Épico

(Epic)

Un fic de The Prime Minister

Traducción por Apolonia


Ella se aferró a él con fuerza a medida que ganaban altura, corriendo en el cielo en un camino aparentemente sin dirección. Rompieron través de un banco de nubes, la niebla arremolinada aferrándose a ellos mientras se movían por encima de las masas blancas. Bulma quedó sin aliento al ver su sombra sobre la superficie de las nubes, el aura de Vegeta visible en sus siluetas como el calor era visible sobre el pavimento en el verano, sólo un brillo incoloro. Bulma pateó sus piernas levemente para ver la sombra moverse, sin poder creer que realmente estaba tan a lo alto. Había volado un par de veces con ambos Radditz y Yamcha, pero ellos nunca se habían movido tan rápido o tan alto. Estimaba que estaban a más de veinte mil pies, y sin embargo su aura la estaba protegiendo tan completamente que no se sentía otra cosa que un viento leve agitando su cabello. "Eres muy fuerte, ¿no?" preguntó en voz baja, manteniendo sus brazos con fuerza alrededor de su cuello.

Sus ojos negros la miraron y él sólo sonrió, de repente lanzándose en una serie de bucles y rollos, disparándose entre las nubes. Sus fuertes manos encontraron su cintura y la alejaron de él para que perdiera su agarre sobre su cuello, y rápidamente la giró y estuvo boca abajo. "Extiende tus brazos," le dijo con brusquedad, y ella hizo lo que le pidió, su estómago de repente apretándose. Ganó incluso más altitud y velocidad y de pronto la dejó caer, desviándose de ella mientras su impulso la cargaba a una velocidad increíble. Su aliento fue golpeado lejos de ella con la velocidad, pero la libertad del movimiento era innegable. Ella volaba sin ayuda. Luego el frío de la altura la golpeó, y la gravedad tomó su control repugnante. El pánico estaba a punto de agarrarla y bajó la vista para encontrarse con su destino de cabeza cuando lo vio volar debajo de ella, sobre su espalda para poder observarla. Flotaba por debajo de ella cuando ella empezó a caer, tomándola de nuevo en sus brazos con tanta suavidad que fue como si hubiera sido llevada allí mágicamente. Dio un grito ahogado cuando su gigantesca aura volvió a su lugar, tosiendo un poco. Él rió en voz baja, el sonido sólo con la mitad de menosprecio.

Ella sonrió con deleite, mirando más allá de sus hombros al suelo tan lejos que parecía irreal. Ella volaba con bastante frecuencia en aeroautos y aviones para estar familiarizada con la altura, pero esos medios de transporte no eran nada como esto, volar con él sin nada que los apoye sino su propio poder. "¿Hacia dónde vamos?" preguntó ella, apoyando su cabeza sobre su pecho.

Él la agarró por la cintura de nuevo y giró para que ella estuviera abajo. "No importa," murmuró él. "Esta es su bola de lodo. ¿Dónde deberíamos ir?"

"Vamos a una playa," ella dijo de pronto. "¿Dónde crees que estamos ahora?"

Vegeta miró hacia el cielo, orientándose rápidamente. "Debemos estar a unos pocos grados al norte del ecuador," respondió.

"¡Genial! Las playas tropicales son las mejores," dijo ella. "Bájanos en alguna parte donde haya arena y agua."

Vegeta asintió y se hundió de inmediato, sonriendo por el momentáneo jadeo de terror de Bulma mientras caían en picada hacia la extensión de agua azul-verde. Se nivelaron y se encontraron por encima de los altos acantilados marinos, el agua chocando contra la roca y enviando enormes columnas de rocío hacia el cielo. Bulma gritó de alegría y señaló algunas rocas más lejos en el agua. "¡Focas!" gritó, aplaudiendo. "¡Mira, Vegeta, focas!"

"Las veo," contestó con aspereza, deliberadamente moviéndose alrededor del rocío que chocaba pero con cuidado de no mojarse. Los inclinó un poco más hacia el norte hasta que divisó un tramo de playa virgen, en la privacidad de los altos acantilados que formaban el perímetro de la arena. Puso sus pies debajo de él y descendió lentamente, aterrizando sin problemas pero luego separándose de ella con brusquedad. Ella se tambaleó unos pasos lejos de él y lo miró con expresión de asombro hasta que finalmente se volvió para mirar hacia el agua.

"No hay otra alma," susurró, sus ojos azules llenos de la luz del agua y el sol.

