Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Épico
(Epic)
Un fic de The Prime Minister
Traducción por Apolonia
Uno o dos meses habían pasado, el frío de la primavera pasando a descongelar por completo. Bulma seguía trabajando diligentemente en la tecnología alienígena, Radditz a su lado. Yamcha venía más y seguido hasta que estuvo discutiendo con Radditz diariamente, que sólo aumentaba la irritabilidad de ella más aún. Zarbon casi nunca estaba para distraer a nadie de sus disputas, ya que había decidido que aprovecharía sus vacaciones en serio y estaba en eventos sociales o en clubes casi todos los días de la semana. Así que la situación se presentó cuando Bulma dejó la llave y suspiró, limpiándose una engrasada mano por la frente. Estaba empezando a odiar la maquinaria con la que pasaba todo el día, cansada de la frustración que traía. Había sido divertido al principio, tratando de averiguar que hacía todo, y Radditz había sido de gran ayuda, pero ahora las cosas llegaron a tal punto que estaban mucho más allá de sus conocimientos y estaba probando los límites de su genio. Mientras se arrodillaba en el frío suelo no pudo dejar de notar la factura que estaba pasando la frustración en ella, sintiendo su huesos doler y el ahora habitual dolor en su cráneo. Después de desastrosa salida de la sinfonía desastrosa no había invitado a Radditz a ningún lugar público, y la tensión de todo el trabajo y no divertirse se estaba empezando a notar. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que alguien la había abrazado por última vez? se preguntó ociosamente. Pensando, se dio cuenta de que podía sacar provecho de Yamcha o Radditz fácilmente, y el pensamiento la avergonzó. Aún así... meneó su cabeza con rabia. No podía permitirse tales distracciones. Sin embargo, necesitaba estar un poco distraída en este momento o se rompería por la presión. Poniéndose de pie se sacudió sus pantalones vaqueros y se estiró con un bostezo, mirando hacia donde Radditz estaba encorvado sobre un trozo de metal. "Creo que es hora de un descanso," dijo con una sonrisa.
"Muy bien," murmuró, levantando la vista de su tarea el tiempo suficiente para abrir y cerrar sus ojos.
"Vamos a comer un bocadillo," ella ofreció, esperando que él la alcanzara. Él se tomaba más descansos que ella, ahora que lo pensaba, ya que cada vez que su paciencia se agotaba lo pateaba fuera del laboratorio y él se iba para ver los talk shows con su madre, casi bajando su cabeza como un perrito triste. Pronto estaba detrás de ella, tan de cerca como siempre parecía, y los dos ellos viajaron por el pasillo.
Habían comido su bocadillo en silencio, Bulma mirando por la ventana a la cálida lluvia de primavera. Los vientos finalmente habían dejado de ser fríos y el verano estaba empezando a tomar sabor en el aire. Se le ocurrió que no había salido ni hecho ejercicio por un tiempo, y la lluvia se veía increíblemente incentivadora, sus gotas prometiendo estar frescas contra su palpitante frente. "Vamos afuera," soltó, dejando sus platos donde estaban y plantando sus manos sobre la mesa mientras se ponía de pie.
Radditz la miró con recelo, levantando una ceja. "¿Para qué?" preguntó, frunciendo el ceño. "Está lloviendo."
Ella suspiró y dejó golpear sus manos contra sus muslos mientras caían. "¡Porque! Quiero salir a jugar bajo la lluvia," dijo, la voz comenzando a lloriquear.
Radditz gruñó algo y se puso de pie, mirándola con escepticismo. "Buemo, lo que quieras," dijo.
Los ojos de ella se iluminaron y se precipitó hacia él, tocándolo con un dedo. "Marcado," dijo y comenzó a correr hacia la puerta.
"¿Marcado de qué? ¿Lo dejé de nuevo?" dijo Radditz, girándose de derecha a izquierda para mirar dónde lo había tocado.
Bulma casi se golpeó la frente. Su madre era una mala influencia, siempre comprándole ropa a Radditz, y ahora sólo sabía que marca era algo sujeto a las prendas. "Marcado, ¡estás marcado!" dijo con irritación. "Ahora tienes que atraparme y marcarme de nuevo, y no es justo usar tus poderes."
Él entrecerró sus ojos y la miró con confusión. "Um, ¿por qué?" preguntó.
Ella gimió y bajó su cabeza. "¡Es un juego, tonto!" dijo. "¡Ahora vamos!"
