Épico
(Epic)
Un fic de The Prime Minister
Traducción por Apolonia
Se alisó el vestido y respiró hondo antes de entrar en la habitación llena de gente, esperando a que la música se calmara antes de hacer su entrada. El DJ cortó la música y le hizo un gesto hacia el micrófono y tomó un último suspiro antes de adentrarse en la muchedumbre y abrirse paso al frente. Sonriendo sin aliento saludó a la multitud, compuesta en su mayoría por empleados y algunos cuantos amigos. "Bueno, creo que todos saben que soy Bulma Briefs, así que me gustaría darles la bienvenida a todos ustedes en esta noche maravillosa, una noche que marca una nueva alianza entre no sólo dos gobiernos, sino dos razas y planetas. Sí, esta noche estamos celebrando la fabricación de tecnología introducida a nosotros por los Saiyajin, así como el amanecer de una nueva era del comercio intergaláctico entre el Nuevo Imperio Saiyajin y la Corporación Cápsula. Esperemos que este sea el comienzo de una relación comercial larga y saludable así como un sólido incremento en todos sus cheques de pago," dijo alegremente, haciendo una pausa para los gritos y risas. "También me gustaría dar las gracias a todos ustedes por estar aquí esta noche. ¡Por favor disfruten de la fiesta!" anunció, y se apartó del micrófono. Varias personas la felicitaron en su camino de regreso a sus padres y ella les asintió con cortesía, dando la mano cuando era necesario. Le pareció una eternidad antes de encontrar a sus padres otra vez. "Menos mal," dijo, mirando a sus padres con una sonrisa. "Hay mucha gente aquí."
"Ciertamente la hay," comentó el Dr. Briefs, poniendo un brazo alrededor de su esposa.
"Bulma, cariño, lo hiciste maravilloso," arrulló su madre, extendiendo su mano y acariciando el cabello de Bulma.
"Gracias, mamá," dijo con una sonrisa tímida, estirando el brazo y tomando la bebida que su padre le ofreció.
"Bulma, estuviste genial," dijo una voz familiar detrás de ella, y se volteó para ver a Yamcha y a Goku sonreírle.
"Oh, bueno gracias," dijo, sorprendida. Yamcha todavía estaba usando su camisa de polo negra y sus pantalones caqui, su cabello cayendo sobre sus hombros.
"Y te ves hermosa para empezar. Ese rojo oscuro que sienta muy bien," prosiguió.
"Sí, te ves bien," Goku ofreció con una sonrisa. "Debes estar muy emocionada."
"Lo estoy," dijo felizmente, acercándose y dándole a Goku un gran abrazo. "¿Qué tan lindo es esto? Todos mis viejos amigos juntos de nuevo en una habitación. Hey, ¿alguno de ustedes saben si Krillin llegó?"
"Está en el pasillo ahora," Goku respondió. "¿Quieres que lo traiga?"
"Eso sería genial," dijo ella y lo vio girarse y hacer su camino a través de la multitud.
"Esta es una gran fiesta," Yamcha dijo con nerviosismo.
Ella lo miró de soslayo. "Sí. Todos parecen estar divirtiéndose."
"¿Y por qué no habrían de hacerlo?" preguntó. "Acabas de conseguir un acuerdo que va a hacer a toda la empresa incluso más exitosa que antes. El imperio de Vegeta es una organización militar, y los militares siempre destruyen cosas y necesitan de otras nuevas. Simplemente creaste la jubilación para tus bisnietos. No sólo eso, sino ahora puedes robar la tecnología y mejorar las cosas aquí, como el viaje al espacio. ¡Esto es enorme!" dijo con una carcajada, poniendo su brazo alrededor de su hombro.
Su primer instinto fue encogerse de hombros y marcharse. Todavía estaba incómoda por su violencia de hace semanas atrás y se había convencido que su reacción anterior sólo había sido impulsada por la nostalgia. No había tenido relaciones en meses y nunca había tenido otra forma de aliviar el estrés, y como tal sería fácil caer de nuevo en su trampa de comodidad física. "Sí, gracias," dijo distante.
Él frunció el ceño y se puso delante de ella, poniendo sus manos sobre sus hombros. "Pensé que nos íbamos a divertir esta noche", dijo reflexivo. "¿Dónde está esa bonita sonrisa?"
"No me siento como para sonreír," dijo ella, de mal humor.
"¡Ow!" dijo él con un siseo. "¡Creo que te están creciendo espinas que estás tan picante!"
"¿Qué?" ella dijo, confundida.
Yamcha puso un dedo en su boca y lo chupó como si se hubiera cortado. "¡Creo que te estás convirtiendo en un erizo de mar!" jadeó, sus ojos muy abiertos. "Tal vez debería ponerte en un vaso de agua salada para que no te seques." Echó un vistazo a la habitación. "Sí, a este ritmo desaparecerás," dijo él, volviéndose a ella y haciendo cosquillas en sus costillas.