Vegeta frunció el ceño y metió las manos en los bolsillos de su traje de baño, también mirando a través de las inmensas extensiones de océano. "No," dijo en voz baja.

Ella puso sus manos en sus pantalones cortos y desató el moño, deslizándose fuera de ellos con un sonido resbaladizo y tirándolos en la arena. Estirándose en su bikini salió de sus sandalias y se metió unos metros en el agua, su rostro un poco arrugado al analizar. "El agua está perfecta," ella lo llamó.

Él gruñó y se quedó allí con sus brazos cruzados sobre su descubierto pecho acordonado. "Por supuesto que lo está," gruñó. "Sólo elijo los mejores lugares."

Ella lo miró con una ceja levantada, luego rió, cerrando sus ojos y mostrando sus dientes. "Esa es una cosa que no puedo discutir," dijo alegremente, dando unos pasos más en el agua. Sin advertencia saltó al aire y se deslizó en el agua sin casi salpicar, su esbelto cuerpo cortando a través del agua como un cuchillo. Él la observó mientras ella resurgía varios metros más adelante, brotando del agua y sacudiendo su mojado cabello de un lado a otro. "Deberías entrar, ¡es maravilloso!" le gritó, llamándolo mientras se balanceaba en el agua. Él frunció el ceño más profundamente y la vio encogerse de hombros antes de seguir hacia el mar con poderosos golpes. Ella nadó más y más lejos, hasta que el brillo del sol en el agua hacía su cabeza apenas visible. De repente sus sentidos fueron bombardeados con la sensación de cortar a través del agua, girándose y viéndose en la playa, y luego la sensación se fue. Dio un paso para mantener el equilibrio y puso una mano en su cabeza, preguntándose qué estaba pasando o cuándo la imagen de sus ojos azules brillaron a través de su cerebro. De pie erguido de nuevo se dio cuenta que este sería un momento óptimo para matarla. Todo lo que tenía que hacer era moverse cuando ella llegara a la costa y tomar ese delgado y blanco cuello entre sus manos y aplastarlo. Ella había sobrevivido su utilidad, ¿entonces por qué seguía con vida?

"¡Vegeta!" llamó ella, y él se dio cuenta que ella se había acercado de nuevo. "¿Por qué no entras?"

Él trató de ignorarla, pero sus súplicas eran tan frecuentes e insistentes que él finalmente se quitó sus zapatos y se metió en el agua hasta que sus tobillos estuvieron cubiertos. "Allí," espetó él. "¿Estás feliz?"

Ella nadó todo el camino en las profundidades y se quedó allí, el agua aferrada a su suave cuerpo mientras emergía. Caminando hasta que estuvo a pocos pasos lejos de él se detuvo y se quedó allí, una mano en su cadera mientras lo examinaba. "Hmmm," dijo ella, su frente marcada con el más pequeño fruncir.

"¿Qué?" gruñó él.

"¿Te estás divirtiendo?" preguntó ella, ladeando su cabeza hacia un lado.

"Nunca me estoy divirtiendo a menos que esté destruyendo cosas," dijo fríamente, negándose a mirarla a los ojos y mirando al mar en su lugar. El sol estaba comenzando a ponerse, tiñendo el cielo en un millón de interminables sombras de colores y girando la rota superficie del océano en un caleidoscopio.

"Oh, bla," dijo ella, haciendo un gesto con la mano. Se lanzó y se adentró en el agua, enviando rocío y riendo mientras él se retorcía y trataba de evitar el agua. Él se movió a un lado y ella se agachó, tomando agua y salpicándolo. Él trató de esquivar de nuevo, pero de repente ella se había ido. Torciéndose de nuevo, él intentó ver a dónde se había ido, y luego rápidamente ella apareció de abajo del agua y lo derribó, riendo todo el rato. Sus brazos se deslizaron sobre sus hombros y el tiempo pareció ir más lento para él. Nunca había sido tocado por una mujer antes. No había notado la sensación de su piel cuando se aferró a él en el despegue, pero esto era algo completamente diferente, su rostro iluminado con risa y sus ojos azules como cristal brillando mientras se arrojaba sobre él. Su piel se deslizaba sobre la carne de sus hombros tan suavemente como la seda fría, su piel mojada, resbaladiza y levemente fría por el agua, sus dedos rizándose suavemente en la parte de atrás de su cuello. Él arrojó sus manos a los costados para evitar tocarla y todo su cuerpo se presionó contra el de él, toda su carne expuesta deslizándose sobre él, sus senos apretándose contra su pecho, los pezones evidentes en su presión a pesar de la tela, y él no supo qué hacer. Así que cayó, desplazando el agua bajo su cuerpo en descenso en un gran chapoteo mientras sus amplios ojos se cerraban en ella. Ella chilló y se encorvó, cerrando sus ojos para evitar que el agua salada entrara en ellos. Aún temblando, ella lo dejó debajo del agua y se puso de pie, tosiendo, y tambaleándose hacia la playa.

