Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Épico

(Epic)

Un fic de The Prime Minister

Traducción por Apolonia


Estaba aburrido hasta las lágrimas, lágrimas absoluta. Todos los pequeños terrícolas estaban sentados en el escenario, tocando instrumentos de algún tipo. Habían estado tocando durante dos horas ya, y él estaba seguro de que nunca iba a terminar. Iba a morir de aburrimiento en la pequeña silla que era casi demasiado pequeña para él, y lo último que iba a escuchar era ese ruido horrible y estridente que pasaba por música terrícola. Apretó sus dientes y se movió incómodo en su silla, estirándose hacia atrás y rascándose la nuca donde su cabello estaba tirado en una coleta. Bulma le lanzó una mirada asesina y se quedó quieto, haciendo una mueca mientras sus ojos azules se angostaban con fastidio. Se movió menos en su silla y cruzó sus manos en su regazo, frunciendo el ceño mientras comenzaba a mirar al escenario de nuevo. Unos segundos después su mirada empezó a vagar y se dio cuenta de que la mayoría de la audiencia estaban amontonados en hileras estrechas, los codos tocándose y los abrigos apretados en sus regazos. Por suerte para él Bulma tenía un palco o nunca hubiera sido capaz de sentarse durante el espectáculo. Cállate, se dijo. Estás haciendo esto por ella. Nadie te dijo que tenía que gustarte. La miró, a sus blancos hombros delgados saliendo del vestido negro sin tirantes, el tafetán voluminoso ocultando sus piernas bien formadas. Incluso bajo el perfume que llevaba podía oler su aroma fresco y ligero. Debió haber sentido su mirada, porque le devolvió la mirada, un pequeño ceño fruncido todavía en su frente. "Shhh," dijo bruscamente, levantando su dedo índice a sus labios.

"No dije nada," susurró en respuesta.

"No me importa," espetó en voz baja. "¡Ahora pórtate bien!"

Radditz frunció el ceño y se recostó en su silla, la mirada perdida en la nada hasta que sintió un golpecito en su hombro. Mirando hacia arriba, vio que Bulma se había levantado y era la persona que lo había tocado. Entonces se dio cuenta que la música se había detenido, los músicos se habían ido, y las luces de la sala estaban completamente encendidas. El concierto había terminado. "¿Qué?" preguntó, dándose cuenta que sus facciones estaban un poco torcidas con algún tipo de emoción.

"Se terminó el espectáculo, Radditz," ella gruñó con ira lanzando su abrigo sobre sus hombros y ajustando sus guantes hasta el codo.

Él se puso en pie torpemente y se quedó mirándola, ajustando su pajarita. "Sí," dijo él en voz baja.

"¿Y bien?" dijo ella bruscamente, clavando sus talones en la alfombra mientras empezaba a alejarse con rabia.

"Estuvo muy bonito," dijo, luchando para alcanzarla. El pánico se levantó en él al darse cuenta de que no tenía idea de lo que ella quería de él o incluso lo que se esperaba que hiciera. No era más que un guerrero, después de todo, a pesar de su entrenamiento mecánico e interés pasajero en la tecnología, y como tal no tenía idea de cómo comportarse adecuadamente en la situación actual.

Ella se volvió hacia él, sus ojos ardiendo, y golpeó sus manos contra sus piernas en señal de frustración. "¡No me digas esa basura, Radditz!" siseó. "¡Te aburriste hasta la muerte!"

"Bulma," dijo, extendiendo un brazo.

Ella lo golpeó lejos. "¿Cómo te atreves a mentirme?" dijo.

"No es eso," empezó, angustia empezando a mostrarse en sus facciones.

Ella levantó una mano enguantada y sacudió su cabeza. "Sabes qué," dijo, ni siquiera importándole. "¡Vegeta se aburrió hasta la muerte en la ópera y logró portarse bien!"

Radditz se puso rígido cuando el comentario lo golpeó. ¡Inferior a Vegeta una vez más! ¿Estaba condenado para siempre a ese destino? ¿Estaba condenado a envidiar al Príncipe para siempre? Las facciones de Radditz se endurecieron y con frialdad le ofreció a Bulma su brazo. "¿Por qué me comparas con Vegeta?" dijo vacilante, mirando al frente al salir del palvo y entrar en el pasillo.

