Épico

(Epic)

Un fic de The Prime Minister

Traducción por Apolonia


Había vuelto a su habitación horas después, saltando a la cama una vez que se aseguró que ningún rastro de su presencia quedaba allí. Dejó caer su cabeza sobre la almohada con un suspiro, dejando que sus pensamientos vagaran hasta que finalmente se durmió.

"¡No!" gritó, la sensación de agarre de hierro en sus muñecas y tobillos. Su cola arremetió debajo de él mientras empujaba a los grandes soldados que lo llevaban por el pasillo. "¡Nappa!" su voz resonó contra las paredes metálicas.

"Cállate, mocoso," un soldado silbó. "Si haces demasiado ruido tenemos la autorización para darte una gran paliza. Lord Freezer ha solicitado tu presencia."

Vegeta gruñó y se retorció en los agarres de los grandes hombres. "¡No! ¡Él no puede tenerme! ¡Nappa!" gritó de nuevo, sus muñecas comenzando a doler.

"Cállate," el soldado dijo otra vez.

"Oh, es sólo un niño," otro soldado dijo, mirando a Vegeta, sus sesgados ojos angostándose. "No creo que Lord Freezer deba hacer este tipo de cosas a los niños."

"Podrías ser asesinado sólo por pensar eso", advirtió un tercer soldado.

"¡Pero podrían incluso haber enviado a su tutor a alguna parte! Incluso Zarbon está en misión, ¡sólo para que nadie sea testigo de esto!" el segundo soldado argumentó.

El primer soldado frunció el ceño y se volvió, de inmediato disparando al primer soldado al olvido. "¿Alguien más tiene un problema?" gruñó.

Los otros dos soldados negaron con la cabeza, uno moviéndose entre las piernas del pequeño Príncipe y sosteniendo sus dos tobillos. "¡Suéltenme!" Vegeta aulló, pateando violentamente y logrando aterrizar un golpe en el soldado a sus pies. El soldado gruñó y se tambaleó hacia un lado, y Vegeta rápidamente llevó sus piernas hacia arriba, golpeando a los guardias en sus muñecas. Los soldados cayeron a los lados y él despegó lo más rápido que pudo, despachando de forma rápida a los tres soldados con su ki. Sus pequeños pies con botas tronaron por el pasillo, su respiración fuerte en sus oídos mientras la sangre se agolpaba en su cabeza. Dobló una esquina y rebotó en algo, aterrizando con un gruñido en su parte trasera. Mirando fijamente vio que había embestido a un par de piernas de color púrpura.

"Oh, ¿qué tenemos aquí?" El Capitán Ginyu preguntó con una sonrisa.

"Déjame pasar," Vegeta ordenó.

"¿Para qué, mocoso?" el Capitán respondió.

"Yo soy el Príncipe Vegeta de los Saiyajin," Vegeta espetó imperiosamente, desesperadamente queriendo huir. Encontraría Nappa. Nappa siempre lo había protegido. "Eso debería ser razón suficiente."

"Bueno, eso no vuela aquí. Ahora, no estarías tratando de escapar, ¿verdad?" Ginyu gruñó, frunciendo el ceño. "Se supone que tienes que ir al laboratorio de Freezer."

"No iré. ¡NO iré!" Vegeta gritó, haciendo una pausa.

"Oh, no, no lo harás," Ginyu rió maliciosamente, agachándose y agarrando al niño por la cintura. "Freezer te va a amoldar y entrenar por los próximos años, ¿y cómo esperas que sea capaz de hacer eso si no vas al laboratorio?"

"¡Nunca me dejaré ser entrenado por él!" Vegeta gritó, retorciéndose para tratar de escapar del gigante morado.

"Bueno, no tienes mucha opción, especialmente desde que no sigues las órdenes como un asunto de elección personal. No lo hagas más difícil de lo que tiene que ser, ¿de acuerdo?" Ginyu dijo, tocando la joven mejilla de Vegeta con un dedo de uña negra.

