Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Épico
(Epic)
Un fic de The Prime Minister
Traducción por Apolonia
Vegeta apoyó sus manos en sus rodillas, jadeando mientras miraba a la posición del sol en el cielo. Ya era el día treinta y ocho y pensaba que iba a morir de agotamiento. Aún así, no fue tan malo como los muchos meses que había pasado con Radditz gritando en su cráneo así que supuso que lo podría soportar. Zarbon había sido demasiado suave en su opinión de todos modos, permitiéndoles unas pocas horas de descanso aquí y allá. Se pudo sentir cursando con un nuevo poder y apretó sus dientes cuando se dio cuenta que el entrenamiento de Zarbon realmente lo había ayudado bastante. Extendió su brazo y se frotó su nariz, tosiendo un poco en el frío mientras miraba a Zarbon estirarse de un lado al otro en la nueve. Maldita sea el frío- Zarbon había pensado que los haría menos propenso a dormirse, pero sólo parecía cansar más a Vegeta. "¿No estás listo todavía, viejo?" Vegeta gruñó, juntando sus manos para calentarlas.
Zarbon le lanzó una mirada asesina. "Oh cállate. ¡Tú siempre tan precipitado! Simplemente es para mostrarte que el agua de río y el agua de pozo no fluyen juntas."
"¿Sigues hablando?" Vegeta gritó. "¡Voy a envejecer y morir esperando que termines de entrenarme!"
"Si sólo yo fuera tan afortunado," Zarbon murmuró, elaborando un nudo en su hombro izquierdo. El frío estaba atravesando su rasgado traje de batalla negro y quería comenzar de nuevo tanto como Vegeta quería. "Sabes, Vegeta, no deberías seguir ciegamente sólo a los pasos de los maestros. También deberías buscar lo que ellos buscaban."
"¿Te consideras un maestro?" Vegeta replicó.
Zarbon ladeó su cabeza, pensando. "No hay maestros de verdad, sólo estudiantes que saben lo que necesitan aprender. Pero creo que para el resto de nosotros, titularme de maestro es una buena idea."
Vegeta sacudió su cabeza y curvó su labio. "¿Entonces qué buscas?" preguntó con amargura.
Zarbon liberó su apretado hombro y puso sus manos en sus delgadas caderas, mirando tras Vegeta a la nieve arremolinada. "Busco la perfección," dijo después de un breve silencio. "Busco la perfección y la felicidad."
"Oh que lindo," dijo Vegeta.
Zarbon alzó una ceja. "¿No te dije que te callaras hace un rato?" preguntó Zarbon.
Las mejillas azotadas por el viento de Vegeta se tiñeron de un color rosa más oscuro. "Tú cállate," gruñó con rabia.
"Bien. ¿Listo para empezar de nuevo?" Zarbon respondió.
"Siempre," Vegeta dijo suavemente, y lanzó su ataque.
"Goku, ¿quieres más salsa?" Bulma preguntó desde la parrilla, agitando su cuchara en el aire.
"¡Claro!" respondió alegremente, mirando lejos de Gohan por una fracción segundo y recibiendo rápidamente un golpe en la cabeza con la pelota.
"Goku, no seas envidioso," ChiChi advirtió desde una silla de jardín.
Goku levantó la pelota que lo había golpeado y la arrojó hacia arriba y abajo en el aire mientras se volteaba para hablarle. "¡Pero no lo soy!" protestó. "¡Bulma preguntó!"
"Gohan, ¿quieres más salsa?" Bulma dijo en voz alta, vertiendo salsa alrededor de su gran cuchara.
"¡Sí, por favor!" Gohan rió, mirando celosamente a la pelota que su padre sostenía.
"¡Gohan!" ChiChi gritó, poniéndose de pie mientras Goku arrojaba la pelota a Gohan. Gohan la atrapó y la arrojó de nuevo, golpeando a su madre en el costado de la cabeza. ChiChi lanzó un grito de disgusto y cayó al suelo.
"¡Mamá!" Gohan gritó, corriendo hacia el el lado de su madre.
"ChiChi, ¿estás bien?" Goku preguntó con alarma y rápidamente fue recompensado con un un empujón de su esposa.
"Estoy bien," gruñó ella, levantándose del suelo y limpiando el polvo y la hierba de su ropa. "Goku, por qué no vienes y te sientas conmigo," ordenó.
Goku lanzó a Gohan una mirada culpable y bajó su cabeza, arrastrando sus pies tras su esposa hacia las sillas de jardín.
