Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Épico

(Epic)

Un fic de The Prime Minister

Traducción por Apolonia


Los golpes en su puerta volvieron a sonar. "¡Dije fuera!" Vegeta gritó, todavía inclinado sobre la mesa en la habitación, leyendo las copias impresas.

"Vamos, Vegeta," la voz de Zarbon llegó furiosa desde afuera de la puerta. "¡Has estado allí durante tres días!"

"¡VETE!" gritó Vegeta, azotando su brazo hasta que encontró algo para arrojar a la puerta. Su mano dejó volar al objeto, y un jarrón de cristal encontró su final en la suave superficie de la puerta con un choque ensordecedor.

"Oh dios mío, pequeño bastardo insano," se quejó Zarbon. "¡Pasaste no sé cuánto tiempo molestándome para que te entrene, luego no me dejas dormir porque quieres entrenar, y luego te encierras en la habitación y te niegas a salir! ¿Qué diablos está pasando?"

"¿Qué parte de vete no entiendes?" gritó Vegeta, absolutamente furioso. "¡Estoy ocupado, Zarbon!"

"¿Ocupado con qué? ¿Qué podrías estar haciendo posiblemente que sea más interesante que entrenar? Enfrentémoslo, Vegeta, no eres exactamente un hombre del renacimiento. ¡Todo lo que haces es gritar y luchar!"

"¡Gaaaah! ¡Cállate!" aulló Vegeta. "¡Estás arruinando mi concentración!"

"Maldita sea," escupió Zarbon, el sonido de él golpeando la puerta con su puño resonando en la habitación de Vegeta.

Vegeta se volteó y miró a la puerta con furia. "¡Si derribas esa puerta será mejor que comiences a rezar porque voy a enviarte directamente al infierno!" tronó Vegeta.

Pudo escuchar a Zarbon haciendo pequeños sonidos de molestia y casi lo vio hacer un mohín en su perfecto rostro. "Bien, ve si me importa," escuchó murmurar al hombre de cabello verde."

"Que te vayas," Vegeta no pudo evitar añadir, luego volvió a analizar las impresiones. Hasta el momento se sentía que tenía un buen conocimiento de los componentes, pero no quería frotarlo en el rostro de la mujer hasta que no tuviera todo el conjunto de los planos memorizados. Sabía lo que cada parte hacía y dónde iba, pero sabía que carecía de los conocimientos técnicos de cómo ser capaz de hacer que funcione una vez que los juntara de nuevo, y la fabricación hasta el momento estaba más allá de él que le hacía doler su orgullo pensar en ello. Gracias a dios que el viejo había sido de ayuda. El padre de la mujer había sido capaz de acceder a los datos en una cuestión de horas y estuvo dispuesto incluso a mantener todo en silencio, por un precio. Oh bien, Zarbon podía no tener una consola de comunicación. Valdría la pena todo el dolor, todos los palpitares en su cabeza y el ardor en sus ojos, para ver la mirada de completa estupefacción en el rostro de ella. No podía esperar. Ese pensamiento lo llevó de nuevo a su situación y se inclinó en su silla, levantando los planos para poder leerlos mejor. Ya falta poco, pensó, y siguió memorizando la información.


Tarareaba para sí misma mientras trabajaba, rápidamente sacando tornillos mientras abría otro de los paneles aparentemente interminables. Los sonidos de Radditz insultando entre dientes mientras intentaba reconectar el cableado llegaba a sus oídos pero no penetraba en su conciencia, que estaba centrada totalmente en la tarea a mano. Estaba tan absorta en su trabajo que no escuchó los pasos viniendo detrás de ella y no se percató de la sombra proyectada sobre su trabajo hasta que la persona habló. "Estás poniendo eso en el lugar equivocado," escuchó decir a una profunda voz.

Levantó la vista a tiempo para ver el rostro de Radditz oscurecerse con vergüenza y frustración. "Pido disculpas," Radditz dijo vacilante. "¿Dónde debería ir?"

"En el siguiente conector, el de la izquierda," respondió la voz. "Cualquier tonto sabría eso."

