Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Épico
(Epic)
Un fic de The Prime Minister
Traducción por Apolonia
Pasó sus dedos por la suave piel de su pierna, siguiendo a la maquinilla de afeitar mientras la llevaba suavemente a través de su carne. Su ceño se frunció en concentración, con cuidado como siempre de estar al tanto de la relación de la hoja de afeitar con ella, tratando de no cortarse como había indefectiblemente hecho en el pasado. Con un suspiro, su mano se deslizó un poco y la afeitadora la melló, un fino hilo de sangre apareciendo mientras el agua borboteaba en respuesta a su movimiento. Bulma gimió y se dejó caer en el lado de la bañera, descansando la base de su cráneo en el borde mientras dejaba caer sus brazos en el agua perfumada y enjabonada. No importaba lo mucho que lo intentara, nunca parecía arreglárselas para afeitarse las piernas sin cortarse. Apretó su boca en una línea molesta y apoyó su pierna sobre el borde de la bañera, mirando como la sangre empezaba a coagularse y endurecerse. Todo lo que quería era un baño relajante, uno alejado de los hombres heridos y sus demandas. Radditz había sido un puñado por sí mismo, y ahora tenía que enfrentarse a Yamcha también. Ese hombre realmente tenía que haber sido puesto en un hospital, pero él insistió en quedarse junto a ella en caso de que Vegeta volviera. Suspiró de nuevo, revolviendo ausente el agua con un dedo, sus ojos semicerrados. No es que Yamcha pudiera hacer algo para salvarla de todos modos. No es que ella realmente quisiera que lo hiciera. Resbalando su trasero hacia abajo se sumergió hasta el labio superior en el agua caliente y burbujeante, respirando con fuerza por la nariz cuando una burbuja callejera amenazó con hacerla estornudar. Quería estar lejos de todo esto, desde el miedo al regreso de Vegeta, desde las oscuras miradas intensas de dos hombres en sus camas de hospital, comiéndola viva con sus ojos, lejos de las preguntas sin sentido de Goku y de las demandantes llamadas telefónicas de su esposa. ¿No había nadie que le transportara lejos de sus problemas?
En algún lugar lejos de la casa oyó un timbre del teléfono, la voz de su madre ahogada mientras saludaba a la llamada anónima. Su mente vagó mientras observaba las burbujas innumerables desintegrarse ante sus ojos, marcando el paso de instante tras instante. Su cerebro se desenvolvió del presente, recordando los acontecimientos de los últimos días.
Se había asegurado que Yamcha estuviera siendo atendido antes de abandonarlo y entrar en la habitación de Radditz, sintiendo todo el infierno y azufre, exigiendo saber qué estaba pasando. "¿Por qué está tratando de matarnos?" había gritado al hombre postrado en la cama, moviendo un puño con ira.
"Es su manera," Radditz había respondido, su expresión fría pero sus ojos sin dejar de su cuerpo.
"¡No me importa!" había gritado, iracunda. "¡No es la manera en que hacemos las cosas aquí! ¿Qué pasa si todos mueren?"
Los ojos de Radditz la habían devorado, dándole la sensación de ser jalada bajo el agua. "Tú no vas a morir. Yo daría mi vida para protegerte."
Eso le había hecho detenerse. Ella había tenido su mano levantada como si fuera a darle una bofetada, pero la bajó luego para descansarla en la baranda de la cama. "¿Qué?" dijo, la voz ya no confiada.
El solemne rostro de Radditz la estudió, su gran mano cubriendo la suya de pronto, embebiendo su extremidad con calor. "Yo siempre te protegeré," murmuró, sus masivos músculos moviéndose mientras él cambiaba de posición en su cama.
"No creo que nadie sea ser capaz de protegerme de ese monstruo," dijo, recordando la muerte que llenaba los ojos de Vegeta. Se había preguntado si era su propia muerte que lo consumía. Radditz frunció el ceño y trató de levantarse, pero ella lo había empujado hacia abajo, sintiéndose incómoda en extremo y sin quererlo móvil en ese momento. "Espera," había dicho, y se escurrió para revisar una vez más a Yamcha.
