Épico

(Epic)

Un fic de The Prime Minister

Traducción por Apolonia


No se había molestado en darse una ducha, sabiendo que estaría lo más probable sudoroso y sangriento cuando regresara después, pero cambió su ropa y la colocó sobre la cama, dejándose caer al lado de ella desnudo. Estirándose en la oscuridad se acercó distraído a la camiseta que usó aquella noche, sintiendo la tela donde ella había puesto sus manos, esas delgadas y pálidas manos. En un impulso levantó la camisa a su rostro y cerró sus ojos, respirando profundamente. Maldita sea ella. Todo era su culpa. Si Radditz no lo hubiera llamado por ella él nunca hubiera venido y nunca hubiera tenido que hacer frente a sus quejas y disputas. Se hubiera olvidado de Radditz y la mujer podría haber tomado a Radditz como compañero, y entonces todo el mundo sería feliz. Radditz sería feliz porque tendría a su compañera deseada, la mujer sería feliz porque tendría todas sus necesidades cumplidas por Radditz, y él todavía estaría en las estrellas y preparándose para morir en paz. Pero no, ella y esos malditos ojos suyos habían invadido todo, arruinado todo, lo habían arruinado a él. ¿Entonces por qué no podía sólo dejar que Radditz la tuviera? ¿Por qué estaba tan seguro de que ella iría a elegir a Radditz de todos modos? Frunció el ceño y tiró la camisa al suelo con un gruñido. Radditz era un soldado modelo, tenía que admitirlo. Radditz había hecho todo correctamente, incluso arriesgar su vida para resucitar a su príncipe. Sabía que Radditz lo odiaba por alguna razón, y él llevaba por Radditz algún tipo de animosidad sin nombre. Por extraño que parezca, se había desvanecido cuando conoció a Zarbon, luego volvió cuando Radditz estaba tratando de reclamar el derecho de la mujer. ¿Qué tenía Radditz que él, el Príncipe, no tenía? Luego entendió: Zarbon había estado diciendo anteriormente lo importante que era para él que Vegeta fuera su amigo. Zarbon quería a alguien cerca de él. Radditz tenía personas cerca de él- un hermano, un sobrino, incluso a una mujer que él quería. Pero Vegeta se vio solo, eternamente solo, e incluso estaba planeando morir solo. No estaba contento con dejar a Freezer salirse con la suya, y de repente se dio cuenta de que Radditz sí. Radditz estaba dispuesto a cortar por lo sano y seguir adelante con su vida. Por eso era que Vegeta quería a la mujer, supuso; para castigar a Radditz por su capacidad de recuperación. Lo castigaría, decidió mientras metía sus brazos detrás de su cabeza y escuchaba los sonidos de las personas yéndose de la fiesta, los ruidos de los motores arrancando y alejándose flotando por la ventana abierta de su habitación. Una risa llegó desde el pasillo y supuso que Zarbon había encontrado otra amiga, llevándola a su habitación. Todo el mundo estaba ajeno a lo que iba a suceder esa noche.

Vio cómo el reloj marcaba las dos, poniéndose un par de pantalones de chándal. No tenía sentido usar su armadura de batalla; sólo se arruinaría de todos modos. La armadura no le serviría de mucho en todo caso. No importa hasta qué punto la tela se pudiera expandir ya que no podía aguantar mucho abuso en lo absoluto cuando se estiraba demasiado. Así que era mejor no arruinarla en una lucha tan trivial. Usó su truco para leer los niveles de poder sin un scouter y se movió por la noche, encontrando a Radditz allí, esperando. Dio un salto hacia el alféizar de la ventana, con el torso desnudo y descalzo, y se hundió en la noche.

Espero no haberte hecho esperar, Vegeta se burló mentalmente al aterrizar suavemente en la hierba frente a Radditz.

No he estado aquí mucho tiempo. Sabía que no fallarías en aparecer, Radditz respondió.

El Príncipe nunca se echa atrás, Vegeta gruñó.

No esperaría menos, Radditz dijo. ¿Debo hacer los honores?