Vegeta gruñó y mordió a Ginyu en la mano con saña. Ginyu siseó de dolor y agarró la cola de Vegeta, apretando tan fuerte como pudo. Vegeta soltó un chillido espeluznante y empezó a llorar, el dolor ramificándose a través de su cuerpo y dejándolo temblando de agonía mientras sus gritos arrancaban sus pulmones hacia fuera.

"Sé bueno ahora, ¿de acuerdo?" Ginyu dijo, y llevó al joven príncipe sollozante por el pasillo.

"No," Vegeta susurró mientras lo pusieron sobre la mesa, atando sus brazos y piernas desnudos. Incluso la cola tenía su retención de metálica.

"Esto es para tu propio beneficio," la voz fría de Freezer se deslizó por el aire. "Serás la mejor mascota de todos los tiempos."

"No," Vegeta repitió, empezando a temblar en el frío de la habitación.

"Comienza," Freezer gruñó, y técnicos de repente se arremolinaron en torno al niño, hurgando y pinchando. Vegeta gritó en agonía absoluta mientras varios escalpelos rebanaban a través de su carne, y vio con horror a través de su bruma de dolor mientras ellos insertaban algo delgado y plano en la incisión detrás de su clavícula. Tenía la impresión de que lo que fuera que se estaba hundiendo en su carne, enterrándose para no ser recuperado, haciendo su camino muy adentro suyo. Dolió como nada peor que antes, y él gritó su dolor, gritó su frustración, gritó su impotencia...


Zarbon se despertó con la sensación de que algo andaba mal. Saltando fuera de la cama, corrió por el pasillo y se detuvo, escuchando un ruido chirriante. Algo definitivamente estaba mal. Se lanzó de nuevo a la habitación, se puso un par de bóxeres, y se echó a correr por el pasillo. Era como había temido- el sonido venía de la habitación de Vegeta. Era la voz del Príncipe, tensa y cruda y aullando como si su misma alma estuviera siendo arrancada de él. "¡Vegeta!" Zarbon gritó, tratando la puerta y encontrándola cerrada. Maldijo y la golpeó, pero no obtuvo respuesta.

"¿Qué sucede?" escuchó a alguien gritar por el pasillo, y miró para ver a Bulma corriendo por el pasillo, agarrando su bata mientras se movía.

"Vegeta," fue todo lo que Zarbon dijo, luego dio un puñetazo a la puerta. Él y Bulma se derramaron a tavés de la apertura para encontrar a Vegeta, con las manos presionadas a los lados de su cabeza, acurrucado en posición fetal y gritando como si sus pulmones estallarían.

"¡Vegeta!" Zarbon y Bulma gritaron al unísono, y los ojos de Vegeta se abrieron de golpe, pero ellos vieron con horror que no los estaba mirando. Sus ojos estaban viendo algo que ellos no podían ver. De repente Bulma cayó al suelo, sosteniendo su cabeza y gritando.

"¡Lo están lastimando!" gritó, sus ojos llenos de lágrimas mientras los cerraba con fuerza.

Zarbon la miró en horror y se dirigió hacia Vegeta, agarrando su brazo con brusquedad. De inmediato fue bombardeado con imágenes rotas- cirugías- rostros enmascarados de pie frete a él y destellos de horrible, intenso dolor... Zarbon cayó al suelo también, jadeando y haciendo gestos de dolor mientras luchaba la agonía, preguntándose de dónde estaba viniendo esto.

"¡Vegeta!" escuchó débilmente decir a otra voz, pero fue incapaz de centrar sus ojos a través del dolor para ver quién era. Hubo el débil golpear de pasos y el sonido de una bofetada, y el dolor se fue, sólo un nebuloso y fugaz eco.

"¿Qué fue eso?" Bulma susurró, haciendo una mueca mientras ponía una mano en su cabeza.

Zarbon frotó sus sienes y se levantó del suelo, viendo a Vegeta sentado en la cama, frotándose la mejilla. Los padres de Bulma estaban en el cuarto, su padre cerniéndose en la puerta y su madre de pie junto a la cama, sus manos en sus caderas. "¿Qué pasó?" Zarbon preguntó aturdido.

La Sra. Briefs sacudió su cabeza. "Escuchamos los gritos desde el otro lado del edificio," dijo con tristeza. "Luego escuchamos que la puerta fue destruida y nos lanzamos hacia aquí de inmediato."

