Bubbles.
Su mejor amiga desde que eran pequeñas niñas de preescolar. Desde el momento en que se conocieron hasta la actualidad estuvieron juntas, codo a codo, dándose apoyo y escuchándose cada vez que lo necesitaban. Su amistad era un espacio seguro en el que muchas veces las dos se resguardarán del bullicio de afuera. Robin agradecía mucho que la rubia haya llegado a su vida para llenarla de alegría en muchos aspectos.
No había nada que no hubieran compartido. Hacían todo juntas y se contaban absolutamente todo. La súper heroína incluso podía asegurar que la castaña le conocía mucho mejor que cualquiera de sus hermanas. Era simplemente increíble, como si hubieran sido creadas para estar juntas.
Aunque, lamentablemente, sus visiones sobre su relación eran distintas. Bubbles veía una gran amistad de película, y Robin... un martirio. Una puta tortura.
Robin Snyder siempre supo que le gustaban las mujeres, cada vez que veía una serie, una película, o simplemente las noticias, que mostraban a unas jóvenes y seductoras Sedusa y Femme Fatale. A pesar de esto, le costó mucho asumirlo. Siempre trató de negarlo, se obligó a que le gustaran los hombres debido al miedo que tenía de que la juzguen.
Ella recordaba perfectamente el día en el que se dió cuenta que estaba completamente jodida.Tenían quince años. Bubbles le había comentado emocionada que su busto había crecido y que tuvo que comprarse un conjunto de ropa interior nuevo, ¡y que ésta vez era súper bonito! Esto último le alegraba de sobre manera, ya que tenía su primer novio y la idea de tener su primera vez se volvía muy tentadora.
Sin vergüenza, la súper heroína se sacó la ropa generando en Robin el gay panic más grande de toda la historia. La castaña puede asegurar que su cerebro se había reiniciado en ese momento, cambiando por completo su perspectiva de las cosas desde ese instante.
Bubbles se estaba convirtiendo en una mujer, y a Robin le gustaban las mujeres.
No solamente asumió su homosexualidad aquél día en el que el corazón se le aceleró como un puto leopardo, sino que también comprendió que se estaba enamorando de su mejor amiga. Incluso, que tal vez ya lo había hecho hace mucho, que desde el momento en que "La Alegría y las Risas" le había dirigido la palabra ya le había encantado con un hechizo digno del mismísimo Eros.
A partir de ahí fue que comenzó la tortura.
Bubbles se la pasaba teniendo novios (en su opinión, demasiado idiotas para la majestuosidad de sus ser) sin parar. Terminaba con uno y antes de que se de cuenta ya estaba enamorada de otro. Podía entenderlo, igualmente, la rubia era hipnotizante y era muy difícil no quedarse prendado de ella al instante.
Cuando tenía dieciséis años, sus padres se divorciaron. ¿La razón? Bueno, ya no tenía padres... sino que tenía solamente madres.
Fue una noticia difícil de asumir, no lo iba a negar, le chocó al principio; más nunca se había opuesto. Incluso, aquella noticia sacó una carga de sus hombros al pensar que tanto ella como su ahora madre pertenecían a la misma comunidad.
Para cuándo terminaron el curso, Robin había "salido del armario". Y, por supuesto, las PPG le habían apoyado sin dudarlo.
El humor de la castaña mejoró, ya que ahora podría explorar su sexualidad sin problemas. Tuvo citas, novias, sexo de una sola noche... pero jamás superó a Bubbles. Nunca lo podría haber hecho.
Tan solo deseaba poder probar solo por unos segundos los labios de su mejor amiga sin que sea "para practicar", como lo habían hecho en sus juventudes. Deseaba poder tocar más centímetros de su cuerpo, por más tiempo, sin tener un límite que la obligue a separarse de ella.
Y era por eso y mil razones que cuando la heroína se olvidaba cosas en su casa, jamás se las devolvía. Sus camisetas, que olían a ella y las usaba para dormir sin que se enterara; sus maquillajes, sus libros... todo. Simplemente quedaba ahí. En un rincón de su habitación y en un pedazo de su corazón.
