Épico

(Epic)

Un fic de The Prime Minister

Traducción por Apolonia


Esperó hasta que escuchó la puerta cerrarse detrás de los dos guerreros antes de volver a la habitación. Los olores de los cuerpos de ella y de su marido se levantaban débilmente desde la cama y se inclinó y arrancó las sábanas del colchón con rabia, tirándolas al suelo con un golpe de su pie. Cómo se atreve, ¡cómo se atreve a avergonzarla así! ¿No podían incluso tener unos momentos íntimos a solas sin él tratando de arrastrar a Zarbon en todo? Le dio a las sábanas descartadas una patada, casi cayendo sobre la tela gruesa cuando se envolvió alrededor de su pie y trató de arrastrarla hacia abajo. Rápidamente recuperó su equilibrio y su dignidad, cruzando sus brazos y frunciendo el ceño a la habitación vacía. ¿Por qué Vegeta no podía sacar a Zarbon por una vez? El hombre alto e imponente estaba allí cuando comían, cuando se sentaban y descansaban en la noche, ¡e incluso ahora cuando hacían el amor! ¿Cómo diablos esperaba Vegeta que se quedara callada al respecto? Sus dientes se juntaron con ira y se aferró a sus brazos con más violencia. Sus pies que golpeaban encontraron su camino hacia las puertas del balcón y rompió a través de ellas, entrecerrando sus ojos contra el polvo que se arremolinaba en el viento. Mientras daba un vistazo a su nuevo hogar sintió la lucha drenarse fuera de ella y desaparecer tan irrevocablemente como si la piedra bajo sus pies la hubiera absorbido. Puso sus manos en la pesada barandilla de piedra y miró a la luz jugar por sobre la ciudad debajo, el cielo oscuro y amenazante. La luz que pasaba a través de las espesas nubes era débil y de color de arena, al igual que todo lo demás en este lugar. Recordó que Vegeta había mencionado que había habido una guerra civil. Dijo que era la causa de la mayor parte de la destrucción que veía.

Ah, de vuelta a Vegeta otra vez. El hombre infernal no podía mantenerse al margen de sus pensamientos por mucho tiempo, para bien o para mal. Apoyó un codo en la barandilla y puso su mejilla en su palma mientras sus ojos vagaban sobre los edificios de piedra arenisca debajo de ella. Las figuras de personas se movían debajo de ella, sus formas oscuras y variadas ya que nuevas razas de personas se mezclaron con los nativos Arlianos. Ellos eran su pueblo ahora, supuso. Eran el pueblo de Vegeta. Por su vida no podía imaginar cómo lo había hecho. Parecía como si alguien de naturaleza tan fría y cáustica como Vegeta no debería haber sido capaz de ganarse los corazones de tantas personas. Lo que había hecho debe pesar más que su personalidad en su corazón, decidió, luego se preguntó a sí misma. Ella era peor que la gente abajo- en realidad era tan masoquista como para tratar de construir una vida con él, cuando lo único que él quería era la muerte.

Las lágrimas asomaron a sus ojos espontáneamente. Qué sentía ella por él, se preguntaba mientras veía la luz del sol entre las nubes pasar un poco más fuerte, volviendo a los colores grises de la piedra arenisca en un tono dorado más ligero, y casi parecía bonito. En realidad no lo conocía, o realmente le gustaba, y sin embargo allí estaba, a punto de casarse con él por segunda vez. Él la quería, eso era seguro, y no era como si le molestara en lo absoluto, pero le parecía como si debería haber habido algo más. Que debería haber sido algo más que un trofeo del arrogante Emperador y un juguete de cama. Las lágrimas salieron con ese pensamiento, dejando pequeños senderos fríos en sus mejillas cuando el polvo en el viento se adhirió a su rostro. Era una brillante científico, debería haber tenido más, decidió, alzando la mano y sintiendo la arena frotarse contra su piel mientras se limpiaba las lágrimas con la manga de la túnica de gasa. Su pecho estaba empezando a levantarse bastante, y justo cuando estaba a punto de entregarse por completo a su dolor, alguien llamó a la puerta. Batió todos los rastros de lágrimas de su rostro y se dio vuelta, erguida y orgullosa. Independientemente de cómo la trataba Vegeta la había hecho su Emperatriz, y tenía que actuar como tal. "Adelante," ordenó, mirando con fingido desinterés como las sirvientas se esparcían en la habitación. La mayoría eran Arlianas, pero algunas eran de otras razas para las que no tenía nombres.