Como quieras, Vegeta dijo, y observó cómo Radditz giraba su palma hacia arriba y formaba la pequeña bola de luz, torciendo su brazo en alto y lanzándola al aire. La esfera se clavó arriba y Radditz apretó su puño, la luz de repente estallando y convertirse en un astro de pulsación de luz blanca. Vegeta sintió que su sangre golpeaba con más fuerza en sus venas mientras su cola se desenroscaba de su cuerpo y se sostenía derecha detrás de él, el cabello extendiéndose en su espalda a medida que crecía en tamaño. Los colmillos brotaban de sus encías y estuvo consciente de sus pantalones rasgándose mientras su cuerpo se volvía demasiado grande para que lo contuviera. Sus ojos de color rojo sangre se movieron hacia arriba y vieron a Radditz pasando por la misma transformación, su forma de Oozaru más grande pero menos gruesa en musculación.

Radditz atacó sin el usual estruendo de batalla, en cambio hundiéndose en su garganta. Vegeta tiró su enorme cuerpo a un lado, pasando una gran mano y derribando las manos de Radditz fuera de su cuello. Torciéndose a un lado, flotó sobre el suelo a unos pocos pies, su estruendosa carcajada alzándose por su boca con colmillos y navegando hacia el cielo. "Realmente piensas que puedes derrotarme, ¿no?" se burló.

Radditz aulló su rabia, fijando sus ojos rojos sangre sobre Vegeta. "Tengo que hacerlo," siseó entre afilados dientes. "Debo tenerla."

Vegeta rió de nuevo. "Te olvidaste de algo," dijo con fría diversión. "No eres tan fuerte como yo."

"He estado entrenando duro para este día, Vegeta. Soy casi tan fuerte como tú," Radditz gruñó.

"Pero somos Oozaru, lo que aumenta a cada uno de nuestro poder diez veces", respondió Vegeta, arrugando su hocico cruelmente.

"¿Y qué? Cualquier Saiyajin que conozca su raza sabe eso," escupió Radditz, flexionando sus manos de mamut.

"Eso quiere decir que la brecha entre nosotros se ensancha cuando somos Oozaru. Si tu poder es de treinta mil yendo a trescientos mil entonces el mío es de treinta y cinco mil yendo a trescientos cincuenta mil. Cincuenta mil es una gran diferencia," Vegeta rió.

Radditz pudo sentirse palideciendo debajo de su piel. Se había olvidado de explicar el hecho de que la diferencia crecería tanto como su poder se multiplicaba. "¡No importa!" rugió. "¡Bulma es lo que importa!"

Vegeta gruñó y se lanzó hacia Radditz. "¡Impertinente tonto!" gritó, enviando un un enorme puño a la cabeza de Radditz. Radditz lo esquivó y logró llevar un codo hacia el hombro de Vegeta, siseando mientras se movía a un lado.

Vegeta gruñó de dolor mientras sentía sus clavículas ceder bajo el golpe, retrocediendo un poco mientras Radditz atacaba. Podía sentir la rabia animal luchando por dominar su mente, robando a través de su consciencia como un veneno para adormecer. Debo mantener control como me enseñó Zarbon, se dijo a sí mismo, ejecutando un tirón mientras Radditz se acercaba y lo golpeaba bajo el mentón con ambos pies y su cola. Radditz giró a un lado, levitando justo a tiempo para evitar demoler un edificio. Bufó y se lanzó hacia Vegeta de nuevo, quien lo contrarrestó comenzando su propia carrera y aterrizando su puño en el estómago de Radditz. Radditz tosió sangre, el fluido volviéndose una maraña en la piel de Vegeta. Vegeta se limpió con asco, su cola azotándose de un lado a otro detrás de él. "Radditz, esto no tiene sentido," Vegeta dijo con asco. "Eres un buen soldado y no hay razón para que desperdicies tu vida así."

"Ella es razón suficiente," Radditz silvó, alzando sus puños y entrando en un ataque directo con ambas manos. Vegeta no fue lo rápido suficiente para moverse fuera del camino y el golpe llegó a su ya rota clavícula. Rugió en dolor y tomó la cabeza de Radditz en ambos lados y se lanzó hacia adelante, tomando la oreja del otro Saiyajin entre sus dientes y tirando. Radditz soltó un escalofriante grito y se alejó, moviéndose para agarrar su oreja. "Bastardo," aulló.

"Ríndete," Vegeta gruñó en respuesta, el ruido saliendo de lo profundo de la parte de atrás de su garganta. "Ella no vale la pena."

"Tiene que valer. Estás luchando por ella también. Sólo deberías dejarme tenerla," protestó Radditz, sacudiendo su gigante cabeza peluda.

