Épico

(Epic)

Un fic de The Prime Minister

Traducción por Apolonia


Las estrellas floreció frente a ella mientras pasaban a través de la atmósfera, destellando con un brillo que nunca había experimentado antes. No sabía hasta qué punto la atmósfera había interferido con su luz cristalina, y aventuró una mirada hacia Zarbon. El hombre alto simplemente estaba de pie con los brazos cruzados sobre su pecho y miraba por la ventana, su rostro inexpresivo y sus ojos calmados. Se mordió el labio y rápidamente miró a su alrededor del pequeño transbordador antes de dejar que sus ojos se apoyaran en el panel de control. La pequeña nave era piloteada de forma automática, y como tal ella y Zarbon eran los únicos seres vivos en la nave. Todo era muy fascinante para ella, pero miró su reloj no obstante. Zarbon había mencionado que sólo tardarían unos quince minutos en llegar a donde estaba el buque insignia, y sólo le quedaban unos pocos de esos minutos para calmar las mariposas en su estómago. No sabía por qué estaba nerviosa. La idea cruzó por su mente que tal vez era porque estaba empezando su debut como una emperatriz, pero la idea sonaba falsa y frunció el ceño. Entonces se dio cuenta de que no estaba nerviosa por ver a nadie sino a Vegeta. ¿Seguiría queriéndola? ¿Podría de alguna manera misteriosa haber cambiado de opinión? ¿Por qué le molestaría eso? Negó con la cabeza un poco para alejar los pensamientos negativos, pero otra mirada a Zarbon le recordó que él no había sido exactamente alentador. En primer lugar, cuando él había aterrizado en el césped había hecho más que una pequeña reverencia y le indicó su camino a la nave, mirando con expresión indiferente mientras ella ponía todas las cápsulas que contenían sus pertenencias en una cajita y le daba un último abrazo a su familia. "¿Dónde está Vegeta?" le había preguntado a Zarbon.

El hombre alto se encogió de hombros. "Dijo que tenía cosas más importantes que hacer. ¿Vamos?" fue todo lo que había respondido, y ella había entrado en la lanzadera de sentimientos muy asustada y sola.

Todavía se sentía asustada y sola, el nerviosismo en su abdomen cada vez más intenso con cada momento. Si Vegeta no había pensado en ella como una razón de peso suficiente para hacer el corto viaje hasta la Tierra para buscarla, ¿entonces por qué incluso estaría allí para recibirla? "¿Por qué viniste?" preguntó a Zarbon, lo primero que le había dicho después de entrar en el transbordador.

"Se me ordenó," dijo secamente, sin apartar los ojos de las estrellas del exterior.

"¿Pero por qué tú?" presionó. "Pensaría que Vegeta te necesitaba para cosas más importantes."

"No sé," dijo, su voz fría. "Yo personalmente creo que esto es una mala idea."

Bulma frunció el ceño. "¿Qué? ¿Por qué? Sé que te caigo bien, pero vamos..."

Él la miró entonces, una fina ceja verde elevada. "Yo no sería tan mezquino. No es una cuestión de si me caes bien o no. Creo que Vegeta ha cometido un error nefasto, y eso es todo."

"Sigues sin ayudarme aquí. Supongo que Vegeta es el único que consigue respuestas de ti porque es el único individuo capaz de golpearlas fuera de ti, ¿eh?" dijo con acritud.

Una pequeña sonrisa cruzó su rostro. "Ustedes dos son realmente uno para el otro," dijo con sequedad.

"¿Entonces por qué es esto tan mala idea?" preguntó ella, juntando sus manos y apretándolas.

"Vegeta te está trayendo, su esposa de sólo una semana, a un imperio a punto de embarcarse en una campaña de guerra intergaláctica. Te está poniendo en grave peligro y proporcionando un punto débil para sí mismo. Es elemental," Zarbon, dijo con indiferencia.

Bulma sintió vibrar algo dentro de ella. "¿Guerra?"

"Sí. Tu pequeña incursión en la exploración del espacio podría ser interrumpida en cualquier momento por tanto tu propia muerte accidental o el asesinato de Vegeta. Este peligro es muy real y muy cercano estoy seguro de ello, y él sin pensar te está poniendo en medio de él," dijo con calma.

