Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Épico
(Epic)
Un fic de The Prime Minister
Traducción por Apolonia
Zarbon caminó por la rampa y en el crepúsculo, suspirando mientras la cálida brisa le hacía cosquillas en su piel y le alborotaba el pelo. Había sido un largo y extraño día, y no estaba logrando poner todas las piezas del rompecabezas. Se estaba muriendo de hambre, por una parte, y cansado por otra. Tal vez aceptaría la oferta de la madre de la mujer de pelo azul de alimentos. Se encaminó hacia el edificio principal, cuando se dio cuenta de que no había visto a Vegeta por un tiempo. Deteniéndose en seco en el césped en el que estaba de pie, poniendo sus manos en su cintura y frunciendo el ceño a los arbustos. ¿Cuándo fue la última vez que había visto al Príncipe? Había estado allí cuando regresaron del desagradable incidente en la enfermería hace unas horas, él estuvo presente cuando se turnaron para gritarle a Nappa por el comunicador, él estaba allí cuando Zarbon fue a buscar algo de documentación sobre la Tierra, y luego se había ido. Entonces una hora, claro. Vegeta se había ido por aproximadamente una hora. Zarbon llevó una mano a su rostro y se tocó una mejilla en pensamiento. Habían tantas cosas que considerar; Kakarotto, el Saiyajin de tercera clase que era casi tan fuerte como su Príncipe, la mujer de pelo azul con toda su tecnología, Radditz, y luego la importancia de la familia de la mujer. ¿Su madre había dicho que habían acogido un emperador antes? Sin duda parecía que estaban acostumbrados a que dignatarios los visiten, y si este fuera el caso, ¿quiénes eran ellos en el gran esquema de las cosas? Y luego estaba el mocoso de Kakarotto- un medio-Saiyajin. Los humanos y los Saiyajin mezclándose. ¿Por eso Radditz era tan protector de la mujer? Sintió a sus cejas juntarse abajo en el centro de su frente y rápidamente suavizó sus facciones, sobre todo para asegurarse de no regalar nada al enemigo sino también para impedir la realización de cualquier arruga antiestética. "Vegeta, ¿dónde estás?" exhaló, volviendo su cabeza y mirando en todas direcciones. Después de unos momentos se dio por vencido; Vegeta podría estar en los casquetes polares, por todo lo que sabía. Tal vez Radditz estaría despierto. El cielo sabía que el Saiyajin había estado en la Tierra lo suficiente como para divulgar gran cantidad de información.
Vagó en la habitación y se detuvo, al ver la torre rebelde de cabello de Vegeta. El Saiyajin estaba de pie con una mano enguantada pegada contra el vidrio de un tanque, con el ceño fruncido y los ojos fijos en la mujer flotando en el líquido azul y espeso del interior. "No estás pensando en ella como mascota, ¿verdad?" Zarbon dijo en voz baja, caminando detrás de Vegeta después de que el silencio se hiciera demasiado extraño para que lo soportara.
Vegeta bufó pero no lo miró. "Dios, no. Ella tiene el temperamento más asqueroso que he visto," se quejó.
Zarbon sonrió. "Nunca has estado mucho a tu alrededor, ¿verdad?" preguntó jovialmente.
El ceño fruncido de Vegeta se hundió más. "¿No tienes nada más que hacer que molestarme?" dijo, la voz llena de irritación.
Zarbon se puso tenso. Vegeta se encontraba de buen humor. Perfecto, justo lo que necesitaba. "Hmph. Sólo quería ver si Radditz ya estaba levantado. Me gustaría hablar con él sobre este planeta."
Vegeta seguía sin girarse, en cambio mirando el largo cabello de la mujer flotar sobre finas nubes en el líquido, su rostro pálido e impecable a través del cristal. "Habla con Kakarotto," dijo en voz baja. "El tonto ha vivido aquí toda su vida."
Zarbon ladeó la cabeza. Vegeta estaba en lo cierto, si alguien sabía algo sobre la Tierra sería un terrícola. No se podía llamar a Kakarotto realmente un verdadero Saiyajin, y ciertamente no actuaba como tal. Suspiró y se acercó al tanque de Radditz, revisando rápidamente el tiempo restante. Cincuenta minutos más. Mirando por encima, vio que la mujer sólo le quedaban cinco aproximadamente. Tal vez eso era suficiente tiempo para que buscara algo para comer. Echando una última mirada a su Príncipe suspiró y salió por la puerta.