Siempre estaría ella en su mente, siempre.
Y es por eso que su amistad era una tortura que estaría dispuesta a asumir con tal de estar a su lado.
Hasta ese día.
Bubbles estaba en pareja con un muchacho bastante... abusivo. Era un hijo de puta. La controlaba y celaba para después ir a follarse a cualquier joven e ir a rogarle un perdón que la heroína por supuesto le daría.
¡Eres una idiota, Bubbles, él no te ama!
Ese día se habían peleado, las dos. Luego de más de diez años de amistad sin una puta discusión, su amistad había llegado a su fin por culpa de un idiota que no sabía valorarla. Sí, Robin había sido dura con sus palabras, pero tenía razón y la rubia lamentablemente no lo quería asumir.
Las dos lloraron hasta deshidratarse en las soledades de sus habitaciones.
La próxima vez que la castaña le vio, fue en una fiesta. Tenían diecinueve años. Ella había ido al baño a retocarse el maquillaje, preguntándose si el maldito hijo de puta ya se había alejado de la vida de su amada amiga o si simplemente estaba engañandola ahí sin pena. Estaba pintando sus labios con el labial que le había robado a la joven.
Y lo escuchó, un llanto pequeño pero lo suficientemente doloroso como para ser imposible de ocultar. Ahí, sentada en uno de los retretes. La pudo observar a través del espejo, acercándose sin dudarlo dos veces.
Siempre estaría ella en su corazón, siempre.
Tras limpiar sus lágrimas y abrazarla, Robin no pudo soportar más el peso de sus sentimientos silenciados, y se los confesó, tomando sus manos y acariciando sus mejillas:
Te amo, Bubbles, pero no como una amiga. Ya no quiero eso, no deseo tu amistad. Quiero que me ames como una mujer, así como yo lo hago contigo. Quiero que me desees con fervor, me beses y me acaricies. Quiero ocupar el lugar de cada uno de los idiotas que tuviste de novios, quiero ser ellos, porque envidio que tengan lo que siempre anhelé: tu amor.
Ella permaneció en silencio, y Robin lo entendió. La castaña ojiazul sonrió y se alejó sin decir nada, dirigiéndose a la pista de baile dejando a la rubia impactada en su lugar.
Jamás podría tener el corazón de la rubia, porque no eran iguales después de todo. No importaba, se conformaría con la fortuna de estar a su lado aunque tenga que aguantarse la tortura de no poder recibir su amor y deseo. Al menos, ahora era libre, aún siendo el final triste.
Para su sorpresa, no lo fue.
Porque bajo las luces de colores, la euforia de la gente, el olor a alcohol en el ambiente y la música retumbando en sus oídos sin piedad; Bubbles le dió vuelta, la tomó del rostro y la besó.
Fue un beso corto, rápido, el cual Robin no pudo corresponder debido a su corta duración. Se miraron fijamente, los dos pares de ojos azules con lágrimas al borde de salir.
Y con toda la adrenalina en sus venas, la castaña le tomó de la nuca y la volvió a besar, siendo este correspondido. Un beso desesperado, intenso, apasionado, en el que la joven mortal pudo hacer todo lo que deseó desde un principio.
Pudo tocar su cuerpo, cada rincón, sin duda, tratando de mostrarle todo lo que había tenido que guardarse en su interior todos estos años. Pudo acariciar sus cabellos, oler su perfume, y escuchar el hermoso sonido de su voz diciendo su nombre.
Si, ellas eran mejores amigas.
Pero Robin quiso arruinar eso,
Porque deberían haber sido amantes.
HERE WE GO LESBIANS.Bueno, es mi primer fic con un ship homosexual y la verdad que me gustó cómo quedó. Es una buena manera de salir del molde.Este song fic está basado en la canción Jenny de Studio Killers.¡Espero que les haya gustado!- Ghost.