No se le ocurría nada que decir, todavía estupefacta mientras el transbordador se estremecía como era tirado en la nave insignia. El metal brilló por ella y se dio cuenta de que estaban en una pista, siendo puestos en el hangar. La mecánica de eso interesándole vagamente, pero estaba demasiado ensimismada y con miedo para realmente apreciar el momento, y de repente la nave se detuvo. Zarbon se acercó a la puerta en el lado de la nave y la abrió presionando un botón. Miró afuera y se volvió hacia ella una última vez antes de salir.

"Aquí está la dicha conyugal," dijo, y bajó los escalones. "Todos den la bienvenida a su Emperatriz, ¡Bulma Briefs del planeta Tierra!" lo escuchó anunciar en voz alta, y de repente hubo un atronador aplauso. Camino hacia la puerta y dejó a Zarbon ayudarla a bajar las escaleras, rudamente empujando lejos cualquier sentimiento de duda o inseguridad lejos de su consciencia. Su rostro se acomodó en una máscara de apacible compostura y fue capaz de ocultar su asombro mientras veía una alfombra roja ser desplegada para ella. Al final de la alfombra estaba Vegeta, majestuoso en su armadura ceremonial, la pesada capa roja desplegada detrás de él. Sus oscuros ojos brillaban y su boca se curvó en una sonrisa de satisfacción, y fue todo lo que pudo hacer para no correr por la alfombra y arrojar sus brazos alrededor de su cuello.

"Den la bienvenida a su Emperatriz," Vegeta ordenó en una voz clara, las tropas reunidas gritaron su entusiasmo.

"Muchas gracias a todos," dijo Buma con una leve reverencia y comenzó a caminar hacia Vegeta. Extendió su mano y él la miró por varios momentos antes de finalmente tomarla y ponerla en su brazo. "¿Me extrañaste?" susurró ella.

Él no giró su cabeza para mirarla. "¿Cómo iba a extrañar a semejante maleducada e ignorante arpía?" murmuró, sus labios apenas moviéndose. La escoltó a través de los redondeados pasillos hasta que llegaron al puente. "Aquí es donde comenzará tu recorrido," dijo, mirando su alrededor. "Tu guía se asegurará que estés bien informada de los lugares."

Bulma se giró, curiosa, y vio a Radditz allí de pie. No lo había visto en su armadura desde que había aterrizado en primer lugar, e incluso entonces había sido transformada en astillas y todo casi destruida, apenas colgando en su cuerpo por hilos. Ahora estaba de pie ante ella, los duros ángulos de su rostro acentuados por la luz brillante no natural en el puente, viendo cada parte del endurecido guerrero. Se veía aturdido y peligroso en su armadura, la cresta de Vejiitasei sobre su pecho, y miró por abajo de su nariz hacia ella mientras se ponía en posición de firmes. "Estoy a tu servicio, su majestad," dijo con frialdad, saludándola.

"Radditz," soltó, evitando poner una mano en su clavícula por el asombro.

Vegeta frunció el ceño y la llevó a una consola diferente. Sintió su antebrazo flexionarse debajo de sus dedos y luego él estuvo en el interior de su mente, su presencia cálida como siempre. Mira afuera, dijo en sus pensamientos.

"¿Sí?" susurró, lágrimas llegando a sus ojos. Apenas era capaz de evitar que caigan. Él estaba siendo tan frío con ella, y aunque casi lo había esperado todavía dolía.

¿Qué ves?

"Estrellas," dijo. "Demasiadas para contarlas."

Son todas tuyas. Mira a tu dominio, dijo con severidad.

Ella lo miró, sus ojos cautelosos, y lentamente se quitó de su brazo. "Entiendo cómo son las cosas, Vegeta," dijo con frialdad. "Radditz, estoy lista para mi recorrido."

Radditz se ruborizó. "Sí, mi Señora," murmuró, y extendió su brazo para que ella lo tomara. Vegeta se puso rígido imperceptiblemente mientras Bulma le sonreía al Saiyajin más grande, ambos sonriendo mientras caminaban por el puente.

Zarbon estuvo al lado de Vegeta inmediatamente. "¿Órdenes, señor?" preguntó con energía.

Vegeta parpadeó. "Rumbo a Arlia de una vez. Démonos prisa," dijo en voz alta, y los técnicos de inmediato corrieron en acción, presionando sus consolas.

Zarbon se deslizó más cerca de Vegeta. "Estás orgulloso de ella, ¿no?" susurró.