"Así que tengo que, eh, ¿marcarte de vuelta?" dijo.
Ella asintió. "Eso es."
"¿Tengo que tocarte para marcarte?" continuó, la expresión vacilando entre emoción y alarma.
"Sí, esa es la idea," gruñó ella. "¿Por qué? ¿Te parece que tocarme es una tarea desagradable?"
Sus mejillas ardieron inmediatamente. "Por supuesto que no," respondió con frialdad. "Bueno, entonces, será mejor que empieces a correr porque lista o no, allá voy."
Sus ojos se abrieron de golpe y miró al frente, el conocimiento tomándolo por el cuello y golpeándolo en la cara. La respuesta a la pregunta- la tenía. Finalmente la consiguió después de todo este tiempo. ¡Ahora Zarbon lo entrenaría y lo ayudaría a convertirse en el más fuerte del universo! Sintió sus pies tocar el suelo ligeramente mientras bajaba de donde estaba sentando en el aire y estudiaba el desierto a su alrededor. La mayoría de los acantilados que habían estado cuando llegó por primera vez ahora eran sólo una pila de escombros, demolidos por sus feroces entrenamientos. Una noche, mientras se levantaba con cuidado después de que un pedazo de roca del tamaño de una casa lo golpeara, se sintió extrañamente separado de la ira ardiendo dentro de él, y se preguntó de repente, ¿podía haber algo más? Tomado con esa idea, se arrojó de inmediato completamente en sus ejercicios de meditación y abrazó lo que vio allí. Todo su esfuerzo le había proporcionado un premio: la respuesta. Moviéndose con su mente buscó a Zarbon, vadeando a través de las millones firmas de ki hasta que encontró la de él. Fue más difícil de lo que imaginó que sería; porque una extraña señal seguía llamando su atención, llamándolo hacia ella y convocando a su mente sin importar cuán duro intentara moverse a su alrededor. Bajó su guardia por sólo un momento, curioso por saber qué era lo que lo estaba obstaculizando, y los azules ojos destellaron tan brillantemente en los ojos de su mente que la reacción lo hizo caer de rodillas, bañado en sudor y temblando. ¿Qué diablos había sido eso? La ira se alzó en él de nuevo y se puso de pie temblando, apretando sus manos en puños y encrespando sus brazos con furia. Concentrando su mente, se precipitó hacia la firma mental de Zarbon y gritó su nombre, llamándolo con toda su mente. No hubo respuesta que pudiera escuchar, sólo una extraña barrera que Vegeta no había encontrado antes. ¿Qué podría estar haciendo Zarbon que tomara toda su atención. Frunciendo el ceño, intentó de nuevo. No hubo respuesta. "¡Maldita sea!" gritó Vegeta, arrodillándose y golpeando un puño en la tierra, abriendo una grieta de varios metros de largo en la arena. Mirando a la posición del sol en el cielo, decidió que sólo tendría que ir a buscar a Zarbon. Con una maldición juntó su energía, se centró en una firma de ki que conocía bien, y despegó a los cielos.
Bulma se tropezó contra la hierba mojada, secándose el cabello empapado fuera de sus ojos mientras sus pies descalzos se deslizaban sobre el césped. Radditz rió detrás de ella, corriendo deliberadamente a sólo unos metros detrás de ella para darle la ilusión de que estaba a punto de escapar. Ella rió y se giró bruscamente hacia un lado, lanzando a Radditz fuera de rumbo mientras se volvió a girar en el césped con su trasero. Bulma se volteó y puso sus manos en sus rodillas, sus húmedas ropas pegadas a su cuerpo bien formado mientras aullaba de risa. Él gruñó y se puso de pie otra vez, flexionando sus manos con una sonrisa malévola. "¡Si crees que pues escaparte de mí estás muy equivocada!" dijo con una risa apagada.
