Quería subir esto para navidad, pero por el tiempo y mi ocupación, no me fue posible. Hace mucho que quería escribir para el TanKana porque son todo lo que significa perfecto, y me parece que su relación tiene muchas posibilidades para explorarse y por lo tanto, quería unirme al fandom de KnY con un fic dedicado a este hermosa ship. Si bien no es increíblemente romántico, se puede reflejar lo mucho que ambos se aprecian.

Sin más nada que agregar, los dejo con el fic.


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No estás sola.

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Está nevando de nuevo.

Kanao presiona su rostro contra sus rodillas y observa la nieve caer, con frías ráfagas de aire en su piel. No está muy segura, porque algunas partes se han fundido y se han vuelto borrosas en su cabeza, como pintura en remolino en un frasco de agua, pero cree que aun puede recordar la primera vez que jugó en la nieve con Kanae y Shinobu. Incluso si han sido ya años de ese momento.

A su alrededor, el mundo continúa de manera ordinaria; Kiyo, Naho y Sumi parecen divertirse al aire libre a pesar del frío y Aoi está justo a su lado, sirviendo te caliente y algunos bocadillos para pasar la tarde. Poco después se levanta, de vuelta a la cocina por otras cosas que se le han quedado, mientras Zenitsu, Inosuke y Nezuko se unen a las niñas en la nieve. Tanjiro entonces se sienta justo a su lado y comienza a pelar algo: una naranja, piensa ella a juzgar por el olor a cítrico. Normalmente su compañía sería suficiente para mantenerla distraída, pero afuera está nevando y el mundo está completamente blanco y Kanao está recordando. Recuerda risas alegres y una invitación a jugar en la nieve, aún si ella no mostraba el interés de hacer eso como cualquier niño de su edad en aquel entonces.

La Navidad está en el aire, ella observa, deslizando su dedo índice sobre la madera en la que está sentada. Navidad y familias felices y niños riendo. Kanao no lograba entender por qué eso era tan importante, pero ahora que también hace falta su maestra le es un poco más claro. Se siente mal porque debió apreciar más aquellos momentos. Ha pasado un año desde el fallecimiento de Shinobu, piensa huecamente, y se remueve ante la sensación de malestar que la invade. Lo que quiere ahora es simple: escaparse a las sombras y acunar la culpa en sus brazos por no haber disfrutado más de la compañía de las hermanas Kocho; acunarla y enterrarla en su torrente sanguíneo.

—Toma —dice Tanjiro, con los ojos brillantes y la nariz enrojecida por el frío. Kanao levanta la cabeza y Kaburamaru sale de su ropa para rodear su cuello —, come un poco —Kanao toma un segmento de la fruta ofrecida y lo ve fruncir el ceño —. No estás usando guantes.

Ella sonríe. —Tú tampoco —muerde el trozo de naranja: sabe dulce y fuerte en su lengua, pero no amargo. Kanao está casi contenta por eso, en cierto modo.

—No, pero si estoy abrigado.

—No tengo frío —asegura entonces. Siente la larga mirada que él le da, pero ella no lo mira.

Sin embargo, cuando él se acerca y toma sus manos entre la suya, eso no puede ignorarlo e inmediatamente gira su cabeza hacia él.

—Mentirosa —dice suavemente y es solo cuando se enfrenta a su calor que ella se da cuenta de que sus propias manos están casi congeladas.

—¿Qué estás haciendo aquí? —pregunta en lugar de retirar sus manos, absorta en el calor agradable —. ¿No quieres jugar en la nieve?

Toda la diversión y felicidad está a solo unos pasos de ellos, en la nieve, con el ruido habitual de los chicos y las risas de las niñas. Tanjiro pertenece allí con ellos.

—¿Tú no quieres? —él pregunta de vuelta, con una pequeña sonrisa, mientras la mira.

Hoy no, las palabras bailan en la punta de su lengua, pero ella no las dice. Lo único que hace es mover la cabeza de un lado a otro, en señal de negación.

—Entonces nos podemos quedar aquí y admirar la nieve —Tanjiro ofrece y ella observa cómo algunos copos de nieve caen en su cabello. Puede ver su aliento en el aire frío, blanco y opaco —. O podemos ir a ayudar a Aoi-san.

Eso puede que la distraiga, así que Kanao asiente. Él se pone de pie y la ayuda a levantarse mientras la guía en el camino y ella obedece porque realmente, ha estado indefensa ante su presencia y calidez desde hace algún tiempo.

