Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Épico
(Epic)
Un fic de The Prime Minister
Traducción por Apolonia
"Entonces, ¿qué haces para ganarte la vida?" La Sra. Briefs preguntó brillantemente. "Radditz me dice que eres una especie de gobernante."
Vegeta se detuvo en el movimiento de poner el tenedor en la boca, sus ojos oscuros de pronto fijos en ella. Bajó el tenedor y se enderezó en su silla, sus cejas casi imperceptiblemente temblando. "Radditz tiene razón. Soy un emperador," dijo con frialdad, luego se encorvó otra vez cerca de su plato para reanudar comer.
"Bueno, eso debe ser muy emocionante," la Sra. Briefs dijo con entusiasmo. "Entonces supongo que tienes toda clase de riquezas y poderes y demás."
Vegeta masticó pensativo, sin apartar los ojos de encima de ella, su mirada todavía tratándola como un depredador peligroso. "Tengo varios palacios y muchos recursos a mi disposición, sí," contestó sin ningún aparente interés en conversar con ella.
Bulma suspiró. "Mamá, sólo date por vencida," murmuró, dando otro bocado con cuidado.
La Sra. Briefs negó con la cabeza a su hija. "Cariño, estoy tratando de conocer a nuestro encantador huésped mejor ahora ya que no tuvimos la oportunidad de hablar anoche durante la cena," ella protestó suavemente. Bulma se encogió de hombros y siguió comiendo. "¿Entonces qué haces en tu tiempo libre?"
Vegeta dejó que su mirada se deslizara sobre su hija, sus ojos negros angostándose como los de un lobo cuando la miró. "Mato cosas," dijo en voz baja, tan baja que sólo Bulma, que estaba sentada frente a él, pudo oír sus palabras.
"¿Qué?" La Sra. Briefs preguntó.
Él se aclaró la garganta. "Dije que entreno," gruñó él, sus ojos rompiendo contacto con Bulma y volviendo a la sonriente mujer. Pudo ver de soslayo que Bulma había palidecido un poco.
"Se nota, muchacho," ofreció el Dr. Briefs. "Estás en excelente forma."
Vegeta ignoró por completo al viejo y siguió comiendo.
"Sabes, cariño, realmente deberíamos mostrarle a Vegeta nuestra cultura mientras esté aquí. Después de todo, su amigo Radditz todavía está herido y están en lo de Goku. El pobre joven debería tener algo para hacer," dijo la Sra. Briefs, bajando su tenedor y mirando a su marido.
El hombre asintió con su canosa cabeza y sonrió. "Absolutamente, querida," dijo, sin dejar de y sin levantar la vista.
"¡Lo sé!" su esposa rió entre dientes, casi poniéndose de pie en su asiento mientras juntaba sus manos sobre su pecho. "¡Iremos a la ópera!"
Bulma quedó boquiabierta. "¿Qué?" dijo bruscamente. "¡No hay manera de que sean capaces de arrastrarlo allí!"
Los ojos de Vegeta se angostaron de nuevo. "¿Crees que no?" gruñó él.
"¡Por supuesto que no!" Bulma replicó, poniéndose de pie tan rápido que derribó su silla y derramó su jugo. "¡Apenas pueden arrastrarme a mí a una de esas cosas, mucho menos a alguien como tú!"
"¿Qué quieres decir, alguien como yo?" le preguntó, la coz colgando con hielo.
"¡Vamos esta noche!" gritó la Sra. Briefs en alegría. "Llamaré al sastre para que venga a hacer un esmoquin para Vegeta y traiga un nuevo vestido para Bulma," le dijo a todos en la mesa del desayuno. "Será divertido, como una cita doble."
El rostro de Bulma se puso rojo y comenzó a temblar. "Mamá, ¡cómo te atreves!" gritó, agitando una mano en el aire. "¡Nunca iría a una doble cita con ustedes dos, y preferiría sacarme los ojos antes que ir con Vegeta!"
Vegeta sonrió. Ella casi había tomado su decisión por él. Cualquier cosa por molestarla. "Iré," le dijo a su madre, quien sonrió y dio unas palmadas en respuesta.
"No lo harás," dijo Bulma, anonadada.
"Vamos, mujer, muestra algo de diplomacia," dijo fríamente, levantando una ceja.
Ella le entrecerró sus ojos. "Cállate," espetó ella, y salió de la mesa.
"No te preocupes, vendrá," ofreció el Dr. Briefs.