Vegeta oyó a Zarbon irse pero no se dio vuelta. Agradeció el tiempo a solas para pensar, y había ordenado a todos los técnicos de medicina y al torpe y viejo padre de la mujer fuera de la habitación hace mucho tiempo. Había algo relajante en ver a los cuerpos dormidos acunados en sus camas acuosas, flotando felizmente en el olvido. Observó el esbelto cuello de la mujer curvarse ligeramente mientras su cabeza se balanceaba en el líquido, el cabello fino girando a su alrededor como telarañas. La imagen de sus ojos azules ardió en su cráneo, y ardió con furia mientras los recordaba. ¡Cómo se atrevía ella a hacerle eso! Miró a su cuello una vez más, pensando en lo frágil que se había sentido bajo su mano, la piel suave y los huesos delicados. No tomaría nada sólo salir y romper ese cuello, y luego sería libre, liberado de la mirada de aquellos ojos azules. Apretó su otra mano contra el tanque mientras se inclinaba contra él, sus dientes expuestos en una mueca mientras la frustración se abría paso a través de él como un sacacorchos. Mientras observaba, notó aletear los párpados. Pequeñas burbujas escapando de alrededor de la boquilla del tanque y los ojos se abrieron, azul adentro de azul. Ella estaba mirando directamente hacia él, y la mirada detuvo su circulación en frío en sus venas. ¿Qué iba a hacer él ahora? Ella miró a su alrededor, sus ojos amplios y con pánico, y de repente apretó sus palmas contra el cristal a su lado. Sus ojos iban de aquí para allá, y él se dio cuenta que estaba buscando una salida. Miró por un momento mientras su alarma crecía antes moverse y pulsar un botón. Ella vaciló en el interior del tanque mientras se iniciaba el proceso de drenaje, y tan pronto como el líquido estuvo debajo de su barbilla arrancó la boquilla y la miró por un instante antes de levantar sus ojos a los de él. El líquido terminó de drenarse y ella lo miró fijamente, señalando a la boquilla. "Esta cosa es increíble," dijo sin aliento. "¿Cómo lo hacen?"
Vio cómo ella trató de dar un paso y tropezó, su mano disparándose y tomando la de ella para que no cayera. "No es asunto tuyo, todavía," dijo con frialdad. "Tómalo con calma. Estarás débil por un par de horas después de estar atrapada en un tanque."
Ella se apoyó en su mano y se tambaleó hacia delante, agarrando el otro lado del portal para mantener el equilibrio. "Gracias," ella murmuró, sus miembros sintiéndose entumecidos. Su corazón había empezado a correr con miedo cuando lo vio mirándola desde afuera del tanque, su rostro ceñudo ondeado por el líquido en el que se encontraba inmersa. Todavía podía sentir sus músculos teniendo contracciones por la energía que se había disparado a través de su sistema cuando metió sus manos dentro de su aura. Bulma nunca había estado dentro de un aura de ki de un guerrero antes, nunca había sentido la extraña calma de poder cursando a través de sus venas en el interior del aura, nunca sintió el dolor abrasador del borde de la misma aura. ¿Era ese fortalecimiento extraño lo que ellos sentían cada vez que incrementaban su poder? ¿Es por eso que siempre tenían que luchar? Ella parpadeó, todavía sin estar acostumbrada a las luces brillantes después de su tiempo de recuperación. ¿Ellos también sentían el dolor como el borde delantero de su ki cauterizando su circulación mientras se manifestaba? Miró a Vegeta, a sus oscuros y afilados rasgos, y se dio cuenta con asombro la fuerza que debía tener dentro de él, qué tipo de disciplina debía contener para soportar ese terrible poder y el dolor que traía. Abrió su boca para comentar, preguntar, cuando fue atrapada por un ataque de tos. Algo de líquido debió haber entrado en sus pulmones, y se tiró hacia adelante con la fuerza de su movimiento, su cabello pegado a sus mejillas con su humedad fibrosa. El espacio se inclinó de repente, y se dio cuenta a través del apretamiento en su pecho que se estaba cayendo, que todavía estaba fatigada y aún no se podía sostener antes de caerse. Cerró sus ojos y esperó, todavía tosiendo, cuando calientes manos la levantaron, la suave tela moviéndose a través de sus clavículas mientras sólido músculo la anclaba. Jadeó por aire y sintió un fuerte golpe en su espalda, líquido de repente burbujeando de entre sus labios. Las cálidas, fuertes manos la dieron vuelta y se enfrentó con los negros y ardientes ojos de Vegeta, llenos de muerte. Él frunció el ceño más profundamente y levantó un dedo enguantado, limpiando el líquido fuera de su boca como se podría hacer por un niño. Ella se sonrojó y bajó su mirada, avergonzada.
