Épico

(Epic)

Un fic de The Prime Minister

Traducción por Apolonia


Vegeta observó con satisfacción mientras todas sus pertenencias estaban apiladas en grandes cajas y encapsuladas. "La número 518 es tu cajón del espacio, que es donde vamos a poner todas tus cosas," el Dr. Briefs explicó. "Sus scouters son la 734, creo, con sus naves espaciales en la 1026. Todo lo demás está pendiente. Lo enviaré cuando llegue el momento, sobre todo ahora tendremos la oportunidad de estudiar sus naves de cerca."

"Excelente. Has hecho un trabajo excepcional," Vegeta dijo, y Zarbon sonrió.

"Eso que es diplomacia," le susurró al oído del Príncipe.

La boca de Vegeta se contrajo como si no pudiera hacer el esfuerzo de sonreír pero quería hacerlo, y Zarbon frunció el ceño. "¿Qué pasaba con el pequeño Príncipe?" Caminó para estar de pie delante de su nave y sonrió mientras Yamcha se acercaba para estrecharle la mano.

"Ha sido divertido. Si alguna vez terminas de vuelta en la Tierra búscame. Gracias por no dejar que Vegeta me mate," dijo el terrícola dijo.

Zarbon volvió a sonreír. "Ah, de verdad, el placer es mío. Envidio tu estilo de vida," contestó.

Yamcha echó una ojeada a la casa detrás de ellos. "Bueno, no es tan bonito como parece," murmuró. "En cualquier caso, cuídate."

"Tú, también," Zarbon dijo, y estrechó la mano de Yamcha de nuevo. El terrícola sonrió y retrocedió, dando una pequeña reverencia antes de trotar de nuevo al resto del grupo reunido frente al edificio. Todos con los que habían tenido contacto estaban allí, incluso el alto Namekiano. "Hey, me acabo de dar cuenta, hay un Namekiano aquí y hay esferas del dragón. ¿Así que las orbes mágicas legendarias de Namek son reales?" le preguntó a Vegeta.

"Probablemente," respondió secamente Vegeta, cruzando sus brazos sobre su pecho y frunciendo el ceño.

Zarbon suspiró. Algo definitivamente estaba mal con Vegeta. Echó un vistazo a la multitud y pensó. ¿Es que sólo que los viejos Briefs y Goku le habían dicho adiós? No, eso ciertamente no le molestaría a Vegeta. Echó otra mirada en dirección de Vegeta. El joven estaba de pie, con los pies plantados, delante de la nave, enojado. Bueno, eso era bastante normal. Bulma no estaba en la multitud- ¿era eso? Sus ojos parpadearon a donde Radditz estaba abrazando a su hermano, viéndose muy torpe mientras Goku y Gohan le daban un abrazo de oso. Pronto Radditz estaba de pie delante de su nave también, saludando a su hermano y sobrino, ambos de los cuales comenzaron a tener lágrimas rodando por sus mejillas. "¿Eso es todo? Entonces vamos," Zarbon dijo triunfante, y todos se subieron a las puertas de sus naves. Dieron algunos comandos de voz y las naves se levantaron lentamente en el aire, Zarbon y Radditz saludando mientras se subían. Zarbon suspiró y sonrió. Su partida fue tan decepcionante después de su estadía agitada en la Tierra, y así era justo como la quería. Sonrió a la multitud debajo y siguió saludando, realmente agradecido por su hospitalidad. Luego la puerta del edificio se abrió violentamente y sus ojos se ampliaron. Había hablado demasiado sobre su partida sin incidentes.