Había resultado que Goku había sobrevivido muy bien, gracias, al parecer, a la estrategia de Radditz y al cuidado de Piccolo. Sólo le había tomado un par de días volver del Camino de la Serpiente, y aunque él había tenido toda la intención de irse una semana antes y regresar antes de la llegada de Vegeta, Kaio-sama había pensado que era mejor que Goku se quedara y usara los días adicionales para entrenar. Todo había funcionado a fin de cuentas, salvo por la amenaza de volver de Vegeta cerniéndose sobre sus cabezas.
Bulma sopló más burbujas y bufó en el agua, dándose cuenta que todo su ceño fruncido estaba estrechando su ceja y dándole dolores de cabeza. Resolvería no preocuparse más por Vegeta. Yamcha, por el contrario, era una historia completamente diferente. Estaba seriamente herido, y sin embargo no la quería fuera de su vista, con temor por alguna razón de que ella encontrara problemas de Radditz o Vegeta en cada esquina. Habían discutido entonces, haciéndole agradecer a las estrellas que no había consentido casarse con él. Luego miraría su cuerpo finamente trabajado moverse bajo las cobijas, y su cuerpo recordaría con añoranza la sensación de su tacto y el cariño que había formado con ello. Recordaría cómo él se dirigía hacia ella en la noche, su suave respiración haciéndole cosquillas en las curvas de su oreja mientras él le susurraba palabras de amor, las estrellas parpadeando entre las cortinas mientras ella pestañeaba en la tenue luz. Había habido calidez allí, y dulzura, pero demasiadas demandas, demasiado necesitaba él de ella. Los ataques de petulancia siempre habían sido los peores, sus ataques de pucheros infantiles acentuando lo que fuera que ella ya estaba enojada. Estaba frunciendo el ceño en las burbujas, los dientes apretados levemente bajo el agua enjabonada, cuando su madre entró en la habitación.
"Bulma, cariño, es posible que quieras salir del baño," dijo, sorprendiendo a su hija.
Bulma se ahogó en el agua y se sentó, parpadeando. "Uh, claro. ¿Por qué?"
Las finas cejas de la Sra. Briefs bajaron por un momento de su habitual altura de arcos de alegría. "Acabo de recibir una llamada de tu padre. Dice que una de las unidades de satélite acaba de ser pasada por algo entrando a nuestra atmósfera. Algo grande."
Los ojos de Bulma se ampliaron al tamaño de platos. "¿Tan pronto?" espetó. ¿O era tarde? No habían vuelto y habían pasado varios días. "¿Qué hacemos?"
La Sra. Briefs sonrió y se encogió de hombros, entrando al baño y sacando la bata de su hija de la pared. "Bueno, he comenzado algunas galletas y té helado. Estoy segura que tendrán hambre cuando lleguen aquí."
La boca de Bulma se redondeó en shock mientras se metía en la bata que su madre le ofrecía. "Tienes que estar bromeando. ¿Vas a jugar a la anfitriona?" dijo, dando al nudo de su cinturón una cincha adicional en su sorpresa.
Su madre asintió y acarició a Bulma suavemente en el hombro. "Por supuesto. No puede hacer daño," ella dijo suavemente.
Bulma miró a su madre, estupefacta. No haría daño, no, pero realmente no podría cambiar nada tampoco. Si sólo supiera cuán fuertes eran tal vez entonces se podría hacer algo... pero espera... "Si no podemos derrotarlos al menos tendremos información," murmuró para sus adentros.
"Haz lo que quieras, pero por favor, ¡ten cuidado!" advirtió a su madre, abriendo la puerta y corriendo para salir de la habitación.
"¿Qué se mete dentro de esta chica?" su madre se preguntó en voz alta, poniendo una mano en la jamba mientras miraba a su hija correr por el pasillo.
Vegeta se puso de pie, mirándose en la superficie espejada de la puerta mientras la nave temblaba un poco, sus piernas expandiéndose para aterrizar. Su corazón se sentó en la parte de atrás de su garganta y y martilleó, sus nervios tintineando sin razón mientras trataba de relajar su mandíbula apretada. No tenía razón para estar nervioso, se dijo, y revisó su reflejo una vez más. Zarbon estaba detrás de él y él miró los dorados ojos deslizarse sobre él, las cejas de color verde oscuro cayendo un poco con algo de emoción. Conociendo a Zarbon probablemente era preocupación. Él parecía tener un montón de inútiles emociones por el estilo. Finalmente la nave se acomodó, un sonido de silbido viniendo de las rejillas mientras la presión era liberada, el metal chirriando mientras la puerta se abría lentamente hacia abajo, de a poco dejando entrar el color del cielo azul y las grandes nubes ondeando a través de su expansión. Parpadeó en la luz, un poco sorprendido después de la infinita oscuridad del espacio, y concentrado en la hierba que se extendía ante él al final de la rampa.