Vegeta sonrió cruelmente. "No me cabe duda," respondió.
Gruñó mientras le hacían los botones en su esmoquin, el resultado final fue ser pinchado con las agujas y la cinta de medir todo el día. El sastre casi se había orinado encima cuando había visto la cola de Vegeta y las alteraciones que necesitaba en los pantalones eran casi más de lo que el pobre hombre podía manejar. Vegeta sonrió mientras recordaba la angustia del pobre hombre. Mirándose en el espejo pasó una mano a través de la torre de su cabello y se examinó de cerca. No había imperfección en su apariencia en lo absoluto y el negro del esmoquin combinaba con sus ojos y cabello perfectamente. Frunció el ceño más intensamente mientras enderezaba la corbata de moño, esperando que la hubiera atado bien. El pequeño sastre le había mostrado cómo hacerlo, pero realmente no había prestado atención y ahora se estaba arrepintiendo de ello. Después de todo el episodio de la vídeo grabadora ayer no estaba ansioso de que la mujer se burlara de él nunca más. Malditos éstos terrícolas por hacerlo ir a sus estúpidos eventos, y maldito Zarbon y Radditz por abandonarlo así él no tenía ninguna excusa para no ir. Se gruñó a sí mismo en el espejo y apagó las luces, saliendo de la habitación.
Se quedó de pie en el zaguán de la casa con el anciano y su esposa, ambos de los cuales estaban usando ligeras chaquetas contra la fría noche de primavera. El anciano tenía su brazo alrededor de ella, su esmoquin ligeramente arrugado contra el vestido muy negro de ella. Los tres estaban mirando a las estrellas expectantes, esperando a Bulma. "Vamos a llegar tarde," murmuró el Dr. Briefs, mirando a su reloj. Vegeta no se volteó para mirarlo, sólo miró a las estrellas furiosamente y golpeó con su pie en el suelo, su cola soltándose de alrededor de su cintura y azotando de un lado a otro con irritación. Un clic de pasos se hizo más fuerte desde el pasillo de las escaleras y un pie cubierto de rosa satén apareció de la oscuridad en la parte superior de las escaleras, los zapatos descendiendo los peldaños uno a la vez. Luego el resto de ella apareció en las escaleras, sus manos enguantadas en rosa levantando el satén de su vestido mientras descendía delicadamente, deteniéndose a mitad de camino para mirar al pequeño grupo allí reunido.
Algo extraño le sucedió a su respiración cuando miró a la gente esperando por ella- pareció salirse de ella suavemente y negarse a volver. Su madre y su padre estaban en su típico vestido y traje para ir formales al teatro, pero Vegeta, bueno, tenía que admitir que se veía muy bien. Lástima que fuera tan bajo, y la expresión en su rostro fuera tan agria, pero el corte le sentaba bien, acentuando sus amplios hombros y delgada cintura. Miró a su cola, que se había estado azotando de un lado a otro locamente cuando comenzó su descenso, que detuvo su marcha en frío cuando sus ojos se encontraron con ella. Podría haber jurado que su espina se puso rígida un poco, pero el angoste de sus ojos desmentían su postura y no estuvo segura qué pensar. Suspirando, renovó su agarre a su vestido y siguió descendiendo.
"Cariño, ¡te ves preciosa!" arrulló la Sra. Briefs a su hija, acercándose y y pasando sus dedos a través de la masa de rizos que enmarcaban el rostro de Bulma. "¡Ese color te queda muy bien!"
Vegeta sólo gruñó. No veía qué era tan genial sobre el atuendo. Zarbon probablemente lo hubiera amado, por la forma en que envolvía su pecho y era lo bajo suficiente para mostrar el suave oleaje de su busto pero lo alto suficiente como para ser todavía modesto, la tela plegándose suavemente desde donde colgaba de la línea simple de imitaciones de diamantes que servían como breteles. La suave y brillante tela se aferraba a sus caderas antes de caer en cascada al suelo y sus pendientes de diamantes colgaban salvajemente mientras ella giraba su cabeza para sonreírle a su madre, el diamante en su garganta apoyado en el hueco de la parte superior de superior de su esternón y alzándose suavemente cada vez que su corazón latía. Ella abrió sus brazos y se dio la vuelta, sonriendo, para mostrarle a sus padres el resto de su vestido y revelar la espalda descubierta del vestido. La tela colgaba de los breteles y se precipitaba hacia arriba a sólo un par de pulgadas sobre la hendidura de su trasero, exponiendo la suave y lisa extensión de su espalda. Luego el olor lo golpeó- era como si ella hubiera tomado un baño en los jugos de flores maduras. "Dios santo, mujer, hueles horrible," gruñó, arrugando su nariz y volteando su cabeza hacia un lado.