No había esperado que él cayera así, se dio cuenta mientras se sentaba en la arena, mirando a Vegeta salir del agua, el sol poniéndose detrás de él sobre el agua. La mirada de shock en su rostro no había tenido precio mientras ella sintió sus brazos deslizarse sobre sus musculosos hombros, pero en lugar de defenderse como había esperado él sólo se tiró como una muñeca de trapo. Entrecerró sus ojos hacia él mientras él caminaba hacia la playa y se sacudía con disgusto, mordiendo su labio mientras el agua goteaba sobre todos sus músculos. Levantando sus rodillas a su pecho y enroscando sus brazos alrededor de ellas escondió su rostro en sus antebrazos, suspirando mientras se encerraba en ese pequeño espacio personal. Después de un momento alzó la vista de nuevo, pero él estaba mirando sobre el agua con una expresión ilegible en su severo rostro. ¿En qué pensaba? ¿Estaba pensando en la muerte? ¿Qué hermosa era la puesta de sol? Sin saber, se acurrucó con más fuerza y se unió a él en mirar perdidamente al atardecer.

La noche había caído y las estrellas eran brillantes y claras en el limpio cielo, el agua tranquila y el ritmo de las olas la calmaban. "Levántate," dijo una áspera voz, y ella frotó sus ojos, apoyándose con un brazo mientras se orientaba.

"Wow, es tarde," murmuró ella, y se dio cuenta que debió haberse quedado dormida.

"Tenemos que volver," dijo con severidad.

Se levantó y frotó sus ojos de nuevo, caminando hacia él y extendiendo sus brazos. Él sólo la miró con extrañeza. "Vamos, no tenemos toda la noche," se quejó ella. "Llévame a casa."

Él dio unos pasos vacilantes hacia ella y la tocó levemente, apenas haciendo contacto alguno con su piel desnuda. Ambos comenzaron a elevarse en el aire sin que él la tocara realmente, y ella se dio cuenta que él debía estar usando ese poder telequinético que lo había visto utilizar en algunas ocasiones. Algo en su estómago cayó mientras se le ocurría que él estaba dispuesto a gastar mucha energía extra sólo para evitarse tener que tocarla. La idea la lastimaba y no estaba segura de por qué. "¿Pasaste un buen rato en la playa?" preguntó con cautela.

Él no la miró, sólo aceleró a través del cielo nocturno. "¿Tú?"

"No respondiste mi pregunta," dijo ella con el ceño fruncido.

"Trataste de ahogarme y fuiste de otro modo molesta," gruñó. "¿Crees que disfruté de la playa?"

Sus cejas se anudaron un poco y suspiró, mirando a sus manos con tristeza. "Bueno, yo pasé un gran momento. No eres una compañía desagradable cuando no estás enojado," dijo ella lentamente tratando de ver su reacción.

"¿Quién dice que no estaba enojado?"

"No lo estabas. Me di cuenta."

"¿Cómo podrías saberlo? Sólo eres una humana, no deberías ser capaz de..." protestó, luego algo horrible se le ocurrió.

"¿No debería ser capaz de qué?" preguntó ella, de repente curiosa.

Vegeta palideció. "Nada," dijo bruscamente. "Olvídate que dije algo," exigió, y volaron el resto del camino a casa en silencio.


Él luchó contra la mente de ella todo el camino a casa, tratando de ignorar los vagabundos pensamientos que estaba recogiendo de ella. Cálido, la escuchó pensar, y sintió su suave mejilla anidándose contra su hombro mientras se acurrucaba contra él en su somnolencia. Un escalofrío sacudió su suave cuerpo, y él se dio cuenta que ella había dejado sus pantalones cortos en la playa. Ahora tenía frío y su aura no estaba haciendo nada para ayudarla. Él comenzó a enroscarse alrededor de ella por instinto, tratando de entibiar su cuerpo con el suyo, pero alejó los pensamientos de ella y enderezó su cuerpo, apretando sus dientes furiosamente hasta que aterrizó en el patio de la Corporación Cápsula. Trató de bajarla, pero ella sólo murmuró algo y se inclinó contra él, todavía dormida. Suspirando, la levantó y lentamente entró su código de acceso, entrando tan pronto como se abrió la puerta. Caminó por el pasillo, pero cuando llegó a las escaleras encontró una figura bloqueando su camino.

