un brazo alrededor de ella, para darle un abrazo, pero ella se volvió en su agarre hacia él y lo besó en la boca en su lugar. Después de un momento se apartó, sus ojos abriéndose lentamente mientras ella se recuperaba de la sorpresa de ello. "Un año entero, ChiChi," susurró él, de repente siendo capaz de oler todos los maravillosos aromas que su cuerpo liberaba. Toda su suave, flexible piel se apretaba contra él. "Un año es mucho tiempo."

ChiChi tragó saliva y asintió. "Sí, demasiado," contestó.

Cerró sus ojos y la besó en su suave boca otra vez, moviendo su mano entre sus omóplatos y presionándola hacia él. Ella suspiró y puso sus manos sobre su pecho, doblando su pierna sobre la de él. Él soltó sus labios y la rodó debajo de él, besando sus clavículas y sujetándole las caderas con sus manos. Ella separó sus piernas y enterró la cabeza de él en su pecho, disfrutando de su calor. "Te amo," le susurró él contra la sedosa piel de su estómago mientras movía su cuerpo hacia arriba y contra el de ella.

"Yo también te amo," le respondió ella al oído, sintiendo los dulces ritmos de él haciéndole el amor mientras veía salir al sol.

Se quedó dormida no mucho tiempo después, su cabeza en la muesca de su hombro mientras él yacía envuelto a su alrededor, mirando al sol de la mañana viajar lentamente hacia arriba a través del cielo. Su respiración agitó los pequeños vellos en su piel, sus pestañas ocasionalmente haciéndole cosquillas mientras revoloteaban en su sueño. Él sonrió y mordisqueó en su oreja expuesta suavemente, acariciando su sedoso cabello espeso con una gran mano encallecida. Ella era tibia y suave contra él, y él disfrutó la sensación de sólo existir. La muerte había sido divertida, pero nada era mejor que esto. Escuchó la puerta abrirse detrás de él y giró su cabeza, rompiendo en una sonrisa cuando la desaliñada melena de Gohan se asomó en la habitación.

"¡Papá!" gritó el pequeño niño, saltando a la habitación, sus ojos brillando con lágrimas de alegría e incredulidad.

Goku desenvolvió un brazo de alrededor de su esposa y se apoderó del pequeño niño que se retorcía, presionando su nariz en el cabello que todavía olía a la limpieza de niño. "Gohan," murmuró, cerrando sus ojos. "Escuché que luchaste duro."

Gohan plantó sus manos en el pecho de su padre y asintió vigorosamente. "Mmmm," respondió. "El Sr. Piccolo me entrenó. ¿Cómo llegué a casa?"

Las cejas de Goku se juntaron un poco. "No lo sé. Yo también desperté aquí."

Gohan suspiró desde donde estaba sentado sobre el estómago de Goku. "Mami," susurró.

"No la despiertes," dijo Goku. "Tuvo un año difícil. Estuvo sola."

Gohan asintió, moviéndose con una mano demasiado fuerte para su edad y corriendo su cabello fuera de sus ojos. "Traté de volver a ella, pero el Sr. Piccolo dijo que no."

Goku rió suavemente. "No se puede discutir con Piccolo," respondió.

"Piccolo," ChiChi gruñó mientras emergía de su letargo.

Goku acomodó su cabello de su frente de nuevo. "Shhh. ¿Te despertaste?"

Los ojos de ChiChi se abrieron de golpe y se sentó erguida, sosteniendo la sábana en su pecho mientras miraba a Gohan. "¡Te levantaste!" gritó ella, arrojando sus brazos al niño y aplastándolo hacia ella.

"Mami," dijo el pequeño niño, notas de sufrimiento propagándose en su voz.

"Te extrañó, Gohan," Goku reprendió. "Yo también te extrañé."

Gohan sollozó, alejándose un poco de su madre. "Yo también los extrañé. Aunque el Sr. Piccolo cuidó muy bien de mí."

El rostro de ChiChi se endureció un poco, pero asintió. "Sí, ese horrible sujeto merece algún agradecimiento, supongo," dijo amargamente. "Los trajo a ustedes dos a casa ayer y dijo que te pusiera en la cama. Me dio algunas senzu para darles cuando se despertaran, pero no parece como si Gohan necesitara alguna. No fue muy amable con eso tampoco, si me preguntan."