Bulma se detuvo y lo miró fijamente, a los duros planos de su rostro, las finas degradadas líneas en las esquinas de sus ojos, las marcas de la vida dura y no la edad. Su nariz era un poco redondeada al final, más parecida a la de Goku en lugar de afilada como la de Vegeta, y sus ojos oscuros eran relativamente plácidos. Se veía sorprendente en su traje, adaptado a su contextura masiva, con su pelo negro recogido en la base de su cráneo y su piel bronceada muy pálida en la penumbra de la sala de conciertos. Ella lo tomó del brazo con cuidado y se aferró a él, sintiendo a los grandes músculos moverse bajo la manga mientras sus dedos se flexionaban. "No sé," dijo, paseando su mirada hacia la alfombra. "No te pareces en nada."

Radditz la miró entonces, viendo el ligero movimiento a través de la brillante corona de su cabeza. "Lo sé," dijo, de pronto con miedo. Vegeta parecía reaccionar muy fuertemente con Bulma. ¿Era culpa suya? ¿Podría Bulma estar a salvo? "No sé qué haría si te perdiera," dijo, en voz tan baja que ella casi no lo oyó.

Ella lo miró desde el rabillo del ojo, su mirada sólo golpeándolo en la costilla. Un frío cosquilleo hizo su camino por su espalda. "Sólo tendrás que asegurarte que no lo hagas," murmuró, apretando sus manos alrededor de su frente y dejándolo ayudarla a bajar las escaleras.


Se dio cuenta de que estaba borracho. Muy, muy borracho. Su primera pista fue cuando no vio la silla cuando intentó sentarse, la segunda cuando Zarbon no paraba de decir "Por aquí, Yamcha," cada vez que intentaba decirle algo al alto hombre de cabello verde. La tercera y última pista, sin embargo, fue que se encontró incapaz de caminar, lo que realmente estaba bien, ya que alguien tuvo la amabilidad de ayudarlo a moverse. La camarera parecía estar mirándolo en intervalos regulares cuando Zarbon no estaba allí, pero dejó de notarla después de un rato, porque se había desmayado.

Zarbon volvió a la mesa con la mujer con la que había estado bailando y se deslizó en el asiento, mirando a Yamcha. La mujer hizo un pequeño ruido cuando vio al hombre de cabello oscuro, pero se deslizó en el asiento junto a Zarbon, no obstante. "Tendrás que disculpar a mi amigo," le dijo en voz baja. "Parece haber tomado un permiso para irse del local," murmuró mientras miraba con disgusto a Yamcha. Moviéndose a través de la mesa envolvió sus dedos en el espeso cabello negro y alzó la cabeza mientras quitaba el plato de galletas con su otra mano. Yamcha soltó un pequeño gruñido y Zarbon tuvo que suprimir una risa; el rostro con cicatrices estaba salpicado de pequeñas marcas rojas donde habían estado las galletas presionadas contra la piel. Oh, eso iba a doler por la mañana, pensó mientras bajaba la cabeza de Yamcha con cuidado.

"¿Está bien?" preguntó la mujer, corriendo sus dedos sobre el antebrazo descubierto de Zarbon.

"Estará bien," murmuró Zarbon, fijando sus dorados ojos en la mujer. "Acaba de cortar con su novia."

"Oh, y volvió a la piscina de citas demasiado pronto," dijo entendiendo, moviéndose en la mesa para acariciar la cabeza de cabello oscuro.

"Supongo," respondió Zarbon, apoyando su brazo sobre el respaldo del asiento.

La mujer se inclinó a su lado y le sonrió, presionando sus senos contra sus costillas. "Sucede. ¿Y qué hay de ti? ¿Estás comprometido?"

Zarbon tuvo que evitar conscientemente que sus ojos se ampliaran mientras sentía la mano de ella trazar su camino dentro de su muslo vestido de cuero. "No por el momento, no," respondió, haciendo su mejor intento de ignorar dónde ella había decidido descansar su mano.

"Eso está bien," dijo ella, subiendo un poco para susurrar las palabras a su oído. Levantó la mano y suavemente tocó su pendiente, haciéndolo balancearse de un lado a otro en su lóbulo. "Sabes, tienes un maravilloso gusto para la ropa," comentó ella, sus labios tan cerca de su oreja que podía sentir su aliento.