Ella finalmente reconoció la voz y se volteó lentamente, sintiendo su mandíbula apretarse mientras la anticipación del desagrado llegaba a ella. Era él, era Vegeta de pie allí detrás de ella, señalando a lo que Radditz estaba trabajando con una engreída e imperiosa sonrisa en su rostro. "Por qué no te vas de aquí, Vegeta," gruñó ella, sin dejar de deshacer el plato en el que estaba trabajando. "No necesitamos novatos en nuestro camino."

"¿Crees que no sé lo que está pasando?" preguntó él con una ceja levantada, sus brazos cruzados sobre su pecho.

"Sé que no sabes lo que está pasando. No tienes la menor idea de lo que estamos haciendo," ella contestó con altivez.

"Y tú y Radditz sí, supongo," dijo.

A ella no le gustaba la forma que su expresión se estaba acomodando en su rostro como una víbora lista para atacar. "Por supuesto," dijo ella con jactancia. "Radditz y yo somos lo más cercano a expertos que verás jamás."

Vegeta sonrió, esta vez mostrando algunos de sus dientes en la comisura de su boca. "¿Entonces por qué lo estás dejando conectar el cable de datos de componentes de energía con el cable de actualización de perfiles del sistema de armas?" preguntó suavemente.

"¿Qué?" dijo ella, sintiendo frío y calor al mismo tiempo mientras ambos ira y shock corrían a través de ella.

"Y tú, ese panel que estás abriendo sólo contiene uno de los generadores de energía, de los cuales ya has examinado tres sin entender completamente su función," siguió, apuntando con una mano enguantada a algo mecánico en la camada que los rodeaba.

Ella sintió su puño cerrarse alrededor de su destornillador y comenzar a temblar con la fuerza que estaba usando para apretar la herramienta, sus nudillos blancos mientras hablaba entre dientes apretados. "¿Y cómo te volviste tan bien informado de repente?" gruñó ella.

Vegeta se encogió de hombros con indiferencia y se arrodilló en el suelo junto a ella, su cola desenrrollándose de alrededor de su cintura y ondeando lentamente de un lado a otro en el aire detrás de él. "Siempre lo fui, tú nunca me lo preguntaste."

"¿Entonces por qué no hiciste toda esta maldita cosa tú mismo y me ahorraste el trabajo?" gruñó ella, enfadándose. "¿Cómo te atreves a dejarme trabajar en esta cosa durante meses cuando tú ya sabías todo al respecto?"

Él sacudió su cabeza y tomó el destornillador de su mano con rudeza, comenzando a sacar los tornillos de un panel diferente. "No es así en absoluto. ¿Si no viste cada componente cómo podrías producirlos en masa?"

Ella cruzó sus brazos sobre su pecho y lo miró con amargura. "¿Entonces de qué se trata esto en realidad?"

"Todavía necesito que fabriques estas cosas," dijo él. "No tenemos las facilidades en mi imperio para hacer tal cosa."

"¿Y por qué no?" respondió ella con enojo. "¿Tu imperio no es lo inteligente suficiente?"

Vegeta sonrió de nuevo, deleitándose en su frustración. Oh, no necesitaba matarla- ¡torturarla era mucho más divertido! "Lamentablemente, no. Todos los mundos que estamos tratando de integrar ahora que son lo avanzados suficiente para tener los medios para hacer tales cosas son los que están luchando contra nosotros con más ahínco. Por lo tanto tenemos que buscar tus patéticos esfuerzos en su lugar."

"Hey, ¡esto no es patético!" gritó ella, poniéndose de pie en su vehemencia. "Creo que hemos hecho un buen trabajo para los pocos meses en los que hemos trabajado en esto. ¡Es mitad de verano, por el amor de Dios!"

"Bueno, lo harás mejor ahora que he decidido ayudarte," dijo simplemente, comenzando a deshacer el panel, secretamente ansioso por ver el real objeto y no sólo los interminables diagrama que había estudiado.

"¡Augh!" gritó ella en frustración. "No hay nada que pueda decir para hacer que te vayas, ¿no?" se quejó.