"¡Mamá, el Sr. Piccolo es genial!" Gohan protestó

Goku rió, el sonido haciendo eco en su pecho. "¿Entonces qué estabas haciendo levantado, Gohan?" rió, encantado de oír los sonidos de su familia.

Gohan se enrojeció, dibujando un círculo en las sábanas con un dedo mientras quitaba los ojos de sus padres abrazados juntos. "Dibujos animados," murmuró. Vio a su madre abrir su boca para castigarlo y decidió apresurarse. "Luego sonó el teléfono. Tienes que llamar a Bulma, papá. Parecía muy molesta."

El rostro de Goku cayó mientras recordaba el día anterior. Vegeta volvería. Su familia estaría en peligro una vez más. "Me gustaría que hubiera una manera de cambiarlo," Goku murmuró para sí mismo, alejándose de su esposa e hijo y deslizándose entre las sábanas. "No creerías cuán fuerte es este sujeto Vegeta," dijo sobre su hombro a ChiChi mientras se ponía un par de pantalones.

"Quería llevarse al tío Radditz," Gohan ofreció, rascándose la mandíbula mientras sus ojos miraban a su madre con solemnidad.

"No me gusta ninguno de estos Saiyajin," ChiChi gruñó en voz baja.

"No son muy agradables," admitió Gohan. "Pero el tío Radditz los quiere mantener a todos a salvo. Él tiene miedo de otra cosa."

Goku pausó y se dio vuelta, la camisa en su mano, y miró a su hijo. "¿De qué estás hablando, Gohan?"

ChiChi puso al niño en su regazo y ambos miraron a Goku vestirse. "El tío Radditz realmente tiene miedo de algo, puedes sentirlo. Tiene miedo de que todos los Saiyajin morirán. Quiere que ambos tú y Vegeta estén vivos, aunque a mí no me gusta mucho Vegeta. Él y su amigo son malos," dijo Gohan, echándose hacia atrás contra su madre.

Las cejas de Goku cayeron un poco mientras se ponía su camisa. "Sí, yo también lo pienso," respondió, sonriendo a su hijo. "Pero Vegeta sería un gran compañero de entrenamiento. Es demasiado fuerte," dijo, un extraño fuego ardiendo en sus ojos. "Si pudiera volverme así de fuerte..."

ChiChi frunció el ceño. "Ni siquiera lo pienses, Goku," interrumpió. "Tienes otras responsabilidades además de luchar, sabes."

El rostro de Goku cayó. "Pero ChiChi," se quejó.

"¡No!" dijo bruscamente, deslizándose desde abajo de Gohan y tomando una bata. "No quiero escuchar más del asunto."

"¿Pero qué si Vegeta vuelve para matarnos de nuevo, mamá?" dijo Gohan, poniéndose sobre sus manos y rodillas en el colchón mientras su madre ceñía el cinturón de su bata.

Goku vio el rostro de su esposa apretarse con tácito temor. "¿Crees que Radditz nos ayudaría, Gohan?" preguntó él.

Gohan frunció el ceño. "No lo sé," admitió, gustándole que su padre estuviera haciéndole preguntas adultas. "Quiere mucho cuidar de ti, pero realmente se preocupa también por Vegeta, creo."

"¿Realmente crees que hay peligro, Goku?" ChiChi preguntó suavemente, una mano levantándose en la base de su garganta mientras sus ojos buscaban en su rostro.

Goku suspiró y se puso sus botas. "Creo que sí," dijo en voz baja. "Voy a visitar a Radditz ahora mismo y a averiguarlo."


Vegeta despertó furioso y rápidamente pasó su puño a través del vidrio del tanque, enviando fragmentos a todas partes mientras salía de la cámara en medio del agua que corría. Un técnico corrió para ayudarlo y él lo vaporizó con un ceño fruncido, enviando al resto del personal a correr. Un grito de ira arrancó su camino fuera de su garganta y bajó sus puños a su cintura mientras aullaba, su cola azotando de un lado a otro.

"Siempre estás de mal humor por la mañana, ¿no?" una fría voz dijo desde la entrada.

Vegeta se dio media vuelta para confrontarse con las frías y crujientes facciones de Zarbon. "¡Cállate!" gritó, alzando una mano y haciendo volar una explosión de ki.

Zarbon alzó una mano y le dio un manotazo fuera del camino, escuchándola rebotar en el pasillo y explotar. Esperó que no golpeara nada vital. "Hola a ti, también," dijo suavemente, deslizando el resto del camino en la habitación. "¿Ahora qué pasa?"