"Señora, le trajimos aceites y sales para el baño y aromas para después," una de las Arlianas dijo, la voz ronca resonando a través de la habitación. Bulma parpadeó en curiosidad y volvió a entrar a la habitación, mirando a la bandeja que la Arliana sostenía. Los contenedores eran de bellas formas y de pronto estuvo aún más ansiosa de tomar un baño. Aún estaba examinando los artículos de tocador cuando se dio cuenta que otra sirvienta se había metido en el baño y estaba sacando agua caliente.

"No demasiado caliente," otra sirvienta dijo a la que estaba en el baño. "Recuerda, nuestra señora tiene la piel de carne."

"Recuerdo," la sirvienta respondió en el baño. "Tiene la piel más hermosa y sería una lástima dañarla, no importa cuán poco." Todos las sirvientas rieron con eso y dieron una pequeña reverencia hacia Bulma, quien se sonrojó y sonrió incómoda. Las sirvientas Arlianas movían sus alas de gasa con la risa y se pusieron a ordenar la habitación. El resto del grupo irrumpió en el cuarto de baño y comenzó a arreglar las cosas. Bulma vio mientras una sirvienta traía una canasta y levantaba la ropa de cama del piso, sacando el resto de la cama. Las sillas fueron reorganizadas cuidadosamente en sus escritorios y mesas, los alféizares limpiados, las cortinas sacudidas, y el piso limpio de arena. Bulma sólo se quedó parada y miró con asombro su suave eficiencia, pensando que eran tan exhaustivas como los robots en su casa.

"Mi Señora," una de las no-Arlianas en el baño dijo. "Su baño está listo."

Bulma asintió y caminó a través de la habitación principal, tratando de parecer agradable mientras las sirvientas se apresuraban fuera de su camino y la acomodaban. Si tenían que trabajar para ella quería gustarles. "Gracias," dijo con una reverencia mientras caminaba hacia el baño y se quedaba allí, esperando a que se vayan.

Ninguna de las sirvientas se fue. Dos se ubicaron a su espalda y trataron de quitarle su bata mientras que otras tomaban esponjas, paños y cepillos. "No," dijo ella bruscamente mientras ponían sus manos en su ropa.

"Señora, tenemos que bañarla," dijo una mujer delgada mujer de ojos color morado con la piel color naranja claro y una cresta de pelo azul medianoche sobre su cráneo ligeramente puntiagudo.

"No, en serio, eso no es necesario," Bulma respondió, ajustando la bata de gasa con las dos manos.

"Pero, Señora, tenemos órdenes," otra sirvienta intervino.

Bulma las miró impotente por un tiempo. "No es la forma en que se hace en la Tierra," dijo vacilante. "Prefiero bañarme yo misma."

Las sirvientas se miraron entre sí, sus rostros perplejos. "Pero, Señora, no debe avergonzarse de su desnudez. Es bella y sólo estamos aquí para servirle."

Bulma se sonrojó. "Gracias, pero no estoy lista para esto todavía," contestó. "Quizás en el futuro."