Gohan suspiró y tocó la pelota antes de mirar por encima de los arbustos y sonreír. "¡Señor Piccolo!" gritó. "¿Quieres jugar conmigo?"
Todas las cabezas en el lugar se voltearon y miraron a los arbustos mientras un muy avergonzado Piccolo salía de los arbustos, rápidamente ajustando su capa. "Uh, claro, niño," gruñó, sin mirar a nadie a los ojos.
Bulma sonrió nerviosamente y levantó una botella de salsa. "Um, hola, Piccolo," dijo con voz trémula. "Uh, ¿quieres que ponga otro filete a cocinar?"
Piccolo le lanzó una mirada asesina. "No. Los Namekianos no comemos, sólo bebemos agua."
Bulma dejó caer su mano a su lado y lo miró sin comprender. "Oh, está bien. En ese caso sólo quedan unos minutos antes que la carne esté cocida," le dijo a sus otros invitados.
Yamcha, sentado en una silla junto a la mesa de jardín, comenzó a reír, pero su risa se desvaneció de repente y alzó la vista al cielo, sus cejas juntándose en un ceño fruncido.
Bulma miró en alarma a Goku, que se estaba uniendo a Piccolo y Gohan en mirar hacia el cielo también. "¿Qué? ¿Qué pasa?" gritó ella, mirando de cara a cara con ansiedad.
Se hizo el silencio. "Goku, ¡Bulma te hizo una pregunta!" ChiChi dijo enojada, tirando del gi de Goku.
Goku volvió a prestar atención y la miró fijamente, sus ojos todavía amplios. "Están de vuelta," dijo con sorpresa.
"¿Quiénes?" ChiChi espetó. "¿Qué está pasando?"
"Zarbon y Vegeta," Goku respondió. "Han estado entrenando durante un mes más o menos, pero están de vuelta."
"¿Ahora?" Bulma dijo, sorprendida. "Pero no estoy preparada," comenzó pero fue interrumpida por Radditz saliendo disparado de la puerta de atrás y despegando en el aire. "¿Ahora qué está haciendo?" gritó ella, haciendo un gesto de rabia.
"Va a ayudarlos," Piccolo le dijo con frialdad.
"¿Ayudarlos cómo?" ChiChi intervino mientras Goku corría tras su hermano y se elevaba del suelo también.
Piccolo la miró fijamente con una dura mirada. "Están agotados. Han estado entrenando por mucho tiempo y están usando lo último de sus energías para llegar aquí."
Bulma frunció el ceño y fue a ponerse de pie junto a ChiChi, protegiéndose los ojos mientras miraba hacia el cielo vespertino. "¿Y qué? Así que han estado practicando. No veo por qué todos ustedes de repente se ven como si fueran a orinarse en sus pantalones," gruñó, insultando mientras la salsa comenzaba a gotear por su brazo desde la cuchara que estaba sosteniendo.
"Vegeta es más fuerte," Piccolo gruñó entre dientes apretados y Gohan, una mirada de abyecto terror en su rostro, se agachó y se aferró a la pierna de Piccolo.
Bulma sintió que la sangre se drenaba de su rostro. "¿Mucho más fuerte?" susurró, mirando al Namekiano asentir tristemente su cabeza.
El rostro de ChiChi también se volvió pálido. "Bueno, Goku sólo tendrá que entrenar más duro para derrotar a ese hombre..." dijo con ansiedad.
Bulma asintió. Si era tan malo como para que ChiChi realmente estuviera fomentando que Goku entrene entonces las cosas no podían ir bien. Obligando a su inquietud bajar hacia la boca de su estómago se volteó de nuevo hacia la parrilla. "Creo que tienes razón, ChiChi. Ahora, ¿crees que van a querer comida?"
ChiChi se volteó y miró a Bulma fijamente, sus oscuros ojos amplios como platos. Piccolo ladró una risa, señalando mientras pequeños puntitos oscuros aparecían en el horizonte. "Lo dudo," gruñó alegremente. "Se ven como si todo lo que quisieran es un descanso decente."
Bulma dio vuelta la carne y miró mientras Goku y Radditz aterrizaban en el suelo con cuidado, cada uno apoyando a otro hombre. Zarbon sonrió débilmente, dando a Yamcha un amistoso asentimiento, y con cuidado quitó su brazo del cuello de Goku. "¿Cómo están todos?" preguntó amablemente.