"¡Nada!" Vegeta bramó, mirando alrededor por algo para usar, su expresión como medianoche.

Zarbon suspiró y le dio un traje azul marino. "¿Será ese nada Kakarotto? ¿O los terrícolas? ¿Radditz?" preguntó. "¿O quieres que traiga más técnicos para que puedas matarlos y comenzar un motín?"

Los oscuros ojos de Vegeta se angostaron y abofeteó a Zarbon en el rostro tan fuerte como pudo. El hombre de cabello verde se tambaleó hacia atrás unos pocos pasos, una marca azul oscuro apareciendo en su pálida mejilla. Fríos ojos dorados lo miraron furiosamente. "Ya no toleraré más tu impertinencia," gruñó Vegeta, agachándose para ponerse sus botas.

La ira hirvió en el estómago de Zarbon. El advenedizo Saiyajin realmente era demasiado. Cada vez que estaba a punto de sentir pena por Vegeta él iba y hacía algo horrible. "¡Y yo no toleraré más tu estupidez! ¡Si vuelves a ponerme una mano encima de nuevo voy a dejarte de inmediato y vivir yo mismo en la Tierra, como aquel Namek!" Zarbon siseó en respuesta, su razón derritiéndose. "¿Qué diablos estabas haciendo ayer?"

Vegeta se puso rígido mientras se ponía sus guantes. "¿Qué piensas?" gruñó.

Zarbon cruzó sus brazos sobre su pecho, ignorando el palpitar en su mejilla. "Perdiendo tu cabeza," respondió secamente. "Casi nos destruyes a todos varias veces. Y ni siquiera tuviste éxito en recuperar a Radditz. Estabas en mal estado para empezar, y no me dejaste luchar para ti. Estos terrícolas son tan débiles que ni siquiera necesitábamos luchar. Podríamos haber entrado, tomado a Radditz y a Kakarotto sin luchar, y luego irnos, haciendo volar el planeta detrás de nosotros. Fin de la historia. ¿Hay algo más que te gustaría que te diga que estuviste haciendo ayer?" dijo, la voz aumentando en tono mientras su ira incrementaba.

Vegeta lo miró, sus negros ojos en llamas. "No necesito que me digas qué hacer," escupió.

Zarbon giró sus ojos y dejó caer sus brazos a sus costados. "Dios mío, Vegeta, ¡no estoy tratando de decirte qué hacer!" gritó, "Pero si fuera tú mejor escucharía. Tengo varias décadas más que tú y un par de esas las pasé como uno de los comandantes de Freezer. ¡Sé cómo lidiar con situaciones como esta, y harías bien en escucharme si quieres evitar que todo tu imperio caiga alrededor de tus estúpidos oídos!"

Los labios de Vegeta se apretaron en una fina línea y alzó su nariz en el aire un poco, un sonrojo moviéndose a través de sus mejillas y al puente de su nariz. "¿Terminaste?" dijo con frialdad.

Zarbon suspiró y bajó su cabeza. "Aparentemente," se quejó, sacudiendo su cabeza y cerrando sus ojos. ¿Lo escucharía el pequeño Saiyajin alguna vez?

Vegeta se puso su armadura y enderezó su ropa, incluso echando un rápido vistazo al espejo para asegurarse que todo estuviera en su lugar. "Bien," dijo con calma. "Nos vemos en mi habitación en una hora." Dio a su pechera un último tirón y lanzó a Zarbon una última mirada oscura antes de salir de la habitación.

Zarbon tomó un profundo respiro y llamó a la puerta con una cubierta mano, armándose de valor para lidiar con el testarudo príncipe. Esperó por unos minutos, pero no hubo respuesta. Llamó de nuevo, deteniéndose para escuchar. Todo estaba tranquilo dentro de la habitación, y él permaneció afuera, debatiendo si entrar o no. Se le habían dado los claros códigos, después de todo, pero realmente quería respetar la privacidad de Vegeta. Zarbon se quedó de pie en el pasillo y sopesó las consecuencias, tratando de decidir si Vegeta se molestaría más si llegaba tarde o si entraba sin permiso. Suspiró y puso dos dedos en su sien, tratando de aclarar su mente de la última hora para poder tomar una decisión. Nappa había llamado, iracundo sobre algo trivial, y parecían haber interminables quejas de los técnicos. Zarbon miró a la puerta y tragó. Tarde sería peor hoy, decidió. Si Vegeta estaba enojado que entrara en la habitación privada del Príncipe que así fuera. Tomó un respiro y entró su código, agachando su cabeza mientras la puerta se abría y entraba.

