Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Épico
(Epic)
Un fic de The Prime Minister
Traducción por Apolonia
"Quítate la pechera," Zarbon ordenó, apuntando al suelo mientras aterrizaban sobre la arena.
Vegeta se quitó la armadura y miró al hombre mayor, escuchando el viento azotar el polvo alrededor de ellos entre las rocas. Zarbon se había quitado todas sus alhajas y estaba usando un traje de batalla negro sin mangas. Mechones de cabello verde se escapaban de su trenza y volaban sobre su rostro de manera graciosa, pero cuando Vegeta alzó sus ojos para encontrarse con la dorada mirada de Zarbon había todo menos humor en sus profundidades. "¿Y ahora qué?" dijo con irritación, envolviendo su cola más fuertemente alrededor de su cintura.
"Tranquilo," Zarbon dijo con severidad. "Estás aquí para aprender. Te diré cuando sea tu momento de hacer preguntas."
"No me ordenarás," Vegeta gruñó.
Las facciones de Zarbon se endurecieron. "¿Quieres aprender o no, Vegeta?" dijo con frialdad. "Si quieres entonces sólo escúchame, y para hacer eso tendrás que dejar de lado ese ignorante orgullo tuyo. Si no lo haces entonces deja de hacerme perder mi tiempo."
Vegeta bajó su barbilla una fracción. "Quiero aprender," dijo en voz baja.
Zarbon lo miró sin expresión por un buen rato antes de finalmente asentir. "Bien. Entonces comenzaré por hacerte algunas preguntas y quiero respuestas verdaderas, no lo que crees que quiero oír. Te diré ya mismo que no tengo otras expectativas de que llevarás lo que te enseñe a tu corazón. ¿De acuerdo?"
"De acuerdo," Vegeta dijo sacudiendo su cabeza, cruzando sus brazos sobre su pecho.
"¿Qué eres?" Zarbon preguntó de repente, fijando a Vegeta con su fría mirada dorada.
El ceño fruncido de Vegeta se profundizó. "Soy Vegeta, Príncipe de los Saiyajin y Emperador del Nuevo Imperio Saiyajin."
"Respuesta incorrecta," Zarbon dijo. "Inténtalo de nuevo."
"¿Qué quieres decir, respuesta incorrecta? ¡Me hiciste una pregunta y te dije!" Vegeta protestó, descruzando sus brazos y encrespando sus manos en puños.
"Me dijiste lo que eres en la superficie. Lo que eres etiquetado o titulado y lo que realmente eres son dos cosas completamente diferentes."
"¿Entonces qué eres tú?" Vegeta interrumpió.
Zarbon sonrió, la expresión carecía de cualquier calidez. "Soy paciencia. Soy eficiencia. Soy pasión agraciada perfeccionada. Soy destructor de esos que se oponen en mi camino. Ahora, Vegeta, Príncipe de los Saiyajin, ¿qué eres tú?"
Vegeta lo miró ausente. "No soy ninguna de esas cosas," dijo, la boca colgando abierta levemente.
Las cejas de Zarbon se juntaron. "¿Tienes alguna idea de lo que eres?"
Vegeta bajó sus ojos pero no su cabeza. "No," dijo en voz baja.
La expresión de Zarbon cayó en un completo ceño fruncido. "¿Entonces cómo puedes esperar conocer a tu oponente? dijobruscamente.
La mirada de Vegeta se cerró en la suya y el Saiyajin mostró sus dientes ligeramente. "No lo sé," gruñó en respuesta.
Otra sonrisa sin alegría se torció en los labios de Zarbon. "Pregunta tramposa," dijo tranquilo. "No hay adversario. Cuando tú conoces por qué es eso entonces habrás dominado todo lo que necesitas dominar."
Los hombros de Vegeta cayeron un poco. "¿Qué se supone que significa eso?" dijo, su rostro deformado un poco con confusión.
"Como dije, cuando sepas la respuesta entonces habrás aprendido todo lo que puedas conmigo," Zarbon repitió pacientemente. "Pero tu primer tarea es averiguar qué eres. Búscame cuando lo sepas," dijo y comenzó a elevarse en el aire.
El cuerpo de Vegeta se tensó y dio unos pasos hacia adelante. "¡Espera!" gritó. "¡Pensé que íbamos a luchar o algo así!"