Él sonrió de nuevo, destellándole una oscura mirada con esos interminables ojos negros. "No," respondió él con una fría alegría.

"Bien. Cortemos la mierda, entonces, y acabemos," murmuró ella.

Vegeta miró hacia arriba y a través de la devastada nave. "Puedes irte, Radditz," dijo suavemente.

"¿Qué?" Radditz exclamó, fría aprehensión metiéndose en sus entrañas.

"Dije que te puedes ir. Ve a jugar con tu hermano traidor y su mocoso."

Radditz miró a Vegeta con incredulidad. No quería dejar a Bulma sola en la habitación con Vegeta, eso era seguro, pero también había recibido una orden directa de su príncipe. "¿Estás seguro?" preguntó con vacilación.

"Sí," siseó Vegeta, el ligero humor que lo había poseído unos momentos antes evaporándose rápidamente.

Radditz miró a Bulma en alarma. "Está bien, Radditz. Si estás con Goku sabré cómo contactarme contigo si yo... er, nosotros, necesitamos ayuda."

"Si estás segura," dijo en voz baja. Se puso de pie, hizo una pequeña reverencia a Vegeta, y se fue de la habitación, deteniéndose en la puerta para mirar sobre su hombro a Bulma, quien de inmediato lo saludó con un movimiento de sus manos. Suspirando, se dio media vuelta y se fue.

"Pobre," susurró ella.

Vegeta alzó una ceja. "Olvídalo," dijo bruscamente. "Tenemos trabajo que hacer."

Ella suspiró y se arrodilló a su lado, observando sus rápidos movimientos mientras deshacía el panel. "Ciertamente sí."

Varias horas después sintió como si los avances se estuvieran haciendo por primera vez. Odiaba admitirlo, pero Vegeta realmente parecía saber de qué estaba hablando. Todo lo que había dicho hasta ahora había tenido mucho sentido, aunque aún así era evidente para ella que él no tenía idea alguna sobre la fabricación. Lo observó mientras él finalmente se quitaba sus guantes, saliendo por un momento para arrojarlos a un lado y revelar sus manos bien formadas, los dedos largos y cuadrados en los extremos. Mientras miraba a su rostro se dio cuenta que era algo bueno que no estuviera usando nada más que su negro traje de spandex, porque estaba cubierto absolutamente en grasa oscura. La negra sustancia se aferraba a sus pómulos y frente, e incluso su afilada y recta nariz tenía una liberal capa. No pudo contenerse más y finalmente se rompió a reír.

"¿Qué?" preguntó él con furia, sus pesadas cejas cayendo en un ceño fruncido más profundo de lo que era acostumbrado.

"Estás cubierto en grasa," rió ella, apuntándole con una mano.

Él murmuró algo entre dientes y comenzó a limpiar su rostro con una manga. "¿Se fue?" preguntó con impaciencia, mirándola fijamente con una oscura mirada.

"Cielos, no," rió con más fuerza, por que él se había untado la grasa sobre todo su rostro. "Estás hecho un desastre."

Él sonrió en respuesta, la expresión amenazante. "Tú tampoco estás muy limpia," dijo él, señalando a zonas en su rostro para mostrarle dónde ella tenía grasa en el suyo.

La boca de Bulma se abrió en una azorada o y rápidamente trató de limpiarse, pero fue en vano. Con un gruñido metió la mano en el interior de la nave y logró juntar un buen puñado jugoso de grasa alienígena y la arrojó a la cabeza de Vegeta sin pensarlo dos veces. La baba lo golpeó en la mandíbula, salpicando el lado izquierdo de su rostro y hombro.

"Por qué, tú," gruñó él, sus ojos bajados con el desafío, y diseñó su propia bola de grasa, logrando golpearla entre los ojos. Ella gimió en consternación y la limpió de sus ojos.

"Está bien, te lo buscaste, señor," amenazó ella, escarbando para formar una bola de grasa antes que él lo hiciera.