Bulma chilló y salió corriendo por el césped de nuevo, su falda levantándose y exponiendo más de sus blancos muslos. El soltó un grito de batalla y se lanzó tras ella, persiguiéndola hasta que tuvo un momento de debilidad y miró hacia atrás para ver lo lejos que estaba. Aprovechó esa oportunidad para taclearla, lanzándose en el aire con gracia y agarrándola de la cintura, girando para que ella aterrizara sobre él y él no la aplastara. Ella rió en alegría y golpeó su amplio pecho con sus puños de manera juguetona, sus brazos todavía a su alrededor mientras la giraba, su melena cayendo al costado y su afilado rostro suavizado por una sonrisa. Su risa comenzó a detenerse y él de repente se acercó a su rostro, acomodando su flequillo fuera de sus ojos mientras la lluvia caía en su rostro. Mientras él tocaba sus mejillas teñidas de rosa ella se quedó completamente inmóvil, bajando sus párpados un poco y alejando la vista. Tomado con ella, deleitándose en la sensación de su liviano cuerpo junto al suyo, encontró su rostro muy cerca al de ella, lo cerca suficiente, de hecho, para besarla. Bajó su cabeza, tentativamente en busca de su aprobación, y ella giró su cabeza hacia él de forma inesperada, poniendo las puntas de sus narices a sólo un centímetro de distancia. Su respiración se volvió irregular y él esperó que ella hiciera su movimiento, sin querer hacer nada que ella no quisiera, y ella esperaba lo mismo, esperaba que sus labios tocaran los suyos.
"Radditz, ¿dónde demonios está Zarbon?" una profunda voz gritó, y la cabeza de Radditz se levantó, hielo corriendo por su espina y haciendo que su estómago se sintiera como si contenía una roca. Liberó a Bulma y se puso de pie, mirando en shock a su príncipe.
"¡Vegeta!" soltó. "¿Cuándo volviste?"
Bulma se puso de pie también, acomodando su ropa nerviosamente y sonrojándose, arrojando a Radditz una mirada de decepción. ¿Por qué no la había besado? "Radditz," dijo ella suavemente, repentinamente sintiendo los furiosos ojos de Vegeta en ella y sintiéndose un poco atemorizada.
Radditz giró su cabeza y dio un paso más cerca de Bulma, viendo la aprehensión aparecer en el rostro de ella. "Ahora," soltó Vegeta, caminando hacia ellos hasta que estuvo a sólo un pie de distancia, mirando a los ojos de Radditz. "Dime, ¿dónde está Zarbon?"
"No lo sé," respondió Radditz vacilante. "No pasa mucho tiempo aquí y hemos estado muy ocupados."
Vegeta miró a Bulma, entrecerrando sus ojos. "¿Y terminaste con mi tecnología?" gruñó él.
Ella frunció el ceño. "No," No, ella respondió en tono desafiante. "Tengo que entender cómo funciona antes de que pueda producirla en masa y encapsularla."
Ira estalló en sus ojos y un gruñido bajo comenzó en su garganta. Dio un paso hacia ella, la rabia escrita en sus facciones, y luego de repente él estuvo en el suelo a varios metros de distancia. Parpadeando, levantó la vista y vio a Radditz allí de pie, una mirada de asombro en su rostro cuando miró su puño en alto. "¿Te atreves a golpearme?" Vegeta siseó, saboreando el olor a sangre en su boca.
Radditz le devolvió la mirada ausente, alarma desparramándose en su rostro. "Vegeta," tartamudeó," "yo... yo..." Miró a Bulma con miedo.
"Sal de aquí," le dijo en voz baja.
"¡No tenías que defenderme!" dijo tensamente. "¡No sabías si él iba a hacer algo o no!"
El rostro de Radditz cayó. "¿Cómo puedes confiar más en él que en mí?" dijo, su voz tensa.
"¡Yo no confío en ninguno de ustedes!" respondió, luego retrocedió mientras se daba cuenta en lo que acababa de decir, mirando el dolor florecer en el rostro de Radditz como una flor venenosa.
La risa de Vegeta llamó la atención de ambos hacia él, y el horror llenó a Radditz mientras se daba cuenta que Vegeta estaba incrementando su poder. "Yo no me preocuparía por ella," Vegeta gruñó y se lanzó. Radditz apenas tuvo tiempo para levantar su puño y bloquear, el hueso interno de su antebrazo hormigueando con el impacto. Vegeta se lanzó en el aire con una patada y Radditz volvió a girar fuera del camino, respirando con dificultad por los nervios. Mirando hacia atrás, vio que Bulma no se había movido todavía.
"Bulma, ¡entra!" rogó, apenas esquivando otro golpe de Vegeta.
"¡Dije que no te preocupes por ella!" gritó Vegeta, esta vez lanzando un golpe al vientre de Radditz.