Zarbon detuvo su ascenso y se volvió lentamente en el aire. "¿Cómo puedo luchar contigo cuando ni siquiera sabes en qué tienes que trabajar?" dijo bruscamente. "No quiero ver cabello o piel tuya hasta que sepas. No vas a dejar este desierto hasta que hayas obtenido tu auto conocimiento. Ustedes los Saiyajin son telepáticos, así que llámame directamente o a través de Radditz cuando estés listo." Con eso se dio la vuelta y desapareció en un destello de luz.
Vegeta suspiró y se dio la vuelta, mirando a la vasta extensión de roca y arena que lo enfrentaba. Conocer lo que era. Supuso que era la razón por la que Zarbon había pasado todos los problemas de enseñarle esas técnicas de meditación. Levitó unos centímetros del suelo, cruzó sus piernas, y cerró sus ojos, dando la bienvenida a la oscuridad y al conocimiento que con suerte aportaría.
"Dame eso, por favor," dijo la voz de ella, amortiguada por una o dos hojas de metal entre ellos. Radditz buscó en la pila de herramientas hasta que descubrió lo que quiso decir, luego se lo dio. "Gracias," murmuró y el sonido de metal tintineando hizo eco en sus oídos. Su mente comenzó a divagar, imaginando sus dedos cubiertos de grasa apretando ágilmente las piezas, esas pálidas yemas trazando el metal. "Hey," dijo ella, sorprendiéndolo.
"¿Qué?" dijo él, echándose hacia atrás unos centímetros mientras ella sacaba su rostro del agujero y le parpadeaba.
"Deberíamos ir a algún lugar," Bulma dijo de pronto.
Él frunció el ceño. "¿Cómo dónde?"
Ella se encogió de hombros. "No sé. ¿La sinfonía?"
"¿Qué es eso?" se preguntó.
"Oh, una cosa de música que tenemos aquí en la Tierra," respondió. "Sólo quiero darte una excusa para que uses un esmoquin."
Su ceño se frunció más. "Si eso es lo que quieres, está bien. ¿Para qué?"
Una vaga sonrisa cruzó su rostro y y ella bajó sus párpados. "Bueno, Vegeta se hizo uno cuando fuimos a la ópera antes de ayer, y cuando lo vi se veía muy bien. Sólo pensé que te verías mejor en uno."
Radditz sintió que su corazón le saltó a la garganta. "¿En serio?" dijo, rascándose en el antebrazo con nerviosismo.
"De verdad," dijo ella, inclinándose hacia adelante aún más.
"Está bien. ¿Cuándo quieres ir?" preguntó él, haciendo todo lo posible para mantener su voz calma y sus rodillas estables. Sus ojos bajaron por su cuello y a su pecho, donde sus brazos cruzados estaban empujando la carne de sus senos juntos para crear un valle seductor.
"¿Me escuchaste?" preguntó ella.
Él alzó su mirada hasta sus ojos. "¿Qué dijiste?" respondió.
"Te pregunté si estabas libre mañana. Probablemente tendrás toda la cosa hecha, ya que dudo que hagan cosas de tu tamaño. De hecho, cuando el sastre venga asegúrate que te mida para todo tipo de ropas distintas. Realmente no podemos tenerte corriendo por ahí en una armadura de batalla todo el tiempo, ¿verdad? Quiero decir, ¿qué si queremos salir a cenar o algo así?"
Radditz tragó duro. Había visto este tipo de cosas en la televisión. Aparentemente si un hombre y una mujer salían a comer en público juntos significaba que había un potencial para una relación. No podía creer su suerte. "Tienes razón. Veré eso mañana," dijo, manteniendo su voz firme.
"Bien," murmuró ella, agachando su cabeza dentro de la nave y lanzando afuera un panel de metal. Radditz lo esquivó a un lado con indiferencia, el panel apenas fallando para cortarle su mejilla. El metal resonó en el suelo detrás de él, el sonido sonando y haciendo eco en las paredes. La cabeza de Bulma se disparó por el agujero donde la ventana de la nave solía estar, una mirada de horror en su rostro. "Oh dios mío," dijo, mirándolo con amplios ojos. "¿Estás bien?" ¿Te golpeó? ¡Oh, lo siento!" jadeó, las palabras tropezardas entre sí mientras las lanzaba fuera de su boca.
Radditz se sonrojó y aclaró su garganta. "No, estoy bien," dijo suavemente. "Lo esquivé."