"Nunca me derrotarás, mujer," desafió en respuesta, rápidamente buscando más munición. Pronto grumos de grasa grandes y pequeños estaban navegando por el aire, revistiendo las paredes y a cada uno con pegajosa y viscosa negrura. Bulma encontró un lote particularmente grande y lo agarró con entusiasmo, arrojándolo hacia la cabeza de Vegeta con todas sus fuerzas. Él rió y esquivó a un lado fácilmente y estuvo a punto de arrojar su contraataque cuando vio que su rostro se había puesto blanco, sus ojos centrados en un punto detrás de él.

"Bueno, parece que encontré más de lo que esperaba," la voz de Zarbon digo desde detrás de él.

Vegeta se volteó lentamente, sus ojos ampliándose cuando vio que la bola de grasa que ella había arrojado había golpeado al hombre de cabello verde de lleno en la nariz, cubriendo todo su rostro, cuello, hombros, y pecho con la mucosidad negra. El rostro de Zarbon se torció en disgusto debajo del moco y rápidamente se lo quitó de sus ojos, dejando pálidos semicírculos de pálido azul verdoso en la basura oscura debajo de sus ojos, Vegeta parpadeó varias veces, luego estalló en una risa genuina.

"Oh, ¡deberías verte!" rió, señalando. Miró a Bulma y la vio relajarse visiblemente, sus hombros bajándose mientras ella también comenzaba a reírse.

"Oh, claro, es divertido cuando no eres tú," Zarbon dijo con amargura, chasqueando la grasa al suelo con un movimiento de sus manos, luego alzó la vista a la pareja que se reía. "Está bien, entonces son los dos también," se corrigió, sus finas cejas perturbando la grasa mientras fruncía el ceño.

"Tienes un poco en tu cabello," Bulma ofreció, señalando.

Los dorados ojos de Zarbon se ampliaron en horror. "Volveré," espetó, y salió disparando de la habitación. Vegeta y Bulma rieron con más fuerza y él se giró hacia ella para encontrarla limpiándose lágrimas de sus ojos.

"No me he reído tanto en mucho tiempo," dijo alegremente, fijando sus chispeantes ojos azules en Vegeta.

Él no dijo nada por varios momentos, pero para él la hilaridad del momento había terminado. "Volverá," dijo solemnemente. "Y luego querrá que asista a otra cosa, así que te aconsejo que trabajes más rápido."

"¿Yo? ¿Por qué sólo yo? ¿Estoy haciendo igual trabajo que tú?" discutió, pero después de un segundo o dos su rostro se rompió en una sonrisa una vez más. Él le disparó la mirada más asesina y ella sacudió su cabeza, sonriendo y cerrando sus ojos. "Nada personal," rió ella, "pero estás completamente cubierto en esa cosa viscosa."

"Tú también," le recordó, una sonrisa formándose en sus esculpidos labios por sólo un momento. "Volvamos al trabajo."

"Está bien," concordó ella, y se abalanzó de nuevo a su tarea con renovado vigor.