Bulma no había podido dormir bien, de hecho cayó finalmente en un sueño reparador hasta altas horas de la mañana. Ella había dando vueltas y girado, golpeado y aplastado, y todo debido al hecho de que no podía sacar a Vegeta de su mente. Cada momento que había pasado con él cruzó su cerebro, y se dio cuenta de que incluso cuando peleaban seguía siendo una especie de diversión. La desafiaba- no tomaba lo que ella repartía y le exigía lo mejor de ella. Nadie había hecho eso antes. Luego estaba la manera en que era- orgulloso, frío, fuerte- y eso le gustaba también. Él era su definición de duro y viril, un buen complemento, sintió, para su dura feminidad. Ella era fuerte y él realmente entendía eso, al parecerle gustaba eso, y en realidad la aguijoneaba en lugar de cuidar en exceso de ella. Nunca había sido tratado así antes. Es cierto, era un idiota, pero cuando había llegado esa noche y se arrodilló ante ella supo que él era un idiota apasionado. Era demasiado multifacético para que ella fuera capaz de hacer algún tipo de declaración sobre él. No sabía si lo amaba, porque en realidad él la había tratado mal, pero sabía que estaba más físicamente atraída por él que a cualquier otra persona en toda su vida y sintió un dolor increíble cuando pensó en él yéndose sin ella. Además, el espacio podría ser divertido, y siempre había querido ser una princesa. Se rió para sus adentros- si salía muy mal siempre podía volver a casa. Estaba segura que él la ayudaría, porque si la situación se deterioraba probablemente él estaría tan harto de ella como ella de él. Ella seguía pensando en eso cuando se fue a dormir.

Bulma se despertó con el sonido de mucha gente afuera. Gruñendo, se volvió hacia el lado y sujetó la almohada sobre su cabeza para ahogar el ruido. Estaba cansada, maldita sea, ¿por qué estarían haciendo tal alboroto? ¿Qué estaba pasando ahí de todos modos? Se revolcó en su cama, tratando de hacer caso omiso, por varios minutos antes de levantarse y arrastrar los pies hacia la ventana, pasando una mano por su cabello enredado. Angostando los ojos contra la luz de la aurora se asomó por la ventana, viendo a casi todos los que conocía reunidos alrededor de tres naves espaciales, en frente de las cuales estaban Zarbon, Vegeta, y Radditz. Observó mientras Yamcha se acercaba y estrechaba la mano a Zarbon, y se intercambiaron varias palabras. Gohan estaba empezando a llorar y buscar a su tío Radditz, pero Goku lo detuvo. Vegeta se quedó mirando al frente, su rostro como de mármol tallado y no tan cálido. Entonces supo lo que quería; supo con la claridad de la salida del sol que lo quería a él. Miró por la ventana para llamarlo, pero, para su horror, las naves empezaron a elevarse. Él nunca la oiría sobre ese ruido. Insultando, se volvió y tomó una bata y salió volando de la habitación.


Ni siquiera había aparecido. Ella nunca lo había querido realmente en primer lugar. Había cometido un grave error, y se alegró de que nunca hubiera revelado su plan o sus acciones a Zarbon. El frío dolor sordo en el pecho estaba allí, sin embargo, y supo que era mejor darse prisa y matar a Freezer antes de morir por la separación. Había oído decir que sucede, a veces, cuando uno no está de acuerdo... Las cabezas de los terrícolas estaban por debajo de ellos ahora, y estaba agradecido de que estarían lejos de él pronto y no tenían que ver su humillación por más tiempo. No, él sería libre entre las estrellas hasta su muerte. Míralos, los tontos, agitando sus manos y gritando adiós, como si alguno de ellos hubiera sido alguna vez realmente cercano. Estuvo a punto de girarse e instalarse en su nave cuando la puerta del edificio se abrió y la mujer, Bulma, irrumpió a través de ella como una bala. Corrió hacia él, mostrando sus dientes y una mirada de intensa concentración en su rostro. Acercándose a la nave, separó a la multitud de espectadores sin aliento y se abalanzó hacia el aire, sus ojos fijos en el borde de su nave. "Tonta," susurró para sí mismo. "Nunca lo lograrás."

Allí estaban sus dedos, tenuemente agarrando el borde de la puerta de la nave, sus pies colgando en el aire mientras las naves seguían elevándose lentamente. Sus dedos comenzaron a volverse blancos, y él miró por encima del borde, curioso. "¡Ayúdame a subir, maldita sea!" gritó, y sin vacilar él se agachó y tiró de ella para ponerla de pie delante de él, el viento agitando alrededor de su bata de seda y pequeño camisón.

"¿Qué quieres?" gruñó, su dura mirada angostándose.

"A ti," susurró, poniendo sus brazos alrededor de su cuello lentamente. "Me casaré contigo, pero tenemos que hacerlo aquí."