Las sirvientas se miraron unas a otras de nuevo por algunos momentos, luego se inclinaron al unísono y se retiraron de la habitación. Bulma se apresuró y cerró la pesada puerta detrás de ellas, apoyándose contra ella por algunos minutos antes de pronunciar un gran suspiro de alivio. Todavía podía oírlas arrastrando los pies por la habitación, ordenando las cosas, pero no suponía que alguna de ellas fuese a entrar en el baño. Dejó caer la bata al suelo y se miró a sí misma, examinando su piel. Estaba cubierta con una pátina de polvo por estar en el balcón, y se dio cuenta que había varias marcas de mordeduras en su piel. Las marcas de los dientes de Vegeta se mostraron ligeramente rojas en el lado de su pecho izquierdo, el interior de su cadera derecha, y su muslo. Trazó las marcas lentamente con un dedo, preguntándose si estaba marcando su territorio. Con un suspiro, se acercó y probó el agua con una mano, y el olor a agua salada vino a ella. ¿Agua salada? ¿Para un baño? Tal vez debería haber dejado que las sirvientas la bañaran. ¿Qué se suponía que haría con agua salada? Miró a su alrededor vacilante por unos momentos, preguntándose si había algo en la bandeja que le daría una pista. Por último se dio por vencida, se puso su bata de nuevo y sacó la cabeza por la puerta. "¿Um, perdón?" preguntó, y todas las sirvientas se detuvieron a mirarla.

"¿Sí, mi Señora?" respondieron al unísono, el sonido una extraña mezcla de agradecida, burbujeantes, y chirriantes voces.

"Necesitaré que alguien me bañe, después de todo", dijo vacilante. Antes de que pudiera decir algo más las sirvientas originales en el baño se apresuraron hacia ella y la llevaron adentro. La desvistieron antes de que siquiera pudiera abrir la boca en señal de protesta. Una mujer, con largo cabello blanco creciendo por toda su espalda y cuatro pares de ojos negros en su cabeza abrió una botella de la bandeja y comenzó a frotarla. Se alejó de las manos sobre su piel desnuda, pero otra sirvienta la mantuvo quieta mientras la mujer de cabello blanco hacía su trabajo. Bulma se sonrojó y alejó la mirada cuando el aceite era frotado en sus senos y glúteos, pero ninguna de las mujeres parecía incómoda y terminó sintiéndose tonta en lugar de indignarse. La misma sirvienta la ayudó a levantarse en la bañera y la sentaron, inclinando su cabeza contra el borde, mientras aplicaban cremas y rebanadas de lo que parecía ser alguna clase de planta sobre su rostro.

Cuando las oyó acomodarse junto a la bañera se dio cuenta que ninguna Arliana había estado presente. Sólo de tipo mamíferos con suaves dedos de carne se les había permitido ayudarla. Alguien estaba pensando bien en su asignación de funciones. Sonrió para sí misma y dejó que su cuerpo se relajara en el agua tibia, sus ojos se cerraron debajo de las rebanadas de planta. "¿Entonces qué le parece se parte del Imperio Saiyajin?" le preguntó a sus sirvientas.

Hubo un silencio desconcertado, y de repente deseó tener su vista para poder ver sus expresiones en sus rostros. "¿Y bien?" continuó, con menos confianza.

Alguien se aclaró la garganta. "No es habitual que la dama converse informalmente con sus sirvientas," ese alguien dijo suavemente.

Bulma frunció el ceño, alterando la disposición de las rebanadas de plantas. Alguien las estaba arreglando de inmediato, pasando las pesadas cremas de nuevo en su lugar en su rostro. "¿Son esclavas?" preguntó bruscamente.

"Oh, no," la misma mujer respondió. "Es sólo que las sirvientas y la élite no se asocian."

Bulma todavía estaba frunciendo el ceño. "Eso es una tontería," gruñó. "Ustedes son mis empleadas. Es mi trabajo conocerlas y hablar con ustedes. ¿Cómo puedo esperar que hagan un buen trabajo si no las mantengo felices? Será mejor para mí que nos hagamos amigas en vez de que yo sea una especie de tirana."

Hubo un incómodo silencio en la habitación. "Sí, mi Señora," dijo la mujer. "Hablaremos con franqueza, entonces."