Bulma se volteó hacia él y frunció el ceño, sus rosados labios presionándose en una dura línea. "Cállate, Vegeta," gruñó. "Se llama perfume. No todos nosotros queremos oler como animales de granja, como tú pareces querer."
"¿Cuántos miles de rosas tuviste que matar para oler como una que está podrida?" se burló, envolviendo su cola alrededor de su cintura y poniendo sus manos en sus caderas.
"Ahora, niños," interrumpió el Dr. Briefs, moviendo su bigote de un lado a otro. "Tenemos que salir o llegaremos tarde." Se volteó para sonreírle a su esposa, ofreciéndose su brazo. Ella lo tomó con una amplia sonrisa suya y salieron por la puerta hacia el vehículo esperándolos. Bulma se volteó para mirar a Vegeta expectante, pero él sólo la miró de arriba a abajo, levantó su nariz en el aire, y se acercó en dirección de la limusina. Bulma apretó sus dientes, levantó el dobladillo de su vestido, y salió tras él, murmurando maldiciones entre dientes.
Varias horas después de que la ópera terminara y ellos estuvieran saliendo del teatro, el brazo del Dr. Briefs alrededor de su esposa y Bulma y Vegeta justo detrás de ellos. Se quedaron de pie en la acera y esperaron que el conductor viniera a recogerlos. "¿Entonces disfrutaste la ópera?" Bulma dijo bruscamente, frunciéndole el ceño. Él se quedó sentado durante toda la cosa sin decir una palabra, su rostro frío y sin expresión mientras observaba el espectáculo. Tenía que admitir que se había comportado mucho mejor de lo que Yamcha alguna vez lo había hecho. Su viejo novio generalmente maullaba quejas a través de toda la cosa y se apresuraba hacia ella para que pudieran ir a tomar una copa. Vegeta no parecía inclinado a ir a ningún lugar, sólo se quedó allí de pie con sus manos en los bolsillos de sus pantalones y frunciendo el ceño a todos y a todo.
Él la miró, la mirada llena de indiferencia de menosprecio. "Algo," murmuró, echando sus ojos lejos de ella y hacia el cielo nocturno. Las luces de la ciudad eran tan brillantes que no podía ver las estrellas, no discernir en qué sector estaba Alria o dónde debería haber estado Vejiitasei. La ópera no había sido mala y ciertamente podía admitir que los intérpretes tenían talento en su área, pero tenía poco interés en cosas como esas. Sus habilidades no le ayudaban en ninguna manera que él pudiera ver, y encontraba a toda la cosa bastante inútil. Era igual de lo que habían sido los programas de televisión, sólo que un poco mejor actuados y menos trillados.
Bulma frunció el ceño y expuso un poco su labio inferior, inconsciente de lo que estaba haciendo, y comenzó a frotar sus brazos con sus manos, temblando en la fresca brisa. "Lo que sea," murmuró.
"Bulma, cariño, ¿tienes frío?" preguntó su madre.
"Sí, ¿por qué no te pones mi chaqueta?" su padre agregó.
Bulma sacudió su cabeza, los rizos rebotando mientras lo hacía. "No, papá, tú no tienes más veinte años y no quiero que te resfríes," respondió, apretando su mandíbula para evitar que sus dientes de castañeen.
"¿Entonces por qué Vegeta no te da su chaqueta?" chirrió la Sra. Briefs.
Vegeta volvió a la realidad con la sola mención de su nombre. "¿Qué?" dijo bruscamente.
"¿Por qué no le prestas tu chaqueta a Bulma?" el Dr. Briefs repitió por su esposa.
"¿Para qué?" Vegeta dijo con irritación.
"Tiene frío," la Sra. Briefs respondió con tristeza.