Su mirada se suavizó pero no sonrió, la forma en que bajó sus párpados y miró hacia abajo un signo elocuente suficiente. Alzó sus negros ojos hacia ella y la tomó con una respiración profunda. "¿Estás segura de que esto es lo que quieres?"

"No," ella admitió. "Eres un estúpido, arrogante, malhumorado bastardo. No estoy segura de si quiero tener algo que ver contigo ahora mismo, mucho menos para siempre, pero no podría soportar la idea de no verte nunca más, por lo que mi corazón debe saber algo que el resto de mí no sabe."

"Es difícil escuchar a tu corazón," murmuró él, lentamente envolviendo su cola alrededor de su cintura. "¡Zarbon!" gritó de repente. Detén el ascenso. Volvemos al planeta. ordenó a sus dos compañeros mentalmente.

"¿Qué?" Zarbon gesticuló, sus dorados ojos redondos con shock.

Volvemos hacia abajo. Ahora. Vegeta respondió.

¿Por qué, mi señor? Radditz preguntó.

Ya lo verás cuando lleguemos allí. La boca de Vegeta se curvó un poco en la más mínima sonrisa, su estómago comenzando a sentirse normal cuando ella arrojó su cabeza hacia atrás y rió. La nave comenzó a viajar hacia abajo y ella lo miró, su mirada azul de repente muy intensa, y se inclinó para besarlo. "No frente a todos," siseó él, y ella rápidamente lo empujó de nuevo dentro de la nave. Él suspiró y envolvió sus brazos a su alrededor, aplastándola contra él mientras buscaba en sus labios y, por primera vez en su vida, besaba a alguien. La besó profunda y urgentemente, haciéndola suspirar y cerrar sus ojos. Sus manos enguantadas se deslizaron sobre la tela de seda de sus ropas mientras pasaba sus dedos por arriba y abajo de su espalda, y ella seguía dejándolo besarla. Era maravilloso, se dio cuenta, casi tan bueno como luchar. Ella se apartó de él y se puso de pie, su mirada todavía ardiendo mientras se limpiaba la boca.

"Eres bueno," murmuró.

"Mejoraré aún más," dijo tranquilamente, luego se puso de pie. Habían aterrizado de nuevo y todos los estaban mirando fijamente, los ojos de cada miembro del grupo tan grandes como platos. Él sonrió y se quedó junto a Bulma, su cola todavía envuelta alrededor de su cintura aunque ninguna otra parte de él la tocaba. "Tenemos un anuncio qué hacer," dijo en voz alta.

"¡Nos vamos a casar!" Bulma chilló, saltando en el aire y aplaudiendo con sus manos.

Zarbon los miró en shock. Goku saltó en el aire y gritó, alzando un puño hacia el cielo, luego rápidamente corrió hacia el lado de Radditz, donde el Saiyajin más alto se veía como si alguien lo hubiera hecho tragar una piedra, golpeado en el estómago, inyectado con veneno, y ahora estaba apunto de vomitar todo. Un golpe se escuchó desde la multitud y Zarbon se dio cuenta que Yamcha se acababa de desmayar.

Bulma se giró hacia Vegeta y puso sus manos en sus hombros, inclinándose contra él. "Sabes," susurró. "No vas a amarme como quisiera."

"No," él estuvo de acuerdo. "Pero voy a darte todo lo que sabes que necesitas."

Ella sonrió y presionó su mejilla contra la suya brevemente. "No puedo esperar para nuestra luna de miel," le dijo al oído.

"¿Luna de miel?"

"Un viaje que la gente casada hace después de su boca. Para pasar algo de tiempo a solas. Desnudos."

Él sintió su pecho apretarse y sus mejillas comenzar a arder. "Oh," dijo aturdido. "¿Es muy lejos?"

"Sucede donde desees," dijo socarronamente.

"Bueno, necesitamos hacer esto rápido. ¿Cuán pronto podemos estar casados?" preguntó, suavemente saliendo de su agarre.

"Mamá y yo necesitaremos unos tres días para el vestido, algo para el catering... cuatro días, creo. La gente nos debe algunos favores," contestó.

"Y una semana para el viaje de la luna de miel", murmuró él.

"¿Quieres tomar toda una semana?" ella dijo, sonrojándose.