"Levanta tu cabeza. Eres un rey," la profunda voz de Zarbon dijo suavemente desde detrás de él, y contuvo, aunque sea sólo por un instante, la inflexión de su padre.
"Soy el rey," Vegeta susurró para sí mismo, sus labios sin moverse. Alzó sus ojos lentamente, no del todo sorprendido por la multitud que vio reunida allí, mirando boquiabierta a la nave. Mientras la luz entibiaba su rostro fue consciente de sus facciones acomodándose en sus posiciones habituales de desprecio y piedra y sintió su estómago apretarse en un nudo con el frío. Reconoció a la mayoría de la gente reunida, casi todos los guerreros con los que habían luchado, y sintió un temblor de alegría en su pecho mientras notaba el mal velado temor en sus ojos.
"Treinta y cuatro mil," escuchó a una alta voz proclamar. "No está mal, según como entiendo las cosas."
Vegeta se centró en el ruido, sus cejas hundiéndose hacia un punto sobre su nariz mientras la molestia burbujeaba dentro de él. La que hablaba era esa mujer de cabello azul, la de los ojos. Gruñó y estuvo contemplando en bajar rápido allí y matarla. Ese idiota de Kakarotto, de pie un poco más lejos de su lado, probablemente intentaría detenerlo, pero no había manera concebible que el Saiyajin de la Tierra pudiera vencerlo. Luego vio la mente verde a través de su ojo, el auricular de plata brillando bajo el débil sol. "¡Un scouter!" escuchó a Zarbon jadear, vociferando sus propios pensamientos también. Giró su cabeza a su ayudante, aliviado cuando vio que las frías facciones de Zarbon se habían compuesto perfectamente, desmintiendo el tono de su voz.
Lidiaremos con eso a su debido tiempo, Vegeta pensó hacia él, y miró en satisfacción mientras Zarbon parpadeaba varias veces. El otro hombre nunca podría lidiar con la telepatía Saiyajin. Preséntate tú.
Zarbon instó a Vegeta a moverse hacia adelante hasta que ambos estuvieron de pie en el césped, la enorme sombra de la nave oscureciendo el suelo. Esperó mientras las tropas comenzaban a derramarse fuera de la nave, pululando a través del césped como hormigas mientras formaban sólidas paredes de cuerpos detrás de su líder. Satisfacción amenazó su camino a través del rostro de Zarbon mientras las expresiones de los guerreros terrícolas se apretaban y su piel se palidecía ante la vista de la amplia variedad de soldados. Casi todos los sectores del ejército de Vegeta estaban representados; saurianos, del tipo insecto, grandes mamíferos peludos, todos estaban presentes y contemplando a los terrícolas, haciéndolos atreverse a hacer un movimiento. Por supuesto, con el scouter los terrícolas sabían que ninguno de los soldados era comparable a sus propios niveles de energía y habilidades, pero varios cientos de luchadores armados con la tecnología Arliana perforadora de ki no era cosa de risa. Miró los ojos de la mujer de pelo azul ampliarse mientras echaba un buen vistazo al equipo de los soldados, su mirada absorbiendo con avidez los dispositivos alienígenas. Aclaró su garganta un poco y todas las tropas prestaron atención, saludando, haciendo a varios de los terrícolas contraerse. "Les presento a los pueblos de la Tierra al Emperador Vegeta del Nuevo Imperio Saiyajin," proclamó Zarbon, alzando su voz por sobre las multitudes y llevando sus palabras a los vientos.
Vegeta alzó una mano, callándolo. "He venido a buscar a Radditz," dijo Vegeta, el tono frío mientras angostaba sus ojos a la multitud. "Tráiganlo en este instante."
La mujer al parecer había tenido suficiente. "De ninguna manera, señor," dijo, desconectando el scouter de su cabeza y caminando al frente de la multitud.
"¡Bulma!" dijo alguien, y Vegeta reconoció al bajo hombre calvo, agarrando el brazo de la mujer como si fuera para detenerla. "¿Qué dirá Yamcha si haces que te disparen?"