"Pueden hablar entre ustedes, también," añadió Bulma. "Ustedes son personas y este es sólo su trabajo. Es mejor si les gusta su trabajo, así que hagan lo que necesiten para que se puedan divertir más mientras hacen su trabajo." Se sentó y se quitó las plantas de sus ojos para poder mirar mejor a las mujeres. Para su sorpresa todas la estaban mirando con asombro y admiración desde donde estaban sentadas en altos taburetes alrededor de la tina. "¿Qué?" preguntó.

"Su señoría es muy amable," otra mujer dijo suavemente, casi susurrando.

Bulma sonrió, consciente de que debía verse grotesca con su rostro cubierto de extrañas cremas. "En lo absoluto," respondió. "En lo absoluto."


Bulma estaba sentada junto a una ventana, leyendo. Había traído un maletín lleno de cápsulas, y estaba encontrando que las necesitaba, ya que quería entretenimiento y al parecer no se le permitía salir de la habitación. Era tanto distraerse o hervir sobre Vegeta. ¡Cómo se atrevía a mantenerla confinada! ¿Cómo podía dejarla sola todo el día así? Gruñó y pasó las páginas del libro furiosamente, luego se detuvo para admirar su mano mientras lo hacía. Sus damas habían hecho un espléndido trabajo en ella. Le habían explicado cómo el aceite que esparcían en su piel actuaba con la sal en el agua para hacer su piel perfecta y suave, y finalmente habían trabajado con sus uñas. Ninguna de ellas tenía uñas como ella, y se habían reído sobre eso en un momento. Se apoyó contra la pared y suspiró, mirando por la ventana y tocando el terciopelo del almohadón en el que estaba sentada. Lo odiaba y lo quería, quería explorar este nuevo mundo y quería ir a casa al mismo tiempo. Pensó en esto por algún tiempo hasta que la puerta de la habitación se abrió y uno de los guardias Arlianos, el mismo que prohibió su salida, metió su cabeza en la habitación. "¿Emperatriz? Tiene visitas," dijo con voz áspera.

"Hazlos pasar," murmuró con un gesto de la mano. Podía ponerse al margen del poder, decidió.

De repente una ráfaga de alas de gasa se derramó en la habitación, yendo hacia ella de inmediato y presionando telas y listones y flores en ella. Miró a la multitud de Arlianas, estupefacta y confundida. "Señoras, por favor," una calmada, aunque un tanto ronca, voz dijo por encima del murmullo de los artículos. Bulma miró mientras una Arliana, vestida en una gasa rosa para combinar su exoesqueleto y alas, separaba a la multitud para ponerse de pie ante ella. "Emperatriz, soy Lemlia, la esposa de Atlia. Nos conocimos brevemente ayer en su recorrido."

"Por supuesto, Lemlia," dijo Bulma, poniéndose de pie y ofreciéndole su mano. Lemlia la miró por un momento, luego vacilante estiró su brazo para tomarla. El antebrazo de la Arliana estaba adornado con un hilo de oro. "Es una pieza bellísima," dijo Bulma, señalando.

Lemlia inclinó su cabeza. "Gracias," dijo con dulzura. "Es mi brazalete de boda. Todos los Arlianos casados las usamos."

"Oh, sí. Recuerdo admirar el de Atlia ayer," dijo Bulma, y le hizo un gesto para que todas se sentaran.

Otro almohadón apareció para que Lemlia se sentara, la delgada Arliana hundiéndose para descansar sobre él mientras doblaba sus alas detrás de ella. "Emperatriz, me dieron la tarea de ayudarle en elegir sus accesorios de boda. Se casará de nuevo dentro de la semana."

Bulma cubrió su sorpresa. "Por favor, llámame Bulma. ¿Una semana? ¿Tan pronto?"

Lemlia asintió su cabeza, sus oscuros ojos de insecto sin pestañear. "El Emperador lo ha declarado así. Su palabra es lo que se hace."

Bulma entornó sus ojos. "¿Qué piensas de Vegeta?" preguntó más suavemente, casi un susurro.