"No puedes tenerla," Vegeta gruñó, arrojándose a Radditz. Radditz soltó su oreja y bloqueó los golpes de Vegeta, ambos cerrando sus brazos mientras se empujaban uno a otro, gruñendo y rugiendo. De repente Radditz abrió sus mandíbulas ampliamente y soltó un disparo de ki, la boca curvándose en una sonrisa dentada mientras Vegeta gruñía de dolor y se echaba hacia atrás, agarrando locamente su rostro chamuscado. Radditz rió desde profundo en su pecho y se giró, usando su cola para golpear a Vegeta en las rodillas y obligándolo a caer al suelo. Sacudió el suelo mientras lo golpeaba, por algún golpe de suerte sin golpear los edificios. Vegeta gruñó mientras su peso era absorbido por la clavícula rota, el resto de los huesos en su hombro quebrándose también. Se estremeció y se quedó allí, su brazo colgando inútil a su lado.

"¿Quién debería rendirse ahora?" rió Radditz, retorciendo sus gruesos dedos en el aire e ignorando la constante corriente de sangre que se estaba coagulando en la piel al costado de su cabeza. Sintió sus órganos moverse dentro de su abdomen y supo que estaba sangrando internamente, pero nada de eso importaba en ese momento. Estaba demasiado cerca de derrotar a Vegeta, podía sentirlo. Bulma sería suya para cortejar y eso le enseñaría a ese engreído y malcriado príncipe. Estalló en un triunfal aullido y se lanzó hacia Vegeta una última vez, agarrando la cintura del Príncipe para derrocarlo, de cabeza, al suelo. Vegeta apenas logró maniobrar dentro del agarre del Oozaru más grande, envolviendo su cola alrededor del cuello de Radditz y mordiéndole en el hombro salvajemente con sus largos y afilados dientes. Radditz gritó de dolor, escarbando en la piel ensangrentada de Vegeta mientras el Príncipe lo mordía una y otra vez en el hombro, fragmentando la piel y la carne. Echó un vistazo a la sonrisa manchada de sangre de Vegeta y sintió su bilis alzarse a su garganta, estremeciéndose mientras caían al suelo, Vegeta siguiendo el desgarro de la carne de su cuerpo.

"¡Ya basta!" un grito resonó en la oscuridad detrás de ellos, Vegeta deslizándose lejos Radditz y dándose la vuelta. Sus mandíbulas se separaron en una expresión de desagrado y saltó al aire, cayendo pesadamente sobre el pecho de Radditz, riendo mientras escuchaba costillas rasgarse.

"¡Muere!" Vegeta rió, inclinándose y golpeando a Radditz una y otra vez con su brazo sano, levantándolo con un gruñido, su puño envuelto en la piel extra en la base de la garganta de Radditz, y arrojándolo en el aire. Radditz aterrizó boca abajo en el césped con un estruendoso golpe y un grito de agonía antes de retorcerse y quedar inmóvil. Vegeta se movió para matar, sus colmillos goteando con sangre y sus rojos y brillantes ojos sedientos de más, cuando la esfera de luz en el cielo explotó, haciéndolo cubrirse sus ojos con su brazo sano.

"¡Dije suficiente, maldita sea!" una voz gritó de nuevo, y Vegeta aulló en dolor mientras su figura volvía a la normalidad, los huesos rotos moliéndose uno contra otro mientras eran empujados en alineación.

"¿Qué crees que estás haciendo?" Vegeta gritó furioso, encontrándose enfrentando a un Zarbon que fruncía el ceño.

"Ibas a matarlo, Vegeta," Zarbon soltó. "¿No tienes pocos Saiyajin suficientes sin ti intentando destruirlos a todos?"

"No iba a matarlo," Vegeta gruñó.

"¡No eras más que una bestia rabiosa!" gritó Zarbon, señalando con un brazo desnudo. "¡Si yo no hubiera salido aquí uno de ustedes hubiera muerto!"

"Estábamos bien," Vegeta dijo con firmeza, ignorando las palabras de Zarbon. "¡Esa no es excusa para que salgas a volar nuestras esferas de energía!"

"Sí lo es," Zarbon insistió, apretando un puño. "¡Simplemente no te entiendo! ¿De qué se trataba todo esto?"