Bulma estaba como paralizada, quieta por su agraciado y letal baila enter los dos guerreros. Pena por Radditz la invadió mientras los finos y fluidos golpes de Vegeta lo golpeaban. Detestaba la violencia, y sin embargo las fuertes, refinadas, y agraciadas técnicas del cuerpo de Vegeta la impresionaron. Nunca había visto nada igual. Luego notó por primera vez que Vegeta se veía diferente y examinó su rostro. Cabello estaba creciendo allí, oscuro, espeso cabello encima de su labio superior y en su mentón, comenzando a llegar a un punto debajo de su mandíbula como una barba. Supo con repentina claridad que Radditz tenía menos posibilidades, si Vegeta había llegado a su poder. Un grito cortó a través de su consciencia y vio mientras Vegeta caminaba hacia el caído cuerpo de Radditz, poniendo una bota en su pecho y presionando con una malvada sonrisa. Radditz gritó de dolor y tomó el tobillo de Vegeta. "Zarbon, ¿dónde estás?" gritó Vegeta, y Bulma escuchó sus palabras rasgar a través de su cerebro como un doloroso eco por lo que sus oídos habían escuchado. ¿Los Saiyajin eran telepáticos?
"¡Déjalo en paz!" una pequeña voz gritó, y de repente Gohan estuvo en el suelo entre ella y los dos Saiyajin, su pequeño cuerpo encorvado y sus ojos en llamas.
"¡Gohan, no!" escuchó la voz de Goku gritar y alzó la vista para verlo caer en picada desde el cielo.
Vegeta miró a Gohan con shock mientras el pequeño niño comenzaba a brillar y Radditz gritó de nuevo. Gohan estalló en luz y golpeó a Vegeta con la cabeza con toda su fuerza, arrojándolo al suelo. Bulma gritó tan fuerte como pudo y puso sus manos en su boca, shockeada. Gohan había derribado a Vegeta, sorprendiéndolo. Goku aterrizó junto a su hermano y lo examinó de cerca. "¿Estás bien?" preguntó suavemente.
"Estaré bien," Radditz dijo atontado, parpadeando un ojo hinchado.
"¡Gohan!" Bulma gritó mientras los ojos del pequeño niño giraron detrás de su cabeza y se desplomó. Corrió hacia adelante y lo tomó en sus brazos, rápidamente comprobando su pulso. "Está bien, sólo inconsciente," le gritó a Goku, quien asintió.
Otra voz sonó desde el cielo. "¿Qué diablos está pasando?" Zarbon gritó, golpeando el suelo y corriendo hacia Vegeta, su largo cabello verde suelto mientras se abrochaba su camisa en la lluvia. Vegeta se incorporó y sacudió su cabeza, parpadeando a Zarbon.
"Ese niño acaba de darme una paliza," gruñó en voz baja, tomando la mano que Zarbon ofreció mientras se ponía de pie. Tenría que recordar que el muchacho tenía semejante poder, era el mayor poder que había sentido en su vida. Si sólo pudiera obtener ese poder...
Los dorados ojos de Zarbon se metieron en el desaliñado aspecto de Vegeta. "¿Qué estás haciendo aquí?" espetó enfadado, le espetó enfadado, sacudiendo la hierba húmeda fuera de la armadura de Vegeta.
"Te llamé y no respondiste, así que vine a buscarte," Vegeta respondió malhumorado. "¿Dónde estabas?"
Las mejillas de Zarbon se pusieron rojas. "Con una amiga," murmuró. "Pero eso no importa. ¿Supongo que habrá una buena razón para que estés aquí?"
Vegeta sonrió con malicia. "Por supuesto."
Zarbon enarcó una ceja. "¿Y qué eres, entonces?"
Vegeta miró a Radditz siendo ayudado por su hermano y a la mujer acunando al niño. "Soy oscuridad, la oscuridad que te traga entero y devora tu misma alma. Soy el que inflinge la muerte así como su prisionero. Soy odio sin adulterar, las llamas del infierno. Soy destrucción, Zarbon, y destruiré todo lo que se interponga en mi camino," respondió suavemente, descansando sus ojos negros carbón en el rostro de piel verde azulada.
Zarbon lo consideró por un largo rato, buscando en esa oscura mirada. "Muy bien," respondió tranquilamente. "Te entrenaré ahora. Pero primero, tenemos que ponerte en un tanque por una hora. Parece que tienes algunas costillas rotas."