"¿Qué has hecho con ella?" la voz exigió airadamente.

Vegeta frunció el ceño con mayor intensidad al hombre de las cicatrices. "Nada. Sal de mi camino."

"¡Bulma!" Yamcha gritó. "¿Estás bien?"

Bulma parpadeó despertándose, lo primero que vio fueron los negros ojos de Vegeta mirándola sin pasión. La bajó mientras ella lo miraba, recordando de inmediato lo que había sucedido. "¿Qué? Oh, Yamcha, estoy bien," respondió ella, un poco desconcertada.

"¿En qué diablos estabas pensando, desapareciendo de esa manera?" gruñó él, acercándose y agarrándola del brazo.

Bulma trató de soltarse, pero él no la dejaba. "Puedo hacer lo que quiera," gruñó en respuesta. "¡Suéltame!"

Él la atrajo hacia sí, apretando su agarre. "Ese hombre es capaz de lastimar a cualquiera," siseó Yamcha. "¿Te has vuelto loca?"

Bulma jadeó un poco por la presión en su brazo que comenzaba a doler. "¡Basta, Yamcha!" gritó, tratando de liberarse, y luego de repente él estuvo fuera de ella, dejándola de pie y frotando su brazo. Vegeta había presionado a Yamcha contra la pared, sus dedos alrededor de la garganta del hombre más alto y bajándolo hasta la misma altura.

"¿Te pidió ella que le pusieras una mano encima?" Vegeta dijo fríamente, la voz calma.

Yamcha gorgoteó y se aferró a la muñeca de Vegeta, tratando sin éxito de alejarlo de él. "N-no," jadeó.

"¿No te dijo que la soltaras?" Vegeta dijo de nuevo, entrecerrando los ojos.

"S-sí," raspó Yamcha.

Los labios de Vegeta se curvaron en un gruñido y aumentó la presión, casi pudiendo tocar su pulgar e índice al costado de la tráquea de Yamcha. "Eso es lo que pensé," dijo tranquilamente, y de repente su aura destelló en una brillante luz a su alrededor.

Yamcha gritó mientras era quemado por el poder del otro hombre, cerrando sus ojos con fuerza y gruñendo a través de sus dientes apretados. Vegeta movió su puño y golpeó, fallando la mejilla de Yamcha por sólo una fracción de pulgada, en su lugar enterrando su brazo hasta el codo en la pared. De repente liberó al hombre más alto y su propia aura, observando con satisfacción mientras él se derrumbaba en el suelo, tosiendo. Miró a Yamcha con asco antes de voltearse hacia Bulma, que estaba de pie con los ojos muy abiertos. "Bulma," dijo Yamcha. "¿Así es como van a ser las cosas? ¿Con Vegeta como tu matón?"

"Yamcha, sal de aquí. No quiero verte hasta que hayas crecido," dijo Bulma, su voz tensa.

Lágrimas brotaron de los ojos de Yamcha. "Pero sólo estaba tratando de protegerte," protestó, su voz todavía rasposa. "Te amo, y sólo quería que estés a salvo."

"Te dijo que te fueras," Vegeta dijo con frialdad. "Te sugiero que hagas lo que dice."

Yamcha estaba de pie temblando y extendió una mano a Bulma, pero Vegeta destelló su aura una vez más. "Bulma..." Yamcha rogó suavemente.

"Fuera," amenazó Vegeta, la impura luz de la batalla comenzando a iluminarse en sus ojos.

Yamcha se giró, el rostro bañado en lágrimas, y se fue por el pasillo. Vegeta y Bulma se quedaron de pie allí hasta que escucharon la puerta de afuera cerrarse y luego Bulma dejó escapar un gran suspiro. "Gracias," susurró. "Eso se volvió un poco loco."

Vegeta le resopló y apretó su boca. "Estúpida mujer," dijo. "Fíjate en lo que quieres."

