Épico
(Epic)
Un fic de The Prime Minister
Traducción por Apolonia
Zarbon miró a la pantalla del comunicador en blanco, justo deteniendo a las naves y diciéndoles que esperaran por un tiempo, y ahora pensaba en llamar a Arlia. Lo que le molestaba no era la necesidad de llamar a Arlia, sino la necesidad de llamar a Nappa. Descubrió que tenía que hablar con el hombre calvo tan pronto como era posible. Si Nappa siquiera conocía la respuesta, pero como el Saiyajin mayor estaba seguro de que estaba más versado en la tradición y las debilidades Saiyajin que los otros dos. Zarbon entrecerró sus ojos, presionando su dedo índice contra su labio superior mientras pensaba. La boda era mañana, los preparativos comenzaban al amanecer. ¿Habría alguna diferencia si lo hubiera sabido ahora o dentro de unas semanas? Ese maldito Vegeta iba a hacer lo que quisiera, así Zarbon lo aprobara o no. Gruñó para sí mismo-esa mujer no había sido nada más que problemas desde el primer día. Estúpida Bulma. Estúpido Vegeta. Ceder a algún tipo de impulso base extraño. ¿Vegeta estaba respondiendo a algún tipo de hormona que ella estaba desprendiendo que provocaba una respuesta de celo? ¿Qué podría estar sucediendo?
Había tratado de hablar con Radditz, incluso yendo tan lejos como para hacer una aparición en la casa de Goku. El Saiyajin más alto lo había mirado con escepticismo, pero cuando Zarbon había elaborado sobre las vagas pistas y referencias, una luz se encendió en los ojos de Radditz y había palidecido, casi todo el color dejando a su tez morena. Rápidamente cerró su boca y se negó rotundamente a discutir el asunto por completo, sólo murmurando su incredulidad evidente para sí mismo. Zarbon se había ido en confusión, al final sin estar realmente sorprendido por su comportamiento. Incluso si Radditz no se hubiera visto tan sorprendido o el tema obviamente hubiera sido tan extraño hubiera dudado que el Saiyajin hubiese revelado mucho; odiaba a Vegeta por quitarle a Bulma. Sí, Zarbon estaba bastante seguro de que en el fondo Radditz odiaba a Vegeta por eso, y lo haría para siempre, tan tercamente como Radditz amaba a Vegeta en virtud de que era el Vegeta era el Príncipe Saiyajin. Ninguna información saldría de Radditz pronto, ni muy probablemente nunca.
Lo que dejaba a Nappa. Zarbon siguió frunciendo el ceño a la pantalla en blanco, dando golpecitos con el dedo ahora contra su labio superior. Ahora que lo pensaba, Nappa realmente había sido el que crió a Vegeta, por lo que muy probablemente tendría una mejor perspectiva que cualquier persona. Suponiendo, por supuesto, que Nappa en realidad fuera lo suficientemente inteligente como para tener puntos de vista. Nappa era la cosa más cercana que Vegeta hubiera tenido a un padre mientras crecía, y Zarbon dudaba seriamente de que Vegeta supiera cuántas veces Nappa había sido golpeado casi hasta la muerte porque se había cargo de los errores que eran en realidad de Vegeta. De repente no tuvo duda de que en realidad Nappa amaba a Vegeta como a un hijo, si los lazos familiares significaban algo en absoluto para los Saiyajin. Incluso si la familia no significaba mucho, el deber ciertamente sí, y era el deber de Nappa cuidar al príncipe. Sí, sin duda Nappa sabría lo que estaba pasando.