Las mejillas de Vegeta se tiñeron de rosa. "Cállate," gruñó en voz baja.

Zarbon sonrió ligeramente. "Es la mujer perfecta y ha demostrado gran compostura. Si fueras mi compañero para toda la vida te hubiera abofeteado por ser tan tonto e insensible."

El ceño fruncido de Vegeta se profundizó. "¿Y qué sabes de compañeras de vida?" dijo bruscamente. Los ojos de Zarbon se ampliaron y se puso más rígido, una extraña expresión de dolor destellando en su rostro sólo por un instante antes de que se girara sobre sus talones y abandonara la habitación. Vegeta suspiró y se quedó junto a su silla, cruzando sus brazos sobre su pecho y estudiando las profundidades de su espacio.


Entró el código y la puerta se abrió con un sonido silbante, revelando una luz en la profundidad en las cámaras. El portal se cerró detrás de él mientras pasaba, entrenando a sus oídos para alertarlo ante la mejor sugerencia de ruido. Sus botas hacían clic contra el suelo mientras hacía su camino a su alcoba, desabrochando su capa y arrojándola sobre un antebrazo. Entró a la habitación y se quedó allí, su enguantado puño apretado y enfrentado a una airada Bulma, de pie cerca de la cama en el mismo vestido con el que había salido de la nave. Ignorándola fue a su armario y guardó su capa, enderezando sus pesados pliegues con sus dedos antes de terminar el procedimiento.

"¿Qué demonios sucedió hoy, Vegeta?" dijo bruscamente, sus manos en sus caderas.

"No sé de lo que estás hablando," respondió con la voz apagada, quitando sus guantes y sin mirarla.

"¡Demonios que no! ¿Me tomas por alguna especie de idiota?" dijo con brusquedad, sus azules ojos mirándolo.

Él soltó un bufido. "Eres una terrícola. ¿Cómo puedes ser otra cosa que no sea idiota?" respondió con sequedad.

Ella apretó sus dientes. "¡Imbécil! Se supone que debes ser mi marido, ¡maldita sea!"

"Te olvidas que esta no fue mi elección," dijo con severidad, quitando el otro guante y sacudiéndolo.

Su cara se contrajo. "Ni siquiera pudiste venir al planeta a buscarme, ¿y luego haces que el pobre Radditz me de un recorrido?" gritó, agitando un puño.

Las fosas nasales de Vegeta se movieron. "Estaba ocupado. Cosas más importantes aparecieron." le dijo con enojo.

"¿Qué es más importante que tu esposa?" gruñó, frunciendo el ceño.

"Mi imperio. Hay muchas cosas más importantes que tú. Tú fuiste sólo un incidente," dijo, entrecerrando los ojos.

Su mirada brilló peligrosamente. "Al carajo con tu maldito imperio. ¡No parecías tener un problema conmigo cuando levantaste mis piernas sobre tus hombros!" escupió, sus nudillos blancos.

Sus mejillas se enrojecieron. "Eso no tiene nada que ver con esto. Ahora cállate. No tenía el lujo de ir a dar un paseo de placer hoy," dijo bruscamente.

Ella gruñó y tomó algo de la mesa, arrojándolo a su cabeza. Él lo esquivó a un lado fácilmente y miró con diversión mientras ella insultaba con fuerzas. "¡Tú cállate!" gritó ella, levantando otra cosa y lanzándola.

"¡No, tú cállate!" gritó en respuesta, arrojando sus guantes al suelo.

Ella gritó sin palabras y arrojó tantas cosas como pudo poner en sus manos. Los objetos que volaban eran simples para que él los eludiera, pero los comentarios eran más difíciles de ignorar. "Llévame de nuevo a casa," sollozó, y él la miró en shock el tiempo suficiente para que ella lanzara una última cosa a su cráneo. No estaba prestando atención y el pesado objeto metálico rebotó en su cráneo, casi derribándolo. Se tambaleó hacia atrás y parpadeó mientras la sangre fluía en la esquina de su ojo.

"¿Qué?" murmuró, poniendo sus dedos en la herida y frunciendo el ceño.

"¡Oh, lo siento!" dijo ella, poniendo una mano a su boca. "¡Se suponía que lo esquivaras!"

Él le gruñó. "¿Por qué no me ahorras la molestia al no arrojarme cosas?" dijo bruscamente.