No esperó que el Saiyajin estuviera listo en la habitación. Vegeta estaba sentado en una silla hacia la ventana, sus pies sobre la mesa y su puño apuntalando a su barbilla mientras miraba al planeta bajo ellos. "¿Señor?" Zarbon preguntó suavemente, sin querer molestarlo si el Príncipe realmente estaba reflexionando. "¿Vegeta?"

La oscura mirada se alejó de la ventana y se encontró con la de Zarbon. "Casi llegas tarde," dijo con frialdad.

Zarbon detuvo un ceño fruncido. "Sí, lo siento por eso. Nappa estaba teniendo problemas en Arlia y tuve que calmarlo."

Vegeta sonrió, la forma de su boca la más mínima de las curvas. "Envíalo a Kijar de vacaciones. Eso debería aclarar su mente, ya que no piensa con la cabeza que está sobre sus hombros."

Zarbon le devolvió la sonrisa. "Ni siquiera quiero pensar en eso," respondió, corriendo una silla y comenzando a reclinarse ante la fría mirada de Vegeta que le recordó conservar su decoro. "¿En qué estabas pensando?"

Vegeta soltó un bufido. "Nada importante. Sólo en los terrícolas que quiero muertos, que suceden ser todos ellos."

Zarbon asintió, examinando sus uñas y ocasionalmente mirando afuera al planeta azul. "¿Cuál es el curso de acción a tomar?"

"Por qué no me dices," dijo Vegeta, tratando de sonar aburrido.

Eso dio a Zarbon qué pensar. Por primera vez Vegeta realmente lo había escuchado. El cerebro del pobre muchacho debe estar más dañado por el asalto psíquico de lo que pensó al principio. "¿Perteneciente a qué? ¿Qué sabes de este planeta?" respondió, curioso.

Vegeta se inclinó más en su silla y giró su atención hacia afuera de nuevo. "Quiero de nuevo a Radditz. Él será un mejor comandante que Nappa. Y quiero al hombre de la Tierra con cicatrices muerto," dijo con certeza.

Un suspiro escapó de Zarbon. "Bueno, eso ciertamente deja mucho que tratar," dijo. "Creo que en este punto sería mejor intentar ser amigable. Pusieron un buen espectáculo. Además, estoy curioso sobre esa mujer. Mucha gente parece estar protegiéndola. Me gustaría saber por qué."

Vegeta frunció el ceño ante la mención de la mujer. Recordaba esos ojos, todavía ardiendo en su memoria aunque ya no plagaban su cordura. "¿Tienen algo que ofrecer?" preguntó lentamente, tratando de recordar su rol de emperador.

Zarbon se encogió de hombros. "Yo no lo dudaría. Creo que debemos espiar algo mañana cuando vayamos a visitar a Radditz."

"Kakarotto," Vegeta dijo en voz alta mientras su memoria volvía al día anterior, preocupando la palabra como una piedra. "Un hijo de un soldado de tercera clase no debería ser tan fuerte."

"Radditz es más fuerte de lo que debería ser también," Zarbon le recordó. "No veo qué tiene de extraño."

El rostro de Vegeta se endureció y Zarbon supo que había tocado un punto importante. "Es casi tan fuerte como yo, Zarbon," dijo en voz baja. "Sólo creció bajo 1 G, y casi es tan fuerte como yo. Yo soy un súper élite y él es en el mejor de los casos un tercera clase."

"Sigo sin entender el significado. Todavía eres más fuerte qué él," Zarbon dijo, frunciendo el ceño.

Vegeta bajó su mano a la mesa con firmeza, sus dedos extendiéndose sobre la superficie y permaneciendo tensos en frustración. "El punto es, Zarbon," Vegeta dijo a través de dientes levemente apretados, "Que si un Saiyajin de tercera clase casi llega a mi nivel, ¿qué he estado haciendo con mi propio potencial?"

Zarbon giró sus ojos, algo que notó que estaba haciendo mucho últimamente. "Vegeta, tú eres el Saiyajin más fuerte en la historia reciente," protestó. "No veo cómo eso pueda ser algo malo."