La mujer sacudió al hombrecillo violentamente. "No me importa lo que suceda. No voy a permitir que la curación de Radditz sea interrumpida," dijo, y continuó caminando hacia la base de la rampa. Se detuvo a varios pies por debajo de Vegeta y le agitó un dedo. "Ahora escúchame tú," gruñó. "Radditz estuvo gravemente herido y todavía no se ha recuperado por completo. ¡No hay manera que yo vaya a permitirte que tú sólo lo arrebates y agraves su condición!"
Vegeta la miró fijamente. "Terrícola, no tienes nada qué decir al respecto," dijo en voz baja, pesadas cejas comenzando a bajar aún más y su cola a desenrollarse de alrededor de su cintura mientras apretaba su mandíbula, examinándola con atención.
"¡Demonios que no!" dijo ella, arrojando un brazo al aire mientras se forzaba hacia adelante hasta que estuvo justo frente a su rostro. "No me importa si eres un emperador o el líder espiritual de todo el universo libre, ¡no vas a interferir con mi paciencia!"
El brazo de Vegeta se azotó y la tomó por detrás del cuello, apretando duro en el punto de presión detrás de su oreja para paralizarla. La atrajo más cerca, su boca en su oreja, su pulgar corriendo levemente de arriba hacia abajo del gran tendón en su cuello. "Escucha, terrícola, tenemos tecnología a bordo que se hará cargo de sus heridas en una cuestión de horas. ¿Honestamente eres lo valiente suficiente para rechazar el tratamiento de uno de mis súbditos?"
Ella lo miró fijamente durante un buen rato, ira hirviendo en sus ojos. Su agarre no se apretó, y él liberó el punto de presión. Ella se relajó un poco en su fuerte mano enguantada y le frunció el ceño con ganas. "¿Tienes esa clase de tecnología?" murmuró ella después de un tiempo.
Vegeta asintió solemnemente, sus ojos nunca dejando su rostro. "Sí. Eso y mucho más," respondió él, desenroscando sus dedos de alrededor de su cuello.
Ella dio un paso atrás y se frotó el cuello con cautela. "Bien. Bajo una condición," dijo ella, el ceño fruncido sin dejar su rostro mientras luchaba contra el miedo que rastrillaba sus garras a través de las paredes de su estómago.
Una de las cejas de Vegeta se alzó como un pájaro asustado en vuelo. "¿Condición? Mujer, tú no estás en posición alguna de imponer condiciones," gruñó, su cuerpo tensándose bajo su mejor armadura y pesada capa roja.
Zarbon rápidamente se puso entre ellos, mirando a la mujer con brillantes ojos dorados. "Señorita, yo creo que es el mejor de los intereses para tu planeta que nos permitas cuidar de Radditz," dijo con frialdad.
Bulma tragó. "Como dije, bajo una condición," dijo enojada. "Tienen que compartir su tecnología."
Zarbon se permitió una gélida sonrisa mientras trataba de evitar que Vegeta se enfureciera más. "Me temo que estás exagerando el valor de Radditz para el Imperio," dijo con altivez.
"Tal vez sí," dijo ella, girándose para mirar sobre su hombro. "Pero la Tierra no carece de recursos," se burló, señalando detrás de ella a las líneas de sus amigos guerreros allí reunidos.
Zarbon soltó una risa ártica. "Oh sí, me olvidé de tus amiguitos. Si miras a través de tu dispositivo verás cuán graciosa es esa afirmación," dijo, mostrando sus colmillos.
"Por favor, Bulma, quiero que mi hermano se mejore," un hombre dijo a su lado, y Zarbon lo reconoció como el nuevo Saiyajin, Kakarotto.
Los hombros de la mujer se desplomaron mientras ella soltaba un gran suspiro. "Goku, estoy lidiando con alienígenas furiosos ahora," dijo con impaciencia.
"Lo sé. Pero Radditz no se está poniendo más saludable," instó Goku, tomando su manga en su mano, como solía hacer cuando era pequeño.