Bulma se arrastró fuera de la nave y se arrodilló frente a él, examinándolo. "Gracias a dios," dijo. "Soy tan torpe a veces."
Él se encogió de hombros. "No te preocupes por eso," murmuró. "Tengo buenos reflejos."
Ella le sonrió, sus manos en sus rodillas. "Tus reflejos no te salvaron de ensuciarte la cara," dijo con una risa, alzando un brazo para quitar un punto de grasa de su mejilla sin pensar en ello. La piel de su dedo hizo contacto con su cálida e increíblemente suave piel y se detuvo, olvidándose de lo que estaba haciendo mientras la perfección de su piel tomaba control en ella. De repente sintió su mirada yendo hacia ella y dejó deslizar sus ojos para encontrarse con los de él, su mano todavía presionada en su mejilla. Él bajó sus párpados un poco y se inclinó en su tacto de manera imperceptible, todavía sosteniéndola con esos oscuros ojos Saiyajin. Ella de repente volvió a la realidad y alejó su mano, sintiendo el aire entre ellos temblar con extrañeza. Soltó una risa no sincera y trepó de nuevo en la seguridad de las entrañas de la nave sólo para reaparecer segundos más tarde. Notó que él todavía tenía esa intensa mirada en su rostro que hacía a los vellos de su cuello levantarse. Su piel era anormalmente suave, se dio cuenta. "¿Radditz?" preguntó tímidamente, tratando de mantener la ilusión que él no estaba ya dándole más atención de la que la hacía sentir cómoda.
"¿Sí?" respondió, sin apartar los ojos de ella.
"¿Alguna vez tienes que afeitarte?"
Sus facciones cayeron inmediatamente, pero la reacción fue tan leve que ella apenas lo notó. Por alguna u otra razón su pregunta no había sido lo que él había esperado. "No," dijo con firmeza.
Ella frunció el ceño, considerando. "¿Por qué no?"
El ceño fruncido de él se profundizó ligeramente. "Los guerreros de tercera clase no tenemos vello facial, nunca. Ni yo ni Kakarotto hemos tenido alguna vez que afeitarnos en toda nuestra vida, y nunca tendremos que hacerlo. Personalmente, no envidio a Vegeta y a Nappa por su habilidad de crecer el vello facial."
Bulma asintió. "Sí, realmente no me gustan los hombres que lo tienen," dijo distraída. "¿Entonces Vegeta y este sujeto Nappa tienen que afeitarse?"
Radditz la miró con recelo, sin realmente entender su curiosidad de los hechos que él daba por sentado. "Sí, Nappa tiene que afeitarse cada cierto tiempo y Vegeta también lo hará una vez que llegue a su madurez física."
Bulma se sorprendió por eso. "¿Vegeta no ha llegado a la adultez Saiyajin todavía? ¿Tiene una figura que haría caer la casa y ni siquiera es un adulto? ¿Quieres decirme que Vegeta ni siquiera es un adulto todavía?" espetó.
Radditz sonrió. "No, no es así en lo absoluto. Los Saiyajin alcanzan habilidades sexuales a una muy joven edad comparado con ustedes los humanos, más probablemente por nuestra propensión a morir en batalla. Sin embargo, nuestra verdadera madurez llega mucho, mucho más tarde. Mira a las diferencias entre yo y Kakarotto, por ejemplo. Soy mayor que él por casi una década terrícola, pero incluso yo podría ser considerado joven. Incluso a pesar que los Saiyajin son capaces de reproducirse temprano no significan que realmente lo hagan. Nuestro padre probablemente no me engendró hasta que tuvo sus buenas cinco décadas de edad. Por supuesto que sólo se veía de la mitad de esa edad cuando murió, supongo. De todos modos, estoy divagando. El Príncipe Vegeta probablemente tendrá su barba al mismo tiempo que comience a darse cuenta de su poder. Eso es todo lo que significa," terminó sin convicción, echando su mirada al suelo.
Bulma lo miró detenidamente, tomando nota de lo que vio. Pudo ver una amplitud y profundidad en Radditz que Goku carecía, un grueso cordón de músculo y pesada definición. Se sorprendió que la batalla no lo hubiera envejecido más, ¿pero quién era ella para adivinar a posteriori la norma de razas alienígenas? Sonrió y se encogió de hombros. "Hey, gracias," dijo, luego se avergonzó por su falta de palabras.