"Gracias," murmuró él, sabiendo que el atuendo que había elegido le sentaba bien. Yamcha había elegido un gran par de zapatos que quedaban muy bien con un par de pantalones de cuero negro, y Zarbon era parcial a la camiseta brillante de color vino que apenas se aferraba a sus músculos, y la forma en que la media cremallera en su cuello colgaba su pequeño aro era absolutamente encantadora.

"De nada," dijo suavemente, enganchando un dedo en el anillo de la cremallera y tirando, exponiendo sus clavículas y la parte superior de sus pectorales e inclinándose para besar el costado de su nuez de Adán.

Zarbon sintió la onda de calor a través de su cuerpo y le permitió a sus ojos girar hacia atrás un poco en su cabeza antes de mirar a Yamcha nerviosamente. Oh, dios, ¡cómo amaba a este planeta! "¿No crees que soy un poco extraño?" murmuró, tratando de concentrarse fuera de sus labios jugando con su cuello.

"No, tu piel es celestial," murmuró contra su carne.

Zarbon dejó sus ojos deslizarse de nuevo a la multitud en el piso del club. "Bueno, supongo que tienen toda clase de mamíferos y reptiles distintos aquí," dijo.

"¿Realmente necesitas hablar ahora?" preguntó ella, repentinamente llenando el angosto espacio que su regazo ocupaba entre el asiento y la mesa, sus dedos moviéndose de arriba a abajo en su cuello y sus hombros musculosos.

"Tal vez," dijo él, cerrando sus ojos y probándola cuando ella se inclinó para besarlo. "Acabo de conocerte y has estado bebiendo. No quiero hacer nada injusto contigo."

"¿Cómo puedes hacer eso?" preguntó ella, tomando el lóbulo de su oreja entre sus dientes.

"Soy un alienígena y me iré de este planeta pronto," dijo él, suprimiendo un estremecimiento de placer.

Ella retrocedió y lo miró de reojo. "¿Crees que estoy buscando una relación o algo así?" dijo bruscamente, su ceja levantada.

"No lo sé," admitió él. "¿Lo estás?"

"¡No!" exclamó ella. "Una noche es todo lo que busco."

"¿Sinceramente?" dijo él, secretamente encantado. "No quiero hacer nada que pueda hacerte daño."

Ella sonrió tímidamente, marrones cejas parcialmente ocultas por sus bajos párpados y gruesas pestañas. "Entonces no lo hagas. O al menos no hasta que te lo pida," susurró, besándolo de nuevo.

Hizo un ruido de placer y rompió el contacto, inclinándose en el asiento y sintiendo la calidez de sus muslos en su regazo. "¿Quieres salir de aquí?" preguntó bruscamente.

Ella dejó de estar a horcajadas de él y se deslizó fuera del asiento. "Sí, inmediatamente," respondió ella.

Zarbon miró a Yamcha. "Pobre hombre. ¿Me esperarás afuera mientras llevo a mi amigo a su casa?" preguntó. No debería tomar mucho tiempo."

Ella suspiró y miró a Yacmha también. "Claro. El pobre perdió a su novia, después de todo, y supongo que no me puedo molestar por esperar a alguien como tú," respondió, pasando su mano por su trasero.

"Confía en mí, iré tan rápido como pueda," le aseguró, levantando a Yamcha sobre su hombro y caminando hacia la salida.


Bulma estaba dejando su abrigo a un robot cuando la puerta se abrió detrás de ella. Radditz, de pie junto a ella y esperando por ella para que terminara con los robots, se giró, el rostro contorsionado en alistamiento de batalla pero apenas lanzando un agudo grito en lugar de atacar. "¿Qué diablos has hecho?" Radditz demandó. Bulma se volteó para ver a Zarbon de pie en la puerta con el inmóvil cuerpo de Yamcha sobre su hombro.

Zarbon frunció el ceño, estropeando su perfecto y hermoso rostro. "Nada," espetó en respuesta, rápidamente acercándose al gran Saiyajin y depositando al terrícola en sus brazos. La cabeza de Yamcha colgaba a un lado, sus ojos cerrados y las mejillas rojas.

"¿Qué es esto?" gruñó Radditz, tomando a Yamcha torpemente.

"Está borracho, nada más," gruñó Zarbon, lanzando una mirada a Bulma. "Ve que lo cuiden, por una vez," añadió antes de salir por la puerta y en el cielo de la noche una vez más.