Vegeta asintió y se tambaleó hacia Zarbon, pasando a Bulma en el camino. Ella se quedó de pie mientras él caminaba, todavía sosteniendo a Gohan en su pecho, pero se encontró olvidándose de todo mientras la oscura mirada de Vegeta la encontró, quitándole el aliento y capturándola en sus profundidades. Luego una sonrisa cruzó su perfecta boca, sus labios se separaron para mostrar perfectos dientes blancos, y aunque ella supo que la sonrisa carecía de calidez o buena intención se encontró repentinamente sin miedo a él. Nunca tendría miedo de él de nuevo. "Me ocuparé de ti más tarde," dijo él en voz baja.
Bulma soltó su propia sonrisa cruzar su cara. "No hasta que no te bañes y afeites, señor," respondió tranquila, mirando a su expresión ponerse rígida y fingiendo que no la escuchó, siguiendo a Zarbon a la casa.
Varias horas habían pasado y Vegeta y Zarbon se habían ido de nuevo, dejando a Bulma, Gohan, y Goku esperando aq que Radditz saliera del tanque. Goku mecía al durmiente Gohan en su regazo, poniendo ocasionalmente su dedo bajo el mentón del niño y acariciando suavemente la delicada piel.
Bulma suspiró, apoyando su cabeza en su palma, y mirando con nostalgia a Gohan. "Es tan dulce," murmuró. "Estoy celosa."
Goku la miró, negros ojos en blanco excepto por el amor paternal. "Entonces deberías tener un benbé, Bulma," dijo simplemente.
"Es más fácil decirlo que hacerlo," ella respondió hoscamente.
"No, en realidad es bastante fácil hacer un bebé," confió cándidamente.
Bulma se enrojeció. "¡Lo sé, estúpido!" ella gruñó. "Quiero decir que tendría que encontrar a alguien para ser el padre."
"Podrías haberte casado con Yamcha," dijo, tocando el rostro de su hijo una vez más. "Nunca voy a creer lo hermoso que es," le susurró a su hijo.
La expresión de Bulma volvió a caer. "Yamcha no es el indicado para mí. Quiere mimarme y protegerme y hacerme su mascota. No quiero eso- quiero alguien que me deje ser yo, alguien que me quiera como soy y de la forma en que crezco más que mantenerme bajo un vidrio."
"Entonces cásate con Radditz," Goku dijo, mirando a la figura de su hermano flotando en el tanque.
Bulma sacudió su cabeza con tristeza. "Se parece demasiado a Yamcha. Ambos quieren protegerme de la vida, y eso no es aglo que pueda permitir."
"Es una lástima," dijo él. "Bueno, ¿qué hay de Vegeta?"
Bulma se lo quedó mirando, sorprendida. "¿Qué? ¿Cómo puedes siquiera decir una cosa así?"
Goku ladeó su cabeza. "No amas a Yamcha, no amas a Radditz, ¿entonces por qué no a Vegeta?"
"¿Estás demente?" dijo rotundamente, incapaz de creer que estaba realmente diciendo lo que estaba diciendo.
"Bueno, esas son las tres personas que gustan de ti de las que tienes para elegir," dijo con total naturalidad.
"¡Vegeta quiere matarme!" gritó. "¿Por qué crees que Radditz trató de defenderme hoy?"
"Vegeta no iba a lastimarte y golpeó a Radditz porque Radditz lo golpeó primero. Lo sé porque lo vi," Goku dijo con calma.
"Eso todavía no significa que le guste a Vegeta," ella gruñó.
Goku se encogió de hombros. "Lo que sea. ¿Incluso si te quiere muerta sabes por qué? Quiero decir, no lo conoces lo suficiente como para decir que no le gustas."
"Estás loco, Goku. Estás demente."
"¿Eh? ¿Demente?" preguntó suavemente.
Bulma gruñó y puso su frente en su mano. "Eres tan tonto," se quejó.
"Todo lo que estoy diciendo," continuó él, ignorándola, "es que yo no amaba a ChiChi cuando nos casamos. Ella me asustaba y gritaba todo el tiempo. Pero luego vi que era realmente buena y dulce y me amaba mucho. No puedes pensar siempre que vas a amar el exterior de una persona cuando usan para amarte su interior."
"Me estás asustando ahora, Goku," admitió. "Esta materia no es muy tuya."
Él sonrió infantil y se encogió de hombros de nuevo. "¡Lo siento!" dijo alegremente, y volvió su mirada a Gohan. "Era sólo una idea."
"Lo que sea," se quejó ella, sosteniendo su mentón en sus manos y mirando a Radditz flotando en el tanque.
"Hueles a mujer," Vegeta remarcó mientras aterrizaban en la nieve hasta las rodillas.