"Uh, no hay problema," respondió él, apartando la mirada con timidez.
Suspirando, ella volteó su cabeza para mirar de nuevo al interior devastado de la nave. "Gracias por toda tu ayuda, Radditz," dijo suavemente. "Sin tu conocimiento esto hubiera tomado muchísimo más." Él asintió y comenzó a faenar por otra herramienta, reconociendo que el tema había sido cambiado. "Sabes qué, tomemos un descanso," dijo ella, saltando fuera de la nave una vez más.
Él se puso de pie, ofreciendo su mano para ayudarla a levantarse. Ella la tomó, su palma sintiéndose pequeña y frágil en su masivo agarre, y se preguntó vagamente cómo se sentirían esas grandes manos en otras partes de su cuerpo. Él la levantó sin esfuerzo y se posicionó detrás de ella como un guardaespaldas, listo para seguirla. "Uh, genial," murmuró ella, comenzando a alejarse y nerviosa por lo cerca que él la seguía. "Vamos."
Goku miró por la ventana, su codo apoyado en la parte superior de la carcasa y el borde de su pulgar entre sus dientes, su rostro ausente mientras contemplaba la lluvia de primavera. Un suave tacto en sus brazos lo distrajo y bajó la vista para ver la delgada figura de su esposa a su lado. "Goku, cariño, ¿estás bien?" murmuró ella.
Él retornó su mirada al lluvioso bosque. "Estoy bien," dijo.
La escuchó gruñir su desaprobación a su lado. "No puedes engañarme," dijo con severidad, empujando su camino frente a él y cruzando sus brazos sobre sus pechos. "Dime qué te pasa."
Su rostro se rompió en una gran sonrisa y se sentó en el alféizar, sus grandes manos moviéndose y envolviéndose alrededor de su cintura, abrazándola brevemente. "No se te pasa nada," dijo con incredulidad.
Ella le sonrió en respuesta, la expresión genuina pero tensa. "¿Entonces?" preguntó.
Él la miró parpadeando. "¿Qué?"
"¿Qué estás pensando?" insistió ella, dándole una palmada en el hombro.
"Hmmm... pensando," murmuró él, arrugando la frente y tratando de recordar. "Radditz," dijo.
ChiChi frunció el ceño de inmediato. "¿Qué pasa con él?" dijo bruscamente.
Goku suspiró. "Sé que no te cae bien pero aún así sigue siendo mi hermano," protestó. "Él es el único vínculo que tengo a mis raíces."
"Tienes todas las raíces que necesitas aquí mismo," decretó ella.
Él le sonrió de nuevo, esta vez con timidez. "Lo sé, pero sigue siendo agradable, ¿sabes? Pero la cosa es que él no estará aquí para siempre. Ese tipo Vegeta va a arrastrarlo en cualquier momento y nunca más voy a ver a mi hermano otra vez."
ChiChi suspiró y se inclinó contra él, apoyando su cabeza contra su hombro, sus propios ojos fijos en la lluvia cayendo afuera. "Le has tomado mucho cariño," murmuró.
La mirada de Goku había vuelto a la lluvia y asintió. "Sí," confirmó, levantando el brazo en el que ella se apoyó y atrayéndola hacia él.
ChiChi miró al suelo. "Esta es la única vez que voy a decir algo como esto, Goku, ¿pero por qué no sólo derrotas a Vegeta? Entonces no te podrá quitar a Radditz."
El rostro de Goku se torció en una sonrisa extrañamente amarga. "No puedo derrotar a Vegeta, es demasiado fuerte," dijo en voz baja. "Y creo que Radditz se iría dispuesto de todos modos. Vegeta es su señor, después de todo. Él ama y odia a Vegeta al mismo tiempo."
ChiChi frunció el ceño. "Sé como se siente," gruñó ella, pero el comentario fue perdido completamente por su marido.
"Gohan también lo aprecia," añadió Goku, sus grandes ojos negros girando hacia ella.
"Lo sé. Hablando de eso, ¿dónde está?" dijo ella, un pliegue preocupado apareciendo entre sus cejas.
Goku sonrió ampliamente. "Con Piccolo," dijo alegremente.
La boca de ChiChi se abrió y cerró inútilmente por varios segundos antes de que estallara en cólera. "¿Qué?" gritó, alejándose de su marido. "¿Está con ese monstruo?"