"¿Qué?" Bulma preguntó, sorprendida. "¿Qué quieres decir?"

"La estupidez es peligrosa. Mira donde casi te deja esta noche."

"¡Yo no soy estúpida! No es mi culpa-"

"Esto no es un asunto abierto a discusión," espetó. "Ve que no vuelva a ocurrir. Oh, y la próxima vez limpia tus propios malditos desastres," gruñó, y se alejó por el pasillo.

Bulma se quedó de pie en el pasillo, frotando sus brazos y piernas, tiritando. Tenía que admitir que había estado ambos impresionada por su defensa por ella y sus frías palabras de despedida, pero él tenía razón sobre una cosa: tenía cosas que necesitaba atender. Como entibiarse, se dio cuenta, y se fue por el pasillo hacia su habitación.


Rascó distraídamente el papel con su lápiz, moviéndose en su silla en el escritorio en su laboratorio de vez en cuando. Realmente no podía concentrarse en la traducción. Su mente estaba pegada en ayer, habitando la extensión de la piel de Vegeta oscurecida por el sol, en el camino que había sido cálido y sólido presionado contra ella en el cielo, la manera en que sus ojos habían destellado cuando Yamcha la había agarrado en el pasillo, cómo sus ojos se habían vuelto tan fríos cuando la había dejado las sombras luchaban entre sí, no obstante. "¿Qué estás haciendo?" preguntó una voz, sobresaltándola de su meditación.

Ella se volteó rápidamente, encontrando su compañía en la puerta. "Oh, traduciendo," murmuró, volviéndose hacia su escritorio.

"¿Puedo pasar?"

"Ciertamente," respondió ella, comenzando a hacer garabatos locamente en el papel.

Él se agachó junto a ella, una mano en el respaldo de su silla y la otra en su escritorio y miró a su rostro, las cejas juntas y la boca presionada en una línea. "Escucha," dijo él. "Siento lo de ayer. Sólo pensé que Vegeta estaba cumpliendo con su deber, y tengo que admitir que me estoy poniendo cada vez más ansioso de regresar al espacio. Eso no es excusa por mi comportamiento, pero espero que me perdones de todos modos."

Ella bajó el lápiz y se volteó hacia él, sus fríos y brillantes ojos dorados sinceros incluso si no eran cálidos. "Oh, está bien, Zarbon," murmuró ella. "Sin rencores."

"Genial," dijo él, y se puso de pie, inclinándose contra su escritorio y cruzando sus brazos sobre su pecho. "¿Entonces cómo va eso?"

Bulma pensó en mentirle para que se fuera, pero pensó que él era tan impredecible y no quería enfurecerlo de nuevo ya que no tenía idea de lo que era capaz. "Mal," admitió. "Arreglar el scouter para que leyera mi idioma fue fácil- sólo encontré el chip de idioma y en cualquier otro lugar estaba programado y sólo lo cambié con el mío o lo borré, pero no puedo hacer eso para que lea el tuyo por que no sé tu idioma."

"¿Eso es todo lo que nos está impidiendo irnos de aquí?" preguntó él, mirando al papel. "¿Una vez que hagas esto podrás comenzar a fabricar?"

Ella asintió con un suspiro. "Sí," le dijo en voz baja.

Él suavemente tomó el papel de ella y lo giró para poder verlo mejor, entrecerrando sus ojos en su trabajo. "Hmmm, ya veo," dijo. "Entonces, te las arreglaste para sacarle algunas palabras a Vegeta, ¿por qué está tardando tanto?"

"Porque no sé cómo usar las palabras," gruñó ella, frunciendo el ceño y apretando el lápiz con más fuerza.

Él la miró y parpadeó. "¿Por qué no usas un programa de traducción o algo así? ¿No hacen eso para llegar a diferentes idiomas en este planeta?"

Ella suspiró. "A veces los que no son científicos no entienden nada. Porque no sé todas sus palabras o cómo se usan, y no puedo hacer un buen programa sin eso, ¿o sí?"

"Bueno, ¿dónde está Vegeta? Pensé que estaría aquí. Ustedes dos parecen inseparables," dijo él, y ella no pudo evitar sino notar un amargo tono en su voz.

"No sé. Pensé que estaba entrenando contigo," admitió ella, notando el tono amargo en su voz también.