Zarbon sonrió. "Realmente amo este planeta, Vegeta. La gente aquí es notable. ¿Sabes que ese hombre con cicatrices trató de hacerse mi amigo? ¡Te perdonan cualquier cosa!" se rió entre dientes.
Vegeta frunció sus labios y escupió. "Planeta de tontos," gruñó.
Zarbon sacudió su cabeza. "Bueno, uno de esos tontos va a hacer la tecnología que haga crecer tu imperio."
"Ella es la peor tonta de todos," Vegeta gruñó.
Zarbon enarcó una ceja. "Sabes qué, eso podría ser cierto. De todos modos, no estamos aquí para hablar de ella, estamos aquí para hablar de ti."
"No estamos aquí para hablar en absoluto," respondió Vegeta. "Estás aquí para enseñarme."
"Ah, cierto," Zarbon dijo socarronamente. "Y tú estás aquí para aprender. Debo admitir, pensé que te tomaría más tiempo descifrarlo."
"Tuve una epifanía," Vegeta soltó. "¡Ahora pasemos a la obra!"
Zarbon suspiró. "Simplemente no eres divertido absoluto," murmuró. "Muy bien," dijo, esta vez más fuerte. "Vamos a empezar con tus fracasos, ¿sí?"
"Sólo hazlo ya," escupió Vegeta con impaciencia.
Girando sus ojos, Zarbon respiró hondo. "Está bien, está bien. En primer lugar, tu arrogancia te permite subestimar a tu oponente. Si los subestimas, incluso si tienes razón, estás incrementando inmediatamente sus posibilidades de ganar a un cincuenta por ciento, si por ninguna razón que no estés preparado para cualquier cosa que pudieran hacer. ¿Entendido?"
"Entendido," Vegeta gruñó. "¿Siguiente?"
"Realmente necesitas trabajar en tu técnica. Somos artistas marciales, no carniceros, aunque puede ser divertido a veces. Necesitas finura, necesitas que tus movimientos fluyan como agua. Necesitas concentrarte en la velocida, agilidad, y tácticas inteligentes porque ya tienes tu parte de fuerza."
"Hecho. ¿Siguiente?"
"Lo que realmente me permitió derrotarte la última vez, sin embargo, fue tu uso absolutamente horrible del ki. ¿Sabes que estás infundiendo a tus músculos con ki para hacerte más fuerte, y por hacerlo te estas agotando como dies veces más rápido? Necesitas confiar más en tu fuerza natural y dejar que el ki haga el trabajo por ti, no contigo. Tu ki es cinco veces más efectivo cuando se aplica fuera de tu cuerpo. Después de todo, no puedes usar un escudo cuando está puesto en un armario, ¿verdad? Bueno, es lo mismo con el ki- no puedes formar un escudo si tienes todo el poder cerrado en tus músculos."
El ceño fruncido de Vegeta se intensificó. "¿Entonces qué sugieres que haga?"
"Si realmente estás preocupado por tu fuerza entonces usa otras clases de ejercicios, unas que realmente incrementarán tu fuerza muscular. De otra manera aprende cómo hacer que tu ki trabaje para ti. Eso es de lo que se tratarán la mayoría de nuestras clases."
"Bien. Comencemos," Vegeta dijo furioso, cansándose del incesante discurso de Zarbon.
"No tan rápido," interrumpió Zarbon. "Quiero advertirte de algo antes de comenzar."
"¿Advertirme? ¿De qué?" Vegeta escupió. "¿De qué tendría que preocuparme posiblemente?"
Zarbon sacudió su cabeza. "Allí está la debilitante arrogancia de nuevo," suspiró. "No, quiero decirte que no descansarás hasta que hayas dominado esto. Nada de dormir y sólo breves pausas. Nos estamos quedando sin tiempo en este planeta, y sólo el cielo sabe cuándo vamos a tener otra oportunidad. Lo más probable es que nunca. Nos aseguraremos de que sepas lo que necesitas, entonces podemos volver a la Corporación Cápsula y podemos entrenar más juntos allí. Lo que es importante por ahora es que tengas la base para mejorar tu entrenamiento."
Vegeta lo consideró por un momento, todavía un poco sensible por la falta de sueño desde su incidente con el grito mental de Radditz. "De acuerdo. Ahora empecemos."
"Ese es el espíritu," Zarbon dijo con una sonrisa, y se bajó a una posición de batalla.