"Yamcha," ella rió a pesar de sí misma, sonriendo y alejándose de sus manos que le hacían cosquillas.
"Ah, ahí vamos. "¡No eres un erizo de mar después de todo!" él exclamó. "Vamos a bailar y a relajarte antes de que las espinas te vuelvan a crecer."
"Eres un loco," se quejó ella, todavía con una sonrisa y siguiéndolo de mala gana a la pista de baile.
La música sonaba fuerte pero se sentía bien para moverse, balanceando su cuerpo de un lado a otro al tiempo del ritmo. Puso sus manos sobre su cabeza y Yamcha estuvo detrás de ella, presionándose a ella y pasando sus manos de arriba a abajo por sus costados. Se sentía maravilloso que la tocaran, tener manos que la deseaban en su cuerpo, y se giró, poniendo sus manos en sus hombros mientras él deslizaba una rodilla entre sus piernas para poder estar más juntos. Balancearon sus caderas de un lado a otro. Él serpenteó sus brazos alrededor de ella y pasó sus dedos de arriba a abajo de su columna en la intimidad de la multitud de la gente bailando, y de repente la canción terminó, desapareciendo en una especie de balada. Yamcha se levantó tímidamente, sus mejillas encendidas, y le ofreció la mano. Ella la tomó con cautela y él la atrajo hacia sí, apoyando su mejilla contra su cabeza mientras se mecían lentamente en la dulce música. "Ha pasado tanto tiempo," susurró él en su cabello.
"Sí," ella murmuró.
"¿Qué?" escuchó a Yamcha decir, y alzó la vista para ver a Radditz cerniéndose detrás de Yamcha y frunciendo el ceño.
Radditz no dijo ni una palabra, sólo sacó a Yamcha del camino y tomó su lugar tan fácilmente como respirar. Yamcha se tambaleó a un lado y envió a Bulma una mirada ofendida, sus facciones enojadas y su actitud corporal sugiriendo que estaba listo para luchar. Ella sacudió su cabeza y él suspiró, dejando caer sus hombros un poco. Otra mujer se le acercó rápidamente y le pidió bailar, pero él la despidió y comenzó a hacer su camino hacia la ponchera. Bulma suspiró y alzó la vista a Radditz, quien le devolvió la mirada con ojos ardientes. Era tan alto que realmente era muy difícil abrazarse a él, pero su ritmo era mucho mejor que el de Yamcha y la guió fácilmente alrededor del suelo, sus grandes y encallecidas manos presionando contra su espalda.
"Te ves hermosa," le dijo, su voz retumbando en su pecho mientras hablaba suavemente.
"Gracias," dijo ella, levantando una ceja.
"No, estás impresionante," él insistió. "Eres una mujer hermosa, Bulma."
Ella se ruborizó profundamente. "No sé qué decir," ella dijo.
"Sólo admítelo," dijo él con una pequeña sonrisa. "Admite que eres encantadora." Levantó la vista de ella y vio a su hermano dándole una señal enorme con los pulgares hacia arriba a través de la sala. Había estado pasando esto a través de su mente todo el día, pensando en qué iba a decirle. Goku pensó que esta noche debería ser la noche que él le pidiera que ella lo considere como su compañero, y ciertamente quería preguntarle, pero no estaba seguro de animarse. Tal vez si todo salía bien. Estaba contento que ChiChi se hubiera tomado el tiempo para enseñearle a bailar, guiándolo lentamente alrededor de la sala de estar y Gohan y Goku habían aplaudido. Ella se rió y él la volvió a mirar, sonriendo de nuevo cuando vio su rostro radiante.
"Eres un gran bailarín," dijo ella alegremente. "Pero eres demasiado alto."
Él soltó una carcajada. "Fácil de arreglar," retumbó y de repente la levantó en el aire, su brazo debajo de su trasero y apoyándola para que su cabeza estuviera más cerca de la suya.
Ella jadeó por su fuerza y la sensación de sus enormes músculos debajo de su delgada camisa a rayas, sus clavículas afiladas y su piel brillando donde los botones estaban desabrochados en su garganta. "Wow," ella dijo suavemente, las palabras más una exhalación que otra cosa. "Esto es divertido."
Él la miró, sus duros ojos negros suavizándose sólo por un momento. "Me alegro," dijo suavemente.
"Bulma, estoy tan agradecido por todo. Todavía estoy vivo gracias a ti. Has hecho tanto por mí y yo haría cualquier cosa para pagarte. Sólo di la palabra y haré lo que pidas."
Ella se ruborizó desde su garganta a su frente, tosiendo un poco por vergüenza. Él era tan noble, no como Yamcha, que era dulce pero escamoso. Encontró que no tenía miedo de Radditz en absoluto. Él era controlado y tranquilo, para nada impulsivo. Jadeó mientras la presionaba más fuertemente a su pecho, sus grandes manos calientes contra la desnuda piel de su espalda. Suspirando, apoyó su cabeza en su hombro. Era tan agradable ser abrazada... y luego la música se aceleró de nuevo. La bajó de nuevo suavemente, una leve expresión de alarma escrita a través de su rostro. "¿Qué pasa?" preguntó ella.