Él se encogió de hombros, consciente de que la gente había empezado a murmurar entre sí y que tenían que atender a la multitud. "Sí. Una vez que volvamos como las cabezas del Imperio no tendremos mucho tiempo para... las cosas..." dijo torpemente.

"Está bien, tengo que hablar con mamá," dijo, rápidamente dándole un beso en la mejilla y pavoneando hacia sus padres. Vegeta puso su mano en su rostro donde ella lo había besado, sobresaltado. ¿El cariño en público era gran cosa en la Tierra? Si era así... daj. Él no tenía afecto por nadie, mucho menos en público. Limpió su mejilla y se volteó para encontrar a Zarbon marchando hacia él, mirándolo con fríos ojos dorados.

"¿Qué diablos crees que estás haciendo?" siseó.

"Me caso con la mujer terrícola," Vegeta respondió casualmente.

"¿Por qué?" Zarbon gritó. "¿Lo dices en serio?"

"Sí. Esto quiere decir que ella es mía para el resto de su vida," Vegeta dijo con firmeza.

"Tú también de ella de por vida. ¿No te molesta? ¿Ser poseído de esa manera?" Zarbon dijo entre dientes.

Vegeta se encogió de hombros, bajando sus párpados a medio camino en una expresión de indiferencia. "Yo era suyo de todos modos, Zarbon. Tú no entiendes cómo los Saiyajin hacen las cosas, eso es todo. Ella nunca hará bien en su posesión en ninguna manera que me retenga, y Freezer era un dueño mucho peor que nadie en este planeta pudiera ser."

"Bien, puede ser, pero no estás teniendo en cuenta el Imperio," Zarbon soltó.

Vegeta miró a su alrededor con aire de aburrimiento. "Hmph. ¿Qué iba a hacer, en tu opinión deformada?"

"Eres el Emperador. Podrías haber usado tu soltero estado civil a tu ventaja con mundos difíciles," Zarbon dijo bruscamente.

"Nunca haría algo así", Vegeta dijo indignado.

"Sólo haces lo que quieres de todos modos y nunca consideras las consecuencias," Zarbon gruñó. "Estúpido hombre egoísta."

Vegeta fijó sus ojos en Zarbon con una mirada nivelada. "Si no hubiera hecho esto hubiera desarmado y muerto, Zarbon. ¿Sabías eso? ¿Es eso lo que querías?" dijo con frialdad.

Zarbon parpadeó y entornó sus ojos. "Por supuesto que no. Tú lo sabes. ¿Pero casarte con ella? ¡Ahora estaremos aquí por varios días más por lo menos!"

"Una semana y cuatro días, tal vez cinco, para ser exactos," Vegeta dijo con calma.

"¡Oh mi dios!" Zarbon jadeó en alarma. "¿Nos comprometiste a tanto tiempo aquí? ¿Estás loco?"

"Eso es el tiempo que tomará para preparar la ceremonia y para que nos vayamos a nuestra luna de miel", respondió Vegeta.

"¿Tú, de todas las personas, te vas de luna de miel?" Zarbon preguntó con una ceja levantada.

"¿Tu pasaste los últimos meses durmiendo con cada mujer en la que pudiste poner tus azules manos y quieres privarme de una semana con una mujer?" Vegeta dijo.

Zarbon se quedó en silencio durante unos minutos. "Bien. Haz lo que quieras. Lo harás de todos modos. Sólo no sé por qué sólo no puedes dormir con ella y acabar de una vez. Estás obsesionado con esto del matrimonio."

"Es lo que ella quiere," Vegeta respondió. "Y les hará saber a los terrícolas que la he clamado. Cualquier cosa que haga con ella después de eso será protegido por la ceremonia a venir."

"¿Cómo arrastrarla a planetas alienígenas?" Zarbon dijo con sarcasmo.

Vegeta asintió. "Precisamente."

"Oh, por el amor de... bien. Me doy por vencido. ¿Necesitas mi ayuda?" Zarbon dijo con un suspiro.

Vegeta ladeó su cabeza. "Sí. Me imagino que tendremos que hacer los preparativos adecuados también. Averigua qué estoy obligado a usar e infórmame en una hora. Empezaremos desde allí."