"Un antiguo rito Saiyajin," murmuró Vegeta, girando su mirada al inconsciente cuerpo de Radditz. "Él perdió. Era su derecho a morir si así lo deseaba. Podría no querer vivir después de perder."

"Esa no es decisión para que tomes tú, Vegeta," Zarbon soltó. "Él no puede tomar decisión alguna porque está inconsciente. ¿Los hombres INCONSCIENTES toman generalmente decisiones de vida y muerte, Vegeta?" Zarbon chilló. "¡Esto es absolutamente inexcusable!"

"Cállate," se quejó Vegeta, moviendo su brazo y tocando con cuidado su hombro roto. "Esto no es asunto tuyo. Es un asunto Saiyajin."

"Por lo único que luchan ustedes los Saiyajin es por la superioridad, comida, y compañeras. ¿Ahora cuán de esas tres podría ser posiblemente tan importante que intentaron matarse uno a otro?" chilló Zarbon. "Quiero decir, ¡MIRA lo que has hecho con él!"

"No sé de lo que estás hablando. Él vivirá," Vegeta murmuró, angostando sus ojos y alzando la vista al cielo. "Las cosas hubieran sido diferentes si Vejiitasei todavía existiera," dijo suavemente.

"¿Qué pasa contigo?" dijo Zarbon. "¿Te has vuelto completamente loco?"

"¿Qué está pasando?" una voz más fuerte gritó, y Zarbon alzó la vista para ver a Bulma correr desde la casa, de repente deteniéndose en seco cuando había cerrado casi media distancia entre ellos. Zarbon observó mientras sus ojos se ampliaron como platos y rápidamente miró hacia donde ella estaba mirando. Fue entonces que se dio cuenta que Vegeta no estaba usando nada de ropa, al parecer había sido rota durante su transformación. Vegeta le estaba dando la espalda, su desnudo trasero expuesto y su cola ondeando de un lado a otro lentamente en el aire. Zarbon se volvió de un rojo brillante y dio un paso en medio de la vista de ella.

"Uh, tendrás que disculparlo," murmuró Zarbon.

"Escuché un fuerte rugido," explicó ella, obviamente haciendo un concentrado esfuerzo en concentrarse en ningún lugar sino en los ojos de Zarbon. "Luego el edificio comenzó a temblar. Me preocupé así que salí aquí, y qué encuentro sino dos, no, ¡dos hombres y medio desnudos en mi jardín! ¿Qué demonios está pasando aquí?" preguntó ella.

"¡Zarbon! ¿Qué pasó?" otra voz femenina gritó, y las mejillas de Zarbon se enrojecieron aún más mientras una mujer diferente salía corriendo de la casa, vestida sólo con una sábana.

"¿Sandra?" Bulma exclamó, abriendo sus ojos de nuevo. "¿De contabilidad?"

La mujer se sonrojó pero siguió corriendo hacia el lado de Zarbon. "Hola, Srta. Briefs," dijo humildemente, agarrándose al brazo de Zarbon. "Te fuiste tan rápido que pensé que había hecho algo mal," ella le susurró.

"No, tú no hiciste nada," dijo él con aspereza, muy, muy avergonzado. "Aquí, dame algo de esa sábana," gruñó, agachándose y rompiéndola en tercios. Rápidamente se acercó y la ató alrededor de la cintura de Vegeta. "Ahí lo tienes. Ahora lleva tu desnudo trasero de mono adentro y a un tanque."

"Estoy bien" gruñó Vegeta. "No hay razón..."

"¡Ah!" Zarbon interrumpió, alzando un dedo. "No hay discusión."

"Pero-"

"¡NO! ¡Mueve tu trasero adentro!" Zarbon gritó, corriendo hacia Radditz y envolviendo la sábana alrededor de su vientre, desgarrando algunas cintas y rápidamente atando el hombro de Radditz que sangraba profusamente.

Vegeta gruñó con resentimiento, echando a Zarbon una mirada asesina, pero limpió su boca, se giró y comenzó a renguear hacia el interior, agarrando su hombro lastimado. Miró a Bulma, de pie allí, en un vaporoso camisón, cada suave curva y onda suya apenas visible a través de la ligera tela. Ella se lanzó hacia él y suavemente puso una mano en su hombro sano, sus mejillas ligeramente coloreadas.

"¿Qué ocurrió, Vegeta?" preguntó ella, al parecer angustiada. "¿Estás bien?"

"Estoy bien", espetó. "No es asunto tuyo."