Goku rió y la tomó de nuevo en sus brazos. "Sí, ¿eso te molesta? Piccolo daría su vida por nuestro hijo, sabes. ¿Quién hubiera pensado que él sería una niñera ideal?" dijo con una risita.
"¿Cómo puedes estar tan tranquilo al respecto?" gritó ChiChi, su rostro completamente conquistado por el pánico.
Goku sacudió su cabeza. "Porque Gohan está tan a salvo con Piccolo como con nadie más. Gohan es la única persona por la que él se preocupa, así que nada lo distraerá de cuidar a nuestro hijo. Además, Piccolo es casi tan fuerte como yo, así que Gohan está tan seguro con él como lo está conmigo."
"No sé," se quejó ella.
"Me haces reír," dijo él, toques de risas en los bordes de su voz. "¿Realmente vas a quejarte de tener más tiempo a solas?" murmuró, besándola en la sien.
ChiChi se sonrojó y bajó sus párpados. "Bueno, supongo que no. Supongo que sólo tendré que confiar en ti," dijo en en voz baja.
Goku sonrió y la condujo fuera de la ventana. Tendremos que hacer lo mejor del tiempo que tengamos, amor, pensó para sí mismo, ajustando su mandíbula. No sabemos cuánto de él nos queda.
Vegeta miró a lo lejos en la distancia por donde Zarbon se había ido. ¡Maldito sea! ¿Qué demonios se suponía que debía hacer completamente solo en el desierto? Vegeta gruñó y pateó una roca con furia mientras el viento arremolinaba arena alrededor de sus tobillos. Su armadura yacía tirada en el suelo a varios metros de distancia y su ira se alzó cuando la vio. No era de extrañar que no la necesitara- ¡ni siquiera lucharía con alguien! Ardió en furia por unos momentos antes de darse cuenta que todo lo que estaba haciendo era cansarse. Levitando a unos metros en el aire cruzó sus brazos y piernas y frunció el ceño, considerando sus opciones. Podría volver a la Corporación Cápsula, pero entonces se vería como un débil. Podría ir a otro lugar, algún lugar más hospitalario, pero eso no lo haría ver bien tampoco. ¿Había siquiera algo para comer en este maldito lugar? Un gruñido se rasgó a través de sus facciones y se rascó su mejilla de manera distraída, la mirada desenfocada mientras contemplaba. Se preguntó qué estaba haciendo Radditz. Probablemente trabajando en el trato de tecnología con esa horrible mujer. Honestamente, no sabía cómo el guerrero de tercera clase podía tolerarla. Después de todo, era gritona, odiosa, temperamental, grosera, irrespetuosa, enclenque, débil, y terrible. Lamentablemente se dio cuenta que ella sería la única en definir o romper el éxito de su imperio con esa mente suya, la agudeza de su cerebro tan aparente en esos chispeantes ojos azules. Salió de su posición relajada y gruñó mientras se daba cuenta de lo que había estado pensando. ¡Esa estúpida mujer se había infiltrado en sus pensamientos una vez más! ¿Nunca se podría deshacer de ella? Dio unos pocos pasos en la arena, mirando a sus polvorientas botas y haciendo su mejor esfuerzo para ignorar el calor. Culpaba a Zarbon por esto, por hacerlo quedarse en un lugar tan aislado hasta que encontrara una respuesta a esa estúpida pregunta. Era la culpa de Radditz, también, por estropear el plan en primer lugar, luego quedándose en la Tierra y enviando los gritos psíquicos que habían puesto los ojos azules de la mujer en su cabeza en primer lugar. Pateó de nuevo, enviando a volar arena. ¡Malditos todos ellos! ¡Maldito este estúpido planeta!"
Su ira huyó cuando se dio cuenta que estaba perdiendo tiempo. Recordó cómo solía odiar cuando Freezer se negaba a asumir la responsabilidad, en cambio dejando el castigo para los demás. Como cuando los implantes habían salido terriblemente mal, dejando a Vegeta destruir la mitad del equipo en la sala, y los técnicos habían tomado el calor incluso a pesar que el diseño había sido mal hecho por el mismo Freezer. Nada de su ira lo ayudaría a encontrar la respuesta a las preguntas de Zarbon. ¿Cuál era la diferencia entre lo que Zarbon llamaba etiquetas y lo que él realmente era? ¿Cómo podía averiguarlo?