"Ustedes dos estaban tirados en el suelo, gritando junto con él como si sus cabezas hubieran sido abiertas," el Dr. Briefs agregó. "Luego mi esposa caminó y abofeteó a Vegeta para que se despertara."

Vegeta parpadeó, mirando alrededor y frotando su rostro pero sus ojos completamente vacíos y sin comprender.

Bulma se aclaró la garganta. "Creo que tenemos que irnos," dijo, instando a sus sus padres fuera de la habitación.

Zarbon asintió con gratitud. "Gracias," susurró.

"Volveré," siseó ella, y él supo que discutir con ella sería inútil como discutir con Vegeta.

"¿Vegeta?" preguntó vacilante mientras Bulma sacaba a sus padres fuera de la habitación. No hubo respuesta del Saiyajin. Vegeta siguió sentado allí y dirigiendo su vacía mirada hacia el frente. Zarbon frunció el ceño y agitó una mano frente al rostro del joven hombre, pero de nuevo no hubo reacción por parte de Vegeta. "Esto es mano," murmuró para sí justo cuando Bulma volvía a entrar en la habitación.

"¿Cómo está?" preguntó, arrodillándose junto a Zarbon y buscando en el rostro de Vegeta.

"Totalmente sin respuesta," respondió, descorazonado.

"¿Qué pasa con él?"

"No tengo idea. Ha tenido pesadillas antes, las tuvo todo el tiempo mientras crecía, pero esta es la peor. Nunca había afectado a nadie más con ellas. ¿Me pregunto por qué sus barreras psíquicas están tan débiles?" Zarbon respondió, tomando la mandíbula de Vegeta en sus manos y girando la cabeza del Saiyajin de un lado a otro.

"Se ve bien," murmuró Bulma. Ella tocó su rostro una vez que Zarbon soltó su mano, levantándose para sentarse en la cama junto a él. "Vegeta," dijo suavemente, pasando sus dedos por su mejilla. "Vegeta, despierta. Vuelve a nosotros."

Zarbon sacudió su cabeza y suspiró. "Eso no funcionará. No a menos que tengas alguna clase de rara habilidad telepática o seas muy, muy cercana a su corazón. Creo que he visto esta condición antes, aunque bajo circunstancias completamente diferentes, como comas, y los únicos que habían sido capaces de llegar a los Saiyajin eran sus compañeros unidos..." dijo apagado, viendo a Bulma seguir susurrando al oído de Vegeta y acariciar su mejilla. Incluso se inclinó y besó su rostro suavemente.

"Vegeta," susurró. "Es hora de despertar. Estás a salvo aquí con nosotros." Con eso pasó sus dedos por sus labios, y de repente su mano se levantó y presionó sus dedos contra su boca con fuerza, cerrando sus ojos e inhalando profundamente.

Zarbon los miró, sorprendido. Se preguntó... pero Vegeta nunca le daría una respuesta directa si preguntabam así que solo tendría que esperar y ver si el Príncipe soltaba alguna pista. "Vegeta, ¿estás bien?" Zarbon preguntó, acercándose y levantando el párpado del Saiyajin.

Vegeta bateó la mano con un gruñido. "Estoy bien. ¿Por qué diablos están todos aquí?" dijo bruscamente, empujando a Bulma también, aunque sus mejillas se sonrojaron mientras lo hacía.

"Estabas teniendo una pesadilla, y cuando entramos a verte fuimos bombardeados con ella," Zarbon explicó, poniéndose de pie.

Vegeta parpadeó hacia él, el negro de sus ojos absorbiendo la tenue luz alrededor. "¿Qué? ¿Ustedes dos compartieron mi sueño? Pero eso sólo sucede cuando..." dijo, cerrando abruptamente su boca antes de terminar.

Zarbon levantó su ceja. "Siempre supe que te preocupabas," dijo con malicia, mirando con diversión mientras el rostro de Vegeta se contorsionaba en pesar. "De todos modos, ¿qué era todo eso? Recuerdo que tuviste pesadillas frecuentemente cuando eras un niño pequeño. ¿Cuánto tiempo ha estado sucediendo esto?"