Zarbon frunció el ceño; la situación estaba deteriorándose rápidamente. Quería que todo este asunto de la Tierra fuera bien y pensó que las buenas relaciones con el pequeño planeta azul serían lucrativas para el imperio de Vegeta. Quería desesperadamente el scouter de regreso- haría las comunicaciones mucho más fáciles, igual que lo ayudaría a él y a las tropas que como él no podía leer niveles de poder con sus sentidos como Vegeta podía, y parecía como si la mujer tuviera la tecnología como para reparar el de Radditz. Si ella podía repararlos podía ciertamente producir ese tipo de artilugios de manera masiva. Se preguntó qué otra clase de artilugios ella podía producir. "Mi Lord," murmuró a Vegeta, los oscuros ojos del Saiyajin deslizándose de inmediato hacia él. "Creo que debemos aplicar diplomacia."
Vio a Vegeta alzar una mano a su boca, presionando el inclinado dedo índice a su labio superior y frunciendo el ceño. "Soy consciente de tu preocupación, Kakarotto," dijo con severidad, sus ojos sólo parpadeando a través del otro Saiyajin antes de descansar en los azules ojos de la mujer. "Por lo tanto traeremos nuestro equipo fuera de la nave y trataremos a Radditz en su ubicación actual. "¿Será eso satisfactorio?"
Ella lo miraba en respuesta, sus ojos fijos a los de él y sin pestañear. "Sí, eso sería aceptable," dijo ella, la voz un poco menos confiada que antes. Las cejas de Zarbon se bajaron faccionalmente en confusión; ¿se estaba dando cuenta ella finalmente lo que significaba invitar a alienígenas conocidos por exterminar pueblos enteros en su casa? ¿Tenía miedo de él y de Vegeta? Permitió la curva de una pequeña sonrisa agraciar su boca, porque debía tener miedo. Vegeta no dudaría en matarla si se interponía en el camino... ¿entonces por qué estaba actuando tan extraño? Los dorados ojos de Zarbon se centraron en la figura del príncipe, que estaba siguiendo a Kakarotto y a la mujer dentro del edificio. Vegeta sólo estaba a pocos pasos detrás de ella, su cola completamente enrollada y sostenida con firmeza detrás de él, la punta mirando hacia el suelo y ocasionalmente teniendo espasmos de lado a lado, como si estuviera intentando controlarla y casi teniendo éxito. Aunque Zarbon no entendía ni un poco lo de la cola, sí entendió la mirada en el rostro de Vegeta mientras la seguía: odio.
"Señor, ¿le gustaría que desmontemos el tanque y lo llevemos tras el Emperador?" una voz dijo a su izquierda.
Zarbon parpadeó mientras era sacado de sus pensamientos y miró al soldado, un Arliano. "Uh, sí," respondió distraído, todavía confundido. "Hazlo inmediatamente."
El Arliano se reverenció y comenzó a gritar órdenes a las tropas mientras Zarbon seguía mirando a los terrícolas. El pequeño hombre calvo lo estaba mirando, sudor girando al costado de su brillante cabeza. El hombre de tres ojos estaba allí también, con la pequeña cosa de aspecto de muñeca. ¿Qué era, su mascota? El tercer ojo se angostó y se dio cuenta que el hombre le estaba frunciendo el ceño, pero el miedo estaba en sus ojos al igual que estaba escrito a través de las facciones del hombrecito calvo. Sonrió y miró de lado a lado. Ninguna señal del pequeño niño o del Namekiano, o el hombre con cicatrices por el contrario. Se preguntó vagamente si el hombre con cicatrices había muerto por las heridas que Vegeta había infligido, luego decidió que no lo había hecho, de lo contrario la mujer hubiera estado mucho más angustiada. Ella parecía tener algún tipo de relación con el sujeto. Algo tiró en el borde de la mente de Zarbon con eso, algo que pensó que debería ser importante pero no podía entender. Mientras se quedaba reflexionando sintió un tirón muy real en su mente, uno de un iracundo príncipe. "Estoy yendo," susurró, y flotó hacia el edificio en el que Vegeta había desaparecido.
Entró en la habitación y entró en el infierno.
Vegeta estaba gruñendo e incrementando su poder, su roja capa ondeando en el viento creado por su energía mientras juntaba todo cada vez más alto. La mujer terrícola estaba gritando y sosteniendo sus antebrazos frente a su rostro mientras se ponía entre Vegeta y una de las camas en la habitación. Kakarotto estaba frente a otra cama, su aura repentinamente ardiendo a la vida al igual que comenzaba a moverse hacia la mujer.