Así que la pregunta era: ¿revelar a Nappa sus sospechas? ¿Dejarlo como está hasta que llegaran a Arlia? Era una situación delicada. Temía que si le contaba a Nappa que Vegeta se casaba, y quién, y por qué, la noticia estaría por toda la galaxia en cuestión de días, y eso sería todo. Lo último que necesitaba era que Vegeta regresara a su base y se encontrara en medio de un escándalo. Zarbon gruñó y apoyó su cabeza en su mano. ¿Había alguna vez un día en que fuera fácil lidiar con Vegeta? Se permitió una risa seca y se levantó despacio, cerrando el comunicador. Habría que esperar hasta Arlia. Durante hoy y mañana estaría demasiado ocupado como para preocuparse por ello de todos modos, y la semana después de la boda estaría ocupado embarcando carga en la otra nave y asegurándose de que todo estuviera muy bien en general. Miró rápidamente al reloj de la pared. Hablando de tranquilo, debía irse a la cocina ahora mismo y asegurarse de que la Sra. Briefs hubiera llevado a cabo todas las medidas necesarias en la planificación de la boda del líder del Nuevo Imperio Saiyajin.
Yacía boca abajo en su cama, agotado por el frenesí del día de planificación, y simplemente se escuchaba a sí mismo respirar. No se había molestado en cambiarse de ropa o dormir, en cambio dejando que sus ojos se cerraran mientras el sueño comenzaba a extenderse sobre él. Estaba dormitando cuando oyó un simple golpe en su puerta, el toque firme y exigente. Poniéndose de pie, suspiró y se dirigió hacia la puerta, entornando sus ojos a la luz del pasillo mientras veía a Vegeta en la entrada de su habitación.
"Tenemos que hablar," Vegeta gruñó, abriéndose paso por Zarbon y a la habitación.
"¿Para qué?" Zarbon protestó, volviendo a su cama y dejándose caer sobre ella. "Estoy agotado y ambos dos tenemos grandes días por delante de nosotros mañana."
"De eso es porque estoy aquí para hablar," Vegeta dijo, molesto.
Zarbon se sentó derecho, sus ojos amplios. "¿Por qué? ¿Has decidido cancelar?" preguntó brillante, la esperanza destellando brevemente en su pecho.
"No," dijo Vegeta, sus mejillas inexplicablemente teñidas de rosa.
"¿Entonces de qué se trata?" Zarbon preguntó molesto, la necesidad de dormir volviéndose más urgente.
"Mañana por la noche. Y las próximas varias noches después," Vegeta respondió, su voz baja y su mirada fija en el suelo. "Vamos a nuestra luna de miel. ¿Sabes lo que eso significa?"
Zarbon frunció el ceño e inclinó su cabeza a un lado. "Bueno, si la pareja de casados se va, y dura lo suficiente, tendría que decir que significa que vas a fornicar hasta que se te explote el cerebro o hasta que alguien venga a buscarte."
"Ese es el punto de esta conversación," Vegeta dijo aspereza.
Zarbon le parpadeó, confundido. "Bueno, entonces, ¿qué necesitas saber de mí?" preguntó, curioso.
Vegeta miró furiosamente al suelo, el color en sus mejillas oscureciéndose. "Has estado con mujeres humanas..." murmuró.
Una risa escapó de la garganta de Zarbon. "Oh, ya entiendo. Quieres saber qué hacer. Qué le gustará, ese tipo de cosas."
Vegeta frunció el ceño con mayor intensidad. "Finalmente se metió en tu cabeza dura, ¿eh?" espetó Vegeta. "¿Entonces vas a decirme o no?"
Zarbon dejó una sonrisa dibujarse en su cara de manera torcida. "Bueno, cada mujer es diferente, pero con tus pequeños trucos telepáticos deberías ser capaz de obtener una idea bastante buena de lo que ella quiere justo desde su mente. Luego sólo entíbiala y parte de allí," dijo despreocupadamente.
Vegeta murmuró algo entre dientes y se rascó su bíceps.
Zarbon se echó a reír otra vez. "Está bien, está bien. Te enseñaré todo lo que sé. Eso sí, no serás un maestro como yo las primeras veces, pero recuerda que realmente no se espera que nada salga bien la primera vez, y el los príncipes Saiyajin no son una excepción. Pero, como todas las cosas, mejorarás con la práctica."
"Esto no es el tipo de cosas que quiero escuchar," Vegeta gruñó.