Miró hacia el suelo, avergonzado. "No sé cómo bailar este tipo de música," dijo en voz baja.
Ella se rió y, para su sorpresa, le agarró la mano. "Oh, vamos. Es fácil. Todo lo que haces es igualar tus movimientos con el ritmo y no te preocupes por parecer estúpido. Algunas personas bailan este tipo de música mejor que otras, pero al final todos se ven bastante tontos. Algunas personas son sólo mejor para sacarlo, eso es todo. Yo me veo estúpida cuando bailo."
"Tú nunca eres estúpida," entonó él, pero dejó que ella tomara su mano y lo guiara de todos modos.
"Oh, lo que sea," ella dijo con un gruñido falso. "¿Ves? Basta con mover las caderas así. Bueno, bueno. Ahora acércate," dijo ella, y él deslizó su pierna entre las de ella, igual que como había hecho Yamcha. Puso sus manos en su cintura y luego se bajaron en medios agaches, su muslo llenando casi todo el espacio entre las piernas de ella. La suave tela de sus pantalones se frotó contra la desnuda piel de sus muslos y se estremeció un poco. Él se sonrojó por un momento, luego sonrió, sus grandes manos envueltas en su espalda y tirándola más profundo sobre su pierna. Ella extendió más las suyas y lo dejó empujarla hasta que sus pelvis casi se tocaban. "¿Ves? Bailar es fácil, dijo ella sin aliento.
"Sí," dijo él, su voz ronca. Él bajó sus párpados y se inclinó hacia ella, y ella recordó la vez afuera en la lluvia, lo lindo que se había sentido tener su gran cuerpo presionado contra el de ella... lo admitió, definitivamente tenía una cosa por los Saiyajin. ¿Quería que la besara? Él quería demasiado de ella, igual que Yamcha. Era casi demasiado tarde; podría comenzar a sentir su aliento en sus labios, y bajó sus párpados, por instinto.
"¡Hey! ¿Qué está pasando?" escuchó a heard gruñir, y el hechizo se rompió. Ella saltó hacia atrás, poniendo un pie o dos de espacio entre ella y Yamcha. "Bulma, ¿qué estabas haciendo?" preguntó, frunciendo el ceño.
"Estaba bailando conmigo," Radditz dijo enojado, la voz bajando hacia la zona de peligro.
Yamcha frunció el ceño y le entregó a Bulma algo de ponche, quedándose con un vaso para él. "De ninguna manera, amigo, ella es mía", dijo. "Sólo mantén tus grandes y peludas patas fuera de ella."
"Yo no soy de nadie," Bulma escupió furiosa, dándole su vaso de ponche a Radditz. "Así que ninguno de ustedes tiene nada por qué luchar. Si van a ser bebés pueden simplemente irse a sentarse afuera." Con eso giró sobre sus talones y se alejó, dejando a los dos de pie, desconcertados, detrás de ella.
Empujó su camino a través de la multitud y encontró a Krillin, dándole un rápido baile y unas risas antes de continuar. Siempre le había gustado el hombrecito con la cabeza afeitada y brillante. Tenía un buen corazón y era dulce. Distraída esperaba que encontrara a alguien algún día, pero luego de nuevo tenía que concentrarse en sí misma primero. Hizo su camino a las bebidas y se sirvió un vaso de ponche, olvidando completamente que había rechazado el vaso de Yamcha antes. Se acordó de nuevo furiosamente y agarró la copa, mirando hacia la masa de gente bailando y observando las coloridas luces zumbar alrededor de la habitación. Estúpidos hombres. Yamcha quería adueñarse de ella, Radditz quería adueñarse de ella... le gustaba como se veían ambos y la forma que la hacían sentirse físicamente, pero no eran un desafío. ¡Mira la forma que la dejaron irse! ¿Si realmente la quisieran la dejarían hacer eso? Para toda su charla eran ambos dos cachorros sin espina, más como mascotas que podía usar que como compañeros. Pensó de nuevo en su comportamiento unos minutos antes y se estremeció en disgusto, maldiciendo a sus hormonas. "Estúpidas hormonas," gruñó para sus adentros. Todavía estaba reprendiéndose cuando notó que el baile se había vuelto lento, aunque la música no, y muchas cabezas giraron hacia la entrada principal en la gran sala. Ella giró su cabeza en esa dirección también, sus ojos ampliándose a lo que vio. Zarbon y Vegeta estaban allí, despampanantes. Zarbon tenía su largo y sedoso cabello verde atado en una simple coleta y usaba una simple camisa de algodón blanca desabotonada lo bajo suficiente que una buena porción de su musculoso pecho y suave piel azul era revelada, las mangas arremangadas para exponer sus ondulantes antebrazos y sus manos metidas en los bolsillos de un par de pantalones de vestir negros. Sus zapatos eran brillantes y de suela de goma, y no llevaba joyas a excepción de las pequeñas esferas plateadas y rosas que siempre colgaban de sus orejas. Las mujeres alrededor de la habitación