Ella frunció el ceño, sus ojos azules rompiéndose en rabia. "Es sin duda asunto mío. Hay sangre sobre todo el césped y arruinaste mis plantas. Yo diría que es asunto mío."

"Lo que sea," gruñó él. "Déjame en paz."

"Pero tu hombro," murmuró ella, de repente pasando sus manos por su brazo. Su tacto era ligero y suave, y él se detuvo en seco sin darse cuenta, fascinado por la forma que se sentía cuando ella lo acariciaba.

"Estoy bien," murmuró distraídamente. "Ahora sal de mi camino. Voy a entrar."

Ella frunció el ceño por un minuto, luego sus cejas se volvieron en la dirección opuesta y arrojó sus brazos impulsivamente alrededor de su cuello. "Estoy contenta que estés a salvo," susurró a su cuello, luego se soltó, corriendo al lado del otro Saiyajin caído. Un gemido escapó de su garganta y él se volteó para verla arrojarse sobre Radditz, aferrándose a su pecho desnudo y comenzando a sollozar. "Oh dios mío, Radditz," gritó ella.

"Hmph," gruñó él, pero una piedra fría se formó en su estómago sin embargo mientras seguía su camino a la casa.


Unos pocos días después fue sorprendido por la gravedad apagándose de repente, el generador zumbando y disminuyendo en intensidad mientras la gravedad volvía a la normalidad. Miró a su alrededor con furia por una fracción de segundo antes de encontrar a Zarbon de pie cerca de la puerta, apoyándose contra la pared con sus brazos cruzados sobre su pecho. "¿Entonces cómo va?" dijo Zarbon, de pie erguido y caminando hacia Vegeta.

"Bien," Vegeta gruñó, limpiándose el sudor de su frente con un antebrazo. "¿Por qué?"

Zarbon examinó sus uñas. "Oh, ninguna razón. Sólo me preguntaba qué demonios pasó hace un par de noches atrás, dijo con indiferencia, sin mirar la furiosa mirada de Vegeta.

"Como dije, no es de tu interés," Vegeta escupió, girándose y yendo a la consola central de la cámara. "Ahora, si me disculpas, tengo entrenamiento adicional que hacer."

Zarbon sacudió su cabeza, girando su trenza sobre su hombro. "Oh, vamos, ahora. ¿Seguramente puedes decirme?"

"Cállate o desaparece," Vegeta gruñó.

"Dime. Ahora. No voy a preguntar de nuevo," Zarbon dijo con severidad, la voz cayendo a niveles peligrosos.

Vegeta suspiró, plantando sus manos en la consola frente a él e inclinando su cabeza, cerrando sus ojos mientras el sudor goteaba desde ellos. "Radditz me puso un reto y yo lo tomé. El ritual estipulaba que luchemos en nuestras formas Oozaru, así que lo hicimos. Tan simple como eso," dijo Vegeta, la voz repentinamente cansada.

"¿Por qué lucharon?" presionó Zarbon. "No me estás diciendo toda la historia."

Vegeta exhaló de nuevo, el sonido teñido de exasperación. "Radditz quería clamar derecho exclusivo para cortejar a la mujer de cabello azul. Yo lo obligué con la batalla," dijo simplemente.

Zarbon frunció el ceño. "¿Entonces luchaste para ganar a Bulma?" preguntó con escepticismo.

"Supongo que eso es lo que podrías decir en la versión simplificada, sí," Vegeta espetó, alzando su cabeza y fijando a Zarbon con una mirada fría.

"¿Por qué lucharías por Bulma? ¿La quieres, Vegeta?" dijo Zarbon, incrédulo.

"Por supuesto que no," Vegeta dijo con un bufido. "Ella es una imposible mujer de clase baja."

"¿Entonces por qué luchaste?" Zarbon preguntó en voz baja.

"Para que Radditz no pudiera tenerla," siseó en respuesta.

Zarbon suspiró y apoyó su espalda contra la consola, sus ojos mirando hacia el cielo. "Eso no tiene sentido, Vegeta," dijo tranquilamente. "Le prestaste demasiada atención a ella la última noche. Incluso envolviste tu cola a su alrededor. Luego luchaste por el derecho a cortejarla, ¿y de repente no la quieres? Vamos, Vegeta, dame un poco de crédito," murmuró. Ahora no me mientas."