"¿No escuchas, tonta?" dijo él, con voz suave pero áspera.
Ella sintió una ceja temblar, tratando de evitar que la ira saltara del su interior. "¿Qué?" ella gruñó.
Él sonrió, la curva de sus labios burlándose. "Te dije que estarías débil."
Ella se alejó de sus cálidas manos furiosamente pero reluctante, porque el aire en la habitación parecía frío en su ropa húmeda y él parecía genera suficiente calor para varias personas. "No estoy acostumbrada a recibir órdenes. Recuerda, tu puesto aquí no tiene significado."
Él se endureció un poco, su cola relajándose y azotándose de aquí para allá. "Tal idiotez es obviamente un efecto colateral de tu cabeza dura," dijo fríamente, alzando su nariz un poco en en aire.
"Mira quién habla," respondió ella, luego suspiró. Ya peleando con los invitados. Invitados con tecnología que ella quería. Si hubieran tenido estos tanques para empezar, Radditz nunca hubiera estado en tal mal estado. "Escúchame," comenzó ella, lista para capitular. "Sobre estos tanques..."
"Háblame de tecnología cuando tu cerebro no esté inundado," respondió él, y se volteó sobre sus talones con un chasquido de su roja capa. Los ángulos de su cuerpo estaban llenos de ira y peligro, y ella decidió que no presionaría a su suerte mientras él salía de la habitación.
Zarbon asomó su cabeza en la cocina y la giró de un lado a otro. No se veía demasiado diferente de las instalaciones de preparación de alimentos que había encontrado en otros planetas, aunque partes de ella parecían más bien anticuadas. Había una mesa en el medio de la habitación, y su boca instantáneamente comenzó a babear cuando vio pilas de comida en su superficie. Miró alrededor y entró en la habitación totalmente, sintiéndose furtivo y sin saber por qué. Rápidamente yendo a la comida, cerró sus ojos y tomó un profundo respiro, sus fosas nasales llenándose de vapor y aroma y generando un profundo suspiro. "Pensé que vendrías aquí eventualmente," una voz aguda sonó, y Zarbon se quedó duro, las manos detrás de su espalda y sus mejillas ardiendo con vergüenza mientras veía a la madre de la mujer de pie detrás de un mostrador.
"Lo siento mucho," murmuró él, y se volteó para irse.
"Oh, no, no seas tonto," dijo ella, la voz en un tono muy dulce. "Siéntate y come. Debiste haber tenido un día terriblemente largo." Tomó una bandeja cargada con lo que parecía una especie de verduras y se la llevó.
"Uh, sí, fue bastante largo," admitió él, jugueteando con su capa detrás de su espalda. Aquí estaba, uno de los guerreros élite del universo, ¡y una pequeña mujer terrícola lo estaba haciendo sentir como un niño otra vez!
"Entonces siéntate," ordenó ella, apoyando la bandeja y sacando un plato. "Hay un montón de comida. No te preocupes por guardarle a alguien más, hay mucho más en camino." Con eso comenzó a amontonar el plato con comida de una variedad de pilas.
Zarbon extendió sus manos frente a él. "No, realmente, tenemos provisiones en la nave, y realmente debo estar volviendo de todos modos, y," comenzó, cuando una delicada mano se disparó y lo volvió a sentar en la silla.
"Come, joven," dijo, bajando el plato frente a él y dándole un utensilio de cuatro puntas para comer.
Zarbon luchó contra la confusión girando dentro de él. "Um, gracias, uh..." comenzó, alzando su vista hacia ella con dorados ojos y parpadeando.
"Sra. Briefs, cariño, ya nos hemos conocido," dijo ella, caminando hacia un armario y sacando un vaso. "Sabes, tienes un cabello hermoso."
Zarbon se sonrojó de nuevo. "Gracias," dijo agraciado, insertando un poco de comida en su boca y sorprendido por lo sabrosa que estaba. A ella le gustaba su cabello, y a él ya le estaba empezando a gustar ella. Tal vez este viaje a la Tierra no fue tan mala idea después de todo.