Una amarga, masculina risa se alzó sobre todo eso. "No te molestes, Bulma," dijo la voz. "Va a encontrar una manera de matarme no importa qué hagas."
La mujer alejó su atención de Vegeta, girando su cabeza para mirar al hombre en la cama. "¡Maldición, Yamcha, he puesto demasiado tiempo y esfuerzo en ti para dejarte morir ahora!" dijo, alzando su voz para que pudiera ser escuchada por sobre el chasquido de cables y el raspado de máquinas mientras eran movidos a través del suelo por el torbellino de Vegeta. "¿Por qué te quiere muerto de todos modos?" demandó ella, y giró sus chispeantes ojos azules al rostro lleno de ira de Vegeta.
Zarbon había tenido suficiente. Ya no iba a permitir que Vegeta fuera una bala perdida. "¡Vegeta, ya basta!" gritó, incrementando su poder instantáneamente a su máximo con máxima soltura.
"Wow, ¡realmente eres bueno!" dijo otra voz, y Zarbon giró su mirada dorada sobre Kakarotto, que estaba sonriendo ampliamente. "¿No es esto divertido?"
La mandíbula de Zarbon cayó. ¿Qué demonios pasaba con el hombre? ¿No se daba cuenta que estaba al borde de la destrucción? Sus amplios ojos notaron que el aura de Kakarotto era casi tan grande como la de Vegeta, y se dio cuenta que el otro Saiyajin realmente se ESTABA divirtiendo. Kakarotto justificaba mirar, pensó mientras luchaba su camino a Vegeta a través de la arremolinada masa de maquinaria y técnicos médicos. "¡Vegeta!" rugió Zarbon.
Vegeta se rió de nuevo, girando sus negros ojos y posándolos con furia sobre su compañero. "No te preocupes, Zarbon, sólo tomaré a este, ¿está bien?" rió entre dientes, dando otro paso más cerca a la mujer y a la cama.
"¡No!" gritó ella, y tomó a Vegeta por las correas de su armadura, dándole una buena sacudida aunque su aura tendría que haberla quemado. Ella gritó mientras sus brazos cayeron a través de su ki y sus dedos se curvaban alrededor de las correas. Vegeta jadeó y el aura parpadeó fuera de la existencia, mirando mientras los ojos de la mujer giraban hacia atrás en su cabeza y comenzaba a caerse.
"¡Bulma!" varias voces sonaron al mismo tiempo, pero a ella no se le permitió caer al suelo. Fuertes manos la sostuvieron a un pie sobre las baldosas, acunándola suavemente mientras la apoyaban con cuidado en el suelo. Zarbon jadeó en sorpresa mientras veía quien la sostenía, la increíble masa de cabello derramándose en el suelo entre ellos dos.
"¡Radditz!" Goku gimió, corriendo al lado de su hermano. "¡No deberías haberte levantado de tu cama!"
Radditz no miró a su hermano, en cambio fijando sus negros ojos con los de Vegeta. La sangre se filtró lentamente bajo su abdomen, el tejido una vez más desgarrado. Una de sus grandes manos hizo su camino bajo la cabeza de la mujer y suavemente tocó alrededor, evaluando su estado. La otra mano fue tiernamente a su brazo, levantándolo y examinando su piel, los negros ojos nunca dejando a Vegeta mirarla, su mirada casi una caricia física mientras viajaba a lo largo de su cuerpo. Su cola se desenrolló de su cintura y se apoyó en el suelo detrás de él, la punta rápidamente moviéndose de un lado a otro en ansiedad. Cuando pareció decidir que ella estaba bien alzó sus ojos una vez más para mirar a Vegeta, que estaba inmóvil como piedra, sus brazos cruzados contra su pecho y el rostro dibujado en una fría, dura, implacable línea. "Mi señor," susurró Radditz, verdadero alivio cruzando su rostro. "Gracias a las estrellas que estás bien."
Vegeta alzó una ceja, sin descruzar sus brazos. "Absolutamente no gracias a ti," gruñó.
Radditz comenzó a hablar pero fue detenido por un ataque de tos, su hermano corriendo a su lado. "Tienes que volver a la cama," Goku dijo mientras ayudaba al enorme hombre a ponerse de pie y tambalearse a su cama.
"Bulma," Radditz susurró.
"Estará bien," Goku le aseguró. "Evitaste su caída."