comenzaron a reír y él les destelló una brillante sonrisa blanca, guiñando su dorada mirada y estudiando a la multitud. Vegeta estaba a su lado, no tan exótico pero igual de atractivo. El Saiyajin estaba usando un par de pantalones caquis, sus botamangas dobladas con estilo sobre sus oxfords de suela de goma. También tenía sus manos en sus bolsillos, su oscuro cabello ardiendo locamente en el aire, pero lo que hacía su apariencia era la camisa que llevaba. Era uno de esos suéteres de verano, tejidos de algodón o algún otro material ligero, con cortas y ajustadas mangas y un cuello en v. El azul oscuro de la camisa acentuaba su bronceada piel y sus negros ojos ardieron mientras estudiaba la habitación, deteniéndose por un momento mientras la veían, luego silenciosamente moviéndose en su rostro sin expresión. Su aliento se quedó en su pecho y tragó, apretando su vaso incluso más fuerte. Miró mientras él se volteaba e intercambiaba unas pocas palabras con Zarbon, luego los dos desaparecieron en la multitud, dejándola allí, con sus ojos amplios, la mente sumergida en las afiladas clavículas de Vegeta y lo poco de pecho visible en el v de su camisa. Golpeándose mentalmente se volvió a la multitud, viendo a Radditz moverse hacia ella a través de la manada. Era fácil de ver, siendo casi una cabeza más alta que todos los demás, la enorme melena de cabello moviéndose detrás de él. Su rostro era severo mientras fijaba su mirada sobre ella, y ella se sintió incómoda, deseando que pudiera escapar. Nada le ocurrió, sin embargo, y antes que lo supiera él estaba sobre ella, estrechándole la mano. "¿Bailamos de nuevo?" preguntó, sólo como la mínima sugerencia de nervios en el borde de su voz.
"Uh, claro," respondió ella con inquietud, apoyando su vaso en la mesa y buscando a Yamcha. Era otra canción lenta, pero esta vez él se agachó en lugar de levantarla. Un movimiento en el borde de su visión llamó su atención y vio que su cola se había desenroscado de su cintura y se estaba agitando lentamente de un lado a otro. Habían hecho su camino de nuevo cerca del DJ, y vio con sorpresa que Zarbon estaba allí, susurrando algo al oído del DJ. El DJ sonrió y la música cambió de repente, y alzó la vista a Radditz para ver una ofendida mirada en su rostro. Zarbon se estaba moviendo a través de la multitud de nuevo, su sonrisa brillante. Saludó a la gente en la multitud, guiñando el ojo a unos cuantos, y luego de repente tomó a una atractiva mujer de la multitud. Bulma de repente reconoció la música como una vieja melodía de danza de salón. Miró mientras Zarbon y la mujer simplemente se balanceaban al ritmo por unos momentos, los ojos de Zarbon se giraron hacia la esquina derecha mientras aparentemente analizaba el tempo. De repente la pareja giró en acción, los movimientos de Zarbon limpios y perfectos mientras hacía girar a la mujer, sus ojos cerrados en ella y una astuta sonrisa desplegada en su rostro. Bulma jadeó mientras él parecía materializarse en la nada frente a la mujer y la agarraba detrás de la cintura, arrojándola de repente en el aire y atrapándola cuando caía. Tomó su mano y la sujetó a lo largo de un brazo, sus brazos estirados mientras se movían en un círculo, Zarbon haciendo pequeños gestos en el aire con su mano libre. Luego hizo un movimiento seco con su brazo y la mujer giró a su abrazo, sólo para ser deslizada por debajo de Zarbon entre sus piernas. Sacó de nuevo a la mujer y la levantó en el aire, riendo. El resto de los bailarines se habían detenido y movido a los costados, y Bulma vio que todas sus bocas colgaban abiertas. De repente sintió otra presencia detrás de ella y se volteó para ver a Vegeta empujando a Radditz lejos de ella.
"¿Estás lista?" Vegeta susurró, de pie junto a ella pero sin mirarla.
Ella lo miró, sus ojos ampliándose y su pulso acelerándose. "¿Para qué?" preguntó ella con nerviosismo.
"Les mostraremos quién es el mejor," gruñó él, su mirada todavía fija en la pareja en la pista de baile.
Ella escuchó a Radditz gruñir detrás de ellos pero era demasiado curiosa como para prestarle algo de atención. "¿Nosotros?"
"Sí," soltó Vegeta. "Yo te guío, tú sigues."
"Uh, está bien," ella dijo con alarma. Ella había tomado lecciones de baile de salón en la universidad, sin mencionar trece años de ballet desde preescolar hasta el secundario, pero Yamcha nunca había querido bailar baile de salón, y por eso no tenía confianza que recordara los pasos incluso si estaba segura de su gracia. "Sólo quiero que sepas que no estoy segura que esto sea una buena idea..."