"Mucho tiempo. Siempre es el mismo sueño," Vegeta dijo con rudeza, bajando la vista a sus manos.

"¿De qué se trata el sueño?" Bulma preguntó.

Una sombra cruzó el rostro de Vegeta. "No es asunto tuyo," gruñó.

Bulma frunció el ceño. "Bien. A ver si me importa," ella quebró. "Quieres soñar con asqueroso alienígenas operándote entonces esa es tu prerrogativa."

"¿Cómo lo sabes?" Vegeta ladró, arrebatando su muñeca mientras ella se levantaba para marcharse.

"Todos vimos tu sueño, tonto. Tu estúpido grito mental me hizo caer como mosca al segundo que entré en la habitación, y Zarbon cayó justo después de tocarte," dijo iracunda, obviamente ya sin paciencia.

"¿Hay algo que podamos hacer por ti?" Zarbon preguntó en voz baja.

"No necesito ayuda de nadie," Vegeta gruñó como respuesta.

Zarbon lo miró de reojo. "Necesitas aclararme las cosas algún día, Vegeta. Estás manteniendo muchos secretos de mí, y no sólo de esto. Si no los tengo de ti encontraré otra manera, y no creo que te vaya a gustar," Zarbon dijo suavemente, el tono ligeramente amenazante.

"¿Estás tratando de asustarme?" Vegeta se burló.

"Por supuesto que no, Vegeta. Tu pesadilla cumplió eso con creces," respondió secamente. En cualquier caso, necesitas un descanso decente. Tenemos que partir con la nave tan sólo unos días."

"¿Unos días?" Bulma dijo, sorprendida. "¡Pensé que no iba a llegar por una semana o algo así!"

Zarbon se encogió de hombros, fijando a Vegeta con una mirada nivelada. "Hicieron buen tiempo. Al parecer los Kijaranos han hecho algunos avances en el viaje espacial. Recibí el mensaje del capitán poco después de irme a la cama," dijo. "Por qué, ¿no está todo en orden?"

Bulma tragó. "Bueno, sí, en su mayor parte. Ya casi terminamos con los millones de artículos que ordenaron, y la encapsulación de las naves van bien, al parecer. Papá está trabajando en una versión de los tanques de rejuvenecimiento que puedan ser usados en el campo, y quiere encapsular esos, también."

"Y esto debería estar hecho en los próximos días, ¿correcto?" Zarbon preguntó.

"Por supuesto," Bulma dijo indignada. "Nadie trabaja más rápido que la Corporación Cápsula."

"Absolutamente," respondió secamente Zarbon. "Bueno, me voy a la cama," dijo, estirándose. Lanzó a Vegeta una mirada significativa y se acercó a la puerta.

"¿Para qué fue eso?" Bulma preguntó, volviéndose para mirar a Vegeta.

"No lo sé," Vegeta mintió, sus mejillas volviéndose rosas de nuevo. La miró por un momento y luego alejó la mirada en vergüenza.

Bulma suspiró y se sentó de nuevo en la cama junto a Vegeta. "Escucha, Vegeta. Lo siento mucho por lo de antes. Supongo que te leí mal, y pido disculpas por ambos haberte puesto incómodo y yo haber quedado como una tonta."

Él no le respondió, sólo la miró mientras un millón de cosas corrían por su mente. "Sabes que los Saiyajin tienen habilidades telepáticas," afirmó.

"Uh, lo sé ahora," respondió ella, sus cejas bajando en su confusión.

"¿Sabías también que no podemos mentir cuando usando dichas habilidades?" preguntó con frialdad.

"No, no lo sabía, pero supongo que tiene sentido. Si estuvieras mintiendo tú lo sabrías, y ya que estás trasmitiendo tus mismos pensamientos, ese conocimiento de la mentira probablemente también," dijo, inclinando su cabeza y poniendo un dedo en su mejilla, pensando.

Una pequeña sonrisa cruzó su rostro, deteniéndose sólo un segundo. "Precisamente."

"¿Por qué me dices esto?" ella preguntó de repente, fijándolo con una curiosa mirada azul.