"Como desees, mi Príncipe," Zarbon dijo con un suspiro, y se alejó para hablar con los padres de Bulma.


Zarbon se detuvo ante la puerta, presionándose contra la pared y casi dejando de respirar para escuchar lo que estaba pasando dentro de la habitación. Había quedado perplejo cuando Vegeta no se encontró en su habitación, pero cuando Zarbon había extendido su nueva habilidad para sentir ki se sorprendió completamente al encontrar que el Príncipe Saiyajin se había ido a la habitación de Bulma. Los dos estaban adentro ahora, y su frente se arrugó mientras se concentraba en lo que estaba ocurriendo en el interior.

"Entonces mamá ya arregló la iglesia..." Bulma dijo, algo acelerada.

"¿Tengo que usar otra de esas cosas de esmoquin?" Vegeta dijo con disgusto, al parecer sentándose mientras el crujido del colchón llegaba a los oídos de Zarbon.

"Sí. Tienes que verte bien," Bulma dijo, todavía agitada.

"No voy a usarlo," Vegeta se quejó.

"¡Vegeta! ¡Tienes que hacerlo!" Bulma gritó, golpeando algo.

"No, no tengo. Me pondré lo que me dé la gana. Esta es mi boda también," contestó bruscamente.

"¿Entonces qué vas a llevar?" Bulma gritó, y Zarbon pudo escuchar papeles hacerse bollo con violencia.

"Voy a encontrar algo. Armadura ceremonial o lo que sea. Soy un emperador, mujer, en caso de que te olvidaras, y tengo ropa formal a mi disposición. No puedo creer que eres lo estúpida suficiente como para dejar que eso se te escape de tu débil mente una vez más," se burló.

"¡Cállate!" Bulma gritó. "Oooh, eres imposible. Bueno, tal vez sólo usaré una armadura ceremonial también, ¿eh? ¿Te gustaría eso? ¿Que tu esposa aparezca en una armadura Saiyajin en tu boda?"

Zarbon oyó resoplar a Vegeta. "Eso sería lo ideal. Así hubiera sido, si..." dijo, su voz apagándose y dejando a la habitación en un gélido silencio. Zarbon estiró más sus oídos. "Bueno, ¿qué ibas a llevar?"

"Todavía voy a usarlo. No podrías pagarme para aparecer en una armadura en mi propia boca," Bulma se quejó, y Zarbon oyó pasar las páginas. "Ves, algo como esto, pero con un corsé ajustado y sin tirantes."

Hubo un breve silencio. "Oh. Bueno, eso está bien, entonces," Vegeta murmuró. "Pero yo no voy a usar un esmoquin."

Bulma gruñó. "Hablaremos de eso de nuevo más tarde," ella gruñó. "Ahora, como decía antes, mamá arregló la iglesia..."

"No me voy a casar dentro de uno de tus templos religiosos asnales," Vegeta declaró fríamente.

"¿Qué? ¿Por qué no?" Bulma protestó airadamente. Zarbon suspiró y sacudió su cabeza.

"Los Saiyajin no se casan dentro. De hecho, rara vez se casan en absoluto. No, nos casaremos bajo las estrellas."

"¿No sólo no quieres casarte en una iglesia sino que quieres hacerlo de noche? ¿Estás loco? ¿Cuándo va a ser la recepción?"

"Supongo que tu recepción de la Tierra y la fiesta Saiyajin no serían demasiado terriblemente diferentes," Vegeta se quejó. "Sólo tendremos un pequeño evento después."

"¡Pero hará frío afuera en la noche! ¡No es más mitad del verano!" Bulma se opuso.

"¿Eso es todo lo que te preocupa?" Vegeta gruñó, su tono de voz elevándose ligeramente. "¿Tener frío? Demonios, mujer, ¡yo podría encargarme de eso desde quince metros de distancia!"

"Pero quiero que esto sea perfecto, Vegeta, ¡y tú lo estás arruinando!" Bulma dijo, la voz al margen de gritar.