Zarbon se permitió otra sonrisa irónica. "¿De verdad quieres escuchar algo de esto de otro ser vivo?" preguntó con una risita.
Vegeta frunció más el ceño y miró al suelo. "Absolutamente no, y espero tu total y absoluto silencio sobre el tema hasta después de que estés muerto."
Zarbon se encogió de hombros, reclinándose. "Bueno, entonces, aquí viene..."
Había dormido mal. Su cuello había desarrollado varias torceduras durante la noche y estaba seguro de que alguien más debió haber entrado en su habitación y manipulado su cabello, porque algunos de los nudos simplemente no salían. Finas cejas verdes se juntaron en un ceño fruncido mientras se tropezaba a través del pasillo hacia el baño, haciendo una mueca mientras se miraba en el espejo. Sí, era un desastre absoluto. Tomó un cepillo del cajón y comenzó a trabajar a través de los enredos en su brillante melena verde, silbando suavemente para sí mismo. Tomó un poco de cabello y cuidadosamente movió el cepillo a través de él cuando se dio cuenta que alguien lo estaba observando- podía ver el reflejo en es espejo delante de él. "¿Qué?" preguntó bruscamente, cubriendo su sorpresa.
"Esa melodía es hermosa," Bulma murmuró. "¿De dónde es?"
Zarbon resopló con amargura. "Mi planeta de origen," dijo secamente.
El rostro de Bulma brilló con curiosidad. "Oh, ¿y dónde está eso?"
"Oye, no estoy realmente de humor. No soy una persona que madruga," respondió Zarbon, sin dejar de cepillar su cabello.
"¿Por qué? ¿Qué le pasó?" ella preguntó.
"Cataclísmicos cambios climáticos. Mi planeta fue conquistado efectivamente por Freezer. Dejémoslo ahí," Zarbon dijo lacónicamente. "¿Terminaste interrogándome?"
Bulma palideció. "Oh, no, no es eso lo que quería decir," ella dijo con un jadeo. "Lo siento."
"No hay problema. ¿Ahora qué quieres?"
Ella miró al suelo durante un minuto, frunciendo su boca. "Me preguntaba si sabías por qué Vegeta está haciendo esto," dijo lentamente, como si las palabras supieran peligrosas en sus labios.
"Es el día de tu boca. ¿No tienes que arreglarte o algo así?" dijo Zarbon, su temperamento todavía seco.
"Tú también," ella replicó. "Ahora dime: ¿qué sabes?"
Zarbon se volteó del espejo y la miró. "No sé nada, sobre todo porque eso es lo que Vegeta me dijo. ¿Satisfecha? Si fuera por mí..." dijo, poniéndose rígido y callándose de repente.
"¿Si fuera por ti qué?" preguntó Bulma, entrecerrando un ojo.
"No estarías casándote con el Príncipe esta noche. Te quedarías aquí y Vegeta se perdería en las estrellas, donde él pudiera casarse con alguien, o varias personas, si lo considerara conveniente, que lo ayudaran a fortalecer su imperio. Pero no soy un estúpido, y sé mejor que cuando discutir con Vegeta. Él te quiere de alguna manera fundamental que yo no entiendo y haría cualquier cosa por tenerte. Eso es todo lo que puedo decirte, porque eso es todo lo que sé."
Ella lo miró unos instantes desapasionadamente. "Eres importante para él," dijo inesperadamente, su rostro calmado y sereno. Ninguno de los nervios anteriores que había mostrado antes estaban presentes en absoluto. "Podrás estar celoso de mí ahora, pero cuando llegue el momento será a ti a quien él acuda, no a mí," dijo rotundamente, y se alejó tan de repente como había venido.
Zarbon giró su cuerpo de nuevo al espejo, sorprendido por la mirada de cruda ira y dolor en su rostro. Tentativamente, se acercó y puso sus dedos en su reflejo, el vidrio frío y suave bajo su piel. "Va a ser un día muy largo," murmuró para sí mismo, y decidió que era hora de vestirse.
"¿No es esto genial?" Goku cantó desde su asiento en la primera fila, haciendo rebotar a Gohan en su regazo.