"Nosotros seremos los mejores", gruñó él, agarrándola de la mano con brusquedad.
La sangre corrió a sus mejillas mientras sentía su fuerte mano envolverse alrededor de las suyas, más grande que las de ella y dura pero no tan encallecida como la de Radditz. "Está bien," dijo ella sin aliento, arrastrada por la confianza de él, y miró a Zarbon tirar a la mujer al aire, agarrándola mientras caía y bajándola, su nariz a una fracción de la de ella, justo cuando la música terminaba. Se giró para ver a Vegeta mirar al DJ y asentir. El ruido de los CDs llegó a sus oídos y mientras la bandeja de CD se cerraba Vegeta merodeó hacia la pista de baile con ella a cuestas. La música comenzó y ella la reconoció como un tango. ¿Qué estaba haciendo? ¡Ella no sabía bailar tango!
"No te tenses," le susurró al oído, poniendo su mano entre sus omóplatos, sus ojos de repente sobre ella, sus negras profundidades ardiendo. "Debes relajarte si vamos a sacar esto adelante."
"Lo siento," murmuró ella, y miró mientras él se sincronizaba con el ritmo. La canción comenzó lentamente, la presión entre sus omóplatos guiándola suavemente a través del suelo. Él se acercó más con cada paso, y de repente la tiró, presionándola contra sus muslos duros como roca y su estómago increíblemente tenso. Ella jadeó y él la levantó, sus cuerpos de repente estaban tan cerca que su nariz estaba a sólo un cuarto de pulgada de la de él. Sus mejillas ardían pero no podía alejar la mirada, fascinada por la forma que las sombras luchaban en sus ojos, fuego luchando contra la muerte. Luego él la movió lejos y comenzaron a bailar en serio mientras la música aceleraba. Apenas era consciente de lo que estaban haciendo, sólo sabía que sus manos estaban agarradas a ella para girarse y moverse y estar frente a él, y ella bailó como si estuviera en trance. Él tomó sus manos y la deslizó al suelo con un suave movimiento, caminó sobre ella, luego la lanzó en el aire y la atrapó en su espalda. Ella comenzó a estar levemente consciente del aplauso en la habitación y de repente sintió algo en ella encenderse. Ayudaría a Vegeta a ganar los corazones de la multitud lejos de Zarbon y su amiga. Apuntando su dedo del pie, extendió su pierna en el aire e inclinó su cabeza hacia atrás, mostrando su garganta. Los músculos de él se flexionaron debajo de ella y estuvo en el aire de nuevo, él atrapándola como a un niño y girando en rápidos círculos antes de tomar su axila y pierna y sumergir su cabeza hacia el suelo. Ella extendió su brazo y dejó a sus dedos fluir a través del aire, y cuando él la apoyó frente a él una vez más ella vio una diminuta, satisfecha sonrisa en su esculpida boca.
"Ahora más," dijo él apasionadamente, y comenzó a obligarla a moverse hacia atrás, sus piernas una maraña borrosa mientras la música tronaba locamente. Encontró que fue casi capaz de ver lo que él quería en su cabeza, y mientras la música alcanzaba su crescendo ella sintió un repentino calor en su mente y se acercó para tomarlo... y la canción terminó. Él la tenía tan abajo que la parte de atrás de su cabeza estaba a sólo pulgadas del suelo y él los sostenía a ambos con una pierna, inclinados profundamente, con la otra extendida debajo de él en el suelo. Estaba tan abajo que casi estaba dividido, y se maravilló por su fuerza y flexibilidad. Tenía sus brazos alrededor de su musculoso cuello, su pecho subiendo y bajando rápidamente con el ejercicio de la danza, su nariz a menos de una pulgada de la de él. La multitud tronó a su alrededor, la musical risa de Zarbon la más fuerte de todas. Vegeta de repente cerró sus ojos y movió más cerca su cabeza, rozando el lado de su nariz con la de él antes de levantarlos a ambos de nuevo de pie. Ella apoyó las palmas de sus manos contra su pecho sin aliento, mirando a sus ojos. Sus negras orbes parecían absorber toda la luz a su alrededor, y luego se dio cuenta que él estaba pálido y temblando levemente, su cola enrollada alrededor de la cintura de ella. Él reclamó su cola y la envolvió alrededor de su propio vientre, cinchándola convulsivamente y mirándola como si le hubiera crecido ocho largos colmillos.
"No te vayas," se sorprendió susurrando. "Vamos a buscar algo de beber."
Él no respondió pero no soltó su mano tampoco, moviéndose a través de la multitud y enviando miradas amenazadoras a esos que bloqueaba su paso. La gente se separaba de él como un río y ella tuvo que trotar para mantener su ritmo.