Radditz tosió de nuevo y asintió, cerrando sus ojos por un momento. "Entonces las esferas del dragón funcionaron," graznó.
"¿Eh? ¿Esferas del dragón?" Zarbon espetó. "No sabía que los dragones tuvieran...
"¡Shh!" Vegeta interrumpió. "¿Qué es eso, Radditz?"
"Los terrícolas tienen esferas mágicas que permiten cualquier deseo en ser concedido. Temí que estuvieras muerto, así que superé a los guerreros aquí y deseé que todos los Saiyajins asesinados en el último año sean resucitados," Radditz respondió débilmente, su mano buscando en su herida y presionándose contra ella.
"Entonces tú eres responsable por Nappa," Zarbon intervino, tocando el costado de su rostro en realización.
Radditz frunció ante la vista del hombre de cabello verde. "¿Qué demonios estás haciendo aquí, asesino?" siseó.
Zarbon jadeó en sorpresa. "¿Asesino? ¿De qué diablos estás hablando?"
El gruñido de Radditz se amplió, sus afilados caninos brillando en la luz mientras echaba sus labios hacia atrás. "¡Fuiste enviado para matarnos a todos y yo no iba a dejar que eso ocurriera!"
Vegeta los silenció con una onda de una mano enguantada. "Suficiente. Kakarotto, ve a buscar a los técnicos médicos de mi nave para la mujer y Radditz," ordenó, y Goku lo miró fijamente en shock. "¿Estás sordo, hombre?" Vegeta gritó. "¡Ve!"
"Sí, Vegeta," Goku dijo aturdido, y salió corriendo de la habitación.
Vegeta desempolvó sus guantes uno contra el otro y suspiró. "¿Todos son incompetentes?" suspiró mientras se arrodillaba al lado de la mujer, sus dedos buscando por pulso. Ella gruñó a su tacto, sus facciones una máscara de dolor y miedo, pero no se despertó. Su estómago se hizo un nudo y se volvió frío ante la visión de ella, pero cuidadosamente educó a su propio rostro y se puso de pie lentamente. "Radditz, te aconsejo que hables más respetuosamente a mi ayudante personal," advirtió.
Radditz estudió a su príncipe, entrando en la vista de él cuidadosamente. Vegeta parecía más viejo, su cuerpo finalmente con la consistencia de un hombre, su torso y muslos cableados con maduro músculo y los suaves bordes tallados lejos de su rostro, dejando planos angulares. "Pido disculpas, mi príncipe."
¿Entonces cómo te las arreglaste para derrotar a todos los terrícolas en tu dañado estado? Nappa ni siquiera estaba revivido hace medio año atrás, así que tú no pudiste haber estado bien cuando pediste tu deseo," Vegeta continuó, ignorando la disculpa de Radditz.
"Los tomé por sorpresa y Kakarotto, el más fuerte de ellos, estaba muerto. No creerías cuan tontos y confianzudos son estos humanos," Radditz dijo con desdén. "¿Pero qué es eso de Nappa, si puedo preguntar, señor?"
"¡No todos nosotros confiamos en ti!" pregonó el hombre con cicatrices desde la cama. Zarbon golpeó su frente. ¿El hombre tenía un deseo de muerte? ¿Estaba tratando hacer que Vegeta lo matara?
Por suerte Vegeta estaba ignorando al hombre. "Nappa muró momentos después de que te fuiste de Arlia. Él apareció repentinamente cuando Zarbon y yo estábamos juntando planetas. Es una historia larga y tendrás que preguntarle a Zarbon." Alzó su cabeza y miró mientras era interrumpido por la entrada de los técnicos médicos. "Puedes escuchar sobre eso después," continuó mientras los técnicos comenzaban a armar los tanques. "Zarbon, levanta a Radditz y mételo en un tanque," ordenó, levantando él mismo a la mujer. Zarbon alzó una ceja y Vegeta sintió que la rabia lo llenaba una vez más. "Diplomacia," gruñó. Zarbon se encogió de hombros y se acercó a Radditz, agachándose y levantando al enorme hombre en sus brazos.
"Aléjate de mí, fenómeno," gruñó Radditz, tratando de alejar a Zarbon.
"Radditz," advirtió Vegeta, su voz mortal.