"¡Sí!" Gohan estuvo de acuerdo, ganando un chistido de ChiChi.
"Goku, tiene la edad suficiente para sentarse en su propia silla," le dijo bruscamente. "Tiene que aprender algún tipo de costumbres. No quiero que crezca para ser un bárbaro como su padre."
Goku giró sus ojos negros líquidos hacia ella, parpadeando con rapidez. "Aw, ChiChi, ¿no te recuerda esto en nada a cuando nos casamos?" preguntó con dulzura. "Incluso tienen algunas de las mismas flores."
El rostro de ChiChi se suavizó por un instante. "Muy bien, Goku," dijo en voz baja. "Sólo compórtate, ¿está bien, Gohan?"
"Sí, mamá," Gohan dijo, aferrándose a su padre.
Ella gruñó su aprobación y siguió sentada derecha en su silla, sólo mirando por encima unas cuantas veces a la enorme mole de hombre que estaba sentado junto a su marido. La melena de Radditz se derramaba en el respaldo de la silla y rozaba el suelo, su rostro tenso y pálido en la cálida luz de las antorchas y linternas. Había sido una tarea difícil hacerlo estar de acuerdo a venir en lo absoluto, y ella había pensado que perderían la batalla hasta que Goku le había preguntado a dónde se había ido su deber con la raza Saiyajin, que ni siquiera vería la boda de su Príncipe. La frente de ChiChi se frunció. Nada bueno saldría de esta unión, estaba segura de ello. Había sido dolorosamente evidente durante el último tiempo por lo encariñado que Radditz se había vuelto a Bulma, y cuán enamorado de ella, aunque el guerrero nunca salió y lo admitió. Cómo debe picar en sus adentros tener que sentarse y verla casarse con otra persona. "¿Estás cómodo?" le preguntó de repente, inclinándose para poder verlo más allá de Goku.
Él la miró con ojos fríos. "Estoy bien," dijo, encogiéndose de hombros en el traje. La Sra. Briefs lo había enviado el día anterior, y ChiChi pudo ver el parecido entre los hermanos cuando estuvieron vestidos de la misma forma. Los ojos, por supuesto, eran idénticos, angulares como los ojos de todos los Saiyajin parecían ser, pero aparte del cabello sus estructuras óseas faciales eran parecidas, aunque las de Goku eran más redondeadas que las de Radditz. Ambos eran hombres atractivos, se dio cuenta de repente. Una lástima que Radditz estuviera tan atascado con Bulma; estaba segura que él podría encontrar alguien más si se molestaba en buscar. Se sorprendió por sus pensamientos mientras el pequeño grupo quedó en silencio, y sólo tuvo tiempo para un pensamiento más antes que las cosas se pusieran en marcha: "aquí vamos, listos o no."
Él caminó por el pasillo entre las dos partes de las sillas plegables, sin darle una mirada de soslayo a ninguno de los miembros de la pequeña asamblea. Manteniendo su cabeza en alto, marchó hacia el pequeño altar en frente, asegurándose que su pesada capa carmesí no se arrastrara por el suelo. Podía sentir a Zarbon a sólo un latido detrás de él, apenas capaz de escuchar las pisadas del hombre por la forma en que su corazón estaba latiendo en su pecho. Se dio cuenta con sorpresa que las palmas de sus enguantadas manos estaban sudando copiosamente, incluso a pesar de que la noche de verano no tenía calor en lo más mínimo. El pequeño hombre de pie cerca al altar estaba sosteniendo sus manos sobre un libro y presionándolo en su abdomen, mirando a Vegeta con aparente interés desde detrás de sus gafas, pero Vegeta se acercó a él y se volvió hacia un lado, bajando la vista hacia el altar por donde ella estaba entrando, la mirada exhibiendo el nerviosismo que sentía.