"¡Porque es la única manera que puedo resolver mi frustración contigo!" gritó en respuesta, aferrándose a sí misma.

"¿Frustración por qué?" dijo, molesto. "¿Qué más podrías desear?"

Ella sacudió su cabeza y lágrimas comenzaron a rodar por su rostro. "¿No lo entiendes, Vegeta?" preguntó vacilante. "Estoy dejando todo lo que he conocido y amado por alguien a quien ni siquiera le gusto. Estoy rodeada de alienígenas y no sé cómo ganarlos o si siquiera puedo hacerlo, y luego mi esposo me ignora y me menosprecia todo el tiempo. ¿Qué otra cosa puedo hacer?"

"No lo sé y no me importa", dijo con enojo, alejando su mirada de ella con una expresión agria.

"¿Entonces por qué me pediste que me casara contigo?" preguntó, su voz quebrada.

"Porque tenía que hacerlo. Te he dicho esto un millón de veces, mujer," respondió con aspereza, luego se volteó para mirar mientras las lágrimas corrían por sus enrojecidas mejillas. "Tú, sin embargo, no tenías que casarte conmigo."

Sus ojos se ampliaron como platos, sus pestañas pegándose con sus lágrimas, y parpadeando hacia él. "Tienes razón, no tenía que hacerlo," murmuró a cambio.

Él miró su desafío hacia ella. "¿Entonces por qué lo hiciste?"

Un millón de cosas se rompieron en ella a la vez, y él sintió sus emociones romperse y dispersarse en el aire. Había demasiado pasando dentro de su mente que él no tenía idea cómo iba a llevar un registro de todo. "Voy a tomar un baño. Tal vez me pueda lavar tu crueldad también," espetó, y se digirió al baño, cerrando la puerta tan fuerte como pudo.

Él miraba a la puerta cerrada del baño cuando escuchó una luz sonar. "¿Qué es?" gritó, marchando hacia la puerta y abriéndola al tirarla. Alzó una ceja al ver a Zarbon allí de pie.

"¿Está todo bien?" Zarbon preguntó con suavidad, su expresión cuidadosamente neutral. "Oí una conmoción." Sus dorados ojos parpadeando más allá de Vegeta para ver los fragmentos de objetos en el suelo. "Veo que algunas de tus cosas llegaron a su fin," dijo secamente. "¿Hay algo que pueda hacer?"

Vegeta gruñó y cerró el paso. "Es imposible," fue todo lo que dijo.

"¿Qué hiciste ahora?" Zarbon preguntó con un suspiro.

"Nada. Está siendo irracional," Vegeta respondió secamente, cruzando sus brazos sobre su pecho.

"¿Sobre qué?" Zarbon indagó, sus fríos ojos sin siquiera parpadear mientras estudiaba a Vegeta.

"Estaba teniendo un ataque por cómo pensó que la ignoré hoy. Como si algo así realmente importara," Vegeta dijo con un resoplido.

Zarbon frunció el ceño. "Probablemente sí, en su mente al menos," dijo con voz tranquila.

"¿Y qué?" Vegeta desafió.

"Y tú eres el que eres su compañero de por vida. A menos que quieras ser separado de ella por el resto de sus vidas te sugiero que hagas algo al respecto," Zarbon dijo, su voz tranquila.

"¿Por ejemplo?" Vegeta gruñó. "Ella tiene toda esa clase de tontos sentimientos humanos."

"A cualquier especie le gusta que sus compañeros les presten atención. Supongo que todo lo que quiere es que pases algo de tiempo con ella. Después de todo, ella no puede estar detrás de ti por tu apariencia, niño mono," dijo Zarbon, sus ojos brevemente brillando con humor.

Vegeta apretó sus dientes. "Eres tan inútil como ella," gruñó.

"Y sin embargo nos mantienes cerca a ambos," Zarbon reflexionó a la ligera, luego se volteó y caminó por el pasillo con un pequeño gesto. "Te veré en ocho horas."

"No contengas la respiración," se quejó Vegeta, y cerró la puerta. Se giró hacia el baño con un suspiro, luego fue hacia la cama quitándose su ropa, doblándola prolijamente sobre la colcha. De pie desnudo en el centro de la habitación estudió sus alrededores, contento por una vez de tener un poco más de espacio que la normal litera de guerrero. Ciertamente habían beneficios en ser el Emperador, decidió, caminando hacia la puerta del baño y abriéndola suavemente antes de entrar.