Zarbon suspiró. "Honestamente, Radditz, puedes ser tan cabeza dura. Estoy tratando de ayudar, por el amor de dios," dijo, girando sus ojos con exasperación y gruñendo mientras levantaba al Saiyajin en el aire. Radditz era extremadamente pesado y tan alto como el mismo Zarbon, pero aún así estaba seriamente delgado, notó Zarbon mientras cargaba a Radditz al tanque y lo ponía en el interior con suavidad.
Vegeta puso a la mujer en el otro tanque mientras todos miraban y se puso de pie, suspirando. Caminó hacia el tanque de Radditz y puso una mano enguantada en el vidrio mientras el artefacto se llenaba con líquido. "Podemos hablar sobre esto cuando estés mejor," dijo con severidad, y la visión de Radditz vaciló mientras el fluido llenaba sus ojos y se hundía en la inconsciencia.
Zarbon y Vegeta salieron de la habitación para ser abordados por una sonriente mujer rubia que arrojó una bandeja en su dirección. "¿Té?" dij, sonriendo.
Goku salió a su lado y sonrió también. "No gracias, Sra. Briefs," dijo amablemente. "Estamos cansados, creo." Se giró y señaló a Vegeta y a Zarbon. "Esta es la Sra. Briefs. Ella es la madre de Bulma,"explicó.
"Encantada en conocerlos," dijo ella con una pequeña reverencia.
Zarbon se inclinó en respuesta, todavía sorprendido y molesto. "Igualmente," dijo. "Yo soy Zarbon y esta es su excelencia, el Emperador Vegeta."
La Sra. Briefs ladeó su cabeza, todavía sonriendo. "Oh, ha pasado un tiempo desde que un emperador se ha quedado aquí. Creo que la última vez fue hace seis años atrás," reflexionó. "De todos modos, ¡tú debes ser el Vegeta del que Radditz ha hablado tanto!" cantó. "Él es tan lean, sabes."
"Lo sabemos," respondió Zarbon, cruzando sus manos detrás de su espalda y mirando a Vegeta con el rabillo del ojo. Ella era muy confianzuda y alegre para alguien que casi había tenido a su hija volada de la existencia por el que ella le estaba ofreciendo bebidas.
"Bien," dijo ella, y extendió la mano, acariciando su brazo. "Oooh, ¡eres uno firme, también!" exclamó.
Las mejillas de Zarbon se enrojecieron. "Ah, bueno, gracias," tartamudeó, mirando en shock mientras ella revoloteaba al lado de Vegeta.
Su mano alisó la capa sobre su hombro y le dio una palmada en su bíceps también. "Wow, tú también eres ajustado," dijo con un silbido. "Y moreno, para empezar. ¡Bulma se enloquece por los hombres morenos!" rió, guiñando su ojo a Vegeta. "Ahora ustedes dos vengan a la cocina si se sienten hambrientos, ¿sí?"
Vegeta retrocedió de ella, sus ojos amplios con horror, y asintió aturdido, la boca colgando abierta y las mejillas en llama. Ella sonrió más y pavoneó por el pasillo fuera de la vista. "Ooo, eres lindo, ¿no Veggie-chan?" susurró Zarbon.
"Cállate," gruñó Vegeta, secándose sus mejillas con el dorso de su guante como si el rubor fuera algo que pudiera quitar.
Goku miró en curiosidad. Estos dos eran realmente extraños; no podía determinar si eran amigos o no. Todo lo que sabía era que eran realmente fuertes. Lo que le daba una idea. "Hey, quien entrenar?" dijo.
Zarbon y Vegeta giraron sus cabezas al mismo tiempo para mirarlo. "Uhhh... no ahora, Kakarotto," Zarbon dijo con inquietud. "Acabamos de terminar un largo viaje y tenemos... um... cosas que atender."
"Por favor, llámame Goku," Goku respondió con una sonrisa. "Y entiendo, creo. Sólo díganme si se aburren en algún momento, ¿está bien?" preguntó, y se alejó por el pasillo.
"Este planeta está completamente loco," Zarbon murmuró a Vegeta mientras caminaban hacia la luz. La mayoría de las tropas habían entrado a la nave, aunque había algunos pocos de los guerreros de la Tierra con los que habían luchado antes parados afuera como si fueran guardias.
"Pero tienen nuestros scouters," respondió Vegeta, empujando la capa detrás de él mientras caminaba de nuevo hacia la nave.