La mirada no pasó desapercibida. Zarbon frunció el ceño interiormente mientras ocupaba su lugar junto a Vegeta, de pie al lado y un poco detrás del Príncipe. Vegeta no estaba seguro si ella aparecería, se dio cuenta con repentina claridad. ¿Había alguna posibilidad de que no lo hiciera? Reflexionó sobre ese pensamiento momentáneamente; ella ciertamente había tardado en darle a Vegeta una respuesta a su proposición en primer lugar, o eso había supuesto. Casi había dejado ir a Vegeta al espacio. Reflexionó durante un minuto en cómo le afectaría a Vegeta si ella nunca aparecía. Una sonrisa tocó la esquina de su boca brevemente, porque se dio cuenta que si Bulma no venía a su propia boca, la existencia de la Tierra estaría en peligro. Se preguntó si Vegeta ya sabía qué curso de acción tomaría o si había ignorado completamente la posibilidad. Una arruga apareció entre sus cejas mientras acompañaba a Vegeta, viéndose muy real. Él mismo había dispuesto las ropas de boda del Emperador- era una suerte que Vegeta hubiera traído esa armadura ceremonial después de todo. Simplemente no era la ceremonia que esperaban, eso era todo. Zarbon sintió una especie de orgullo fraternal mientras Vegeta permanecía de pie, la cresta de Vejiitasei brillando de un radiante rojo en el blanco pecho izquierdo de su pectoral, el estómago y charreteras adornadas con dorado. La capa carmesí colgaba en el suelo, y sus dos tirantes dorados en sus hombros brillaban en la suave luz de la linterna. La iluminación también suavizaba los afilados ángulos en el rostro de Vegeta, haciéndolo verse más joven y agradable de lo que realmente era. Zarbon deseó de repente por una pintura en cómo Vegeta se veía en ese momento, de piel regio y pensativo, su mirada dirigida al futuro y la suave luz escondiendo las sombras de muerte que siempre acechaban en los ojos del hombre. Notó como las manos enguantadas de blanco de Vegeta se aflojaban a sus lados, la punta de su cola azotando de un lado a otro debajo de su capa. Dejó su mirada vagar por la multitud, viendo a todos los guerreros de la tierra allí. Incluso el Namekiano estaba allí, sentado en el fondo con su turbante descansando en su regazo, su mentón en su pecho y sus brazos cruzados. Goku, lamentablemente, estaba adelante, arrullando y señalando cosas a Gohan, que estaba sentado en la silla a su lado.
Luego vio el rostro de Radditz. El alto guerrero sentado como si estuviera tallado en piedra, sus oscuros ojos con la mirada perdida en las sombras más allá de los faroles. La expresión del Saiyajin era arrugada y amarga, las finas líneas presentes en la comisura de su boca y entre sus cejas. Zarbon frunció el ceño para sí mismo; tendría que recordar el insulto a Radditz y ver si no había alguna manera de compensarlo. Vegeta no podía permitirse ningún vínculo débil, y si Radditz podía ser persuadido para ser un traidor a su Príncipe por una lesión todo el imperio podría caer en llamas. Escuchó el movimiento en los asientos y volvió a las sombras, alzando sus ojos al final del pasillo justo detrás de la luz. De soslayo notó la postura de Vegeta volverse más rígida de lo que había estado antes y el Saiyajin se congeló, su pecho ni siquiera levantándose con su respiración.
Bulma había pisado el pasillo, moviéndose lentamente entre las sillas, sus ojos fijos en el altar. Todos se pusieron de pie y la única música que la acompañaba era el canto de los grillos en el césped a su alrededor. Toda la falda de su vestido de gasa revoloteaba a su alrededor mientras se deslizaba, el ajustado corsé sin tirantes brillando suavemente en la cálida luz. Se detuvo un momento en la base del altar, sus ojos azules fijos en Vegeta y extendió una mano enguantada de satén. Sus oscuros ojos se quedaron mirándola, las antorchas parpadeando mientras era reflejada en esas profundidades negras como una cosa hundiéndose, y él levantó su mirada hacia su rostro. La expresión de Bulma también era de piedra, y con resignación extendió su brazo hasta arriba de su codo y enganchó un dedo en el guante, quitándoselo en un suave movimiento antes de extender su mano hacia él de nuevo, esta vez descubierta. Él le parpadeó una vez, luego quitó su propio guante blanco, tomando su mano en la de ella mientras ella subía el corto conjunto de escalones. Trató de quitar su mano una vez que ella había subido a la pequeña plataforma a su lado, pero sus dedos se entrelazaron y lo sostuvieron rápidamente. La comisura de su boca se torció casi imperceptiblemente, y luego ambos se giraron para que la ceremonia pudiera comenzar.