Todos lo miraron fijamente, demasiado incómodos y confundidos para hablar. "Estamos bien, gracias," Gohan dijo e hizo una pequeña reverencia, siendo él el único lo resistente suficiente como para reaccionar.
Zarbon le dio a Gohan una amable mirada y asintió. "Bien," murmuró. "Bulma, ¿estás cocinando?" continuó. "Huele delicioso."
Bulma se sonrojó, secándose sus manos en el delantal. "Pues sí, lo estoy, gracias," respondió, un poco aturdida.
Vegeta lanzó a Zarbon una mirada asesina. "¿Estás demente, hombre? Huele como si alguien hubiera freído de un disparo una tribo de Onklaks," gruñó, mirando a Bulma.
Radditz se puso rígido y se sonrojó furiosamente. "Señor, ¿tal vez necesites descansar tus sentidos para que vuelvan en sí?" sugirió lo más suavemente que pudo.
Vegeta arrancó su brazo de Radditz y se tambaleó hacia la parrilla, husmeando con cautela a la carne que Bulma estaba cocinando allí. "No necesito descansar para poder decir que lo que sea que ella haga va a ser absolutamente vil," dijo imperiosamente, mirándola con duros ojos.
Bulma sintió algo en su pecho explotar con furia y la sangre volvió de nuevo a su rostro. "¡Cómo te atreves!" exclamó. "No te he visto en un mes y me he esclavizado en tus malditos juguetes espaciales, ¡y sin embargo me insultas en los primeros cinco minutos que estás de vuelta!"
Él dio un paso más cerca, todavía sosteniendo sus ojos con los de él como una víbora hipnotizando a su presa. "Pido disculpas. Trataré de hacer mis comentarios más rápidamente en el futuro," gruñó.
Bulma tomó un agudo e indignado respiro, a punto de combatirlo pero cayó en un ataque de tos en su lugar. Sosteniendo su mano frente a su rostro, se dio cuenta que su traje de batalla estaba bastante destrozado y rasgado y tenía numerosos rasguños, incluyendo un gran corte profundo en su cabeza. "Dios santo, necesitas un baño de inmediato," gorgoteó ella, tapándose la nariz. "Y estás herido; tendremos que encargarnos de eso." Estirando su otra mano rozó la punta de sus dedos contra la herida en su frente. Los ojos de él repentinamente se abrieron amplios como platos y jadeó, retrocediendo como si su tacto fuera letal. Por un momento se sintió como si ella fuera empujada a un lado en su propio cerebro y el insoportable brillo de una ola amarilla anaranjada de pánico corrió por su mente. Estaba vagamente consciente de que ella también dio un paso atrás, alejando sus manos de su ardiente piel.
Él le dio una última mirada cautelosa y tambaleó hasta la casa. "¡Zarbon!" ordenó, dando tumbos por la puerta.
"¡Ya voy!" Zarbon dijo detrás de él, jadeando un poco por el esfuerzo. "Lo siento mucho," Zarbon le dijo al resto, la voz baja. "Veré que no moleste a nadie por el resto de la noche." Aclaró su garganta y codeó a Goku. "¿Vamos?" pidió, fijando sus ojos en la casa.
Goku le dio una mirada ausente. "¿Qué?" dijo.
Zarbon suspiró. "¿Podemos entrar ahora y cuidar a Vegeta?"
"¡Ah, claro!" Goku dijo brillantemente, asintiendo su cabeza vigorosamente, y ayudó a Zarbon a entrar en la casa.
"Se supone que ese es mi trabajo," Radditz gruñó entre dientes, y siguió a su hermano en el interior, dejando a todos los demás de pie en el césped, con las bocas todavía colgando.
Zarbon gruñó y escondió su cabeza bajo la almohada cuando escuchó crujir la puerta y suaves pasos yendo hacia el lado de su cama. "Levántate," ordenó una profunda voz bruscamente.
Zarbon se quedó enterrado debajo de la almohada. "Vegeta, ¿no te puedes entretener solo por unas horas?" gruñó. "Por el amor de dios, ¿entrenamos por casi dos meses sin dormir bien y ahora no quieres que duerma?"
"Fue tu idea no dormir, no la mía," dijo Vegeta, evidentemente molesto. "Levántate para que podamos entrenar."