"Hey, estoy usando tacos, sabes," dijo ella, irritada, y luego estuvieron frente a la ponchera. Él miró a sus manos todavía agarradas y la soltó con rudeza, sirviendo dos vasos y dándole uno a ella. "Gracias," murmuró ella, bebió el líquido, y le devolvió la copa. Él había terminado la suya también y las llenó, repitiendo el proceso dos veces más antes de que terminaran. Ella asintió en agradecimiento y murmuró reconocimiento mientras la gente se acercaba a ellos y los elogiaba, Vegeta sólo mirando hacia adelante con ese amenazante ceño fruncido pegado en su rostro. La música había comenzado de nuevo, una linda canción lenta, y ella suavemente tomó su copa de él y la puso en la mesa.
"¿Qué estás haciendo?" él dijo bruscamente.
"Estaba vacío," respondió ella. "Bailemos."
"¿Qué?"
Ella suspiró y agarró su mano, remolcándolo a la pista de baile. Ella tomó sus manos y las puso en su cintura y envolvió sus brazos alrededor de su cuello, girando sus ojos mientras él se quedaba allí sin moverse. "Dije que bailemos," dijo ella con aspereza. "Ahora sólo balancéate de un lado al otro con la música, como todos los demás." Sus ojos rápidamente estudiaron a la gente a su alrededor y después de un momento comenzaron a bailar. Ella encontró que tenía que alzar la vista a sus ojos, lo que la sorprendió. No había pensado que él fuera más alto que ella, pero allí estaba, sólo una pulgada más o menos más alto. Sus brazos parecían acercarla gradualmente, tan gradualmente, de hecho, que no notó lo cerca que estaban hasta que se dio cuenta que estaba presionada contra todo el largo de su duro cuerpo. Suspiró e inclinó su cabeza hacia atrás para poder mirar a su rostro. Él se sonrojó y alejó la mirada enojado. "El último baile fue espectacular," dijo ella. "¿Dónde aprendiste a hacer eso?"
"Ese tipo de música tiene un ritmo similar a algo que teníamos en Vejiitasei cuando era un niño," dijo, la voz profunda y tensa. "Como el príncipe era necesario que aprendiera tales cosas, luego tuve tiempo para perfeccionarlas más tarde en las cortesanas fiestas de Freezer."
"Bueno, fue muy bueno," respondió ella. "Eres la mejor pareja de baile que he tenido en mi vida."
Él resopló, sus ojos bajando para encontrarse con los de ella. "No me sorprende. No has tenido mucho con qué trabajar," dijo con aspereza.
Ella rió y miró sus ojos crecer fraccionalmente más amplios como si estuviera sorprendido por su reacción. "Tienes toda la razón," rió entre dientes, sin dejar de mirarlo. No voy a dejarte lastimarme esta noche, añadió para sus adentros.
"Hmph," fue toda su respuesta, sus manos cambiando su agarre alrededor de su cintura.
Ella suspiró y bajó la mirada a la redondez de sus pectorales debajo de su suéter, sus rodillas aflojándose de repente mientras pensaba en lo magnífico que era debajo de sus ropas. "Te ves genial esta noche," susurró ella.
Una irónica sonrisa cruzó sus labios por una fracción de segundo. "Lo sé," respondió, pero sus ojos bajaron para mirarla de todas formas.
Ella miró a sus ojos, buscando. "¿Por qué tienes tanta muerte en tus ojos, Vegeta?" dijo suavemente. "¿Y por qué tengo la sensación que es tu muerte?"
Él se puso rígido debajo de sus brazos y su ceño fruncido se profundizó. "No es asunto tuyo," gruñó. "He aceptado mi destino."
"¿Por qué tu destino envuelve la muerte?" preguntó, presionándose más cerca de él. "¿Por qué no puedes vivir?"
"Porque es la única manera," gruñó suavemente. "Ahora cállate y deja de molestarme con tus preguntas inútiles."
Ella frunció el ceño pero inclinó su cabeza en su hombro, presionando su rostro contra su cálido cuello con un suspiro. Se sentía tan bonito ser abrazada por él, se dio cuenta con sorpresa. Se sentía tan bien estar presionada contra este imposible, estúpido, arrogante, frustrante hombre. No, no podía permitirse sentirse de esta manera. Tenía que recordar la horrible forma en la que él la trataba. Si tuviera que tener un Saiyajin sólo elegiría a Radditz. Él era amable con ella, se preocupaba por ella, la protegería. Algo dentro de ella se sintió como si estuviera siendo arrastrado en direcciones opuestas y apretó sus brazos alrededor de su cuello convulsivamente y accidentalmente hizo un pequeño ruido de angustia. Si no se equivocaba, y no podía estar segura, podría haber jurado que después de su ruido las manos de él apretaron su agarre en ella y la sostuvieron allí, como si nunca la soltaran.
"Mira eso," Radditz escupió en disgusto mientras veía a Vegeta empujar a Bulma a la pista de baile. "¡Sólo me hizo a un lado como si fuera el dueño de ella y se la llevó!"