Vegeta miró a Bulma por un par de segundos como si la estuviera acusando de no tener frío en realidad y temblando sólo por para molestarlo, pero luego se quitó la el saco de su esmoquin y lo puso rudamente sobre sus hombros, cruzando sus brazos sobre su pecho y moviendo sus fosas nasales con furia. Bulma frunció el ceño de nuevo pero puso las mangas contra sus brazos de todos modos, sorprendida a lo cálido que estaba el interior de la chaqueta. "Gracias," murmuró vacilante. Él se limitó a resoplar en respuesta y giró sus negros ojos de nuevo al cielo, su camisa estirándose para acomodarse a su musculatura. Ella se dio cuenta que sin la chaqueta puesta realmente se veía muy gracioso- la camisa no le quedaba bien y su cola estaba fuera de lugar y envuelta alrededor de su faja, pero supuso que el sastre tendría que haber hecho una camisa especialmente para que le permitiera suficiente espacio para que su musculoso torso se viera normal. Aún así, se veía bastante bien. Radditz se vería realmente genial en un esmoquin. Tenía una altura perfecta, y su rostro, aunque fruncía el ceño tan seguido como Vegeta, no tenía ese amargor como lo tenía el Príncipe. Sí, Radditz se vería maravilloso de hecho, y de seguro era mucho más agradable que Vegeta también. Se encontró preguntándose si se quedaría en lo de Goku para siempre y deseó que estuviera allí de pie con ellos en este momento. Él no hubiera dudado en ofrecerle su chaqueta.
Sus pensamientos fueron interrumpidos mientras el conductor estacionaba junto a la acera y hacía pasar a la familia al coche. Ella se deslizó en el asiento frente a Vegeta y acarició la tela de su chaqueta. "¿Está limpia?" dijo ausente, poniendo la tela entre su dedo índice y pulgar.
El ceño fruncido de Vegeta se intensificó pero no miró en su dirección y siguió mirando fuera de la ventana mientras el conductor se detenía en el tráfico.
"¿Qué quieres decir?" dijo bruscamente. "Por supuesto que está limpia. Me lo dieron hoy."
Ella sonrió cruelmente. "Oh, sólo me preguntaba. Conozco tu propensión a mirar las películas de Yamcha y sólo quería asegurarme que no estuvieras usando esto cuando las vieras," dijo en voz baja, mirándolo a través de sus pestañas.
Él se puso rígido, sin entender realmente lo que ella estaba implicando pero insultado no obstante. "Cállate," gruñó, y siguieron el resto de camino a casa en silencio.
Zarbon volvió a la consciencia lentamente, sintiendo el agua drenarse de él mientras escupía la boquilla y tosía. Abrió sus ojos un poco y entornó la vista mientras intentaba mirar a través del vidrio. Habían pocas personas en la habitación, pero no podía distinguir quien. Gruñendo, se puso de pie y sacudió algo de agua fuera de él, levantando sus brazos y escurriendo su cabello suelto vigorosamente. Apoyándose contra el lado del tanque suspiró y esperó que el tanque terminara de drenarse. Los tanques siempre lo hacían sentir grogui y con náuseas y no importaba lo contento que estuviera de estar curado nunca se sentía realmente bien después de su paso por el artefacto. Después de lo que pareció una eternidad el fluido finalmente se fue y la escotilla del tanque se abrió con un siseo.
"Bienvenido de nuevo al mundo de los vivos," dijo Vegeta, de pie delante de la puerta con sus brazos cruzados sobre su pecho.
Zarbon gruñó en respuesta y se tambaleó fuera del tanque. "No gracias a ti," gruñó. "Entonces, ¿cómo has estado?"
Vegeta se volteó y le indicó a Radditz que le diera a Zarbon algunas toallas. "Ha sido un infierno," dijo Vegeta fríamente, mirando a Zarbon tomar las toallas y comenzar a secarse. "He estado más aburrido que nunca. Envié la nave a Tournrak porque Nappa falló en despliegue de tropas y he tenido que lidiar con esa horrible mujer desde entonces.
Zarbon miró como Radditz se ponía rígido ante el insulto a Bulma. Interesante. "¿Entonces qué te hizo hacer?" Zarbon murmuró mientras se secaba el pelo.
Vegeta se estremeció. "Ayer me hicieron ir a la ópera y el día anterior todo lo que hice fue mirar televisión y películas," respondió con un movimiento de su cabeza.
"¿En serio?" Radditz dijo. "¿Qué viste?"
El ceño fruncido de Vegeta se volvió más intenso. "No es asunto tuyo," espetó, sus mejillas volviéndose de una sombra tenue de color rojo.
"De todos modos," dijo Zarbon, vagamente consciente de que algo desagradable había sido evitado por poco, "¿Qué sucedió con Tournrak?"