"¿YO estoy arruinando esto? ¡Tú eres la maldita difícil! Estoy usando la armadura porque YO SOY un dignatario de visita en este planeta, y quiero que tus débiles amigos recuerden eso. ¡Tú eres la que está pendiente de alguna clase de boda en producción en masa! Mi maldito planeta fue destruido cuando yo era un niño y estoy haciendo lo mejor que puedo para recrear algo de mi herencia. Los Saiyajin siempre se casaban bajo la luz de la luna, pero ya que tu planeta perdió su satélite las estrellas servirán. ¡Sin embargo me quieres negar incluso esto! No sólo me condenaste a una noche en vela después de que implicaste una negación sino que estás tratando de separarme de la única historia que me queda, ¿y ahora me estás diciendo que soy el que está arruinando todo?" Vegeta gritó.

Hubo un silencio sepulcral por un largo rato. "¿Cómo sé que puedo confiar en ti?" Bulma respondió en voz baja a lo último. "Antes dijiste que me odiabas. Querías verme muerto. ¿Cómo puedo estar segura que esto no es sólo algún honor extraño Saiyajin cuando realmente no puedes simplemente matar mujeres desamparadas con las que estás lidiando, por lo que tienes que casarte para tener el derecho a matarlas?" ella respondió.

Zarbon casi pudo sentir los dientes de Vegeta apretarse. "¿Dudas de mis motivos?" Vegeta dijo en voz baja, su voz atada con puñales.

"Sí," Bulma dijo con confianza. "Sin duda lo hago."

"Quieres saber por qué te pedí que te casaras conmigo," Vegeta repitió.

"Por supuesto. ¿Me amas?" le preguntó.

"No," Vegeta respondió sin dudar. "Si no me caso contigo moriría."

Zarbon no pudo evitar sino jadear, frunciendo el ceño. ¿De qué estaba hablando Vegeta? Por desgracia para Zarbon, el sonido de su inhalación fue sólo suficiente para alertar a Vegeta de su presencia. Vegeta asomó su cabeza afuera de la puerta, haciendo sólo ruido suficiente como para saber su posición de Zarbon, quien de inmediato huyó de la puerta. Vegeta frunció el ceño mientras veía la punta de la trenza de Zarbon azotarse en la esquina. Gruñó y volvió a entrar en la habitación para hacer frente a la forma con el ceño fruncido de Bulma, que tenía sus brazos envueltos alrededor de su cintura y lo miraba con todas sus fuerzas.

"Oh, eso es una gran excusa," dijo ella, su voz goteando sarcasmo. "¿Cómo demonios se supone que voy a creer eso?"

"Porque es la verdad," Vegeta dijo, su voz dura.

"Entonces ni siquiera te estás casando conmigo porque quieres, sino porque tienes que hacerlo," dijo ella, la voz quebrada.

"Sí," respondió Vegeta.

Los ojos de Bulma se llenaron de lágrimas. "¿Cómo pudiste hacerme esto?" ella gritó, lanzando toda clase de cosas a su cabeza, incluyendo una de las lámparas que sucedía estar cerca. La habitación se puso más oscura cuando ella tomó la lámpara de su mesa de luz y la arrojó a su rostro. Él se hizo a un lado con indiferencia y alzó una ceja mientras el vidrio se rompía en la pared detrás de él. "Oh mi dios, tú horrible, horrible hombre," sollozó. "¿No te preocupas por mí en lo más mínimo?"

"No entiendes. No me sorprende, realmente, considerando lo testaruda que has sido con todo lo demás," dijo con frialdad.

"¡Y luego me insultas!" lloró. "Bien, Vegeta, ¡si así va a ser entonces no habrá boda! ¡Mueve tu trasero de nuevo a tu pequeña nave y vete al diablo de mi planeta! ¡No quiero volver a verte de nuevo!"

Vegeta se mantuvo firme, mirándola con conmocionados ojos negros. "¿Es eso lo que realmente quieres?" dijo con voz tranquila.

"Sí. Vete de aquí," dijo, su cuerpo sacudido por por los sollozos de estremecimiento. "Es mi turno odiarte por siempre. Tal vez tengo el derecho a querer verte muerto ahora."

"No ejercité mi poder para matarte", dijo a la defensiva.

"No tenías que hacerlo. Me mataste hace un momento," se atragantó, apartándose de él y poniendo sus manos sobre su rostro.

"Una separación ahora me matará," dijo él casualmente. "Sufriré una lenta y persistente muerte."