"Bueno, Radditz, ella puede hacer lo que quiera," Goku le dijo a su hermano.
"¡Pero mira eso!" Radditz gruñó. "¡Ni siquiera tuvo oportunidad de elegir! ¡Él la arrastró allí tan rápido que ni siquiera tuvo tiempo para pensar en ello! ¿Y qué es esta basura de música que suena de todos modos?"
Goku miró a ChiChi, que le dijo algo. "ChiChi dice que se llama tango," contestó. "Creo que son bastante buenos."
Radditz hizo un ruido de desaprobación y cruzó sus brazos sobre su pecho. "No me importa," retumbó.
Goku suspiró y bajó la vista al hombre a su lado. "Krillin, ¿viste a dónde se fue Yamcha?" preguntó.
"Uh, no," Krillin respondió, tomando su bebida. "¿Quieres que lo encuentre? ¿Crees que pasa algo malo?"
Goku sonrió torcidamente, sus ojos rogando a Krillin. "¿Podrías hacerlo? Ha tenido una mala noche, creo," respondió.
Krillin miró a Goku con escrutinio antes de responder. "Claro que sí. Supongo que es un viejo amigo," murmuró.
"Gracias," Goku dijo suavemente y miró mientras el pequeño hombre se movía a través de la multitud.
"Voy a ver a Gohan," ChiChi le dijo al oído, y él asintió, sintiéndola alejarse.
"Bueno, estamos solos," dijo Goku, mirando a su hermano. "¿Entonces en qué piensas?"
"Es contraproducente, Goku. Iba a pedirle que me considere esta noche, pero ahora no puedo. Ese bastardo de Vegeta ha arruinado todo."
"¿No es para eso que has estado entrenando? ¿Para sacarlo del camino?" preguntó Goku, amplios ojos girando hacia Radditz.
Radditz aclaró su garganta. "Um, bueno, sí," contestó en voz baja.
"Bueno, eres casi tan fuerte como yo. Estoy seguro que le darás una buena lucha," Goku dijo simplemente.
"¿Estás implicando que desafíe al Príncipe?" dijo Radditz, la voz en shock.
"Sí," dijo Goku. "Has estado planeando eso todo el tiempo, o la parte de luchar contra él al menos, ¿verdad?"
"Supongo," Radditz murmuró.
"Bueno, desafíalo por Bulma," propuso Goku. "¿No hay algún tipo de cosa Saiyajin que puedan hacer ustedes dos? Parece que tienen rituales para todo lo demás."
"En realidad, hay un reto para pedir los derechos de cortejo," dijo Radditz, poniendo sus dedos en su mentón y considerando.
Goku suspiró. "Entonces haz eso. Mira, Vegeta y Bulma terminaron. Ve a hacerlo ahora," dijo.
"No puedo. Debe hacerse en privado," objetó Radditz.
"Bien, entonces," Goku dijo, y los dos se quedaron en silencio por un tiempo, mirando a Vegeta y a Bulma moverse lentamente alrededor de la pista de baile. Habían estado hablando, y en un punto se habían presionado más cerca del otro, cuando Bulma al parecer había preguntado algo que hizo a la columna de Vegeta enderezarse. Vegeta soltó algo en respuesta, los dos se miraron por un largo momento, y luego Vegeta se separó y se fue de la habitación. Bulma tomó unos varios pasos tras él, su brazo extendido y su rostro dolido, luego reclamó su brazo y desapareció entre la multitud.
"Ahora es tu oportunidad," susurró Goku.
"Sí," concordó Radditz, y se fue también de la habitación.
Bulma, después de varios momentos de mecerse en silencio con Vegeta, había decidido que había soportado su comportamiento el tiempo suficiente y que ahora era un buen momento como cualquiera para aclararlo. Se inclinó hacia atrás y fijó sus ojos con su mirada azul claro. "¿Me odias, Vegeta?" preguntó de repente.
"Piensa lo que quieras," respondió rudamente, pero aflojó su agarre en ella un poco.
"¿Por qué me odias? Sé que querías matarme y que todavía podrías quererlo, y si lo haces algún día sólo quiero saber por qué," dijo, buscando en su rostro.
"¿Realmente quieres saber?" dijo bruscamente, y ella asintió. "Bien, te lo diré. Cuando ayudaste a Radditz hace mucho tiempo él me envió un grito psíquico, uno lo fuerte suficiente que me asaltó en Arlia. Era tan fuerte dentro de mi cabeza que no dormí durante la mayor parte de medio año y casi morí como resultado. Eso fue horrible, pero lo que era peor era que cada vez que cerraba mis ojos, e incluso a veces cuando no lo hacía, veía este par de ojos azules. Azules ojos manteniéndome despierto, azules ojos... llegué a odiar esos malditos ojos, y cuando los vi en ti por primera vez te quise muerta allí y entonces, y te hubiera matado entonces si las circunstancias fueran diferentes, si no hubiera necesitado tus habilidades. Odio esos ojos incluso ahora," dijo bruscamente.