"Si no soy un príncipe, o un emperador, ¿qué podría ser?" se preguntó en voz alta, sus palabras llevadas por el viento. "¿Qué queda?"
Zarbon aterrizó suavemente fuera del edificio principal del complejo de la Corporación Cápsula y se acercó a la puerta, una sonrisa de satisfacción en su rostro. Suponiendo que ese enigma le tomaría a Vegeta una eternidad. Eso estaba bien; supuso que se había ganado algo de tiempo de vacaciones del pequeño Príncipe. Se estiró perezosamente en la débil luz del sol de la primavera y abrió la puerta, prácticamente corriendo hacia la cocina. Justo como lo había sospechado; la Sra. Briefs estaba allí, improvisando algo que olía delicioso. Dio un paso en la habitación, sus botas resonando contra las baldosas y alertándola de su presencia.
"¡Hola, Zarbon, querido!" cantó, sosteniendo en alto una sartén. "No te ves corriendo en ese traje."
Él sonrió tímidamente y bajó la vista, recordando que no estaba usando nada más que un traje largo y botas. El negro ni siquiera era su color, pero eso no tenía nada que ver con el hecho de que el traje no dejaba absolutamente nada a la imaginación. "Muchas gracias," dijo amablemente, vagando hacia el mostrador y sentándose. "¿Cómo estás en este lindo día?"
Ella sonrió brillantemente y apoyó la cacerola en el mostrador. "Maravillosa, gracias. He estado algo ocupada. Yamcha nos visita hoy."
Zarbon frunció el ceño. ¿Yamcha? Oh sí, el guerrero de la Tierra con cicatrices, el que había tratado de ayudarlo después de que él y Vegeta casi se habían matado el uno al otro. "¿De verdad?" Zarbon dijo casualmente. "¿Viene seguido?"
Una triste mirada cruzó su rostro por un momento. "No tanto como solía hacerlo, no desde que lo que sucedió entre él y Bulma."
Zarbon alzó una ceja. "Ah, ¿y qué fue eso?"
Ella suspiró, tomando una espátula y moviendo cosas en la sartén. "Estoy segura que Radditz puede contarte. Él estuvo aquí cuando sucedió todo."
"Preferiría escucharlo de ti," dijo con firmeza, inclinándose sobre el mostrador.
"Yamcha y Bulma han estado saliendo desde hace bastante tiempo, desde que eran adolescentes. Se amaban mucho, pero habían estado peleando en los últimos tiempos. Pensé que todo iba a estar bien hasta que Radditz apareció, y él pareció mantener ocupada un poco a Bulma. Creo que él le recordó que había otras frutas por probar. En cualquier caso, Yamcha y Bulma fueron a una fiesta y la mañana siguiente él le propuso matrimonio. Ella se negró, pero él no se ha rendido todavía. Estaría por aquí más excepto que Radditz lo pone incómodo y Vegeta lo amenaza todo el tiempo, y ama a Bulma tanto que no quiere hacerle la vida difícil causándole problemas. Vio lo que le pasó a mi hija la última vez que intentó defenderse contra Vegeta. Ahora, sé que Vegeta realmente no la quiere lastimar," dijo, repentinamente deteniéndose y dándole una sorprendente mirada seria con sus ojos azules, "Pero su comportamiento asusta a Yamcha y él no está dispuesto a correr ningún riesgo."
Zarbon frunció el ceño y apoyó su mentón en sus manos. ¿El odio de Vegeta a Yamcha era una transmisión parcial de los sentimientos de Radditz, intercambiados cuando el guerrero había gritado por su príncipe? "Bueno, no tendrá que preocuparse por Vegeta por un tiempo," murmuró.
La Sra. Briefs estaba arreglando unas cosas en la sartén en un pequeño plato, sus delgados dedos hábilmente cambiando el modelo mientras lo escuchaba. "¿Oh? ¿Por qué es eso?"
Zarbon se permitió una sonrisa fría. "Está tomando un tiempo libre para auto descubrirse. No espero que vuelva pronto."
"Oh bueno," respondió ella. "Siempre es bueno conocerse a uno mismo."
"Estoy de acuerdo," Zarbon dijo calurosamente.
"¿Hola?" una voz gritó desde el pasillo.