Bulma se despertó de la conmoción que sintió y corrió hacia la forma inerte de su ex amante, rápidamente inspeccionando su rostro con sus dedos. Las pequeñas marcas rojas sobre todo su rostro se veían como las que había ganado por ponerse en contacto muy cercano con algo inquebrantable contra su piel, pero se dio cuenta al instante que desaparecerían con el tiempo. "Estará bien," susurró, poniendo su mano bajo el flequillo de Yamcha y presionando sus dedos contra su frente. "Sólo va a tener una mañana horrible."

Radditz miró a Yamcha con disgusto. "¿Qué debo hacer con él?" gruñó.

Una malvada sonrisa pasó por el rostro de Bulma. "¿Por qué no lo ponemos en la habitación de Zarbon?" dijo malvadamente, guiando a Radditz y pasando una mano por su brazo.

Una sonrisa similarmente malvada se torció en el rostro de Radditz y cambió a Yamcha a una posición más cómoda para transportar. "Excelente," respondió. "Muéstrame el camino."


"¡AAAUUUGH! ¿Por qué no funciona?" gritó ella, sacudiendo sus puños y soltando su llave contra el suelo.

Radditz levantó la vista de donde estaba sentado en un banco y alzó una ceja. "No lo sé," respondió. "¿Por qué no me dejas ver?"

Ella se apartó mientras él estaba de pie, apretando la maquinaria contra ella. "Bueno, ¿no eres tú el experto?" dijo bruscamente, sus ojos brillantes.

Él la miró, estupefacto. No importaba cuánto intentara no podía parecer interpretar sus estados de ánimo. "Bueno, en realidad, Bulma, yo soy el experto aquí," dijo.

Los ojos azules de Bulma parpadearon por varios momentos mientras sus hombros caían. "Oh, cierto," murmuró, bajando sus ojos y presionando su boca en una línea mientras él se inclinaba y le entregaba la llave. "Sólo es frustrante, sabes, ver lo que quiero pero no entenderlo o cómo hacerlo funcionar," dijo amargamente, echando su mirada de nuevo a la nave. Cuando lo miró de nuevo él tenía una extraña expresión en su rostro, como si se hubiera tragado un insecto particularmente desagradable.

"Sé exactamente cómo te sientes," entonó, sus negros ojos cubriéndola y haciendo que los vellos de su nuca se levantaran.

Ella lo miró de nuevo, preguntándose cómo lograba para asustarla tanto cuando sólo estaba siendo dulce. ¿Era la forma en la que nunca parecía dejar de mirarla? Ella pensaba que era atractivo, su madre había tenido razón sobre eso después de todo, y la mayoría de sus amigos se llevaban bien con él, pero parecía como si él estuviera mirando a su piel y no lo que había dentro. Igual que Yamcha. Era dulce, y adorable, pero nunca había sido capaz de entenderla o sentir lo que sentía. Nadie había sido capaz de decirle el por qué de todo esto, y eso es lo que más deseaba desperadamente, saber cómo funcionaban las cosas. Sacudiendo su cabeza, decidió ignorar las espinas en la base de su cráneo y fingir que no notaba la manera que él nunca parpadeaba cuando la miraba. "Lo que sea," murmuró mientras un movimiento en los bordes de su visión llamaron su atención.

"Buenos días," una voz dijo desde la puerta.

"¡Yamcha!" dijo, sintiendo viejas emociones crecer en su interior. Aunque el amor se había ido todavía conservaba fuertes sentimientos de afecto por él. Él se inclinó contra la jamba de la puerta con pesadez, aros bajo sus ojos y su cabello moviéndose salvaje en toda dirección concebible, sus manos en sus bolsillos mientras la miraba con timidez. Una sonrisa iluminó su rostro y se precipitó hacia él, arrojando sus brazos alrededor de sus hombros y hundiendo su rostro en su cuello.

"Ow," dijo él, haciendo un gesto de dolor mientras ella lo empujaba en su movimiento. "Mi cabeza todavía late." La acercó a él e inhaló profundamente su cabello ligeramente perfumado. Alzando sus ojos, se centró en donde estaba Radditz, sus puños apretados a sus lados y una postura rígida. El rostro del Saiyajin estaba ligeramente picado con alguna clase de sentimiento sin nombre y su cola estaba suelta de su cintura, azotándose locamente de un lado a otro en el aire detrás de él.