"Por eso me querías junto a ti, ¿para poder salvar tu pellejo?" ella replicó, secándose las lágrimas con el dorso de sus manos.

"Yo nunca he tenido miedo de la muerte. Tú lo sabes," respondió con calma.

Se quedó a espaldas de él, sin responder.

Él suspiró. "¿Me amas, Bulma?" él preguntó de pronto, su voz suave.

Sus ojos se abrieron de golpe ampliamente por el uso de su nombre. "¿Qué?" murmuró ella, girándose para mostrarle su rostro enrojecido de lágrimas.

Él se acercó a ella, descruzando sus brazos de su pecho. "Te pregunté si me amabas," repitió, su expresión quedando impasible.

"Di mi nombre de nuevo," dijo suavemente, alzando la vista inquisitivamente a sus ojos.

"Bulma, respóndeme," dijo, el volumen de su voz bajando más.

"No sé si te amo, Vegeta," dijo ella, levantando sus brazos alrededor de su cuello y tirándolo hacia ella. Él la dejó hacerlo, incluso mientras seguía siendo torpe y rígido en su abrazo. "Todo lo que sé es que te quiero siempre cerca de mí. Prométeme que no morirás."

"No puedo prometer eso," dijo con brusquedad, tratando de zafarse de su agarre.

"Prométeme," insistió. "Prométeme o no iré contigo."

"Eso me matará por seguro."

"Entonces dime por qué."

"No puedo. Todavía no."

"Prométeme, Vegeta."

"Bien. Te prometo que no moriré de inmediato."

"¡No!" protestó ella. "¡Eso no es lo que pedí! Prométeme que no morirás hasta que yo lo haga."

"Pero tú probablemente morirás de vejez como todos ustedes los suaves humanos parecen morir, viviendo y pasando su utilidad", respondió.

"No me importa. Prométeme."

"No puedo, Bulma. Todavía no. Ven conmigo y veremos qué puedo hacer. Tienes que entender," dijo, su voz ronca. Era lo más cercano que había llegado a rogar en toda su vida, y se sentía amargo en su estómago. ¿Por qué estaba haciendo esto por ella? De verdad se consumiría, eso estaba más allá de su control, pero eso no era excusa para su comportamiento. Maldijo su suerte una vez más por haber venido alguna vez a la Tierra.

Sus ojos azules permanecieron fijos en los suyos unos momentos más. "Bueno, Vegeta, supongo que servirá. Tengo el resto de mi vida para conocerte, ¿no?" murmuró, quitando sus brazos de su cuello y en cambio agarrándolo por la cintura.

"Nunca me conocerás," gruñó. "Ustedes los humanos no tienen la capacidad mental para ello."

"Entonces es algo bueno que te estés casando con un genio," se burló juguetonamente, pasando sus manos por la base de su cola y negándose a ser aguijoneada.

Él se estremeció mientras ella tocaba su cola, cerrando sus ojos e inclinándose en su tacto. "Ah," dijo, el sonido de un incumplimiento de su autocontrol.

Una malvada chispa cobró vida en sus ojos. "Oh, te gusta eso, ¿verdad?" dijo suavemente, presionándose contra él. Él mantuvo sus ojos cerrados e inclinó su cabeza hacia atrás, respirando profundamente.

"No," se quejó, su cabeza bajando y sus ojos abriéndose para verla con una una mirada ardiente.

"Aw, ¿estás seguro de que no te gusta?" susurró, tocando su nariz con la de él y frotándolas juntas, casi dejando sus labios hacer contacto.

"No," jadeó. "Quiero decir que este no es el momento."

Ella se apartó, mirándolo sorprendida. "No tenemos que esperar hasta después de la boda," ella dijo suavemente.

La piel debajo de sus ojos se apretaron en alarma. "Lo haremos," dijo él con severidad, y la sacó de encima de él. Sostuvo sus brazos contra sus costados y tan lejos de él como el largo de sus brazos le permitían, sus negros ojos escudriñando. Luego, sin advertencia, rápidamente se inclinó y rozó sus labios contra los de ella brevemente, la simple acción dejándola aturdida y sin aliento. "Buenas noches," susurró, y desapareció de su habitación.