Zarbon hizo a un lado la almohada y se sentó, mirando a Vegeta. "Escucha aquí, muchacho," gruñó. "¡He pasado los últimos dos meses entrenando tu lamentable excusa de trasero Saiyajin y ahora no vas a dejarme dormir por unas pocas horas!" soltó mientras sus ojos, rodeados de azul oscuro y más que levemente inyectados de sangre, miraron a Vegeta con toda la calidez de un glaciar.
"¡Dije que te levantes!" Vegeta exigió, torciendo la boca con rabia.
Zarbon sintió su ira levantarse en su pecho por un breve momento antes que fuera capaz de sofocarla. "Bien, Vegeta. Es obvio que no puedes vivir sin mi ayuda por incluso unas pocas horas, así que supongo que sólo tendré que vestirme."
"¿Qué?" Vegeta dijo, su ceño fruncido profundizándose.
Zarbon, a medio camino de la acción de levantarse de la cama, miró a Vegeta con cansancio. "Si tanto me quieres es una indicación de tu incapacidad de conducir tu vida sin mí por unas pocas horas, pero no te preocupes, no le diré a nadie sobre esta pequeña debilidad tuya."
"¡No tengo ninguna debilidad!" Vegeta siseó, sus puños apretados en furiosas esferas.
Zarbon le dio una mirada molesta. "¿Entonces por qué demonios me necesitas despierto en este momento?"
La columna de Vegeta se puso rígida y cruzó sus brazos sobre su pecho mientras su nariz se levantaba a unas pocas pulgadas en el aire. "Sabes qué, no te necesito. Prosigue y sé perezoso," se quejó Vegeta.
Zarbon tuvo que usar todos sus formidables poderes de auto-control para reprimir su sonrisa. "Está bien, como su majestad desee," dijo con un fingido suspiro, cayendo de nuevo en el colchón. "Sabes, si realmente estás aburrido podrías ir a ver cómo están Bulma y Radditz con nuestro trato," sugirió.
"No necesito que me digas qué hacer," Vegeta respondió bruscamente. "Sólo ven a buscarme cuando estés descansado."
"Lo haré," Zarbon dijo con voz débil, escuchando a Vegeta irse de la habitación, y se acomodó en sus mantas para volver a sus sueños.
"Así que simplemente muevo esto aquí," dijo ella, mirando a Radditz para que concuerde, "¿luego todo este tablero debería funcionar correctamente?"
Radditz asintió, sujetando el panel en su lugar desde una esquina. "Creo que sí," dijo. "Sólo muévelo a la izquierda un poco, arriba hacia el siguiente conector."
Bulma frunció sus labios y se concentró, lentamente moviéndose sobre el cableado. Al segundo que las dos partes de metal se pusieron en contacto el aire estalló con chispas, arrojándola hacia atrás. Ella gritó en sorpresa y cubrió sus ojos, esperando sentir el frío y duro suelo del laboratorio debajo de sus hombros mientras caía, pero en su lugar dos fuertes y cálidas manos la sostuvieron. "¿Estás demoliendo mi tecnología?" una voz baja le dijo al oído.
Ella se enderezó de inmediato y se volteó para enfrentarlo, frotando una mancha de grasa en su mejilla y alejando rápidamente mechas de cabello bajo su sombrero. "No," gruñó ella. "¿Qué quieres?"
Vegeta dio un paso más allá de ella hacia la nave y miró a su interior, luego arrojó una mirada a Radditz. "Sólo quiero asegurarme que las cosas estén yendo bien, pero es evidente que no lo están. Dime, Radditz, ¿has tenido mucho éxito?"
Radditz se enrojeció y ejecutó una pequeña reverencia desde su posición arrodillada. "No realmente, mi señor," murmuró.
Vegeta hizo un pequeño ruido de falso entendimiento y se volteó hacia Bulma. "Eso es muy malo. ¿Es porque esta mujer es incompetente?"
"Soy cualquier cosa menos incompetente," gruñó Bulma. "¿Si eres tan inteligente por qué no estás produciendo en masa tus cosas tú mismo?"
Radditz palideció. "Su majestad no está entrenando para tal cosa, Bulma," dijo suavemente. "El Príncipe Vegeta tiene asuntos de estado más urgentes que atender, estoy seguro."
Vegeta miró a Radditz con molestia, sin gustarle el hecho de que un soldado de tercera clase hubiera tenido la necesidad de salir en su defensa. Bueno, tal vez no tan tercera clase; el entrenamiento con su hermano monstruosamente fuerte le estaba haciendo bien. "Si quisiera yo podría ayudarte mejor que él," dijo con frialdad, señalando con su cabeza a Radditz.