Las alas de Lemlia se agitaron un poco detrás de ella. "Creo que es un Emperador más que adecuado. Él nos protegerá de Freezer cuando llegue el momento. Le debo una deuda personal también, ya que fue él quien me devolvió a Atlia."

Bulma estaba intrigada y decidió mostrarlo. "¿En serio? Me temo que no me ha contado realmente cómo llegó al poder," dijo suavemente.

"Originalmente él era un prisionero con Zarbon y mi marido. Se volvió el campeón de la arena, matando a todos sus oponentes. Luego fue lastimado gravemente con Zarbon quedando en el segundo puesto, también derrotando a todos sus oponentes. Los dos se encontraron en las arenas del escenario, pero en lugar de destruirse uno a otro encabezaron una revuelta en la cual Vegeta mató sin ayuda de nadie a la mayoría del ejército del tirano. Luego mató al mismo tirano, que me había hecho suya en contra de mi voluntad y alejado de Atlia poco después de que nos casamos, y me devolvió a mi amor. Por eso solo Atlia y yo lo seguiremos hasta nuestras tumbas, pero todo Arlia está en deuda con él por liberarnos."

Bulma puso una mano en su mentón y asintió, angostando sus ojos. Había demasiado que Vegeta estaba ocultándole, y tenía la intención de averiguarlo todo. "Muy interesante. Te felicito por tu felicidad," dijo, y extendió su mano para tocar suavemente la mano de Lemlia.

La Arliana inclinó su cabeza. "Gracias." Hubieron varios momentos de silencio, la única interrupción fue el susurro de las telas. "Bueno, ¿elegimos la tela de tu vestido?" Lemlia dijo al fin.

Bulma dejó que sus ojos vagaran hacia la fina tela. "Supongo," dijo, sintiendo una extraña alegría brotar en ella. Sólo porque Vegeta era un idiota no quería decir que iba a arruinar la boda de una Emperatriz. "Vamos a trabajar."


Sus damas de honor se habían ido, llevando con ellas sus muestras de tela y listones a gusto, sin siquiera dejarle los libros de hologramas de flores. Se inclinó contra la ventana y suspiró, sus ojos disparándose a través de las nubes de color arena mientras buscaba al cielo despejado. Sólo le quedaban sus libros para entretenerla, pero le resultaba difícil concentrarse en las palabras cuando demasiados de sus propios pensamientos estaban dando vueltas en su cabeza. Pensó en su casa y sus padres, extrañando a Yamcha muy de repente y tan afilado como un destornillador en su pecho. Él siempre había tratado de hacerla reír y mantenerla entretenida, se había olvidado eso de él. Se preguntó qué estaba haciendo Goku, si la extrañaba o si extrañaba a Radditz. Luego, como siempre, su mente se instaló en pensamientos de Vegeta como probando heladas aguas. Por mucho que intentase, siempre rehuía de su recuerdo al principio, luego lentamente se calmaba, recordando la forma que sus ojos ardían, luego sus cincelados labios, y finalmente alejando su mente para verlo completo. No quería recordar el cruel giro en esos labios, o el ártico sarcasmo de su profunda voz, los tonos de su garganta tan suaves como el huelo. Así era como se peleaban entre sí, se dio cuenta mientras miraba sobre los terrenos arenosos de Arlia. Cuando ella lo trataba con fuego él respondía con hielo, y cuando su ira ardía ella se volvía fría. En el único momento en que ambos ardían en llamas era en la habitación. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que ser así? ¿Por qué no lo conocía en lo absoluto?

Fue sacada de sus meditaciones miserables por un golpe en su puerta. Se levantó y fue a responderla, pero las pesadas puertas de madera se abrieron y varios seres entraron en la habitación. Uno, una cosa carnosa y púrpura con varios brazos y ojos saltones, pasó una de sus manos con dos dedos sobre la puerta y dio un silbido burbujeante. "Ooo, madera. Este es el palacio real de hecho," murmuró.