"Sólo quiero que lo recuerdes," él respondió con rudeza.

"Um, está bien," dijo insegura, y se puso de pie una vez más. "Realmente eres extraño."

"Y tú una hipócrita," él contestó.

Ella sonrió y se rascó la cabeza. "Supongo que sí," ella dijo con una risita. "Oh, bueno. No sería interesante si no hubiera gente extraña, supongo."

"Por supuesto que no," dijo imperiosamente. "Ahora ve a la cama."

"¿Vas a estar bien?" preguntó ella, su rostro mostrando abiertamente su preocupación.

"¡Por supuesto! ¿Qué crees que soy, un niño pequeño?" dijo bruscamente.

"Actúas como tal," ella gruñó.

"Si no te gusta vete," dijo con frialdad.

Ella frunció el ceño. Bueno, estaba actuando como su viejo yo de nuevo, así que obviamente se estaba sintiendo mejor. Su momento vulnerable al parecer había pasado. "Lo haré," gruñó en respuesta, y salió de la habitación.


Los próximos días parecieron arrastrarse, y él había evitado efectivamente el contacto con todos. Él había entrenado muy duro en la sala de la gravedad, llevando sus entrenamientos afuera cada vez que sentía llegar a Zarbon. La única persona que había conseguido encontrarlo fue ese infernal Kakarotto, que apareció de repente una tarde cuando él estaba entrenando en un campo remoto. El otro Saiyajin sólo cayó del cielo y se quedó allí, sonriendo y saludando mientras Vegeta le disparaba miradas de muerte. La desgracia sin cola sólo quería saber cuáles eran las órdenes de Radditz. "Dile que aparezca a las 5 am la mañana de la partida," Vegeta había ordenado, y dado la fecha prevista. El otro Saiyajin sólo había asentido y despegado tan inesperadamente como había venido. Vegeta había permanecido inmóvil durante un rato, preguntándose cómo Kakarotto había logrado escapar a su detección. El nivel de poder que había detectado de él había sido tan bajo que ni siquiera debía haber sido capaz de volar, y sin embargo allí lo había sido. Interesante- el Saiyajin de la Tierra debió ocultar su nivel de poder. Vegeta sin duda podía pensar en los beneficios de semejante truco, y eso le dio algo qué hacer durante los próximos días.

Finalmente había vuelto a la Corporación Cápsula para ayudar a Zarbon a preparar la partida al día siguiente. Mientras entraba en el edificio lo encontró difícil de creer que su momento en la Tierra terminara. Mañana se irían, probablemente no volverían jamás. Dejaría detrás el verde y exuberante planeta, ese tonto de Kakarotto y su hijo media raza, y la mujer y su molesta familia. Finalmente estaría entre las estrellas de nuevo, abrazando su destino como el soberano del Nuevo Imperio Saiyajin. Luego encontraría y mataría a Freezer. Su sentido de la normalidad, que lo dejó cuando llegó a la Tierra, finalmente había vuelto a él.

Caminó por el pasillo a su habitación, anticipando un grito de batalla con Zarbon sobre no aparecer antes, pero mientras caminaba la mujer apareció en el pasillo. Observó mientras sus ojos se ampliaron cuando lo vio, luego sus facciones cayeron. Esperó que ella no le hablara, porque no estaba seguro cómo iba a ocultar el hecho de que había pensado en ella cada día y estaba gravemente arrepentido de haber huido de ella esa noche que parecía tan lejana. Desafortunadamente la suerte no estaba de su lado, y ella se acercó a él, plantándose en su camino para que él no pudiera avanzar a menos que la moviera físicamente fuera de su camino. "¿Qué quieres?" dijo bruscamente.

"¿Dónde has estado?" dijo con enfado, plantando sus manos en sus caderas.

"¿Por qué quieres saber, terrícola?" gruñó en respuesta, cruzando sus brazos sobre su pecho.

"Porque te vas mañana y papá quiere saber si quieres que te envíe una cámara de gravedad," dijo iracunda.

"Dile que sí," respondió Vegeta en breve.

"Dile tú mismo," escupió en respuesta. "¿No te voy a hacer ningún favor después de no verte por cuántos días?"