La Sra. Briefs se puso de pie en el momento y prorrumpió en una enorme sonrisa, apresurándose hacia la puerta y limpiándose las manos en su delantal. "¡Yamcha!" gritó, saludando. "¡Llegas temprano! ¡No te esperaba por un par de horas más!"
Entró en la cocina, con una amplia sonrisa en su hermoso rostro con cicatrices. "Sí, terminé con mi entrenamiento temprano. ¿Te molesta si uso la ducha?" dijo.
"Por supuesto. El almuerzo tomará un rato de todos modos," respondió ella, y se apresuró a los armarios una vez más.
Yamcha se volteó y notó a Zarbon, sonriendo y extendiendo su mano, que Zarbon tomó con cautela. Yamcha le dio una vigorosa sacudida y le dio una palmada en el hombro. "Hey, ¿cómo estás?" dijo alegremente. "Te ves mejor."
Zarbon alzó una ceja y aclaró su garganta. "Gracias," dijo con reserva, comenzando a agradarle Yamcha pero sin confiar en él todavía. "Tú también te vez bien."
Yamcha rió y se sentó en el mostrador. "Gracias. Sí, supongo que me veré bien hasta la próxima vez que Vegeta trate de matarme," dijo con una risa nerviosa, obviamente tratando de ocultar su aprensión.
Zarbon lo miró desapasionadamente, sus fríos ojos dorados brillando. "Sí, estás arriesgándote bastante estando aquí."
Yamcha se encogió de hombros, tocando por encima del mostrador de manera distraída con un dedo. "Lo sé," dijo con calma. "No puedo evitarlo, sin embargo."
Zarbon finalmente sonrió. "Bueno, no te preocupes. No estará aquí durante bastante tiempo."
Negro cabello cayó hacia el costado mientras Yamcha ladeaba su cabeza. "¿Oh? ¿Por qué es eso?"
"Estoy entrenándolo y está en una misión en este momento. Es la más difícil que tendrá que aprender y supongo que le tomará bastante tiempo. Es muy terco y su arrogancia sólo se meterá en el camino, dijo Zarbon, examinando sus uñas.
Esa brillante sonrisa de Yamcha apareció de nuevo. "Déjame adivinar; no hay adversario."
Los ojos de Zarbon se abrieron una fracción. "Lo tienes," murmuró.
"Tenemos maestros de artes marciales aquí también, sabes," dijo Yamcha.
Zarbon giró sus ojos y se encogió de hombros. "Todos piensas que tienen maestros. Todo lo que realmente tienen son profesores, que son sólo mayores, más experimentados estudiantes."
Yamcha suspiró, apoyándose contra el mostrador. "Sí, supongo que sí," estuvo de acuerdo. "¿Entonces qué vas a hacer mientras tanto? Quiero decir, realmente no te veo saliendo con Goku o Radditz y asustas a Bulma. ¿Vas a quedarte y mirar talk shows o qué?"
Rascándose el lado de su nariz Zarbon sacudió su cabeza. "No tengo la más mínima idea," murmuró.
La sonrisa de Yamcha se volvió maliciosa. "¿Por qué no sales conmigo esta noche?"
Las cejas de Zarbon se juntaron en un pequeño ceño fruncido. "¿Qué quieres decir?"
"Bueno, podríamos ir a comprar algo de ropa y luego ir a un club," dijo Yamcha, moviéndose en su silla y arrojando a la madre de Bulma una mirada sobre su hombro.
"¿Club?" Zarbon preguntó.
"Sí, ya sabes, un lugar donde se pueda tomar algo, encontrar algunas parejas de baile, etcétera," dijo Yamcha, poniendo énfasis en la palabra parejas y dando a Zarbon una mirada significativa.
Zarbon tragó duro. "Me encantaría ir," dijo.
"Genial. Podemos comprarte ropa adecuada después del almuerzo," Yamcha dijo distraídamente, mirando de nuevo a la Sra. Briefs. "¿Cuánto tiempo tengo para mi ducha?" le preguntó.
"Diez minutos," respondió ella, mirando al temporizador en la estufa.
Yamcha se encogió de hombros y sonrió tristemente. "Supongo que tendré que tomar otra más tarde si quiero lavarme el cabello," dijo con un suspiro y se puso de pie, saludando a Zarbon mientras salía de la habitación.
Zarbon lo vio irse y soltó una sonrisa expandida en su rostro. Éstas eran las mejores vacaciones que había tenido alguna vez.