"Sí, señor, ¿cómo vamos a volver sin una nave?" agregó Radditz.
Vegeta lanzó una enojada mirada a Radditz. "¿Crees que soy lo estúpido suficiente como para dejarnos quedar aquí sin una manera de volver a casa?" dijo bruscamente.
Zarbon miró mientras Radditz rápidamente limpiaba la expresión de ira de su rostro que destelló a través de él y reverenció su cabeza.
"No, señor," murmuró.
Vegeta soltó un bufido. "Mantuve tres naves y bajé nuestras pertenencias," le dijo a Zarbon. "Nos quedaremos aquí. En cuanto a Tournrak, puedo informarles eso más adelante."
Zarbon suspiró y juntó las toallas húmedas. "Muy bien," murmuró. "¿Y ahora qué?"
"Nos quedaremos aquí hasta que el trato de la tecnología esté cerrado," sentenció Vegeta. "Espero comenzar a entrenar contigo tan pronto como estés listo."
Zarbon alzó una ceja. "¿Entrenar? Oh sí, por supuesto. ¿Puedes darme un día?" preguntó. "Los tanques siempre juegan un infierno con mi sistema una vez que salgo."
Vegeta alzó una mano y golpeó su mentón, aparentemente pensando. "Muy bien. Mañana, entonces," dijo.
Radditz se detuvo fuera de la puerta de la habitación, presionándose contra la pared y escuchando. "Allí, cariño, sólo quédate allí y te traeré algunas galletas," una voz melodiosa dijo.
"Gracias, señora," escuchó responder a Zarbon.
Radditz apretó sus dientes y se inclinó, mirando en la habitación con un sólo ojo. Maldita sea, pensó, viendo a la Sra. Briefs entregar a Zarbon una taza de té. Ella se puso de pie y comenzó a caminar hacia la puerta, haciendo que el pánico se elevara dentro de él. Sin dudarlo levitó al techo y se pegó al lado de la lámpara, rezando que no levantara la vista. Su rubia cabeza pasó debajo de él en su camino a la cocina y soltó el respiro que había estado conteniendo, suavemente bajándose al piso de nuevo. Con un rugido fijo en su rostro entró en la habitación, centrando una furiosa mirada en el rostro verde azulado del hombre sentado allí. Su ira se volvió indignación cuando vio a Zarbon, vestido en afelpados pijamas, acostado en el sofá bajo una manta, su cabeza levantada con almohadas. El sonido de los talk shows emanados de la televisión y angostó sus ojos mientras Zarbon le dirigía una sonrisa torcida. "No me vengas con esa mirada," espetó Radditz. "¿Qué demonios estás haciendo?"
Zarbon amplió sus ojos inocentemente y bateó sus pestañas. "El pobrecito de Zarbon está enfermito," dijo, alzando la taza de té a sus labios y bebiendo.
"¿Por qué aquí? ¿Por qué no puedes estar enfermo en tu propia habitación tú estúpido alienígena raro?" Radditz aulló.
Zarbon se encogió de hombros y miró a Radditz desapasionadamente. "La Sra. Briefs dijo que necesitaba luz del sol, y esta habitación tiene mejores ventanas."
Radditz mostró sus dientes. "¿Entonces por qué estás dejando que te cuide? ¿No tienes orgullo?" dijo con rabia, sus puños apretándose.
Zarbon fijó a Radditz con una mirada fría. "Radditz, ¿estás enojado por que estoy tomando todo el sofá?" preguntó con calma.
El rostro de Radditz se contorsionó con una mezcla de emociones, su boca aleteando mientras comenzaba a tartamudear. "Bueno, sabes... todo el asunto de las galletas... y luego está... bueno... ¡sí, maldita sea!" gritó. "¡Estás ocupando todo el maldito sofá!"
Zarbon asintió, cerrando sus ojos y tomando un sorbo de la taza. "Podrías pedirme que me mueva," dijo en voz baja.
Radditz palideció. "Los Saiyajin nunca piden por nada," gruñó nerviosamente mientras miraba al sofá.
La esquina de la boca de Zarbon se torció. "Es por eso que nunca consiguen lo que quieren," respondió.
Radditz frunció el ceño y tuvo que abstenerse de patear el suelo en frustración. "¡Pero mi programa está al aire!" dijo en voz alta.