"¿Estás bien?" gritó ella mientras se precipitaba en la habitación, casi chocando con la barandilla de metal mientras se estrellaba contra la zona de su mesita de noche.
Yamcha rió amargamente y le sonrió. "Sí, estoy tan bien como se puede esperar," dijo, el rostro repentinamente serio. "¿Cómo estás tú? ¿Ese bastardo te lastimó?"
Bulma negó con su cabeza. "En realidad no. Fue mi estupidez. Ya sabes como siempre parezco meterme en problemas," respondió.
"Sí, lo sé," murmuró él. "¡Y luego te enojas conmigo por preocuparme por ti! Demonios, Bulma, incluso te cortas al afeitarte." Se movió y puso su gran mano sobre la de ella.
Ella sonrió incómoda. "Sí, bueno, soy una adulta y puedo cuidar de mí misma," se quejó, alejando la mirada.
Él la miró con seriedad. "No tendrías que preocuparte por eso si sólo me dejaras cuidar de ti," dijo en voz baja.
Ella deslizó su mano fuera de debajo de la de él. "Maldición, Yamcha, ¡no quiero ser cuidada!" dijo con irritación. "Sólo quiero que me dejes ser yo y lo disfrutes, sin preocuparte por mí constantemente o pensando cómo puedes vivir mi vida por mí. Quiero que me dejes con mis propios recursos, ¿no puedes respetar eso?"
Él simplemente la miró por un buen rato, observando su respiración. "Te amo," dijo finalmente. "Yo quiero lo mejor para ti."
Ella frunció el ceño. "¿Cómo sabes que lo mejor para mí eres tú?" respondió.
Él alejó la mirada, guardando su mano y dejándola descansar en su abdomen en un punto que no estuviera cubierto con vendas. "Estás empapada," murmuró. "Será mejor que vayas a cambiarte antes de que te resfríes."
Ella se enderezó y apretó sus puños a su lado. "Eres imposible," dijo ella, y se fue de la habitación.
Se dirigía hacia sus aposentos como un nubarrón a través de un cielo de verano, retumbando con energía y bloqueando las delicias de un día cálido, cuando Vegeta la encontró en el pasillo. No dijo ni una palabra, o siquiera la miró por más de una fracción de segundo, pero casi pudo oír su risa burlona mientras él se movía por el pasillo. Su ira ardió más alto. Dos horribles, estúpidos hombres, y otro esperando en el tanque. ¿Qué diablos iba a hacer con todos ellos?
Zarbon dio unas palmaditas a su estómago mientras caminaba y tarareaba para sí mismo, disfrutando la plenitud que sentía. La comida había estado maravillosa, mucho mejor que la de la nave, incluso a pesar que sus cocineros no eran lamentables en lo que al espacio se refiere. ¿Tal vez la Sra. Briefs sería considerada para un puesto en su nave? Rió para sí mismo mientras se la imaginaba en la cocina de la nave en su delantal, agitando una cuchara y brillantemente dando órdenes a un grupo variopinto de alienígenas mientras viajaban a través del hiperespacio. Su risa fue detenida en seco cuando escuchó una conmoción desde la rampa sobre él, las figuras silueteadas en la luz de la nave. El grito llegó a sus oídos, las sílabas stacatto de estándar asaltando a sus tímpanos y estimulándolo a la acción. Con una maldición levitó y se movió hacia la entrada de la nave, su rostro dibujado en una máscara de furia y lleno de voluntad para acabar con vidas. ¿Era uno de los guerreros de la Tierra tratando de atacar la nave? Pensó que podría ser, ellos realmente no habían mostrado ninguna señal concreta de cordura hasta el momento y no les dejaría dejar tal acción. Una sonrisa cruzó su rostro ante la idea, y se dio cuenta que realmente no le molestaría golpear a uno o dos de ellos por su estupidez. A la Sra. Briefs no le gustaría, pero a veces se tienen que hacer sacrificios. Había llegado a la multitud y comenzó a buscar su poder pero se detuvo en shock mientras se daba cuenta lo que estaba pasando. Sus tropas estaban reunidas alrededor de un viejito con un gato negro aferrado a su hombro, mirando desde detrás de unos grandes anteojos y emanando el hedor de plantas ardiendo. Uno de los soldados se movió para tomarlo y sacó algo de su bolsillo y lo arrojó. Zarbon se movió hacia atrás mientras los soldados rápidamente salían del camino del pequeño objeto, jadeando cuando parecía explotar por encima de las cabezas de los soldados. De repente una cosa de aspecto a una caja apareció de la nada y aterrizó en el soldado, clavándolo al suelo. El soldado gruñó con el impacto y varios de sus compañeros de tripulación corrieron a ayudarlo. Zarbon golpeó un pie en la pasarela de metal y plantó sus manos en sus caderas. "¿Qué DEMONIOS está pasando aquí?" gritó, frunciendo el ceño oscuramente.