La habitación estaba medio llena de rocío, el blanquecino vapor alzándose como zarcillos de una frágil planta y enrollándose a su alrededor. Parpadeó y fue capaz de divisar su figura mayormente sumergida en la bañera. La bañera era un lujo casi desconocido en el espacio, ya que tomaba agua extra y espacio innecesario, pero aquí él tenía la extraña pieza, e incluso un espécimen más raro dentro de ella. Tenía una pierna apoyada fuera del agua en el borde de la bañera y la estaba raspando con alguna clase de dispositivo, insultando mientras la sangre brotaba en su blanca y suave piel. "Dios, ¿qué estás haciendo?" preguntó.

Ella le parpadeó, su rostro sorprendido en la fracción de segundo antes de caer en un ceño fruncido. "Me estoy afeitando. ¿Qué demonios quieres?" exigió.

Él se acercó a un lado de la bañera. "¿Eso es una navaja de afeitar?" dijo dubitativo. "Por qué, eso es el instrumento menos sofisticado e ineficiente que te he visto usar."

"¿Por qué no vuelves allí afuera y te preocupas por tus propios asuntos?" Ella gruñó, pero él vio sus ojos deslizarse por su cuerpo.

Se giró y abrió un compartimento, sacando una pequeña hoja plegable. Sin advertirle entró en el agua, hundiéndose entre sus piernas y agarrando firmemente un tobillo en su mano. "Te mostraré cómo hacer esto," murmuró, sacudiendo la hoja con un movimiento de su muñeca para abrirla.

"Hey, eso se ve afilado," dijo nerviosamente. "Quita tus manos de mí."

"¿No confías en mí?" preguntó él, girando su cabeza para mirarla sobre su hombro. Sombras vacilaron en sus ojos por un momento, y luego sacudió su cabeza.

"No, no confío," dijo con calma. "Ahora quita tus manos y déjame en paz."

"¿No quieres confiar en mí?" dijo, esta vez en voz más baja.

"No es una cuestión de querer," comenzó, pero él se movió y puso un dedo en sus labios.

"Sólo déjame hacerlo, mujer. No voy a lastimarte," dijo suavemente.

"No esta vez, al menos," gruñó ella, pero suspiró mientras sus hombros se desplomaban. "Pero está bien. Inténtalo."

"Hmph," Vegeta resopló, pero sostuvo su esbelto tobillo en su mano y lentamente pasó la afilada hoja por su piel. Podía sentir sus firmes muslos temblar y endurecerse en cada lado de su cintura descubierta, desmintiendo su nerviosismo. "Necesitas quedarte quieta," amonestó él. "No quieres que use esto en ti, ¿verdad?"

Para su sorpresa ella se rió, a pesar de su incomodidad. "Tú nunca usarías alguna clase de objeto para matarme," dijo ella. Él se detuvo hasta que ella se quedó en silencio, luego siguió cuidadosamente quitando el vello de sus piernas. En los ojos de su mente podía verla estudiando cada pequeño músculo en su ancha espalda, y estaba contento de que no tuviera una vista de su rostro mientras sonreía con aire de suficiencia. Estaba consciente de su reconocimiento de su cuerpo finamente esculpido y por alguna razón eso hacía una extraña pequeña bola cálida en la boca de su estómago. Quitó los pensamientos de su mente y se concentró en la tarea, sus dedos suave pero firmes agarrando su cálida y resbaladiza piel. Era difícil mantener sus pensamientos fuera de su cabeza. Descubrió que estaba al tanto de cada meditación o conclusión, incluidas las emociones. Era frustrante; si ella hubiera sido un Saiyajin hubiera sido capaz de bloquearlo y estarían en paz, pero tal como estaba él podía tomar cualquier cosa y todo fuera de su mente y ella no tenía la más remota idea de cómo acceder a la suya. Cambió a su otra pierna pero la encontró ya afeitada, pequeñas manchitas de sangre sobresaltando contra su pálida piel.

"Eres muy mala con esto," comentó.

"No te pedí tu opinión," dijo con irritación.

Él soltó un bufido y se giró entre sus piernas para poder ver su rostro, tomando sus manos y poniéndolas en sus nalgas para poder levantarla en sus piernas. "¿Por qué haces algo tan tonto, de todas formas?" preguntó, nivelando una mirada molesta hacia ella.