"Vegeta, necesitas un cerebro para ser capaz de aprender," Bulma dijo con impaciencia. "Ahora lárgate de aquí."
"¡Tengo una mente perfectamente brillante!" Vegeta protestó.
"Claro. ¿Entonces por qué no estás haciendo esto tú en vez de hacerlo yo?" respondió, alzando una ceja y poniendo una enguantada mano en sus caderas.
Vegeta apretó sus dientes con rabia. "Tal vez lo haré," gruñó. "No has visto nada de mí."
"No sería tan afortunada," respondió ella, sonriendo diabólicamente mientras él pasaba a su lado fuera de la habitación.
¡Cómo se atreve! pensó para sí mismo mientras caminaba por el pasillo a su habitación, golpeando y cerrando la puerta detrás de él. Soy tan inteligente como cualquier otro, ¡especialmente ella y ese maldito Radditz! Sacó su baúl escondido de dispositivos alienígenas y sacó un comunicador portátil, poniéndolo sobre el vestidor y rápidamente entrando el código privado de Atlia y golpeando la consola con impaciencia mientras se hacía contacto y se aclaraba la estática. Se escucharon sonidos de comunicación, pero no hubo respuesta. "¡Maldita sea, Atlia, responde!" gritó Vegeta, golpeando su puño contra su mano opuesta. Finalmente, después de varios minutos, la imagen en la pantalla había cambiado y Atlia estaba frente al comunicador, su rostro de insecto ilegible. "Allí estás," gruñó Vegeta. "¿Dónde estabas?"
"Lord Vegeta," Atlia dijo con calma. "Qué inesperado placer saber de ti. Pido disculpas por hacerte esperar; es temprano aquí y no ha amanecido aún."
Vegeta frunció el ceño y bajó su mentón a su pecho. "Hmmm. No era consciente de la diferencia horaria," murmuró.
"¿Qué puedo hacer por ti?" Atlia preguntó suavemente.
Vegeta alzó sus oscuros ojos a la pantalla. "¿Todavía tienes los datos tecnológicos hackeados del sistema de Freezer?" preguntó.
Atlia asintió, sus antenas rebotando de arriba a abajo. "Sí," respondió lentamente, "Pero aún es ilegible. Estaba codificado y ninguno de nosotros hemos sido capaces de romperlo todavía."
"Envíamelo de inmediato," ordenó Vegeta. "Envíame todo lo que tengas."
"Eso tomará un poco de tiempo," respondió Atlia. "Los archivos son bastante grandes."
"Entonces termina la imagen y usa el espacio extra en la transmisión para los archivos," sugirió Vegeta.
"Como desees, señor," respondió Atlia," y la imagen se oscureció.
Vegeta suspiró y se sentó en el borde de la cama. "¿Entonces cómo van cosas?" Vegeta preguntó ausente, examinando el dorso de sus guantes.
Escuchó a Atlia soltar una risa. "Bien, bastante bien," respondió Atlia. "Nappa fue convencido de que su lugar adecuado era a la cabeza de la lucha en Tournrak y por eso ha estado fuera del planeta desde tu última conversación contigo. Esa rebelión particular fue detenida y el Comandante está trabajando actualmente en sofocar a otros."
Vegeta se echó a reír. "Excelente. Maravilloso trabajo, Atlia. Me recuerdas una vez más por qué eres la persona indicada para el trabajo."
"Gracias, señor. La transmisión comenzará en unos minutos. ¿Entonces cómo está yendo la producción de tecnología?"
Vegeta suspiró. "Lenta, lamentablemente lenta. Estos terrícolas tienen las instalaciones adecuadas para satisfacer todas nuestras producciones en serie, pero somos incapaces de descubrir todos los componentes de los dispositivos de Freezer," refunfuñó.
"De ahí la necesidad de los datos de tecnología y los planos," Atlia agregó.
"Exactamente," Vegeta confirmó. "Ahora sólo esperamos hasta que la mujer termine su trabajo y volveremos poco después."
"Ah," Atlia dijo, su voz ronca alzándose un poco. "¿El Emperador ha encontrado una compañera?"
"¿Qué?" Vegeta dijo, confundido.
"Esta mujer que trabaja en la tecnología, ¿es tu nueva compañera?"