"¡Este viejo estaba tratando de entrar en la nave!" cantó uno de los soldados, apuntando al individuo.
Zarbon se hizo camino con sus hombros a través de las tropas y se puso de pie frente al anciano, frunciendo el ceño. "¿Qué estabas haciendo?" gruñó, durados ojos brillando.
El anciano se ajustó su bata blanca de laboratorio y suspiró a través de su grueso bigote. "Sólo quería hacer un recorrido de tu magnífica nave, eso es todo," murmuró, mirando a su alrededor con malicia. "Esta cosa es absolutamente una obra maestra."
Zarbon ignoró los elogios, la ira hirviendo a través de su sistema. "¿Quién eres tú? ¿En qué estabas pensando? ¿Qué le hiciste a uno de mis hombres?" dijo bruscamente. Algunos de los soldados comenzaron a avanzar, esos que estaban mostrando los dientes, pero Zarbon levantó una mano para detener su avance.
"Soy el Doctor Briefs, el padre de Bulma, el dueño y presidente de la Corporación Cápsula," respondió el anciano, incorporándose y acariciando al gato posado en su hombro.
Zarbon suspiró. Genial, el sujeto era una especie de presidente. Eso explicaría por qué la Sra. Briefs había mencionado haber hospedado emperadores antes. Este hombre debía ser su esposo. "¿Corporación Cápsula?" preguntó después de un momento.
El hombre asintió, si cabellera gris lavanda circulando en todas direcciones con el movimiento. "Sí, de hecho. Somos la corporación tecnológica más grande en el mundo. Sí, somos los líderes. Nuestro producto principal son las cápsulas, que mi esposa y yo comenzamos a comercializar hace muchas décadas. Acabo de arrojar una de nuestras cápsulas de almacenamiento general a uno de tus compañeros. No parecía amigable, sabes," respondió.
Los músculos alrededor de los ojos de Zarbon se apretaron mientras sintió los comienzos de un estresado dolor de cabeza. "¿Quieres decirme que esa gran caja estaba alojada en esa diminuta cosa que arrojaste?" preguntó con escepticismo. Tal vez el hombre estaba verdaderamente loco.
El Dr. Briefs asintió. "Así es. Nuestra especial tecnología patentada lo hace posible."
"¿Te ganas la vida vendiendo tanques de almacenamiento?" Zarbon dijo con incredulidad, alzando una ceja mientras bajaba la otra.
El Dr. Briefs sonrió. "Oh, cielos, no," rió. "Podemos encapsular cualquier cosa. También construimos aeronaves, unidades de refrigeración, comunicaciones, radares, satélites, casas rodantes, aviones, demonios, cualquier cosa que puedas nombrar que tenga algo que ver con tecnología lo fabricamos y encapsulamos."
Ahora esto era interesante. "Eso es bastante increíble," dijo Zarbon, cruzando sus brazos sobre su pecho. "¿Puedes demostrarlo?"
El Dr. Briefs sonrió. "¡Por supuesto, hijo!" dijo, y buscó en sus bolsillos una vez más. Algunos de los soldados jadearon y otros comenzaron a avanzar, pero una vez más las miradas de Zarbon demandaron silencio. El humano tomó un pequeño contenedor cilíndrico y hundió el émbolo en la parte superior, arrojándolo sobre el lado de la rampa. Hubo otra leve explosión y cuando el humo se aclaró un vehículo que flotaba yacía en el césped.
Los ojos de Zarbon se ampliaron. "Muy bien, te creo," murmuró, sorprendido. Las implicaciones de tal tecnología eran ilimitadas. La Tierra parecía estar volviéndose cada vez más valiosa segundo a segundo.
El Dr. Briefs sonrió y asintió con su cabeza. "Me alegro que estemos de acuerdo, gracias," dijo con orgullo. "¿Ahora podría ver tu nave?"
Zarbon parpadeó. "Uh, bueno, no es mucho," dijo. "Sólo tu modelo estándar."