La mano en la mesa se apretó en un puño. "Debería haberme superado hace mucho tiempo. Debería haber trabajado más duro," dijo, la mandíbula apretada y los ojos fijos en las estrellas del exterior.

La expresión de Zarbon se suavizó. "Creo que tus logros son extraordinarios. Ningún mamífero ha igualado alguna vez tus talentos en la historia del universo, salvo por ese Super Saiyajin de tu leyenda," dijo amablemente. "E incluso cuando alguien considera eso, tú eres de la misma línea de sangre, ¿no?"

Vegeta inclinó su cabeza un poco, su mandíbula relajándose un poco pero sus ojos todavía intensos. "Sí, soy descendiente de ese Saiyajin en particular. Sólo no puedo evitar la sensación de que si un soldado de tercera clase puede ser tan poderoso para su casta yo debería ser mucho más fuerte de lo que soy," dijo, la voz áspera en los bordes.

Zarbon se encogió de hombros y se movió en su asiento. "Tienes el resto de tu vida. Si estás preocupado por eso, entrena con él. Derrótalo. Eso debería poner a tu mente a descansar. Sólo ten cuidado de no matarlo; parece que sería un soldado eficaz en tu nombre," dijo cuidadosamente.

Vegeta llevó un nudillo a su labio inferior y frunció el ceño, su mirada perdida en las profundidades del espacio. "Podríamos usar a otro Saiyajin entre nosotros," estuvo de acuerdo. "Tendremos que preguntarle a Radditz sobre su relación con su hermano menor." Estaba tratando de ser curioso sobre la condición de Radditz, pero en cambio sus pensamientos se llenaron con ojos azules.

Zarbon notó la distracción de Vegeta y decidió cambiar el tema, inseguro de qué exactamente estaba sintiendo el Saiyajin. Vegeta siempre había sido volátil y de mal humor, pero desde el incidente del asalto psíquico era aún más imprevisible y delicado que de costumbre. "¿Te gustaría llevar nuestras naves personales como antes, o te gustaría una entrada más grande?" preguntó bruscamente, agitando una muñeca en el aire para enfatizar su indiferencia.

Los oscuros ojos de Vegeta se deslizaron hacia los de Zarbon y se clavaron en él. "Grande, creo. Aterricemos la nave nodriza en el césped de la mujer. Eso debería ayudarlos en darse cuenta exactamente quiénes somos." Eso debería poner a ese arrogante hombre con cicatrices en su lugar también, pensó para sí mismo.

Zarbon asintió. "¿Mañana, entonces?" preguntó. Necesitaba tiempo para alistar su guardarropa y el del Emperador a su vez como asegurarse que la tripulación estuviera equipada adecuadamente. La apariencia formaría la mayor de las impresiones que los terrícolas tendrían de ellos y de sus propósitos, si las batallas de los días anteriores no habían arruinado completamente sus posibilidades de ganarse confianza suficiente para un reconocimiento.

Vegeta, por una vez, estaba pensando en su vestuario también. "Sí, mañana será ideal. ¿Puedo confiar en ti para que me encuentres algo adecuado para usar?"

Los ojos de Zarbon se ampliaron levemente en sorpresa. ¿Vegeta estaba preocupado por su apariencia? "¿Puedes confiar en mí?" preguntó, un poco herido. ¿No deberías conocer la respuesta a eso a estas alturas?"

Vegeta ladeó su cabeza y dejó relajar su boca un poco. "Entendido, Zarbon. Haz lo que tengas que hacer en preparación, luego pasa el resto del tiempo descansando o lo que sea que hagas en tu tiempo libre. Los pobres oficiales pueden hacerse cargo de las cosas por unas pocas horas."

Zarbon casi tuvo que sostener su mandíbula físicamente para evitar que cayera al suelo. ¿Vegeta lo había escuchado? ¿Qué había causado el cambio en el humor del Saiyajin? Miró fijamente a su empleador por unos pocos momentos antes de juntarse y darse cuenta que mientras más pronto hacía las cosas más tiempo podría pasar para arreglarse. "Gracias, Vegeta," dijo, parpadeando. "Tendré todo visto a toda prisa."

Los negros ojos se giraron, de nuevo hacia la Tierra. "No esperaría nada menos," dijo Vegeta, la voz casi un susurro.


"¿Llamó, señor?" preguntó desde la puerta, las manos cruzadas detrás de su extensa espalda mientras miraba a la sala.