"Bueno, obviamente ese no es el caso. Hmmm, y Radditz tampoco está. Hn... bueno, supongo, Bulma, que tendré que ser el que te ayude," proclamó. "Tenemos que salir de aquí, y probablemente yo sepa mejor el idioma de todos modos. Ciertamente no es el único que hablo, así que espero ser de ayuda."

"Uh, eso sería genial," dijo ella, sintiendo aprensión mientras movía una silla.

"¿Empezamos?" preguntó él con amabilidad, sacando una hoja de papel y un lápiz. Ella asintió y escribió algo en el papel. "Así es como se escribe empezar," explicó él, y luego le pasó el papel a ella. "Ahora escribe a tu modo debajo."

Lo hizo, y le pasó el papel de nuevo. Él escribió algo más, se lo pasó, y así siguieron sucesivamente hasta altas horas de la tarde.


El canto de los grillos afuera de su ventana era tan fuerte que realmente la despertó, haciéndola sacudirse y girar en su cama por algún tiempo antes de que tuviera tiempo para moverse hacia él. Su cálida, sólida presencia siempre la hacía sentir a salvo y serena, lo que era una sensación que se encontraba necesitando más y más últimamente. Su mano serpenteó hacia su lado de la cama, esperando entrar en contacto con su pared de músculo, pero sus yemas sólo acariciaron el aire y las sábanas vacías. Sentándose, aferró la sábana contra su pecho, parpadeando en la oscuridad. Él no estaba en la cama y su lugar estaba frío, como si no hubiera estado recostado a su lado por bastante tiempo. Una horrible sensación se apoderó de ella, una realización de vacío que su ausencia le dejó, y se dio cuenta que su camino elegido de luchar podría dejarla con esa sensación permanentemente. De repente hubo un verdadero potencial para ella que tendría que sentir ese frío lugar en su cama noche tras noche, si él seguía por su camino. La idea de noches sola en su gran cama matrimonial se apoderó de su corazón con gélidos dedos y lo retorció cruelmente. El miedo era tan real y tan grande que se arrojó de su cama y se puso su bata. Viendo la puerta entreabierta, corrió por toda la casa, revisando cada una de las habitaciones, buscando a Gohan dos veces y deteniéndose la segunda vez para mirar a su hijo, viendo su pequeño pecho alzarse y caer en su sueño, luego salió corriendo de la casa.

"Goku," susurró con voz ronca en la noche, agarrándose su bata alrededor de ella a pesar del sofocante aire de la noche de verano. Todo lo que llegó a sus oídos fue el sonido de los grillos y, un poco apagado, el correr de un pequeño arroyo. "¡Goku!" gritó, la voz quebrándose al final de la última sílaba.

Aquí, una voz dijo suavemente en su cabeza, y ella la siguió a ciegas, tambaleándose sobre los bultos en el suelo y matas de hierba hasta que lo vio, sentado debajo de un árbol y contemplando el paisaje.

"Goku," susurró con alivio, yendo a su lado, sus oscuros ojos parpadeando para contener las lágrimas. Lo miró, a su desnudo y perfectamente tonificado cuerpo, su piel viéndose como terciopelo en la suave luz de las estrellas. Él alzó la vista a su figura bajo su flequillo y le sonrió, su sonrisa extendiéndose sobre todo su rostro y tan evidentemente amable que su corazón se quedó atrapado en su garganta. "¿Qué estás haciendo aquí?" exigió ella, juntando su bata sobre ella con más fuerza y empujando sus abrumadores sentimientos profundo en la boca de su estómago.

"Estoy mirando al mundo," respondió con sencillez. "¿No es hermoso?"

Ella miró al paisaje. "Sí, Goku, es muy bonito," dijo ella, la voz llena de condescendencia, "Pero es tarde y debemos entrar."

"¿Por qué?" preguntó él, mirándola a través de su espeso flequillo. "Está perfecto afuera, tan cálido y tranquilo..."

"¿Pero qué si Gohan se despierta y se asusta sin sus padres?" protestó ella.

Él sacudió su cabeza y le sonrió de nuevo. "Puede sentir dónde estamos, ChiChi, de la misma manera que yo puedo sentir dónde está él. Es un chico especial, sabes."

"Lo sé," dijo con enfado. "Pero todavía es un niño."

"Ven, siéntate," dijo él, envolviendo una mano alrededor de su tobillo y acariciando suavemente los delgados huesos allí. "Está demasiado hermoso para pensar en cosas como esas en este momento."

"Goku, no sé, es muy tarde..."