El Dr. Briefs sacudió su cabeza. "Nosotros todavía no tenemos profundo viaje espacial aquí, sin embargo," dijo con tristeza. "Hemos estado modificando la nave de Radditz, pero no tenemos nada así de avanzado en este punto en el tiempo. ¿Podrías darme un recorrido?"
"¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué todos están mirando boquiabiertos como tontos?" una aguda voz cortó en el aire. Zarbon gruñó. Sólo su suerte que Vegeta eligiera ese momento para aparecer.
Zarbon miró mientras la multitud se apartaba para dejar pasar al Saiyajin. Vegeta echó una mirada alrededor y a la multitud, sus ojos evaluando la situación. "Sólo estaba pidiendo a este amigo aquí un recorrido, muchacho mío," comenzó el Dr. Briefs. Uno de los soldados gruñó y se lanzó al anciano, las manos extendidas y apuntadas al cuello del Dr. Briefs. Vegeta mostró sus dientes y se lanzó hacia adelante, enganchando al soldado por una correa de la armadura. Sus dedos se cerraron alrededor de la tira y jaló, el material expandiéndose mientras el impulso del soldado lo llevaba hacia adelante. El material se contrajo de nuevo de inmediato, haciendo que el soldado aterrizara sin ceremonias en una esfera sobre las blancas botas del Emperador. El soldado miró a Vegeta en horror, temblando.
"Zarbon, asegúrate de que se lidie con este soldado," Vegeta dijo fríamente, sus ojos brillando.
"Sí, señor," Zarbon dijo con una sonrisa malévola. Varios soldados podrían tener que ser lidiados, si parecían estar dispuestos a poner en peligro la misión de la Tierra. Sintió a su corazón saltar en anticipación. Había estado demasiado ocupado en intentar mantener la cabeza de Vegeta fuera del agua que no había logrado encontrar tiempo para matar a nadie en un buen tiempo. Tal vez incluso podría hacer que los soldados lucharan un poco antes de que acabara con sus vidas.
El Dr. Briefs jadeó y se apresuró al lado de Vegeta, envolviendo sus manos alrededor de las correas de la armadura del Príncipe y dando un pequeño tirón, haciendo un sonido de alegría mientras el material se estiraba. Zarbon sintió que la sangre se iba de su rostro mientras la molestia se manifestaba sobre las facciones de Vegeta. "¡Esto es algo fabuloso!" dijo el Dr. Briefs, probando de nuevo el material. "¿Hasta dónde se estira? ¿Se endurece después de estirarse? ¿Alguna vez se rompe, o se desgarra en cambio? ¿Qué hay de los costos de fabricación?" preguntó el anciano, tocando la pechera de Vegeta y mirando alrededor a todas las armaduras también.
Zarbon liberó un respiro mientras las facciones de Vegeta se relajaban. "Zarbon, muéstrale cómo se acomoda al cambio de tamaño," ordenó Vegeta, y Zarbon inhaló profundamente, sintiendo parte de su mente hacer clic mientras iniciaba la transformación. Sangre corrió en sus oídos mientras sentía su cuerpo expandirse y sus músculos aumentar de tamaño, deslizándose fácilmente en su natural y poderosa forma sauriana. La armadura cambió de tamaño con él y escuchó al Dr. Briefs reír de alegría.
"¡Eso es maravilloso!" exclamó el Dr. Briefs, juntando sus manos. "¿Entienden las implicaciones de tal material? ¡Ya puedo pensar en las posibilidades!" cantó, pavoneando alrededor de Zarbon.
Vegeta arrojó una oscura mirada a su ayudante, que volvió a su tamaño mamífero. "¿Pediste un recorrido?" dijo en voz baja.
El Dr. Briefs se detuvo en seco. "Oh, sí, eso sería maravilloso," dijo, parpadeando detrás de sus anteojos.
Zarbon sonrió. Tenían tecnología para comerciar por las cápsulas. El recorrido indicaría qué otra tecnología tenían en la que el anciano estuviera interesado. Zarbon sintió orgullo desbordar su corazón mientras reflexionaba que tal vez Vegeta se convertiría en el gobernante que él había entrenado ser después de todo. El Saiyajin ciertamente podía ser astuto cuando lo deseaba. "Estaría más que feliz de mostrarle todo, si su Excelencia Vegeta le gustara acompañarnos," dijo al humano.
"Oh, sí, pareces un joven encantador," el Dr. Briefs le dijo a Vegeta. "¿Conociste ya a mi hija Bulma?" preguntó alegremente.