"Ahora, ahora," Zarbon reprendió. "No te quejes. Es impropio."
"¡Nadie te pidió que estuvieras aquí de todos modos!" Radditz contrarrestó.
Zarbon sacudió su cabeza. "En realidad, Vegeta lo hizo. ¿Vas a cuestionar a tu Príncipe, mi querido Radditz?"
"No, ¡y no te atrevas a llamarme querido!" chilló Radditz.
La máscara de calma en el rostro de Zarbon se quebró y estalló en profundas risas, derramando té en su pecho. La expresión de Radditz se deterioró en shock y miró al cuerpo del otro hombre sacudirse por la risa. Zarbon puso la taza y el plato en la mesa y limpió sus ojos, suspirando entre risas y levantando sus piernas para permitirle a Radditz que se sentara en el sofá. Todavía riendo, le indicó a Radditz que se sentara. Radditz lo miró fijamente en sorpresa. "Vamos, siéntate," instó Zarbon. "Y tráeme una servilleta, ¿sí?"
Radditz se derrumbó en el sofá junto a Zarbon y tomó la servilleta de la mesa, entregándosela a Zarbon.
Zarbon sonrió y se secó la mancha húmeda de su camisa. "Gracias," dijo Zarbon.
"Cállate," Radditz respondió.
Zarbon suspiró. "Oh realmente, ustedes los Saiyajin son tan sensibles," dijo, una mirada de gran sufrimiento en su rostro. Radditz no respondió. "Está bien, está bien," murmuró Zarbon. "Entendí la pista. Ahora, ¿en qué canal está tu espectáculo?"
Radditz cruzó sus brazos y bajó su mentón, fijando un ceño fruncido en el aparato de la televisión. "Cincuenta y dos," gruñó. "Y la Sra. Briefs genetalmente lo ve conmigo, cuando tu enorme trasero no está ocupando todo el sofá."
Zarbon no respondió, en cambio apuntó a la pantalla con entusiasmo. "Oooo, ¡quiero eso!" proclamó.
Radditz suspiró. Era un comercial de crema facial. "Tu piel está bien," gruñó Radditz.
Zarbon puso un dedo en sus mejillas. "¿No piensas que podría estar más firme?" dijo con alarma.
Radditz soltó una sonrisa malvada a través de su rostro. "No, creo que está tan bien como puede estar, considerando tu edad," dijo socarronamente.
Zarbon soltó un alarido de indignación y cruzó sus brazos sobre su pecho, haciendo un mohín con rabia.
Radditz rió y miró a la pantalla mientras su espectáculo comenzaba.
"¡Oh, Radditz querido!" dijo la Sra. Briefs mientras entraba en la habitación, un plato de galletas en una mano y masitas en la otra. "¿Decidiste no ir a lo de Goku hoy?"
Radditz la miró. "No, no con Vegeta aburrido. Podría quererme cerca."
"¡Por supuesto!" arrulló la Sra. Briefs. "Bueno, déjame traerte algo para tomar."
Radditz asintió, sin quitar los ojos de la pantalla mientras ella salía de la habitación. "¿Cuál es la verdadera razón por la que te quedas hoy?" la voz baja de Zarbon dijo con tranquilidad.
Radditz lo miró con el rabillo del ojo. You're out of the tank. Estás fuera del tanque.
Los labios de Zarbon se torcieron en una media sonrisa. "Sé que no es para hacerme compañía. Vamos, dime la verdad."
Radditz mostró sus dientes. "No confío en ti, monstruo. Ahora que estás fuera del tanque te veo como una amenaza para el Príncipe."
Zarbon suspiró. "Honestamente, Radditz, te acreditaba con más cerebro que Nappa. ¿Realmente piensas que querría lastimar a Vegeta después de tratar de salvarlo tantas veces? No lo creo. He invertido demasiado tiempo y esfuerzo en su bienestar para ir y arruinarlo todo ahora."
"No sé qué es lo que harías," respondió Radditz.
Zarbon frunció el ceño. "No lastimaría a Vegeta. Él es mi boleto a la libertad."
Eso llamó la atención de Radditz. "¿Qué?" preguntó, finalmente girando su cabeza para mirar al otro alienígena.