"¿Sobre qué?" Vegeta dijo enojado. "Ya te he dicho la verdad."

Zarbon giró sus ojos. "Me has dicho parte de ella. Ahora dime cuáles son tus intenciones. ¿Qué vas a hacer con este recién ganado derecho tuyo?"

Vegeta se quedó en silencio por unos momentos, considerando. "Nada," respondió finalmente, caminando hacia donde había una toalla en el suelo, tirada de antes, y la levantó, secándose la cara con ella.

"¿Eso es todo?" Zarbon preguntó, sorprendido. "¿No vas a hacer nada?"

"¿Cómo está Radditz?" Vegeta preguntó distraídamente, girando su cabeza a un lado para limpiar su cuello.

Zarbon frunció el ceño más profundamente. "No cambies de tema. Pero Radditz está bien. Debería salir del tanque hoy, y con suerte no tendrá demasiadas cicatrices en el hombro que trataste de comer."

"Bien," dijo Vegeta, alejándose.

"Oh, no lo harás. ¿Cómo va a manejar esto?" Zarbon continuó, dando un paso frente a Vegeta.

"Ya te dije que no planeo hacer nada con esto. "¿Qué quieres que haga, de todos modos?" Vegeta soltó.

Zarbon sonrió, la expresión levemente malvada y ciertamente astuta. "Toma ventaja de la situación, Vegeta. Esta es probablemente la única mujer con la que podrás practicar tus encantos, sin contar a Anpane, obviamente. Asumiendo, por supuesto, que realmente puedas encontrar tu encanto bajo todas las capas de egoísmo que usas para esconderte."

Vegeta ladeó su cabeza a un lado, su ceño fruncido intensificándose. "¿No te dije que te callaras hace un tiempo?" gruñó. "¿Pensaste que estaba bromeando?"

Zarbon sacudió su cabeza. "¿Vas a seguir con todo esto o no?" preguntó.

"¿Qué quieres decir?" Vegeta preguntó, tratando de moverse lejos de Zarbon.

Zarbon se puso convenientemente en su camino. "Quiero decir si vas a cortejarla."

"Ciertamente no," dijo Vegeta, ofendido.

Zarbon se encogió de hombros y salió de su camino. "Muy bien. Entonces asumo que no te importará cuando ella vaya corriendo a Radditz, como ciertamente hará si no haces algo pronto," dijo, sus ojos estudiando a Vegeta cuidadosamente.

Vegeta se detuvo en seco pero no se dio vuelta. "¿Cómo es eso?" preguntó en voz baja.

Zarbon sonrió. "La perderás si no actúas rápido. Ella es una mujer que se preocupa, y Radditz puede usar su enfermedad para ganar su corazón."

Vegeta se dio la vuelta, mirando la fría mirada dorada de Zarbon con furia. "Él no puede hacer eso. Eso viola el resultado de nuestra competencia," protestó.

"No es algo que será capaz de controlar. Vas a tener que encontrar una manera de hacer que ella te prefiera más a ti que a él, de lo contrario estarás fuera del camino para siempre. Enfréntalo, Vegeta, eres un imbécil, y ella tendría que estar loca para que le gustes."

"¿Qué quieres que haga?" Vegeta preguntó con suspicacia.

Zarbon sonrió ampliamente. "Oh, esta es mi especialidad," dijo, su voz suave.

Vegeta se permitió una leve sonrisa. "Esa mujer de contabilidad parecía pensar que sí," murmuró.

Las mejillas de Zarbon se colorearon pero no refutó el comentario. "Ejem. Bueno, entonces quieres conseguir a Bulma. ¿Por qué no sólo la seduces y acabas de una vez?"

Las mejillas de Vegeta se tiñeron de un oscuro carmesí. "No quiero eso," murmuró, tan suavemente que Zarbon tuvo que esforzarse para escucharlo. "A ella no le gusta la violencia."

Zarbon ahuecó una mano en su oreja. "Disculpa, ¿qué? ¿A ella no le gusta la violencia y es por eso que no vas a coquetear con ella? Eso realmente no tiene ningún sentido."

"No la quiero," Vegeta dijo enojado. "La odio. La quiero muerta."

Las cejas de Zarbon se dispararon y enderezó su columna vertebral. "Está bien, eso tiene menos sentido aún, si eso es posible incluso en este punto," dijo, rascándose su nariz. "Estoy perdiéndote totalmente aquí, Vegeta," refunfuñó.