Los ojos de Vegeta se ampliaron un poco y parpadeó, un ligero rubor extendiéndose por sus mejillas. Zarbon tragó duro y fue al rescate.
"Sí, nos presentaron," dijo Zarbon rápidamente. "Dr. Briefs, ¿por qué no nos muestra uno de sus dispositivos cápsulas, tal vez una unidad contenedora de comida?" preguntó cortésmente, sonriendo.
El Dr. Briefs sonrió bajo su bigote. "Por qué, por supuesto, joven. ¿Te sientes un poco hambriento?"
Zarbon rió, sus dientes apretados. "Oh, no, tu esposa vio eso," respondió. "¿Pero tal vez Vegeta querría algo de tomar?"
Vegeta inclinó su cabeza un poco pero asintió de todos modos. "Eso estaría bien," dijo, aunque no tenía sed en lo más mínimo. Él también sabía eso.
Zarbon no jugaba juegos sin buenas razones. Eso no quería decir que quería que todos los demás vieran el juego también, y se volteó hacia sus tropas. "Todos ustedes, repórtense a sus estaciones dentro de la nave a la vez. Asegúrense que todo esté preparado para este terrícola," ordenó, y los solados se fueron corriendo. Se volteó hacia Zarbon y asintió.
"Puedo hacerlo," respondió el Dr. Briefs y sacó una caja rectangular que revelaba varias cápsulas al abrirse. Entrecerró sus ojos y eligió una, presionando el émbolo y arrojándola a la rampa a unos pocos metros. Explotó y allí apareció una caja de altura hasta la cintura, un generador zumbando en la parte de atrás. "¿No es el refrigerador pequeño más lindo que vieron alguna vez? cantó el doctor. "¡Incluso tiene su propia fuente de poder respetuosa del medio ambiente!"
"Es adorable," le aseguró Zarbon, notando el sorprendido interés en los ojos de Vegeta. El Saiyajin estaba comenzando a entender las implicaciones también.
El Dr. Briefs se tambaleó por la rampa, casi molestando al gato en su hombro mientras se inclinaba para abrir la nevera. "¿Qué les gustaría?" dijo en voz alta, metiendo su cabeza. "Tenemos jugos de fruta, gaseosas, té helado, cerveza, de todo."
Zarbon y Vegeta se miraron mutuamente, ninguno de los dos teniendo la menor idea de qué clase de bebidas eran las gaseosas, cerveza, té, o de todo. "Uh, yo quiero un jugo," murmuró Zarbon, acercándose y corriendo algunos mechones de pelo perdido.
Vegeta soltó un bufido. "Yo té," dijo, alzando su nariz en el aire y mirando a Zarbon.
"Buenas elecciones, muchachos," murmuró el Dr. Briefs desde el interior del artilugio y sacó unas botellas. "Yo elegiré cerveza, para mí. ¡Ha sido un día largo!" Entregó una a Zarbon y le dio la otra a Vegeta. Cada uno abriendo su botella a su vez y bebiendo con cautela. Zarbon arrugó su nariz por la dulzura del jugo.
Vegeta rió y miró a través del vidrio al líquido que contenía. "Sabes, viejo, esto no es del todo malo," dijo con una sonrisa, haciendo girar el té. La Tierra estaba mejorando todo el tiempo.
"Eso es lo que bebe mi hija," dijo el Dr. Briefs con una risa. "Entonces estás de suerte. La casa está absolutamente repleta de ello. Bulma lo consume como si no hubiera un mañana."
La sonrisa de Vegeta se desvaneció ante la mención de la mujer. "¿Dijiste que querías un recorrido?" preguntó, cambiando el tema y distrayéndose de la ira que sentía cuando pensaba en ella.
El Dr. Briefs sacó la tapa de su botella de cerveza. "¡Claro, por supuesto!" exclamó, alzando la botella a sus labios. "Vendería mi brazo derecho, lo haría, para ver qué clase de dispositivos tienen ustedes, muchachos. Apuesto que todavía sería capaz de instalar un sistema de estéreo que pudiera dejarlos a todos ustedes los intergalácticos boquiabiertos, sin importar lo que tengan allí ahora."
"Bueno, tal vez podamos resolver algo," Vegeta dijo con ironía, levantando su capa para evitar que se arrastre. "Ven por aquí."