Bulma se vio sorprendida. "Por supuesto que esto es el palacio," dijo, su voz aguda.

La cosa púrpura la miró y se onduló en lo que supuso era una reverencia. "Perdón, Emperatriz," soltó. "La madera es rara en Arlia. Las puertas de todas las otras viviendas están hechas de tela. Sus puertas valen más que el oro."

Bulma parpadeó. "Oh. No sabía," murmuró, poniendo una mano en sus clavículas mientras miraba al pelotón multicolor. Todos sostenían dispositivos diferentes, algunos de los cuales se parecían a instrumentos de cuerda de la Tierra. "¿Son músicos?" preguntó.

El morado onduló su cuerpo de nuevo. "Sí, su alteza. Nos enviaron aquí para entretenerla. Su esposo se ha retirado a sus habitaciones para prepararse para la fiesta de la noche así como para reunirse con sus consejeros para discutir las reuniones de mañana," dijo, la voz distorsionada.

Bulma se encontró plantando sus manos en sus caderas. "¿Sus habitaciones?" preguntó con enojo. "Tú, ven aquí," gruñó, señalando a la cosa púrpura. "Obviamente eres el portavoz."

La cosa se onduló. "Soy el único que habla estándar, Emperatriz, explicó, y se acercó hacia ella.

"¿Qué quieres decir, con sus habitaciones?" siseó, angostando sus ojos y acercándose a la carne púrpura húmeda.

"El Emperador tiene su propio conjunto de habitaciones, Emperatriz," susurró en respuesta. "A los Arlianos les parece impropio que un hombre y una mujer vivan en las mismas habitaciones."

"¿Incluso si son marido y mujer?" preguntó en voz baja.

La cosa dejó sus ojos parpadear hacia los guardias de pie en el otro lado de las puertas abiertas. "¿Se casaron en su planeta de origen?" preguntó.

"¡Cierra las puertas!" Bulma ordenó bruscamente, señalando imperiosamente a los guardias. Los Arlianos miraron avergonzados, tanto como sus exoesqueletos les permitían, al menos, y rápidamente cerraron las puertas. Ella suspiró y sacudió su cabeza, luego centró su atención en el ser púrpura. "Sí, nos casamos," confirmó.

"Pero no se casaron en los ojos de todo el Imperio. No cuenta hasta que no lo estén. El Emperador tomó un gran riesgo al quedarse en sus habitaciones anoche. El rumor está por toda la ciudad que él no la dejó hasta media mañana, e incluso entonces sólo después de que Lord Zarbon lo despertó."

Las mejillas de Bulma ardían rosadas. "¿Y qué? Soy una mujer adulta y él es un hombre," protestó.

La cosa púrpura encogió sus varios apéndices. "Pero él también es un Emperador, y usted es sólo una Emperatriz ahora porque él dice que lo es. Sólo su boca realmente lo hará así," explicó, luego agarró su instrumento con más fuerza. "Esto no importa, mi Señora," dijo de repente. "Tenemos nuestras órdenes de entretenerte hasta que tus sirvientas de cuerpo vengan a prepararla para la cena."

Bulma sólo tuvo tiempo suficiente para preguntarse de dónde vinieron las órdenes antes que el pequeño conjunto comenzara a tocar. Se sentó en su almohadón y miró asombrada a los instrumentos, envuelta en los sonidos extraños y hermosos que estaba escuchando producirse. El tiempo pasó rápidamente, y antes de que lo supiera las sirvientas de su baño volvieron a la habitación y la ayudaron a vestirse para la cena.


"Te lo digo, no se lo tomó bien," Zarbon susurró.

Radditz lo miró de soslayo mientras tomaba otro sorbo de vino. Nappa estaba girando los extremos de su bigote y mirando a las mesas repletas de comida al lado de la habitación, ajeno a todo lo demás.

"No estoy preocupado, Zarbon," dijo Vegeta, la voz baja e indiferente.