La mandíbula de Vegeta trabajó inútilmente mientras intentaba y fracasaba en expresar su horror por la sugerencia de Atlia. "¡Por supuesto que no!" jadeó. "¡Ella es la peor, maleducada, horrenda, despreciable, estúpida, reprensible criatura imaginable!"
"Suena como que su majestad ha pasado un tiempo pensando en ella," dijo Atlia, la voz volviéndose astuta mientras el comunicador comenzaba a sonar, señalando la transmisión de datos.
"¡No es así en absoluto!" Vegeta protestó airadamente. "¡Debería haberte matado por ese supuesto!"
Hubo un sepulcral, incómodo silencio en la habitación por largos momentos antes de que Atlia hablara de nuevo. "Mis disculpas, señor," dijo suavemente. "Es lamentable que la mujer sea una criatura tan humilde. Tener una compañera ofrece muchos placeres y posibilidades."
"Muy bien, Atlia, se te perdona tu ignorancia," Vegeta respondió con frialdad.
"Gracias," dijo Atlia. El silencio se prolongó una y otra vez mientras la consola seguía pitando suavemente con la transferencia de datos. Después de lo que pareció como una eternidad el pitido se detuvo y Vegeta saltó con entusiasmo hacia la pantalla.
"Aprecio tu ayuda," Vegeta dijo con altivez.
"Me alegro por ello," respondió Atlia. "Mucha suerte con la decodificación y no dudes en contactarme de nuevo si necesitas algo más."
"No lo haré," Vegeta dijo, y terminó la señal de forma abrupta. Empacando la consola, la metió debajo de su brazo y estudió la habitación para asegurarse que tuviera todas las piezas necesarias. Sabía que no sería capaz de descifrar el código por sí mismo, no tenía el entrenamiento. También se negaba a pedirle ayuda a la mujer; ella disfrutaría demasiado su impotencia. Pero ella no era la única que podía ayudarlo, él se dio cuenta de repente, y con una sonrisa triunfal en su rostro cerró la puerta de su habitación y comenzó a correr por el pasillo.
"Oh, ¿puedo ayudarte, muchacho?" El Dr. Briefs dijo a través de su bigote mientras Vegeta irrumpía en su labotarorio privado.
"Tengo aquí algo de información que necesita descifrarse," dijo Vegeta, apoyando la consola sobre la mesa.
"¿Qué es eso, una computadora portátil?" preguntó el Dr. Briefs, su atención incautada de inmediato, y se acercó al dispositivo, hurgando en él.
"No, es un dispositivo de comunicación," respondió Vegeta. "Le permite a la gente verse y hablarse a través de vastas distancias en el espacio ultraterrestre."
"Bien lo haré," murmuró el viejo, moviéndolo en sus manos. "Es tan compacto. Como puedes ver, aquí en la Corporación Cápsula apreciamos lo compacto."
"Sí, bien, no tiene ningún dispositivo de almacenamiento externo así que tendrás que sacar la información directamente de la máquina," Vegeta dijo con frialdad.
"Estoy seguro de que no será un problema," el Dr. Briefs dijo felizmente. "¿Puedes encenderlo?"
Vegeta hizo lo que pidió el otro hombre y le mostró como recuperar los datos. "¿Puedes realizar esta tarea?" Vegeta demandó.
El Dr. Briefs ajustó sus anteojos y acarició al gato en su hombro. "Creo que sí. No debería ser demasiado difícil. Casi se ve como un lenguaje de programación estructurado. Parece que este es el programa que debería ejecutarse, y una vez que esté implementado la información que buscas será fácil de acceder."
Vegeta apretó sus dientes. "Deja a los técnicos de Freezer ocultar la clave a la información para verla. Luego accede a ella," Vegeta ordenó. "Y dime qué estás haciendo mientras lo haces."
"Está bien," concordó el viejo hombre, "pero sería mucho más rápido si sólo me das un minuto para buscar a Bulma. Generalmente nosotros dos lo hacemos más rápido de lo que uno solo lo haría."
"¡No!" Vegeta gruñó. "¡Ella no debe saber nada de esto bajo ninguna circunstancia!"
El Dr. Briefs sonrió bajo su bigote. "Oh, una sorpresa, ¿verdad?" dijo con malicia. "Comprendo perfectamente. Nada como tecnología nueva para ganar el corazón de Bulma."
"¿Qué?" Vegeta dijo en alarma. ¿Qué pasaba con todo el mundo hoy?
"Oh, no importa," dijo el anciano, y se puso a trabajar.