Los votos fueron breves y directos, en gran medida una ceremonia tradicional terrícola. Al final Bulma insistió en deslizar un anillo de oro en el dedo de Vegeta, y él devolvió el favor a su petición. Luego el sacerdote declaró que el esposo besara a la novia, pero en cambio Vegeta le dio una mirada y arrojó su cabeza hacia el cielo, su mirada estudiando las estrellas antes de que su garganta se abriera y emitiera un bajo tono de timbre. Zarbon se estremeció ya que la frecuencia parecía resonar dentro de él, el sonido crudo y animal y sin embargo de alguna manera etéreo al mismo tiempo. Luego, para su sorpresa, Radditz arrojó su cabeza hacia atrás y lanzó otro tono, esta nota por encima de la de Vegeta por lo que ambos reverberaban juntos. El sonido se arqueó y se extendió hacia los cielos, y luego de repente se les unió un tercero. Goku, con ojos vidriosos, había alzado su voz también, y el acorde se volvió perfecto, el sonido perforando el alma y enviándose hacia las estrellas. El sonido crecía y llegaba a un punto, luego estalló en el aire con una belleza resplandeciente antes de ser barrido por la brisa de verano. Zarbon sintió un hormigueo correr por su columna vertebral mientras se daba cuenta de que lo que acababa de ocurrir no había sido parte normal de una unión Saiyajin. No había escuchado de los Saiyajin cantando, pero el efecto había sido tan profundo como había sido sorprendente. Mirando hacia Radditz nerviosamente se sorprendió al ver que el rostro del hombre todavía estaba pálido y apagado, pero lleno de un poco de resignación y aceptación. Luego escuchó a la gente vitorear, y su cabeza se giró justo a tiempo para ver a Bulma tomar la cabeza de Vegeta de cada lado y besarlo con ganas. Él se sonrojó y se alejó indignado, pero Zarbon notó que su cola se deslizó alrededor de su cintura de la misma manera.
"¡Eso fue hermoso!" La Sra. Briefs sollozaba, aferrada a un pañuelo mientras se precipitaba hacia los recién casados. "¡Tengo el yerno más atractivo en el universo!"
"Ahora, querida," el Dr. Briefs dijo con una caricia y una sonrisa, sus ojos también húmedos con lágrimas detrás de sus anteojos. "Tenemos que estar felices por nuestra niña."
"¡Estoy demasiado feliz!" La Sra. Briefs lloró, arrojando sus brazos alrededor del sorprendido Vegeta. "Cuida de nuestra princesa, ¿de acuerdo?"
Vegeta le parpadeó en alarma, tratando desesperadamente de salirse de su agarre.
"Lo hará," Bulma dijo con una mirada de costado y amenazadora hacia Vegeta. "Lo hará. Ahora vamos a buscar algo de beber. Otras personas quieren saludar."
La Sra. Briefs asintió, secándose sus ojos mientras su marido la guiaba lentamente. Radditz de repente apareció frente a ellos, sus ojos angostados mientras miraba a Vegeta. "Tendrías que haberme dicho que las cosas eran así con ella," dijo en voz baja.
"No supe que eran así hasta hace poco," Vegeta dijo a la defensiva.
"Eso lo cambia todo. ¿Ella sabe?" Radditz exigió en voz baja.
Vegeta ni siquiera miró a Bulma. "No fue intencional. Si hubiera tenido una elección tú hubieras tenido lo que querías y todos seríamos más felices," contestó con aspereza.