Goku se puso de pie y esperó mientras el agua se drenaba fuera del tanque, extendiendo sus sentidos con impaciencia para probar lo que pensaba que sería verdad. Sonrió cuando su experimento devolvió el resultado esperado: Radditz era mucho más fuerte de lo que había sido, probablemente un poco más que la mitad de fuerte que él, y podía aún volverse más fuerte. Se puso de pie a un lado y ladeó su cabeza mientras su hermano se desenroscaba y retorcía fuera del tanque, agitando su melena y parpadeando sus ojos debajo de su ceño fruncido. Su mirada encontró a Goku y pareció un poco sorprendido, echando una mirada de un lado a otro. Giró su cabeza hacia el tanque vacío y suspiró. "Bulma está bien," Goku dijo suavemente. "Salió de su tanque hace una hora."
Radditz se puso de pie, flexionando un bíceps mientras testeaba la motilidad de su cuerpo. "¿No deberías estar en tu casa con tu compañera?" preguntó en voz baja.
Goku suspiró. "Sí, pero fui a casa antes de visita. ChiChi está haciendo dormir a Gohan ahora. La convencí en dejarme venir a verte por un rato," respondió.
Radditz gruñó y pasó sus manos a través de su cabello para quitar su pesada masa negra fuera de su rostro. "Hnh. Alguien tan fuerte como tú recibe órdenes de una criatura tan débil," comentó.
Goku alzó una ceja. "¿Eh? ChiChi no me ordena a menos que esté muy enfadada. Intentamos llegar a un acuerdo en las cosas, en su mayoría. Además, la amo. ¿No me digas que no harías algo por Bulma si te lo pide?" respondió, sus ojos abiertos en confusión.
Radditz lanzó una mirada molesta a su hermano menor. "Tch. Eso es diferente," gruñó, pasando sus dedos sobre la cicatriz en su abdomen. La herida había sido tan grave que incluso el tiempo en el tanque no había sido capaz de quitarla.
Goku ladeó su cabeza. "¿Oh? Supongo que no veo cómo. Tú la amas, ¿no?"
Radditz mostró sus dientes. "El amor es para los débiles."
"Entonces supongo que no entiendo por qué estás tan confundido sobre qué hacer con ella y Vegeta," dijo Goku, rascando su cabeza. "¡Pero vamos, al menos te sientes mejor!"
Negros ojos se deslizaron sobre Goku y se quedaron allí. "¿Qué quieres decir, confundido?" Radditz escupió.
El Saiyajin más joven se encogió de hombros. "No lo sé. Quieres a Vegeta y amas a Bulma, y Vegeta se mantiene queriendo lastimar a Bulma. Tú quieres protegerla pero también no quieres molestarlo tampoco. Suena bastante duro para mí."
"Realmente no es asunto tuyo."
Goku se encogió de hombros de nuevo. "No lo sé. Bulma es mi amiga. Tú eres mi hermano. No estaba seguro de ti al principio, pero cuando salvaste mi vida cuando luché con Vegeta supe que eras un buen tipo."
"Los Saiyajin no son buenos tipos," interrumpió Radditz.
Goku suspiró. "Está bien, lo siento. Todavía eres muy raro, si eso te hace sentir mejor. Pero no vine aquí a hablar sobre eso. Lo que quería saber es si vas a venir a vivir con familia o no. Eres mi hermano, después de todo, y Gohan pregunta por ti, aunque eso vuelve loco a Piccolo. No es que ChiChi sepa todo sobre Piccolo tampoco, por supuesto. Supongo que si vives con nosotros será más fácil para ti y para mí entrenar. Tú eres mucho más fuerte ahora, y apuesto que puedes volverte incluso más fuerte. Sé que yo lo hice. ¿Entonces qué te parece?"
Radditz miró al suelo por un tiempo, el entrecejo fruncido mientras intentaba ignorar los desafinados silbidos que lanzaba Goku mientras esperaba. "No," respondió finalmente. "Tengo cosas que atender aquí."
Los hombros de Goku cayeron. "No puedes salvarla de él," dijo suavemente.
"Lo sé, pero tengo que intentarlo," respondió Radditz.
Goku asintió su entendimiento, acercándose y moviéndose para poner una mano en el hombro de su hermano. "Si no es Vegeta, será Zarbon, y él es más fuerte que todos nosotros."
Radditz quitó la mano de su hermano y giró su cabeza. "Todo lo que puedo hacer es lo que debo," dijo solemnemente. "Sólo pido que sea suficiente."