Ella frunció el ceño de nuevo. "Es fácil para ti decirlo, hombre de poco vello corporal," gruñó. "Pero a decir verdad realmente no lo sé. Los hombres de la Tierra lo aprueban, supongo, y es algo que siempre he hecho."

"¿Sientes la necesidad de tratar de atraer hombres de la Tierra?" preguntó con una ceja levantada, inclinándose lejos de ella para que su espalda se apoyara contra la pared de la tina.

"Supongo que sí la tuve, en algún nivel. Es para lo que las mujeres están entrenadas, así se den cuenta de ello o no," pensó, inclinándose contra su lado de la tina, el agua tintineando mientras enviaba olas a través de su superficie.

"Bueno, yo no soy un terrícola. Deberías dejar de lado el absurdo ritual," dijo con un resoplido desdeñoso, levantando su nariz mientras descansaba su codo contra el borde de la bañera y movía sus dedos en el agua.

"Tal vez," reconoció ella, su mirada tangible en él mientras sus ojos se movían a su amplio, ondulante pecho. "¿No te molesta?"

"Te dije que no me molestaba," dijo con una mueca en sus labios. "Mujer, podrías ser tan peluda como un Bedark y todavía quer..." Detuvo la frase y alejó la vista de ella, mirando al suelo fuera de la tina.

"¿Sí?" preguntó con dulzura, girando toda la fuerza de sus ojos sorprendentemente azules sobre él.

"Y aún así serías la cosa más horrible en el universo," gruñó, frunciéndole el ceño.

Para su sorpresa ella se sonrojó y rió, enviando agua para hacer su música una vez más mientras se inclinaba hacia él. Sus dedos que goteaban se levantaron y trazaron su mandíbula mientras sus negros ojos la miraban sin pestañear. La resbaladiza piel de su trasero se deslizó sobre sus piernas hasta que estuvo casi en su regazo, sus párpados bajando un poco. "Vegeta," susurró, sus labios rozando su mejilla mientras apoyaba una mano sobre su pecho.

"¿Sí?" murmuró en respuesta, girando su cabeza hacia su boca.

"Vegeta," susurró de nuevo, sus labios tímidamente rozando la línea de sus pómulos y mandíbula. Su suave dulzor haciendo su camino por su garganta para besar suavemente el gran músculo en la coyuntura de su cuello y hombro. Sus manos parecían levantarse por voluntad propia mientras alisaban húmedamente el cabello fuera de su rostro. Ella se inclinó en su tacto y, para su sorpresa, presionó más, sus labios rozando los suyos. Ni siquiera fue un beso. Él frotó su nariz contra la de ella, su boca buscando en la suya con cautela a lo largo de su húmeda piel. Un pequeño suspiro escapó de ella y muy suavemente presionó sus labios contra los de él, coqueteando un poco. Un sonido salió de su garganta mientras cerraba sus ojos, dejando una mano trazar el fuerte tendón en su cuello, sintiendo su emoción mientras el agua goteaba de sus dedos y rodaba por su suave piel. Se inclinó y tomó su boca con la suya, el movimiento lleno no con lujuria o pasión sino con algo suave y de intenciones inocentes. Presionando contra ella con más firmeza, estuvo consciente de algo florecer y envolver el alma de ella, alegría y sorpresa corriendo a través de ella con una extraña sensación de plenitud.

"¿Qué, Bulma?" le preguntó de nuevo, alejándose y mirándola por debajo de los párpados entornados.

"Te quiero para siempre," dijo ella, su frente arrugándose y mordiendo su labio inferior. "Pase lo que pase eso siempre será verdad." Con eso lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.

"¿Eh? ¿Qué es esto?" preguntó, sorprendido. "¿Por qué lloras?"

Ella sacudió su cabeza, húmedas mechas de su cabello pegándose a sus mojadas mejillas, luego arrojó sus brazos alrededor de su cuello y presionó su pulido cuerpo desnudo contra el de él. Su boca buscó la suya y lo besó profundamente. Él se preguntó vagamente a donde se había ido la hoja de afeitar y si la encontrarían, pero el pensamiento fue quemado de su mente mientras sentía sus fuertes piernas envolverse a su alrededor bajo el agua. Ella se rió suavemente y él suspiró mientras ella fijaba sus ojos en él. "Esto es lo que siempre he querido," dijo en voz baja, luego se aseguró que nada más se dijera por bastante tiempo.