Ella puso sus manos en sus hombros y lo apartó de ella para poder verlo mejor. "No lo dudo. Te quedaste inconsciente anoche cuando Zarbon te trajo de nuevo y has estado durmiendo desde entonces."

Yamcha resistió la urgencia de moverse y aplastarla contra él de nuevo, en cambio miró a Radditz con cautela. Había escuchado de Krillin que Radditz había estado entrenando con Goku, y como tal era posiblemente más fuerte que él, así que de inmediato se decidió en contra de no emitir un desafío al enorme Saiyajin. Además, eso sólo le daría a Vegeta una razón más para intentar matarlo. "¿Entonces dónde está Zarbon?" preguntó distraído, en vez conformándose con pasar su mano suavemente de arriba a abajo de su brazo.

Bulma levantó una ceja. "Él sólo te dejó y se fue. ¿Lo enganchaste con alguna de las hermanas de tus amigos o algo así?"

Yamcha sonrió y comenzó a reír, pero hizo una mueca cuando el movimiento empujó su cráneo dolorosamente. "No, él era más que capaz de encontrar sus propias parejas," murmuró. "Hey, ¿qué hora es?"

Ella frunció el ceño y miró a su reloj. "Casi las once y media," dijo. "¿Por qué?"

"¡Todavía tengo tiempo para el desayuno!" rió entre dientes, moviendo sus brazos a través de los de ella. "Estás a tiempo para venir a acompañarme."

"Ella estaba aquí para empezar," gruñó Radditz. "Está ocupada ahora."

Bulma se volteó hacia él, frunciendo el ceño. "No creo que sepas cómo repartir mi tiempo," dijo ella. "Claro que iré contigo, Yamcha," arrulló. "No es divertido comer solo."

"¡Genial! ¡Tengo el peor hambre del mundo!" cantó, notando en silencio que la expresión de Radditz se quebró tras las duras palabras de Bulma. Esta situación meritaba observación, decidió. y comenzó a caminar con ella por el pasillo.


Zarbon paseó por la puerta, estirando un brazo mientras recogía su trenza con su otra mano, y sintió a la habitación quedarse en silencio a su alrededor. Alzando la vista, vio que todos estaban sentados a la mesa mirándolo, la comida levantada a mitad de camino a sus bocas, sus ojos vagando desde la curiosidad al disgusto. Bajó su trenza torpemente y destelló su mejor sonrisa. "Buenas tardes," dijo alegremente, vagando hacia la nevera.

"Hey, Zarbon," Yamcha dijo, bebiendo de su café de nuevo. "¿Cómo fue tu noche?"

Zarbon rió desde el interior de la nevera. "Oh, mucho mejor que la tuya, diría," murmuró, su voz acompañada por el tintineo de las botellas. "¿Cómo te sientes?"

Yamcha rió, lanzando una mirada a Bulma y guiñando un ojo, ganando un gruñido de Radditz. "Como la mierda," dijo, tomando otro sorbo. "Pero es de esperarse."

Los ojos de Zarbon aparecieron un instante sobre la puerta del refrigerador. "Nunca me gustó tomar mucho alcohol, y algunas de las cosas que tienen aquí son absolutamente horribles. Aunque no me puedo quejar."

Bulma se movió nerviosamente en su silla. "Uh, muchachos, ¿qué está pasando?" dijo finalmente, sus azules ojos moviéndose de un lado a otro. "No sabía que ustedes dos fueran tan buenos amigos."

Yamcha giró su suave mirada hacia ella y sonrió, frotando la parte de arriba de su brazo con dos dedos. "Él estaba aburrido y yo lo invité a salir. Después de todo, ya que no tiene a Vegeta para preocuparse necesita hacer algo."

Bulma frunció el ceño. "¿Dónde está Vegeta?" preguntó, enviando una mirada transversal a Radditz. El color rosa en sus mejillas en respuesta y miró al suelo.

Zarbon apareció con un plato lleno de comida y se sentó frente a ella, sus fríos ojos descansando ligeramente en su rostro mientras llevaba delicadamente la comida a su boca. "En el desierto, meditando," contestó con indiferencia.

Bulma rió en voz alta. "¿Él, meditando?" rió entre dientes. "¿Realmente tiene la capacidad de algo como eso?"