Salió de la ducha, frotando su cabello contra la toalla vigorosamente mientras caminaba del baño hacia su habitación. Dejando la toalla en la cama, sacudió su cabeza de un lado a otro y levantó la bata de seda que había tomado para usar para dormir durante los últimos meses. Suspiró con simple placer mientras la ligera tela del camisón susurraba sobre su limpia piel, dándole a todo su cuerpo una pequeña sacudida para acomodar el material correctamente sobre sus curvas. Pasando su mano a través de su espeso cabello húmedo se acercó a la ventana, mirando a los tranquilos jardines nocturnos del recinto y las estrellas de verano en lo alto. El viento agitaba suavemente el verdor y el aroma de las flores fue llevado a ella a través de la ventana abierta, las cortinas ondeando ligeramente en la brisa mientras se inclinaba contra el alféizar. Mientras miraba a las estrellas de nuevo se preguntó dónde había estado alguna vez Vejiitasei, y de repente el cielo nocturno le pareció muy solitario. Un profundo silencio se posó en su pecho y bajó su cabeza, pensando en cómo se sentiría que su hogar fuera destruido por alguien en su juventud y luego tener que soportar ser criada por esa misma persona. ¿Era por eso que Vegeta tenía tantas ganas de morir? ¿Para escapar de esa vergüenza? Estaba a punto de alejarse de la ventana cuando un movimiento le llamó la atención. Presionándose contra el alféizar, contempló en salir de su balcón por un momento, luego decidió lo contrario a favor de la cubierta que las cortinas le proporcionaban. Miró en la oscuridad y vio que Vegeta había entrado una mancha brillante en el patio, la luz mostrando su suave piel brillante, y se dio cuenta de que todavía estaba mojado por la ducha. Estaba de pie sin camiseta en el césped, su amplio, muscular pecho subiendo y bajando suavemente con su respiración. Su puntiaguda torre de cabello se movía de un lado a otro mientras giraba su cabeza, aparentemente estudiando sus alrededores. Luego, lenta pero seguramente, comenzó a moverse a través de una serie de katas, sus miembros cortando agraciadas líneas en la noche. Bulma se retiró en su habitación y apagó la luz, corriendo de nuevo a la ventana y jadeando cuando vio que él había fijado sus ojos en su habitación, los negros irises incluso más oscuros que la misma noche, como si fueran la razón de la falta de luz en lugar de la ausencia del sol. Desvaneciéndose de nuevo en las cortinas, Bulma se encontró conteniendo su respiración hasta que él alejó la mirada y volvió a su entrenamiento. Durante largos momentos ella lo vio correr a través de su rutina, su cuerpo finalmente brillante con sudor. Puso sus dedos en sus labios y observó mientras sus acordonados músculos se extendían y contraían, el crudo poder en su cuerpo mal disimulado por sus movimientos minimalistas. De repente todo su cuerpo se tensó y se giró hacia el edificio, las líneas de su figura sobresaltadas. Luego, sin advertencia, dio algunos pasos lejos de la casa y despegó al cielo con un silbido de aire desplazado y una centelleante aura. Ella se alejó de las ventanas y las cortinas se azotaron locamente por el repentino movimiento, luego arrojó la puerta y corrió por el pasillo.

Estaba doblando la esquina cuando algo se chocó contra algo sólido, muy, muy sólido. Tambaleándose unos pasos hacia atrás, alzó la vista y vio que había chocado con Zarbon. El alto hombre era imponente, incluso sólo vestido en una toalla, su pálida piel verde azulada ondulando con sus esculpidos músculos y su largo cabello colgando mojado a mitad de camino por su espalda. "Bueno, te ves bien esta noche," dijo él, sus dorados ojos de repente pareciendo los de un depredador.

"Gracias," dijo ella. "Tú necesitas ponerte algo de ropa."

Él levantó una fina ceja verde. "¿Tú crees?" dijo con indiferencia. "Bueno, no soy el único," dijo tranquilamente, señalando a su estado de vestido con la mano que no estaba sosteniendo la toalla.

Bulma sintió a sus mejillas arder. "Hmmm. Creo que tienes razón," murmuró ella, mirando al suelo.

"¿Entonces a dónde ibas con tanto apuro?" preguntó él, moviendo su peso de un pie a otro.

Ella casi soltó que estaba corriendo al patio para ver a qué dirección se había ido Vegeta, pero de repente no se sintió como para divulgar esa información. "Quería ver si Radditz volvió," murmuró. "Me sentí mal por él después de que Vegeta lo echara."

Las cejas de Zarbon se juntaron muy ligeramente y ella supo que él no le estaba creyendo su historia. "No creo que haya vuelto todavía, pero tu madre está abajo en la cocina esperando por él," dijo.

Bulma se movió de un pie a otro. Su madre probablemente era lo que había asustado a Vegeta para que se fuera- ella era la única persona en el planeta a la que él parecía tenerle miedo activamente. "Bueno, tal vez bajaré allí y le diré que no espere levantada."

Zarbon asintió, moviéndose lejos de ella pero sin darle la espalda, manteniendo sus dorados ojos fijos en su rostro. "Prudente," murmuró él, y antes de que ella pudiera parpadear él se había ido por el pasillo.