"No puedes darte el lujo de molestar a Anpane," advirtió Zarbon. "Es demasiado valiosa. Deberías haber visto lo rígida que se puso cuando le anuncié que el evento al que la estaba invitando era tu boda. Pensé que iba a explotar."

"Te dije que no me importa," siseó Vegeta, sus oscuros ojos se centraron hacia adelante.

"Pero esto podría ser difícil. Si perdemos a Kijar por esto... superficial... las cosas podrían ser mucho peor para nosotros," Zarbon insistió.

Vegeta agarró su copa con una mano enguantada y se puso de pie de repente, Zarbon de inmediato siguió su ejemplo. Radditz alzó la vista y su mandíbula cayó mientras la puerta en el otro extremo de la sala se abría para revelar a Bulma. Casi se cayó de su silla al ponerse de pie y vio a Nappa hacer lo mismo. Incluso los ojos de Zarbon se ampliaron mientras Bulma caminaba hacia ellos. Brillaba con alguna clase de polvo brillante, sus párpados delineados con exóticas pinturas, un diseño pintado en su frente descubierta que implicaba una antena, las líneas descansando sobre sus finas cejas azules. El vestido que usaba estaba hecho de una gasa finamente hilada, la tela pegándose a su pecho y caderas y fluyendo por todas partes. Su cabello estaba apilado en la parte superior de su cabeza y asegurado con finos hilos de oro que se extendían por su cabeza para enrollarse en sus mejillas frente a sus orejas. Sus orejas goteaban con joyas, al igual que sus muñecas. Sólo una única gema se apoyaba en la muesca de la base de su garganta, su único anillo la alianza de oro. Tomó asiento frente a Zarbon, a la izquierda de Vegeta, y les asintió a todos. Mientras se sentaba Zarbon notó que su suave piel enrojecida había sido aceitada, la ligera y dulce esencia entrando a su nariz y cautivándolo. ¿Cómo había logrado preocuparse que ella nunca llegara a caber en el papel de Emperatriz?

"Buenas noches," le susurró. Sintió un movimiento a su lado y vio que Radditz había enroscado su cola con fuerza, todo su cuerpo temblando. Las narices de los Saiyajin estaban abiertas y sus puños apretados, sus ojos ardían con dolor y deseo mientras la miraba. Zarbon miró a Vegeta expectante y se sorprendió cuando el Príncipe se sentó sin siquiera mirar a su esposa.

Bulma se sorprendió también, al parecer, y el dolor se mostraba en sus encantadoras facciones como un moretón en un fino pétalo. "Buenas noches, Zarbon," respondió. "Y a ti también, Radditz, y a ti, Nappa."

"La mejor de las noches para ti," Radditz susurró sin aliento.

Nappa se sentó y la miró parpadeando.

"¿Cómo fue tu tarde?" Zarbon preguntó, fingiendo indiferencia.

Bulma lo miró, los ojos azules todavía en sombras. "Bien. Algunos músicos vinieron a entretenerme," dijo, mirando a Vegeta. El Saiyajin no respondió, pero Zarbon soltó un suspiro de alivio. "Eran muy buenos y los disfruté."

"Maravilloso," Zarbon, dijo con cortesía.

"¿Estás lista para la boda?" Nappa interrumpió de repente.

Zarbon, Radditz, y Bulma giraron sus cabezas para mirarlo. El gran hombre se movió en su silla y aclaró su garganta. "Uh, estoy empezando a estarlo," dijo vacilante.

Nappa asintió su cabeza, frunciendo el ceño. "Bien. Será mejor que lo estés. Zarbon pasó por el infierno para hacer que Anpane estuviera de acuerdo en venir. Piensa que podría haber problemas."

Alarma se sembró en las facciones de Bulma y Zarbon sintió su corazón detenerse. Esta pobre mujer, pensó. No era justo para ella. Recién casada con un hombre tan frío, y luego ser arrojada con estos brutales guerreros y una celosa reina de un planeta alienígena. "No hay necesidad de hablar de esto ahora-" empezó a decir.