Tanjiro los conduce a ambos dentro de la Finca, y por alguna razón, el cambio de temperatura abrupta hace que Kanao se maree un poco al punto de que tiene que detener su caminar y sostenerse de la pared antes de tropezar y caer. Ante esto, Tanjiro lleva su mano a su frente.

—Estás ardiendo —dice, preocupado —. Eso es lo que sucede cuando te sientas así en la nieve, Kanao. Te enfermas.

Todo lo demás se vuelve borroso cuando comienza la fiebre. Le duelen los huesos y apenas se da cuenta de que Tanjiro la apoya contra él—porque no puede cargarla en su estado—y la ayuda a llegar a una habitación, acostándola en la cama. Luego sale algunos minutos, para regresar con Aoi, que trae una bebida caliente y un regaño por no haberse abrigado lo suficiente en temporadas de frío. Después de que se toma la bebida, Aoi dice que irá a traer medicinas para ayudar a bajarle la fiebre más rápido, dejándola a solas con Tanjiro.

—No tienes que quedarte —Kanao habla, su voz apenas es un murmullo tanto por el dolor de garganta repentino como por la vergüenza que siente al hacer que el chico sienta la obligación de quedarse con ella —. ¿No preferirías estar con los demás?

Él sonríe, sentándose en el borde de la cama, mirándola con tanta amabilidad, sosteniendo sus manos más pequeñas. Las puntas de sus dedos contra su piel dejan rastros de fuego ardiendo a su paso y para Tanjiro, ella se ve como la cosa más hermosa que él haya visto.

—No —susurra suavemente, la única cosa ligera en la oscuridad de la habitación es el sonido de su voz —. Ellos están bien justo ahora.

—P-pero es Navidad —Kanao lucha contra la sensación de adormecimiento. Tal vez es efecto por la bebida que le ha dado Aoi.

Deberías pasar la Navidad con las personas que amas. Disfrutar cada segundo que puedas a su lado. No logra decirle eso porque finalmente cierra sus párpados y se deja llevar.

—Lo sé —él asiente, muy pausadamente, pero Kanao ya se ha quedado dormida.

Su cabello oscuro cae sobre su rostro, pegándose a su piel húmeda por la transpiración. Con mucho cuidado, para no despertarla, Tanjiro le cepilla el Cabello hacia atrás, sintiéndose agradablemente sedoso debajo de sus dedos.

Él piensa en irse por un breve momento. Dejarla descansar y volver con los chicos para jugar en la nieve, pero se encuentra mirando los pálidos planos del rostro de la chica. Piensa en lo triste que olía cuando estuvieron sentados afuera, mirando la nieve. Piensa en la amargura que había reflejado su rostro, y está seguro de que no quiere que ella se sienta sola, porque no lo está.

Se acurruca contra su costado, dobla las sábanas a su alrededor y reza para que sea suficiente para que ella se recupere de la enfermedad repentina.

—Necesitas a alguien que te cuide —piensa en voz alta, en la oscuridad.

Se inclina entonces hacia adelante hasta que las puntas de su cabello rozan su piel y presiona sus labios suavemente contra la frente de ella, como si fuera algo precioso; como si estuviera hecha de vidrio y el movimiento más pequeño pudiera romperla. El aroma de ella llena su conciencia: jabón y ropa de cama fresca. También flores y algo dulce que él cree que podría estar relacionado con la bebida que ingirió. Pero el olor más fuerte es a naranja.

Kanao huele a naranjas y vulnerabilidad.

—¿Por qué? —pregunta ella, y su voz casi se rompe, pero continúa dormida y febril, con las mejillas un poco más rojas.

A Tanjiro le rompe un poco el corazón que le resulte tan difícil creer que vale la pena amarla.

Entonces Kanao susurra su nombre, tan desconsolada, que él deja de respirar por un momento. Su nombre, la letanía simple y melodiosa, resuena en cada grieta de su alma para iluminarlo desde el interior.

—Porque no estás sola.

Kanao siente que su mano se mueve para acunar su rostro y Tanjiro es todo lo que significa cálido. Abre los ojos un poco, sólo para encontrarse con su mirada fija. Él la mira como si fuera el mundo, como si no hubiera nada más importante en este momento que ellos.

Afuera está nevando y el mundo está completamente blanco, y Kanao entiende lo que Tanjiro le ha dicho.

No está sola.


Realmente es algo corto, pero me gustaría saber qué les pareció, porque sin duda alguna quiero escribir más para ellos. Muchas gracias por haber leído. Espero que pasen unas bonitas fiestas y cuídense mucho.