Su expresión no cambió ni dio indicación alguna de que sus palabras habían infligido alguna herida. "Entonces mátame ahora, Vegeta," susurró ella, sintiendo su espina irguiéndose y su cuerpo ponerse rígido. "Quieres morir. Eso está bien, morirás algún día. Pero si vas a matarme hazlo ahora, para que al menos la gente pueda decir que morí feliz."
Él la miró, sus cuerpos quietos, y la examinó por un largo momento. "No me hables," espetó mientras la soltaba bruscamente y salía entre la multitud.
"Vegeta," dijo ella, estirando su brazo para detenerlo, aunque lo pensó mejor y recuperó su mano, presionándola contra su pecho. Suspirando, se volteó y desapareció entre la multitud de bailarines.
Vegeta salió por el pasillo. ¡Qué agallas esa mujer! Tantas cosas estaban molestando dentro de él; necesitaba irse a algún lugar tranquilo y meditar para aclararlos. Un sonido vino del pasillo adelante, y cuando giró en la esquina vio al hombre de la Tierra con cicatrices sentado en el suelo e inclinado contra la pared, el hombre calvo aparentemente tratando de confortarlo. El hombre de cicatrices estaba sollozando y olía fuertemente a bebida, balbuceando mientras el hombre calvo lo acariciaba torpemente. Vegeta bufó en asco y pasó caminando. "¡Tú, bastardo!" gritó el hombre con cicatrices, señalándolo.
Vegeta se detuvo y se dio la vuelta, mirándolo con desdén. "¿Qué pasa, gusano?"
"¡Has arruinado todo! ¡Pervertiste su mente!" gritó el hombre, su rostro rojo con lágrimas.
"Yamcha, shhhh," dijo el hombre calvo, alzando la vista a Vegeta con miedo. "Lo siento, no sabe lo que está diciendo," le dijo nerviosamente a Vegeta.
"Hmph. No es mi problema," Vegeta respondió fríamente.
"¡Me la quitaste!" gritó Yamcha.
Vegeta lo miró, sus ojos duros. "Bulma tiene su propia mente. Sus errores son de ella," dijo solemnemente, luego se movió por el pasillo.
Salió, tomando un profundo respiro del aire de la noche y alzando la vista a las estrellas. Necesitaba aclarar su cabeza, ir a algún lugar donde pudiera pensar con claridad. Todavía podía sentir donde sus brazos habían estado envueltos alrededor de su cuello, recordándole de la sensación de su húmeda piel el día de la playa, y su aroma estaba en sus ropas. Gruñendo en disgusto, estuvo a punto de despegar a los cielos cuando sintió una mano en su hombro. Girándose, se encontró enfrentado con la corpulenta figura de Radditz. "¿Qué quieres?" dijo bruscamente.
Radditz no dijo nada, simplemente desenrolló su cola de de su cintura. Vegeta la miró sospechosamente, pero aún así no estuvo preparado cuando de repente se azotó y lo golpeó en la cara, derribándolo al suelo. Se levantó y revisó su boca en busca de sangre, luego se puso de pie lentamente. Radditz lo había retado al antiguo desafío para clamar los derechos de pareja. Si él aceptaba el desafío lucharían, y el ganador clamaría único derecho para cortejar a la mujer en cuestión, aunque la mujer todavía era libre para elegir a quien ella quisiera. "¿Quién?" Vegeta dijo con frialdad.
"Ya sabes quien," Radditz gruñó, poniéndose en guardia.
"¿Qué, la arpía de cabello azul?" se burló Vegeta, limpiando el césped de sus pantalones. "¿Estás pidiéndome que desperdicie mi tiempo con ella?"
"No hables así de Bulma," gruñó Radditz. "¿Aceptas o no?"
Vegeta ladeó su cabeza, considerando. No había deshonra en negarse, y él le daría una gran paliza a Radditz de todos modos. Odiaba a la mujer, estaría contento de deshacerse de ella... pero había otra cosa, se dio cuenta, incapaz de conducir la sensación de ella fuera de su mente. En alguna parte a través del baile ella había encontrado algún camino en su mente, algo que no debería haber sido capaz de hacer si fuera una Saiyajin, sin mencionar una mera humana. Se la imaginó con Radditz y tal furia lo llenó que supo que lo haría, no necesariamente para que pudiera tenerla, sino para que Radditz no pudiera. Radditz tenía que ser castigado por su impertinencia. "Muy bien," Vegeta dijo fríamente. "Acepto. ¿Cuándo y dónde?"
Radditz alzó la vista al cielo. "Aquí. En cinco horas."
"Eso es dos de la madrugada," dijo Vegeta.
"Correcto," Radditz respondió. "De esa manera nadie verá y no tenemos que viajar lejos. La fiesta va a terminar a medianoche."
"Te veré entonces. Comienza a rezar," Vegeta dijo con un gruñido, y se disparó en el cielo de la noche.