Vegeta sacudió su cabeza. "La odio. ¿Sabías que cuando Radditz me gritaba hace tanto tiempo que sus ojos se atascaron en mi cabeza también? Esos malditos ojos azules han sido mi tormento por la mayor parte de un año. Incluso después de que la voz de Radditz se detuvo, esos malditos ojos azules siguieron y siguieron... tal vez si termino con su vida esos malditos ojos desaparecerán también."

Zarbon frunció el ceño y puso su mentón en su pecho, cruzando sus brazos y suspirando. "Esta será la única vez que diré esto, pero puedo entender ese tipo de lógica extraña. No creo que tengas razón, sin embargo. Creo que deberías sólo dejar de estar a su alrededor. Sí, olvidarte de todo sobre ella. Oh, y aquí hay una idea, ¡mientras te estás olvidando de ella realmente puedes atender tus deberes! Oh sí, eres un emperador, en caso de que te hayas olvidado. Gracias a dios que he estado manteniendo contacto con Atlia, ¡porque de seguro como el demonio que tú no!"

Las facciones de Vegeta se oscurecieron peligrosamente. "Cállate," espetó.

"Oh, pero si no estás jugando a las palmas con tu noviecita podrías tener realmente que hacer algo de trabajo, Zarbon gruñó con sarcasmo. "Dios no quiera que realmente levantes un dedo para gobernar tu propio maldito imperio."

"Dije que te calles," Vegeta reiteró airadamente.

"Ves, haces esta pequeña promesa de proteger a todos los planetas dentro de tu imperio de Freezer. Ese era uno de los principales puntos de venta, si no me equivoco. ¿Pero qué has hecho para garantizar su seguridad? ¿Eh? Nada, ¡eso es! Has tomado unas pequeñas vacaciones persiguiendo a una mujer y luchar con prácticamente cada nativo en el que puedes poner tus manos. ¡Buen trabajo, Emperador Vegeta! ¡De esta manera puedes estar seguro no sólo hacer que Freezer destruya la mayoría de tu imperio cuando aparezca, sino que puedes tener sistemas tras sistemas arrojando revoluciones contra ti por tus promesas débiles y vacías! ¡Wow, eso suena como un gran plan!" aulló Zarbon, sus ojos brillaban locamente mientras caminaba alrededor de la habitación, haciendo gestos al aire frenéticamente.

"¡Cállate!" Vegeta gritó, bajando sus puños ferozmente.

Zarbon detuvo su diatriba y miró a Vegeta con frialdad. "Estás cagando todo esto, Vegeta. Esta es tu oportunidad para tener todo lo que siempre quisiste. No voy a verte tirarlo por una maldita mujer. No la mates, la necesitamos, pero por el amor de dios olvídate de ella. Necesitarás toda la concentración que tengas para sacar tu trasero de esto."

"No planeo salir de esto completo," Vegeta dijo con tranquilidad, dándole la espalda y dirigiéndose a la salida.

Zarbon se quedó mirándolo. Oh sí, Vegeta estaba planeando quitarse la vida para destruir a Freezer. Sintió a su corazón volverse piedra y hundirse en las plantas de sus pies. A Vegeta no le importaba nada ni nada, ni siquiera él mismo. Zarbon contuvo enojadas lágrimas, deseando que por una vez su disciplina fallara para poder liberar los sollozos de frustración acumulándose dentro de él. Él había sido un guerrero por tanto tiempo, tan desprendido de todo, ese inútil de Dodoria siendo la cosa más cercana que ha tenido como amigo alguna vez en toda su vida adulta hasta que Vegeta apareció. Vegeta necesitaba una razón para vivir, y aunque le doliera que él y su amistad no valieran suficiente para el Saiyajin tuviera una razón para la vida él haría todo lo posible para encontrar algo. Ese algo, en ese momento, parecía ser la mujer, tanto como odiaba admitirlo. Algo estaba ocurriendo allí que Vegeta no le estaba diciendo, y se preguntó por un momento si incluso Vegeta sabía exactamente qué era. Vegeta no hubiera luchado contra Radditz a menos que hubiera tenido una razón. Con un suspiro siguió a Vegeta fuera de la cámara de gravedad. Si había algo que se pudiera hacer, lo intentaría, sin importar el costo de sí mismo. Sólo tenía que hacerlo.