"No podías dormir de todos modos, ¿no?" dijo, alzando una ceja, poniendo el acto de idiota que ella nunca podía convencerse si era exacto.

"Bueno, no," ella admitió. "Los grillos eran muy fuertes y la noche estaba demasiado cálida para dormir bien."

"Exacto," dijo él, moviéndose y tomando su mano, acariciando la suave piel del dorso con el costado de su pulgar. "Ahora vamos."

Ella suspiró y se bajó con cuidado sobre la hierba a su lado, cruzando sus piernas con modestia. "¿Ahora por qué estás realmente aquí? ¿Qué te molesta?" insistió ella, poniendo una mano sobre su muslo desnudo.

Fue su turno para suspirar y apoyó su mentón en su mano. "Raddiz está entrenando realmente duro, y no sé por qué quiere ser tan fuerte de repente. Me preocupa."

ChiChi lo miró, confundida. "Pensé que salías a jugar con Gohan todo este tiempo," dijo ella, la voz comenzando a tomar un tono duro por la ira.

Él sonrió tontamente y movió sus manos en el aire frente a él. "No, no, jugábamos, de verdad," protestó. "Es sólo que Piccolo estaba allí, cuidando de Gohan mientras Radditz y yo entrenábamos. Eso es todo, no es gran cosa, ¿verdad?" preguntó tímidamente, sus ojos haciéndose enormes cuando se encontró con su sepulcral silencio. "¿Verdad, ChiChi?"

"Tú eres el padre de Gohan, no su compañero de juegos," dijo con aspereza.

"Pero soy su compañero de juegos también," Goku contraatacó. "Pero esto es triste. No deberíamos estar tristes en una noche tan linda como esta."

"Habrá otras, Goku. Deberías sentir lo que quieras," ella respondió con un suspiro. Oh bueno, supuso que tenía suerte de haber terminado con alguien que amaba tanto a su hijo; podría haber sido mucho, mucho peor.

Él se inclinó más cerca de ella. "Sabes, también soy tu compañero de juegos," le susurró al oído.

Ella frunció el ceño y se alejó mientras sus suaves manos encontraban el cuello de su bata y trataban de convencerla. "¡Goku!" protestó ella. "¡Estamos afuera!"

Él la miró divertido, alzando sus párpados inferiores y mirándola como si hubiera perdido un pedazo de su mente. "Uh, ChiChi, ya lo sé," dijo.

"¡Alguien podría ver!"

Él rió, deslizando su mano por su pierna hasta que la detuvo en su cadera. "Nadie está alrededor por kilómetros y esto es el bosque, después de todo," dijo con una risa. "No deberíamos llevar ropa de todos modos. Esta es la manera natural de ser, y deberíamos hacerlo mientras todavía está cálido."

Ella se aferró a la bata por unos minutos más, sin estar dispuesta a renunciar a su resistencia tan fácilmente, antes de que él finalmente deslizara la prenda fuera de sus hombros. "Bueno, está bien, sólo por esta vez," murmuró ella.

"Gracias," Goku dijo suavemente, moviendo un dedo a lo largo de su clavícula. "Sabes, eres la única cosa aquí más bonita que el cielo de noche," dijo en voz baja.

"Calla, tú," advirtió, pero se ruborizó de todos modos.

"No, de verdad, ChiChi, creo que eres la cosa más hermosa que he visto en mi vida," continuó, pasando el dorso de sus dedos de arriba a abajo de su sedoso brazo.

"Goku, de verdad," suspiró ella, temblando contra su voluntad.

"Eres mi compañera de vida," susurró, sus dientes de repente cerrados alrededor de su lóbulo. "Te amaré por siempre, vivo o muerto."

"Goku," murmuró ella mientras él se inclinaba hacia ella, moviendo una mano alrededor de su espalda y apoyándola entre los omóplatos mientras comenzaba a correr su lengua por su cuello.

"Shhh..." susurró él, moviendo su otra mano por su estómago y pasando sus dedos dentro y alrededor de su ombligo.

"No, de verdad, has estado muy amoroso últimamente," dijo ella en voz baja.

Él rió, los sonidos ahogados mientras presionaba sus labios contra su piel. "Tengo que aprovecharlo mientras todavía haya tiempo," murmuró, y la bajó al suelo.

Ella suspiró mientras él se movía sobre ella, y luego mientras él comenzaba a ser su suministro real ella se olvidó por completo de preguntarle qué quiso decir con eso.