Zarbon miró a regazo cubierto con la manta, aparentemente descontento. "Estuve en los servicios de Freezer por décadas antes que ustedes los Saiyajin fueran destruidos. Al principio fue de manera voluntaria, pero después de unos años traté de irme para ser un mercenario independiente y Freezer no me lo permitió. Me fui de todos modos, y no te diré el estado en el que estaba cuando me encontraron y me trajeron de vuelta. Déjame decirte que he estado buscando por una salida pero había pedido la esperanza. Entonces ustedes los Saiyajin llegaron a escena, las pestes que eran. Yo había comenzado a disfrutar mi estatus elevado para entonces, habiendo subido de escalafón, y ustedes amenazaban eso, con su asombrosa habilidad de incrementar su fuerza después de cada batalla. Freezer sólo los veía como bestias y por eso estaba agradecido, pero luego él los quiso a toros ustedes destruidos, con lo cual yo no estuve de acuerdo. Ustedes podrían haber sido bestias, pero eran útiles, y sentía que Freezer había cometido un error en quedarse con el Príncipe Vegeta como rehén para asegurarse la obediencia de su gente. Matarlos a todos no rectificaría ese error, especialmente ya que Vegeta iba a ser mantenido con vida. Luego, después de todo el asunto en Arlia, mi vida se volvió una condena porque fallé en mi misión. No te maté y por eso Freezer se aseguraría que fuera asesinado, muy, muy lentamente. Luego supuse que Vegeta me mataría en la arena, pero en cambio me dio una oportunidad. No tomo esa oportunidad a la ligera, Radditz. Vegeta podría ser capaz de volverse lo fuerte suficiente como para matar a Freezer, y si lo hace soy un hombre libre. Voy a hacer todo en mi poder para asegurarme que Freezer termine muerto."
Radditz tomó un profundo respiro, presionando su boca en una línea mientras exhalaba a través de su nariz. "Bueno, eso aclara algunas cosas," murmuró, mirando a Zarbon desapacionadamente. "Pero eso no quiere decir que tenga que confiar plenamente en ti."
Zarbon suspiró. "Supongo que no espero que lo hagas," dijo en voz baja. "Todo lo que pido es que me des una oportunidad. Vegeta lo hizo y Nappa no; ¿a quién preferirías emular?"
Radditz ladeó su cabeza, considerando. "Punto entendido," dijo. "Eso no quiere decir que tengas que agradarme."
Zarbon alejó su mirada con tristeza, mirando a la pantalla de la televisión. "No, supongo que no," dijo.
Radditz se movió en su asiento, incómodo. ¿Dónde estaba la Sra. Briefs con su bebida? "Hey, allí estás," una voz llamó detrás de él. Él giró su cuello para mirar a la puerta de la habitación, su corazón deteniéndose en su pecho mientras veía a Bulma allí de pie. Se puso de pie rápidamente y la miró, ahondándose en la vista de ella. Olía como afuera y sus mejillas estaban rosadas, probablemente por el fresco viento de la primavera. "¿Quieres venir a ayudarme en el laboratorio?"
"Sí, por supuesto," dijo con voz ronca, su corazón latiendo en su pecho mientras ella estallaba en una brillante sonrisa.
"¡Genial!" dijo ella, entrando en la habitación, su rostro cayendo cuando vio a Zarbon. "Oh, hola," dijo. "¿Te sientes mejor?"
Zarbon asintió, mirándola estudiarlo con oculto recelo. Ella todavía tenía miedo de él. "Sí, mucho, gracias," respondió suavemente.
"Bien," dijo sin convicción. "Oye, tú no sabes dónde está Vegeta, ¿o sí?"
"Está en su habitación, de mal humor porque los tanques me dejan demasiado grogui para comenzar a entrenar de inmediato," dijo con una medida de humor.
Ella le sonrió débilmente, luego dirigió su atención a Radditz, la sonrisa volviéndose genuina. "Bien, entonces está fuera del camino. Podemos trabajar sin que nos moleste. Realmente, es tan molesto," murmuró, indicándole a Radditz que la siguiera fuera de la habitación.
Radditz estaba sobre sus talones. "Bulma, realmente no creo que debas hablar tan irrespetuosamente del Príncipe. Sólo te puede meter en problemas," la voz de Radditz sentenció mientras se perdían por el pasillo.
Zarbon suspiró desde su lugar en el sofá y estiró sus piernas, moviendo sus dedos en placer. Inclinándose, tomó el plato de galletas y lo puso en su regazo, comiendo con una mano y haciendo zapping con la otra. Podría bien disfrutar esto mientras pueda, pensó. Va a empeorar de aquí en adelante.