"Anpane sólo está celosa," Radditz gruñó. "Ella quería casarse con Vegeta y consolidar su poder. Tal vez había averiguaría si los Saiyajin y los Kijaranos pueden entrecruzarse."

Bulma giró su cabeza con joyas para mirar a Vegeta, quien siguió ignorándola. "¿Qué?" dijo suavemente.

"Nunca debiste haberte casado con ella, Vegeta," dijo Radditz, las palabras pareciendo caer de su boca espontáneamente. "Deberías haberla liberado. Podría haber sido feliz."

"¡Radditz!" Bulma y Zarbon jadearon al unísono, luego se miraron entre sí. Ella se sonrojó y alejó sus ojos, y él supo que todavía estaba avergonzada por lo de esa mañana. Él sonrió para sí y sintió su corazón hacia ella al mismo tiempo que lo sintió arder con furia hacia Vegeta.

Vegeta la notó entonces, sus ojos pasando sobre ella antes de girarse iracundo hacia Radditz. "No vas a arruinar este banquete antes de que empiece," gruñó. "Ella es mía."

Zarbon miró los ojos de Nappa deslizarse hacia su príncipe, la carnosa mandíbula apretándose mientras los labios se angostaban debajo de su bigote. Los ojos de Bulma se angostaron con furia, y de repente la voz de Vegeta rugió en su cabeza ¡No pelees conmigo, mujer!Miró a su alrededor, disimulando su sorpresa, y vio los rostros de los otros que lo habían escuchado internamente también. Lo que era interesante, pensó, fue que Bulma le frunció el ceño a Vegeta incluso más intensamente y una repentina ola de algo pasó sobre el rostro de Vegeta. "Cuida tu lengua," Vegeta le dijo en voz alta.

Lo que fue más interesante fue lo pálido que Nappa se había puesto, su piel blanqueándose hasta la parte superior de su cráneo calvo.

"Dejen esto para después," Zarbon dijo rápidamente. "Tenemos un banquete que conducir. Puedes presentar a Bulma a Anpane cuando la nave de Kijar llegue en un par de días, Vegeta."

"¿Tan pronto?" Radditz dijo.

Zarbon asintió. "Mandamos el mensaje hace semanas atrás a todos los dignatarios planetarios que el Emperador requería su presencia aquí. Simplemente no les dijimos por qué hasta hoy."

"¡Bulma podría estar en peligro!" Radditz jadeó.

Bulma abrió su boca, un ceño fruncido en su frente pintada, pero Vegeta lo detuvo. "¿Entonces por qué no la vigilas, Radditz?" dijo suavemente, una cruel sonrisa deformando la cincelada línea de su boca.

Radditz miró de él a Bulma en shock y ninguna pequeña cantidad de horror. Zarbon hizo una mueca de dolor. Sería como una tortura, estar tan cerca de la mujer que quería y no poder hacer nada. "Señor," Radditz graznó.

"Estamos en medio de un banquete," Zarbon siseó, mirando a la mesa y a la multitud de dignatarios inquietos.

"Sí, comencemos," dijo Vegeta, y se apartó de su silla a la cabeza de la mesa para hacer frente a la multitud.

Zarbon se volvió a sentar, sólo medio escuchando el discurso de Vegeta. Había demasiadas cosas que tenía que hacer. Tenía que ver a Bulma- la pobre mujer no se merecía semejante trato. Esa no era la forma que los hombres debían tratar a sus esposas. No era la forma que él había tratado a su esposa. El pensamiento lo golpeó con un dolor que pensó enterrado décadas antes, pero lo hizo a un lado. También necesitaba hablar con Radditz, asegurarse que se entendieran las cosas. Pero más importante, tal vez más que todo, necesitaba hablar con Nappa. Necesitaba averiguar qué secreto tenía el Comandante sobre lo que estaba pasando entre Vegeta y Bulma. Tenía que saber todo, en caso de que se viniera abajo para perderse todo.