"Sí, Dodoria. Entra y cierra la puerta detrás de ti," la voz dijo desde la silla flotante.

Dodoria tragó y miró alrededor de la oscurecida habitación, la atmósfera en el cuarto espesa con pesados, oscuros pensamientos y emociones que eran casi tangibles en su intensidad. Dando unos pocos pasos hacia adelante entró y cerró la puerta antes de detenerse en el apoya brazo de la silla flotante. "¿En qué puedo servir?" balbuceó, su rasposa voz engrosada más por el temor que estaba comenzando a extenderse en las bases de su multitudinaria espina.

"Necesito que hagas un mandado," dijo Freezer, mirando a la oscuridad de la habitación sin ver nada.

"Lo que desee," respondió Dodoria, su miedo creciendo. Freezer se había vuelto más déspota desde el fallecimiento de su hermano. Cuanto más se acercaban al centro del imperio de King Cold más irritable se ponía Freezer. Por supuesto, las llamadas de King Cold nunca parecían ser un buen augurio, y era posible que Freezer sólo estuviera molesto de ver a su padre. Dodoria sabía que ciertamente él no quisiera ser responsable de nada por el Rey, mucho menos la muerte de un hermano.

"Quiero que vayas a Rihon 8," dijo Freezer, negros labios separándose mientras sus ojos se angostaban en su cabeza con cuernos.

Los propios ojos de Dodoria se ampliaron en los púrpuras, carnosos pliegues, mientras estaba shockeado hasta su misma esencia. "¿Rihon 8? ¿Pero no es allí donde desaparecieron Zarbon y Vegeta?" jadeó.

Los crueles ojos de Freezer se deslizaron hacia el gordo rostro de Dodoria, la mirada fría y amenazante. "Precisamente," dijo en voz baja y peligrosa.

"¡Pero hemos perdido ya otra misión desde entonces!" protestó Dodoria. "¿No crees que sería arriesgado enviar otra?"

La expresión de Freezer se afiló hasta que parecía que su misma mirada podía cortar a alguien en dos. "El producto vale el precio," respondió. "¿Me estás cuestionando, Dodoria?"

Dodoria sintió sudor hacer su camino entre las espinas de su rosada cabeza. "Claro que no, señor. Sólo es que estamos a tanto meses del sistema de Rihon, y podría ser más rentable si esperamos hasta que nuestros propios viajes estén más cerca."

Los labios de Freezer se separaron en un gruñido, su mano agarrando una copa apoyada en el brazo de su silla y lanzándola al suelo. "Maldita sea, Dodoria, ¡quiero que encuentren a esos DOS!" gritó, sus ojos en llama. "¡Nuestra última misión no perdió su camino y no quiero el mismo error otra vez!"

Dodoria se acurrucó lo mejor que pudo mientras estaba de pie frente a la silla flotante. "Sí, señor," graznó, sin atreverse a moverse y limpiar el sudor que rodaba de su piel llena de baches. "¿Qué es exactamente lo que necesita?"

Freezer se acomodó de nuevo en su silla un poco sin renunciar a la postura que sugería que en cualquier momento se levantaría y comenzaría a volar las cosas al olvido. "Quiero que tomes un acorazado y cuatro naves auxiliares y vayas al sistema de Rihon. Trae a cualquier soldado y armas que necesites, pero espero un informe completo. Tráeme de vuelta a Vegeta, incluso si son sólo restos cuando lo encuentres, pero de ninguna manera lo dañes más. ¿He sido claro?"

Dodoria asintió. "Sí, Lord Freezer," respondió. "¿Cuándo voy a buscar las naves y los suministros?"

Freezer suspiró y dio un golpecito al brazo de la silla, pareciendo más su antiguo, calmado ser. "Tomaremos algunas naves de mi padre cuando lleguemos allí y luego puedes despegar de inmediato."

"Eso tomará algunos meses, señor."

"No me importa lo que tome, Dodoria. Sólo hazlo."

Dodoria se reverenció, una mano frente a su abdomen, y comenzó a salir de la habitación. Estaba casi en la puerta cuando algo se le ocurrió. "¿Y qué hay de Zarbon, señor?" preguntó.

Escuchó a Freezer suspirar, la tapicería de su silla chirriando con el sonido. "Si no está muerto ya destrúyelo," dijo en voz baja.

"Como desee," respondió Dodoria y se fue de la habitación, un escalofrío inexplicable abriéndose paso por su espina todo el tiempo.