Se estremeció incluso en la calidez del pasillo. Sus ojos siempre parecían mirar justo a través de ella. Zarbon siempre era tan frío con ella y eso la asustaba. Su calma no podía ser tocada y quitaba sus ilusiones de tener alguna clase de poder en sus intercambios. Radditz era lamentablemente fácil de ordenar y al menos Vegeta era ardiente y furioso todo el tiempo y por lo tanto más fácil con qué lidiar. Vegeta no era otra cosa sino predecible en sus conversaciones, la idea haciendo que una sonrisa saliera espontánea en su rostro. De inmediato cambió la expresión a un ceño fruncido y se marchó por el pasillo. Al segundo se detuvo pensando en él como una arrogante y mortal espina en su costado siendo el día que supo que realmente había perdido contacto con la realidad.

Para su sorpresa Radditz realmente estaba en la cocina, acababa de llegar. Su madre realmente estaba ocupada con té y galletas, lo que Radditz estaba consumiendo en su usual rostro con pocas costumbres. "¿Cómo fue tu día con Goku?" preguntó amablemente, ignorando a dónde en su cuerpo sus ojos se habían pegado al segundo que la vio. Probablemente debió haber tomado el consejo de Zarbon y haberse cubierto antes de bajar a verlo. Ahora que lo pensaba, generalmente se sentía un trozo de carne cuando él la miraba, un curso a ser devorado más que una persona que pensaba y respiraba.

"Estuvo bien," respondió entre bocado y bocado. "¿Y tu día con el Príncipe?"

"¡Hicimos muchas cosas!" respondió con orgullo, sin notar la tensión que se extendió en su rostro por sus palabras. "A pesar de ser un bastardo arrogante Vegeta realmente sabe de lo que está hablando."

"Eso es bueno," Radditz dijo fríamente, bajando sus ojos a su comida.

"¿No que sí?" intervino la Sra. Briefs. "¡Ahora tendrás mucho más tiempo para pasar con tu hermano!"

Bulma disparó a su madre una mirada asesina. "Mamá," dijo con cautela, sintiendo el humor en la habitación oscurecerse y sin querer que su madre dijera nada inadvertidamente dañino.

"Creo que es lindo que tú y ese adorable Vegeta finalmente se estén llevando mejor, también," continuó la Sra. Briefs. "Hará todo mucho más agradable por aquí."

"No apostaría en eso," refunfuñó Bulma, mirando la expresión de Radditz ondulando mientras las fases alternas de emoción y control se movían a través de su rostro. Sus oscuros ojos se aferraron en los de ella y una repentina pena se alzó en su pecho, una pena que se pegó en sus huesos y la hizo querer llorar. Ese pobre, pobre hombre. No tenía absolutamente nada a su favor. ¿Era la pena razón suficiente para amar? Su cabeza de repente se sintió pesada y se dio cuenta de cuán grave había sido el día. "Me voy a la cama," murmuró y salió de la habitación.


Vegeta ya estaba alto en el cielo después de sólo minutos del despegue, estudiando casualmente el suelo mientras pasaba disparando debajo de él. La luz de las estrellas brillaba sobre diferentes cuerpos de agua, y se dio cuenta por primera vez de lo rico que era el planeta Tierra en recursos. No era de extrañar que los humanos tuvieran tiempo para sentarse y preocuparse por cosas tan triviales como la moda y lo que había en la televisión- su mundo productivo prácticamente les entregaba la vida en una bandeja de oro diaria. no era como en Arlia, donde la agricultura era escasa en su mejor lugar y el planeta era de poca vegetación. Atlia y su raza tenían una dura vida en su inhóspito planeta, y tal vez era por eso que le gustaba. Le gustaba la vida dura- le recordaba que realmente estaba vivo. Si todavía sentía dolor, estaba vivo. Pero no estaría vivo por mucho más tiempo. Lucharía contra Freezer, sabía eso, y casi estaba seguro que no sobreviviría. Lo mejor que podía hacer era usar su vida como un arma. Esa era la única ventaja que tenía sobre Freezer- él estaba dispuesto a morir y el tirano no lo estaba. De repente un gran poder se alzó en su sentido extra y expelió ki para detener su movimiento en seco. Su cabeza girando de lado a lado finalmente lo encontró, hacia el norte a unos metros. Había estado tan sumergido en sus pensamientos que no lo había notado. Los guerreros de la Tierra parecían ser capaces de controlar su nivel de poder también, lo que no los hacía fáciles de detectar, aunque sería un truco útil de aprender. Luego reconoció a su espectador y sus ojos se angostaron. "Tú," soltó. "¿Qué quieres?"