La columna de Radditz se puso rígida. "El Príncipe se enorgullece de su amplia gama de capacidades," dijo a la defensiva.

Zarbon asintió agradecido. "Sí, Vegeta está lleno de sorpresas," estuvo de acuerdo. "Harías bien en no subestimarlo."

Ella frunció el ceño y sacudió su cabeza. "Así que sólo lo abandonaste en el desierto. Genial. ¿Entonces por cuánto tiempo estamos libre de su real dolor en el trasero?"

"Bulma," Radditz reprendió con suavidad. "Realmente no deberías hablar así del Príncipe..."

Bulma se volteó hacia él, sus ojos angostados. "Oh cállate, Radditz," escupió. "Tú lo odias incluso más que yo."

Las cejas de Zarbon se alzaron en curiosidad y se inclinó hacia adelante en su silla. "¿Qué?" dijo, tratando de ocultar su sorpresa.

Bulma dirigió su mirada al hombre de cabello verde. "Me escuchaste," ella gruñó. "Radditz probablemente odia a Vegeta más que cualquiera de nosotros. Quiero decir, tú sabes cómo es trabajar con él, Zarbon, ¡e incluso te respeta!"

Zarbon ladró una breve carcajada. "Bueno, no lo llamaría exactamente respeto," comenzó con una sonrisa torcida, palpando su tenedor de manera ausente.

Ella negó con su cabeza. "No importa cómo lo llames. El pobre Radditz está en la parte inferior de la cadena alimenticia y no creo que sea justo. ¡Él me dijo sobre lo que pasó en ese lugar Arlia y sobre cómo Nappa iba a dejarlo morir y luego Vegeta, a quien ha servido fielmente durante toda su vida, lo trata como basura!" gruñó ella.

"Bulma," Radditz instó, avergonzado.

Ella se dio la vuelta hacia él una vez más. "¡Cállate!" espetó, poniéndose de pie furiosamente y caminando por la habitación. Radditz arrojó a los otros dos hombres una mirada extraña de sufrimiento y exasperación y la siguió fuera de la habitación, su voz suplicante con ella mientras viajaban por el pasillo.

Zarbon giró sus amplios ojos hacia Yamcha. "¿Qué demonios fue eso?" dijo.

Yamcha se encogió de hombros, mirando a la mesa y jugando distraído con el asa de su taza. "Ella lo hace a veces. Creo que el estrés la está golpeando. Trabaja todo el día con Radditz en tecnología que quiere desesperadamente y no creo que esté haciendo tanto progreso como quisiera."

Zarbon frunció el ceño, masticando pensativo. "Bueno, ¿no es eso de esperarse? Nuestras cosas son una incógnita, después de todo."

Yamcha asintió, haciendo un gesto con su otra mano. "Supongo, pero ella no está acostumbrada a eso. Y Vegeta no está ayudándola al molestarla todo el tiempo. Ella sólo no sabe lo que quiere, supongo."

Zarbon frunció el ceño y sacudió su cabeza. "Me estás perdiendo. Recuerda que no soy un terrícola."

Yamcha suspiró, cambiando su postura para inclinar sus codos sobre la mesa. "Quiere terminar la tecnología para tenerla a mano, pero no creo que quiera que ustedes se vayan pronto. Lo mismo con Radditz. Está atraída por él pero la asusta como el demonio, mirándola todo el tiempo y siendo extraño."

Zarbon de inmediato bajó su comida. "¿Qué? ¿Las cosas fueron lejos entre ellos dos?"

Fue el turno de Yamcha para fruncir el ceño oscuramente. "No, no lo creo," dijo amargamente, "Y si tengo algo que ver con eso nunca lo harán. De todos modos, tienes que estar ciego para no notar cómo la sigue. ¡Incluso hace eso de la cola!"

"¿Qué cosa de la cola?" Zarbon exigió, su alarma creciendo.

Yamcha hizo un gesto con un dedo. "Ya sabes, cuando la cola se desenrosca y ondea en el aire como loca, como un gato acechando a su presa."

"No me gusta esa analogía," dijo Zarbon.

Yamcha se encogió de hombros. "No existe para que te guste. Así es como es, y no creo que haya alguien que pueda hacer nada al respecto."

"Eso es lo que me preocupa," respondió Zarbon, y se levantó en el aire para alejar sus platos.