"Bien. Sal de mi camino," respondió, tratando de pasar junto a ella.

Ella se movió en su camino de nuevo, tercamente bloqueando su paso. "No. Tienes que pedirlo bien," ella gruñó. De repente la sintió, enojada, herida, y triste, y se dio cuenta lo mucho que lo había extrañado.

"No," gruñó él, sacudiendo su cabeza. No sirvió de nada- ella todavía estaba allí, ¡maldita sea! Había esperado que la separación hubiera puesto fin a lo que estuviera pasando entre ellos, y una gélida mano se apoderó de su corazón mientras se daba cuenta que no se había ido. "No tengo tiempo para esto", retumbó, y se levantó en el aire, fácilmente ondeando su cabeza fuera de su alcance.

"¡Hey, no es justo!" gritó ella, frunciéndole el ceño mientras pasaba por encima.

"Mujer, ¿cuándo me he preocupado por la justicia?" dijo con un resoplido, y navegó por el pasillo.

Él había hablado con el Dr. Briefs y ahora estaba en su habitación, bloqueando la diatriba de Zarbon. "¿No empacarás ropa de la Tierra?" Vegeta interrumpió.

Zarbon parpadeó, sorprendido. "¿Qué?"

"Te encanta la ropa de la Tierra. "¿No te llevas nada contigo?" Vegeta repitió.

"No lo había planeado," dijo, estupefacto. "¿Por qué?"

"Sólo me preguntaba," Vegeta dijo con una sonrisa. Su distracción había funcionado como un atractivo.

"¿Dónde estaba yo?" Zarbon preguntó con enojo.

Vegeta se encogió de hombros. "¿Ropa de la Tierra?" se aventuró.

"¡No!" Zarbon gruñó. "Maldita sea, me hiciste perder el hilo de mis pensamientos," murmuró, dando vueltas por la habitación. "Maldita sea. De todos modos, crees que necesitarás ayuda, porque necesito poner mis cosas en orden."

"Nunca he necesitado de tu ayuda," Vegeta dijo imperiosamente.

Zarbon se rió entre dientes. "Ahora eso es una mentira si alguna vez la escuché," dijo, divertido.

El ceño fruncido de Vegeta se profundizó. "Cállate," gruñó.

"Bien, bien," dijo. "Supongo que es demasiado esperar que seas civilizado después de que no te he visto en mucho tiempo. Digamos, ¿cómo salieron las cosas con Bulma?"

"Nada salió con la mujer," Vegeta respondió bruscamente.

Zarbon se encogió de hombros. "Sólo quería preguntar. Si necesitas ayuda sólo grita, o en tu caso, entra y finge que nada pasa hasta que me de cuenta qué es lo que necesitas que te ayude, luego ambos pretenderemos que nada sucedió después de que lo arregle."

"Cállate y vete," Vegeta gruñó.

"Tomaré eso como un ¡Claro, Zarbon!," Zarbon dijo con una carcajada, y saludó mientras salía de la habitación.

Vegeta suspiró mientras miraba sus pertenencias, la mayoría de las cuales Zarbon había doblado cuidadosamente en la cama en pilas. Sacó su caja de artefactos y los miró, cubiertos de polvo. Ella nunca los había encontrado, nunca tuvo la oportunidad de jugar con ellos o mejorarlos. Qué desperdicio. No había contado con el hecho de que al parecer ella lo respetaba lo suficiente para mantenerse al margen de sus cosas. Suspiró y bajó el cajón. Por qué, incluso ahora ella estaba pensando en él... sus ojos quedaron vacíos mientras estuvo contento que sus manos estuvieran vacías, porque hubiera dejado caer lo que hubiera estado sosteniendo mientras sus manos quedaban inmóviles con shock. Era cierto. Había estado intentando ignorarlo todo el tiempo pero era verdad. Se sentó en el borde de la cama, mirando al suelo con amplios ojos. ¿Qué iba a hacer? Si las historias eran ciertas, no sería capaz de funcionar una vez que se fuera del planeta. ¿Por qué le había pasado esto a él? ¿Por qué su mala suerte? ¿Había sabido en algún punto que había sido de esta manera desde el principio? ¿Por eso había luchado contra Radditz? ¿Por qué había hecho todo esto?