Una ronca risa se onduló suavemente a través del cielo. "Quiero tomarte para una prueba," la voz soltó en el aire entre afilados dientes blancos.

Vegeta frunció el ceño a la figura con turbante. "No tengo asuntos contigo," dijo con severidad. "Vete de aquí antes de que salgas herido."

El Namekiano rió de nuevo. "Podrías pensar que la bravuconada te ayudará, pero ese no es el caso aquí."

"Estás desperdiciando mi tiempo," gruñó Vegeta.

"Como si me importara," dijo el Namekiano. "Sólo quiero asegurarme que yo no esté perdiendo mi tiempo."

Los ojos de Vegeta se angostaron. "Espera, ¿no eres tú el que está entrenando al mocoso de Kakarotto?" preguntó de pronto.

El Namekiano ladeó su cabeza levemente. "¿Gohan? Por qué, sí, soy yo."

"¿Entonces de dónde saca su poder? ¿Por qué no puedo llegar de donde viene?" preguntó Vegeta, cruzando sus brazos sobre su pecho desnudo.

"Tiene una gran reserva de poder que ninguno de nosotros realmente sabe su magnitud. Por desgracia sólo parece ser capaz de accederlo por la fuerza. Afortunadamente la batalla parece encajar en su criterio."

"¿Crees que tiene algo que ver con su madre?" preguntó Vegeta, de repente curioso.

El Namekiano miró sorprendido, y Vegeta supo que no había esperado que esto se convirtiera en una sesión de interrogatorio. "Tal vez. Los medio Saiyajin podrían ser más poderosos que los humanos. No sé lo suficiente sobre tu especie para hacer una suposición razonable."

Vegeta hizo una nota mental para no dejar nunca que Nappa viniera cerca de la Tierra. Todo lo que necesitaba era un puñado poderoso de medios Saiyajin corriendo alrededor con el intelecto de Nappa. "Interesante. Pero tú no eres de este planeta, hombre verde. ¿Por qué te quedas?"

El Namekiano sonrió de nuevo, mostrando sus largos y afilados caninos. "Tú y yo somos muy parecidos," dijo tranquilamente.

La mente de Vegeta se destelló de nuevo a antes en su misión en la Tierra, recordando al Namekiano decir esas mismas palabras cuando estaban uno cerca del otro. "¿Qué quieres decir?" preguntó bruscamente.

De nuevo esa risa baja. "Somos los tipos malos, tú y yo. Somos los alienígenas, las cantidades desconocidas con los cielos que sólo saben cuánto poder. No confían en nosotros y sin embargo todavía nos buscan. Somos solitarios y sin embargo encontramos razones para quedarnos alrededor de la gente. Hemos encontrado razones para salvar a este planeta de nuestros problemas."

"¿Cuál es tu razón?" interrumpió Vegeta.

El Namejiano cerró sus ojos y sacudió su cabeza. "Por qué, Gohan, por supuesto. Si no fuera por él yo hubiera matado a su padre y esclavizado a este planeta hace mucho tiempo. ¿Sabes todavía cuál es tu razón?"

El ceño fruncido de Vegeta se intensificó. "No tengo una razón y dudo que la tendré alguna vez," gruñó.

El Namekiano se encogió de hombros, de repente arrojando a un lado su turbante y pesada capa. "Así como así. No tendrás nada de que arrepentirte si te mato."

"Hablas demasiado para un poder tan débil," se burló Vegeta, luego se calló mientras sus ojos se abrían como platos.

Los sacacorchos de luz estaban dirigidos justo a su cabeza.