Radditz asintió una vez, la cara todavía impasible. "De hecho. Ahora que has cantado los tonos para ella tendrás que cuidar de ella por su vida o la tuya estará perdida. Podrás ser el Príncipe, Vegeta, pero el código Saiyajin tiene una manera de protegerse a sí mismo sin importar lo fuerte que te puedas volver."
Vegeta resopló con desdén. "Soy consciente de ello."
Radditz se volteó hacia Bulma, sus ojos cálidos y tomó su mano sin guante, de repente arrodillándose y presionándola a sus labios. "Bienvenida, mi Emperatriz," susurró, y alzó su vista a ella por unos momentos de añoranza antes de alejarse una vez más.
Bulma se quedó mirándolo. "¿Qué quiso decir?" susurró.
Vegeta tocó el anillo de oro en su mano. "Este no es el momento. Si no puedes resolverlo entonces no se supone que lo sepas. Sería violar una confianza antigua si fuera a decir más."
"¿Pero es importante?" preguntó.
"Por encima de todo," fue todo lo que dijo, y ella bajó su cabeza, tomando las felicitaciones y agradeciendo a sus invitados una vez más, una fría, dura sensación acomodándose en su estómago durante lo que debió haber sido su hora de alegría.
La bota había empezado tarde en el día y la recepción incluso más tarde. El baile y la comida duraron algún tiempo, con el baile todavía sucediendo en el césped. Bulma se sentó en una silla sosteniendo sus adoloridos pies, frotando sus tobillos mientras miraba a las otras personas moverse con la música. Vegeta sólo había bailado una vez con ella en toda la noche, en su lugar inclinándose contra la mesa con la ponchera en ella, sus brazos cruzados sobre su pecho mientras sus ojos la seguían. Zarbon se había mantenido mayormente en las sombras también, sus dorados ojos fijos sobre el Príncipe todo el tiempo. Radditz se había quedado, hosco, después de los ruegos de su hermano, y ahora estaba sentado en una mesa distante de la de ella con Gohan cabeceando en su regazo. Se preguntó por un breve momento si había cometido un horrible e irreparable error. Ella no amaba a Vegeta. ¿Por qué estaba dejando a todos los demás que conocía y amaba por él? Frunciendo el ceño, le hizo una seña a Vegeta, que la vio de inmediato y luego fingió no haberla visto. Ella intentó de nuevo pero él seguía ignorándola. Él siguió actuando como si ella no existiera hasta que sus gestos de la mano se volvieron tan extravagantes que la notó por su mera vergüenza. Ella miró con satisfacción mientras las limpias líneas de sus músculos se movían bajo su traje, la roja capa rompiéndose imperiosamente detrás de él, y de repente se encontró teniendo pensamientos muy, muy impuros. Estaban casados ahora, después de todo... y mientras pensaba en esas cosas miró mientras sus ojos se agrandaban y él la miraba con recelo. Algo se le ocurrió y lo miró socarronamente, deliberadamente imaginando su mano pasando por el interior de su muslo y alzando una ceja en interés mientras él se estremecía. Se puso de pie y él cerró la distancia entre ellos, frunciendo el ceño más intensamente mientras ella ponía sus brazos alrededor de su cuello. "Estamos casados. No tenemos que esperar más," ella le susurró al oído.
Él entornó sus ojos hacia ella. "¿Estás segura?"
"Maldita sea, ¿tengo que deletreártelo?" siseó, subrepticiamente rozando la base de su cola con su mano.
Él tuvo un espasmo ligero con el tacto. "¡Zarbon!" gritó, ignorando su chillido mientras la alzaba en el aire. "Nos vamos."
Zarbon se materializó de la nada. "¿Ahora?" preguntó, sus dorados ojos brillantes.
"Sí. Te veremos en seis días para preparar la partida. Ve que sus cosas estén empacadas," Vegeta ordenó.
"Por supuesto," Zarbon comenzó a decir, pero para su sorpresa todo lo que quedó de ellos fue el eco del chirrido de Bulma de placer mientras habían despegado hacia el cielo.