Se puso de pie de nuevo, dejando que sus ojos viajaran por los contenidos de la habitación. Sabía lo que tenía que hacer, y lo haría, pero no ahora. Primero tenía que empacar. Primero los negocios, como todo lo demás en su vida. Siempre negocios. Sabía que ella entendería exactamente cómo se sentía.


La noche había caído, y ella se cepillaba el pelo, preparándose para la cama. Se iban mañana, y el pensamiento la llenaba de tanta tristeza que se sentía como si alguien hubiera reemplazado su estómago con una piedra. Ella levantó el cepillo, tirando de él por su sedoso cabello, y casi arrancó algunas mechas de su cabeza al oír un golpe en la puerta. El sonido era suave pero firme, y se preguntó quién demonios estaría tratando de buscarla a esa hora. Se quejó para sí misma y abrió la puerta, jadeando cuando vio a Vegeta allí de pie, sus manos en su espalda y mirando a un lado, sus mejillas un poco enrojecida y su postura gritando vergüenza. "¡Vegeta!" soltó. "Entra."

Se abrió paso en la habitación, inmediatamente yendo a la ventana y mirando afuera. Poniendo sus manos en el alféizar, cerró sus codos y alzó la vista al cielo, sin moverse. Mientras ella miraba se dio cuenta que él bien podría parecer una una estatua. "¿Qué puedo hacer por ti?" preguntó suavemente, sentándose en el tocador, dándose cuenta que todavía tenía que cepillarse el cabello.

"Nos vamos mañana", dijo con aspereza.

"Sé eso," dijo ella, un poco irritada. "Traté de recordártelo antes, ¿recuerdas? ¿En el pasillo, cuando fuiste tan arrogante conmigo?"

"Nunca volveremos," continuó.

Ella sintió algo agarrar su garganta. "Soy consciente de eso también. Dios, ¿crees que he estado durmiendo los últimos días o algo así?"

"Volvemos a Arlia. Se tarda dos o tres semanas llegar allí," dijo.

"Vegeta, ¿qué tiene esto que ver con algo?" preguntó ella con un suspiro.

Él miró hacia el suelo, aún sin mirarla. "¿Alguna vez piensas ir allí?" preguntó en voz baja.

Ella se volvió para mirarlo, levantando una ceja. "No lo sé," dijo lentamente. "Supongo que sería interesante..."

De repente se apartó de la ventana y estuvo de pie junto a ella. Se puso de rodillas para estar a su nivel con sus ojos. "Ven conmigo," dijo bruscamente, mirando a sus ojos.

"¿Qué?" ella jadeó, poniendo una mano en su pecho.

"Bulma, ven conmigo," dijo de nuevo, sus negros ojos buscando su rostro.

"No entiendo," dijo ella, frunciendo el ceño.

Él tomó un profundo respiro, cerrando sus ojos por un momento antes de continuar. "Bulma, ven al espacio conmigo. Sé la Emperatriz del Nuevo Imperio Saiyajin."

Ella lo miró en silencio, su cerebro negándose a procesar lo que había dicho. "Vegeta, yo... ¿me estás pidiendo que me case contigo?" ella tartamudeó, sorprendida.

, dijo directamente en su mente, haciéndola jadear.

Había rechazado a Yamcha directamente y a Radditz indirectamente. ¿Por qué se juntaría a Vegeta, el menos sociable del grupo? "No lo sé," dijo. "Eso es un larguísimo camino. ¿Cuando vería a mi familia? No tendría amigos."

"Me tendrías a mí," dijo, sus negros ojos todavía atados en su rostro.

Ella se sentó por un tiempo en silencio, considerando. "No lo sé..." dijo en voz baja.


La piel alrededor de sus ojos se apretó, y ella se dio cuenta que era la misma expresión facial que él mostraba cuando recibía una bofetada. "Ya veo," dijo, y se puso de pie de repente. "Por favor, haz caso omiso de esta pequeña conversación, entonces. Evidentemente me equivoqué," dijo fríamente, y salió de la habitación.